Solipsismos imperiales


Lloró como un dios antiguo cuando se extingue su culto.
Valle-Inclán, Sonata de otoño.

Me di cuenta por casualidad y después de mucho tiempo, como suelen pasar estas cosas. Volví a los prólogos de la Políglota Complutense y caí en la cuenta de algo que ya sabía: que en el volumen quinto (Nouum testamentum grece & latine in academia complutensi nouiter impressum), que transmite el Nuevo Testamento en su lengua griega primigenia junto con su traducción latina de San Jerónimo (la Vulgata), hay dos prólogos griegos seguidos de sendas traducciones latinas de ambos prólogos. De lo que me di cuenta es que ni el volumen primero (Vetus testamentu[m] multiplici lingua nu[n]c primo impressum. Etim primis Pentateuchus Hebraico Greco atque Chaldaico idiomate. Adiu[n]cta vnicuique sua latina interpretatione), que transmite el Pentateuco con cuatro versiones, la hebrea, la aramea –o Targum–, latina de la Vulgata y griega (llamada «de los Setenta»); dos traducciones latinas, interlineal la del griego de los Setenta y paralela la del Targum arameo; y dos columnas de análisis morfológico, una del hebreo y otra el arameo; ni en los volúmenes segundo, tercero y cuarto, que transmiten el resto de lo que en el canon cristiano se denomina «Antiguo Testamento»; figura ningún prólogo escrito en hebreo o arameo, como si la lógica llevara a realzar en los prólogos lo impropio de que esas fueran lenguas dignas, precisamente, de realce en los prólogos, foráneas como de hecho eran a la república cristiana de las letras.

Lo que no deja de parecerme curioso es que, respecto de ese particular y hasta donde llevo leído, esa fue también la política de Benito Arias Montano en la hazaña intelectual y editorial que supuso la que hoy llamamos Biblia Políglota de Amberes o Regia (por ser su mecenas y comitente el rey Felipe II de Castilla y I de Aragón; tomos primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo(s) y octavo(s)). El único lugar de privilegio en el que me parece haber visto el hebreo es en la portada, fugazmente expuesta a la mirada primera del lector (o lectora) de esa hipotética república cristiana de las letras que fundó en el siglo xvi el predominio occidental que hasta hoy dura, donde predominio quiere decir potestad que no autoridad.

La cuenta en que caí después de tanta filología consistía en lo siguiente. Por razones que considero bien justificadas, nunca he sido inclinado a pensar el mundo, y en consecuencia a investigarlo, en términos de identidad. Por dos razones principales. En primer lugar, porque creo que, en la forma vulgarizada a la que hoy se recurre a menudo, complica más que aclara. En segundo, porque su definición es un puro viaje conceptual de flojedades transatlánticas. Considero que, grosso modo, la inflación intelectual que ha sufrido el concepto de «identidad» en el último medio siglo es producto de las malas traducciones del francés, y peores lecturas en inglés, que se han ido haciendo en las universidades americanas durante ese periodo. Eso no hubiera tenido la repercusión que ha tenido si, como digo, no hubieran sido estos viajes unos caminos de ida hacia los Estados Unidos y de vuelta, retraducidos, a Europa, donde hemos acabado, por ejemplo en Francia, teniendo un ministerio, con subsecretarios de Estado, ujieres, coches oficiales y viajes de hermanamiento intergubernamental, dedicado a «la Inmigración, la Integración, la Identidad Nacional y el Desarrollo Solidario».

No creo que este allanamiento reaccionario de morada, tomando al asalto vulgarizador la obra de Foucault o Derrida, estuviera en la mente de ambos cuando escribían el uno Vigilar y castigar y el otro acerca del monolingüismo del otro. Y quizá en un hartazgo consecuencia de la poca inclinación a tratar de «identidades» resida la causa de que Tony Judt, en Postguerra, trate con un desdén la obra de Derrida, por ejemplo. Pero yo, en los últimos dos meses, me he encontrado en un par de oportunidades que me han tocado directamente para inclinarme a comprender, por fin, la necesidad de la identidad también como forma de explicarse el mundo y de investigarlo:

Bueno que sea judía, pero que no lo vaya publicando por ahí.

