Para N., N. y F., en su país de Italia.

«Ieri sera, uscendo per una passeggiata, ho visto nella crepa di un muro una lucciola.»
Ayer por la tarde, cuando salí a dar un paseo, he visto una luciérnaga en la grieta de una tapia.
Leonardo Sciascia, L’affaire Moro (1978).

«Fabrizio Clerici, 'Autorittrato, 1945», foto de Aron Mendez, 19 de julio de 2009.

«Fabrizio Clerici, 'Autorittrato, 1945», foto de Aron Mendez, 19 de julio de 2009.

Con cierta regularidad, la ciudadanía debe ponerse a recorrer la propia ciudad de la manera más efectiva: perdiéndose. Deberá abstraerse del cambio de línea por estar leyendo un libro (un libro del revés, que empieza en la derecha y acaba en la izquierda o quizá que cuenta primero el futuro para rematar su argumento en el pasado) y tener que bajarse a las voleras en San Bernardo (cuando tenía que haber hecho trasbordo en Ópera, aunque no sabe muy bien por qué, ahora que cae en la cuenta). Allegarse hasta Alonso Martínez con la justificada sospecha de que no podrá estar a la hora en Ciudad Lineal para seguir a Canillejas (y se equivoca: vuela, a veces vuela) y, con las panorámicas de la eterna obra incivil que es esta ciudad más suya que ninguna, intentar adivinar dónde recala el autobús que le llevará a un Barajas donde, por primera vez, llegará para no irse. Aprendido el autobús a Canillejas, volverá cumplida la despedida aeroportuaria para ver si es verdad que desde esa zona de guerra (la decencia cívica contra la alegría presupuestaria de todas nuestras administraciones –crimen de leso erario público–; por ejemplo, he ahí una buena guerra) hay algún autobús que sea artífice de la prístina transformación que busca: transformar la ignorancia de la propia ciudad (tan ancha y tan ajena como un mundo cualquiera) en un reconocimiento que, sin hacernos mejores, nos haga más ciertos. Y lo encontrará. El autobús, no necesariamente el reconocimiento. De Canillejas, pues, adonde la calle de Alcalá se confunde casi con el extraradio. Un paso fugaz por el Invernadero de las Ciencias sito en Albasanz de donde se cobra un buen botín: Les Traditions de l’hébreu des communautes juives du sud-ouest de la France –tomo primero–, realmente en hebreo israelí pero al gálico modo van más rápidos los dedos dactilógrafos; L’Hébreu au temps de la Renaissance –viejo conocido; tomo políglota con cierta mayoría francófona–; Hebrew through the Ages: In memory of Shoshanna Bahat, de estricta observancia israelófona que los autores llamarían seguramente hebreófona.

