אם יש מלין השיבני דבר כי חפצתי צדקך

Que si tuvieres razones, respóndeme; Habla, porque yo te quiero justificar

Job, xxxiii:32 (traducción de Casiodoro de Reina)

Sophie fue una de las tres personas que integraron el tribunal de mi maestría en París en 2006. Fue una contradictora dura, a la altura de la mediocridad de mi tesina. Si me salvé, fue mitad por el morro que le eché, mitad porque, para qué engañarnos, Alfonso de Zamora ejerce cierta fascinación sobre los del gremio. Además, la tesina y la defensa hablaban del manuscrito «hébreu 1229» de la BNF, una auténtica novela de aventuras: Alfonso copió, en 1527, la gramática más venerable de todas las gramáticas hebreas, el Séfer mijlol (ספר מכלול) de David Camhi (רד”ק), hijo de exiliado andalusí que vivió en Provenza entre los siglos xii y xiii, para Edward Lee, eclesiástico inglés de alta alcurnia, notable humanista, primero furibundo erasmista, furibundo antierasmista a continuación, futuro arzobispo de York, y en 1527 embajador ante el César Carlos, en España, durante los años cruciales del divorcio entre Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón, tía carnal, como se sabe, del Emperador Carlos. El manuscrito que le copió en hebreo y le tradujo al latín Alfonso fue, probablemente (aunque hasta el momento no haya podido yo substanciar totalmente la evidencia) utilizado dentro del arsenal de recursos escriturísticos de que se pertrechó el partido prodivorcio, alentado por el rey inglés, como cuenta con mucha amenidad y por ejemplo David S. Katz en «The Jewish advocates of Henry VIII’s divorce», segundo capítulo de su The Jews in the history of England, 1485-1850, Oxford, OUP, 1994.

Cuando acabé mi exposición, me percaté de algo: a Sophie (que yo apenas conocía hasta ese momento) le brillaban los ojos. Es ese brillo (raro, no se crean) que pervive y que se extiende entre algunos pocos cofrades de un gremio escaso y apartadizo: el de los poseídos por la libido sciendi. Alfonso le había guiñado un ojo, aunque fuera por medio de ventrílocuo tan torpe como el que suscribe, y de esos guiños no se puede ya uno librar.

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—Look. What are you getting at? Are you trying to say we don’t want peace? Don’t you remember the Camp David summit? We offered them almost everything, everything! Not to mention Oslo! And Gaza! And Madrid! It’s not that we don’t want peace! We love peace! It’s the first word in Hebrew! Show me another nation where peace means also Hello!

—Well, in Arabic…

– Mira, ¿adónde quieres llegar? ¿Estás diciendo que no queremos paz? ¿No te acuerdas de la cumbre de Camp David? ¡Les ofrecimos casi todo, todo! ¡Por no hablar de Oslo! ¡Y Madrid!¡No es que no queramos paz! ¡Amamos la paz! ¡Es la primera palabra en hebreo! ¡Dime alguna otra nación en que «paz» signifique también «hola»!

– Pues, en árabe

Noam Sheizaf, «Talking to Israelis is so useless» (‘Menuda tontería discutir con israelíes’), Promised land (‘news and opinion from Israel’), 13 de octubre de 2009.

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Leyendo la reseña que publicó Pablo Torijano, en el volumen lxix, n.º 1 de Sefarad, sobre el último libro de Emma Abate, La fine del regno di Sedecia (Madrid, CSIC, 2008), no pude dejar de fijarme en un detalle de su valoración (bastante crítica):

Abundando en este sentido, la bibliografía final sería mucho más útil si siguiera algunos de los formatos habituales en el mundo de los estudios bíblicos, vgr. SBL o alguna otra variante basada en Chicago Manual of Style.

«Vaya», se me ocurrió, «la escuela de biblistas a la que pertenece Torijano debe de andar constreñida por una distorsión cognitiva –como si dijéramos una dislexia– que les incapacita para sacar provecho completo (’sería mucho más útil’) de una obra que siga modelos de cita bibliográfica distintos a los de su canon. Supongo que tampoco se pondrán pantalones vaqueros sin sacarles la raya al medio cuando los planchan».

Cuestión de estética, supuse. O quizá es que Torijano y yo nos fijamos en detalles distintos, sin decir que los míos sean más pertinentes que los suyos, claro está. Por ejemplo, yo me fijé en un detalle de itañol en la primerísima página del libro de Abate que podría considerarse divertido o escandaloso, depende de cómo se levante uno ese día. Si uno se levanta por el mismo lado de la cama por el que se levantó Torijano cuando escribió su reseña, sería «escandaloso», claro.

En la página del título aparece un glorioso

La fine del regno di Sedecia

per

Emma Abate

lo que quiere decir en italiano, que es la lengua en la que está escrito el libro, «El final del reinado de Sedecías PARA Emma Abate».

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-¿Qué nos queda por saber de la Mezquita?

-Hay que cambiar el modo de verla. Y el de entenderla. Se ha dicho que con este edificio se abre el arte árabe en España. Y eso no es cierto. En este edificio no hay casi nada de aportación de la cultura árabe, sino herencia del mundo grecorromano y visigodo, y a esto ha añadido la cultura bizantina. El esplendor del Califato es el esplendor traído de la cultura bizantina, que llegó por intercambios directos comerciales y por los eunucos arquitectos, que tenían origen eslavo y bizantino. Los árabes lo que hicieron fue pagar. Aquí tenemos un monumento que es más romano que musulmán. Y no es por desacreditar al arte árabe.

-¿Qué se aprende en un archivo?

-En primer lugar, se aprende a amar la propia historia.

— De una entrevista en el diario ABC (edición de Sevilla) a Manuel Nieto Cumplido, canónigo y archivero de la Catedral de Córdoba, morfológica e históricamente conocida como la Mezquita (Aljama) de Córdoba, 4 de enero de 2010. La Iglesia Católica es la propietaria del edificio de la antigua mezquita, así como de la antigua sinagoga, llamada hoy iglesia de Santa María la Blanca, en Toledo.

Du fait que le capital symbolique n’est pas autre chose que le capital économique ou culturel lorsqu’il est connu et reconnu, lorsqu’il est connu selon les catégories de perception qu’il impose, les rapports de force symbolique tendent à reproduire et à renforcer les rapports de force qui constituent la structure de l’espace social.

Dado que el capital simbólico no es más que el capital económico o cultural que resulta conocido y reconocido, siéndolo según las categorías de conocimiento que él mismo impone, la relación de fuerza simbólica tienden a reproducir y reforzar la relación de fuerza que constituye la estructura del espacio social.

Pierre Bourdieu, Choses dites, París, Minuit, 1987, pág. 160

¿Que qué tiene esto que ver con Alfonso de Zamora? Cuanta ingenuidad y cuanta desconfianza en las habilidades ilusionistas del que subscribe estas chorraditas. Desde la conquista cristiana de Córdoba, el 29 de junio de 1236, hasta 1523, el edificio no sufrió sustanciales transformaciones. Pero en ese año de 1523 Alfonso Manrique de Lara, entonces obispo de Córdoba, ordenó la construcción (en contra de la opinión de una parte notable de las fuerzas vivas de la ciudad y aun de la corte) de una ‘catedral’ dentro de la Mezquita. Que ahí sigue: la una dentro de la otra, quiero decir.

