Solipsismos imperiales


Lloró como un dios antiguo cuando se extingue su culto.
Valle-Inclán, Sonata de otoño.

Me di cuenta por casualidad y después de mucho tiempo, como suelen pasar estas cosas. Volví a los prólogos de la Políglota Complutense y caí en la cuenta de algo que ya sabía: que en el volumen quinto (Nouum testamentum grece & latine in academia complutensi nouiter impressum), que transmite el Nuevo Testamento en su lengua griega primigenia junto con su traducción latina de San Jerónimo (la Vulgata), hay dos prólogos griegos seguidos de sendas traducciones latinas de ambos prólogos. De lo que me di cuenta es que ni el volumen primero (Vetus testamentu[m] multiplici lingua nu[n]c primo impressum. Etim primis Pentateuchus Hebraico Greco atque Chaldaico idiomate. Adiu[n]cta vnicuique sua latina interpretatione), que transmite el Pentateuco con cuatro versiones, la hebrea, la aramea –o Targum–, latina de la Vulgata y griega (llamada «de los Setenta»); dos traducciones latinas, interlineal la del griego de los Setenta y paralela la del Targum arameo; y dos columnas de análisis morfológico, una del hebreo y otra el arameo; ni en los volúmenes segundo, tercero y cuarto, que transmiten el resto de lo que en el canon cristiano se denomina «Antiguo Testamento»; figura ningún prólogo escrito en hebreo o arameo, como si la lógica llevara a realzar en los prólogos lo impropio de que esas fueran lenguas dignas, precisamente, de realce en los prólogos, foráneas como de hecho eran a la república cristiana de las letras.

Lo que no deja de parecerme curioso es que, respecto de ese particular y hasta donde llevo leído, esa fue también la política de Benito Arias Montano en la hazaña intelectual y editorial que supuso la que hoy llamamos Biblia Políglota de Amberes o Regia (por ser su mecenas y comitente el rey Felipe II de Castilla y I de Aragón; tomos primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto, séptimo(s) y octavo(s)). El único lugar de privilegio en el que me parece haber visto el hebreo es en la portada, fugazmente expuesta a la mirada primera del lector (o lectora) de esa hipotética república cristiana de las letras que fundó en el siglo xvi el predominio occidental que hasta hoy dura, donde predominio quiere decir potestad que no autoridad.

La cuenta en que caí después de tanta filología consistía en lo siguiente. Por razones que considero bien justificadas, nunca he sido inclinado a pensar el mundo, y en consecuencia a investigarlo, en términos de identidad. Por dos razones principales. En primer lugar, porque creo que, en la forma vulgarizada a la que hoy se recurre a menudo, complica más que aclara. En segundo, porque su definición es un puro viaje conceptual de flojedades transatlánticas. Considero que, grosso modo, la inflación intelectual que ha sufrido el concepto de «identidad» en el último medio siglo es producto de las malas traducciones del francés, y peores lecturas en inglés, que se han ido haciendo en las universidades americanas durante ese periodo. Eso no hubiera tenido la repercusión que ha tenido si, como digo, no hubieran sido estos viajes unos caminos de ida hacia los Estados Unidos y de vuelta, retraducidos, a Europa, donde hemos acabado, por ejemplo en Francia, teniendo un ministerio, con subsecretarios de Estado, ujieres, coches oficiales y viajes de hermanamiento intergubernamental, dedicado a «la Inmigración, la Integración, la Identidad Nacional y el Desarrollo Solidario».

No creo que este allanamiento reaccionario de morada, tomando al asalto vulgarizador la obra de Foucault o Derrida, estuviera en la mente de ambos cuando escribían el uno Vigilar y castigar y el otro acerca del monolingüismo del otro. Y quizá en un hartazgo consecuencia de la poca inclinación a tratar de «identidades» resida la causa de que Tony Judt, en Postguerra, trate con un desdén la obra de Derrida, por ejemplo. Pero yo, en los últimos dos meses, me he encontrado en un par de oportunidades que me han tocado directamente para inclinarme a comprender, por fin, la necesidad de la identidad también como forma de explicarse el mundo y de investigarlo:

Bueno que sea judía, pero que no lo vaya publicando por ahí.

Pero entonces, esta chica que se ha ido a vivir con ella, ¿ya eran amigas antes?

De repente caí en la cuenta de que la metáfora de los prólogos servía para entender la necesidad de entender la identidad en el mundo. La identidad irrenunciable consiste en ocupar, por derecho, nuestro lugar en los prólogos. De frente, sin medias verdades. Como tendría que haber sido el caso del hebreo en Alcalá o Amberes. Y quizá por eso mismo la obra políglota de Alcalá o Amberes no lo fue, en realidad, tanto. Ninguna puede serlo hasta librarnos del monolingüismo que siempre es de los otros y siempre querríamos creer que nos acecha. Ya lo advertía Tácito, ese romano seguramente ceñudo por el que yo confieso alguna debilidad lectora:

Quod praecipuum munus annalium reor ne uirtutes sileantur utque prauis dictis factisque ex posteritate et infamia metus sit.

Ya que soy de la opinión de que la tarea primera de la Historia es no dejar sin mención las virtudes y no dejar sin el miedo de la fama postrera y de la infamia el mal que se dice o que se hace.

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Tipos encollidos, sen pescozo, cetrinos, sudorosos, marraus, con grasa na cinta da bimba, con caspa no cuello de terciopelo do gabán, con uñas reberetadas de negro, con dentes coor de tabaco.

