If e’er these precepts quelled the passions’ strife,
If e’er they smoothed the rugged walks of life,
If e’er they pointed forth the blissful way
That guides the spirit to eternal day (…)

Si por tal mandamiento se venciera el bregar por pasiones,
si allanar pudiera el áspero sendero de la vida,
si señalara la beata ruta que conduce
el espíritu al día que es eterno […]

W. Wordsworth, «Written as a school exercise at Hawkshead, anno aetatis 14»
(‘Escrito a guisa de ejercicio escolar en Hawkshead, anno aetatis 14’).

***

El recuerdo dista, por lo menos, once años del presente. Nunca se me habría ocurrido que podría aliarse en la memoria con otro recuerdo que ya tiene nueve años y medio. Este segundo recuerdo se fundamenta en una vivencia de septiembre de 2001, concretamente del día 11 de ese mes y de ese año, en la carretera que lleva de Susa (سوسة) a Hammam Susa (حمّام سوسة). T. y O. aún deben acordarse: único trujamán de aquella expedición, salí del taxi que nos llevó al hotel convencido de que la historia que nos había contado el taxista con su francés de apaño y con mi árabe de risa era el trasunto de Mars attacks!, que por alguna razón (lo mismo era que la habían echado hacía poco por la tele) nuestro taxista tunecino tenía fresca en la memoria. Aviones (¡cabum!), torres (¡patapum!), bombas (¡parracatapum!). Luego llegamos al hotel. El personal y los huéspedes estaban congregados frente a la tele en el bar, con botellas de Celtia (سلتيا). Vinieron a continuación las llamadas, casi siempre histéricas, el cierre del espacio aéreo, la sensación de entrar en la Cuarta Guerra Mundial sin pasar por la Tercera, la tranquilidad de las calles de Túnez, la salida en avión según teníamos previsto y sin mayor contratiempo y la vuelta a ese país que quizá nos acogió o al que nosotros cogimos sin saber muy bien lo que hacíamos en octubre (¿o noviembre?) de ese mismo año. Pero eso ya es otra historia, sin mucho interés y aún menos para contarla aquí.

El primer recuerdo, que nunca se me habría ocurrido ligar con el que acabo de rememorar, no puede ser más antiguo que del último trimestre de 1999 ni más reciente que de los dos primeros de 2000. Estudiar en Cambridge sirvió para muchas cosas; también para ensayar mis primeros intentos de intentar mantener el nivel ascendente de fluidez en lengua hebrea que había conseguido hasta entonces y que a partir de ese momento declinó (nunca falta, por regla general, momento para olvidar lo que hemos aprendido). Además ese año de Cambridge me aclaró que el absentismo escolar es un fenómeno de general complacencia del cuerpo estudiantil, también en las universidades de élite. Para mantener el hebreo yo intentaba hacer varias cosas: acudir, por ejemplo, a las prácticas de hebreo hablado de Rachel (רחל). Conmigo venía E. y, en cumplimiento de la norma implícita en cualquier nivel educativo de que el primer impulso de un estudiante es faltar a clase, debían frecuentar ese curso dos personas más, que no solían venir, lo que propició mi reflexión de que el absentismo es un universal del conocimiento.

Aunque yo recuerdo esas clases con cariño, porque el cariño es un sentimiento autónomo y una nostalgia felizmente disociados de cualquier eficacia, las clases no dieron para mucho porque, como es norma, enseñar y aprender son operaciones del intelecto relacionadas pero independientes. En esas clases concurrían dos circunstancias poco halagüeñas para el progreso del aprendizaje: unos dotes pedagógicas y de planificación que no pasaron nunca de discretas por parte de la docente y unas dotes para el hebreo y el aprendizaje de idiomas que no pasaron nunca de animosas, sin más, por parte de los discentes (E. y un servidor).

Las clases se articulaban a menudo como debates y, puesto que los únicos habituales éramos E. y quien suscribe, la animada conversación en hebreo balbuciente se conformaba según lo que diéramos de sí mi interlocutora y yo. Daba para poco, en consecuencia, porque nuestra lengua hebrea no andaba precisamente muy suelta (y la mía, huelga decirlo, sigue igual de alicorta).

