Que donde dije «digo», digo «Diego» y me adelanto la semana que pensaba y les dejo entretenimiento de más substancia que el apuntillo de ayer, que me quedó francamente flojo, pero es que esto de escribir no es solo que vaya por día: es que va por horas y hasta por minutos. Así que aprovecho una lectura que, como todas las Elisa Ruiz García, ilustra, conforta y calma, y la circunstancia de que me haya enterado de que la subida en línea de SfarData es una realidad, discreta y en construcción pero real, y les pongo un par de cosas de necesaria recordación para que queden por aquí. Sigan cuidándoseme.

(A propósito, el fragmento de impreso-manuscrito complutense lo pongo confiando en la benevolencia de los amigos de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» de la Universidad Complutense, pero, si hay que quitarlo, se quita. Solo faltaría)

La clasificación de una serie de libros por materias supone introducir un principio de organización de carácrer biblioteconómico. La tarea consistiría en distribuir las unidades de acuerdo con un modelo previo que sistematizase las áreas de conocimiento. En teoría, los resultados de tal operación permitirían trazar el perfil de una colección y, en cierta medida, las preferencias de lectura de su propietario. Aunque se trata de un método que ‘a priori respeta las reglas de la deducción como herramienta de trabajo intelectual, sin embargo, la aplicación de dicho procedimiento al conjunto bibliográfico estudiado resulta poco apropiado por dos razones determinantes. La primera y principal es la falta de cohesión del patrimonio librario isabelino, constituido por fondos parciales. Cada uno de ellos tiene un origen y una finalidad concreta, por tanto, el examen deberá ser individualizado. La segunda causa es la vía de acceso a la propiedad de los ejemplares, fruto en muchos casos de un legado recibido o de una aglutinación de piezas reunidas por un sistema de acarreo. Ambas circunstancias desvirtuarían las conclusiones que se pudiesen extraer de una tabulación que tradujese en expresión aritmética los porcentajes correspondientes a las distintas materias representadas.

Además de los motivos específicos aducidos hay que tener en cuenta otras dos variables de aplicación general. Por un lado, lo importante no es determinar la temática de una obra, sino averiguar en qué clave era interpretada. A finales del siglo xv en la corte castellana una vida de santos podía ser degustada como un relato novelesco, y un tratado de Séneca como un tratado modélico de moral cristiana. En cambio, si aplicamos de manera mecánica los criterios de división por materias, el primer libro entraría en el compartimiento de las hagiografías y el segundo en el de los autores clásicos. En consecuencia, los resultados de una clasificación establecida asépticamente en función de nuestros criterios actuales distorsionarían nuestro juicio sobre la forma de recepción de los textos y su incidencia cultural. Por otro lado, cada época se define por una escala de determinados valores que, en parte, se manifiesta a través de la producción escrita. La presencia de ciertos títulos y autores en una biblioteca dada no es siempre relevante, pues a veces testimonia tan sólo la ideología dominante en términos de sincronía. En resumen, creo que en este caso [los libros de Isabel «la Católica»] es recomendable poner en práctica una metodología cualitativa mejor que una cuantitativa.

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¡Eh! Ya salimos del paso,
y no hay que extrañar la homilía;
son pláticas de familia
de las que nunca hice caso.

José Zorrilla, Don Juan Tenorio (1844), parte i, acto i, escena xiii

If all a top physicist knows
About the Truth be true,
Then, for all the so-and-so’s,
Futility and grime,
Our common world contains,
We have a better time
Than the Greater Nebulae do,
Or the atoms in our brains.

Si ha de ser verdad lo que un físico sabe sobre la Verdad, verdad será que, por mucha pamplina, mugre y futil naturaleza que nuestro vulgar mundo atesore, nos la pasamos mejor que las Grandes Nebulosas o los átomos de nuestros cerebros.

Marriage is rarely bliss
But, surely it would be worse
As particles to pelt
At thousands of miles per sec
About a universe
Wherein a lover’s kiss
Would either not be felt
Or break the loved one’s neck.

De cansado a casado una letra separa pero con seguridad aún peor fuera, como partículas que se zumban a miles de kilómetros por segundo, un universo en que el beso de quien ama de tiento no fuera ola crisma le rompiese al que es amado.

Though the face at which I stare
While shaving it be cruel
For, year after year, it repels
An ageing suitor, it has,
Thank God, sufficient mass
To be altogether there,
Not an indeterminate gruel
Which is partly somewhere else.

Aunque esta cara que veo al afeitarla sea cruel pues, año tras año, repele a un pretendiente ya añejo, posee, a Dios gracias, masa bastante para seguir estando ahí, sin reducirse a una informe papilla que en otro lado se halla en parte.

Our eyes prefer to suppose
That a habitable place
Has a geocentric view,
That architects enclose
A quiet Euclidian space:
Exploded myths — but who
Could feel at home astraddle
An ever expanding saddle?

Prefieren nuestros ojos suponer que tiene todo lugar habitable una vista geocéntrica, que los arquitectos cierran una calma parcela euclidiana: son mitos reventados, sí, pero ¿quién podría sentirse a gusto, espatarrado en un sillín que no deje de expandirse?

This passion of our kind
For the process of finding out
Is a fact one can hardly doubt,
But I would rejoice in it more
If I knew more clearly what
We wanted the knowledge for,
Felt certain still that the mind
Is free to know or not.

Esta pasión de nuestra especie por el negocio de hallar no es cosa que pueda suscitar dudas, pero confieso que más tendría gusto si pudiera saber para que vamos a querer saber lo que sabemos, sabiendo por cierto que la mente es libre de saber o no.

It has chosen once, it seems,
And whether our concern
For magnitude’s extremes
Really become a creature
Who comes in a median size,
Or politicizing Nature
Be altogether wise,
Is something we shall learn.

Ya quedó de sobras elegido, según parece, y en caso de que nuestro cuidado por los extremos de las magnitudes se hiciera de verdad plenitud de talla más bien mediana, o de que politizar la Naturaleza resultara prudente, es algo que acabaremos sabiendo.

Wystan H. Auden, «After reading a child’s guide to modern Physics» (‘Tras leer una guía de física moderna para niños’), 1961.

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Siquidem singuli [in] singulis cellulis separati ita omnia per Spiritum sanctum interpretati sunt, ut nihil in alicuius eorum codice inventum esset quod in ceteris vel in verborum ordine discreparet.

Pese a estar separado cada uno en una celda individual, resultó que todo lo tradujeron por obra del Espíritu Santo, de forma que nada en ninguno de sus manuscritos se ha hallado que no concordara, ni siquiera en el orden de las palabras, de los demás.

Isidoro de Sevilla, Etimologías, libro iv («De los libros y oficios eclesiásticos»), cap. iv («De los traductores»), § 2.