Ese mismo año de 1523, Manrique de Lara fue nombrado arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Y quizá en sus funciones de Inquisidor General encargó a Alfonso de Zamora la traducción y glosa al latín de los 613 mandamientos (תרי”ג מצוות) del judaísmo, que Alfonso de Zamora acabó en fecha indeterminada (¿entre 1523 y 1538?) y que subsiste actualmente como el que hemos llamado «Manuscrito de Vitoria»:

Ad R[euerendissim]um & ill[ustrissimum] d[ominem] d[om] Alfonsum Manrriqu[em] archiepiscopum hispalensem inquisitorem maximum in Regno Hispaniaru[m] ect. Alfonsi Zamorensis lingue hebree professoris in academia complutensi vniuersorum legis veteris preceptorum compendium ex textu testamenti veteris collectum.

¿Ven como todo es posible si hay voluntad? Hasta pensar que Nieto Cumplido no lo hace adrede. No disimular la poca vergüenza, quiero decir.

אמר ר’ זירא אמר רבא בר זימונא אם ראשונים בני מלאכים אנו בני אנשים ואם ראשונים בני אנשים אנו כחמורים ולא כחמורו של ר’ חנינא בן דוסא ושל רבי פנחס בן יאיר אלא כשאר חמורים

Dijo rabí Zera que había dicho Rabba bar Zimmuna: – Si los primeros sabios eran criaturas angélicas, nosotros somos [tan solo] hombres. Pero si los primeros sabios eran hombres, nosotros somos [tan solo] burros. Y no iguales al burro de rabí Ḥanina ben Dosa o al de Pinḥas ben Yaˀir, sino vulgares burros

Talmud de Babilonia, tratado Šabbat, folio 112, lado verso.

In the first of the two keynote lectures Ora Schwarzwald (Bar Ilan) spoke of “The linguistic unity of Hebrew: Colloquial trends and academic needs”. […] After discussing in detail some linguistic features of Modern Hebrew, Professor Schwarzwald commented on the prevalence of so-called ‘thin’ or impoverished language (lashon razah) in Israel today, which she explained with reference to a number of factors: a feeling of power after the 1967 war; American influence; television; secularization; and changing educational programmes and methods. She went on to discuss two approaches to language teaching, the ‘textual’ and the ‘communicative-pragmatic’ methods. The prevalence of the latter contributes to the impoverishment of the language and to a poor knowledge of the classical Hebrew sources. [...] Professor Schwarzwald concluded her presentation with some instructive and entertaining examples of contemporary spoken and written Hebrew.

En la primera de las ponencias plenarias, Ora Schwarzwald (Universidad de Bar Ilán) habló de «La unidad lingüística del hebreo: rasgos coloquiales y necesidades académicas». […] Habiendo tratado con detalle de algunas características lingüísticas del hebreo moderno, la profesora Schwarzwald comentó la preeminencia de la llamada lengua light o empobrecida (לשון רזה) en el Israel actual, que explicó en relación con diversos factores: un sentimiento de poder tras la guerra de 1967, la influencia americana, la televisión, la secularización, y los cambiantes programas y métodos pedagógicos. Trató a continuación de dos métodos de enseñanza de lenguas, el «textual» y el «pragmático-comunicativo». La preeminencia de este último contribuye al empobrecimiento de la lengua y a un conocimiento mediocre de las fuentes hebreas clásicas. […] La profesora Schwarzwald terminó su exposición con algunos ejemplos, tan instructivos como entretenidos, de hebreo contemporáneo, tanto hablado como escrito.

Nicholas de Lange, reporte del coloquio «The Teaching of Hebrew in European Universities», 2005.

«Louis XIV et figures allégoriques présentant le dictionnaire de l'Académie françoise» (s. xvii)

In [Dr Johnson's] Dictionary he says, “I have studiously endeavoured to collect examples and authorities from the writers before the restoration, whose works I regard as the wells of English undefiled, as the pure sources of genuine diction.” It is curious to find writers later in the century, such as Priestley, Sheridan, and the American Webster, looking back upon the Restoration and the period of Swift himself as the classical age of the language. It is apparent that much of this talk springs merely from a sentimental regard for the past and is to be taken no more seriously than the perennial belief that our children are not what their parents were. Certainly the corruptions that Swift cites seem to us rather trivial. But the significance of such utterances lies in the fact that they reveal an attitude of mind and lead to many attempts in the course of the century to “purify” the language and rid it of supposed imperfections.

There have always been, and doubtless always will be, people who feel a strong antipathy toward certain words or expressions or particular constructions, especially those with the taint of novelty about them. Usually such people do not make their objections felt beyond the circle of their friends. But occasionally an individual whose name carries weight and who is possessed with a crusading spirit offers his or her views to the public. However much the condemned usages may represent mere personal prejudice, they are often regarded by others as veritable faults in the language and continue to be condemned in words that echo those of the original critic until the objections attain a currency and assume a magnitude out of all proportion to their significance. Such seems to have been the case with the strictures of Dean Swift on the English of his day.

En el Diccionario [del Dr. Johnson] dice: «Me he esforzado con ánimo estudioso en recoger ejemplos y autoridades de los escritores anteriores a la Restauración [de Carlos II], cuyas obras considero que son los pozos del inglés inmaculado, fuentes prístinas de la dicción genuina». Resulta curioso encontrar escritores posteriores aunque del mismo siglo, como Priestley, Sheridan y el Diccionario americano de Webster, que toman retrospectivamente la Restauración y la misma época de Swift como épocas clásicas de la lengua. Es obvio que buena parte de estas pláticas nacen de una mera concepción sentimental del pasado y no debe tomarse con mayor seriedad que la inmarcesible creencia de que nuestros hijos no son lo que fueron sus padres. No cabe duda de que las deturpaciones de que habla Swift nos parecen bastante banales. Pero el significado de tales declaraciones reside en que revelan un cierto estado de opinión y conducen, a lo largo del siglo, a numerosos intentos de «purificar» el idioma y librarlo de esas supuestas imperfecciones.

Siempre ha habido, y sin duda siempre habrá, gente que sientan una fuerte antipatía respecto de algunas palabras o expresiones o construcciones concretas, de forma especial las mancilladas por la tacha de lo novedoso. Tales personas no suelen difundir sus objecciones más allá de su círculo de amistades pero, de tanto en tanto, una persona de cierto renombre, poseída de un espíritu de cruzada, ofrece sus puntos de vista al gran público. Por mucho que tales juicios condenatorios de algunos usos representen un mero prejuicio personal, los demás suelen considerarlos ejemplos de verdaderas faltas del idioma y perpetúan su condena en fórmulas que reflejan lo dicho por el primer crítico, hasta que las objecciones se vuelven de uso corriente y asumen unas magnitudes totalmente desproporcionadas respecto de su significado real. Tal parece haber sido el caso de lo que reprochó el deán Swift a la lengua inglesa de su época.

— Albert C. Baugh, A History of the English language, primera edición de 1951, quinta edición revisada por Thomas Cable, Londres, Routledge, 2002, págs. 258-259.

¡Ay, las habas! Las habas cocidas. Y sus flatulencias. Y el engaño de querer aposentarse en una cátedra para no oler sus flatulencias. Pero nada, no hay manera: se ven. Se huelen. No tienen remedio las habas cocidas.