Marcha (otro autobús, hasta el Retiro) para desenvolver toda una aventura tan cívica como literaria. En una ciudad no tan lejana, se hacen en cierta librería unos paquetes tan dignos de elogio (con modesto papel de color acartonado y mucha maña) que no merecen otra cosa que ser fotografiados. Se le ocurre fugazmente, no siendo él fotógrafo (el ciudadano correcaminos no sabe muy bien lo que es: por eso pregunta, inquiere, barrunta, solicita –como el amor a la palma–, no tanto por saber lo que él sea sino porque lo que sí sabe es que son los demás, cuáles sus destrezas, cuántas –innúmeras– sus cortesías); no siendo él fotógrafo (decíamos) se le ocurre cómo sería fotografiar al fotógrafo. ¿Se parecerá acaso a escribir al escriba? Pide que le fotografíen el libro envuelto con tanto brío de mano experta como enviado con amor cierto («distintas son las hablas y distintos los hombres, &c.»). A la fotografía (que ya llegará: la vida apremia y las facturas la persiguen; eso tiene la independencia: siempre se paga. A primeros de mes, concretamente); a la fotografía (decíamos) no le falta menos amor que al envío. Luego, pero será bien luego, el ciudadano que empieza a encontrarse encontrará una luciérnaga en el libro. Pero será luego.
Ahora recorre un par de calles: le verías bajar entre señoras, señoronas, señoritas. Carne del Hernani que hace esquina no muy lejos. Al final del recorrido, bifronte y anticuario, el complejo donde, de cada lado (Serrano y Recoletos) se guarda la presunta memoria de la nación: se reconstruye, se vilipendia a veces, se difumina a ciencia cierta o mentirosa. Del lado de Recoletos, en la presunta Sala Hipóstila (tantas cosas presuntas en esta casa encantada: la memoria de los libros, por ejemplo. ¿Y la memoria de los lectores?) se alinean, con pies de foto de ciencia discreta nomás, las memorias (¿la memoria?) de los judíos españoles, en este caso sin disputas teológicas, pues español es todo aquel que vive y trabaja en España (y si no lo es debería serlo) y los que salen en las fotos son esos españoles de confesión judía (pues así se confiesan en estas fotos, cuya razón de estar juntas es precisamente el judaísmo de sus protagonistas). Es una formación profesional y muy personal. El ciudadano, que se pensaba a punto de encontrarse, casi vuelve a perderse.

Es una foto fechada con imprecisión impropia en 1950 y ubicada, con la misma imprecisión, en el Larache aún protegido por España. El aula es «moderna» (supone el ciudadano que esa sería la forma de describirla en su momento). Todos los presentes, posibles docentes, seguros discentes, todos con blusón de escolar de la época (ventanas amplias y luminosas a la derecha de la composición) estarían dando clase de hebreo. De hebreo moderno. En sus pupitres, los niños aprenderían los distintos poseedores de una pera (quizá la forma del posesivo; quizá los tiempos del imperativo de «decir» con partículas ya entonces arcaicas de cortesía verbal). Cree el ciudano que ve, en los protagonistas de la historieta en esa pizarra, quizá de la Escuela «Yehuda Haleví» del Larache de los años 50, época aún del Protectorado Español, sombreros Témbel pero seguro que es pura formación profesional (que está a dos letras tan solo de la deformación). Al lado izquierdo de la pizarra, se habla de los «pantalones»: eso y la partícula de genitivo no hace esta clase de hebreo para niños judíos del Protectorado Español una lección muy talmúdica. Encima, fácilmente reconocible, una fotografía enmarcada del dictador Franco con uniforme del ejército colonial español.
En un primer momento, se le pasa al ciudadano el detalle: no tiene costumbre de según qué aljamiados. Pero ahora sí, y lo lee:

ארריבה איספאניא
ויוה פראנקו

Con su ויוה vocalizado. Lo demás, ni falta hace: «Arriba España. Viva Franco».
No puede volverse a casa uno tranquilo.

Antonio de Nebrija, Tertia quinquagena, reimpresión de Arnaldo Guillén de Brocar, Alcalá de Henares, 1516.

Antonio de Nebrija, Tertia quinquagena, reimpresión de Arnaldo Guillén de Brocar, Alcalá de Henares, 1516.

El otro día se me ocurrió buscar una referencia. Algo muy desagradable que puede acarrear inopinadas y graves consecuencias al desustanciado doctorando que se dedica a malgastar su escaso tiempo en comprobar lo que dice en vez de escribir, sin más, lo que tiene que decir.

Era una cita de los Tertia quinquagena de Antonio de Nebrija que de vez en cuando me da por citar, y en latín, lo que da idea de mi estupidez latinesca de petimetre:

Arduum est nomina rebus et res nominibus reddere.

Como si dijéramos:

Arduo es devolver los nombres a las cosas y las cosas a los nombres.

Redondo, ¿no? Según Nebrija, es una cita del «proemio» a la Historia natural de Plinio. A mí me ha parecido un eslogan sin par de lo que significa el trabajo de historiar, aplicando «historiar» a cualquiera de las facetas de las ciencias de lo antiguo.