Tipos encogidos, sin pescuezo, cetrinos, sudorosos, marranos, con grasa en la cinta del sombrero de copa, con caspa en el cuello de terciopelo del gabán, con uñas ribeteadas de negro, con dientes color de tabaco.

Manseliña e lene dinamita, o xudeu é a gran forza desorganizadora, o formento da disolución social, que vai rillando os fundamentos de tódalas cousas.

Blanda y suave dinamita, el judío es la gran fuerza desorganizadora, el fermento de la disolución social, que va royendo los fundamentos de todas las cosas.

No soy un panegirista de todo lo que se hizo en España de fines del siglo xv a fines del xvii. Juzgo que a estas alturas esta tarea debe dejarse hoy encomendada a cierto tipo de funcionario distinguido. Por otra parte, en lo que al pueblo judío se refiere, no experimento aquella fruición que experimentan los filosemitas al tratar de todas las cosas de Israel.

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At the boundary between center and periphery, users find new uses for canonical artifacts.
En el límite entre centro y periferia, los usuarios les dan usos nuevos a los artefactos canónicos.

John Seely Brown y Paul Duguid, «Borderline issues: Social an material aspects of design», Human-Computer Interaction, vol. ix, n.º 1, marzo de 1994, págs. 3-36 [?]

In the Folger’s copy of the herbal Rams little Dodeon [sic] (London: Simon Stafford, 1606), FSL STC 6988, there are manicules passim; but in the sections describing diseases of the male genitalia, the reader’s pointing hand changes to a pointing penis. I am grateful to Rebecca Laroche for pointing me to these examples of what she has wittily called “penicules”.

En el ejemplar conservado en la Folger [Shakespeare Library] del herbario Rams little Dodeon [sic] (Londres: Simon Stafford, 1606), [con la signatura] FSL STC 6988, hay manículas pássim, pero en las secciones que describen las enfermedades de los genitales masculinos, la mano indicadora de lectura se transforma en un pene indicador. Le agradezco a Rebecca Laroche que me indicara esos ejemplos de lo que, con ingenio, ella bautizó como penículos.

William H. Sherman, Used books: Marking readers in Renaissance England («Libros usados: lectores que señalan en la Inglaterra del Renacimiento»), Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 2008, nota 40, pág. 195 (correspondiente a la pág. 37), libro en el que también se menciona (pág. 24) la cita de Brown y Duguid señalada arriba que, sin embargo, no aparece en ningún sitio del artículo en cuestión (como tampoco aparece en ningún lado de una mínima lógica semántica porque el adverbio locativo pássim se ha de referir en exclusiva, siguiendo el DRAE, a las «anotaciones de impresos y manuscritos castellanos» y solo castellanos).

Foto de Steve McCurry, de la serie Fusion: The Synergy of Images and Words.

Si yo vo os escriuere loque por el alma aueys de hazer con el primero que venga si viniere / y si veola Paz que alla esta continua la enbiare a tada co[n] este ñudo de Salamon / desatela quien la quisiere […].

(Si yo vo[y], os escriveré lo que por el alma habéis de hacer con el primero que venga, si viniere. Y si viene la Paz, que allá está continua, la enviaré atada con este nudo de Salomón. Desátela quien la quisiere)

Francisco Delicado, La lozana andaluza, mamotreto lxvi, f.º 51vº, Venecia (1528)

***

Aunque ya lo dijera ese eximio ciudadano y sagaz pesquisidor que es Enric González, puede que sea cierto que un conjunto de políticas sociales (jubilación; Ley de Dependencia; guarderías; escuelas primarias, secundarias y terciarias; clubes de brisca, teatro de calle o lanzafuegos, para edades e inclinaciones diversas) se quedaran muy sosas, como una paella sin alcachofas o sin berenjenas (por separado) sin la ayuda simbólica de una nación que subrogue el bucle melancólico de un Estado. Seguramente sea así, y sea además inevitable, de momento y sin perspectivas de cambio, aherrojados como estamos a pagar impuestos (pocos en España o en México, un suponer, más en Francia o en Suecia, como si dijéramos) con el fin último y loable de salvar los respectivos sistemas bancarios y la gran alifara global de usureros cofrades. Todo esto, seguramente, será verdad. Pero yo, igual que Enric González, no puedo por menos que dolerme de algunas excrecencias de esa necesaria política vexilológica e identitaria, aunque solo sea porque quien tiene Estado y Nación anda como puta por rastrojo o cagallón por acequia mirando que no se la quiten (España, Francia o Israel, pongo por caso) y quien tiene Nación pero no Estado anda como perro sin amo por ver si lo consigue (Cataluña, Flandes o Córcega, quizá). Unos y otros perviven, entretenidos y diversos, sostenidos por la labor de zapa del quintacolumnismo, ese notable desarrollo del pensamiento abstracto humano. No somos conscientes cabalmente de cuánto les debemos a los traidores.