Pero entonces, esta chica que se ha ido a vivir con ella, ¿ya eran amigas antes?

De repente caí en la cuenta de que la metáfora de los prólogos servía para entender la necesidad de entender la identidad en el mundo. La identidad irrenunciable consiste en ocupar, por derecho, nuestro lugar en los prólogos. De frente, sin medias verdades. Como tendría que haber sido el caso del hebreo en Alcalá o Amberes. Y quizá por eso mismo la obra políglota de Alcalá o Amberes no lo fue, en realidad, tanto. Ninguna puede serlo hasta librarnos del monolingüismo que siempre es de los otros y siempre querríamos creer que nos acecha. Ya lo advertía Tácito, ese romano seguramente ceñudo por el que yo confieso alguna debilidad lectora:

Quod praecipuum munus annalium reor ne uirtutes sileantur utque prauis dictis factisque ex posteritate et infamia metus sit.

Ya que soy de la opinión de que la tarea primera de la Historia es no dejar sin mención las virtudes y no dejar sin el miedo de la fama postrera y de la infamia el mal que se dice o que se hace.

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Tipos encollidos, sen pescozo, cetrinos, sudorosos, marraus, con grasa na cinta da bimba, con caspa no cuello de terciopelo do gabán, con uñas reberetadas de negro, con dentes coor de tabaco.

Tipos encogidos, sin pescuezo, cetrinos, sudorosos, marranos, con grasa en la cinta del sombrero de copa, con caspa en el cuello de terciopelo del gabán, con uñas ribeteadas de negro, con dientes color de tabaco.

Manseliña e lene dinamita, o xudeu é a gran forza desorganizadora, o formento da disolución social, que vai rillando os fundamentos de tódalas cousas.

Blanda y suave dinamita, el judío es la gran fuerza desorganizadora, el fermento de la disolución social, que va royendo los fundamentos de todas las cosas.

No soy un panegirista de todo lo que se hizo en España de fines del siglo xv a fines del xvii. Juzgo que a estas alturas esta tarea debe dejarse hoy encomendada a cierto tipo de funcionario distinguido. Por otra parte, en lo que al pueblo judío se refiere, no experimento aquella fruición que experimentan los filosemitas al tratar de todas las cosas de Israel.

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At the boundary between center and periphery, users find new uses for canonical artifacts.
En el límite entre centro y periferia, los usuarios les dan usos nuevos a los artefactos canónicos.

John Seely Brown y Paul Duguid, «Borderline issues: Social an material aspects of design», Human-Computer Interaction, vol. ix, n.º 1, marzo de 1994, págs. 3-36 [?]

In the Folger’s copy of the herbal Rams little Dodeon [sic] (London: Simon Stafford, 1606), FSL STC 6988, there are manicules passim; but in the sections describing diseases of the male genitalia, the reader’s pointing hand changes to a pointing penis. I am grateful to Rebecca Laroche for pointing me to these examples of what she has wittily called “penicules”.

En el ejemplar conservado en la Folger [Shakespeare Library] del herbario Rams little Dodeon [sic] (Londres: Simon Stafford, 1606), [con la signatura] FSL STC 6988, hay manículas pássim, pero en las secciones que describen las enfermedades de los genitales masculinos, la mano indicadora de lectura se transforma en un pene indicador. Le agradezco a Rebecca Laroche que me indicara esos ejemplos de lo que, con ingenio, ella bautizó como penículos.

William H. Sherman, Used books: Marking readers in Renaissance England («Libros usados: lectores que señalan en la Inglaterra del Renacimiento»), Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 2008, nota 40, pág. 195 (correspondiente a la pág. 37), libro en el que también se menciona (pág. 24) la cita de Brown y Duguid señalada arriba que, sin embargo, no aparece en ningún sitio del artículo en cuestión (como tampoco aparece en ningún lado de una mínima lógica semántica porque el adverbio locativo pássim se ha de referir en exclusiva, siguiendo el DRAE, a las «anotaciones de impresos y manuscritos castellanos» y solo castellanos).

Foto de Steve McCurry, de la serie Fusion: The Synergy of Images and Words.

