septiembre 2009


[En la misma serie.]

«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.

«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.

Vamos al grano. La ponencia de Netanyahu en la ONU fue “excelente” para tratar dos cuestiones coyunturales como la negación del Holocausto por parte de Irán y la carrera nuclear de ese mismo país. No me topé aún con nadie, en persona, que me dijera que no estaba “100% de acuerdo” con lo manifestado por el primer ministro israelí.

Con documentación “irrefutable” -¿hacía falta mostrar papeles y copias de planos?- intentó demostrar infantilmente que el Holocausto existió. Como si esos papeles en manos de un sionista, diría un detractor, tuvieran algún valor. Podrían ser copias de la lista de compras de su esposa, diría otro personaje.

¿No es suficiente con el testimonio ya conocido hasta ahora de que el Holocausto existió? Acá no se trata de Dios, Cristo o Mahoma. ¿El santo sudario indica que Jesús existió? No. Pero los evangelios sí.

Bueno, las cámaras de gas no están de escenografía en Polonia y mi abuela no fraguó documentos de la Cruz Roja. Y los nazis no gastaron millones de marcos en documentar su “gran obra”. Todo se puede ver por Youtube, menos los documentos de la viejita. […]

Netanyahu evitó hablar, no más que en retórica, de la paz con los palestinos, a los que englobó en un panarabismo que ya no existe. Acá se trata de comenzar a negociar de una vez por todas, de ir a fondo, violando incluso los tiempos, para lograr la paz con el pueblo palestino.

Aunque suene soberbio, hay que ayudarlos a crecer como pueblo, como vecinos. No amarlos, nadie ama a un vecino a menos que tenga un culo bárbaro (entiéndase en mi caso una vecina) y los palestinos no aman a los israelíes tampoco ni tienen por qué hacerlo. No hay que pedir eso. Pero ambos pueblos tienen que madurar juntos, es el único camino para evitar más dolor. […]

[…] Netanyahu es humano y político (qué combinación) y prefirió recordar a sus parientes asesinados por los nazis que a los soldados muertos en las últimas acciones militares de Israel en el Líbano y Gaza. Y ni hablar de las víctimas palestinas.

Si Israel hiciera la paz con los palestinos, ¿qué razón de ser tendría Hezbollah? Ah, que ellos quieren todo el territorio porque bla bla bla… Bueno, que ataquen que Israel se las devolverá. Un clásico.

Pero el error esta vez será de ellos porque aquel que acepta por esposa a la sangre para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, es cónyuge de la muerte, lo que en algún punto justifica su existencia sólo si palma inmolado y cargándose a los que pueda.

Desde hace 61 años, Israel es un país libre y democráticos. Con errores como todos. Pero desde hace 42, ocupa territorios. Y eso se paga con odio y resentimiento.

Aplaudamos mirando hacia la paz y no a la guerra. Por una vez aplaudamos un alba y no una puesta de sol. El atardercer es también un “se nos viene la noche” aunque sea más marketinero.

Estoy criando hijos en Israel. Quisiera que en 18 años el servicio militar no sea obligatorio. Quiero que sean lo que tengan que ser menos una tumba con honores castrenses.

Quiero que el héroe sea el que salva a un gato del arbol, no el que tiene signado defender al país y no puede descubrir la vacuna contra el trabajo porque el enemigo acecha y hay que pelear, matar o morir.

Basta de vericuetos bíblicos. Tengo esperanza. El día que la pierda armo la bomba atómica en el living. Total está en Youtube.

Mariano Man, «Viendo a Bibi (perdón Biondi», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 26 de septiembre de 2009 (die septima).

«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.

«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.

Querido K.-D.:

Pues ya que me lo preguntas, si fuera francés, me inspiraría en Jean Jaurès. Si israelí (o judío), en Judah L. Magnes. Si valenciano, Manuel Sanchis Guarner me resultaría lo más cómodo. Si vasco, me cabrían pocas dudas: Luis/Koldo(bika) Mitxelena. Si fuera español, probablemente con Julián Besteiro voy sobrado.

Sin embargo, no creo que declarar esto ayude en mucho pues, como en cuestiones de fe, en asuntos de ideas políticas y de actividad pública la experiencia y el convencimiento me dictan que la salvación se alcanza por las obras y no la sola fe. Como bien me decías, «tengo amigos que no piensan como yo y enemigos que piensan como yo».

Cordialmente.

