«In den alten Büchern steht, was weise ist: …»

Maestros solo he tenido uno: se llama Pepe Contreras Valverde y lo es de Latín. No fue poca hazaña embarcarse con ciento y pico chavales de instituto de Móstoles en un viaje tirando a iniciático que hicimos a Italia quizá en 1994 (soy muy malo para muchas cosas: por ejemplo, las fechas). Pero hubo otras pequeñas hazañas, pequeñas pero nada nimias, que Pepe fue haciendo a lo largo de los escasos dos años que nos dio clase. Llevarnos, por ejemplo, al Prado, a ver cuadros de mitología. Fue al volver de una de esas visitas cuando recuerdo, con la misma sorpresa que sentí entonces, cómo se reveló que Pepe, además de muchas cosas, era un entendido en cómics (o historietas, tanto da. Hasta «tebeos» valdría). Entiéndanme: «entendido», en los mejores casos, es una amena mezcla de conocimiento y pasión. Principalmente porque del objeto del entendimiento se hace una devoción gratuita. «Experto», por el contrario, es una variación insípida del acostumbrado baile consumista de los mercachifles. Principalmente, porque se cobra. Como yo del hebreo, por ejemplo. Si han de buscar, prefieran a un entendido. En los peores casos, son personajes divertidos, carne de casino de pueblo, como de Academia de Buenas Letras provinciana, teniendo en cuenta, antes de que se me precipiten a emitir un juicio, que lo provinciano halla su más perfecta encarnación en los habituales de ciertos cenáculos neoyorquinos, parisinos o madrileños, por poner tres ejemplos que me resultan bastante conocidos.

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«Si la Universidad te quema, quema tú la Universidad», («Pirómano», foto de Miguel Charrito, 5 de noviembre de 2007).

«Si la Universidad te quema, quema tú la Universidad», («Pirómano», foto de Miguel Charrito, 5 de noviembre de 2007).

Dos de cal:

Ramos Loscertales, el decano eterno, era un historiador medievalista solvente, de un impecable pasado científico y de un más que dudoso pasado político, determinado probablemente más por el miedo que por las convicciones. Nos explicaba en el primer año Historia universal y en el segundo, Historia de España. Sus clases eran amenas y eruditas, de una gran claridad expositiva, ponderadamente juiciosas y divertidamente irónicas. Sus exámenes de final de curso eran de una justicia ejemplar y de una generosidad infinita; constaban de tres partes: desarrollar por escrito un tema general, exponer una lección elegida por el alumno y contestar algunas preguntas concretas. Impartía sus lecciones, siempre de pie y sin quitarse el abrigo en invierno, a las doce y diez en punto, en el aula que había entre el Aula Magna y la Secretaría, que estaba a la derecha, subiendo la escalera regia de nuestras iconoclastas bromas antiunamunianas. A sus espaldas, tenía un gran retrato de Isabel II,

La Borbona frescachona.

La Borbona frescachona.

regordeta y despechugada, que le servía de frecuentes sarcasmos incisivos. Era delgado, présbite y de un acusado perfil ornitológico, además de ser un aragonés socarrón, de una sinceridad de calendario.

Manuel García Blanco, que explicaba Gramática histórica y Dialectología, discípulo de Menéndez Pidal y devoto unamuniano, era la honestidad, la amabilidad y el rigor personificados. Sus clases obedecían a un orden perfecto, poseedor de la virtud de la eficacia docente y de la discreción personal. Su fidelidad al Manual menendezpidaliano al uso era tan estricta que le había ganado el carñiñoso apodo de «don Manual García Blanco». Poseedor de un pozo sin fondo de chistes y anécdotas ingeniosas, sacaba a relucir constantemente este material gracioso, en momentos oportunos de sus lecciones, con simpatía y buena técnica narrativa, afinada por una larga costumbre. Perteneciente a una familia de la acomodada burguesía salmantina, conservaba en su persona y en su hacer un sabor de elegancia, a punto de pasarse de moda. Autor de numerosos trabajos de su especialidad, se ocupaba también de temas de literatura española y de historia local y preparaba por entonces su monumental primera edición de las obras completas de Unamuno, a quien había conocido y admirado mucho.

Y una de arena de las buenas:

Antonio Tovar, falangista de primera hora, servidor de Radio Nacional de la Guerra Civil, olímpico y desdeñoso, antipático, además de su cátedra de Lengua latina, estaba encargado naturalmente de darnos la Formación del Espíritu Nacional, que nos repateaba, a última hora de la mañana, en desoladas vísperas gastronómicas, con el estómago por los suelos. Recuerdo que hablaba de un vago nacionalismo exultante y una moral de cívicos filibusteros. Su hora de clase de Latín era insoportablemente aburrida y se limitaba a oír las balbuceantes traducciones de los alumnos, sin el menor comentario histórico ni filológico ni nada. Suponía que deberíamos saber traducir correctamente y, al no ser cierto, trataba de cubrir este vacío con desgana, malhumor y prisas. Un día que se lamentaba de no poder trabajar a causa del aislamiento bibliográfico de España, como consecuencia del cerco político que las democracias occidentales le habían puesto al gobierno del general Franco, el profesor Ramos Loscertales le contestó con sorna diciéndole que escribiera otra Sintaxis latina, cuando acababa de publicar su farragosa e inútil Sintaxis latina, aluvión de citas y profusión de ideas mostrencas.

