Desplazado por un tiempo a los confines del norte (no tanto tan al norte como nos hubiera gustado, pero hay imponderables volcánicos que las razones aeroportuarias no entienden), me atraen con buenas artes a una exposición, de esas que algunos llamarían «magnas», en el Louvre: «Santa Rusia: el arte ruso de los orígenes a Pedro ‘El Grande’». Me llaman la atención varias cosas: que la escritura de una carta solicitando ayuda financiera remitida por la comunidad de los judíos de Kiev a sus correligionarios de El Cairo sea de tipo paleográfico oriental, y me pregunto, sin respuesta, si alguien se ha interesado, además de Wexler, en los modos de transmisión de las disciplinas del judaísmo (la escritura del hebreo, por ejemplo) entre jazares y otros pueblos «conversos a judíos». Tiene relación, de momento en ningún otro sitio que no sea en mi cabeza, con una obviedad que me hizo ver el otro día Judith: que probablemente Alfonso había aprendido a escribir en hebreo con los géneros que llaman los modernos cursivo y semicursivo y en el tipo sefar[a]dí (y en casa, añado yo: con su padre «Juan», quizá), pero que a hacer letras cuadradas lo mismo se había «aprendido» él solo. Y al hilo de los trabajos de Maria Luisa Agati (Giovanni Onorio da Maglie copista greco (1534-1563), Supplemento XX al «Bollettino dei Classici Lincei», Roma, 2001) y Giuseppe De Gregorio (Il copista greco Manouel Malaxos. Studio biografico e paleografico-codicologico, La littera antiqua, vol. viii, Ciudad del Vaticano, Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivística, 1991) me preguntó si no habría aprendido a escribir «cuadradas» ‘tipográficas’, en los libros.

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Me llega el último número (doble) de la Gazette du livre médiéval, que hace el quincuagésimo segundo-quincuagésimo tercero, correspondiente a la primavera y el otoño de 2008. Como siempre, viene cargada de saberes y de curiosidades, aderezados de noticias, hallazgos, convocatorias y también necrológicas que nos recuerdan la necesidad de no dejarse embebecer por la vanidad de vanidades que serpentea por las regalías de las jerarquías profesionales y académicas.

No oculto que a la Gazette le tengo un aprecio de alguna manera especial. Siempre me ha parecido que, modesta, pequeña y relativamente concisa como es, cumple a la perfección los objetivos por los que se creó: dar voz y forma de animado y civilizado foro periódico a la profesión a veces innombrada, otras innombrable, que se complace en el estudio de los libros viejos y sus circunstancias. Por su misma combinación de modestia y eficacia, la Gazette pertenece a una estirpe que es más mía que ninguna otra: la de aquellos académicos que son conscientes de que el rigor hace lo esencial de nuestra profesión; de que la creatividad debe aliarse para ser verdadera con cierta modestia; de que el espíritu cívico es la única criatura paranormal que debe prohijar nuestros afanes; de que las cuentas claras son el principio de las ideas claras, más si es el caso de de que nuestras cuentas se nutren del erario público. En suma, de que, científicos como parece que somos, nos debemos a nuestro público: a lo público.

Entre las páginas 1 y 15, D. Durkin Meisterernst (Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften) me revela la existencia de una tradición literaria, paleográfica y religiosa casi perfectamente desconocida para mí: los maniqueos del Asia Central:

The Manichaean materials consists mostly of leaves from codices, some scrolls (not touched upon here), loose sheets of paper (practice pages, lists, tables) and letters. However, none of the collections contains whole books; with one exception, all of the material consists of leaves or parts of leaves that clearly have been deliberately torn from the quires and the books they once belonged to.

Mark Clarke (Universiteit van Amsterdam y Clericus), en las páginas que van de la 16 a la 24, «Book satchels in Early Mediaeval British Isles», habla de unos artefactos casi desconocidos para mí e interesantísimos, que alían las prácticas antropológicas y mágicas del objeto libro de la Irlanda altomedieval con la Etiopía actual:

This article considers humble book containers: satchels or «budgets», designed for carrying books while travelling, for enabling texts to be worn as amulets, and for convenient book storage.