(Sirva este apunte de paso como celebración de que Manfred S. Rocker [sic], uno de los mejores cronistas fotográficos de París ha vuelto [¿ha vuelto?] a postear en su Rayuela Fotoblog. Y de las pizpiretas miradas de francesas de banlieue que enternecen duros corazones de misógino sentimental en tierras de Pennsylvania.)

For all their variety of subject matter, the essays collected here converge in method as well as in thesis. They assume that feats of scholarship are just as complex—and require just as rich and flexible a set of interpretative techniques—as feats of philosophical or scientific work. The scholar reasoning about a difficult text works within a set of contexts. Personal needs and circumstances, professional customs and institutions, long-standing intellectual and technical traditions, and recent polemics all shape his methods and help to dictate his conclusions. He is the prisoner of his own tastes and obsessions, interests and insentivities. His deceptively modern-sounding arguments often address now-forgotten and unlikely issues or follow from now-obscure and alien premises. Hence no early work of classical scholarship—however austerely technical and modern it may seem—can simply be read off like a modern journal article (not that these lack their own subterranean politics of allusion and quotation, often imperceptible to the outsider). Only systematic comparison between a given work under analysis and many earlier and contemporary texts can make the modern reader familiar with the inherited technical language a past scholar used; without the familiarity one cannot distinguish between the novel and the traditional, the original and the tralatitious. Only careful study of the responses that the work in question evoked from contemporary and later scholars, finally, can enable the modern reader to uncover its original agenda of personal and technical polemics. And only an inquiry that gives due attention to each of these factors can do historical justice to a complex work of scholarship.

 

Por mucha que sea la variedad de los asuntos que se tratan, los trabajos aquí reunidos convergen tanto por el método como por la tesis. Parten de que las proezas de la erudición son igual de complejas que las proezas del trabajo filosófico y científico (y necesitan de un conjunto de técnicas interpretativas igual de ricas y flexibles). El investigador que discurre a propósito de un texto difícil trabaja dentro de una serie de contextos. Necesidades y circunstancias personales, costumbres e instituciones profesionales, tradiciones intelectuales o técnicas de antiguo origen, polémicas recientes: todo da forma a sus métodos y ayuda a concluir lo que concluye. Es prisionero de sus propios gustos y obsesiones, de sus intereses y su mútila sensibilidad. Sus argumentos engañosos que suenan a moderno suelen referirse a asuntos hoy olvidados o imposibes, o se infieren de premisas hoy tan oscuras como ajenas. Por esto, ningún trabajo antiguo de erudición clásica puede evaluarse como un artículo de periódico moderno (y no es que estos anden faltos de su propia política subterránea de alusiones y citas, a menudo imperceptibles para los no iniciados). Solo la comparación sistemática entre un trabajo que se analice y muchos textos antiguos o contemporáneos puede proporcionar al lector moderno la familiaridad necesaria con el lenguaje técnico heredado que usó un erudito del pasado. Sin esa familiaridad, no se puede distinguir entre lo novedoso y lo tradicional, lo original y lo transmitido. Solo el estudio cuidadoso de las respuestas que el trabajo en cuestión despertó en los eruditos coetáneos o posteriores puede, por último, permitir al lector moderno desvelar los presupuestos primeros de ánimo personal e intención polémica. Y solo una indagación que dé la debida atención a cada uno de estos factores puede hacer justicia histórica a la compleja obra de la erudición.

 

Anthony Grafton, Defenders of the text: The traditions of scholarship in an age of science, 1450-1800, Cambridge MA, Harvard University Press, 1991 (primera edición en rústica, 1994), págs. 12 y 13.

 
 

Nunca es tarde si la dicha es buena: aparte de leerme esta pieza, una más para considerar la obra de Grafton una de las más estimulantes que pululan por los anaqueles de las bibliografías sobre la época y los tiempos de Alfonso de Zamora, nunca sobra advertirle retrospectivamente al autor que donde de the scholar reasoning pronombra he («él» por presunta antonomasia gramatical) bien podría haber ido una she («ella») que nos apartara de recaer en la funesta manía de generalizar solo en género masculino. ¿Una tontería? Bueno, tanto como decir que, habiendo la común lengua española (en España se entiende; ¿o en el resto del Imperio?) para qué nos vamos a complicar hablando lenguas dignísimas pero poco eficaces. Ya se sabe que la diversidad, por muy bella y muy loable que resulte, es fundamentalmente poco eficaz. Ya lo decía don Gregorio (Peces-Barba) y don Gregorio (Salvador), gentes ambas de orden como son. Del orden establecido, concretamente, en el que tan fructífera carrera han hecho ambos (y no pocos de su eficacísimo pensamiento). Primum uiuere, que el Talmud dice que «si no hay de qué comer [‘trigo’], no hay de qué discurrir [‘la Torá’]».

