Maria me dice que en una entrevista de Gad Lerner a Primo Levi en Espresso, en 1984, Levi afirma lo siguiente:

E’ necessario che il centro di gravità degli Ebrei venga ribaltato e torni ad essere fuori da Israele. Deve tornare a noi ebrei della Diaspora, che abbiamo il compito di ricordare ai nostri amici in Israele che nell’Ebraismo c’è una tradizione di tolleranza (…) La storia della Diaspora è stata una storia di persecuzioni, ma è stata anche una storia di scambi e di relazioni inter-etniche, e dunque una scuola di tolleranza.

Hace falta que el centro de gravedad de los judíos se vuelva a volcar para que esté fuera de Israel. Nos ha de volver a nosotros, judíos de la Diáspora, que tenemos el deber de recordar a nuestros amigos en Israel que en el judaísmo existe una tradición de tolerancia […]. La historia de la Diáspora ha sido una historia de persecuciones, pero ha sido también una historia de intercambios y de relaciones interétnicas, escuela, por tanto, de tolerancia.

Podría discutir mucho (pero no es momento ahora) el concepto de la enseñanza de tolerancia inherente a la historia de la Diáspora (y la noción misma de Diáspora no debería andar muy lejos de la criba crítica) pero estas afirmaciones de Levi me dan pie a colgaros por aquí una cosita que andaba remoloneando por ahí algún tiempo:

(más…)

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Escrit a la manera de Salom

Alçarà a poc a poc el meu dolor
la bona casa en els dies de l’erm?
Un petit foc que m’allunyi remences,
un llum mirat per la cansada nit.

Ulls des del fred esguarden amb fixesa,
prims llavis diuen tots els noms de la mort
i m’empresonen en una lenta cançó.
Com obriré camins al meu retorn?

Passos i temps em guien a la pau,
i crido amb antic mot el meu desig.
Però sentir només, sense comprendre,
no em salvarà del vell furor del vent.

Escrito a la manera de Salom: ¿Alzará poco a poco mi dolor / la buena casa de los días del yermo? / Un débil fuego que me aleje temores, / un candil mirado por la noche cansada. / Con fijeza los ojos miran desde el frío, / delgados labios dicen los nombres de la muerte / y me aprisionan en una canción lenta. / ¿Cómo abriré caminos para regreso? / Pasos y tiempos me guían a la paz, / y con palabra antigua grito mi deseo. / Pero sólo sentir, sin comprender, / no me salvará del viejo furor del viento.

Salvador Espriu i Castelló, del libro El caminant i el mur, 1954 (traducción de Andrés Sánchez Robayna y Ramon Pinyol Balasch).

«Surcos» es una parte del documental Perfiles, dirigido por Véred Kurlender, sobre distintas mujeres de las comunidades judías de Madrid,

una de las comunidades más pequeñas de Europa. Tiene algo de Kibutz, en el sentido en que todo el mundo se conoce. Pero al mismo tiempo, en Madrid están presentes todas y cada una de las situaciones y contradicciones de las comunidades judías de la diáspora de todo el mundo. Lo religioso frente a lo cultural, lo social frente a lo individual, lo público y lo privado. Y todo en acción.

La historia de esta película se cuenta aquí.

De los comentarios en el último artículo de uno de los blogs que sigo:

We cannot apply our modern standards to the ancients. We are not in a position to measure their sensitivity to certain expressions and their definition of rudeness of style. We really find no consistency in the use of euphemisms even in later rabbinic literature. We are in no position to judge the ancients for their seeming inconsistency; they were guided by their own standards and reasons. We must also take the individuals, times and places into consideration.

No podemos aplicar nuestros criterios modernos a los antiguos. No nos hallamos en posición de evaluar lo sensibles que les resultaban ciertas expresiones y cómo definieran en qué consistía un estilo grosero. No nos hallamos en posición de juzgar a los antiguos por lo que parezcan contradicciones suyas. Se guiaban por sus propios criterios y razonamientos. Asimismo, hemos de tener en cuenta a los invididuos, las épocas y los lugares.