Si yo vo os escriuere loque por el alma aueys de hazer con el primero que venga si viniere / y si veola Paz que alla esta continua la enbiare a tada co[n] este ñudo de Salamon / desatela quien la quisiere […].

(Si yo vo[y], os escriveré lo que por el alma habéis de hacer con el primero que venga, si viniere. Y si viene la Paz, que allá está continua, la enviaré atada con este nudo de Salomón. Desátela quien la quisiere)

Francisco Delicado, La lozana andaluza, mamotreto lxvi, f.º 51vº, Venecia (1528)

***

Aunque ya lo dijera ese eximio ciudadano y sagaz pesquisidor que es Enric González, puede que sea cierto que un conjunto de políticas sociales (jubilación; Ley de Dependencia; guarderías; escuelas primarias, secundarias y terciarias; clubes de brisca, teatro de calle o lanzafuegos, para edades e inclinaciones diversas) se quedaran muy sosas, como una paella sin alcachofas o sin berenjenas (por separado) sin la ayuda simbólica de una nación que subrogue el bucle melancólico de un Estado. Seguramente sea así, y sea además inevitable, de momento y sin perspectivas de cambio, aherrojados como estamos a pagar impuestos (pocos en España o en México, un suponer, más en Francia o en Suecia, como si dijéramos) con el fin último y loable de salvar los respectivos sistemas bancarios y la gran alifara global de usureros cofrades. Todo esto, seguramente, será verdad. Pero yo, igual que Enric González, no puedo por menos que dolerme de algunas excrecencias de esa necesaria política vexilológica e identitaria, aunque solo sea porque quien tiene Estado y Nación anda como puta por rastrojo o cagallón por acequia mirando que no se la quiten (España, Francia o Israel, pongo por caso) y quien tiene Nación pero no Estado anda como perro sin amo por ver si lo consigue (Cataluña, Flandes o Córcega, quizá). Unos y otros perviven, entretenidos y diversos, sostenidos por la labor de zapa del quintacolumnismo, ese notable desarrollo del pensamiento abstracto humano. No somos conscientes cabalmente de cuánto les debemos a los traidores.

Pero, en fin, yo quería hablar de lenguas (como casi siempre). Una de las más molestas supuraciones de la inflamación nacionalista son lo que yo llamo «ristras de morcillas», muy dadas a aparecer en las discusiones glotonímicas: que si el holandés es alemán, que si el israelí es hebreo, que si el otomano es turco, que si el cantonés es «lengua patria» o mandarín, que si el gallego es portugués, que si el valenciano es catalán, que si español o castellano. Para mayor comodidad, les he ordenado las discusiones de menor a mayor grado de ridículo. Otro variante de «ristra de morcillas» es, ya se lo esperaban ustedes, pillastres, la de las «glorias patrias». Son muy dados al género los panegiristas de la Lengua Española (otro notable desarrollo del pensamiento simbólico humano: las lenguas hechas damiselas con nombres y apellidos, siempre en peligro de que les mancillen el honor, la semántica, la sintaxis y el sursumcorda algunos caballeretes advenedizos –calculen la osadía: «barbarismos» los llaman en conjunto– con una única obsesión, la de metérsela a las damiselas. Ya les hablaba yo del quintacolumnismo. Menos mal que, cuando menos uno en cada generación, nos toca en suerte un Fernando Lázaro Carreter que nos atice unos dardazos y se asegure, como Nebrija para sus hijos, un lugar bajo el sol de los royalties editoriales tres o cuatro generaciones a cuenta de la Lengua). En el hit parade (o en el top ten) de las «ristras de morcillas» castizas figura aquella aparente baladronada de Carlos V, pronunciada delante del Papa Pablo III (de cierta relevancia en nuestras futuras andanzas zamorescas por Leiden) en Roma, el 17 de abril de 1536, dirigida al Obispo de Mâcon, presente en el caput mundi romano, que se desempeñaba de embajador de Francisco I de Francia ante la Santa Sede:

Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida por toda la gente cristiana.

En un momento morcillero de Don Manuel García Blanco, el ilustre sabio afirma:

Este es el notable hecho político que queríamos destacar en el umbral de esta disertación. Que si mis cuentas no yerran, es el tercero que va ligado a la portentosa conversión del castellano en lengua nacional.