Pero, en fin, yo quería hablar de lenguas (como casi siempre). Una de las más molestas supuraciones de la inflamación nacionalista son lo que yo llamo «ristras de morcillas», muy dadas a aparecer en las discusiones glotonímicas: que si el holandés es alemán, que si el israelí es hebreo, que si el otomano es turco, que si el cantonés es «lengua patria» o mandarín, que si el gallego es portugués, que si el valenciano es catalán, que si español o castellano. Para mayor comodidad, les he ordenado las discusiones de menor a mayor grado de ridículo. Otro variante de «ristra de morcillas» es, ya se lo esperaban ustedes, pillastres, la de las «glorias patrias». Son muy dados al género los panegiristas de la Lengua Española (otro notable desarrollo del pensamiento simbólico humano: las lenguas hechas damiselas con nombres y apellidos, siempre en peligro de que les mancillen el honor, la semántica, la sintaxis y el sursumcorda algunos caballeretes advenedizos –calculen la osadía: «barbarismos» los llaman en conjunto– con una única obsesión, la de metérsela a las damiselas. Ya les hablaba yo del quintacolumnismo. Menos mal que, cuando menos uno en cada generación, nos toca en suerte un Fernando Lázaro Carreter que nos atice unos dardazos y se asegure, como Nebrija para sus hijos, un lugar bajo el sol de los royalties editoriales tres o cuatro generaciones a cuenta de la Lengua). En el hit parade (o en el top ten) de las «ristras de morcillas» castizas figura aquella aparente baladronada de Carlos V, pronunciada delante del Papa Pablo III (de cierta relevancia en nuestras futuras andanzas zamorescas por Leiden) en Roma, el 17 de abril de 1536, dirigida al Obispo de Mâcon, presente en el caput mundi romano, que se desempeñaba de embajador de Francisco I de Francia ante la Santa Sede:

Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida por toda la gente cristiana.

En un momento morcillero de Don Manuel García Blanco, el ilustre sabio afirma:

Este es el notable hecho político que queríamos destacar en el umbral de esta disertación. Que si mis cuentas no yerran, es el tercero que va ligado a la portentosa conversión del castellano en lengua nacional.

Lo cual, en principio, está muy bien como afirmación. Yo, personalmente, nunca he tenido nada contra la masturbación («lengua nacional» y esas pajillas). Preferir, si puedo elegir, siempre he preferido el sexo compartido y exótico, de ahí, supongo, mi interés por las lenguas llamadas extranjeras (el mundo es ancho, ajeno y sabrosón, ya se sabe). Justifica su alemanita nacional García Blanco citando a su maestro Menéndez Pidal, contra lo que tampoco (¡Dios me libre!) tengo nada en contra (solo faltara). Pero supongo que el hecho de que Menéndez Pidal se tocara con poco pudor no obliga a que los demás nos quedemos ciegos a base de onanismo.

La cosa es que yo, en realidad, no quería hablarles hoy de Carlos V ni de la «portentosa conversión» en lengua nacional (¿nacional de qué? ¿Del imperio europeo de Carlos V? Ah, como Vicent se ha tomado una excedencia, recuérdenme que un día les explique porque los soberanos de Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca y las Dos Sicilias eran «Reyes de Aragón» y Carlos Quinto era eso, precisamente, «Quinto» y casi nunca «Primero»).

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מזג האויר

קיץ הוא העיפרון
הכי לא מחודד
בקלמר עונות השנה
אני כותב בו
מכתב אהבה
לתופרת שגזרה
מחולצות הנשים
צווארונים שכיסו עורף
ומשולי שמלתן
כמה סנטימטרים
של חורף.
גם השנה, אולי
יהיה חם במקומות הנמוכים

Previsión del tiempo

El verano es el lápiz
Que menos afilado está
En el estuche de las estaciones del año
Con él escribo
Una carta de amor
A la costurera que con las faldas de las mujeres
Ha sacado los cuellos que han tapado la nuca
Y con los bordes de sus vestidos
Algunos centímetros
De invierno.
Puede que este año vuelva a hacer
Calor en las partes de ahí abajo.

Rony Somek (רוני סומק)

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Era la hora del reajuste del dogma, tan alegremente formulado por los innovadores y sus secuaces.

Vicente Beltrán de Heredia, Cartulario de la Universidad de Salamanca (1218-1600), Salamanca, Ediciones Universidad, 1972, tomo v: «La Universidad en el Siglo de Oro», pág. 438.

El mal de muchos es siempre un consuelo de tontos, pero ocurre que un servidor, tonto de capirote y de formación y que, con trabajo tenaz, va haciéndole dos tontos lo que ve, no se consuela porque no quiere. Así que no quisiera consolarme sin más; simplemente dejar escapar un suspiro al leer:

Al publicarse en 1995 su estudio desmitificador de los grandes mitos de la historia de Bélgica, Flandes y Valonia, Anne Morelli, profesora de Historia en la Universidad Libre de Bruselas, tuvo que hacer frente a una oleada de protestas, no de círculos científicos –donde sus planteamientos eran generalmente conocidos y aceptados– sino de círculos nacionalistas. En un panfleto, la extrema derecha belga se escandalizaba de que fuera precisamente una extranjera –hija de inmigrantes italianos– la que hubiera arremetido contra la historia del país que la había acogido y dado una vida digna. Los autores del panfleto le espetaron «Señora Morelli, ¡ame a Bélgica o salga del país!».