Saul Lieberman, Hellenism in Jewish Palestine: Studies in the literary transmission, beliefs, and manner of Palestine in the I Century B.C.E.–IV Century B.C.E., Nueva York, The Jewish Theological Seminary, 1950, pág. 34.

(A pesar de los pesares, reconozco mi debilidad por Saul Lieberman – que tuvo incluso derecho a acrónimo rabínico, גר”ש, dada su estatura intelectual –, un rabino del movimiento conservador que se preocupó de «liberar» a las mujeres «aherrojadas» por un marido hijueputa que se niega a repudiarlas – en sentido estricto, las esposas judías casadas en el judaísmo no se divorcian: las repudia su marido, porque el judaísmo tiene estas contradicciones inherentes a las formas de organizarse de los seres humanos – y que dejo escrito un «suplemento» a una de sus obras mayores que consiste exclusivamente, al parecer, en notas de este estilo:

Erratas y errores míos. […] Esto es un lapsus calami. […] Esto [que decía] es innecesario. […] Esto es una traducción [literal] del yiddish. […] No me expresé con corrección. […] Habría que borrar toda esta breve nota. […] Me doy ahora cuenta de que se trata de una hipótesis excesiva. […] Según esto cometí un grave error explicándolo [así] aunque fuera en este breve comentario.

Para acabar rematando la pieza con esto:

Acabo con una plegaria [en que pido] que se me conceda el privilegio de quitar toda esta basura de [mi] Tosefta kifšuṭa, órdenes Zera’im y Mo’ed, y corregir todo el final de[l orden] Našim.

En resumen, lo mismito que dejó dicho en ripio Piet Hein:

LOSING FACE

The noble art of losing face
may one day save the human race
and turn into eternal merit
what weaker minds would call disgrace.

EN RIDÍCULO

El noble arte de dejarse en ridículo
pudiera un día tal vez salvar la humana raza
y convertir en inmarcesible mérito
lo que más cortas mentes llamarían patíbulo.

y que tan extraordinario resulta entre rabinos, universitarios, políticos y niños de tres años. Más o menos lo mismo).

Cada cual tiene sus recuerdos: yo también, por si no hubiera quedado bastante claro hasta ahora. Hago trampa, eso sí: en la palabra «recuerdos» solo incluyo los recuerdos buenos, esos que, al recordarlos, como escribir, calman.

Fue al principio de la última vez que llevé a cabo un ejercicio del que tengo cierta costumbre: mudarme a una ciudad nueva, a un país nuevo y a una lengua nueva. La ciudad era París; el país, Francia y la lengua, el francés, aunque no puedo decir en honor a la verdad que me pareciera una lengua especialmente nueva para mí. Solo al vivir en París, me fui dando cuenta de lo equivocado que estaba – obvio – y de lo que cuesta, siempre, pasar del estadio de balbuceo al estadio de permanente incredulidad que le proporciona a uno instalarse en una lengua que no es ninguna de las suyas primeras (y volver a practicar la materna, para incredulidad de los que no la han abandonado nunca ni se les ha pasado por la cabeza que el mundo pueda describirse con otras palabras que las propias).

Fue una tarde (pensado a la española: para el resto del mundo, civilizado o incivilizado, ya sería noche cerrada) y fue en la cocina (así que me supongo que estaría preparando la cena para la hora de ver a PPDA). Por casualidad, había caído en el dial de Radio Orient, la emisora principalmente en árabe de la ciudad. Y empezó a sonar la oración del magreb, la oración del ocaso. Y de repente me vi en Túnez, en La Goleta y en Ramadán, unos años atrás. En el café al lado de casa (acabábamos de llegar del centro) nos pilló la hora del ftur y nos trajeron unos dátiles y unos vasos de lben.