Quizá convenga dar ahora un retrato somero de E.: estudiante con mucho brillo en instituciones de postín del lado americano del Atlántico, había venido a Cambridge en condición parecida a la mía –becaria– pero con un par de decenas de miles de dólares más que yo. Viajera impenitente, tenía las paredes del apartamento que ocupaba en un palacete del centro de Cambridge (diferente en todo del Wolfson Court donde acabé viviendo) decoradas con momentos de E. y de su familia en los cuatro puntos cardinales de la tierra. Fue siempre una compañera risueña, alegre, concienzuda y tenaz. Casi me atrevería a resumir su personalidad con un tópico: «americana». No debería, sin embargo, refugiarme en ese tópico para completar mi retrato. Tuvo el detalle de invitarme a su boda en Nueva York, siendo como era el lugar de su boda «Nueva York» visto desde Móstoles (como Móstoles es Móstoles Madrid visto desde fuera de Madrid; es decir, desde casi todos los sitios) pero un suburbio de Nueva Jersey poblado de clase altísima (futuro marido abogado internacional; suegro juez de un tribunal federal) si se lo contemplaba desde donde hay que contemplar las cosas: lo más cerca posible siempre. No pude ir (vamos, que no tenía con qué) pero invitado quedé. Después de Cambridge empezó una carrera muy exitosa de novelista. No he leído ninguna de esas novelas, sin razón que justifique mi falta de atención: a veces la vida concurre en provocar estos deslices. Además, hablan de judíos y de mundos perdidos, que es algo muy parecido a mi vocación y mi querencia. He visto sus libros expuestos en escaparates de librerías en francés en París, en italiano en Roma y en español en Madrid. Esta ha acabado siendo la E. que yo conocí hace ahora más de una década en Cambridge.

Por ella me puse con Wordsworth. Sin que ahora consiga acordarme de con qué poeta hebreo moderno lo comparaba, trufó una de las clases de Literatura Hebrea Moderna que compartíamos y que impartía Risa (ריסה) con referencias a ese poeta inglés del que yo no tenía ni idea. No acabé teniendo mucha idea de Wordsworth, como por otra parte de casi nada, pero agradezco a E. que me empujara a intentar ponerme al día con el canon literario en inglés, una enseñanza que ella ignora y de la que yo, irremediablemente, he acabado sacando el mismo aprendizaje discreto que de todo lo demás.

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Leyendo el último post del blog Aguas internacionales de Ramón Lobo en El País no he podido dejar de señalarle un par de cosas:

«Anoche soñé que un tanque derribaba las paredes de mi casa, entraba en mi dormitorio y me hablaba del Holocausto. ¡Parecía totalmente real!»

El Roto, que cada día disecciona la realidad desde sus viñetas con más acierto que periodistas, analistas y políticos, publicó el 5 de julio una que provocó la protesta del embajador de Israel en España, Victor Harel, muy atento siempre a todo lo que se publica en España. […]

Las tesis del embajador han provocado la respuesta de Kurt Brainin desde Buenos Aires titulada Judíos y palestinos: comparación falaz. Es el punto de vista de un judío, cuya familia fue masacrada en el Holocausto y que rechaza su utilización para justificar políticas actuales que nada tienen que ver con el extermino de seis millones de judíos durante el nazismo. […]

Sería interesante conocer opiniones de los lectores.

Me he tomado la libertad de concitar el interés de Ramón Lobo (es el undécimo comentario que, según escribo este post, es el primero por orden de aparición):

Sin duda. Sería asimismo interesante comprobar los datos antes de publicar análisis. La viñeta, como la carta de Víctor Harel, es de hace cuatro años. Por supuesto, en la carta de Víctor Harel no hay la más mínima referencia a «los judíos “su derecho a un Estado-nación propio” y dice “Israel para los judíos y Palestina para los palestinos”» porque habla[ba] de otra cosa. La carta de Kurt Brainin responde a una carta de Raphael Schultz, embajador de España en Israel desde hace ya algún tiempo en sustitución, precisamente, de Victor Harel. La carta de Schultz respondía a un artículo de Luz Gómez García, quien, a su vez, respondió a la carta de Schultz con otra carta al director. Recorrer este camino desde 2006 hasta 2010 me ha llevado menos de cinco minuto y lo he recorrido, exclusivamente, a través del archivo del periódico en que trabaja y escribe Ramón Lobo. Puestos a ser elegantes, hubiera sido deseable que Lobo enmarcara la carta de Brainin: transcribiéndola como la transcribe da idea de que es parte de su texto y, por tanto, de que Lobo es judío (?) y ha perdido a la mitad de su familia en el Holocausto (??). Un poco de maquetación no hace daño nadie.