Entre paréntesis, de sobra es sabido que Bélgica es un lugar propicio al cultivo de patriotismos tipo «maletín de Prenafeta»:

Pero Bélgica tiene dos rasgos que la distinguen. En primer lugar, el sistema de patronazgo generalizado, que comienza en los ayuntamientos y llega hasta lo más alto del Estado, ha dejado a los partidos políticos reducidos a vehículos para la distribución de favores personales. En un país pequeño en el que todos conocen a alguien en un cargo en el que puede hacer algo por ellos, apenas existe la idea de un Estado autónomo, neutral y desapasionado. Como dijo el actual primer ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt, a mediados de los ochenta, Bélgica es poco más que una cleptocracia de partidos. […]

Al no haber control gubernamental, no es sorprendente la gran incidencia de la corrupción y el soborno a alto nivel […]. Bélgica se ha hecho tristemente famosa como terreno de actuación de sofisticados delincuentes de cuello blanco, dentro y fuera del Gobierno. A finales de los años ochenta, el Gobierno belga adquirió cuarenta y seis helicópteros militares de la empresa italiana Agusta y adjudicó a la compañía francesa Dassault el mantenimiento de sus aviones F-16; más tarde se reveló que el Partido Socialista (en el Gobierno en aquella época) había recibido sobornos en ambas operaciones. Un importante líder socialista que sabía demasiado, André Cools, fue asesinado en un aparcamiento de Lieja en 1991; otro, Étienne Mange, fue detenido en 1995, y un tercero, Willy Claes, ex primer ministro de Bélgica, secretario general de la OTAN (1994-1995) y ministro de Asuntos Exteriores en el momento de los contratos, fue declarado culpable en septiembre de 1998 por aceptar sobornos. UN ex general del ejército involucrado en el escándalo, Jacques Lefebvre, murió en misteriosas circunstancias en marzo de 1995.

Tony Judt, «Un Estado sin Estado: por qué es importante Bélgica», capítulo xiv de Sobre el olvidado siglo xx, Madrid, Taurus [Santillana], 2008, traducción de Belén Urrutia, págs. 230 y 237; original en «Is there a Belgium?», The New York Review of Books, 2 de diciembre de 1999, con interesantes ramificaciones posteriores al estilo de un lingüista accidental.

Volviendo a lo que estábamos, que era Bélgica como circunstancia de comparación y no de atención principal, la cita es de Etnogénesis y etnicidad en España: una aproximación histórico-antropológica al casticismo de Christiane Stallaert (Barcelona, Proyecto A Ediciones [Ánthropos], 1998) que si no le hubiera dado a la autora por traducirlo al español y a un editor por publicarlo, hubiera justificado otra vez eso tan tonto de ponerse a aprender holandés (o neerlandés, como se dice en castellano que es también español): Etnisch nationalisme in Spanje. De historisch-anthropolische grens tussen christenen en Moren (‘Nacionalismo étnico en España. La frontera histórico-antropológica entre cristianos y moros’), Lovaina, Universitaire Pers Leuven, 1996. Stallaert es también autora de un trabajo bastante más largo y de argumento bastante más flojo, en mi opinión, que será, seguramente, fruto de una mala lectura y necesitada de más atención para desdecirse, como habrá que hacer sin duda: Ni una gota de sangre impura: la España inquisitorial y la Alemania nazi cara a cara, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006.

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Ac utinam eo essent docti omnes animo, quos Hispania nostra habet permultos, ut ambitione, invidia, contentione fastidioque cuncta despiciendi, vel quae ipsi scribant, deposito, inciperent tandem suorum utilitati consulere, et quae subtiliter prudenterque saepe, literis consignare ut ad omnes eorum industriae fructus dimanaret.

Y ojalá que todos los sabios, que nuestra España tiene en gran número, fueran de la misma opinión, para que, abandonado la ambición, la envidia, la rivalidad y desechada la soberbia de despreciar todo, incluso lo que ellos mismos escriben, empezaran finalmente a velar por el provecho de los suyos y a registrar en letra escrita lo que a menudo reflexionan con penetración y prudencia, para que el fruto de su aplicación se extendiera a todos.

Sebastián Fox Morcillo, De imitatione seu formandi styli ratione libri II, Amberes, Martin Nuyts (Martinus Nutius), 1554, f. 5, lado verso, traducción y edición de Victoria Pineda, en Miguel Ángel Garrido Gallardo (ed.), Retóricas españolas del siglo xvi escritas en latín, Madrid, CSIC, Fundación Hernando de Larramendi, 2001 (Biblioteca Virtual «Menéndez Pelayo» de Polígrafos Españoles, vol. 3), citado en Ignacio Javier García Pinilla, «Aperiat oculos Hispania: los disidentes españoles exiliados del siglo XVI como activistas», en Francisco José Aranda Pérez y José Damião Rodrigues (eds.), De re publica Hispaniae: Una vindicación de la cultura política en los reinos ibéricos en la primera modernidad, Madrid, Sílex, 2008, págs. 187-209 [194].

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«Inscripció bilingüe (llatí-púnic) del sponsor, teatre de Lepcis Magna», foto de Sebastià Giralt, 20 de agosto de 2007.

«Inscripció bilingüe (llatí-púnic) del sponsor, teatre de Lepcis Magna», foto de Sebastià Giralt, 20 de agosto de 2007.

Los alumnos llegados de otros países no tendrán que aprender español

Los alumnos que se incorporen al sistema educativo español procedentes de otros países no tendrán la obligación de examinarse de español. Podrán aprender, si lo desean, la lengua castellana, pero sin obligación de examinarse. El Ministerio de Educación recupera así las exenciones de español que el anterior ministro, Antonio Campos, del Partido Popular (PP), prácticamente eliminó.