Y rompimos el ayuno, que guardábamos en público porque en todo momento nos parecía que era lo que había que hacer.

Y el caso es que, por poco que durara esa llamada a la oración del crepúsculo en París, yo me encontré en calma. Siempre me había pasado de antes, pero sospecho que el almuédano de la Gran Mezquita de París (cuyo pergüeño a la oración era el retransmitido por Radio Orient/Iḏāʕatu ššarq), que estaba dotado de una voz particularmente bella, me llevó de repente a un recuerdo que, vaya usted a saber por qué, también me ha resultado siempre particularmente bello: el de mi primer Ramadán en Túnez.

Supongo que habrá una ley general de la atracción por las ceremonias religiosas para los que somos reaccionariamente laicos. Debería existir una ley universal de la prudencia antes de opinar de un rito religioso: vívalo usted y luego opine. Yo, tal cosa he procurado siempre, principalmente para criticarlo después.

Admito, eso sí, una querencia especial por las ceremonias que dividen el tiempo (como el sábado judío, si hubiera que poner un ejemplo por antonomasia). Confieso que frecuentaría con gusto misas del gallo, rupturas del ayuno y, ya lo he dicho, ceremonias de bienvenida y despedida del sábado judío. También tengo una irrefrenable atracción por la Pascua judía. Pero hoy, como toca salir, me ha parecido que era buena idea traeros una primera entrega de una señora que comparecerá con cierta frecuencia por aquí. A continuación, os dejo traducida al castellano la letra completa del poema litúrgico que canta doña Ofra (coloreando de gris la parte que no canta).

Estamos en el momento de las «postrimerías del sábado» (o, más literalmente, de «las salidas del sábado»): מוצאי שבת, moṣaʔe šabbat.

«Havdala Service», foto de macintoshlover101, 11 de agosto de 2007.

«Havdala Service», foto de macintoshlover101, 11 de agosto de 2007.

La luz y las fragrancias es lo que ansía mi alma, / ¡si me dierais un vaso de vino para este final del sábado! / ¡Pavimentadme las sendas, dirigid bien a la desviada, / abridme las puertas, ángeles de lo alto! / Temerosa de corazón alzaré los ojos a Dios / que me provee día y noche de lo que preciso. / Tanto como me falta, dame de los tesoros de tu bondad, / porque tu piedad no tiene final ni remate. / Renueva mi alegría, mi sustento y mi bienestar / y elimina mis aflicciones, mis quebrantos y mis horas de oscuridad. / Llegan los días de labor, siempre renovados: / que en ellos se renueven lo bueno y la paz (final).

Sæʕadyah ben ʕamram, Yemen siglo xvii.

La que canta es Ofra Haza, claro. El programa, no tengo ni idea, porque yo no tenía diez años en el Israel de los setenta: los tenía en la España de los ochenta. La ceremonia para la que se canta la canción es la havdalá, que despide el sábado y da la bienvenida a la semana.

En fin, bendito seas, Señor, que separas lo sagrado de lo profano y «semanada clara y buena» para todos, en sentido estrictamente sabático.

Cementerio de San Juan

Lugares propicios para el amor platónico

Aprovechando el consenso casi universal de la legislación laboral (hay que aprovecharla mientras exista) de que en domingo no se trabaja por razones etimológicamente sabáticas, nos vamos un poco de fiesta con una de las contribuciones de la lírica, cantada en este caso, al tema del desamor masculino, tan épicamente narrado en otras composiciones notables de la misma área cultural y en la misma lengua (o en otras, igualmente memorables). Con ustedes, «19 de noviembre» de Carlos Vives (y conmigo, unas maletas a medio hacer, aunque -¡ay!- no para el destino que no es ningún misterio que será el primero mío en cuantito acabe la tesis zamorana que me ocupa: mi platónicamente adorada América Latina. No es que vaya a dejar a los judíos, criaturicas, es que me iré a buscarlos entre los trópicos: el de Cáncer y el de Capricornio. La excusa perfecta, ya saben).

