agosto 2009


«Salon Moderno...», foto de Lapidim, 26 de junio de 2004.

«Salon Moderno...», foto de Lapidim, 26 de junio de 2004.

Si existen los antiguos es porque existen los «modernos». Moderno: palabra que acarrea en su historia una sorprendente carga semántica. Hacia el siglo v de nuestra era, el adjetivo modernus se formó con el modelo de hodiernus, «de hoy» o hesternus, «de la víspera», a partir del adverbio modo. Modus indica, en principio, la medida en todos los órdenes y designa, en particular, una medida breve de tiempo. Por tanto, modo quería decir en latín clásico «recientemente». El jurista Gayo, de la segunda mitad del siglo ii de nuestra era, confiere a la palabra modo el significado de «ahora»: lo moderno, lo reciente, se convierte en actual. En los documentos escritos, el adjetivo modernus aparece por primera vez en dos letras del papa Gelasio, en los años 494-495.

De una cierta manera, es moderno lo que está «de moda», gracias a su común origen; es moderno lo que ha pasado hace poco tiempo y que sigue hoy en vigor. Así, en el francés del siglo xviii, «à la mode» es sinónimo de «du jour» [Ferdinand Brunot, Histoire de la langue française, tomo vi, pág. 1094]. Lo moderno es lo que acaba de aparecer, el hoy, el hoggidi [Secondo Lancellotti, L’Hoggidi overo gl’ingegni non inferiori à passati, 1623], lo que se opone a lo que ya existe, que es, en consecuencia, «antiguo». Vemos cómo el significado en las lenguas «modernas» se ha ido deslizando como había ocurrido en el adjetivo latino: lo que es reciente se convierte en actual. Es el significado primero de modern que encontramos en un poema del escocés William Dunbar (¿1460?-¿1520?): «Hodiern, modern, sempitern, angelicall regyne» [«reina de hoy, moderna, de siempre, angélica»; Poems, lxxxxv, 5, citado por el Oxford English Dictionary, sub voce].

Antiguo/moderno: esta simple oposición semántica introduce todo un sistema de valores tras ambos adjetivos. Podemos afirmar, sin temor a exagerar, que la última ruptura mental del Renacimiento radica en el triunfo del adjetivo moderno y en su connotación positiva y triunfal. Mientras que durante mucho tiempo lo «moderno» designaba lo efímero, lo pasajero, en oposición a la estabilidad de lo antiguo, el Renacimiento invirtió la distinción. Empieza en el ámbito de las ciencias, como [el diccionario de la lengua francesa de Émile] Littré (1882) había notado con acierto, dando como ejemplo del artículo «moderne»: «geometría moderna, la de Descartes; astronomía moderna, la que empezó Copérnico; física moderna, la de Galileo, Descartes y Newton; química moderna, la creada por Lavoisier.» Precisa a continuación: «historia moderna, la historia desde el Renacimiento del siglo xvi hasta nuestros días.» Así, el adjetivo denota un cambio de paradigma, un tránsito de la visión antigua del mundo a la visión actual. El «renacimiento» es la época de lo moderno.

Y, sin embargo, esta conciencia asumida de ruptura no es monopolio de los «tiempos modernos»: la historia literaria de la Europa occidental abunda en rupturas proclamadas unas tras otras, de las cuales la producida en los siglos xvi y xvii es la última cronológicamente, que permite hoy encontrar, en la postmodernidad, ciertas formas de pensar o de expresión artística.

Jean-Robert Armogathe, «Posfacio», La Querelle des Anciens et des Modernes, edición de Anne-Marie Lecoq, prólogo de Marc Fumaroli, París, Gallimard, 2001, págs. 802-803.

«Ouverture», «Gavotte», «Canaries», «Marche pour la Cérémonie turque», «Premier Air des Espagnols : Sarabande», «Deuxième Air des Espagnols : Gigue», de El burgués gentilhombre de Jean-Baptiste Lully (1670), interpretado por Le Concert des Nations, dirigido por Jordi Savall, para el disco Jean-Baptiste Lully : L’Orchestre du Roi Soleil, Alia Vox, 1999.