El currículo de la enseñanza obligatoria, aprobado durante el mandato de Campos, atornillaba las posibles exenciones hasta reducirlas a la mínima expresión. Dicho texto establece que la exención podrá ser de un curso, pero, si el alumno sigue escolarizado, tras un periodo de dos años debe incorporarse al mismo ritmo de práctica del español de sus compañeros. La actual ministra, la socialista Isabel Celaá, va a cambiar esa situación sin dilaciones. Su equipo ya trabaja en la modificación del decreto del currículo escolar.

«Con el sistema Campos», explica la ministra a EL PAÍS, «los alumnos que procedían de otros países y entraban en el sistema educativo español, por ejemplo en primero de Bachillerato, se hallaban con que al curso siguiente debían examinarse de Selectividad con el español incluido, como si hubieran tenido todo su itinerario escolar con la lengua castellana». «Es una sinrazón que cualquiera que lleve a los tribunales lo gana», afirma.

Clases sin examen

«Israel (Arabic) xxxx Palestine (Hebrew)», foto de Lisa Goldman, 9 de junio de 2007.

«Israel (Arabic) xxxx Palestine (Hebrew)», foto de Lisa Goldman, 9 de junio de 2007.

Para modificar el decreto se abren dos opciones. Por un lado, suprimir directamente el artículo que habla de las exenciones y volver a la legislación de 1983, que viene a decir que los alumnos que han iniciado sus estudios fuera de España podrán ser eximidos de la enseñanza y evaluación del español.

Celaá no va a tomar ese camino: «Mi intención es abrir una nueva vía, que permita que los alumnos puedan ser eximidos de la enseñanza o de la evaluación. Es decir, puede que un niño entre en primaria y, aunque proceda de otro país, tenga capacidad de ponerse al día. O puede ocurrir que no se ponga al día. Entonces se le exime de la evaluación: podrá dar clases e ir aprendiendo, pero sin la presión de ser evaluado».

El decreto de la etapa Campos ha generado un colectivo de damnificados a los que hay que dar una solución rápida. «Hay gente de primero de Bachillerato a la que se les ha aplicado el decreto; debemos disponer medidas para que el año que viene no tengan la Selectividad con los requerimientos de español», abunda Celaá. «Nadie va a ser evaluado injustamente».

El Universal, 14 de agosto de 2009

«Bilingualism», foto de GiulioZu, 27 de agosto de 2005.

«Bilingualism», foto de GiulioZu, 27 de agosto de 2005.

En el guión original, al contrario de lo que explica la Ministra (regional, autonómica: sailburua) en ese mismo guión no tridimensional, si uno va a los tribunales con este guión que les propongo yo, pierde. Y pierde en igualdad de sinrazones, sea el desatino de naturaleza euskaldún o hispanófona. Y pierde por una evidencia tan constitucional como descabellada:

Artículo 3.1 del Título preliminar de la Constitución española de 1978:

El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

Que contradice en letra y espíritu al siguiente artículo (3.2):

Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

Y que se despiporra a mandíbula batiente del siguiente (3.3):

La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

aunque continúa una tradición tan antigua como, al parecer, cívica:

El castellano es el idioma oficial de la República.

Todo español tiene obligación de saberlo y derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones.

Salvo lo que se disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.

Constitución de la Segunda República Española, aprobada el 9 de diciembre de 1931, artículo 4.

Para buscar bilingüismo institucionalmente protegido por las Administraciones españolas de forma activa hay que irse… a Estados Unidos.

«Welsh / English Bilingual sign», foto de Humain, 2 de abril de 2006.

«Welsh / English Bilingual sign», foto de Humain, 2 de abril de 2006.

[En la misma serie.]

Pues no recuerdo ahora mismo con qué mapas dan el tiempo en las televisiones israelíes o palestinas: me supongo que con el de siempre (versión neohebrea, versión arábiga).

Ahora, algo más me conozco cómo dan el tiempo los mapas mediáticos de esta península mía extremo-meditérranea. Cataluña, si no recuerdo mal, llega a Fraga pero no a Zaragoza; Valencia (en sentido laxo) abarca Elche y Castellón pero no Cuenca, Cartagena o Calaceite (un suponer). Sin embargo, Madrid llega hasta lo menos León (si no más ya) en dirección al norte; hasta Albacete (poco faltará para Gandía) en dirección sur, sureste. No recuerdo Andalucía pero diría que no se inmiscuye en el Algarve ni más allá de Chafarinas (aunque las teles marroquíes, si no voy errado – que puede que sí – si se lancen a la fantasía territorial de las Canarias, Ceuta, Melilla, Perejil/Layla/Maadnús y, a poco que uno lo mire con objetividad, de la Acequia Roja y el Río de Oro).

En fin: nacionalismo banal, el hijueputa siempre es el otro, la viga de cemento armado en el ojo propio siempre más ligera y grácil que la reprensible pajilla en el ojo ajeno, etc. Nada que vaya a alterar el ánimo más que habituado, «de Algeciras a Estambul», ya se sabe, que cantaba Serrat.

Una forma clásica de ponerse el mundo por montera es dibujar, colocar o exhibir un mapa. Gran impostura, los mapamundis europeos colocan al Viejo Continente en el centro del globo; los australianos ponen a los mares del sur en el foco. Nosotros, lo único importante, que decía el Fraga de camisa azul.