Hubiera sido tan instructivo como entretenido haber estado en Oxford en 2005 para escuchar a Ora Schwarzwald. Pardiez que lo hubiera sido.

It was in the month of January, the hills were clad in snow.
It was over hills and valleys, my true love he did go.
It was there he met a pretty young gal, with a salt tear in her eye.
She had a baby in her arms, and bitter she did cry.

“Oh, cruel was my father to bar the door on me
And cruel was my mother, that dreadful crime to see!
Cruel was my own true love that he changed his mind for gold!
And cruel was that winter’s night that pierced my heart with cold”

Oh, the taller that the palm tree grows, the sweeter is the bark
And the fairer that a young man speaks, the falser is his heart.
He will kiss you and embrace you, ’till he thinks he has you won,
Then he’ll go away and leave you all for some other one

So come all you pretty fair maids, a warning take by me
And never try and build your nest on the top of a high tree.
All the green leaves, they will all wither, and the branches all decay
And the beautiy of a young man, it’s  soon fade away.

Fue en el mes de enero, con los riscos de nieve cubiertos.
Por riscos y quebradas, mi amor verdadero había marchado.
Allí avistó una joven doncella que de sal tenía las lágrimas
y teniendo un niño en brazos, amargo llanto lloraba.

«¡Cruel! Mi padre ha sido que de su casa me ha echado.
¡Cruel! Mi madre, que crimen tan horrendo ha contemplado.
¡Cruel! Mi amor más verdadero, vendido por cuatro cuartos,
y cruel la noche de invierno que el corazón me ha helado.»

Mas cuanta más alta alto se hace la el palmera, más dulce es el ladrido la corteza su piel,
y con mayor justicia un mozo joven habla, que es de corazón falaz.
Vendrá a daros su abrazo y llenaros de besos, hasta que suyas os sepa
para marchar luego y dejaros por otra cualquiera.

Venid pues todas, gentiles doncellas, a oír de mi boca consejo tan fiel:
no tratéis de hacer vuestro nido en lo alto de un árbol
pues lo verde de sus hojas todas y las ramas, todas caerán
y la donosura de un mozo falsario, pronto habrá de volar también.

June Tabor, «The Month of January», Abyssinians (1983).

Pues no ha estado tan mal. Vamos a ver qué tal se da el segundo.

Escrit a la manera de Salom

Alçarà a poc a poc el meu dolor
la bona casa en els dies de l’erm?
Un petit foc que m’allunyi remences,
un llum mirat per la cansada nit.

Ulls des del fred esguarden amb fixesa,
prims llavis diuen tots els noms de la mort
i m’empresonen en una lenta cançó.
Com obriré camins al meu retorn?

Passos i temps em guien a la pau,
i crido amb antic mot el meu desig.
Però sentir només, sense comprendre,
no em salvarà del vell furor del vent.

Escrito a la manera de Salom: ¿Alzará poco a poco mi dolor / la buena casa de los días del yermo? / Un débil fuego que me aleje temores, / un candil mirado por la noche cansada. / Con fijeza los ojos miran desde el frío, / delgados labios dicen los nombres de la muerte / y me aprisionan en una canción lenta. / ¿Cómo abriré caminos para regreso? / Pasos y tiempos me guían a la paz, / y con palabra antigua grito mi deseo. / Pero sólo sentir, sin comprender, / no me salvará del viejo furor del viento.

Salvador Espriu i Castelló, del libro El caminant i el mur, 1954 (traducción de Andrés Sánchez Robayna y Ramon Pinyol Balasch).

«Surcos» es una parte del documental Perfiles, dirigido por Véred Kurlender, sobre distintas mujeres de las comunidades judías de Madrid,

una de las comunidades más pequeñas de Europa. Tiene algo de Kibutz, en el sentido en que todo el mundo se conoce. Pero al mismo tiempo, en Madrid están presentes todas y cada una de las situaciones y contradicciones de las comunidades judías de la diáspora de todo el mundo. Lo religioso frente a lo cultural, lo social frente a lo individual, lo público y lo privado. Y todo en acción.

La historia de esta película se cuenta aquí.

Ocupar, del Latino occupare, como ocupar algún lugar. Significa tambien embaraçar, y dar en que trabajar, a lo qual llamamos ocupacion.

Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española (1611), edición de 1674, f. 124v (b).

Ave, color vini clari. / Ave, sapor sine pari. / Tu a nos inebriari / Digneris potencia. / O, quam felix creatura / Quam perduxit vitis pura, / Omnis mensa sit secura / In tua presencia. / O, quam placens in colore, / O, quam fragrans in odore, / O, quam sapidum in ore, / Dulce linguis vinculum! / Felix, venter quem intrabis; / Felix, gutur quod rigabis; / O felix os, quod lababis. / O, beata labia! / Ergo, vinum colaudemus, / Potatores exaltemus, / Non potantes confundemus. / In aeterna saecula, amen!

¡Ave, color del vino claro! / ¡Ave, sabor sin igual! / Tú, que por tu poder / te dignas embriagarnos. / ¡Oh, qué feliz criatura, / qué pura te crió la viña! / Toda mesa sea segura / si se te halla en ella. / ¡Oh, de tu color qué placeres! / ¡Oh, qué fragante de olores! / ¡Oh, qué sabor en la boca, / de las lenguas dulce cárcel! / Feliz vientre en que tú entrares; / feliz, la garganta que bañas. / ¡Oh, feliz boca, que riegas! / ¡Oh, beatos labios! / Así pues, alabemos el vino, / a los bebedores exaltemos, / confundamos a los abstemios. / Por los siglos eternos, amén.

El Coro de Ladinamo (que hace estas cosas) interpreta «Ave, color vini clari», motete paródico con letra del siglo xiv y música de Juan Ponce (c. 1476-c. 1520) según el manuscrito Madrid, Real Biblioteca, n.º II-1335, conocido como «Cancionero de Palacio».

Compra-Venta «La Comercial», en la calle del Noviciado, n.º 12, Madrid (1930)

Era un refugio y quedaba muy cerca de otro. El otro es la principal casa de Alfonso de Zamora, la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» de la Universidad Complutense, que queda en la esquina de las calles de San Bernardo y del Noviciado de Madrid. Esta otra casa es rara. En primer lugar, porque el edificio fue legado y generosidad de un filántropo aficionado a la cultura, Ramón Pelayo de la Torriente, primer marqués de Valdecilla. Busquen en su biografía: seguro que hay más de un punto oscuro. No conozco rico que haya hecho, ni ahora ni nunca, su fortuna sin dar un par o más de pisotones o un par o más de cuchilladas. Ocurre tan solo que tampoco conozco muchos ricos de mi país y menos aún de mi ciudad (que es Madrid, por si alguien no lo supiera) que se hayan destacado por su labor filantrópica y por su generosidad sin contrapartidas aparentes en el gastar. Pero parece que este primer Marqués de Valdecilla sí, miren por donde. El caso es que en el caserón quedó instalado el Paraninfo de la Universidad (que acoge sus grandes actos y que albergó muchos años la Asamblea autonómica de la Comunidad de Madrid) y mucho, mucho más tarde, la Biblioteca que conserva, con mimo tan profesional como no menos raro, el fabuloso azar que supone todo lo que ha llegado del patrimonio librario de la Complutense (primero alcalaína; luego «Central» en Madrid; luego, de nuevo, Complutense ni que sea en el gentilicio heráldico). Y todo conservado en el insólito regalo de un filántropo español a una universidad española. Flipante.