El respetado especialista J. Peter Gumbert, retirado de la Universidad de Leiden, describe la cuestión primera y fundamental de lo que llamamos en español pautado y en inglés, usualmente, ruling (que corresponde a la réglure francesa): «Old and new style terminology, and ruling systems and methods» (págs. 25-33):

One should distinguish four aspects (following the inspiration provided by the work of Greek codicologists) […] technique, […] pattern and type, […] system, […] method. […] The first three of these can be observed; the method can only be deduced.

El artículo de Åslaug Ommundsen (Senter for middelalderstudier, Universitet i Bergen), titulado «From books to bindings-and back: medieval manuscript fragments in Norway» (págs. 34-44), me hace sonreír por razones estrictamente personales y noruegófilas, no por el destino que describe de los manuscritos oriundos de Noruega, que sería trágico si los libros fueran personas (que no lo son):

The books and book collection of medieval Norway have met a cruel fate. Ninety percent of those books are lost without a trace. […] An estimate is ten to twelve Latin codices, and fifty or so codices in Old Norwegian […].

Este artículo es relevante por varias razones: en el ámbito de la codicología hebrea, una de las iniciativas más relevantes para el futuro inmediato es el proyecto de la Genizah Europea, la recuperación, clasificación y estudio de los fragmentos de libros escritos en letras hebreas que fueron reutilizados como tapas y cubiertas de libros más modernos. Antes de que alguien se ponga a vociferar «¡Antisemitas! ¡Antisemitas!», le digo lo que dicen que decía el rey Alfonso «El Magnánimo» de Aragón (aunque quizá más bien de Nápoles): «vayte, vayte a estudiar». Y luego, vuelves.

Outi Merisalo, del Jyväskylän Yliopisto (Finlandia -obviamente, me atrevería a decir-) habla de algo muy en boga en las pasarelas primavera-verano 2010 de los codicólogos y gentes del mundillo: «Les voies de diffusion des textes médicaux au Moyen Âge: l’exemple du De spermate pseudo-galénien, xiie-xve siècle» (págs. 45-50):

La renaissance galénienne dans les universités européennes de la fin du xiiie siècle et du début du xive siècle (Bologne, Padoue, Montpellier, Paris et autres), rendue possible par les traductions et compilations des siècles précédents, contribue à multiplier les copies des textes non seulement centraux du cursus médical, connus sous le titre collectif d’Articella […] mais aussi plus périphériques. Parmi ces derniers, le De spermate.

Y sí: el libro en cuestión habla de lo que parece que habla.

Marc H. Smith, de la École Nationale des Chartes de París, habla en su artículo «Du manuscrit à la typographie numérique: présent et avenir des écritures anciennes» (págs. 51-78), con bastante gracejo en mi opinión, de un aspecto tan curioso como revelador de la relación de la sociedad actual con las modificaciones del alfabeto latino. Sí, me entienden perfectamente aunque no se lo crean: son esos revivals de letras, algunas dizque inspiradas en los antiguos estilos caligráficos, que desembocan en un resultado tipográfico no por más anacrónico, menos interesante:

Si l’histoire de l’écriture latine est riche en renaissances et résurgences, au xxe siècle plus que jamais l’invention graphique s’est nourrie de formes et d’idées puisées dans le passé, réinterprétées, adaptées au goût et aux conditions techniques du jour. Les filiations graphiques du manuscrit ancien à l’imprimé contemporain méritent d’être évoquées pour plusieurs raisons. Elles traduisent – et redéfinissent sans cesse – ce que le présent voit ou croit voir dans les écritures du passé.