Como decía, esto sale en el apartado dedicado al porphyrio (§ xxxv), término de realia bíblica que el maestro Antonio identifica con el «calamón» de su patria andaluza. Como los Tertia quinquagena bien merecen una explicación de su circunstancia de redacción y de su intención antes de seguir y como Marcel Bataillon ya lo dejó explicado mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, copio el fragmento correspondiente de la competente traducción española (segunda edición, corregida y aumentada) que le hizo Antonio Alatorre a su Erasmo y España («estudios sobre la historia espiritual del siglo xvi», México, Fondo de Cultura Económica, 1966, primera edición francesa de 1937), págs. 32 y 33:

Nebrija no se había quedado mano sobre mano; lejos de ello, y en espera de tiempos mejores, había vuelto a emprender el trabajo confiscado por [el inquisidor general Diego de] Deza [1443-1523]. Ahora bien, en 1507 luce una esperanza nueva para los estudios bíblicos. Deza, comprometido por las crueldades de[l inquisidor Diego Rodríguez de] Lucero en Córdoba, se ve obligado a dimitir, y el propio Cisneros, recientemente elevado a la dignidad de cardenal, es quien le sucede como Inquisidor General. Aquel a quien Nebrija había invocado en vano como árbitro es ahora juez supremo. Entonces es cuando le dedica su «Tertia quinquagena» [(«La tercera serie de cincuenta»)], conjunto de disertaciones filológicas acerca de cincuenta pasajes de la Biblia, cuyo número ordinal (‘tertia’) era probablemente una alusión discreta al primer trabajo, confiscado por Deza, y al segundo, cuya aparición había estorbado el mismo Inquisidor.

Casi todos los términos sobre los cuales quiere Nebrija hacer brillar la luz de la filología pertenecen a lo que se podría llamar el campo de los ‘realia’ de la Biblia. Unas veces parte de una observación, certera o falsa, de un glosador como Nicolás de Lira, o de autores mucho más oscuros, como aquel Jacobus Constantinus cuya «Hecatostys» o ‘centuria’ de observaciones descubrió él mismo un día que escudriñaba, según su costumbre, los rincones de las muchas librerías de Salamanca. Otras veces acude a sus propios recuerdos: hablando del onocrótalo, afirma haber visto en dos ocasiones este pájaro, una vez de cerca en una plaza pública de Bolonia [JdPP: de Italia, no la deliciosa de Tarifa], donde se le exhibía como curiosidad, y otra, de lejos, en su Andalucía natal, a orillas del Guadiana. Su conocimiento de los naturalistas antiguos le permite distinguir dos pájaros que durante largo tiempo había confundido, e identificar el ‘porphyrio’ con el calamón de su tierra, mientras que el ‘phoenicopterus’ no es sino el flamenco, igualmente común en Andalucía. Preguntándose a qué responden, en realidad, ‘simila’ y ‘similago’, acude a los hebraizantes para saber el sentido de la voz hebrea ‘soleth’. Es la flor de harina que servía para hacer los panes de la proposición, el acemite de los andaluces, la materia prima del alcuzcuz que tanto gusta a los moriscos y negros, [§xlii: «Mauri atque Aethiopes qui apud nos degunt suum illum peculiarem cibum concinnant, quem sine honoris praefatione nominare non licet, alcuzcuz appellant»: ‘los moros y etíopes que entre nosotros residen, preparan aquella particular comida suya, que no es lícito nombrar sin un prólogo de honor, denominan alcuzcuz’], la sémola de los aragoneses [JdPP: y de los «tarraconenses» o ¿catalanes? ¿O de los «tarraconenses» romanos que luego se hicieron «aragoneses», es decir, súbditos todos del Rey de Aragón?]. Y Nebrija tiene buen cuidado de informar al lector que de las tres clases de trigo, ‘robus’, ‘silignis’ y ‘trimestre’, sólo el primero, el rubión de los españoles, se presta para tamizar la flor de harina, y especialmente en Andalucía.