19 de noviembre:
después de tanto sufrimiento
llevo al cielo tu retrato
y me declaro libre como el viento.
Ya me siento renacer,
¡cómo pudo suceder!
Yo que estaba mal herido,
con el corazón partido
y a punto de fallecer,
y tú irrumpiste vencedora.

Cuando viste la insolencia,
defendiste tus fronteras
y clavaste tu bandera
pidiendo mi independencia.
No había nada que perder;
te lo quiero agradecer.
Yo seré tu fiel soldado,
tu serás mi día de fiesta
y siempre te recordaré.

Y cada 19 de noviembre,
grito de mi independencia,
se oyen fiestas dondequiera
y en el cielo una bandera
rinde honor a tu existencia.
Y cada 19 de noviembre
conmemoro aquella gesta,
se oyen luces en el cielo
y en la calle está mi pueblo
recordando tu epopeya.

Y tú irrumpiste vencedora:
cuando viste la insolencia,
defendiste tus fronteras
y clavaste tu bandera
pidiendo mi independencia.
No había nada que perder,
te lo quiero agradecer.
Yo seré tu fiel soldado,
tu serás mi día de fiesta
y siempre te recordaré.

Llegó noviembre ya,
vamos a celebrar
y a la orilla del mar
te volveré a besar.
Llegó noviembre ya,
vamos a parrandear,
te gritaré al pasar
¡viva mi libertad!
(¡ay, mi amor!)
(Vuelan, vuelan, tus problemas vuelan ya…)

Embajada vulcaniana en la Capital Federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Embajada vulcaniana en la Capital Federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

«Puerto Rico – El Viejo San Juan: Cementerio de San Juan», foto de Wallyg, abril de 2001; «19 de noviembre», del disco El amor de mi tierra de Carlos Vives (1999); «Synagogue in Buenos Aires», foto de Jeremy Whitehorn, 3 de agosto de 2006.

Y aún me preguntarán por qué me regodeo en mi judeofilia:

We are delighted that the occasion of our son’s wedding (…) solved a 150-year-old bibliographic mystery.

Nos complace que, con ocasión de la boda de nuestro hijo […] se haya resuelto un misterio bibliográfico de ciento cincuenta años.

Shlomo y Mati Sprecher, «A Gemeinde Gemeinheit», Tradition Seforim Blog, 2 de junio de 2009.

Qué quieren: en las bodas de mi pueblo se dan gritos de ¡Que se besen los novios!, ¡que se besen los padrinos!, ¡que se besen los padres del/de la novi@!, ¡que se besen los cuñados de la prima hermana del suegro de la hija del cura!, etc. O se reparten, previo corte y recorte entre vocinglerías tan beodas como campechanas, trozos de la liga de la novia, de la corbata del novio o, innovación reciente que no conocí en mis años más mozos pero cada vez más extendida, de los calzoncillos del novio, con la intención de subastarlos.

Pero vamos, a la bibliografía, lo que es a la bibliografía, no tengo yo visto que en las bodas de mi pueblo se hayan dedicado. Ni que piensen hacerlo.

PD: El artículo de los Sprecher es, por otra parte, francamente interesante. No tanto como adquirir en subasta trocitos de la liga de una novia, pero interesante en cualquier caso.

Sin nombre«5 Il rabbino di Venezia El…», foto de triestebraica, 9 de marzo de 2008.