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«Israeli soldier on the city bus», foto de Roxanne in real, 2 de abril de 2009.

«Israeli soldier on the city bus», foto de Roxanne in real, 2 de abril de 2009.

De las impresiones que más me marcaron la primera vez que llegué a Israel (y de eso me acabo de dar cuenta de que se han cumplido diez años hace apenas dos meses), una que nunca se me ha quitado es la que tuve al montar por primera vez en un autobús (que debía ir desde Kiryat Anavim a Jerusalén, lógicamente). Sí, me refiero a ver montar a los soldados de tránsito o de permiso con la «novia», o sea, con el fusil, a cuestas. Véase foto adosada.

A la vista de este testimonio gráfico puedo colegir dos cosas: que lo del fusil no es mentira (y mi memoria no me engaña) y que la tapicería de Egged no ha cambiado en diez años.

Montar en un autobús de línea interurbana con chavalitos y chavalitas de dieciocho a veintiún años, con un pedazo de fusil de asalto de un tamaño (ergo, de una potencia de fuego) que ni en mis sueños más belicosos me hubiera imaginado, me enseñó de golpe más sobre Israel de lo que aprendía uno en la antigua carrera de cinco años que respondía a la denominación de «Filología Hebrea». Afortunadamente, y vistas las penurias docentes de la carrera en algunos aspectos (en otros no, que conste – para mi sorpresa en primer lugar –), yo me había aplicado a aprender por mi cuenta (con éxito dispar, ni que decir tiene) lo que púdicamente llaman los académicos «hebreo moderno» o (siempre me ha encantado esta hipocresía terminológica) «hebreo hablado» y que yo, saltándome la variante ni chicha ni limoná de «hebreo israelí», llamaría sin más «israelí» y a freír espárragos las excusas de mal pagador diaspórico.

Conocer tal dialecto semítico noroccidental indoeuropeo germano-eslavo (¿así nos quedamos todos contentos?) me sirvió para creer que entendía muchas cosas. Otras muchas, no, aunque no cejo que en los años que me quedan de vida y de hebraísmo entusiasta y practicante pueda llegar a entenderlas. Quizá, si encontrara algo de talento en unos saldillos pedagógicos, pudiera llegar al paso siguiente: explicarlas.

El caso es que una de las primeras cosas que me entraron por los ojos (literalmente) fue el papel del Ejército («de Defensa de Israel», claro) en la sociedad israelí. No puedo decir que entender tal papel me llevara a que me congratulara de que existiera, pero eso forma parte del pertrecho de incomprensiones que todo observador foráneo acarrea en su trato con un país que no es el suyo (y cada vez ando más convencido de que el país de uno no llega a mucho más que el término municipal de su barrio).

No me he puesto a escribir aquí ahora para dar cuenta de las contradicciones inherentes a los usos y abusos del Ejército en Israel (y de tantos otros aspectos de la sociedad israelí). Entre otras razones, porque hay quien lo ha hecho ya, y hace años, mucho mejor que yo. En realidad, mi malsano objetivo es hablar de música: disco-pop y retro-camp, concretamente. Y de lengua hebrea.

Ya digo que la existencia y la organización del Ejército de leva nacional (o casi) es un hecho más de la vida israelí. Sea o no definitoria de la vida israelí su condición de «burbuja» intramuros de la «Línea Verde» y, extramuros de la Línea e intramuros de lo que queda de la casa de los vecinos, su condición de potencia ocupante colonial (es una definición objetiva y ajustada al derecho internacional, digan ustedes lo que digan), la presencia del Ejército es una constante que se impone casi a cada paso que da en Israel y casi cada vez que uno enciende la radio, donde las dos emisoras del Tzáhal, Galéy Tzáhal («Ondas del Ejército de Israel») y Galgalatz, cumplen las funciones que en España harían, respectivamente, Radio 3 (con algo de Radio 5) y los 40 Principales (o, más bien, Cadena Dial, por su tendencia a programar mayoritariamente en hebreo). Solo ese hecho ya debería ponerle a uno en la pista de que hay algo más de lo que parece en el uniforme verde oliva (y poco favorecedor, en mi opinión) de la soldadumbre israelí (aparte de la causa de cierta parafilia sexual que yo, antimilitarista por cobardica que soy, nunca he llegado a entender).