El 11 de junio de 2009, en su blog personal, Ramón Lobo afirmaba: «Cuando no importa la vida humana, la de un animal puede resultar una insignificancia. Ése es el error, la reconstrucción ética, como el periodismo, empieza por los detalles».

Sí, Lobo, ese Lobo.

Era la hora del reajuste del dogma, tan alegremente formulado por los innovadores y sus secuaces.

Vicente Beltrán de Heredia, Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600), Salamanca, Ediciones Universidad, 1972, tomo v: «La Universidad en el Siglo de Oro», pág. 438.

El mal de muchos es siempre un consuelo de tontos, pero ocurre que un servidor, tonto de capirote y de formación y que, con trabajo tenaz, va haciéndole dos tontos lo que ve, no se consuela porque no quiere. Así que no quisiera consolarme sin más; simplemente dejar escapar un suspiro al leer:

Al publicarse en 1995 su estudio desmitificador de los grandes mitos de la historia de Bélgica, Flandes y Valonia, Anne Morelli, profesora de Historia en la Universidad Libre de Bruselas, tuvo que hacer frente a una oleada de protestas, no de círculos científicos –donde sus planteamientos eran generalmente conocidos y aceptados– sino de círculos nacionalistas. En un panfleto, la extrema derecha belga se escandalizaba de que fuera precisamente una extranjera –hija de inmigrantes italianos– la que hubiera arremetido contra la historia del país que la había acogido y dado una vida digna. Los autores del panfleto le espetaron «Señora Morelli, ¡ame a Bélgica o salga del país!».

Entre paréntesis, de sobra es sabido que Bélgica es un lugar propicio al cultivo de patriotismos tipo «maletín de Prenafeta»:

Pero Bélgica tiene dos rasgos que la distinguen. En primer lugar, el sistema de patronazgo generalizado, que comienza en los ayuntamientos y llega hasta lo más alto del Estado, ha dejado a los partidos políticos reducidos a vehículos para la distribución de favores personales. En un país pequeño en el que todos conocen a alguien en un cargo en el que puede hacer algo por ellos, apenas existe la idea de un Estado autónomo, neutral y desapasionado. Como dijo el actual primer ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt, a mediados de los ochenta, Bélgica es poco más que una cleptocracia de partidos. […]

Al no haber control gubernamental, no es sorprendente la gran incidencia de la corrupción y el soborno a alto nivel […]. Bélgica se ha hecho tristemente famosa como terreno de actuación de sofisticados delincuentes de cuello blanco, dentro y fuera del Gobierno. A finales de los años ochenta, el Gobierno belga adquirió cuarenta y seis helicópteros militares de la empresa italiana Agusta y adjudicó a la compañía francesa Dassault el mantenimiento de sus aviones F-16; más tarde se reveló que el Partido Socialista (en el Gobierno en aquella época) había recibido sobornos en ambas operaciones. Un importante líder socialista que sabía demasiado, André Cools, fue asesinado en un aparcamiento de Lieja en 1991; otro, Étienne Mange, fue detenido en 1995, y un tercero, Willy Claes, ex primer ministro de Bélgica, secretario general de la OTAN (1994-1995) y ministro de Asuntos Exteriores en el momento de los contratos, fue declarado culpable en septiembre de 1998 por aceptar sobornos. UN ex general del ejército involucrado en el escándalo, Jacques Lefebvre, murió en misteriosas circunstancias en marzo de 1995.

Tony Judt, «Un Estado sin Estado: por qué es importante Bélgica», capítulo xiv de Sobre el olvidado siglo xx, Madrid, Taurus [Santillana], 2008, traducción de Belén Urrutia, págs. 230 y 237; original en «Is there a Belgium?», The New York Review of Books, 2 de diciembre de 1999, con interesantes ramificaciones posteriores al estilo de un lingüista accidental.