انما أنا لم أجيء الى هنا لافكر في مصطفى سعيد، فها هي ذي بيوت القرية المتلاصقة من الطين والطوب الاخضر تشرئب بأعناقها أمامنا؛ وحميرنا تحث السير لانها شمت نجياشيمها رائحة البرسيم والعلف والماء. هذه البيوت على حافة الصحراء، كأن قوماً في عهد قديم أرادو أن يستقروا ثم نفضوا أيديهم ورحلوا على عجل. هنا تبدأ أشياء. وتنتهي أشياء. ومنطقة صغيرة من هواء بارد رطب يأتي من ناحية النهر، وسط هجير الصحراء، كأنه نصف حقيقة وسط عالم مليء بالأكاذيب. أصوات الناس والطيور والحيوانات تتناهى ضعيفة الى الأذن كأنها وساوس، وطقطقة مكنة الماء المنتضم تقوي الحساس بالمستحيل. والنهر، النهر الذي لولاه لم تكن بداية ولا نهاية، يجري نحو الشمال، لا يلوي على شيء، قد يعترضه جبل فيتجه شرقاً، وقد تصادفه وهدة من الأرض فيتجه غرباً، ولكنه أن عاجلا أو آجلا يستقر في مسيره الحتمي ناحية البحر في الشمال.

الطيب الصالح، موسم الهجرة إلى الشمال، صُدر في الأعمال الكاملة، بيروت، دار العودة، 1996(؟)، ص. 79.

Pero yo no he venido aquí para hablar de Mustafa Saíd; tengo ante mí estas casas de barro y ladrillo rojo [sic, por ¿«verde»?] pegadas unas a otras, estirando el cuello frente a nosotros, y a nuestros burros que aprietan el paso cuando les llega al hocico el olor de la alfalfa, del forraje y del agua. Estas casas, situadas al borde del desierto. Como si seres de otras épocas hubieran intentado establecerse aquí, pero luego, sacudiéndose el polvo, hubieran partido, veloces. Aquí empiezan las cosas y aquí terminan. Un leve soplo de brisa, fresca y húmeda, viene del río, en medio del calor sofocante del desierto, como una media verdad en un mundo lleno de mentiras. El bullicio de la gente, de los pájaros y de los animales llega amortiguado al oído, tan suave como un susurro, y el monótono gorgoteo de las bombas de agua aumenta la sensación de irrealidad. El río, el río sin el cual no habría principio ni fin, corre hacia el norte, indiferente a todo; si le sale al paso una montaña, tuerce hacia el este, si se encuentra con un precipicio, vuelve hacia el oeste, pero, tarde o temprano, su curso inexorable acaba en el norte, en el mar.

Táyyeb Sáleh, Época de migración al norte (primera edición árabe de 1967), traducción de María Luisa Cavero, Madrid, Huerga y Fierro Editores, 1998, pág. 83.


Rasha,  Sudán, ¿por qué?

[Vieja conocida de los mostoleños. Hace de esto más años de los que quisiera, la descubrí por primera vez, casi recién llegada ella a España con su hermano Wafir, que fue miembro de Radio Tarifa, en un concierto algo destartalado que ella consiguió angelar en un local de mi territorio indígena de periferia. Quizá la interpretación que os enlazo no sea precisamente impecable, pero quería dejaros la letra de una canción que no puede resultar indiferente a los habitantes de la Península Ibérica: «Sudán, ¿por qué / te han gobernado los militares…?».]


A estas alturas de esta película bloguera no tengo que justificar mi maurofilia y mi arabofilia cultural y lingüística, este último aspecto con una competencia menor de la que yo quisiera. Llegado el caso, no tengo inconveniente en justificar lo adecuado del apunte de hoy con mi carga genética aragonesa y cantar, a ritmo de jota, que lo hago porque quiero, porque puedo y porque me da la gana. No creo que haya que llegar al franco aunque rudo baturrismo. Sencillamente, hace unos días calló para siempre la voz de uno de los grandes: Táyeb Sáleh (lo de Táyyeb tiene un punto de pedantería etimológica). Cuando eso ocurre, que una voz necesaria se vuelve un recuerdo inmarcesible, esta casa de Alfonso se para y escucha. De paso, quizá se podría definir también así la trayectoria vital de Alfonso de Zamora: en algún momento cercano a 1492 se paró y se puso a escuchar unas voces que le venían de muy dentro y no dejó de prestarles atención hasta 1545, más o menos.