Da noticia Luciano Canfora en su La biblioteca scomparsa («La biblioteca desaparecida», Palermo, Sellerio, 1986, págs. 141 a 144 de la reedición de 2009) de la plática o coloquio que mantuvieron ‘Amr bin Al’ás (عمرو بن العاص), conquistador musulmán de Egipto, y el patriarca jacobita Juan I, el sábado, 9 de mayo del 639, al respecto de varios puntos de los Evangelios. En el coloquio estaba presente, según se cuenta en el relato, un sabio judío. De todo da noticia, al parecer, el proprio Juan I en el manuscrito olim British Museum (ahora British Library de Londres), additional 17.193, que presentó, editó y tradujo François Nau en su artículo «Un colloque du patriarche Jean avec l’émir des agaréens et faits divers des années 712 à 716 d’après le ms. du British Museum add. 17193» en el tomo 5, serie xi, del Journal asiatique de 1915 (la traducción francesa del pasaje se puede encontrar aquí, así como el texto del original en siriaco).

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Historiadores y arqueólogos construyen el efecto literario de lo real […]. Lo que ocurre es que confunden ese efecto retórico con una idea científica, y por ello tratan de justificarse apelando a la existencia de un método científico como conocedores de la totalidad de su extensión espacial y en su desarrollo temporal. Si asumiesen sus supuestos metafísicos, como Hegel, serían más coherentes. Hegel culminaba su monumental «Ciencia de la lógica» diciendo que lo que se había expuesto allí – nada más ni nada menos que el despliegue de la estructura del Espíritu – era lo que había pensado Dios antes de crear el mundo. Si pensamos que el Dios de Hegel, como señaló Feuerbach, es al fin y al cabo el ser humano, y que la lógica es la propedéutica para conocer el mundo, incluso podríamos admitir su afirmación.

Los historiadores y aqueólogos no piensan el mundo antes de crearlo, como Dios o como Hegel, pero tampoco reflexionan mucho antes de sentarse a sintetizar sus conocimientos, ya que caen en lo que podríamos llamar la paradoja fundamental del conocimiento histórico-arqueológico: ¿cómo es posible el conocimiento de la totalidad del proceso histórico partiendo de unos documentos no sólo fragmentarios, sino también absolutamente arbitrarios en su proceso de transmisión?

— José Carlos Bermejo Barrera y María del Mar Llinares García, «El sarcófago vacío: ensayo sobre los límites del conocimiento arqueológico», en ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 133-155 [137].

Rodrigo Jiménez de Rada (c. 1170-1247), Breviarium historiae catholicae, s. xiii («El Arca de Noé»); BUC-FOA, ms 138. Mutilado durante la Guerra Civil española.

De los comentarios en el último artículo de uno de los blogs que sigo:

We cannot apply our modern standards to the ancients. We are not in a position to measure their sensitivity to certain expressions and their definition of rudeness of style. We really find no consistency in the use of euphemisms even in later rabbinic literature. We are in no position to judge the ancients for their seeming inconsistency; they were guided by their own standards and reasons. We must also take the individuals, times and places into consideration.

No podemos aplicar nuestros criterios modernos a los antiguos. No nos hallamos en posición de evaluar lo sensibles que les resultaban ciertas expresiones y cómo definieran en qué consistía un estilo grosero. No nos hallamos en posición de juzgar a los antiguos por lo que parezcan contradicciones suyas. Se guiaban por sus propios criterios y razonamientos. Asimismo, hemos de tener en cuenta a los invididuos, las épocas y los lugares.

Saul Lieberman, Hellenism in Jewish Palestine: Studies in the literary transmission, beliefs, and manner of Palestine in the I Century B.C.E.–IV Century B.C.E., Nueva York, The Jewish Theological Seminary, 1950, pág. 34.

(A pesar de los pesares, reconozco mi debilidad por Saul Lieberman – que tuvo incluso derecho a acrónimo rabínico, גר”ש, dada su estatura intelectual –, un rabino del movimiento conservador que se preocupó de «liberar» a las mujeres «aherrojadas» por un marido hijueputa que se niega a repudiarlas – en sentido estricto, las esposas judías casadas en el judaísmo no se divorcian: las repudia su marido, porque el judaísmo tiene estas contradicciones inherentes a las formas de organizarse de los seres humanos – y que dejo escrito un «suplemento» a una de sus obras mayores que consiste exclusivamente, al parecer, en notas de este estilo:

Erratas y errores míos. […] Esto es un lapsus calami. […] Esto [que decía] es innecesario. […] Esto es una traducción [literal] del yiddish. […] No me expresé con corrección. […] Habría que borrar toda esta breve nota. […] Me doy ahora cuenta de que se trata de una hipótesis excesiva. […] Según esto cometí un grave error explicándolo [así] aunque fuera en este breve comentario.

Para acabar rematando la pieza con esto:

Acabo con una plegaria [en que pido] que se me conceda el privilegio de quitar toda esta basura de [mi] Tosefta kifšuṭa, órdenes Zera’im y Mo’ed, y corregir todo el final de[l orden] Našim.

En resumen, lo mismito que dejó dicho en ripio Piet Hein:

LOSING FACE

The noble art of losing face
may one day save the human race
and turn into eternal merit
what weaker minds would call disgrace.

EN RIDÍCULO

El noble arte de dejarse en ridículo
pudiera un día tal vez salvar la humana raza
y convertir en inmarcesible mérito
lo que más cortas mentes llamarían patíbulo.

y que tan extraordinario resulta entre rabinos, universitarios, políticos y niños de tres años. Más o menos lo mismo).

παρακέκλησθε οὖν μετ᾿ εὐνοίας καὶ προσοχῆς τὴν ἀνάγνωσιν ποιεῖσθαι καὶ συγγνώμην ἔχειν ἐφ᾿ οἷς ἂν δοκῶμεν τῶν κατὰ τὴν ἑρμηνείαν πεφιλοπονημένων τισὶ τῶν λέξεων ἀδυναμεῖν·

Se os invita, por tanto, a que lo leáis con benevolencia y atención y que nos excuséis los pasajes en que podemos dar la impresión de traducir mal algunas expresiones, a pesar de nuestros esfuerzos de interpretación.

Eclesiástico («Sabiduría de Jesús, hijo de Sira [o Sirácida]»), prólogo, v. 15 (¿traducción de Natalio Fernández Marcos? BAC, Madrid, 1974).

One of my fundamental assumptions has been that ancient texts are not windows into the past but artifacts of it. As such, they are never transparent and cannot speak for themselves. To be sure, they may provide gross information, and so it is not completely illegitimate to mine positivistically, provided only that one does so cautiously and skeptically. Such positivism has served as the foundation of all we know about antiquity, and though every inch of this foundation merits scrutiny and debate, sometimes these issue in affirmations of historicity. That having been said, though, the project of producing detailed social or cultural histories of Judaea in the Achaemenid and Hellenistic periods or of the ”world of the New Testament” or that of the Mishnah and Talmud has rarely yielded convincing results. The authors of such works, unless they adopt criticism or skeptical aporia as their goals, always underestimate the amount of information required to produce a convincing history. The scraps we have at our disposal are simply not enough.