Ya les decía que no es lo único raro. A punto de cumplir el primer quinquenio de feliz dedicación a estas cosas de los manuscritos, he tenido oportunidad de zascandilear, más quizás de lo que debiera, por un par o tres de bibliotecas de fondo antiguo, de esas que guardan «libros secretos cuyo aroma no han borrado los años». La casuística es variada, que quieren que les diga, pero, en general, tengo para mí lo acertado de la máxima que me soltó no hace mucho Saverio en París: «Soy un amante de los libros, lo que no me lleva por fuerza a ser un amante de las bibliotecas». Salvo, quizá, por ese raro refugio de la «Marqués de Valdecilla», inaudita por tantas cosas: por el amor no menor a los libros que a sus lectores, por el cuidado de los detalles (tan nimios como la temperatura ambiente o las cajas estancas y opacas o la abundancia de luz natural en la sala de lectura), por la preocupación felizmente obsesiva por hacer compatibles docencia con discencia, medios con personal, conservación con consulta, consulta con preservación y, llegado el caso, restauración. Pero, con mucho y mal está que yo lo diga, lo más sorprendente es que todo este esfuerzo se haya llevado a cabo en el marco de la Universidad Complutense. Vaya, no me miren así: a punto estoy de cumplir quince años de relación prácticamente ininterrumpida con esta universidad. Sé de lo que hablo, me parece. Y Quevedo también:

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Taberna en Madrid (1927)

Madrid, conveníamos hace poco Francisco y yo, se caracteriza en esta nuestra edad quizá de hierro por dos hechos urbanísticos: la desmesura de que todo lo que pasa se concentre en un centro urbano de extensión mínima respecto de la hipertrofia de la metrópoli, a la vista insuficiente para albergar todo y a todos los que tiene que albergar, y lo irremediablemente anodino de muchos, si no todos, sus barrios fuera del centro, incluidos no pocos de los considerados señoriales: casi todo el barrio de Salamanca, Moncloa sin remisión (salvo la esquina de Gaztambide con Alberto Aguilera que nos recuerda la residencia de un gran bebedor de whisky), calles y calles entorno a la Castellana. No es que el Palacio de Linares, donde ahora tiene sede el neoimperialismo institucional español de ambición americana, hubiera podido estar lleno de fantasmas (y hay no pocos fantasmas que se han lucrado con esos fantasmas): toda la Castellana, antes «Avenida del 14 de Abril», es un fantasma. De los palacetes nobiliarios que la jalonaban hasta donde se acababa Madrid, la Colina de los Chopos, y que se llevó por delante el desarrollismo franquista de los años 60 solo quedan espectrales pasadizos del tiempo que pudo haber sido pero no fue. Eso fueron las casas: polvo que fueron, mas polvo enamorado. Pero aunque hay algunos amigos de esta casa que se inquietan más por las casas que por la gente, servidor de ustedes se suele inquietar más por la gente que por las casas. No hay de qué escandalizarse, ni por una inclinación ni por la otra: son formas distintas del mismo amor.

Igual que conveníamos en lo anodino del desastre urbanístico de nuestra ciudad natal, Francisco y yo acordábamos que algo debe de fallar en esta ciudad de Madrid por lo falta que nos parece de movimiento, artístico y cívico. Nos parece – huelga decir que sin excluir que estemos errados – que aquí se hacen en realidad pocas cosas; que las pocas que se hacen, se subvencionan mucho; que las que se subvencionan, se momifican asaz; que las que se momifican, de nada sirven para quitarle el marasmo y el pasmo indolente a las gentes de nuestra ciudad. Permítanme que se lo resuma: esta es la ciudad en que el Albert Boadella de Els Joglars ha encontrado prohijamiento presupuestario con Esperanza Aguirre, la del «tamayazo». Esta y no otra es la triste condición de nuestro agujero negro institucional.

Por eso se hacen necesarios los refugios: el Patio Maravillas era uno. Bien entendido, exento de derivaciones irreflexivamente estéticas, dirigido como un acto de socialización de cultura y de aculturamiento de la libertad, el fenómeno de la okupación (que «significa también embarazar, y dar en que trabajar», como señalaba Covarrubias en el siglo xvii) es sobre todo, en esta ciudad de Madrid, reclamar que, puesto que comunes son el sol y el viento, común ha de ser la tierra, como eran las dehesas boyales de mi pueblo de Segovia, en las faldas de la Sierra de Guadarrama, antes de que las expropiaciones criminales del primer franquismo vencedor las distribuyera con liberalidad delincuente entre los potentados de la provincia. La tierra de este Madrid, convertido en lúbrico objeto de codicia de generaciones y generaciones de especuladores paniaguados y bien relacionados, es su delicada trama urbana, siempre a punto de la caída. Proyectos como el del Patio Maravillas son vitales para la supervivencia del decoro en este epítome de la necedad franquista que fue durante 40 años mi ciudad de Madrid, sordidez que siguen perpetuando las estructuras de poder del régimen actual (la corrupción, la primera), en la Universidad, en los ayuntamiento, en el gobierno regional, en los reflejos condicionados de no pocos de sus habitantes: «hijo mío, tú no te signifiques».

Si comunes son el sol y el viento, común ha de ser la tierra. Que vuelva común al pueblo, lo que del pueblo saliera. Y la primera comunidad, más básica que ninguna, es la que conforman educación y cultura.

La cultura, cuando lo es, simplemente libera a sus felices criaturas.

Hoy ha sido tan hoy como mañana será mañana. Lo pertinente, quizá, sea preguntarse cómo es que ayer, aunque sepamos que es hoy, no acabemos de adivinar si será mañana. O si no será. Quizá es que ayer nunca haya podido ser mañana.

Hace una semana murió Avrom Sutzkever.

Historiadores y arqueólogos construyen el efecto literario de lo real […]. Lo que ocurre es que confunden ese efecto retórico con una idea científica, y por ello tratan de justificarse apelando a la existencia de un método científico como conocedores de la totalidad de su extensión espacial y en su desarrollo temporal. Si asumiesen sus supuestos metafísicos, como Hegel, serían más coherentes. Hegel culminaba su monumental «Ciencia de la lógica» diciendo que lo que se había expuesto allí – nada más ni nada menos que el despliegue de la estructura del Espíritu – era lo que había pensado Dios antes de crear el mundo. Si pensamos que el Dios de Hegel, como señaló Feuerbach, es al fin y al cabo el ser humano, y que la lógica es la propedéutica para conocer el mundo, incluso podríamos admitir su afirmación.

Los historiadores y aqueólogos no piensan el mundo antes de crearlo, como Dios o como Hegel, pero tampoco reflexionan mucho antes de sentarse a sintetizar sus conocimientos, ya que caen en lo que podríamos llamar la paradoja fundamental del conocimiento histórico-arqueológico: ¿cómo es posible el conocimiento de la totalidad del proceso histórico partiendo de unos documentos no sólo fragmentarios, sino también absolutamente arbitrarios en su proceso de transmisión?

— José Carlos Bermejo Barrera y María del Mar Llinares García, «El sarcófago vacío: ensayo sobre los límites del conocimiento arqueológico», en ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 133-155 [137].

Rodrigo Jiménez de Rada (c. 1170-1247), Breviarium historiae catholicae, s. xiii («El Arca de Noé»); BUC-FOA, ms 138. Mutilado durante la Guerra Civil española.