Yo le puedo agradecer a Táyeb Sáleh muchas cosas. La primera, que me enseñara árabe. Como los libros de Muhammad Shukri (محمد شكري, 1935-2003), los de Sáleh me enseñaron que se puede escribir en árabe con belleza y claridad. Y por tanto, que se puede leer en árabe con belleza, de lo que nunca había dudado, ni cuando me hacían leer Los avaros de Alyáhiz, y, también, con claridad. Eso, cuando se está intentando ir cumpliendo etapas de la dura ascensión que supone aprender una lengua, os aseguro que es muy de agradecer.

Aparte, la historia de lo que en español se ha llamado Época de migración al norte me tocó especialmente porque la descubrí precisamente en una de mis épocas de migración al norte, en las clases de James Montgomery. En árabe se puede hacer un juego de palabras y de raíces entre el territorio de la migración y del exilio (الغربة, alġurba), que, como la propia palabra indica, está siempre en Occidente (الغرب, alġarb), donde habitan los extranjeros, los extraños (الغرباء, alġurabāʔ) y donde uno es, por antonomasia, un extraño, un extranjero (غريب, ġarīb) porque, toda migración se puede resumir en un extrañamiento hacia Occidente (اِغتراب, iġtirāb). Al menos en árabe, lengua fundamentalmente transida de islam, cuyo hito histórico fundador no es ni más ni menos que una migración, una hégira, la misma palabra que utiliza Sáleh (migración) para titular su libro.

El protagonista de la novela es un migrante a Occidente (مغترب, muġtarib), como era yo en la época en que descubrí este relato sorprendentemente breve,  que, entre otras cosas, descubre el amor y la duda en Inglaterra. Y luego, antes y durante pasan muchas cosas, muchas. Pero mejor, id a la novela y descubridlas todas.

Como algo puramente personal, lo que siempre me ha atraído de esta Época de migración es la cantidad de sugerencias verbales que me ha aportado. El término que María Luisa Cavero traduce por época es en árabe موسم (mawsim) que, entre el amplio abanico de significados que posee, designa las romerías que en toda la cuenca mediterránea se hacen a tumbas de santos. En el Magreb es una práctica particularmente consolidada y a veces, por error, se induce a pensar que el culto de los santos sería una característica, con ribetes heréticos, del islam magrebí. Esto no es exacto y el culto de los santos, con variantes tan diversas como diverso es el islam, es casi un universal de la práctica popular de la religión, al menos en los países de la cuenca mediterránea. Me transmite una sensación de amigable familiaridad y de entrañable convivencia multicultural el hecho de que muchos, si no casi todos, de esos santos mediterráneos han sido una práctica compartida por judíos, musulmanes y cristianos. Por que se me entienda claramente: los adeptos de las tres religiones iban a las mismas ermitas donde reposan los cuerpos de los santos.

Sidi Testur, Figuig (Marruecos), en la frontera con Argelia. Foto de Wissem Gueddich, octubre de 2008.

Sidi Testur, Figuig (Marruecos), en la frontera con Argelia. Foto de Wissem Gueddich, octubre de 2008.