Volviendo a lo que estábamos, que era Bélgica como circunstancia de comparación y no de atención principal, la cita es de Etnogénesis y etnicidad en España: una aproximación histórico-antropológica al casticismo de Christiane Stallaert (Barcelona, Proyecto A Ediciones [Ánthropos], 1998) que si no le hubiera dado a la autora por traducirlo al español y a un editor por publicarlo, hubiera justificado otra vez eso tan tonto de ponerse a aprender holandés (o neerlandés, como se dice en castellano que es también español): Etnisch nationalisme in Spanje. De historisch-anthropolische grens tussen christenen en Moren (‘Nacionalismo étnico en España. La frontera histórico-antropológica entre cristianos y moros’), Lovaina, Universitaire Pers Leuven, 1996. Stallaert es también autora de un trabajo bastante más largo y de argumento bastante más flojo, en mi opinión, que será, seguramente, fruto de una mala lectura y necesitada de más atención para desdecirse, como habrá que hacer sin duda: Ni una gota de sangre impura: la España inquisitorial y la Alemania nazi cara a cara, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006.

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Enric González (añádase esto y esto), ahora corresponsal de El País en Jerusalén, ha abierto blog sobre aquella ciudad y sus aledaños. Razonaba:

En este espacio se habla de Oriente Próximo. De asuntos israelíes y palestinos, principalmente. La idea consiste en abordar un conflicto largo y trágico desde un punto de vista oblicuo y a ras de tierra, sin más tremendismo que el estrictamente necesario y, de ser posible, ni siquiera ese. Se intentará hablar en voz baja. Pero los invitados, por supuesto, pueden gritar cuanto quieran.

En los comentarios de su segunda entrada (apenas), una firma «Moisés» se enfanga en la lírica de la que hablábamos el otro día (apenas):

[Y]o he visto en aquella tierra a árabes palestinos poner a sus hijos delante de ellos para protegerse de balas en enfrentamientos cruzados. […] Aún estoy esperando ver un judío que haga lo mismo, pero sé que no ocurrirá jamás, porque el judío valora la vida mientras que el musulmán valora la muerte y el cielo con decenas de vírgenes que esperan a sus “mártires”.

Quede apuntando a beneficio de inventario: como recordatorio de lo delicado de la exégesis de las fuentes históricas (¿serían las crónicas de antaño como simples «Moisés» de hogaño? ¿Cuánto tiempo les hace falta a los «testimonios coetáneos» de los «Moisés» para convertirse en «fuente histórica»?) y como recordatorio de la fértil imaginación de nuestros recuerdos. Son como esos burros de gitanos en los edificios de protección oficial españoles: siempre hay un burro amarrado en una terraza de una vivienda de protección oficial española en los recuerdos de quienes no son gitanos. Yo lo he visto, me dicen, al burro lo habían subido por las escaleras y lo habían ‘aparcado’ en la terraza. Lo ven siempre con sus propios ojos. Como el «Moisés» del comentario: no es que, remedando al poeta, haya visto y haya creído. Es que primero creía; luego ya se preocuparía de ver. Siempre acaban viendo más que yo: soy un miope con más tendencia al pesado inventario que a promover inventos. Aunque nunca se sabe: hay que andarse con ojo. Con uno mismo, sobre todo.

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Election 2009 ???, foto de vivb01, 21 de marzo de 2008.

Election 2009 ???, foto de vivb01, 21 de marzo de 2008.

Creo que era, orilla los que salen al fondo, a la izquierda de la foto, el tercero derecha. Mi balcón, digo. Lo demás no ha cambiado mucho. La literatura popular, por ejemplo:

Los directivos y trabajadores del Hotel ‘La Jetée’ de La Goleta apoyan la candidatura de Su Excelencia Zin el Abidín Ben Alí a las elecciones presidenciales de 2009.

En 2009 como en 2004, en 1999, en 1994, en 1989… Ya se sabe: tradiciones populares

«Y es cierto que no se atraen los ánimos nobles, ni los mueven, sino exemplos de vida virtuosa y discursos de vida verdadera».

Immanuel Aboab, Nomología o discursos legales.