Es curioso que mi experiencia (poco estadística y supongo por eso que poco válida) me ha llevado a constatar que el (largo) paso por el Ejército (tres años los hombres, dos las mujeres, media vida de reserva activa para todos) no se recuerda, en general, como algo negativo: antes al contrario. Es un ejemplo más de que lo más contradictorio de la realidad son los prejuicios con los que uno quiere entenderla a priori.

En los orígenes del Estado, en los momentos de las emigraciones masivas que se prolongaron durante todos los años 50, mientras en Israel estaba en vigor el racionamiento, el Ejército sirvió para construir la nación: aparte de para estabilizar las pseudofronteras de Israel (que no fueron, hasta los tratados de paz de los 70 y los 90 con algunos de sus vecinos, más que lábiles «líneas de armisticio»), encuadró a los emigrantes, les enseñó hebreo, les hizo creer que se habían olvidado de sus lenguas maternas y diaspóricas y sirvió para encarrilar una parte de la extraordinaria creatividad humana que atesora la «Entidad Sionista» (ahora, en realidad, más bien post-sionista) y que me hace volver de vez en cuando por «el país» por antonomasia, a ver si se me pega algo (de creatividad. De sionismo me temo que ya no).

Entre 1967 y 1973 se produjo uno de esos hechos curiosos que han determinado la existencia de Israel: el Ejército decidió tomar a su cargo la defensa y promoción de la música ‘chochi’ hebrea, que en inglés bien podríamos denominar ‘Original Hebrew Cheesy Music’. Porque ustedes me dirán si cosas como esta, esta o esta no entran derechas en lo más granado del imaginario ‘chochi’, ‘petardo’ u ‘hortera’ (cheesy, vamos). Es uno de esos hechos culturales que uno no acaba de entender, pero que acepta, como la inevitable levedad de los desayunos continentales en las cadenas hoteleras internacionales, la extraordinaria creatividad fonológica (y casi nula capacidad comunicativa) del inglés internacional o la irracional aunque llena de tipismo propensión a hacer mucho, pero que mucho, pero que mucho, mucho, mucho, ruido en los festejos populares españoles. Además, aceptando esas cosillas uno se lo pasa mejor en la vida, dónde va a parar, qué carajo. Pues no he frecuentado yo los bares de Chueca ni nada…

Se aprenden además muchas cosas. Por ejemplo, las inevitables tensiones de la normativa lingüística. El «israelí» (antes conocido como «hebreo moderno» y aún antes como «hebreo hablado») se caracteriza por una cierta esquizofrenia de la que sufren, en diverso grado, el francés, el español, el catalán, el euskara y, en una variante acusada de la dolencia, el árabe: la pasión normativista de la lengua. Al «israelí», además, le cayeron encima tres mil y pico años de santificación de la lengua. Y eso, claro, no hay quien lo resista. Cada vez que uno se «equivocaba» y hacía transitivo un verbo intransitivo según el diccionario, cada vez uno que regularizaba por analogía pero contra la gramática heredada la flexión verbal (/hi mekirá otó/ por /hi makkirá otó/), cada vez que uno ponía una partícula sospechosa de transitividad indoeuropea allí donde la pureza semítica exigía una frase nominal ascéticamente semítica (/yeš li et ha séfer/) , no es solo que se cometiera un error lingüístico: se incurría en blasfemia (pues santa la lengua, blasfemas sus erratas son); se daba un paso más en la destrucción del Tercer Templo; se insultaba a la memoria de tropocientas generaciones de piadosos judíos (casi nunca se decía nada de las judías, que habían sido generalmente de naturaleza más bien vernácula) que habían mantenido los usos transitivos de lo que Dios había instituido en la Biblia (principal guía gramatical del hebreo eterno) como transitivo, las flexiones verbales como había que hacerlas y las frases nominales como tocaba aplicarlas.

Un puro dislate, claro, sobre todo si en la ecuación Dios + (lengua + nación) = vida eterna se elimina a Dios. Luego nos entran las neurosis, individuales o colectivas.