La facultad VIIIUna de mis ideas fundamentales es la de que los textos antiguos no son ventanas abiertas al pasado sino sus artefactos. De tal manera, no son nunca transparentes ni pueden hablar por sí mismos. Qué duda cabe de que pueden proporcionar información en bruto, por lo que no resulta completamente ilegítimo sacarles partido con métodos positivistas, con la salvedad de que tal cosa se haga con escepticismo y cautela. Tal positivismo ha servido de base para todo lo que sabemos sobre la antigüedad y, aunque merece en todas y cada una de sus partes escrutinio y debate, a veces generan afirmaciones de historicidad. Dicho esto, sin embargo, el proyecto de producir detalladas historias sociales o culturales de Judea en los periodos aqueménida y helenístico, o del «mundo del Nuevo Testamento», o de la Misná y el Talmud, pocas veces han dado frutos convincentes. Los autores de tales obras, salvo que adopten como óbjetivos la crítica o la aporía escéptica, siempre minusvaloran el grado de información que se necesita para producir una historiografía convincente. Sin más, los pecios de que disponemos son insuficientes

But since they are artifacts, texts can still be used; they just have to be treated differently. Some historians, including myself, may be slightly uncomfortable with the idea, but we have to figure out ways of reading them, with minute attention to detail, as expressions of sets of concerns or interests, because that is way they are. […]

Pero, ya que se trata de artefactos, los textos aún pueden ser de algún uso: solo hace falta tratarlos de otra manera. Esta idea puede provocar a algunos historiadores, incluido yo mismo, cierta incomodidad, pero tenemos que discurrir formas nuevas de leerlos, con meticulosa atención al detalle, como formas de expresión de determinadas preocupaciones o intereses, porque eso es lo que son. […]

The historicity of the tale is debatable, the fact that someone told it, fixed its form, and eventually wrote it down is not: it is true by definition, and so constitutes a much firmer foundation for the production of a historical account than either positivistic investment in the story’s truth or blanket skepticism about it. […]

La verosimilitud histórica del cuento puede debatirse pero no el hecho de que alguien lo contó, fijó la forma y, andando el tiempo, lo puso por escrito: es verdad por definición, lo que constituye una base para la producción de un relato histórico mucho más firme que centrarse con ambición positivista en lo veraz de la anécdota o en negarla sin más movido por el escepticismo. […]

I have spent many of the foregoing pages exemplifying my model’s utility as an exegetical tool as well. It has constituted an effective way of resisting the ”Hallmark card” school of Ben Sira interpretation, whose point is precisely to deprive the sage’s apophthegms of all their social and cultural specificity and transform them into bland religious-ethical sentences. […]

En buena parte de las páginas precedentes, he dado asimismo ejemplos de la utilidad de mi modelo como herramienta exegética. Me ha servido como eficaz medio de resistirme a la escuela de «tarjeta de felicitación» que se ha aplicado a la interpretación del Sirácida, cuyo argumento busca precisamente privar a los apotegmas del sabio de su especificidad social y cultural y transformarlos en insípidas máximas ético-religiosas.

Del último libro de Seth Schwartz, Were the Jews a Mediterranean society: Reciprocity and solidarity in Ancient Judaism («¿Conformaron los judíos una sociedad mediterránea? Mutualismo y solidaridad en el judaísmo antiguo»), Princeton NJ, Princeton University Press, 2009, págs. 175 y 176.

Estaremos al tanto de las reseñas que deberán llegar de este volumen, por gente provista de más ciencia que nosotros que deberían iluminarnos (para eso deberían hacerse las reseñas), pero parece una obra pertinente y relevante. Lo de que los textos antiguos no son ventanas del pasado, aunque la tesis contraria se repita con insistencia también en cenáculos filológicos, me suena a Samely, pero la búsqueda de Google Books me dice que mi alemán de Mánchester no comparece en el libro de Schwartz. Una idea quizás muy simple, hasta simplista: como tantas otras de su género, asombra que el fundamento metodológico de nuestras disciplinas humanísticas parezca ser alejarse todo lo posible de estas muy simples, simplistas, inmediatas bases del método. Como si la diferencia (aristotélica) entre las categorías de ausencia y presencia, tan acuciante para el pensar «históricamente», fuera una banalidad filosófica más que un análisis primero y fundamental. Tendremos que hablar más detenidamente de la ausencia y la presencia históricas.

Parece que hay toda una escuela «historicista» que se va asentando poco a poco para el estudio del Talmud. Hay alguna concomitancia con lo que deberían ser las bases epistemológicas de la codicología: tomar el texto (y en el caso de los codicólogos, su soporte) como argumento histórico principal. Pero tengo la impresión, provisional, de que la codicología tal como yo la entiendo (que tal vez no sea tal como la entienden la mayoría de quienes la practican) es algo más escéptica de lo que parece indicar un cierto entusiasmo historicista de estos nuevos talmudistas. Habrá que seguir a la espera de lo ajeno y en la obra de lo propio. Veremos si nos encontramos en algún sitio.

«La facultad VIII», foto de Domingo556, 10 de septiembre de 2009.

Mss de París ADZ detalle

Manuscrito de París, Alfonso de Zamora (foto de Álex Casero, 2008).

Por seguir con lo que veníamos hablando:

La ciencia es el arte de encontrar una pregunta que encaje con cada respuesta. Las teorías sirven para suscitar preguntas y las preguntas sirven para socavar teorías. Las preguntas engendran perplejidad, y así es como debe ser. Si mi castillo de naipes teórico se derrumba, lo único que quiere decir es que un mejor entendimiento viene a reemplazar el mío, y debería alegrarme de renunciar a mi opinión a cambio de otra mejor. La ciencia se pierde cuando las preguntas que ponen en peligro una teoría se cortan o se desatienden.

Mi objeción a la ciencia no reside en que los puntos de partida para la diferenciación de la escritura sean insostenibles, porque, al fin y al cabo, lo mismo podría decirse de todas las teorías en cada una de las iniciativas científicas vitales. Lo que me preocupa es la invulnerabilidad de los puntos de partida, invulnerabilidad que transforma la ciencia en superstición. Las supersticiones de los académicos de la escritura se filtran por disciplinas que dependen –imprudentemente– de la misma consideración superficial del negro de la letra. La encuentro en la sicología, en la historia del arte, en las matemáticas, en las ciencias del lenguaje, etcétera.

Gerrit Noordzij, El trazo: teoría de la escritura (De streek: Theorie van het schrift, primera edición de 1985), traducción española de Carlos García Aranda, València, Campgràfic, 2009, pág. 16.

Por curiosidad he ido a ver si Colette Sirat, en su Writing as handwork: A History of handwriting in Mediterranean and Western culture, Turnhout, Brepols, 2006. No cita El trazo: teoría de la escritura, sino The stroke of the pen: Fundamental aspects of Western writing («El trazo de la pluma: Aspectos fundamentales de la escritura occidental»), La Haya, Real Academia de Bellas Artes (Koninklijke Academie van Beeldende Kunsten), 1982.