Cuán diferente actitud respecto a la de los miniaturistas de los primeros cartulanos, que acompañaban el descubrimiento y exploración de nuevos mundos. Aquellos predecesores pugnaban por abarcar lo nuevo. Sus sucesores hicieron de la cartografía coartada nacional. Hasta el paroxismo identitario, que aprovecha incluso el granizo para construir la nación.

A los añejos mapas de España prescindiendo de Portugal de la era del caudillo le sucedieron otros en que la lluvia se detenía en los confines políticos de la autonomía.

La impostura oportunista del nacionalismo periférico, gemelo del casticista, prescindía alegremente del interés viajero de su clientela y sus necesidades de preparar paraguas o sombrero. Importaba el tiempo en Mondragón, para nada en París, aunque esta ciudad fuera más frecuentada por los vascos que el caserío vecino.

La ETB del nuevo lehendakari de la Euskadi en vías de mayor normalización ha corregido ya ese dislate. Ofrece mapas meteorológicos con menos frontera política y más área de influencia calculada por la afluencia turística. Parece predicar que si el País Vasco es importante y atractivo no lo será por el protocolo cartulano, sino porque la ciudadanía vasca sea atractiva e importante.

Sufridos habitantes de otras autonomías, como la catalana, agradecerían la importación de ese modelo, que evita confundir la patria con el chubasquero: tanto mapa en TV-3 con Maó y Alacant y Andorra para consumo de ensoñadores. Cuán poca previsión del tiempo futuro en Sevilla, destino más frecuente para el barcelonés medio que Borriana.

Lo que vale para catalanes también vale para madrileños clientes de Telemadrid, ridículamente sobreinformados de los avatares climáticos en su Comunidad y lejanos, al escurialense modo, a los del ancho mundo. Usuarios, no patriotas.

«Usuarios, no patriotas», El País, 1 de julio de 2009.

Mapa del tiempo en El País (vía Quim Roig, vía Miquel Boronat previamente):

Tiempo nacional

[En la misma serie.]

I:

En L’Écritoire de la plaza de la Sorbona, al salir de clase, con todos incluidos J. y J.-M. El año pasado, por tanto. Ya hacía, con la intrépida alternancia de días de buen y mal tiempo de París a partir de abril, un mediodía de primavera.
La conversación acaba en Gerona, sobre el viaje inminente, sobre el acceso a los archivos, sobre la lengua catalana, visto mi papel inesperado de catalan en charge, al que me resigno desde hace tiempo curioso y atento. J.-M. habla de una reunión patrocinada (que en lengua vulgar quiere decir pagada) por el Institut d’Estudis Catalans en Barcelona, hacía algún tiempo, sobre la especialidad de la que imparte docencia en la Sorbona: una de las lenguas clásicas. Le sorprendió la extravagancia intelectual de que algunos colegas catalanes se empeñasen en ofrecer sus ponencias en catalán (a un ameno círculo de lingüistas, como eran los reunidos). Yo me extraño de su extrañeza. Él acaba por replicar, con media sonrisa sorboniana, «Pero, ¿qué es lo que la Humanidad debe al fin y al cabo al catalán desde hace setecientos años?». Setecientos años porque había tenido la bondad de salvarme a Raimundo Lulio. Animado por la anécdota de la hospitalidad que le dispensaron las autoridades académicas catalanas, comparto con él una pequeña parte del patrimonio paremiológico catalán: ser cornut i pagar el beure, lo que en mi castellano de cuna nada remilgada se expresa por ser puta y poner la cama. Entonces calibré lo atinado de una sospecha: ‘Humanidad’, en francés intelectual, no es más que un sinónimo de ‘Francia’. Reformulando el lema baha’í: «el mundo debe ser un solo país, Francia, y la Humanidad, sus admiradores agradecidos». Que yo sepa, J.-M. no dice nada de que otros colegas empleen la lengua inglesa en sus ponencias. No sería la primera vez, sin embargo, que oigo alguna queja de la extravagancia de empeñarse en seguir utilizando el francés en las reuniones científicas.

II:

Comment expliquez-vous son acquiescement au préjugé antisémite ?

À l’origine de son antisémitisme, je vois d’abord la mégalomanie du citoyen d’une petite nation, qui se dit : « Nous ne sommes rien et nous allons être tout. Nous allons faire parler de nous à n’importe quel prix. » Sans doute la mégalomanie d’une petite nation reléguée dans la banlieue de l’Histoire nourrit-elle une jalousie à l’égard des Juifs, petit peuple placé en pleine lumière. On sent cette jalousie à l’œuvre. Pour autant, bien que Cioran soit alors sympathisant de cette organisation monstrueuse qu’est la Garde de fer, il a une divergence fondamentale avec les légionnaires : il n’impute pas le marasme roumain aux Juifs. Il ne cède pas à la facilité de la paranoïa. C’est un élément très important pour le comprendre. Certains l’accusent pourtant de n’avoir pas changé après guerre. Il serait resté obsédé par les Juifs et se serait contenté d’inverser les signes en passant du négatif au positif. Cette inversion elle-même témoignerait de la survivance de son hostilité fondamentale. Je pense que ce n’est pas vrai. Je pense qu’il y avait dans cette fascination pour les Juifs quelque chose qui pouvait préparer Cioran à rendre hommage aux Juifs. C’est la persistance du nom juif qui nourrira sa fascination. Il dira : « Les Juifs ne sont pas un peuple mais un destin. »

[¿Cómo se explica usted su aquiescencia del prejuicio antisemita [de Cioran]?