How can we know the dancer from the dance?
¿Cómo distinguir a quien baila de lo que baila?
¿Cómo conocer a quien baila por lo que baila?
W. B. Yeats, «Among school children» (‘Entre niños de una escuela’), 1926

El primer amor, creo, debe ser el de la gente: etimológicamente, la «filantropía». Un puro juego de orígenes, esto de la etimología. Es lo más honrado que uno puede hacer con los orígenes: jugar con ellos. El segundo amor es, creo, el de la gente que, a veces, «habla» las palabras. Pero a veces no. A veces, «baila» las palabras. La variedad de amor en las palabras de los seres humanos no deja de fascinarme.

Hace unos días, leyendo el último post que escribió la Llenguaddicta sobre la lengua de signos (en que enlazaba una explicación breve pero bien jugosa que se da en este video) me di cuenta de una cosa. En el video de una canción que me había gustado particularmente del último disco de Idan Raichel, הכל עובר («Todo pasa»; es decir, ¿«πάντα ῥεῖ»?), lo que me había parecido al principio simplemente la coreografía que baila Meirav Cohen, ¿no sería acaso la canción interpretada en lengua de signos? Así que, movido por la curiosidad, indagué un poco. En realidad, no tuve que hurgar mucho: , la bailarina «baila» la letra de la canción «hablándola» en lengua de signos israelí. Según parece, la idea del videoclip fue del propio Idan Raichel y lo rodó el director Lior Moljo en la misma habitación de una casa de Kfar Saba que sale en la portada del disco, que fue el dormitorio de los abuelos de Raichel, ya fallecidos. Tuvieron que «construir» un árbol (!) en mitad de la habitación. Meirav Cohen preparó la coreografía con Maxim Cohen, un bailarín sordo con quien ella había participado en un conjunto de danza, formado por sordos, llamado «Bat Qol» (que, literalmente, significa «Hija de una Voz» y, principalmente, «Inspiración divina»).

Se mire por donde se mire, yo veo todas estas palabras francamente fascinantes. No sé ustedes. Todas y cada una de las palabras: las de las voces y las de las manos.

וכבר הייתי די רחוק ממך/ ולא נותרו לנו מילים לדבר

ורוח סחפה מפרש בודד/ בסוף הפכה אותו בודד יותר/ מכל חלום ורחש מתעורר

הכול עובר.

כל מה שפעם היה ונשכח/ היום הוא לא חוזר/ זה רק כל קמט שבעור נחרט

שהיום הוא כבר בוער יותר/ מתוך שאין דרך חזרה

והכול עובר.

כל עוד יום רודף לו יום ולילה לילה/ וכל עוד אין חדש על פני האדמה

טוב שרק נשארנו יחד/ וטוב שיש לנו למי לספר/ למרות הכול אין דרך חזרה

והכול עובר.

כל פצע שהגליד ושוב נפתח/ היום צורב יותר/ הוא מתאחה ומתחדש מעצמו

ושוב פורץ הכול ומתגבר/ כבר לא נשבר והופך למשבר

והכול עובר.

ואת זוכרת איך פעם היינו/ מול הרוח וכוחה הגובר/ ואחרי כל השנים הרעות

חזרו שנים טובות רבות יותר/ הזמן שלנו רץ קדימה תמיד

ולא עוצר.

Y ya estaba lo bastante lejos de ti / y no nos quedaban palabras con que hablar /

y un viento barría un velero solitario / que al final volvió más solitario / que cualquier sueño o murmullo que se despierte. / Todo pasa.

Todo lo que existió una vez y está olvidado / hoy ya no vuelve. / Es nomás una arruga que se ha grabado en la piel / que hoy quema todavía más / porque no hay vuelta atrás / y todo pasa.

Mientras le siga a un día otro día y una noche a otra noche / y mientras siga sin haber nada nuevo en este mundo / me alegro de haber estado juntos / y de que tengamos con quien platicar: / a pesar de todo no hay vuelta atrás / y todo pasa.

Toda herida cicatrizada y vuelta a abrir / provoca hoy un dolor más vivo. / Se cierra y se renueva ella sola / y todo irrumpe y todo se enseñorea. / Sin haberse roto, ya está por romperse / y todo pasa.

¿Te acuerdas, mi niña, de cómo estábamos una vez / frente al viento y a su fuerza irresistible / y después de todos los años malos / volvieron muchos años buenos. / El tiempo que tenemos corre siempre hacia adelante / y no se para.

Quien quiera ponerse al día sobre las cosas de las lenguas de signos, puede empezar por aquí, en catalán. En catalán, como podría ser en otro idioma, porque conviene recordar que hay tantas lenguas prescindibles como seres humanos: ninguna.

Semanada buena y clara.

Num tu fluentem divitiis Tagum,
num prata gyris uvida roscidis
mutare me insanum putabas,
dulcibus immemoremque amicis?

¿Acaso pensabas tú que yo, demente y olvidadizo,
iba a preferir el Tajo, que arrastra riquezas,
y los prados regados por ruedas empapadas,
a mis dulces amigos?

Garcilaso de la Vega, Ad Thylesium, traducción de Juan Bastardas Parera

A raíz de una pregunta de Dani:

Ya que hay gente docta en la materia, viendo escrito Scó por Ascó, ¿en catalán medieval se encuentran palabras que empiezan por sc- o sp-? Porque una de les correcciones que siempre se me hace en mi francés hablado es el vicio de poner una /e-/ delante de palabras como sport o spectacle, lo que en valenciano ni nos planteamos, pero tal vez un día no era asín.

en el blog de Vicent, a la que el propio Vicent dio una primera respuesta:

Dani, efectivamente, en la lengua medieval puedes encontrar «spasa», «sperar» o «sperança», aunque también «espasa», «esperar» o «esperança». La cuestión es que no había ‘norma’ como tal y de ahí las variedades en función de quien escribía. En todo caso, en esos casos concretos, el origen etimológico latino está claro (spatha, sperare, sperantia) y, efectivamente, era sin >s<.

y, a continuación, un ocioso juntaletras se marcó una contestación a la pregunta de Dani, sabiendo como se sabe que cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo y escribe de lingüística con las manos (sobre todo en Valencia):

Que yo sepa, parece que el catalán no ha conocido nunca una ese líquida (/s-/ + consonante) como segmento fónico constitutivo. Es decir, «spasa», «sperança» o «sperar» serían formas etimologizantes pero sin correlato real en la pronunciación (y por eso precisamente podían coexistir con formas con e de refuerzo (/es-/ + consonante), llamada también «protética» o «epentética». El catalán no hace respecto de todo eso nada que no hagan todas las demás lenguas ibéricas (incluido el árabe andalusí, pese a que en este caso lo fuera por árabe, no por ibérico). Lo que le pasa a Dani en francés es un error típico de hablante ibérico que hacemos más o menos todos y que tiende a quedar fosilizado porque una «ese líquida» es prácticamente imperceptible para un oído ibérico. Es una cosa parecida a lo que nos pasa a los castellanos en catalán con las vocales abiertas y cerradas. En resumen, las es epentéticas y los toros son una cosa que había unido desde siempre a castellanohablantes, catalanohablantes, galaico-lusófonos y euskaldunes. Como habría que ir empezando a preocuparse de los toros, lo mismo tendríamos que ir cuidando las vocales epentéticas. Y Dani siempre puede soltarles a los franceses: «¡Oye, que vosotros seréis líquidos, pero yo soy epentético!»