 

Luego:

Es prisionero de sus propios gustos y obsesiones, de sus intereses y su mútila sensibilidad. Sus argumentos engañosos que suenan a moderno suelen referirse a asuntos hoy olvidados o imposibes, o se infieren de premisas hoy tan oscuras como ajenas.

 

Salvo porque el muerto está muy vivo y nada olvidado, suscita la comparación con el plaisir malin que se permite Pierre Guichard en la meritoria entrevista que le hicieron hace tres días en Calpe los harqueros, cuando habla de que Eduardo Manzano Moreno hace, en su Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de Al-Ándalus (Barcelona, Crítica, 2006) donde le pega un buen repaso precisamente a Guichard, un ejercicio de «continuismo» historiográfico con los Beni Codera de Francisco Javier Simonet, Francisco Codera, Julián Ribera, Miguel Asín Palacios, Emilio García Gómez o Joaquín Vallvé (dignísimo profesor, por cierto), adictos a las impresiones de viajes de esta laya:

Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

 

No es que Guichard le susurre (porque lo dice sin hablarlo) «esencialista» y «nacionalista» (¿y «nacional-católico»?), siendo Manzano Moreno el autor de «El problema de la invasión musulmana y la formación del feudalismo: un debate distorsionado», en María José Hidalgo, Dionisio Pérez y Manuel J. R. Gervás (eds.), «Romanización» y «reconquista» en la Península Ibérica : nuevas perspectivas, Salamanca, Universidad, 1998, págs. 339-354; «La creación de un esencialismo: la historia de al-Andalus en la visión del arabismo español», en Manuel Feria y Gonzalo Fernández Parrilla (eds.), Orientalismo, exotismo y traducción, Toledo Escuela de Traductores, 2000, pags. 23-38; o «La construcción histórica del pasado nacional», en Juan Sisinio Pérez Garzón (ed.), La gestión de la memoria : la historia de España al servicio del poder, Barcelona, Crítica, 2000, pàgs. 34-62; sino que el plaisir malin no deja de ser un conjuro de demonios personales poco justificables y una muestra de poca cintura polémica.

 

No se me confundan: a mí, en realidad, me da un poco igual, porque a ninguno de los dos autores, Guichard o Manzano Moreno, le importan un ardite los judíos. Es cosa de principios, nomás.

 

Consuelo: que Matano me dijera que, vista por dentro la casa de los científicos-científicos (ecuaciones, teoremas; cosas de valor, vamos), los asuntos se ventilan igual: con ecuaciones de buenos o malos quereres (los mismos que salvaban o fusilaban en la tapia del cementerio de Monreal en la Guerra Civil) más que con fundamentos de muchos o pocos valeres. Y que R. me advirtiera de que no fuera a creer, que entre germanistas y eslavólogos, catedráticos y más de un titular no andaban más sobrados de lengua que entre arabistas y hebraístas. Gracias al Cielo que aún nos quedan claves gnósticas, casi místicas, de comprensión del mundo: RPTs, por ejemplo.

 

Coda: Dios nos libre a los madrileños de los Juegos Olímpicos de 2016.

בִּישִׁיבָה שֶׁל מַעְלָה וּבִישִׁיבָה שֶׁל מַטָּה
En la academia de lo alto y en la academia de lo bajo.

Dum inter homines sumus, colamus humanitatem; non timori cuiquam, non periculo simus; detrimenta, iniurias, conuicia, uellicationes contemnamus et magno animo breuia feramus incommoda: dum respicimus, quod aiunt, uersamusque nos, iam mortalitas aderit.

Mientras permanezcamos entre los hombres, respetemos la humanidad: no seamos para nadie causa de temor o de peligro: despreciemos las pérdidas, las injurias, las ofensas, las murmuraciones, y soportemos con magnanimidad pasajeros contratiempos. Al volver la cabeza, como suele decirse, encontramos la muerte.

Séneca, De la ira, libro iii, xliii (traducción de Francisco Navarro y Calvo).

Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. […]

A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.

El primero: La Biblioteca existe ‘ab aeterno’. […]

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. […]

(Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano… Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)[…]

Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables M C V no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de M C V en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos.

Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables M C V no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de M C V en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. […]

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.[…]

Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana – la única – está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.[…]

Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

Max Bruch, Kol nidrei, ‘Konzertstück für Violoncello und Orchester d-Moll op. 47’ (‘Kol nidrei, Pieza de concierto para violonchelo y orquesta en re menor opus 47′, 1880 & 1881), interpretada por Jacqueline du Pré al chelo y Gerald Moore al piano, grabado en los Estudios EMI Abbey Road de Londres el 15 de julio de 1962.

Иже Херувими тајно образујушче,
и животворјашчеј Тројице трисвјатују пјесн припјевајушче,
всјакое ниње житејское отложим попечение.
Јако да Царја всјех подимем,
ангелскими невидимо доруносима чинми.
Аллилуиа, аллилуиа, аллилуиа.

Iže Heruvimi tajno obrazujušče,
i životvorjaščej Trojice trisvjatuju pjesn pripjevajušče,
vsjakoe ninje žitejskoe otložim popečenie.
Jako da Carja vsjeh podimem,
angelskimi nevidimo dorunosima činmi.
Alliluia, alliluia, alliluia.

Οἱ τὰ Χερουβεὶμ μυστικῶς εικονίζοντες
καὶ τῇ Ζωοποιῷ Τριάδι τὸν Τρισάγιον ὕμνον προσᾴδοντες,
πᾶσαν τὴν βιωτικὴν ἀποθώμεθα μέριμναν,
ὠς τὸν βασιλέα τῶν ὃλων ὑποδεξόμενοι
ταῖς ἀγγελικαῖς ἀοράτως δορυφορούμενον τάξεσιν• Ἀλληλούϊα.

Los que somos místico trasunto de los querubines
y entonamos para la Trinidad creadora de la vida el himno del Santo, Santo, Santo,
dejemos de lado todo cuidado propio de esta vida
para acoger al rey de todas las cosas
acompañado, invisibles, por las cohortes angelicales.

(traducción de la versión griega).

«Himno de los querubines», troparion de la Entrada Magna de la liturgia de San Juan Crisóstomo; interpretado en antiguo eslavo eclesiástico por Divna Ljubojević y el Coro ‘Melodi’.

Halamed

 

איזה הוא חכם הלמד מכל אדם, שנאמר מכל מלמדיי, השכלתי. איזה הוא גיבור הכובש את יצרו, שנאמר טוב ארך אפיים, מגיבור. איזה הוא עשיר השמח בחלקו, שנאמר יגיע כפיך, כי תאכל; אשריך, וטוב לך: אשריך, בעולם הזה; וטוב לך, לעולם הבא. איזה הוא מכובד המכבד את הבריות, שנאמר כי מכבדיי אכבד ובוזיי ייקלו

 

¿Quién es sabio? El que aprende de toda persona, pues dicho queda ‘de todos los que me enseñaron, me instruí’ [Salmos, cxix, 99]. ¿Quién es un héroe? El que se enseñorea de su impulso, pues dicho queda ‘mejor es el sufrido que un héroe’ [Proverbios, xvi, 32]. ¿Quién es rico? El que se alegra de su parte, pues dicho queda ‘Llegue lo de tus manos, pues comerás, dichoso eres y tendrás bien’: ‘dichoso eres’, en este mundo; ‘y tendrás bien’, en el mundo que viene [Salmos, cxxviii, 2]. ¿Quién es respetable? El que respeta a los seres vivos, pues dicho queda ‘pues a los que me honren, honraré y quienes me desprecian se verán disminuidos’ [1 Samuel, ii, 30.]

 

[Simeón ben Zuma (שמעון בן זומא)], Misná, tratado Avot, iv, 1.

 

Foto de la serie ‘Ashes and snow‘ de Gregory Colbert, 2008.

«… la súbita inmersión en nuestra dicha…»

No sé quién decía por ahí últimamente que le daba pereza el otoño. Pero si el otoño es pura actividad. Lo que no haga la gente por quejarse.

Cortesía de Arte y el activísimo Œdipus Coloneus, la Akademie für Alte Musik de Berlín y el violín solita de Midori Seiler, dirigidas por Clemens Maria Nuszbaumer, interpreta el Concierto n.º 3 en Fa mayor, Opus 8, RV 293 «L’autunno» (‘El otoño’), 3er movimiento «Allegro» de Antonio Vivaldi:

Celebra il Vilanel con balli e Canti
Del felice raccolto il bel piacere
E del liquor de Bacco accesi tanti
Finiscono col Sonno il lor godere

Celebra el campesino con baile y cante
De la feliz cosecha el placer bello
Y del licor de Baco tanto embriagados
Acaban con el sueño sus placeres.

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