De la abundante bibliografía de esas romerías que comparten musulmanes, judíos y, en algún caso, cristianos, y sin ánimo de exhaustividad, la primera referencia es, creo, la amplia monografía de Josef W. Meri, The Cult of saints among Muslims and Jews in Medieval Syria, Oxford, Oxford University Press, 2002; a la que hay que añadir, por ejemplo, Yoram Bilu, «Encountering the sacred : saint veneration and visitational dreams among Moroccan Jews in Israel», en Thomas A. Idinopulos y Edward A. Yonan (ed.), The Sacred and Its Scholars; Comparative Methodologies for the Study of Primary Religious Data, Leiden, Brill, 1996, págs. 89-103; André Eliyahu Elbaz, «Le culte des saints dans le conte populaire des Séphardim canadiens d’origine marocaine», Fabula: Zeitschrift für Erzählforschung (Berlín), vol. xxiii, nº. 1-2 (1982), págs. 64-74; Rivka Gonen, («כיצד נוצר קבר יהודי קדוש : מקרה קבר רחל אשת רבי עקיבא» [Cómo se crea la tumba de un santo judío: el caso de la tumba de Raquel, esposa de Rabbí Aqiva ], en Rivka Gonen, אל קברי צדיקים; עליות לקברים והילולות בישראל [A las tumbas de los santos: romerías a tumbas y fiestas conmemorativas en Israel], Jerusalén y Tel Aviv, Israel Museum y Yediot Aharonot-Sifre Hemed, 1998, págs. 75-85; Joel L. Kraemer, «A Jewish cult of the saints in Fatimid Egypt», en Marianne Barrucand, L’Égypte fatimide – son art et son histoire; actes du colloque organisé à Paris, mai 1998, París, Presses de l’Université de Paris-Sorbonne, 1999, págs. 579-601; André Lévy, «Ethnic aspects of Israeli pilgrimage and tourism to Morocco», Jewish Folklore and Ethnology Review (Nueva York), vol. xvii, nº. 1-2 (1995), págs. 20-24; Janice Rosen, « From the Maghreb to Montreal : Moroccan saint veneration among Muslims and Jews», en Charles Selengut, Jewish-Muslim Encounters; History, Philosophy and Culture, Saint Paul, MN, Paragon House, 2001, págs. 51-71; Ephraim Shoham-Steiner, «”For a prayer in that place would be most welcome”: Jews, holy shrines, and miracles – a new approach», Viator; Medieval and Renaissance Studies (Turnhout, Bélgica), vol. xxxvii (2006), págs. 369-395; Haïm Zafrani, «Droit rabbinique et sainteté (“halakhah” et “qedushah”) : une idée de sainteté laïque chez Maïmonide», Revue européenne des études hébraïques (Saint-Denis, Francia), nº. 9 (2003), págs. xiii-xxxi.

Quizá la historia de amor y de retorno de un estudiante sudanés a Inglaterra, como la historia de amor de los habitantes del Magreb, toutes religions confoundues, con sus santos tradicionales, enseñe mucho más sobre las verdades inherentes de la vida de lo que un blog tirando a torpe pueda decir. Por eso, parémonos y escuchemos:

وآثرت ألا أقول بقية ما خطر على بالي: “مثلنا تماماً. يولدون ويموتون وفي الرحلة من المهد إلى اللحد يحملون أحلاماً بعضها يصدق وبعضها يخيب. يخافون من المجهول، وينشدون الحب، ويبحثون عن الطمأنينية في الزوج والولد. فيهم أقوياء، وبينهم مستضعفون، بعضهم أعطته الحياة أكثر مما يستحق، وبعضهم حرمته الحياة. لكن الفروق تضيق وأغلب الضعفاء لم يعودوا ضعفاء”. لم أقل لمجحوب هذا، وليتني قلت، فقد كان ذكياً. خفت، من غروري، ألا يفهم.

Preferí no decir lo que se me estaba ocurriendo: «Son exactamente como nosotros. Nacen y mueren, y en su viaje de la cuna a la tumba persiguen algunos sueños que se hacen realidad y otros que nunca se logran. Tienen miedo a lo desconocido, buscan el amor y aspiran a conseguir la felicidad en el matrimonio y con los hijos. Unos son fuertes y a otros se les considera débiles. A algunos la vida les ha dado más de lo que se merecen y otros, en cambio, carecen de lo más elemental. Pero las distancias se van acortando y hay cada vez menos débiles.» Eso no se lo dije a Mahchub -ojalá se lo hubiera dicho, porque era una persona inteligente-, pero en mi vanidad creí que no lo iba a entender.