Luciano González Egido, «Humanidades en la postguerra: un testimonio», en Luis Enrique Rodríguez-San Pedro Bezares (ed.), Historia de la Universidad de Salamanca, vol. iii:2: «Saberes y confluencias», Salamanca, Ediciones de la Universidad, 2006, pág. 786.

Иже Херувими тајно образујушче,
и животворјашчеј Тројице трисвјатују пјесн припјевајушче,
всјакое ниње житејское отложим попечение.
Јако да Царја всјех подимем,
ангелскими невидимо доруносима чинми.
Аллилуиа, аллилуиа, аллилуиа.

Iže Heruvimi tajno obrazujušče,
i životvorjaščej Trojice trisvjatuju pjesn pripjevajušče,
vsjakoe ninje žitejskoe otložim popečenie.
Jako da Carja vsjeh podimem,
angelskimi nevidimo dorunosima činmi.
Alliluia, alliluia, alliluia.

Οἱ τὰ Χερουβεὶμ μυστικῶς εικονίζοντες
καὶ τῇ Ζωοποιῷ Τριάδι τὸν Τρισάγιον ὕμνον προσᾴδοντες,
πᾶσαν τὴν βιωτικὴν ἀποθώμεθα μέριμναν,
ὠς τὸν βασιλέα τῶν ὃλων ὑποδεξόμενοι
ταῖς ἀγγελικαῖς ἀοράτως δορυφορούμενον τάξεσιν• Ἀλληλούϊα.

Los que somos místico trasunto de los querubines
y entonamos para la Trinidad creadora de la vida el himno del Santo, Santo, Santo,
dejemos de lado todo cuidado propio de esta vida
para acoger al rey de todas las cosas
acompañado, invisibles, por las cohortes angelicales.

(traducción de la versión griega).

«Himno de los querubines», troparion de la Entrada Magna de la liturgia de San Juan Crisóstomo; interpretado en antiguo eslavo eclesiástico por Divna Ljubojević y el Coro ‘Melodi’.

Halamed

 

איזה הוא חכם הלמד מכל אדם, שנאמר מכל מלמדיי, השכלתי. איזה הוא גיבור הכובש את יצרו, שנאמר טוב ארך אפיים, מגיבור. איזה הוא עשיר השמח בחלקו, שנאמר יגיע כפיך, כי תאכל; אשריך, וטוב לך: אשריך, בעולם הזה; וטוב לך, לעולם הבא. איזה הוא מכובד המכבד את הבריות, שנאמר כי מכבדיי אכבד ובוזיי ייקלו

 

¿Quién es sabio? El que aprende de toda persona, pues dicho queda ‘de todos los que me enseñaron, me instruí’ [Salmos, cxix, 99]. ¿Quién es un héroe? El que se enseñorea de su impulso, pues dicho queda ‘mejor es el sufrido que un héroe’ [Proverbios, xvi, 32]. ¿Quién es rico? El que se alegra de su parte, pues dicho queda ‘Llegue lo de tus manos, pues comerás, dichoso eres y tendrás bien’: ‘dichoso eres’, en este mundo; ‘y tendrás bien’, en el mundo que viene [Salmos, cxxviii, 2]. ¿Quién es respetable? El que respeta a los seres vivos, pues dicho queda ‘pues a los que me honren, honraré y quienes me desprecian se verán disminuidos’ [1 Samuel, ii, 30.]

 

[Simeón ben Zuma (שמעון בן זומא)], Misná, tratado Avot, iv, 1.

 

Foto de la serie ‘Ashes and snow‘ de Gregory Colbert, 2008.

[En la misma serie.]

Després d’aquests cinc anys passats a la Universitat, em sembla que el que hom sol dir-ne rutinàriament: que s’hi perd el temps i que en sortir-ne és quan s’ha de començar de treballar i sobretot quan s’ha d’oblidar el que s’hi ha après, és absolutament secundari.