Burla burlando, lo mismo (pensaba yo) la respuesta del juntaletras daba para un par de renglones por aquí, aprovechando que el bueno de Erasmo de Rotterdam (¿1466-1469?-1536) metió su bátava nariz en casi todo lo divino y lo humano, incluyendo… las vocales epentéticas de los hispanos. Además, por una vez y sin que sirva de precedente, tocaríamos de lleno por aquí algo que tenga que ver con Alfonso de Zamora (recordemos: ¿1474?-¿1545?), o sea, casi contemporáneo del humanista nordista y empleado casi tres décadas en la Universidad de Alcalá de Henares, institución mazo de erasmista (aunque, curiosamente, uno de los colegas más cercanos de Alfonso fuera el darocense Pedro Ciruelo, ¿1470?-1548, feroz baturro antierasmista).

El caso es que Erasmo, en septiembre de 1521, tuvo que cascarse una apología en defensa de todos los sapos y culebras filológicos que, contra su edición griega del Nuevo Testamento de 1516, le había soltado Diego López de Zúñiga (m. ¿1530?) en sus Annotationes Iacobi Lopidis Stunicae contra Erasmum Roterodamum in defensionem tralationis Novi Testamenti, publicadas en Alcalá en 1520 por un impresor (¡oh paradoja!) hipererasmista, Miguel de Eguía (de tan erasmista que era tuvo tratos de esos que uno no querría tener con la Inquisición, cuando ser erasmista ya no molaba tanto como antes porque «erasmista» empezaba a rimar con «luterano» en la imaginación inquisitorial y «luterano», casi de toda la vida, había olido a «churrasco» con leña verde). Como la mejor defensa es un buen ataque, don Erasmo no dejaba lugar a dudas de la intención de su opúsculo desde el mismo título: Apologia respondens ad ea quae Iacobus Lopis Stunica taxauerat in prima duntaxat Novi Testamenti aeditione. O sea, en román paladino: «Defensa que contesta a lo que había reprochado Diego López Zúñiga en la hasta ahora primera edición del Nuevo Testamento».

El Tío Desiderio (de Rotterdam) comenta de pasada en uno de los pasajes de su apología:

Quis autem nescit singulis pene regionibus esse quaedam in pronunciando peculiaria vulgo, veluti Gallis elidere s, Anglis e sonare i, Florentinis chorpus pro corpus, nonnullis laldo pro laudo? Quorum tamen nihil pertineat ad eruditos, et tamen hinc clamitat Stunica me totam gentem Hispanorum inscitiae damnare, quod quidam sonent espero pro spero. Sed Stunicae verba subscribam, vt magis perspicua sit hominis impudentia. «Nam quod obiter», inquit, «Hispanos taxat imperitiae, quum espero pro spero, especto pro specto illos scribere dictat, haud mirum videri debet, si erga Hispanos viros ingeniosissimos, vtpote a Graecis et Romanis originem ducentes, inuidia laboret homo Batauus […]»

vamos, como si dijéramos:

¿Quien no sabe en cambio que casi no hay un solo país en que no se den en la pronunciación [del latín] ciertas peculiaridades de su pueblo llano, así por ejemplo los franceses que eliminan las eses, los ingleses que pronuncian la /e/ como /i/, los florentinos [que dicen] «chorpus» por «corpus», otros [que dicen] «laldo» por «laudo»? De lo que sin embargo nada compete a los eruditos y, con todo, por esto clama Zúñiga que a la entera nación de los españoles considero culpables de ignorancia, porque haya quienes pronuncien ‘espero’ por ’spero’. Pero podría subscribir las palabras de Zúñiga a condición de que quedara más diáfana la desvergüenza del hombre. «Pues porque de paso», afirma, «reprocha a los españoles su falta de pericia, al prescribir que escriben ‘espero’ por ’spero’, ‘especto’ por ’specto’, no ha de asombrar si, respecto de españoles de agudísima inteligencia, pues hallan su origen en griegos y romanos, sea por envidia que el bátavo se afana» […].

A lo que replica Erasmo:

Primum vanus est Stunica, cum ait me taxasse Hispanos, quod «scribant espero pro spero», sed quod sonent. Atque ita sonant fortasse non omnes etiam vulgo, sed aliqui certe, nec Hispani solum, sed Galli etiam Hispanis finitimi. An ideo damno totam Hispaniam «imperitiae»? An omnes Hispani docti sunt? […]

Lo primero es que Zúñiga resulta falaz al afirmar que haya yo censurado a los españoles porque «escribían ‘espero’ en lugar de ’spero’», pues [decía que] lo pronunciaban. Así es probable que no todos pronuncien aún como el pueblo llano, pero algunos sí, y tampoco son los españoles solamente sino también los franceses vecinos de los españoles. ¿Y por esto hallo culpable a España entera de «falta de pericia»? ¿Acaso son doctos todos los españoles?

Esta incursioncita de Erasmo en la lingüística histórica del latín del Quinientos acaba aquí, pero, como uno es muy universitario, es decir, muy maruja, no me resisto a añadir un par de puyitas más que le dedica el Tío Desiderio a Dieguito Zúñiga «El Bronco»:

Tot habet Gallia summa doctrina praeditos, tot habet Germania, tot hec regio, tot Britannia, quos vel cum priscis illis possis conferre. Nusquam non florent ac regnant bonae literae, et ait «vix» esse duos aut tres, «qui studio litterarum teneantur». Vt en quid dicam de aliis, in vna schola Louaniensi sunt supra mille qui non solum studeant bonis litteris, sed in his feliciter progressi sint, et in his non pauci tales, vt clarum nomen apud posteros sint habituri. Et tamen apud hos nulla principum liberalitas inuitat ad hec studia. Studiorum veterum proceres manibus ac pedibus obnituntur. Quo sane nomine felicior est academia Complutensis, quae nihilo esset infortunatior, si Stunicam hominem tam maledicum non haberet.

Tantos posee Francia dotados de mucha doctrina, tantos Alemania, tantos este país, tantos Inglaterra, con los que si se quiere puedes comparar con aquellos de otrora. En ningún sitio florecen ni reinan las buenas letras, y se dice que «apenas» sean dos o tres «los que mantienen el estudio de las letras». Y mira que por no hablar de otros, en una sola escuela de Lovaina son más de mil que, no solo se afanan en las buenas letras, sino que en ellas felizmente hacen progresos y no serán por ellas pocos los que de estos lograrán justa fama en la posteridad. Mas no es por la generosidad de los príncipes que nada los invita a dedicarse a estos estudios. Los próceres de los estudios antiguos se oponen con uñas y dientes. ¡Cuán más feliz sería sin duda de fama la Universidad de Alcalá, que por nada es tan desdichada, si no tuviera a este Zúñiga maledicente!