Pues yo iba a hablarles de otra cosa, ciertamente marginal, pero oigan, ya ven, casi cambio de tercio:

A lot of what the new wave of “contextual Talmudists” do, is make connections between textual (that is, non-material) things and probe their significance. It’s a messy business and often difficult to argue or articulate what is a parallel worth pursuing and what is a strangely coincidental set of characteristics. The problem plagues virtually every area of comparative historical research, but particularly of ancient times and even when physical objects are being considered. If everything in the room that I am now sitting in will vanish (as it one day will), save for a few, arbitrary objects, will anyone be able to reconstruct the feeling of sitting where I sit and breathing the air I breathe, watching the flashes of lightening across a charred gotham sky, the pitter-patter of a soaking summer rain on the fast streets below? And yet scholars do it all the time, and occasionally get somewhere with the few things that remain. Of course the interest in not in the texture of banal living, but in the world of thoughts, ideas, and religion. Against all odds, even this sometimes works.

mss Napoles seleccion

Manuscrito (ahora) de Nápoles, copiado por Alfonso de Zamora.

Why is it amazing, then, to caress a piece of clay in the palm of your hand, hold it up against a page, and realize that a Zoroastrian bureaucrat stamped his seal here and there, and authorized a set of documents which transacted a field in the foothills of the Alborz range? The peculiar human desire to traverse the distances until it reaches that “foreign country.” The true mystery of scholarship.

Mucho de lo que la nueva ola de «talmudistas del contexto» hacemos es relacionar cosas textuales (es decir, inmateriales) y confirmar su relevancia. No es nada fácil y, no pocas veces, resulta difícil dar argumentos o establecer qué paralelismos merece la pena seguir frente a lo que no es más que un conjunto de características extrañamente coincidentes. Este problema afecta en la práctica a casi cualquier ámbito de la metodología comparativa de la historia, pero más si cabe en Historia Antigua e incluso cuando se estudian objetos físicos. Si todo lo que hay en la habitación donde me encuentro ahora, desaparecerá (como ocurrirá algún día), salvo unos pocos objetos de forma arbitraria, ¿podrá alguien reconstruir qué se siente al estar aquí donde estoy y respirar el aire que respiro, viendo los destellos de relámpagos por el cielo calcinado de Nueva York, el chapoteo de un chubasco estival en las veloces calles ahí abajo? Y sin embargo los investigadores no dejan nunca de hacerlo, y de vez cuando consiguen llegar a algo con lo poco que ha quedado. Claro está que lo interesante no es la urdimbre de la banalidad cotidiana sino el mundo del pensamiento, las ideas y la religión. Contra lo que pueda imaginarse, hasta eso funciona a veces.

¿Por qué sorprende tanto entonces tentar un trozo de arcilla en la palma de la mano, sostenerla frente a una página y caer en la cuenta de que un burócrata zoroastriano estampó su sello aquí y allí, y autenticó una serie de documentos de compraventa de unos campos en las laderas de la cordillera de Elburz? El curioso anhelo humano de atraversar las distancias hasta alcanzar la frontera de ese «país extranjero». El verdadero misterio de la investigación.

Shai, «Department of Sigillography», The Talmud Blog (cuya primera noticia me la dio el mozo de los manuscritos), 26 de julio de 2009.

«I feel alive», del disco Ashfield Avenue de Alondra Bentley, 2009 (conocido a través del blog de Begoña Martínez).

[Valladolid, 30 de noviembre de 1492]: «Yuçé aben Farax, judío, e para Pedro Osorio, su hijo, contra Ioham de la Rúa, de Salamanca»

Valladolid, Archivo de la Real Chancillería, Ejecutorias, legajo 45 (antiguo 23), citado en Carlos Carrete Parrondo, Fontes iudaeorum Regni Castellae, Salamanca, Universidad Pontificia y Granada, Universidad, 1981, vol. I: Provincia de Salamanca, pág. 135, § 386.

sello-maimonides

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, España, 1967.

A veces asombra contemplar la desproporcionada e ininterrumpida producción bibliográfica, cuyo resultado se reduce a centenares de páginas dedicadas a temas de nuestra historia enormemente atractivos: Inquisición, conversos, estatutos de pureza de sangre, mesianismo, alumbrados, erasmismo… Y en no pocas ocasiones gravitan sobre un término tan polémico como desfigurado: judío, a quien a menudo le falta un nombre y le sobran leyendas.

Cualquier estudio sobre el judaísmo castellano durante la amplia época a la que convencionalmente se la suele designar como medieval ha de basarse en principio sobre fundamentos documentales. Este es, sin duda, el primer paso: más tarde y aplicando los variopintos métodos de interpretación histórica hoy – o mañana – más usuales, tal vez podrán comprenderse múltiples facetas que ahora pueden parecernos oscuras o hipotéticas. Los documentos, aunque discrepen de los postulados que con inflexible rigidez tratan de mantener algunos teorizantes, serán los que ofrezcan la primera – y acaso la última y definitiva afirmación.

Carlos Carrete Parrondo, Fontes iudaeorum Regni Castellae, vol. I: Provincia de Salamanca, Salamanca y Granada, 1981, pág. 9

The general climate of public and academic opinion during the last few years has not become more favourable to the field and method of study represented by these volumes. Historical studies have been heavily infiltrated by political and ideological, journalistic and faddish concerns, and historical documentation and philological scholarship are held in contempt in the name of “commitment”. It is usually not spelled out to what we are commited and it seems to be forgotten that we might be committed to very wrong and harmful ideas and causes.

I have therefore ventured to choose as the motto for this volume a phrase from a letter I once wrote on these matters to a French colleague [“le seul engagement digne d’un savant c’est l’engagement envers la vérité ou au moins envers la recherche de la vérité”].

«Correo hebreo», primera emisión filatélica del Estado de Israel, 1948.

«Correo hebreo», primera emisión filatélica del Estado de Israel, 1948.

El clima general de la opinión pública y del mundo académico no se ha hecho más favorable, en los últimos años, a la disciplina y el método de estudio que representan estos volúmenes. Se han introducido hasta el tuétano de los estudios históricos preocupaciones de índole política e ideológica, periodística y volátil, por las que se miran con desdén los documentos históricos y la ciencia filológica en nombre del «compromiso». No se suele especificar a qué estamos comprometidos y parece echarse en el olvido que puede darse el caso de que estemos comprometidos con ideas y naturalezas profundamente erróneas y dañinas.

En consecuencia, me he atrevido a elegir como emblema de este volumen una frase de una carta que le escribí una vez a un colega francés [«El único compromiso digno de un erudito es el de comprometerse con la verdad o, al menos, con la búsqueda de la verdad»].

Paul Oskar Kristeller, Iter Italicum accedunt alia itinera: a finding list of uncatalogued or incompletely catalogued humanistic manuscripts of the Renaissance in Italian and other libraries, Londres, The Warburg Institute y Leiden, Brill, vol. iv: Great Britain to Spain (Alia itinera, ii), 1989 (prólogo fechado en 1987), pág. xviii.

The climate of public and academic opinion has not changed since 1987 when I described it in the preface to Volume IV. If anything, it has become worse in its obsession with faddish ideas and its contempt for solid scholarship. I trust my motto from Epicurus is pertinent [“An opinion is valid when it is confirmed and not refuted by the evidence of a sense perception”], for also the opinion of a historian is valid only when it is confirmed and not refuted by bibliographical, documentary and textual evidence. An opinion that does not stand this test should be rejected, however appealing for political or other reasons. I hope this modest compilation will help to put an end to many wrong opinions and to restore “traditional” scholarship to its right place.