Así que el «israelí» se caracteriza por la creatividad resultante de tener como plastilina original de los usos lingüísticos no solo tres mil años de estratos hebreos sino ciento y pico años de neurosis colectiva normativista desde que (cuenta el mito del génesis) Ben Yehuda se inventó el «hebreo moderno» y lo «resucitó», un sábado por la tarde en su casa de Jerusalén, hasta que los israelíes se dieron cuenta, con dolores de parto, que a lo mejor el niño «hebreo» no acaba de parecerse ni a su padre ni a su madre sino a algo, otra cosa distinta, que quiere pronunciar las /r/ a la sefardí pero le sale a la asquenací y que debería pronunciar la vocal tzeré como una /e/ pero siempre le sale como una /éi/. Muy chanante todo, vamos, como vamos a ver a continuación en la modesta ilustración audiovisual que les propongo.

Pues eso: aceptemos la música chochi militar (Dios mío, qué colocación más inquietante…) como expresión profunda del alma israelí, del insconciente colectivo de la Nación Hebrea, de la creatividad de los hijos (legítimos) de Abraham.

Señoras, señores, bienvenidos a 1972 (reloaded), a la expresión profunda del alma israelí y al inconsciente colectivo de la Nación Hebrea. Y que el Dios de los Ejércitos nos pille confesados (y me pregunto si esto colmará la curiosidad de Alexandre por mis gustos en música moderna):

היי בן אדם נא הבט לצדדים
ראה מה רוחש מסביבנו חבר
גלי גלים הנראים באוויר
תדר נמוך כיאה
כאן במדבר הרחוק מכל עיר
אח, איזה בוקר נאה

Hey, benadam na habbet latzdadim / re-é ma rojesh misvivéinu javer / galéy galim hanir-ím ba-avir / téder namuj kayaé / kan bamidbar harajok mikol ir / aj, éize bóker na-é!

Oye, tío, mira a los lados / para ver lo que se mueve cerca nuestro, colega: / ondas que aparecen en el aire, / propias de baja frecuencia, / aquí en el desierto alejado de toda ciudad, / ¡chaval, qué primor de mañana!

ואם נטייל אל קצה של קצהו של שביל המוביל אל קצה של קצה
אזי נלגום טיפת קסם וקודש – אח, איזה בוקר יפה

veím netayel el katzé shel katzehu shel shvil hamovil el katzé shel katzé / azay nilgom tipat késem vakódesh – aj, éize bóker yafé!

Y si viájasemos al final más final del sendero que lleva al final más final, / ¡sí que nos íbamos a apurar las gotas de una magia divina! ¡Chaval, qué pedazo de mañana!

אל לב ליבה של הילולת חורש
נשוב נשתחל אל בינות מקולים
פעמות זעם יכו בחזנו
תדר עמוק שכזה
אור אז יפציע מזרח אוהלינו
אח, איזה בוקר הוזה

El lev libbá shel hilulat jóresh / nashuv nishtajel el binot makolim / pa-amot zá-am yakú bejazéinu / téder amok shekazé / or az yaftzía mizraj ohaléinu / aj, éize bóker mozé!

A lo más hondo de una romería en el bosque, / nos abriremos paso donde el tocata; / nos batirá el furor en el pecho, / propio de una frecuencia profunda / y ahí, por encima de nuestras tiendas, irá amaneciendo: / ¡chaval, qué inspiración de mañana!

בלב האבק עדרים אלי חופש יפים כיפות במחול מטלטל
בל יעצרונו גם כוחות האופל – אח, איזה בוקר סטל

Belev ha-avak adarim eléy jófesh yafim keyafot bemajol metaltel / bal ya-atzrunu gam kojot ha-ófel – aj, éize bóker satel

En mitad del polvo, un tropel de bellos y bellas se arroja al baile en libertad / no sea que nos paren las fuerzas de las oscuridad. / ¡Chaval, menuda mañana de fumada!

צבעי אדמה מול גוֹנֵי תכול רקיע בלאט יהפכו לקו אופק נושם
עד לב שמיים קולנו ירקיע – אח איזה בוקר קוסם
אח . . . בוקר יפה ! ! !