En el apartado «Notes et discussions», completan este número doble de la Gazette los siguientes artículos: «Un instrument de réglure inattendu: la règle» (págs. 79-85) de Denis Muzerelle (Institut de Recherche et d’Histoire des Textes, París); «Descrivere ed identificare (un testo medievale)» (págs. 85-90) de Giovanna Murano (Università di Siena, sede di Arezzo), que a mí me parece tan solo un simpático canto a lo obvio, pero que debe de contener novedades de algún género cuya naturaleza exacta escapa a mis cortas luces; «Eine Quellensammlung zum mittelalterlichen Schrift- und Buchwesen» (págs. 91-95) de Martin Steinmann (retirado de la Universitätsbibliothek Basel); «Online-Katalogisierung mittelalterlicher Handschriften in der Schweiz» (págs. 95-98) de Rudolf Gamper (Vadianische Sammlung, Sankt Gallen), concluye esta sección de interesantes reflexiones no siempre puramente concisas, y da paso a una descripción de proyectos e investigaciones en curso (págs. 99-104); en las páginas 104 y 105 se da noticia de digitalizaciones en curso; entre la 105 y la 107 se da la referencia de recursos en internet; de la 107 a la 129, se da la noticia de diferentes congresos internacionales; de la 129 a la 138, jornadas, seminarios y conferencias y en la misma página 138, cinco noticias de cursos de formación; de la 139 a la 140, noticias de asociaciones científicas (vamos, o eso dicen que son); de la 141 a la 142, noticias de bibliotecas, materia prima de la que están hechos los sueños (húmedos) de un codicólogo; entre la 142 y la 145, exposiciones; y, por fin, de la 146 y la 147, noticias de revistas y colecciones. Concluyen este número las referencias de publicaciones recientes (págs. 148 a 174) y las dos necrológicas de los recientemente fallecidos Pierre Cockshaw (1938-2008) y Manuel C. Díaz y Díaz (1924-2008), reputado especialista este último en los manuscritos visigóticos y medievales cristianos de la Península Ibérica.

Y colorín, colorado, esta gaceta se ha acabado.

Tive a sorte de poder contar com a amizade de um excelente codicólogo, Jesús de Prado Plumed, que me ajudou em diversas dificuldades, me ciceroneou na Bibliothèque Nationale de France, traduziu-me ou revisou-me documentos, indicou-me textos, esclareceu-me dúvidas, além receber-se em sua casa quando estive estudando o manuscrito em Paris. Considero Jesús meu terceiro orientador, pois sem ele o trabalho teria sido muito mais difícil e penoso.

Gláucia Cristiani Montoro, Memórias fragmentadas: novos aportes à história de confecção e formação do Códice Telleriano Remensis. Estudo codicológico, tesis doctoral inédita, codirigida por Leandro Karnal y Juan José Batalla Rosado, Departamento de História, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas (IFCH), Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP), Brasil, enero de 2008, pág. xvi.

Yo bien sé que disto mucho de ser un excelente codicólogo. Ni a uno mediano llego. Pero al menos tengo excelentes amigos: para dejar en herencia substancia a los que me aman y llenarles sus arcas (Proverbios, viii:21).

נתן ליעף כח ולאין אונים עצמה ירבה (ישעיה, מ’, כ”ט)

benedictus dans lasso virtute[m] et cui non sunt vires robore multiplicabit (Paris, BNF, hébr. 1229, f. 247v, colophon)

יהיב לצדיקיא דמשלהן לפתגמי אוריתיה חכמא ולדלית ולית להון תקוף נכסין מסגי (תרגום לישעיה)

Is XL, 29

Qui dat lasso virtutem et his qui non sunt fortitudinem et robur multiplicat (Vulgata)

Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas (Reina Valera, 1909)

Er gibt dem Müden Kraft und Stärke genug dem Unvermögenden. (Luther)

He gives strength to the weary, Fresh vigor to the spent. (JPS)

Il donne la force à celui qui est fatigué, à celui qui est sans vigueur il prodigue le réconfort. (Bible de Jérusalem)
Pero, ¿y el ברוך?

המלה ”ברוך” היא תוספת המעתיקים. הראב”ע חוזר על הסברו זה בפרושו לפסוק ”ברוך ה’ לעולם אמן ואמן” תהלים פט, נג, ומוסיף : ”וחכם גדול ספרדי (ריה”ל) אומר כי הסופר שכתב זה הספר תחלה כתב בסוף הספר ברוך השם שעזרתנו לכתבו כולו כדך הסופרים בדורינו לכתוב באחרונה ”ברוך הנותן ליעף כח”.