Veo en el origen de su antisemitismo la megalomanía del ciudadano de una nación pequeña, que se dice a sí mismo: «No somos nada y vamos a serlo todo. Lograremos que hablen de nosotros a cualquier precio.» Sin duda, la megalomanía de una nación pequeña relegada al suburbio de la Historia nutre una envidia a los judíos, pequeño pueblo que al que iluminan los focos. Esta envidia se nota en su obra. Sin embargo, aunque Cioran fuera entonces simpatizante de esa organización monstruosa que fue la Guardia de Hierro, hay una divergencia fundamental con los legionarios: no achaca el marasmo rumano a los judíos. Hay quien lo acusa de no haber cambiado tras la guerra, de seguir obsesionado por los judíos, limitándose a invertir los signos, pasando de lo negativo a lo positivo. Esta inversión daría testimonio de que su hostilidad fundamental habría sobrevivido. Me parece que no es verdad. Creo que, en esa fascinación por los judíos, existía algo que aprestaba a que Cioran rindiese homenaje a los judíos. La persistencia del nombre judío alimentaría su fascinación. Dirá: «los judíos no son un pueblo sino un destino».]

Paris during the occupation 9

Contrairement aux accusateurs de Cioran, vous croyez à sa conversion sincère et profonde. Comment expliquez-vous ce mouvement ?

Cioran s’est arraché de la tentation totalitaire en devenant un écrivain de langue française et en s’inscrivant en plein XXe siècle dans la lignée des moralistes classiques. Les moralistes ne sont pas des gens qui font la morale, ce sont des gens qui divulguent une vérité douloureuse. Il rejoint leur camp dès 1941, à travers le texte charnière intitulé Sur la France, qu’on découvre également. C’est un livre écrit en roumain, mais le style est déjà français, on le voit merveilleusement dans la traduction d’Alain Paruit. Au fond, la réponse des moralistes, c’est la réponse de ceux qui ne sont pas dupes de Rousseau. D’un côté, il y a l’idée d’établir un régime sans mal en trouvant une solution politique au problème humain. Et de l’autre, une lucidité inquiète qui nous vaccine contre cette tentation. Le désespoir de Cioran ne le conduit d’ailleurs pas nécessairement à une vision noire de la nature humaine. J’ai relevé un passage extraordinaire dans ses Cahiers : « Haine et événement sont synonymes. Là où il y a haine, quelque chose se passe. La bonté au contraire est statique. Elle conserve, elle arrête, elle manque de vertu historique, elle freine tout dynamisme. La bonté n’est pas complice du temps alors que la haine en est l’essence. » On n’imagine pas Cioran faire cet éloge de la bonté. Et pourtant. Lorsque s’évanouit l’idée d’établir un régime sans mal, reste ce que Vassili Grossman appelle la petite bonté, la bonté sans régime.

[Frente a quienes acusan a Cioran, usted cree que la conversión fue sincera y profunda. ¿Cómo explica usted tal transformación?

Cioran se ha arrancado la tentación totalitaria al convertirse en un escritor de lengua francesa y al inscribirse, en pleno siglo xx, en la estirpe de los moralistas clásicos. Los moralistas no son gentes que sermoneen, sino gentes que divulgan una verdad dolorosa. Es un libro escrito en rumano, pero el estilo ya es francés, como se ve maravillosamente en la traducción de Alain Paruit. En el fondo, la respuesta de los moralistas es la de quienes no se han dejado embaucar por Rousseau. Por una parte, está la idea de fundar un régimen sin mal, encontrando una solución política al problema humano. Por otra, hay una lucidez inquietante que nos vacuna contra tal tentación. He extraído un pasaje extraordinario en sus Cuadernos: «Odio y acontecimiento son sinónimos. Donde existe el odio, algo ocurre. La bondad, sin embargo, es estática. Conserva, detiene, le falta virtud histórica, frena cualquier dinanismo. La bondad no es cómplice del tiempo, mientras que el odio es su esencia.» No hubiéramos podido imaginar que Cioran hiciese este elogio de la bondad. Pero ahí está. Cuando desaparece la idea de fundar un régimen sin mal, queda lo que Vassili Grossman llamó la pequeña bondad, la bondad sin régimen».]

Sébastien Lapaque entrevista a Alain Finkielkraut sobre la publicación de Transfiguration de la Roumanie (Schimbarea la faţă a României, 1936; texto en rumano en un sitio de extrema derecha rumano) y De la France de Emil Cioran. Le Figaro.fr—Livres, 2 de abril de 2009. Vía el blog de Juan Pedro Quiñonero.

III:

«Cioran s’est arraché de la tentation totalitaire en devenant un écrivain de langue française».

Una pena que la evidencia impida creer en la transmisión de la moral por vía meramente lingüística.

IV:

Contra tanta tontería, conviene la profilaxis. Tanto más cuando uno está rodeado de lengua francesa y de tonterías consecuentes. Os invito, pues, a escuchar media horita de Jacqueline de Romilly sobre Tucídides, la verdad histórica, la crítica del imperialismo ateniense del siglo v antes de la era común y la decencia inherente a algunos sabios y no a algunas lenguas, puras emulsiones abstractas del espíritu desprovistas de sentimientos, capacidad de decisión moral o necesidad de defecar, entre otras funciones éticas o naturales que sí poseemos los seres humanos. A vos souhaits

(Echadle un poco de paciencia antes de que se cargue el fichero de audio).