Tziv-éy adamá mul gonéy tjol rakía balat yahafjú lekav ófek noshem / ad lev shamáyim koléinu yarkía – aj, éize bóker kosem / aj… bóker yafé!

A paso lento se convertirán los colores de la tierra, / enfrentados a los azules del firmamento, / en una línea del horizonte que toma aire, / hasta más allá del cielo extenderá nuestra voz: ¡sí que mola esta mañana! / ¡Chaval, pedazo de mañana!

Con cierto espíritu de respeto a mis mayores, le he dado un par de vueltas a la letra de la canción pertrechado del Diccionario de Judit, a ver qué salía. El resultado era el esperable: surrealista. A título de ejemplo, el único significado que conoce Judit de makol (מקול), dizque «altavoz, bafle», es este.

(Este apunte no habría sido posible (y quizá mejor hubiera sido así, pobrecicas y pobrecicos míos) sin la intervención de mi yorédet de cabecera, Ilana.)

«Olivas negras», foto de La9s, 12 de julio de 2009.

«Olivas negras», foto de La9s, 12 de julio de 2009.

El rey de Francia / tres hijas tenía: / a una lavraba, / la otra cusía, / la más chica de ellas / bastidor hacía. / Labrando, labrando / sueño le caía. / Su madre que la vía [=veía], / aharvar [=pegar] la quería.

– No me aharvés, mi madre, / ni me aharvarías. / Un sueño me soñaba, / bien y alegría. / – Sueño vos soñabas, / yo vo lo soltaría.

– Me aparía a la puerta, / vide [= vi] la luna entera. / Me aparía a la ventana, / vide la estrella Diana. / Me aparía al pozo, / vide un pilar de oro / con tres pajaricos / picando el oro.

– La luna entera / es la tu suegra. / La estrella Diana / es la tu cuñada. / Los tres pajaritos / son tus cuñaditos. / Y el pilar de oro, / el hijo del rey, tu novio.

«El sueño de la hija del rey», del disco Άνοιξι στη Σαλονίκη/Primavera en Salonico de Σαβίνα Γιαννάτου/Savina Yannatou, 1995.

Es casi como si esperasen que los extranjeros se atuvieran a las costumbres locales en su forma de vestir y de comportarse. En consecuencia, nunca llegan a conocer a un extranjero.

«Mombaza», modelo tomado de un manuscrito portugués sin identificar para las Civitates orbis terrarum de Georg Braun (editor) y Franz Hogenberg (grabador), vol. I (1572). Ejemplar de la Biblioteca Nacional de Israel (antigua JNUL).

«Mombaza», modelo tomado de un manuscrito portugués sin identificar para las Civitates orbis terrarum de Georg Braun (editor) y Franz Hogenberg (grabador), vol. I (1572). Ejemplar de la Biblioteca Nacional de Israel (antigua JNUL).

August Wilhelm von Schlegel (1767-1845; autor de las traducciones canónicas de las obras de teatro de Shakespeare al alemán -y de las primeras de Calderón de la Barca-; iniciador del estudio del sánscrito en Alemania y editor del Bhagavad Gītā y del Rāmāyaṇa; y desarrollador del primer modelo de tipología de las familias lingüísticas, propuesto por su hermano Friedrich, que resultó en la posterior distinción morfológica de lenguas aglutinantes, aislantes, flexivas e incorporantes -útil y necesaria aunque discutible-), citado en la pág. 251 de la reciente monografía de Julie Candler Hayes, Translation, Subjectivity, and Culture in France and England, 1600-1800, Stanford (California), Stanford University Press, 2009.

«Almería» de la Suite Iberia de Isaac Albéniz, interpretado por Alicia de Larrocha (grabación de fecha desconocida – para mí –).

nitty-gritty, n. and adj.

A. n. The most important aspects or practical details of a situation, subject, etc.; the harsh realities; the heart of the matter. Freq. in (to get) down to the nitty-gritty.

 

Nitty-gritty, s[ubstantivo] y a[djetivo].