Al meu entendre, el pitjor efecte de l’establiment és la falsificació que produeix en la sensibilitat, en la intel·ligència i en el caràcter. Tendeix a fer veure les coses no tal com realment són, sinó a través d’un cartó superposat. No és un esforç per passar del simple al complex -com la vida exigeix- per tal d’arribar a una certa visió humana quintaessenciada. És un esforç per simplificar a través de la trampa sistemàtica. L’establiment fa veure les coses en petit, amb miopia, afavoreix la pensada, el truc, l’astúcia, l’habilitat, la tendència a convertir l’atrabiliari en norma de la vida. A la Universitat, saber compta ben poc: el principal és aprovar. He passat cinc anys de la vida en una facultat de Dret: no he sentit mai parlar, ni per medecina, de Justícia. La paraula mateixa, no l’he sentida mai pronunciar. Hauria estat probablement desplaçada en un ambient que pretén crear murris, més que persones d’un cert equilibri humà. Així, l’establiment docent dóna armes fortes als febles i esguerrats morals, als petits ambiciosos, als nyeu-nyeus desenfrenats, als fanàtics, als pedants. S’hi aprenen totes les arts de la simulació i de la traveta, de l’adulació i de l’habilitat. No s’hi lluita mai amb noblesa i claredat. Els temperaments forts, la Universitat els ofega, els corromp.

[«Después de estos cinco años pasado en la Universidad, tengo la impresión de que lo que se suele decir rutinariamente, que se pierde el tiempo y que, al salir, es cuando toca empezar a trabajar y, sobre todo, cuando ha de olvidarse lo que allí se haya aprendido, es absolutamente secundario.

A mi entender, el peor efecto de la institución es la falsificación que produce en la sensibilidad, en la inteligencia y en el carácter. Tiende a hacer ver las cosas no como son en realidad, sino a través de un cartón superpuesto. No es un esfuerzo por pasar de lo simple a lo complejo -como exige la vida– con el fin de llegar a una cierta visión quintaesenciada de lo humano. Es un esfuerzo por simplificar por medio de una trampa sistemática. La institución hace ver las cosas en pequeño, con miopía, favorece el cálculo, el truco, la astucia, la habilidad, la tendencia a convertir lo atrabiliario en norma de la vida. En la Universidad, saber cuenta poco: lo principal es aprobar. He pasado cinco años de la vida en una facultad de Derecho: no he oído nunca hablar, así los mataran, de Justicia. No he oído nunca pronuncia la propia palabra. Probablemente la habrían desplazado en un ambiente que pretende crear pícaros, antes que personas de un cierto equilibrio humano. Así, la institución docente da armas fuertes a los débiles y lisiados morales, a los pequeños ambiciosos, a los quejicas desenfrenados, a los fanáticos, a los pedantes. Se aprenden todas las artes de la simulación y la zancadilla, la adulación y la habilidad. No se lucha nunca con nobleza y claridad. A los temperamentos fuertes los ahoga, los corrompe la Universidad.»]

Josep Pla, El quadern gris («El cuaderno gris»), apunte del 12 de marzo de 1919.

Si lo llegan a traducir al alemán y le añaden unas cuantas páginas, les sale La ciencia como vocación de Max Weber. Yo no les obligaré a que les guste Pla (ni Weber), pero les advertiría del pecado mortal en que caerían si no lo hicieran. Igual que Marx (dicen) aprendió ruso cuando tuvo que ponerse a hablar de la economía rusa, pónganse a aprender catalán solo por leer al Pla original (y no se fíen de mi traducción ancilaria y vicaria). En cuanto a los que hayan sido afortunados de permanecer fuera de la Universidad y aledaños, piensen en los de dentro y reciten conmigo: «ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

Amén.

El maestro complutense [tiene] […] preferencia en materia de manuales para los alumnos que les permite elegir con sus colegas la bibliografía escolar e incluso aportar sus propios apuntes y editarlos por cuenta de la Academia73 […].

Nota 73: En la mente de Cisneros la Academia complutense debía mostrarse especialmente acogedora e incluso promotora de los escritores. En la constitución xxxviii está esta norma reveladora: «Así mismo establecemos que, si al rector y consiliarios pareciere que algun regente por su pericia y disposición haría un gran servicio redactando el curso que imparte, ordénenle, al tiempo de su provisión en la regencia o dentros de los seis meses siguientes, que lo escriba para conservarlo junto con los demás libros del Colegio. Y para redactarlo y terminarlo con más seguridad, ordenamos que, además de los tres años y cuatro meses de su regencia, se le conceda un año más durante el cual pueda estructurar más completamente el citado curso y limarlo, recibiendo para ello el sueldo completo del año, en la forma que lo percibió el año primero o segundo de su regencia. Urgimos en conciencia al rector y consiliarios a que lo procuren con los regentes capaces, los cuales, una vez requeridos por el rector y consiliarios, podrían ser privados de su regencia si no cumpliesen el encargo.

Tomado de José García Oro, El Cardenal Cisneros. Vida y empresas, vol. ii, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1992, Segunda parte: «El mecenas. La Universidad de Alcalá de Henares», cap. viii: «Estudiantes y maestros de Alcalá», epígrafe 8: «El profesor complutense», págs. 430-431.

¿De donde salieron las Introductiones artis grammatice hebraice nunc recenter edite, Alcalá, en casa de Miguel de Eguía, 1526?:

Introductiones

o

Introductiones (enlace corto)

Reflexió: fa goig quan la faena es fa ben feta.