Lo cual, en principio, está muy bien como afirmación. Yo, personalmente, nunca he tenido nada contra la masturbación («lengua nacional» y esas pajillas). Preferir, si puedo elegir, siempre he preferido el sexo compartido y exótico, de ahí, supongo, mi interés por las lenguas llamadas extranjeras (el mundo es ancho, ajeno y sabrosón, ya se sabe). Justifica su alemanita nacional García Blanco citando a su maestro Menéndez Pidal, contra lo que tampoco (¡Dios me libre!) tengo nada en contra (solo faltara). Pero supongo que el hecho de que Menéndez Pidal se tocara con poco pudor no obliga a que los demás nos quedemos ciegos a base de onanismo.

La cosa es que yo, en realidad, no quería hablarles hoy de Carlos V ni de la «portentosa conversión» en lengua nacional (¿nacional de qué? ¿Del imperio europeo de Carlos V? Ah, como Vicent se ha tomado una excedencia, recuérdenme que un día les explique porque los soberanos de Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y las Dos Sicilias eran «Reyes de Aragón» y Carlos Quinto era eso, precisamente, «Quinto» y casi nunca «Primero»).

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מזג האויר

קיץ הוא העיפרון
הכי לא מחודד
בקלמר עונות השנה
אני כותב בו
מכתב אהבה
לתופרת שגזרה
מחולצות הנשים
צווארונים שכיסו עורף
ומשולי שמלתן
כמה סנטימטרים
של חורף.
גם השנה, אולי
יהיה חם במקומות הנמוכים

Previsión del tiempo

El verano es el lápiz
Que menos afilado está
En el estuche de las estaciones del año
Con él escribo
Una carta de amor
A la costurera que con las faldas de las mujeres
Ha sacado los cuellos que han tapado la nuca
Y con los bordes de sus vestidos
Algunos centímetros
De invierno.
Puede que este año vuelva a hacer
Calor en las partes de ahí abajo.

Rony Somek (רוני סומק)

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Era la hora del reajuste del dogma, tan alegremente formulado por los innovadores y sus secuaces.

Vicente Beltrán de Heredia, Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600), Salamanca, Ediciones Universidad, 1972, tomo v: «La Universidad en el Siglo de Oro», pág. 438.

El mal de muchos es siempre un consuelo de tontos, pero ocurre que un servidor, tonto de capirote y de formación y que, con trabajo tenaz, va haciéndole dos tontos lo que ve, no se consuela porque no quiere. Así que no quisiera consolarme sin más; simplemente dejar escapar un suspiro al leer:

Al publicarse en 1995 su estudio desmitificador de los grandes mitos de la historia de Bélgica, Flandes y Valonia, Anne Morelli, profesora de Historia en la Universidad Libre de Bruselas, tuvo que hacer frente a una oleada de protestas, no de círculos científicos –donde sus planteamientos eran generalmente conocidos y aceptados– sino de círculos nacionalistas. En un panfleto, la extrema derecha belga se escandalizaba de que fuera precisamente una extranjera –hija de inmigrantes italianos– la que hubiera arremetido contra la historia del país que la había acogido y dado una vida digna. Los autores del panfleto le espetaron «Señora Morelli, ¡ame a Bélgica o salga del país!».

Entre paréntesis, de sobra es sabido que Bélgica es un lugar propicio al cultivo de patriotismos tipo «maletín de Prenafeta»:

Pero Bélgica tiene dos rasgos que la distinguen. En primer lugar, el sistema de patronazgo generalizado, que comienza en los ayuntamientos y llega hasta lo más alto del Estado, ha dejado a los partidos políticos reducidos a vehículos para la distribución de favores personales. En un país pequeño en el que todos conocen a alguien en un cargo en el que puede hacer algo por ellos, apenas existe la idea de un Estado autónomo, neutral y desapasionado. Como dijo el actual primer ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt, a mediados de los ochenta, Bélgica es poco más que una cleptocracia de partidos. […]