A[mericano] s[ubstantivo]. Los aspectos o detalles prácticos más importantes de una situación, tema, etc.; las realidades más crudas; el fondo del asunto. Frecuente en (llegar) al meollo de las cosas.


Oxford English Dictionary, s. v., edición en borrador de 2008.

I delight in a palpable imaginable visitable past – in the nearer distances and the clearer mysteries, the marks and signs of a world we may reach over to as by making a long arm we grasp an object at the other end of our own table. The table is the one, the common expanse, and where we lean, so stretching, we find it firm and continuous.

 

Me complazco en imaginar un pasado palpable, ‘visitable’: en las distancias más breves y los misterios más claros, marcas y señales de un mundo que pudiéramos alcanzar al modo en que, extendiendo el brazo, llegamos a un objeto que esté al otro lado de la mesa en que estamos. La mesa es la única extensión, compartida, y allá donde nos apoyamos, estirándonos, nos resulta firme y sin interrupciones.

That, to my imagination, is the past fragrant of all, or of almost all, the poetry of the thing outlived and lost and gone, and yet in which the precious element of closeness, telling so of connexions but tasting so of differences, remains appreciable. With more moves back the element of the appreciable shrinks – just as the charm of looking over a garden-wall into another garden breaks down when successions of walls appear. The other gardens, those still beyond, may be there, but even by use of our longest ladder we are baffled and bewildered – the view is mainly a view of barriers.

 

Tal es, según lo percibo, la fragancia del pasado compuesto de toda, o de casi toda, la poesía de las cosas caducas, perdidas y desaparecidas, pese a lo cual, por ese elemento precioso de cercanía, tan sugeridor de conexiones pero de tan distinto gusto a diferencias, puede aún apreciarse. Cuanto más atrás nos movemos, tal elemento susceptible de apreciarse se contrae, como se rompe el encanto de mirar por encima del muro de un jardín hacia otro jardín cuando se da una sucesión de muros. Los otros jardines, que quedan más allá, bien pueden ahí estar, pero, incluso sirviéndonos de nuestra escalera más larga, quedamos desconcertados y frustrados: lo que vemos son, sobre todo, barreras.

The one partition makes the place we have wondered about other, both richly and recogniseably so; but who shall pretend to impute an effect of composition to the twenty? We are divided of course between liking to feel the past strange and liking to feel it familiar; the difficulty is, for intensity, to catch it at the moment when the scales of the balance hang with the right evenness. I say for intensity, for we may profit by them in other aspects enough if we are content to measure or to feel loosely.

 

Una sola división convierte en otro el lugar por el que nos preguntábamos, de forma tan rica como reconocible. Mas, ¿quién podría pretender achacarle un efecto compositivo a una veintena de divisiones? Claro está que nos hallamos escindidos entre la inclinación a aprehender el pasado como algo extraño y aprehenderlo como algo familiar. Necesitados de intensidad, lo difícil es captarla justo cuando los platillos de la balanza cuelgan en perfecta equidistancia. Dicho queda por la intensidad: bien podría resultarnos de provecho en otros aspectos si nos contentáramos de medirlo con exactitud o a tientas.

It would take me too far, however, to tell why the particular afternoon light that I thus call intense rests clearer to my sense on the Byronic age, as I conveniently name it, than on periods more protected by the ‘dignity’ of history. With the times beyond, intrinsically more ‘strange’, the tender grace, for the backward vision, has faded, the afternoon darkened; for any time nearer to us the special effect hasn’t begun. So there, to put the matter crudely, is the appeal I fondly recognise, an appeal residing doubtless more in the ‘special effect’, in some deep associational force, than in a virtue more intrinsic. I am afraid I must add, since I allow myself so much to fantasticate, that the impulse had more than once taken me to project the Byronic age and the afternoon light across the great sea, to see in short whether association would carry so far and what the young century might pass for on that side of the modern world where it was not only itself so irremediably youngest, but was bound up with youth in everything else. There was a refinement of curiosity in this imputation of a golden strangeness to American social facts – though I cannot pretend, I fear, that there was any greater wisdom.