Maimonides-stampEl clima de la opinión pública y del mundo académico no ha cambiado desde 1987 cuando lo describí en el prólogo al volumen IV. Más bien ha ido a peor la obsesión por las ideas volátiles y el desdén por la sólida ciencia. Confío en que el lema que tomé de Epicuro sigue siendo pertinente [«Una opinión es válida cuando la confirma y no la desmiente la evidencia de lo que perciben los sentidos»], ya que la opinión de un historiador es asimismo válida solo cuando la confirma y no la desmiente la evidencia bibliográfica, documental o textual. Cualquier opinión que no superara semejante examen debería ser rechazada, por muy atractiva que resultara por razones políticas o de otro género. Espero que esta modesta compilación ayudará a acabar con muchas opiniones erróneas y a devolver a la erudición «tradicional» el lugar que le corresponde.

Paul Oskar Kristeller, Iter Italicum accedunt alia itinera: a finding list of uncatalogued or incompletely catalogued humanistic manuscripts of the Renaissance in Italian and other libraries, Londres, The Warburg Institute y Leiden, Brill, vol.v: Sweden to Yugoslavia, Utopia and Supplement to Italy (A-F) (Alia itinera, iii & Italy, iii), 1990, pág. xix.

Σωκράτης

δεινὸν γάρ που, ὠ̂ Φαι̂δρε, του̂τ’ ἔχει γραφή, καὶ ὡς ἀληθω̂ς ὅμοιον ζωγραφίᾳ. καὶ γὰρ τὰ ἐκείνης ἔκγονα ἕστηκε μὲν ὡς ζω̂ντα, ἐὰν δ’ ἀνέρῃ τι, σεμνω̂ς πάνυ σιγᾳ̂. ταὐτὸν δὲ καὶ οἱ λόγοι: δόξαις μὲν ἂν ὥς τι φρονου̂ντας αὐτοὺς λέγειν, ἐὰν δέ τι ἔρῃ τω̂ν λεγομένων βουλόμενος μαθει̂ν, ἕν τι σημαίνει μόνον ταὐτὸν ἀεί. ὅταν δὲ ἅπαξ γραφῃ̂, κυλινδει̂ται μὲν πανταχου̂ πα̂ς λόγος ὁμοίως παρὰ τοι̂ς ἐπαί̈ουσιν, ὡς δ’ αὕτως παρ’ οἱ̂ς οὐδὲν προσήκει, καὶ οὐκ ἐπίσταται λέγειν οἱ̂ς δει̂ γε καὶ μή. πλημμελούμενος δὲ καὶ οὐκ ἐν δίκῃ λοιδορηθεὶς του̂ πατρὸς ἀεὶ δει̂ται βοηθου̂: αὐτὸς γὰρ οὔτ’ ἀμύνασθαι οὔτε βοηθη̂σαι δυνατὸς αὑτῳ̂.

Φαι̂δρος

καὶ ταυ̂τά σοι ὀρθότατα εἴρηται.

Juan de Jarava, La philosophia natural brevemente tratada y con mucha diligencia, Amberes, Martín Nucio, 1546, BUCM, BH MED 49 Ej. 1

Juan de Jarava, La philosophia natural brevemente tratada y con mucha diligencia, Amberes, Martín Nucio, 1546, BUCM, BH MED 49 Ej. 1

Sócrates

Este es, mi querido Fedro, el inconveniente, así de la escritura como de la pintura; las producciones de este último arte parecen vivas, pero interrogadlas, y veréis que guardan un grave silencio. Lo mismo sucede con los discursos escritos; al oírlos o leerlos creéis que piensan; pero pedidles alguna explicación sobre el objeto que contienen y os responden siempre la misma cosa. Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, y no sabiendo, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre ; porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse.

Fedro

Tienes también razón.

Platón, Fedro, 275d-e, traducción de Patricio de Azcárate, Obras completas de Platón, Madrid, Medina y Navarro Editores, 1871, tomo 2.

Quire ceiling

«Quire ceiling», foto de Zoreil, 3 de enero de 2009

Cuando despertó, los cuadernos del manuscrito n.º 6 de Salamanca seguían ahí. Y había que seguir contándolos.

Durante el proceso de estudio de un ejemplar, el examen del tipo y estado de conservación de los cuadernos que lo conforman constituye una operación en extremo importante. Tal indagación tiene carácter prioritario ya que revela la estructura del manuscrito y su situación actual. Simultáneamente, esta tarea permite colacionar los componentes, esto es, controlar el número y sucesión de los cuadernos y folios del mismo.
Los especialistas han ideado diversos sistemas para representar gráficamente la composición del cuerpo de un manuscrito. Dos son los procedimientos sintéticos más frecuentes utilizados. El primero consiste en una combinación de elementos numéricos y verbales. Bajo una simple formulación se expresan, mediante una cifra inicial, la cantidad de cuadernos correlativos de una misma clase, a continuación la denominación tipológica y, por último, el número del folio que cierra la serie en cuestión, indicado entre paréntesis. Por ejemplo: 10 cuaterniones (80). Si hay alguna observación que hacer se incluirá sistemáticamente en dicho paréntesis: 10 cuaterniones (80, de los cuales falta el folio 34). Todas estas indicaciones se pondrán unas tras otras, a fin de que se represente gráficamente la sucesión de los cuadernos en el interior del manuscrito, por ejemplo: 10 cuaterniones (80); dos duernos (88), etcétera.
El segundo procedimiento, empleado particularmente por H. Hunger, es totalmente aritmético y sigue en esencia la pauta del modelo anterior. La única novedad consiste en evitar el empleo de la voz denominativa del tipo de cuaderno y en sustituirla por el guarismo correspondiente. De tal modo, el ejemplo anterior se expresaría de la forma siguiente: 10 x 8 (80); 2 x 4 (88), etcétera. Como se puede apreciar, la diferencia entre ambos métodos es mínima. Preferimos el primero a causa de su mayor claridad.

Este tipo de descripción se debe reservar para aquellos manuscritos que presentan una estructura muy clara y sin problemas. De no ser así, aconsejamos seguir una vía que permita visualizar la estructura mediante un diagrama. Esta opción viene exigida por la propia naturaleza y función del libro, el cual no es otra cosa que el soporte físico de un acto comunicativo de cierta extensión, expresado mediante signos gráficos (escriturarios y/o icónicos). Un examen meramente paleográfico o codicológico del mismo suipondría una visión monocular del objeto estudiado. Otro tanto ocurriría si exclusivamente se prestase atención al mensaje transmitido. En el manuscrito la forma material y el contenido son indisolubles y mutuamente se interrelacionan. El doble aspecto de la cuestión no se debe perder de vista a la hora de analizar un ejemplar.