¿En qué podía perjudicar a los teólogos este género de observaciones? Su único objeto era hacer que la interpretación de la Biblia se aprovechase de una ciencia que Plinio reputaba ardua, y en la cual, según el testimonio de sus compañeros, él se había hecho maestro: poner cosas para los nombres y nombres para las cosas, nada más inocente, en verdad.

Leamos hasta aquí. Ese «poner cosas para los nombres y nombres para las cosas» que le hace decir Antonio Alatorre a Marcel Bataillon es el trasunto arromanzado de la frase que Nebrija le atribuye a Plinio y que casi empezaba este apunte:

Arduum est nomina rebus et res nominibus reddere.

Solo que si uno va a la «praefatio» (no «proemium», aunque la variación sinonímica sea menor) de la Historia natural de Plinio, no encuentra esta frase por ningún lado. Y aún les diré que antaño podían darse dudas, porque había que leer las cosas para emitir un juicio, pero en esta nuestra feliz edad informática basta con un Ctrl. + F (si se usa Firefox) para asegurarse de que el feliz eslogan nebrisense no es una ocurrencia pliniana. Por no hacer falta, no hace falta ni leer. Pero no, ¡ay!, en el caso que nos ocupa.

Así que había que leer, confiando en que la solución no estaba muy lejos. Y no lo estaba: bastaba con llegar al párrafo xv de la «praefatio» de la Historia natural:

Res ardua vetustis novitatem dare, novis auctoritatem, obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem, omnibus vero naturam et naturae suae omnia. Itaque etiam non assecutis voluisse abunde pulchrum atque magnificum est.

Ardua cosa es dar condición de nuevo a lo antiguo, autoridad a lo nuevo, brillantez a lo obsoleto, luz a lo oscuro, gracia a lo repugnante, certidumbre a lo dudoso, a toda cosa una naturaleza que de verdad lo sea y a su naturaleza cada cosa. Así, llegado el caso de no conseguirlo, haberlo querido ya es de sobra hermoso y magnífico.

Pero que tengáis con qué criticarme a sabiendas y con conocimiento, esta es la traducción del mismo fragmento de Plinio que propuso el notable polígrafo Jerónimo de Huerta, publicada en 1624:

Cosa es difícil dar novedad a las cosas viejas, autoridad a las nuevas, lustre a las desusadas, luz a las escuras, gracia a las desgraciadas, y fe a las dudosas; pero más difícil es dar su naturaleza a todas las cosas, y dar a su naturaleza todas las propiedades secretas. Y assí quando esto no se pueda alcançar, o hazer, solo aver querido, es obra grandemente magnífica y bella.

Si lo de arduum est nomina rebus et res nominibus reddere era ya redondo, esto de res ardua vetustis novitatem dare &c. es ya para quitarse el sombrero (si aún lleváramos) y prorrumpir en entusiastas «¡ole, ole y ole!». Pero el caso es que, leído Plinio y entendido, sin que Antonio de Nebrija se vaya muy lejos de la intención del texto del enciclopedista romano, no cita sus palabras: las recrea.

Lo que me llamó la atención es que a nadie le hubiera llamado la atención y descubrir, por mi propia incompetencia de citador, que la competencia de los otros, antes que llevada por la curiosidad, se cimenta en el respeto de la autoridad: la de Antonio de Nebrija, en este caso. Ni Marcel Bataillon, que cita y glosa la cita sin más comentario de atribución que el Plinio que nos asegura Nebrija, ni Max Aub (o, más bien, un profesor de latín que citaba un Plinio apócrifo, leído seguramente tan solo en la recreación nebrisense), ni algún autor en los Papeles celíacos de Son Armadans, ni Américo Castro, ni Germà[n] Colon, ni Antonio Carreño, ni L. Núñez Ladevèze, que lo toma de eslogan erudito como quien toma una recreación de las que nunca han existido en el idioma original pero circulan con alegría entre los sabios. «Se non è vero, è ben trovato», como ejemplo paradigmático de las lenguas modernas.

