Pero, la tremenda tragedia española ha puesto al aire, ha descubierto las entrañas mismas de la vida. Esto por una parte, y por otra, que en los trances decisivos, el amor surge absorbente, intransigente. Y así, eso que se llama patria y que antes los españoles, al menos, no nos atrevíamos a nombrar, ha cobrado en su agonía todo su terrible, tiránico, poder. Imposible liberarse de su imperio; imposible, porque tampoco queremos librarnos, sino entregarnos, como todo amor ansía, más y más. Y la mente va allí donde el amor la lleva, y así, he de confesar que tengo ante mí una larga cadena de temas hispánicos, de los cuales he entresacado los de estas conferencias que pertenecen a una serie titulada toda ella: Pensamiento y poesía en la vida española.

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Lección única sobre cosas viejas

Ya dije

no sé quién inventa el olor de las casas,

no sé.

Más aún si lo que te gusta es mirar desde arriba
la vista ruinosa de los tejados
y la pared deslucida
y los muros
y las sucias puertas de las casas viejas de aquí.
Más aún,
si ya no recuerdas que
no es el olor
sino la bondad de las cosas
al exhibir su derrota.

Andrea Cote Botero

Despacico y callandico, vengo a [d]ici[r]te que te quiero:
no se lo digas a nadie que me muero, que me muero…

Probablemente, todo sea mentira. No radica ahí, sin embargo, la necesidad de buscar: el oficio y el ocio de historiar necesita de la curiosidad y, probablemente, se acabe en la curiosidad misma. Le repetía a N. el otro día lo que hablamos Alex y yo hace ya un tiempo que se aleja en Mánchester: lo inconcebible que resulta en inglés de estudioso trufar la argumentación de «sin duda» o de «evidentmente», como hace el francés sapiente. Quizá, puesto a escribir esta tesis de divorcio en francés, se me desbordan los «sin duda» y los «evidentemente», que con paciencia me habían enseñado y yo había aprendido a desbrozar con tradiciones distintas a la que era la mía (que podríamos llamar la española) y a la que me entretiene ahora (que es sin duda la francesa).

Lo primero, probablemente, sea reconocerse. Una vez reconocido, lo segundo, casi seguro, sea sospechar que no somos lo que hemos reconocido. No negaré lo válido de quedarse a medias: solo digo que, si se vislumbra con algo de acierto que la sintaxis que reconstruimos no es más que una reconstrucción (por muy útil que resulte para seguir adelante esa habitación levantada con los materiales de derribo), quizá haya que inmiscuirse en otras partes de la casa, hasta reconocer en lo improbable de nuestro linaje lo imposible de lo pasado. No negaré tampoco, aunque sea con un suspiro, lo incómodo de andar fisgoneando y los reproches, bien fundados, que acarreará. Es, ciertamente, un ejercicio censurable.

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Mon père était tellement de gauche, on a eu tout plein d’accidents, il refusait la priorité à droite systématiquement

Mi padre era tan de izquierdas que hemos tenido un montón de accidentes: nunca quería dar la prioridad a su derecha.

Fatals Picards, «Mon père était tellement de gauche», Le sens de la gravité (2009).

Hoy el Archivo cerraba a las 11 (¿y 25?) así que, de común acuerdo con mi conciencia, me he dedicado a farnasear todo el día con horario de Biblioteca Nacional de Madrid, de Biblioteca Histórica de la Complutense o de El Corte Inglés: de nueve de la mañana a nueve de la noche. Decidido a perpetuar mis mejores tradiciones antropológicas, me he bajado a por el café con cruasán un momento al Perù, barecito de barrio con insospechadas asociaciones: ahí pasó parte de su juventud de liceo un querido amigo de esta y de otras cuantas casas virtuales pero bien reales. Cuando tal amigo hizo coincidir proyectos y vida con la principal referencia romana de los Perurim/פירורים de Alfonso, se quedaron a vivir por este mismo barrio y el Perù siguió siendo referencia obligada. Luego lo ha sido de los becarios de la Escuela Francesa de Roma, ergo mío también. Me ha sido dado coincidir con unas becarias la mar de francesas que tienen sin embargo una costumbre la mar de poco francesa: pararse a un café de media mañana. Hoy, sin embargo, he bajado solo (principalmente por los estragos del pot des boursiers de anoche: ¿por qué a los franceses se les da tan bien el transnoche excepcional – la débauche – y no el bullicio cotidiano?) Bueno, solo no: con La Repubblica y L’Unità, esta última para ir viendo si era verdad, como me han dicho, que ha cambiado a mejor después de que Concita De Gregorio se haya hecho cargo de la dirección.