I realize that passing this budget won’t be easy. Because it represents real and dramatic change, it also represents a threat to the status quo in Washington. I know that the insurance industry won’t like the idea that they’ll have to bid competitively to continue offering Medicare coverage, but that’s how we’ll help preserve and protect Medicare and lower health care costs for American families. I know that banks and big student lenders won’t like the idea that we’re ending their huge taxpayer subsidies, but that’s how we’ll save taxpayers nearly $50 billion and make college more affordable. I know that oil and gas companies won’t like us ending nearly $30 billion in tax breaks, but that’s how we’ll help fund a renewable energy economy that will create new jobs and new industries. In other words, I know these steps won’t sit well with the special interests and lobbyists who are invested in the old way of doing business, and I know they’re gearing up for a fight as we speak. My message to them is this:

So am I.

Me doy cuenta de que la aprobación de este presupuesto no va a ser fácil: al suponer un cambio drástico y real, supone una amenaza al statu quo de Washington. Sé que a las aseguradoras no les gustará la idea de que tendrán que competir si quieren seguir ofreciendo la cobertura del seguro social Medicare, pero así es como mantendremos y protegeremos el Medicare, así como un gasto sanitario menor para las familias americanas. Sé que a los bancos y a las grandes instituciones de crédito a universitarios no les gustará la idea de que acabemos con los enormes subsidios de que disfrutan a cuenta del contribuyente, pero así es como les ahorraremos a los contribuyentes alrededor de cincuenta mil millones de dólares y lograremos que ir a la universidad resulte más asumible financieramente. Sé que a las empresas de petróleo y gas no les gustará que acabemos con sus treinta mil millones de dólares en concepto de exenciones de impuestos, pero así es como lograremos financiar una economía basada en las energías renovables que creará nuevos empleos y nuevos sectores económicos. Dicho de otra manera, sé que estas medidas no sentarán bien a los grupos de presión que persisten en los antiguos modos de hacer negocio, y sé que se están aprestando para luchar mientas les hablo. Así que he de decirles lo siguiente: yo también me estoy preparando».]

Barack H. Obama, «Keeping promises» (Mantener las promesas), discurso semanal del 28 de febrero de 2009.

Inquietud general. Tothom està segur que estan a punt de produir-se a Barcelona conflictes enormes a la llum, l’aigua, les comunicacions i el pa. La Confederació produeix l’efecte d’un enorme gegant. Salvador Seguí és l’amo. El seu segon és Pestaña. Els conec de vista tots dos. Seguí és un català gras, una mica apoplèctic, lleugerament guenyo, d’una presentació oberta. Pestaña és un castellà flac, pàl·lid, sagristanesc, d’aspecte desconfiat. És la unitat de dos complementaris a base d’un bilingüisme molt accentuat.

Romanones ha tancat les Corts i s’espera la declaració de l’estat de guerra d’un moment a l’altre. En la glosa, Xènius fa l’elogi del gra de sorra -de la vida obscura, del qui treballa i calla i contribueix a fer de pedestal. El to sona una mica estrany. […]

En el moment de l’enterrament del professor Dorado Montero a Salamanca la campana de la Universitat no ha tocat. L’enterrament -segons els diaris- ha estat civil.

[«Inquietud general. Todo el mundo está seguro de que están a punto de producirse en Barcelona conflictos enormes en la luz, el agua, las comunicaciones y el pan. La Confederación da la sensación de ser un enorme gigante. Salvador Seguí es el que manda. Su segundo es Pestaña. Los conozco de vista a los dos. Seguí es un catalán gordo, algo apopléjico, ligeramente bizco, de trato abierto. Pestaña es un castellano flaco, pálido, como de sacristía, de aspecto desconfiado. Es la unidad de dos complementarios, basada en un bilingüismo muy acentuado.

Romanones ha cerrado las Cortes y se espera la declaración del estado de guerra de un momento a otro. En la glosa, Xènius elogio el grano de arena: de la vida obscura, de quien trabaja y calla y participa en ser un pedestal. El tono suena algo extraño. […]
En el momento del entierro del profesor Dorado Montero en Salamanca, la campana de la Universidad no ha tocado. El entierro -según los periódicos- ha sido civil.»
]

Josep Pla, El quadern grisEl cuaderno gris»), anotación del 28 de febrero de 1919.