Al no haber control gubernamental, no es sorprendente la gran incidencia de la corrupción y el soborno a alto nivel […]. Bélgica se ha hecho tristemente famosa como terreno de actuación de sofisticados delincuentes de cuello blanco, dentro y fuera del Gobierno. A finales de los años ochenta, el Gobierno belga adquirió cuarenta y seis helicópteros militares de la empresa italiana Agusta y adjudicó a la compañía francesa Dassault el mantenimiento de sus aviones F-16; más tarde se reveló que el Partido Socialista (en el Gobierno en aquella época) había recibido sobornos en ambas operaciones. Un importante líder socialista que sabía demasiado, André Cools, fue asesinado en un aparcamiento de Lieja en 1991; otro, Étienne Mange, fue detenido en 1995, y un tercero, Willy Claes, ex primer ministro de Bélgica, secretario general de la OTAN (1994-1995) y ministro de Asuntos Exteriores en el momento de los contratos, fue declarado culpable en septiembre de 1998 por aceptar sobornos. UN ex general del ejército involucrado en el escándalo, Jacques Lefebvre, murió en misteriosas circunstancias en marzo de 1995.

Tony Judt, «Un Estado sin Estado: por qué es importante Bélgica», capítulo xiv de Sobre el olvidado siglo xx, Madrid, Taurus [Santillana], 2008, traducción de Belén Urrutia, págs. 230 y 237; original en «Is there a Belgium?», The New York Review of Books, 2 de diciembre de 1999, con interesantes ramificaciones posteriores al estilo de un lingüista accidental.

Volviendo a lo que estábamos, que era Bélgica como circunstancia de comparación y no de atención principal, la cita es de Etnogénesis y etnicidad en España: una aproximación histórico-antropológica al casticismo de Christiane Stallaert (Barcelona, Proyecto A Ediciones [Ánthropos], 1998) que si no le hubiera dado a la autora por traducirlo al español y a un editor por publicarlo, hubiera justificado otra vez eso tan tonto de ponerse a aprender holandés (o neerlandés, como se dice en castellano que es también español): Etnisch nationalisme in Spanje. De historisch-anthropolische grens tussen christenen en Moren (‘Nacionalismo étnico en España. La frontera histórico-antropológica entre cristianos y moros’), Lovaina, Universitaire Pers Leuven, 1996. Stallaert es también autora de un trabajo bastante más largo y de argumento bastante más flojo, en mi opinión, que será, seguramente, fruto de una mala lectura y necesitada de más atención para desdecirse, como habrá que hacer sin duda: Ni una gota de sangre impura: la España inquisitorial y la Alemania nazi cara a cara, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006.

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Ac utinam eo essent docti omnes animo, quos Hispania nostra habet permultos, ut ambitione, invidia, contentione fastidioque cuncta despiciendi, vel quae ipsi scribant, deposito, inciperent tandem suorum utilitati consulere, et quae subtiliter prudenterque saepe, literis consignare ut ad omnes eorum industriae fructus dimanaret.

Y ojalá que todos los sabios, que nuestra España tiene en gran número, fueran de la misma opinión, para que, abandonado la ambición, la envidia, la rivalidad y desechada la soberbia de despreciar todo, incluso lo que ellos mismos escriben, empezaran finalmente a velar por el provecho de los suyos y a registrar en letra escrita lo que a menudo reflexionan con penetración y prudencia, para que el fruto de su aplicación se extendiera a todos.

Sebastián Fox Morcillo, De imitatione seu formandi styli ratione libri II, Amberes, Martin Nuyts (Martinus Nutius), 1554, f. 5, lado verso, traducción y edición de Victoria Pineda, en Miguel Ángel Garrido Gallardo (ed.), Retóricas españolas del siglo xvi escritas en latín, Madrid, CSIC, Fundación Hernando de Larramendi, 2001 (Biblioteca Virtual «Menéndez Pelayo» de Polígrafos Españoles, vol. 3), citado en Ignacio Javier García Pinilla, «Aperiat oculos Hispania: los disidentes españoles exiliados del siglo XVI como activistas», en Francisco José Aranda Pérez y José Damião Rodrigues (eds.), De re publica Hispaniae: Una vindicación de la cultura política en los reinos ibéricos en la primera modernidad, Madrid, Sílex, 2008, págs. 187-209 [194].

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