Todos los citados han recorrido la senda que tendrían que haber recorrido de la mano de Plinio tuertos y bizcos por la autoridad intermediaria de Nebrija. Como yo mismo. Sin caer en la cuenta, ninguno de nosotros, de que el argumento de autoridad no es argumento sino simplemente autoridad y una de las pocas cosas ciertas que se puede decir de la erudición es que será subversiva o no será.

Seguramente haya desmemorias mucho más urgentes que remediar para el buen gobierno de las cosas de este mundo, como no perder los papeles de los susceptibles de ser condenados por afrentas al común consenso de la justicia y al erario de que dispone el gobernante para la promoción del bien común y la búsqueda de la felicidad:

¿Dónde están las cajas con documentación del caso Gürtel que quedaban sin desprecintar a finales de julio y que debían remitirse de Madrid a Valencia, cuando la causa aún estaba abierta? El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid afirma que salieron en su momento, mientras que en el de Valencia dicen que aquí no están.

La documentación afecta a los cabecillas de la trama en Madrid, Francisco Correa y Pablo Crespo, y al gerente de Orange Market, Álvaro Pérez. El juez madrileño consideró que debían ser imputados también en Valencia por los regalos de trajes a autoridades valencianas al tratarse de delitos conexos, como afirmaba la Fiscalía Anticorrupción. Las diligencias fueron archivadas por el TSJ valenciano cinco días después de esta decisión judicial.

El asunto de las cajas siempre ha sido polémico en este caso que afecta al PP de Madrid y que provocó una investigación al presidente Francisco Camps y a otros tres altos cargos del PP valenciano por un delito de cohecho.

(vía la Fam de fum – «infrablog subaltern de d’incontinències i fragilitats» – de Josep Porcar)

evitando de esta manera que los juzgables sean condenados y que los juzgadores, íntimos correligionarios y compadres de los juzgables, se vean en el brete de impartir la justicia que el orden de las cosas exige aunque a sus connivencias privadas y corruptas repugne. Pero la base de las repúblicas ordenadas es precisamente esa, la ceguera de la justicia y la repugnancia de las connivencias, y así debería ordenarse esta nuestra república y su memoria, cimentada en un «ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes». O algo así. Nunca en la desmemoria, en las pérdidas o en los olvidos. O en la autoridad de esa desmemoria.

«Di, perra mora» de Pedro Guerrero (1528-1599), interpretado por Hespèrion XX con la dirección de Jordi Savall, El Cancionero de Medinaceli, 1516-1556: música en el tiempo de Carlos V, Astrée (Auvidis), n.º de catálogo: E 8764, 1992.

La ley regulará […] el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad.

Constitución española, promulgada el 29 de diciembre de 1978, artículo 103.1

Pregunta. Entiende que choca saber que hace 20 años pasó lo mismo.

Respuesta. Entonces reforzaron las listas de comprobación.

P. No se cumplió y nadie veló por que se hiciera.

R. Eso se lo tendría que contestar el secretario de la CIAIAC. No investigo accidentes.

P. ¿Cree que la comisión de investigación de accidentes funciona correctamente?

R. La CIAIAC es un organismo colegiado e independiente y no puedo valorarlo.

[…]

P. Que la CIAIAC termine los informes con retraso y que sus recomendaciones lleguen tarde ¿afecta a la seguridad?

R. No sé si vienen con retraso.

P. La norma internacional recomienda que los informes estén en un año pero la CIAIAC casi nunca cumple ese plazo. Basta con mirar la web de la comisión.

R. No le puedo decir si es mucho o es poco. La OACI [Organización de Aviación Civil Internacional] recomienda que si en un año no se ha concluido la investigación al menos se emita un informe interino sobre lo que se ha investigado hasta ese momento, que es lo que ha hecho la CIAIAC.