לקוח מתוך הקולופון בכתבי-יד עבריים מימי הביניים כמקור היסטורי, דיסרטציה לשם קבלת תואר דוקטור, שלא נתפרסמה, האוניברסיטה העברית, שבט תשנ”ה, ינואר 1995, עמ’ 293, הערה 20, הקשורה לעמ’ 29.

”ברוך – הטעם שראה המשורר ברוח הקדש ביאת המשיח על כן נתן תודות לשם ויש אומרים כדרך איוב כי המשכיל יברך השם אע”פ שהאויב יחרפהו יסבול חרפתו, וחכם גדול ספרדי אומר כי הסופר שכתב זה הספר תחלה כתב בסוף הספר ברוך השם שעזרנו לכתבו כולו כדרך הסופרים בדורינו לכתוב באחרונה ברוך נותן ליעף כח”

(אבן עזרא תהלים, פט, נג).

¿Y dónde escribe esto Yehuda ha-Levi?

Béni soit celui qui donne la force à celui qui est fatigué et augmente le courage de celui qui n’a plus d’énergie“. Cette bénédiction, tirée de la prière du matin, est la seule allusion à la fatigue de la copie. On ne trouve pas dans les manuscrits hébreux les plaintes et les récriminations si communes dans les manuscrits latins médiévaux : “trois doigts travaillent mais le corps tout entier est rompu !”, ou : “ce travail brise la nuque et tous les os”.

[A partir de aquí, la autora deja libre juego al curso de su imaginación, tal vez no al de la serendipia, en cualquier caso, al prejuicio.]

La copie était aussi fatigante pour le scribe hébreu que pour le moine chrétien, mais elle était compensée par la considération accordée au travil du scribe. Dans la tradition juive, l’acte physique d’inscription du texte était accompagné de respect et d’admiration. Babyloniens, Egyptiens Hébreux étaient des peuples dont la culture s’était élaborée dans un contexte d’écrit : l’écriture était digne des dieux et, pour les Juifs, de Dieu qui écrivit “de son doigt” les Tables de la Loi.

Pour les Grecs comme pour les Romains, dont la culture se forma avant la réception de l’écriture, le geste corporel de la copie était – contrairement au discours – un travail servile, et exténuant. Le christianisme eut bien du mal à se libérer de ce mépris et tenta de réhabiliter le geste du scribe. Cependant, les conditions sociales n’étaient guère favorables. Travaillant dans des scriptoria, les ateliers monastiques, les scribes chrétiens ressentaient souvent la difficulté du travail plus que la joie de l’accomplissement d’une action pieuse et la fierté de faire œuvre belle. Lorsque les scribes latins furent des laïcs et gagnèrent leur vie par l’écriture, les plaintes se firent bien plus rares.

Dans les milieux juifs, les conditions sociales étaient très différentes. Tout d’abord, beaucoup de gens copiaient des livres pour leur usage personnel. Ensuite, il y eut pu de scribes professionnels au sens exclusif du terme ; la copie était, le plus souvent, une activité venant compléter le salaire de maître d’école, de chantre, de juge.

Colette Sirat, ch. ix («Le scribe commence et finit son œuvre», premier apartado: «Les eulogies»), Du scribe au livre, París, 1994, primera edición, págs. 175-176. Nótese:

L’édition française est différente du livre hébreu : plusieurs chapitres (sur la Bible, les textes, la vie et la mort des manuscrits) ont été ajoutés. En revanche, c’est dans l’ouvrage hébreu que l’étudiant pourra s’initier vraiment à la lecture des manuscrits : il y trouvera la reproduction de trente folios de manuscrits avec leur transcription complète.

Primera reflexión: cliché no podía ser otra cosa que un galicismo. Segunda reflexión: hay que leer más a Agnón, como nos enseñaba Risa, ז”ל.