Atque interim obiicit mihi, quod «quodam in loco» per occasiones laudem aliquot eruditione celebres, quos per contemptum appellat «Eluetios nescio quos». Sed hoc nomine vinco Stunicae candorem, qui non modo Batauos meos aliquot, sed Germanos, sed Eluetios, sed Gallos, sed Britannos laudibus veham, quocumque orbe nati sunt, modo promereantur. Quin et Hispanos praedicaui scriptis meis, praedicaturus et Iuuernos, si quis illinc extiterit laude dignus. Sed encomio decantato, sic perorat Stunica: «quae cum ita sint, non est quur Hispani tamquam indoctis ac plane barbaris Erasmus insultet». Hanc linguae petulantiam tam effrenem non dubito quin omnes execrentur Hispani, si modo tales sunt, quales eso videri vult Stunica. Ego certe plurimos esse credo.

Y a la vez me echa en cara que «en un cierto lugar» que haya alabado en buena hora algunos famosos por su erudición, a los que con desdén llama «suizos que no conozco». Mas con tal apelativo derroto la brillantez de Zúñiga, que no doy mi alabanza a algunos de mis bátavos tan solo sino que, donde sea que hayan nacido en el mundo, la doy tanto cuanto la merezcan, sean alemanes, suizos, franceses o ingleses. ¿Por qué no ensalzaría a los irlandeses, igual que he ensalzado a los españoles en lo que he escrito, si de por allí surgiera alguien digno de alabanza? Pero, hecho el encomio, así concluye Zúñiga: «porque ni que así fueran, no es razón para que Erasmo insulte a los españoles de tan indoctos y llanamente bárbaros». Con semejante petulancia lenguaraz desenfrenada, no dudo de que se haya imprecado a todos los españoles, siéndolo del modo en que quiere Zúñiga que parezca comido. Yo ciertamente creo ser de los más que lo ha hecho.

Nunca a disparidad abre las puertas
mi corto ingenio, y hállalas contino
de par en par la consonancia abiertas.
¿Cómo pueda agradar un desatino,
si no es que de propósito se haze,
mostrándole el donaire su camino?
Que entonces la mentira satisfaze,
quando verdad parece, y está escrita
con gracia, que al discreto y simple aplaze.

Miguel de Cervantes, Viage al Parnaso, capítulo vi (1614)

Ni Haití ni ninguna otra geografía de los desastres de la historia está nunca demasiado lejos: quizá sea eso lo que provoca que los apresurados mercaderes de la novedad vuelvan obsceno cualquier intento de narrarlo sin más. No estoy seguro de la posibilidad de la memoria: más bien lo estoy de su contrario. Ni me parece que la genealogía, ni la biológica ni la sentimental, sean inapelables. Pero quizá convenga estremecerse, ni que sólo sea eso, con la sospecha de un tiempo en que quienes nos antecedieron, y aún están ahí, fueron haitianos. Quizá en eso consista la memoria de las piedras. La más poderosa, tal vez: la memoria de las piedras derruidas.

¿Será verdad que en el paraíso hay una tablilla, conservada incólume desde antes de que existiera el tiempo? ¿Existirá después de que el tiempo se acabe? Y cuando ya no haya vida que inscribir en las tablillas de los vivos, ¿adónde irá el libro de la vida?

Desde el 13 de enero al 18 de abril estará abierta en la Fundación Cartier-Bresson de París la exposición «Robert Doisneau, du métier à l’œuvre» (‘R. D., del oficio a lo hecho’). Las fotografías «Le nez au carreau» (‘Curiosa por la ventana’; 1953), «Bidonville à Ivry» (‘Chabolas en Ivry’; 1946), «Jeux africains» (‘Juegos africanos’; 1945), «La voiture fondue» (‘El carro fundido’; 1944) y «La Courneuve, 1945» forman parte del catálogo de esa exposición.

A partir de esta hipótesis de trabajo cabe preguntarse si no sería necesario extender el modelo de Gardner para dar cuenta de un tipo distinto de motivación, en la que el objeto de los ‘positive feelings’ no son los hablantes, que pueden llegar a serlo de todo lo contrario, sino más bien la imagen que se tiene de su cultura, idealizada y reforzada por un ánimo de ir a contracorriente; o si por el contrario, y a tenor sobre todo de los resultados generales, no estaríamos ante un ejemplo de motivación irrelevante y sin efecto positivo sobre el proceso de aprendizaje, puesto que no sólo no favorece la disposición a comunicarse sino que llega a coartarla, por cuanto desmerece a los hablantes nativos, percibidos a menudo como herederos pródigos y casi ilegítimos de dicho acervo. En este sentido llega a darse el caso, p[or] ej[emplo], de que el uso del árabe nativo (dialectal) se contempla con irritación e incomprensión, como si el arabófono estuviera obligado a respetar invariablemente una norma lingüística que el estudiante ha asumido como universal, sin serlo. Y como éste, tantos otros ejemplos que van más allá del «لماذا تأخر المسلمون ولماذا تقدم غيرهم» de Chekib Arslan (شكيب أرسلان), el malheur arabe de Samir Kassir (سمير قصير) y cualquier otra reflexión émica sobre la decadencia de los árabes, y tienen su origen en un legado distinto, el del orientalismo. [...]

Lo cual puede interpretarse, a mi modo de ver, en el sentido de que lo relevante no es si el individuo desea o no integrarse en la otra sociedad, sino la relación que establece, de identificación personal, con la lengua de ésta o lo que la rodea. Eso explicaría que a veces se observen [...] actitudes en apariencia contradictorias, entre la sublimación de una cultura árabe ad hoc y el desapego, cuando no desafecto, hacia los árabes de carne y hueso. Pero además, y lo que es más importante, esa motivación más identificativa que integrativa, que sugieren Czisér y Dörnyei, daría cuenta también de los casos en los que sí hay disposición a comunicarse y buenos resultados en términos de competencia. El siguiente paso, por tanto, sería determinar qué tipo de identificación (y con qué exactamente) conduce a una verdadera motivación, positiva, y cuál puede resultar, por el contrario, en una amotivación como la que sufren muchos estudiantes de árabe, con independencia de los obstáculos a los que se enfrentan todos.

Antonio Giménez Reíllo, «Integratividad cero», Anís del moro («blog oficioso»), 17 de enero de 2010.

No sean tímidos: traten de hacer la prueba. Substituyan «árabe» por el glotónimo que mejor les convenga. El hebreo, claro, y por ejemplo, también.

Ilustración: detalle de la bóveda de la «Sala de los Reyes» de la Alhambra.

«Que no hablan idiomas, sino dialectos.»
Eduardo Galeano, «Los nadies», Libro de los abrazos (1989).

«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.

«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.

«Parrhesia - Through Language in Vienna» ('Kultur'), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007.

Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros Españoles en orden a las cosas nacionales. Unos las engrandecen hasta el Cielo: otros las abaten hasta el abismo. Aquellos, que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros, espaciaron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén con que miran a las demás Naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar, o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes, y ciencias. Bástales ver a otro Español con un libro Italiano, o Francés en la mano, para condenarle por genio extravagante, y ridículo. Dicen que cuanto hay bueno, y digno de ser leído, se halla escrito en los dos idiomas Latino, y Castellano. Que los libros extranjeros, especialmente Franceses, no traen de nuevo sino bagatelas, y futilidades; pero del error que padecen en esto, diremos algo abajo.