Me he sentado en las mesas del saloncito self-service que permite cappucino y cornetto con nutella por un euro setenta y cinco, armado de mis dos compañeros periodísticos. Enfrente de mí, por casualidad, había tres chicas, quizás de liceo. Primero hablaban de amores, porque a los veintipocos, si es que llegaban (creo que no), ciertamente resulta difícil creer que hablaran de rijos, así sin más. No he prestado mucha atención: mi radar ha querido prestar más atención que yo dada la lozanía y frescura de las muchachas, pero me he concentrado en la lectura de L’Unità. En un momento dado el otro radar, el político o cívico o ciudadano, ustedes dirán, se ha puesto en marcha: las chicas (las tres) se quejaban de haber recibido una carta personalizada de parte de Silvio Berlusconi: Gentile Silvia… «Ma che cazzo mi conosce lui per chiamarmi ‘gentile’?!», decía una (creo: mi memoria retentiva en italiano figura muy bajo en la lista de mis pocos talentos). Luego ha seguido una conversación bastante larga sobre política, pura política: que si adónde vamos, que si dónde venimos, que si qué remedio le ponemos a esto (fíjenseme: no «si» le ponemos remedio a esto sino «cuál»). En un momento dado me ha dado por fijarme en la frescura y la lozanía de las tres muchachas pero no por sus hechuras físicas sino por sus posturas ciudadanas. Luego se han ido con rumbo para mí desconocido.

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Maria me dice que en una entrevista de Gad Lerner a Primo Levi en Espresso, en 1984, Levi afirma lo siguiente:

E’ necessario che il centro di gravità degli Ebrei venga ribaltato e torni ad essere fuori da Israele. Deve tornare a noi ebrei della Diaspora, che abbiamo il compito di ricordare ai nostri amici in Israele che nell’Ebraismo c’è una tradizione di tolleranza (…) La storia della Diaspora è stata una storia di persecuzioni, ma è stata anche una storia di scambi e di relazioni inter-etniche, e dunque una scuola di tolleranza.

Hace falta que el centro de gravedad de los judíos se vuelva a volcar para que esté fuera de Israel. Nos ha de volver a nosotros, judíos de la Diáspora, que tenemos el deber de recordar a nuestros amigos en Israel que en el judaísmo existe una tradición de tolerancia […]. La historia de la Diáspora ha sido una historia de persecuciones, pero ha sido también una historia de intercambios y de relaciones interétnicas, escuela, por tanto, de tolerancia.

Podría discutir mucho (pero no es momento ahora) el concepto de la enseñanza de tolerancia inherente a la historia de la Diáspora (y la noción misma de Diáspora no debería andar muy lejos de la criba crítica) pero estas afirmaciones de Levi me dan pie a colgaros por aquí una cosita que andaba remoloneando por ahí algún tiempo:

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Escrit a la manera de Salom

Alçarà a poc a poc el meu dolor
la bona casa en els dies de l’erm?
Un petit foc que m’allunyi remences,
un llum mirat per la cansada nit.

Ulls des del fred esguarden amb fixesa,
prims llavis diuen tots els noms de la mort
i m’empresonen en una lenta cançó.
Com obriré camins al meu retorn?

Passos i temps em guien a la pau,
i crido amb antic mot el meu desig.
Però sentir només, sense comprendre,
no em salvarà del vell furor del vent.

Escrito a la manera de Salom: ¿Alzará poco a poco mi dolor / la buena casa de los días del yermo? / Un débil fuego que me aleje temores, / un candil mirado por la noche cansada. / Con fijeza los ojos miran desde el frío, / delgados labios dicen los nombres de la muerte / y me aprisionan en una canción lenta. / ¿Cómo abriré caminos para regreso? / Pasos y tiempos me guían a la paz, / y con palabra antigua grito mi deseo. / Pero sólo sentir, sin comprender, / no me salvará del viejo furor del viento.

Salvador Espriu i Castelló, del libro El caminant i el mur, 1954 (traducción de Andrés Sánchez Robayna y Ramon Pinyol Balasch).

«Surcos» es una parte del documental Perfiles, dirigido por Véred Kurlender, sobre distintas mujeres de las comunidades judías de Madrid,

una de las comunidades más pequeñas de Europa. Tiene algo de Kibutz, en el sentido en que todo el mundo se conoce. Pero al mismo tiempo, en Madrid están presentes todas y cada una de las situaciones y contradicciones de las comunidades judías de la diáspora de todo el mundo. Lo religioso frente a lo cultural, lo social frente a lo individual, lo público y lo privado. Y todo en acción.

La historia de esta película se cuenta aquí.

Aprendamos o rito

Pôe na mesa a toalha adamascada,
Traz as rosas mais frescas do jardim,
Deita o vinho no copo, corta o pão,
Com a faca de prata e de marfim.

Alguém veio sentar-se á tua mesa,
Alguém a quem não vês, mas que pressentes.
Cruza as mãos no regaço, não perguntes:
Nas perguntas que fazes é que mentes.

Prova depois o vinho, come o pão,
Rasga a palma da mão no caule agudo,
Leva as rosas á fronte, cobre os olhos,
Cumpriste o ritual e sabes tudo.

«IMG_8254bw», foto de Howard Schneider, 23 de marzo de 2008.

«IMG_8254bw», foto de Howard Schneider, 23 de marzo de 2008.

Aprendamos el rito

Pon el mantel color naranja claro,
Trae las rosas más frescas del jardín,
Echa el vino en la copa, corta el pan,
Con el cuchillo de plata y de marfil.

Alguien ha venido a sentársete a la mesa,
Alguien a quien no ves pero presientes.
Cruza las manos en el regazo, no preguntes:
Justo al hacer esas preguntas, mientes.

Prueba luego el vino, cómete el pan,
Rasga la palma de la mano en el agudo tallo,
Llévate las rosas a la frente, tapa los ojos,
Cumpliste el ritual y todo sabes.

José Saramago, Os poemas possíveis, 1985.