[…]

En efecto, las alteraciones sufridas por el manuscrito con el paso del tiempo –y detectadas gracias al procedimiento de examen puesto en práctica– tienen una incidencia en el contenido de la obra copiada. Siguiendo las indicaciones del esquema realizado, se pueden localizar las lagunas textuales producidas por pérdida o transposición de folios y, asimismo, comprobar la extensión de las secuencias mutiladas. Este aspecto es muy importante en las tareas de catalogación. […] Los resultados de la aplicación de este procedimiento en nuestros trabajos de descripción de manuscritos han sido muy positivos y confirman de manera empírica la viabilidad del método empleado.

[Nota 2: La palabra «cuaderno» procede de la voz latina ‘quadernus’, ya que en un primer momento al nombre se aplicaba a la unidad usual de composición, formada por cuatro bifolios. Más tarde, y por extensión, este vocablo se usó impropiamente para designar cualquier tipo de agrupación de bifolios con independencia de su número. Quedan huellas en muchas lenguas europeas de este mismo campo semántico: «cahier», «quire», «quaderno», etcétera. Desde un punto de vista etimológico resultaría más adecuado el empleo del sustantivo «fascículo», puesto que evoca la idea de una reunión de objetos unidos por un vínculo. […]

Elisa Ruiz García, Introducción a la codicología, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002 (segunda edición), págs. 168, 169, 172 y 173.

Fino trabajo de un paleógrafo árabe.

Fino trabajo de un paleógrafo árabe.

Si la Paleografía latina y de las lenguas vulgares en la Edad Media ofrece tantas dificultades, á pesar de los libros didácticos que acerca de ellas se han publicado, y de los muchos documentos que constantemente se publican en excelentes reproducciones fototípicas, en lo referente á la Paleografía árabe, puede decirse que casi nada se ha hecho hasta hoy. […]

En efecto, los arabistas nos encontramos á cada momento en compromisos á que no se ven expuestos los que cultivan otras lenguas, respecto á las cuales el público es menos exigente, por serle más fácil el comprender sus dificultades. Los que entre nosotros cultivan las lenguas hebrea y griega, pocas veces se encuentran con manuscritos de estas lenguas, á no ser en los estantes de las bibliotecas de El Escorial ó Nacional, y parece que nadie se extraña de que el profesor ó aficionado á tales estudios no sepa leer un manuscrito griego ó hebreo, toda vez que no ha podido ejercitarse en su lectura. […]

Aun el que ha estudiado latín encuentra fácil disculpa ante el público, si no sabe leer un manuscrito en esta lengua; pues todos saben que hay estudios especiales para aprender á leer manuscritos antiguos, y por tanto comprenden que no tiene obligación de saber leer un manuscrito latino antiguo quien no haya estudiado Paleografía.

Francisco Codera y Zaidín, «Paleografía árabe. Dificultades que ofrece. Su estado. Medios de desarrollo», Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid), tomo xxxiii, cuaderno 4 (Informes), octubre de 1898, págs. 297-306, en pág. 297.

b) Tipo de escritura: Ésta es una espinosa cuestión por no existir una nomenclatura internacional, universalmente aceptada y que responda a unos criterios científicos a la altura de los tiempos. Al llegar este punto en ocasiones el investigador no sabe a qué carta atenerse. Ante todo hay que evitar denominaciones vagas y poco comprometedoras (tales como escritura minúscula, cursiva, libraria, etcétera) y tampoco introducir meras apreciaciones estéticas (por ejemplo, escritura hermosa, cuidada, etcétera). Se debe especificar el estilo (escritura visigótica, carolina, gótica, humanística, etcétera), el ductus (pausada, cursiva o semicursiva) y el tipo, en la media de lo posible, utilizando conceptos bien claros y generalmente admitidos (por ejemplo, gótica cursiva «cortesana»). Cuando la escritura no responda a un tipo puro, entonces se procurará definirla por aproximación o indicando sus rasgos más característicos. Aunque sea brevemente conviene analizar los signos alfabéticos que ofrecen alguna particularidad en su trazado, las ligaduras notables, el sistema de abreviaturas empleado y la tipología de los signos de compendio, puntuación y otros varios ortográficos (ápices, guiones, comillas, etcétera). También se explicitarán los siguientes aspectos: aplicación de la scriptio continua y/o grado de observación de los espacios interverbales; colocación de la escritura apoyada sobre el renglón o bien trazada a distancia del mismo, produciendo la impresión de que está suspendida en el aire; presencia de correcciones y de cualquier particularidad gráfica digna de mención.

Autógrafo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides, Cambridge, University Library, Taylor-Schechter Collection, mss. T-S 10 K A 4.1 (lado recto).

Autógrafo de la «Guía de Perplejos» de Maimónides, Cambridge, University Library, Taylor-Schechter Collection, mss. T-S 10 K A 4.1 (lado recto).

Otra fuente de datos interesantes procede de los signos numéricos. Las indicaciones esticométricas deben señalarse. Por último, se registrarán algunos usos no comunes y, por tanto, relevantes, tales como el empleo de recursos taquigráficos, criptográficos y demás variantes similares.

Una vez analizada la escritura del texto, se intentará determinar si el trabajo ha sido realizado por un solo copista o por varios. Hay que ser prudentes en este terreno, dada la rara habilidad mostrada por algunos escribas en la imitación de diversos tipos de escritura y su contrapartida, el grado de mimetismo de algunos profesionales. Cuando se descubran varias manos, se intentará identificar las principales, designándolas mediante letras mayúsculas del alfabeto.


Elisa Ruiz García, Introducción a la codicología, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002, pág. 363

Dicen que han dicho que dicen,
dicen que han ido diciendo.
Y entre dimes y diretes
llevas la petaca llena:
que si oye, que si mira,
que si fíjate qué cosa
y con esta tontería
ya he terminado una estrofa.

«Que dizan mientras no hazan»,
me enseñaba a mí mi abuelo.
Que si en esto te entretienes,
no aprenderás a volar.

¡Jotera lo serás tú!
¡Jotera lo serás tú!
Anda y díselo a tu madre
que a mí no me duelen prendas
de cantarte por rancheras
o por chotis o en zulú.

Si no hay sensibilidad
para captar el sustrato
del lenguaje musical,
pues dedícate a escuchar
lo que siempre te ha gustado
para que no sufras más.

Pican, pican los mosquitos,
pican con gran disimulo:
unos las entendederas
y otros pican el orgullo.

Sea por hache o por jota,
sea la y griega o la zeta,
ya libré muchas batallas
y solté muchas carretas.

«Que dizan mientras no hazan»,
me enseñaba a mí mi abuelo.
Que si en esto te entretienes,
no aprenderás a volar.

¡Jotera lo serás tú!
¡Jotera lo serás tú!
Anda y díselo a tu madre
que a mí no me duelen prendas
de cantarte por rancheras
o por chotis o en zulú.

Carmen París, «Jotera lo serás tú», del disco homónimo de 2005.

LOS MANDAMIENTOS DE CLÍO:

REVELADOS EN EL MONTE CITERÓN AL ADIVINO TIRESIAS, CUANDO ESTABA CAMBIANDO DE SEXO

1.Todo historiador debe ser absolutamente incapaz de definir las palabras que usa.