En esta adversa coyuntura económica, en cumplimiento de mi compromiso personal y político, contraído en el Debate del Estado del Municipio del pasado año, como Alcalde, este comedor está destinado a que aquellas personas que peor lo están pasando, al menos, tengan garantizada una comida saludable al día. […] Nuestra intención es que, en colaboración con todo el tejido asociativo, el comedor municipal permita que, de forma digna, ninguna familia de Móstoles afectada por el desempleo y en situación de necesidad, se quede sin poder comer. Será un comedor transitorio, hasta que pasen los efectos de la crisis económica. […] Por ello, quiero pedir a todo Móstoles su colaboración, con la finalidad de que el comedor, que comenzará a funcionar el 2 de marzo, tenga una amplia bolsa de voluntarios que nutra las necesidades de personal para hacer posible este gesto de altruismo con los que se encuentran en dificultades económicas.

Bando del Alcalde de Móstoles del 23 de febrero de 2009.

Iglesia de Notre Dame de Lorette con el Sagrado Corazón al fondo. Karsten Driever, 2006

Iglesia de Notre Dame de Lorette con el Sagrado Corazón al fondo. Karsten Driever, 2006

En una cierta época de mi vivencia en París tuve que pasar bastante a menudo al lado de la iglesia de «Nuestra Señora de Loreto», en el Noveno Distrito de la capital y a mitad de camino entre la biblioteca de esa benemérita y tan republicana institución que es la Alliance Israélite Universelle y cierta esquinita oriental del antiguo palacio del Cardenal Mazarino. Siempre me llamaron la atención dos cosas. En primer lugar, que la advocación mariana de Loreto (fundación pía resultado de la imperecedera inquietud de la tradición católica por el transporte de las almas, los cuerpos y, según parece, los edificios), diera nombre, por la circunstancia de que el barrio donde se encuentra la iglesia fuera lugar de concentración para el libre ejercicio de comercios devotos y carnales, a una cierta clase de señoritas de vida alegre (y clientela más alegre todavía, como se ha de suponer) propias del Segundo Imperio (1852-1870), capitalista y autoritario, que refundó París tal y como lo conocemos hoy en día: bastante capitalista y tirando a autoritario. Las lorettes, que tan devoto título de nobleza recibieron las dichas señoritas, dejaron cierto rastro en la gran literatura francesa:

On les approuvait de s’amuser avec des filles de petite condition: lorettes, grisettes, midinettes, cousettes.

[Se les permitía {a los chicos} divertirse con chicas de baja condición: maritornes, ramerillas, colipoterras, mesalinas.]

Simone de Beauvoir, Mémoires d’une jeune fille rangée (1958).

Une lorette est plus amusante que la Vénus de Milo.

[Una loreta es más divertida que la Venus de Milo.]

Gustave Flaubert, L’Éducation sentimentale (1869).

Con algo de bilis, quedó también escrito al respecto de las loretas:

Peu à peu ils sont parvenus à leur inoculer leur vanité et leur sottise, et c’est alors que la grisette a disparu. C’est alors que naquit la lorette. Race hybride, créatures impertinentes, beautés médiocres, demi-chair, demi-onguents, dont le boudoir est un comptoir où elles débitent des morceaux de leur cœur, comme on ferait des tranches de rosbif. La plupart de ces filles, qui déshonorent le plaisir et sont la honte de la galanterie moderne, n’ont point toujours l’intelligence des bêtes dont elles portent les plumes sur leurs chapeaux.

[Poco a poco, han conseguido ellos  a inocularles la vanidad y la estulticia que les son propias, consiguiendo que desaparecieran las ramerillas. Así nacieron las  maritornes. Raza híbrida, impertinentes criaturas, bellezas mediocres, mitad hechas de carne y mitad de ungüentos, cuyo tocador es un mostrador donde se despachan trozos de su corazon, igual que si fueran lonchas de rosbif. La mayoría de ests muchachas, que deshonran el placer y son la vergüenza de la galanura moderna, casi nunca llegan a la inteligencia de los chorlitos cuyas plumas sirvieron para los sombreros que llevan.]