 

«Portrait of Edouard and Marie-Loise Pailleron» de J. S. Sargent (1881), Des Moines Art Center, Iowa.

«Portrait of Edouard and Marie-Loise Pailleron» de J. S. Sargent (1881), Des Moines Art Center, Iowa.

Me alejaría del tema, sin embargo, si explicase por qué tal luz de la tarde, que tan intensamente me viene a la memoria, persiste con mayor claridad en mis sentidos referida a la edad byrónica, según la denomino por conveniencia, que respecto de periodos mejor protegidos por la «dignidad» de la historia. Siendo el tiempo que ha de llegar intrínsicamente más «ajeno», la deliciosa gracia de contemplar lo ya ido se ha desvanecido, oscureciéndose la tarde: cualquier época que nos sea cercana no disfruta aún de ese efecto particular. Ahí reside, por decirlo sin ambages, el llamamiento que reconozco con emoción, sin duda más propio del «efecto particular», resultado de alguna fuerza asociativa profunda, que de una virtud más intrínseca. Me temo que debo añadir que, habiéndome permitido fantasear hasta tal grado, que el impulso me ha llevado en más de una ocasión a proyectar la edad byrónica y la luz de la tarde a través del ancho mar, para ver brevemente si se pudieran llevar tan lejos tales asociaciones y qué legado podría transportar el siglo recién nacido a las orillas del mundo moderno donde no solo es que fuera tan joven sin remedio, sino que se hallaba ligado por su juventud con todo lo demás. Se daba una curiosidad refinada al proclamar esta extrañeza dorada a los hechos sociales americanos, aunque no pueda yo pretender, mucho me temo, que se diera una sabiduría mayor.

Henry James, «Prólogo» a la edición de Nueva York, 1908, a The Aspern Papers (‘Los papeles de Aspern‘), primera edición de 1888.

La ley regulará […] el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad.

Constitución española, promulgada el 29 de diciembre de 1978, artículo 103.1

Pregunta. Entiende que choca saber que hace 20 años pasó lo mismo.

Respuesta. Entonces reforzaron las listas de comprobación.

P. No se cumplió y nadie veló por que se hiciera.

R. Eso se lo tendría que contestar el secretario de la CIAIAC. No investigo accidentes.

P. ¿Cree que la comisión de investigación de accidentes funciona correctamente?

R. La CIAIAC es un organismo colegiado e independiente y no puedo valorarlo.

[…]

P. Que la CIAIAC termine los informes con retraso y que sus recomendaciones lleguen tarde ¿afecta a la seguridad?

R. No sé si vienen con retraso.

P. La norma internacional recomienda que los informes estén en un año pero la CIAIAC casi nunca cumple ese plazo. Basta con mirar la web de la comisión.

R. No le puedo decir si es mucho o es poco. La OACI [Organización de Aviación Civil Internacional] recomienda que si en un año no se ha concluido la investigación al menos se emita un informe interino sobre lo que se ha investigado hasta ese momento, que es lo que ha hecho la CIAIAC.

P. Sólo lo ha hecho en el caso de Barajas, no en el resto.

R. No lo sé. No conozco cómo trabaja la comisión internamente. Quizá habría que ver cómo trabajan otras comisiones. Las investigaciones son muy complejas y no buscan culpables sino analizar el origen. Eso lleva tiempo.

P. ¿Respondió bien el aeropuerto de Barajas al accidente?

R. Aún no se ha investigado esa parte. No sé lo que pasó ni si fue correcta la respuesta.

P. ¿Barajas es seguro?

R. A esa pregunta no le puedo contestar a priori. Entiendo que sí. Barajas es seguro porque está diseñado según las normas internacionales.

P. ¿Spanair es una compañía segura?

R. Sí. No tengo ninguna duda. La seguridad aérea en España es equiparable al resto de países de Europa.

P. ¿Y el MD es seguro?

R. Sí.

[…]

P. ¿Entiende que haya gente que tiene miedo a volar?

R. Sí y creo que tiene relación con nuestra genética, es ancestral. El hombre siempre soñó con volar, pero nuestro entorno está en tierra. El miedo va a menos porque las nuevas generaciones entienden mejor la tecnología.