2.Todo historiador debe usar siempre palabras nuevas, sobre todo si las utilizan historiadores importantes.

3.Todo historiador debe usar siempre palabras nuevas, porque así progresa el conocimiento histórico.

4.Todo historiador debe poner nuevos adjetivos a la palabra historia, y así conseguirá crear nuevas historias que no tengan nada que ver con las anteriores.

5.Todo historiador tiene derecho a hablar de cualquier aspecto de la realidad.

6.Ningún historiador debe esforzarse por conocer los diferentes aspectos de la realidad, porque él puede decir la verdad sobre ella gracias a que domina el método histórico.

7.Cualquier historiador conoce el pasado mejor que aquéllos que lo vivieron y sufrieron, porque él tiene perspectiva y es objetivo, mientras que los que fueron sus protagonistas eran subjetivos.

8.Todo historiador debe decir sólo lo que está en los documentos.

9.Todo historiador debe creer en la existencia del hiperdocumento, que dice que sólo se puede decir lo que está en un documento.

10.Todo historiador debe leer cada documento iluminado por la luz del hiperdocumento.

11.Ningún historiador puede contradecir el hiperdocumento.

12.Todo historiador debe creer en la diosa Clío, que se ha preocupado de que exista un número suficiente de documentos para que se pueda estudiar todo.

13.Todo historiador debe ser limpio de corazón, y limitarse a decir lo que los documentos dicen, porque él no debe tener nada que decir.

14.Todo historiador ha de ser consciente de su misión, que consiste en cultivar el más asombroso logro intelectual que ha conseguido desarrollar la especie humana.

15.Todo historiador ha de ser consciente de que maneja un arma de poder incalculable: la nota a pie de página.

16.Todo historiador debe utilizar las notas a pie de página, que garantizan que lo que él dice que el documento dice es lo que dice el documento.

17.Gracias al uso de la nota a pie de página, todo historiador puede crear o destruir la realidad, ya que sólo es verdad lo que él dice que es verdad en las notas a pie de página, que son la única garantía de veracidad.

18.Todo historiador debe creer en estos mandamientos, aunque no estén en una nota a pie de página, porque han sido revelados por la diosa Clío.

Si así lo hace, recibirá su recompensa. Si se niega a hacerlo, ya no será quemado en la hoguera (porque ya no se lleva), pero recibirá la unánime excomunión de todos aquellos historiadores/as que dedican afanosamente su vida a la búsqueda de la verdad.

Este antiguo documento ha sido traducido directamente del dialecto beocio por el Dr. J.C. Bermejo Barrera

La tesis de E.: una demostración de que a pesar de los años invertidos, de los viajes hechos, de la investigación directa de las fuentes, de los dineros gastados, de las noches sin dormir, de las páginas escritas, de los números representados, de los gráficos, las tablas y las estadísticas, de una cierta ambición, el primer rigor se basa en el mismo amor que le pone mi madre a que las junturas de las sabanas de la cama formen un monumento doméstico a la geometría efímera. Al cuidado. A un cierto cariño de las cosas bien hechas, el orden aprendido, la honradez entendida como una de las bellas artes.

No es una condición última, pero sí necesaria.

Lo demás, irrita. Profundamente.

Si consiguiera alejar toda sombra de repetición mecánica de una plantilla prête-à-porter, enemiga del saber  (y de saber dicen que tienen que estar hechas las tesis. Vaya Vd. a saber…), quizá la propuesta filosófica sistémica de Mario Bunge sería un buen punto de partida para intentar darle algo de sentido a la investigación de lo escrito, que dado el siglo que nos ocupa llamamos paleografía. Quizá todo análisis de la morfología de la letra escrita dependa de la composición, el entorno, la estructura y el mecanismo para que los que la vemos, cargados de desprecio o de admiración, vayamos sabiendo de qué estamos hablando:

Una consecuencia gnoseológica del sistemismo ontológico es que para conocer un sistema, sea este físico, químico, biológico, psicológico o social, resulta necesario aplicar el enfoque CESM. En otras palabras, la investigación de un sistema concreto requiere de la descripción de su composición (C), entorno (E), estructura (S) y mecanismo (M).

  • La composición de un sistema es la colección de sus partes (protones, neutrones y electrones en el sistema atómico; personas, empresas, clubes y barra de amigos en el sistema social) y se las llama componentes.
  • El entorno es la colección de cosas que modifican a los componentes del sistema o que resultan modificados por ellos, pero que no pertenecen a la composición (fotones que excitan al átomo de interés y el trigo que el hombre convierte en pan).
  • La estructura es la colección de relaciones o vínculos que establecen los componentes. Los vínculos que se dan entre los componentes de un sistema constituyen la endoestructura, mientras que los establecidos entre los componentes y elementos del entorno conforman la exoestructura del sistema.
  • El mecanismo es la colección de procesos que se dan dentro de un sistema y que lo hacen cambiar en algún aspecto (el mecanismo de radiación electromagnética de un átomo es un proceso en el que un electrón cambia de estado de energía, el comercio es un mecanismo económico de los sistemas sociales humanos). Más precisamente, si bien el conocimiento de un sistema concreto radica en la descripción de los cuatro aspectos mencionados, la explicación científica del comportamiento del mismo la brinda la descripción de su(s) mecanismo(s), es decir de los procesos de los cuales resultan la emergencia, la estabilidad, el cambio y la desintegración de un sistema.

Partiendo de esta pluralidad de perspectivas [sobre la memoria] deberemos afrontar a continuación el papel de los historiadores como configuradores de la memoria, un tema al que se han dedicado obras monumentales, como los famosos Lieux de la mémoire [1], una serie en varios volúmenes coordinada por Pierre Nora en la que se analizan todos los aspectos del pasado de Francia y su recuerdo a través de los lugares, los textos y los monumentos, así como las conmemoraciones. Sin embargo, este esfuerzo descriptivo no ha sido acompañado de un esfuerzo analítico equiparable. Normalmente los historiadores, un gremio que es muy aficionado a utilizar las palabras sin reflexionar sobre su significado, han pasado a hablar de la memoria o de la memoria histórica asimilándolasin más a la historia, cuando hay autores, como A[gustín] García Calvo […] que creen, con mayor o menor razón, que la historia es el principal enemigo de la memoria popular, lo que muchas veces es cierto. Por ello, y para evitar caer en generalizaciones abusivas, sería conveniente establecer una tipología, aclarar los modos en los que los historiadores pueden hablar del pasado.

José Carlos Bermejo Barrera, ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos, Akal, 2004, págs. 53 y 54.

Luego, claro, también está la Benbassa, pero hoy es jour de fête y no me lo quiero amargar.