«Paris during the occupation 9», foto de juffrouwjo, 3 de julio de 2008 (con un comentario relevante sobre la polémica entorno a la exposición de la que formó parte la foto).

[Anterior entrega de Solipsismos imperiales.]

Leo, por fin, El nacionalismo lingüístico: una ideología destructiva, de José Carlos Moreno Cabrera, publicado en 2008, en Barcelona, por Península. De momento está resultando una lectura tan nutricia como la suponía. Sospechaba que me iba a encontrar a un viejo conocido y no me falla. Aquí está, en una cita particularmente jugosa:

Que si no hubieran ido desapareciendo lenguas en el transcurso de la historia, porque en sus hablantes triunfó la fuerza de intercambio sobre el espíritu de campanario, no habríamos alcanzado el nivel de civilización en que nos hallamos y sólo existirían lenguas mínimas, lenguas de tribu o incluso simplemente familiares. Recordé que, a pesar de todo, existían aún hoy en el mundo cuatro o cinco mil lenguas, pero que la mitad de ellas, al menos, las hablaba menos gente de la que estaba presente en el teatro, y la mitad de esa mitad eran lenguas tan minúsculas que no contaban con más hablantes de los que pudieran caber sobradamente en un palco. Que muchas de esas lenguas minúsculas se van extinguiendo es evidente, pero no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro. Añado ahora que una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona.

Gregorio Salvador, «Lenguas minúsculas», diario ABC del 19 de enero de 2005.

Antiguamente, Gregorio Salvador, que nunca ha dejado de ser fiel a su soberbia, alumna aventajada de la escuela más decrépita, aunque dañina, de nuestra lingüística nacional, cofrade de la corporación que tiene el caserón de la calle madrileña de Felipe IV por casino de provincias para sus sesiones de brisca de los jueves, hubiera conseguido amargarme el día. Luego, en otra etapa vital, enfurecerme. Ahora ya le oigo -le leo- como quien oye llover (lluvia ácida). Ahora, sencillamente, con bastantes trienios de curiosidad y de investigación por los casos y las cosas lingüísticas a mis espalda, en base a mi formación de lingüística y a nivel de mi perfecta competencia de hablante indígena del español, afirmo que, en el caso de Gregorio Salvador, como en el de tantos otros que he vuelto a reencontrar infelizmente en mi retorno a mi patria chica («fui sobre agua edificada; mis muros de fuego son»), hay que decirlo más. Sencillamente, mucho más.

Coda:

A continuación se pregunta el eximio lingüista [Manuel Alvar] si el andaluz es una lengua o no. La contestación a esa pregunta es un rotundo no. De hecho, el andaluz es «es un caos en efervescencia, que no ha logrado establecer la reordenación del sistema roto». Es decir, según esto,  hay cientos de miles de personas que no hablan una lengua, sino que logran entenderse milagrosamente mediante un caos lingüístico y, además, lo peor de todo es que este caos afecta incluso a las personas cultas.

José Carlos Moreno Cabrera, El nacionalismo lingüístico: una ideología destructiva, Barcelona, Península, 2008, pág. 99.

[Actualización: Solipsismos imperiales, segunda entrega]

Desde que Vicent sacó el tema, he querido ver las pruebas con estos ojitos que se han de comer los gusanos. Cuando hoy me he topado con el volumen, me he dejado llevar:

CARRASCO: Due domande: […] Una domanda: come è possibile che la lingua dell’imperio spagnolo è proibita in un convegno come quello di Prato? Non lo capisco.

«La fiscalità nell’economia europea secc. xiii-xviii / Fiscal systems in the European economy from the 13th to the 18th centuries», Atti della “Trentanovesima Settimana di Studi”, S. Cavaciocchi (ed.), Fondazione Istituto Internazionale di Storia Economica «F. Datini», Prato: Firenze University Press, 2008, vol. i, pág. 196.

Teniendo en cuenta que en los dos gruesos volúmenes de las actas, he contado seis ponencias dadas (o publicadas, al menos: uerba uolant) en la lengua a la que hemos de suponer que se refiere Juan Carrasco Pérez, y que Carlos V, aunque a los obispos que le tocaban sus imperiales glándulas les hablara en español o castellano, crió a su hijo Felipe II en portugués, cuya aya, de la familia Requeséns, lo cuenta en unas interesantísimas cartas escritas desde la corte en un sabroso catalán familiar del siglo xvi; se escribía con toda Europa en francés; dejaba inscripciones por todos lados en latín; remitía correspondencia diplomática en italiano; y tenía cierto regusto infantil por el flamenco de su Gante natal y sus primeros años; creo que lo de la lingua dell’imperio spagnolo es, o pura ignorancia, o pura soberbia. Y ninguna de ambas circunstancias es digna del debate académico. O eso o es que para él, el imperio español es el decadente autismo de la corte de Carlos II. O el gabachismo institucionalizado de Felipe V y los Bourbons, de tan grata memoria para todo el levante peninsular, del Moncayo a la Barceloneta y del Canigó a Guardamar del Segura. En este caso, sí, el único momento en que el español o castellano fue lengua de un imperio español fue con el imperio borbónico. Pero eso, ¿a qué viene en un congreso medieval?