Por el contrario los que han peregrinado por varias tierras, o sin salir de la suya comerciado con extranjeros, si son picados tanto cuanto de la vanidad de espíritus amenos, inclinados a lenguas, y noticias, todas las cosas de otras Naciones miran con admiración; las de la nuestra con desdén. Sólo en Francia, pongo por ejemplo, reinan, según su dictamen, la delicadeza, la policía, el buen gusto. Acá todo es rudez, y barbarie. Es cosa graciosa ver a algunos de estos Nacionalistas (que tomo por lo mismo que Antinacionales) hacer violencia a todos sus miembros, para imitar a los extranjeros en gestos, movimientos, y acciones, poniendo especial estudio en andar como ellos andan, sentarse como se sientan, reírse como se ríen, hacer la cortesía como ellos la hacen, y así de todo lo demás. Hacen todo lo posible por desnaturalizarse; y yo me holgaría que lo lograsen enteramente, porque nuestra Nación descartase tales figuras.

Entre éstos, y aun fuera de éstos, sobresalen algunos apasionados amantes de la lengua Francesa, que prefiriéndola con grandes ventajas a la Castellana, ponderan sus hechizos, exaltan sus primores; y no pudiendo sufrir ni una breve ausencia de su adorado idioma, con algunas voces que usurpan de él, salpican la conversación, aun cuando hablan en Castellano. Esto en parte puede decirse que ya se hizo moda; pues los que hablan Castellano puro, casi son mirados como hombres del tiempo de los Godos. [...]

Mas no por eso concederemos, ni es razón, alguna ventaja a la lengua Francesa sobre la Castellana. Los excesos de una lengua respecto de otra, pueden reducirse a tres capítulos, Propiedad, Armonía, y Copia. Y en ninguna de estas calidades cede la lengua Castellana a la Francesa.

En la propiedad juzgo, contra el común dictamen, que todas las lenguas son iguales en cuanto a todas aquellas voces, que específicamente significan determinados objetos. La razón es clara, porque la propiedad de una voz no es otra cosa, que su específica determinación a significar tal objeto; y como ésta es arbitraria, o dependiente de la libre voluntad de los hombres, supuesto que en una Región esté tal voz determinada a significar tal objeto, tan propia es como otra cualquiera que le signifique en idioma diferente. Así no se puede decir, pongo por ejemplo, que el verbo Francés tromper sea más, ni menos propio que el Castellano engañar; la voz rien, que la voz nada. Puede haber entre dos lenguas la desigualdad de que una abunde más de voces particulares, o específicas. Mas esto en rigor será ser más copiosa, que es capítulo distinto, quedando iguales en la propiedad en orden a todas las voces específicas que haya en una, y otra.

He dicho que por lo común hay este vicio en nuestra Nación, pero no sin excepciones, pues no faltan Españoles que hablan, y escriben con suma naturalidad, y propiedad el idioma nacional. [...] No nacen, pues, del idioma Español la impropiedad, o afectación de algunos de nuestros compatriotas, sí de falta de conocimiento del mismo idioma, o defecto de genio, o corrupción de gusto.

En cuanto a la armonía, o grato sonido del idioma, no sé cuál de dos cosas diga: o que no hay exceso de unos idiomas a otros en esta parte; o que no hay Juez capaz de decidir la ventaja. A todos suena bien el idioma nativo, y mal el forastero, hasta que el largo uso le hace propio. Tenemos hecho concepto de que el Alemán es áspero […]

«First page of Genesis - in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008.

Dentro de España parece a Castellanos, y Andaluces humilde, y plebeya la articulación de la Jota, y la G de Portugueses, y Gallegos. Pero los Franceses, que pronuncian del mismo modo, no sólo las dos letras dichas, mas también la Ch, escuchan con horror la articulación Castellana, que resultó en estos Reinos del hospedaje de los Africanos. No hay Nación, que pueda sufrir hoy el lenguaje, que en ella misma se hablaba doscientos años ha. Los que vivían en aquel tiempo gustaban de aquel lenguaje, sin tener el órgano del oído diferente en nada de los que viven ahora; y si resucitasen, tendrían por bárbaros a sus propios compatriotas. […]

De modo, que puede asegurarse que los idiomas no son ásperos, o apacibles, sino a proporción que son, o familiares, o extraños. La desigualdad verdadera está en los que los hablan, según su mayor, o menor genio, y habilidad. Así entre los mismos Escritores Españoles (lo mismo digo de las demás Naciones) en unos vemos un estilo dulce, en otros áspero: en unos enérgico, en otros lánguido: en unos majestuoso, en otros abatido. No ignoro que en opinión de muchos Críticos hay unos idiomas más oportunos que otros, para exprimir determinados afectos. Así se dice, que para representaciones trágicas no hay lengua como la Inglesa. Pero yo creo que el mayor estudio que los Ingleses, llevados de su genio feroz, pusieron en las piezas dramáticas de este carácter, por la complacencia que logran de ver imágenes sangrientas en el teatro, los hizo más copiosos en expresiones representativas de un coraje bárbaro, sin tener parte en esto la índole del idioma. Del mismo modo la propiedad que algunos encuentran en las composiciones Portuguesas, ya Oratorias, ya Poéticas, para asuntos amatorios, se debe atribuir, no al genio del lenguaje, sino al de la Nación. Pocas veces se explica mal lo que se siente bien; porque la pasión que manda en el pecho, logra casi igual obediencia en la lengua, y en la pluma.

Una ventaja podrá pretender la lengua Francesa sobre la Castellana, deducida de su más fácil articulación. Es cierto que los Franceses pronuncian más blando, los Españoles más fuerte. La lengua Francesa (digámoslo así) se desliza: la Española golpea. Pero lo primero, esta diferencia no está en la substancia del idioma, sino en el accidente de la pronunciación: siendo cierto que una misma dicción, y una misma letra puede pronunciarse, o fuerte, o blanda, según la varia aplicación del órgano, que por la mayor parte es voluntaria. Y así no faltan Españoles que articulen con mucha suavidad: y aun creo que casi todos los hombres de alguna policía hoy lo hacen así. Lo segundo digo, que aun cuando se admitiese esta diferencia entre los dos idiomas, más razón habría de conceder el exceso al Castellano: siendo prenda más noble del idioma una valentía varonil, que una blandura afeminada.

«Lecturas» ('Tesouro'), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.

Sin embargo, esta razón tiene más apariencia que solidez. Lo primero, porque la corrupción, de que se habla, no es propia, sino metafóricamente tal. Lo segundo, porque aunque pueda llamarse corrupción aquel perezoso tránsito, conque la lengua original va declinando al dialecto; pero después que éste, logrando su entera formación, está fijado, ya no hay corrupción, ni aun metafórica. Esto se ve en las cosas físicas, donde, aunque se llama corrupción, o se asienta que la hay en aquel estado vial conque la materia pasa de una forma a otra; pero cuando la nueva forma se considera en estado permanente, o in facto esse, como se explican los Filósofos de la Escuela, nadie dice que hay entonces corrupción: ni el nuevo compuesto se puede llamar en alguna manera corrompido. Y así, como a veces sucede, que no obstante la corrupción que precedió en la introducción de la nueva forma, el nuevo compuesto es más perfecto que el antecedente, podría también suceder, que mediante la corrupción del primer idioma, se engendrase otro más copioso, y más elegante que aquel de donde trae su origen.

— Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), discurso xv, páginas 309-325.

«Parrhesia – Through Language in Vienna» (‘Kultur’), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007; «Lecturas» (‘Associació de veïns afectats pel riva’), foto de Jorge Dragón, 7 de marzo de 2008; «First page of Genesis – in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008; «Lecturas» (‘Tesouro’), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.

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