[1]: La disparition rapide de notre mémoire nationale appelle aujourd’hui un inventaire des lieux où elle s’est électivement incarnée et qui, par la volonté des hommes ou le travail des siècles, en sont restés comme ses plus éclatants symboles : fêtes, emblèmes, monuments et commémorations, mais aussi éloges, archives, dictionnaires et musées. […] Plus qu’une exhaustivité impossible à atteindre, comptent ici les types de sujets retenus, l’élaboration des objets, la richesse et la variété des approches et, en définitive, l’équilibre général d’un vaste ensemble auquel ont accepté de collaborer plus de cent historiens parmi les plus qualifiés. La matière de France est inépuisable.
Au total, une histoire de France. Non pas au sens habituel du terme ; mais, entre mémoire et histoire, l’exploration sélective et savante de notre héritage collectif.

A veces consigo atemperar la galofobia que me produce, instintivamente, la verborrea galicana. Será seguramente un trait de style nacional, pero me resulta imposible sancionarlo. Pero de vez en cuando se ve una luz. Por ejemplo, en el programa que emiten en este preciso instante en France Culture: http://www.radiofrance.fr/chaines/france-culture2/emissions/sciences_conscience/

con Gérard Simon de invitado principal:

L’imaginaire d’un savant, conclut Gérard Simon, “s’alimente donc à toutes les sources dont il dispose”. Il faut alors admettre que du faux peut sortir du vrai, que l’attachement à des idées révolues peut jouer un rôle moteur dans les découvertes. Plus généralement, l’histoire des sciences enseigne que le “rationalisme impénitent” des grands chercheurs ne se réduit pas à l’application d’une méthode expérimentale standardisée. Et que la philosophie et la religion ne sont pas toujours des obstacles épistémologiques. Ainsi, le symbolisme mathématique joue un rôle majeur dans les progrès de la physique, et la chimie elle aussi un langage à part entière.

Le propos de Gérard Simon sur les progrès des sciences vaut par la vigueur avec laquelle il écarte les évidences simplistes rassemblées sous le nom de “méthode expérimentale”. Le second motif d’intérêt du livre, et sa plus franche originalité, repose sur la mise à contribution de l’oeuvre de Michel Foucault. En lecteur avisé de L’Archéologie du savoir, l’auteur dessine les grandes lignes d’une articulation de l’archéologie et de l’histoire, de l’effort pour dégager les vestiges et de la volonté de reconstituer le travail d’un savant. Dans le sillage de Foucault, Gérard Simon refuse la figure d’un “sujet fondateur” : l’homme ne peut être tenu pour la source ultime de sa propre pensée, et “l’innovation ne dépend pas seulement du sujet innovant”. Mais si les règles anonymes de formation des discours s’imposent aux savants et balisent leur terrain de travail, elles ne congédient pas pour autant la personnalisation de la découverte. Les analyses de Foucault permettent à Simon de penser les sciences à partir des territoires où elles apparaissent, donc d’apporter une réponse nuancée à une question classique, celle de la part des individualités savantes dans la production des connaissances ; celle, en définitive, de savoir si les hommes sont les auteurs de leur propre histoire.

Un livre de fonds, un livre de réflexion, como dice el presentador, Philippe Petit.

¿Y si el secreto de empezar a entender la paleografía hebrea estuviera en la tipografía hebrea?:

Note that the Hebrew script does not have true serifs. However, as it is common practice in Israel to use the term ‘serif’ to describe the small in-strokes residing on the ‘x-height’ horizontal strokes (and for lack of a better, agreed term) I retained this term here.

[…]

Hebrew is usually thought of as a horizontally stressed script, as opposed to the Latin being a vertical stressed script. One can usually notice the two heavy horizontal bars apparent in Hebrew text, on both the upper ‘x-height’ and the lower baseline zones. It should be noted however that early inscriptions, as well as many contemporary ‘sans-serif’ typefaces show a vertical stress or no contrast at all.

[…]

As opposed to the Latin, Hebrew is not made from any simple geometrical forms. Most significant in their absence are the circular forms so prevalent in the Latin script.

The Ashkenazic style […] with its dense texture, monotonous rhythm and contrasted letterforms, was clearly influenced by the Gothic blackletter of the time. It is noteworthy that the vertical high contrast stress present in the Latin was converted into a horizontal equivalent.

The next milestone was the influence of the Didot-Bodoni Modern style. This trend, popular from the end of the eighteenth to the beginning of the nineteenth centuries in Europe had a destructive influence on Hebrew. The adoption of this highly contrasted style in Hebrew resulted in fragile, illegible types. Similarly to the Ashkenazic style, this Hebrew style had extremely heavy horizontal strokes and hairline vertical strokes. Henri Friedlaender, the renowned typographer, said that while in Latin script it was mostly the serifs that were reduced to a minimal width, in Hebrew the exaggerated contrast of thicks and thins damaged the very basic structure of the type. A Hebrew text line of the time looked like two heavy horizontal lines with nothing between them. Moreover, this extreme slenderness of the verticals aggravated problems of letter differentiation – already present in Hebrew – and hence hindered legibility. Many of the Hebrew letters’ identifying marks are located on the joints of the horizontals and verticals. With the vanishing of the verticals, differentiation became scarcely possible.

As this Hebrew style was practically the only type style in use during the nineteenth century, one can easily recognize how dramatic this influence was.

[…]

This issue of symmetry is crucial. Vertical axis symmetry in letterforms creates an exaggerated and overly static stability. As the Hebrew has this clear sense of horizontal continuity and leftward movement, a symmetrical letter abruptly breaks the reading flow. It puts a spoke in the wheel.

[…]

Americanization is highly dominant in Israeli society and culture. Israelis wish to feel they belong to the western culture: they want the American (or European, for that matter) style of life. The vast majority of Israeli fashion, food and retail chains have changed their names in recent years to English brand names. The Hebrew language is absorbing more English terms, names and even verbs increasingly everyday. Thus, it is natural to find this influence diffusing into the language’s visual form, the type. Beside types that make use of Latin letters’ parts, the latest and trendiest Latin types are converted into Hebrew. Many Emigre types for instance, have distant relatives in Israel. In most cases, these are rather poor derivatives that both ignore tradition and offer inferior legibility.

Hebrew versions for international brands’ logotypes: Carlsberg, Sprite and Fanta.

Tiene que existir algo entre el exasperante impresionismo de Colette Sirat (su L’œil et la machine fue flor de un día) y la estatisticolatría ramplona de Malachi Beit-Arié. A veces la línea de Beit-Arié consigue despertar un interés notable, que se conjuga con curiosidad, pero enseguida degenera en lo cuantitativo, confundiendo lo cualitativo del examen paleográfico con una mera matemática, en lugar de una formalización. Yo no quiero ecuaciones: yo quiero resultados falsificables, métodos que sirvan la pluralidad de los seres existentes, en este caso, primero los manuscritos pero, casi ineluctablemente, la ciencia de todo lo que esté escrito (¿Schriftenkunde?). Y, de paso, tener bien claras las dos categorías principales: ausencia y presencia. La única verdad constatable de los libros es que desaparecen. ¿En qué consiste pues la masa crítica de las elucubraciones estadísticas de Beit-Arié? ¿En la ausencia transformada en necesidad por un arte de birlibirloque epistemológico que no considera siquiera digno de explicarse? 

Coda: Mal de muchos, consuelo de tontos. Peor lo tienen los de árabe. Menos mal que les queda Déroche.