Henri Murger, Scènes de la vie bohémienne (1851).

Y en esos puteríos (o parecidos) tenía yo ocupado el magín alguna vez que pasé frente a la Notre-Dame-de-Lorette parisina y reparé en la segunda cosa que me llamó la atención de esa casa de santidad, y que me proporciona la excusa para este apunte: en el frontispicio interior de la iglesia figuraba  grande y claro el lema ilustrado de la República Francesa, «liberté, égalité, fraternité». Como si en las mil y una iglesias de mi patria ibera figurasen, un suponer, las palabras «Y osados quisimos / romper la cadena / que de afrenta llena / del bravo el vivir». Acepto que, aparte de ser mucho más largo este lema patriótico, las dos repúblicas españolas han sido de peripecia algo más dura que las cinco francesas, como para andarse preocupando del frontispicio de las iglesias.

Todo tiene su explicación, claro está, si se dispone de ánimo de flâneur curioso. En efecto, en buena parte de los edificios religiosos franceses de menor entidad se verá reproducido el mismo lema que sirve de título de propiedad del edificio desde la Ley de Separación de las Iglesias y el Estado, aprobada en 1905, que dio lugar a la laïcité à la française tal como hoy se practica outre-Pyrénées. Esta ley dio la propiedad de los lugares de culto que hubiesen sido construidos antes de la fecha de aprobación de la misma al Estado, que los mantendría y administraría y permitiría, bajo el arbitrio de los poderes públicos, el ejercicio de la religión a cada confesión religiosa, oranizada como asociación cultual.

Esta ley y la práctica de la socialización republicana a la francesa a través de sus dos instituciones básicas, la instrucción pública nacional y el ejército de leva nacional, han sido dos de las bases principales de lo que es Francia hoy en día. Y también de lo que no es. Por ejemplo, la Francia republicana adolece de poca estima por el sentido común. El último ejemplo me ha llegado por teléfono hoy desde Marsella. Cierta funcionaria docente de la educación secundaria nacional tuvo la idea de fomentar el respeto entre adscritos a las diversas confesiones que conviven (mal) en el crisol portuario de la ciudad provenzal por medio de visitas pedagógicas a distintos establecimientos de culto de la ciudad. Que si una iglesia católica, que si una sinagoga judía, que si una mezquita musulmana… Conviene aclarar que, llegado el caso de querer hacer un país independiente uniendo los guetos que pululan en la Francia de las libertades formales y de las discriminaciones informales, habría que poner la capital en Marsella. Y la sede del poder judicial quizá en Mantes-la-Jolie, corazón de la región quemacoches de París. El legislativo podría seguir residiendo en  Estrasburgo, también tradicionalmente  pirómano. En Marsella vive mucho de todo y, en general, las relaciones son buenas porque no existen. Y cuando existen, son malas. Por eso no parecía mala idea que la Éducation Nationale se preocupase de inocular el virus de la curiosidad, y quizá del respeto, en los pequeñuelos hijos de la República y nietos de la discriminación.

Pasaron los meses. Muchos. Al final, el responsable del distrito escolar de Aix-en-Provence-Marsella, del que dependía en última instancia la decisión de si poner o no en marcha las visitas proyectadas, le confesó la verdad a la funcionaria docente. En el momento en que el proyecto se sometió a debate en el consejo sectorial, la propuesta fue violentamente rechazada por los miembros del consejo que eran militantes del Syndicat des Enseignements du Second Degré, el poderosísimo sindicato de docentes de la educación secundaria francesa, y que tienen capacidad de veto. ¿La razón? Visitar iglesias, sinagogas y mezquitas en el marco de un proyecto pedagógico de apertura a las distintas confesiones entraba en contradicción flagrante… con los valores laicos de la República.

En Francia, a esto lo llaman ser un laïcard: «(Péjoratif) Personne qui défend fortement la laïcité, notamment par prise de position anti-religieuse.» En Móstoles lo llamarían, creo, ser un gilipollas, palabra inaceptable en una república laica por su condición de término islámico, bueno, árabe, que es lo mismo (según veremos en un apunte próximo).

Flagrante contradicción republicana.

Flagrante contradicción republicana.