Entrevista de Rafael Méndez a Isabel Maestre Moreno, directora de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, El País, 20 de agosto de 2009.

La Agencia Estatal de Seguridad Aérea española fue creada tras el accidente aéreo ocurrido en el Aeropuerto de Madrid-Barajas el 20 de agosto de 2008. La caída durante el despegue del vuelo n.º JK5022 de la compañía aérea Spanair mató a 154 personas.

En la actuación de todos y cada uno de los partícipes, incluida Isabel Maestre Moreno, del proceso de información a la ciudadanía de lo ocurrido en el accidente y de los medios que se pondrán para evitar nuevos accidentes en el futuro parecen concurrir tres elementos retóricos y dos efectivos. Los primeros son los siguientes: 1) publicidad, 2) mérito y 3) capacidad. Los segundos se resumen en que: 1) aquí paz y 2) después gloria.

Entre los méritos y capacidades de Isabel Maestre Moreno no explicitados en el momento de asumir el cargo por designación del Poder Ejecutivo y sin control del Legislativo, no figuraba su formación en psicología social y antropología del desarrollo, que sin embargo quedan patentes en las respuestas al entrevistador: «Sí y creo que tiene relación con nuestra genética, es ancestral. […] El miedo va a menos porque las nuevas generaciones entienden mejor la tecnología.»

Esta actuación continúa tradiciones locales como ocurrió en el caso del accidente de la línea 1 del metro de Valencia, en que el descarrilamiento de un vagón mató a 43 personas. La comisión de investigación abierta al efecto en las Cortes Valencianas fue la más breve de la historia moderna de tal parlamento. Duró nueve días. Eximió de responsabilidad política a todos los responsables de la época y concluyó que la causa del accidente fue el exceso de velocidad del vagón cuyo conductor, muy oportunamente, falleció en el accidente.

Quod erat demonstrandum:

«Senyors, facen el favor d’atendre i de callar, que a la millor a algú li servix de lliçó!»,

‘¡Señores, hagan el favor de atender y de callar, que a lo mejor a alguien le sirve de lección!’

intervención del Diputado en las Cortes Valencianas, Ilustre Señor Don Rafael Maluenda Verdú, presidente de la Comisión de Investigación sobre el accidente ocurrido el 3 de julio de 2006 en la línia 1 de MetroValencia, en la última reunión de la citada comisión, celebrada el 4 de agosto de 2006.

Por seguir con la conversación y no con el griterío:

En esta obra, el romandalusí, a causa de su íntima convivencia con el andalusí en una situación de bilingüismo y Sprachbund, es considerado, no como el imaginario soporte social de la personalidad sempiterna y atávicamente «hispana»y hasta cristiana que Simonet y sus acólitos soñaron para Alandalús, sino como la segunda lengua de una comunidad fundamentalmente ya islamizada y arabizada dos siglos después de la conquista, en situación similar al bereber o amaciga en el Norte de África. Hasta tal punto era lengua de una comunidad predominantemente islámica, que los mozárabes aún bilingües que emigran al Norte cristiano en los siglos ix y x la usan por algún tiempo para entenderse con la población local, pero no le tienen ninguna lealtad que les lleve a conservarla, sino que la abandona en cuanto dominan suficientemente los dialectos septentrionales locales que, sin duda, les parecen más «cristianos», aunque no puedan impedir llenarlos de arabismos para expresar conceptos de la cultura superior del momento, la del orbe islámico, que no existían en ningún dialecto romance, septentrional o meridional. De hecho, los romandalusismos (antes «mozarabismos») sin segmento árabe, son mucho más escasos en los romances septentrionales que los arabismos en la totalidad o parte del lexema.

Federico Corriente Córdoba, Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance, Madrid, Gredos, primera edición de 1999, segunda edición ampliada de 2003, pág. 13, nota 4.

San Baudelio de Berlanga («san baudelio arw_5», foto de Francisco Gamarra Miguel  («Pachin1»), 27 de abril de 2008.

San Baudelio de Berlanga («san baudelio arw_5», foto de Francisco Gamarra Miguel («Pachin1»), 27 de abril de 2008.

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