P. Sólo lo ha hecho en el caso de Barajas, no en el resto.

R. No lo sé. No conozco cómo trabaja la comisión internamente. Quizá habría que ver cómo trabajan otras comisiones. Las investigaciones son muy complejas y no buscan culpables sino analizar el origen. Eso lleva tiempo.

P. ¿Respondió bien el aeropuerto de Barajas al accidente?

R. Aún no se ha investigado esa parte. No sé lo que pasó ni si fue correcta la respuesta.

P. ¿Barajas es seguro?

R. A esa pregunta no le puedo contestar a priori. Entiendo que sí. Barajas es seguro porque está diseñado según las normas internacionales.

P. ¿Spanair es una compañía segura?

R. Sí. No tengo ninguna duda. La seguridad aérea en España es equiparable al resto de países de Europa.

P. ¿Y el MD es seguro?

R. Sí.

[…]

P. ¿Entiende que haya gente que tiene miedo a volar?

R. Sí y creo que tiene relación con nuestra genética, es ancestral. El hombre siempre soñó con volar, pero nuestro entorno está en tierra. El miedo va a menos porque las nuevas generaciones entienden mejor la tecnología.

Entrevista de Rafael Méndez a Isabel Maestre Moreno, directora de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, El País, 20 de agosto de 2009.

La Agencia Estatal de Seguridad Aérea española fue creada tras el accidente aéreo ocurrido en el Aeropuerto de Madrid-Barajas el 20 de agosto de 2008. La caída durante el despegue del vuelo n.º JK5022 de la compañía aérea Spanair mató a 154 personas.

En la actuación de todos y cada uno de los partícipes, incluida Isabel Maestre Moreno, del proceso de información a la ciudadanía de lo ocurrido en el accidente y de los medios que se pondrán para evitar nuevos accidentes en el futuro parecen concurrir tres elementos retóricos y dos efectivos. Los primeros son los siguientes: 1) publicidad, 2) mérito y 3) capacidad. Los segundos se resumen en que: 1) aquí paz y 2) después gloria.

Entre los méritos y capacidades de Isabel Maestre Moreno no explicitados en el momento de asumir el cargo por designación del Poder Ejecutivo y sin control del Legislativo, no figuraba su formación en psicología social y antropología del desarrollo, que sin embargo quedan patentes en las respuestas al entrevistador: «Sí y creo que tiene relación con nuestra genética, es ancestral. […] El miedo va a menos porque las nuevas generaciones entienden mejor la tecnología.»

Esta actuación continúa tradiciones locales como ocurrió en el caso del accidente de la línea 1 del metro de Valencia, en que el descarrilamiento de un vagón mató a 43 personas. La comisión de investigación abierta al efecto en las Cortes Valencianas fue la más breve de la historia moderna de tal parlamento. Duró nueve días. Eximió de responsabilidad política a todos los responsables de la época y concluyó que la causa del accidente fue el exceso de velocidad del vagón cuyo conductor, muy oportunamente, falleció en el accidente.

Quod erat demonstrandum:

«Senyors, facen el favor d’atendre i de callar, que a la millor a algú li servix de lliçó!»,

‘¡Señores, hagan el favor de atender y de callar, que a lo mejor a alguien le sirve de lección!’

intervención del Diputado en las Cortes Valencianas, Ilustre Señor Don Rafael Maluenda Verdú, presidente de la Comisión de Investigación sobre el accidente ocurrido el 3 de julio de 2006 en la línia 1 de MetroValencia, en la última reunión de la citada comisión, celebrada el 4 de agosto de 2006.

Aguila de MoncloaLa cosa fue más o menos así: I. (démosle tal pseudónimo) marchó de Lisboa (un suponer)  a Roma (como si dijéramos) con la voluntad decidida de demostrar que el régimen de Salazar fue fascista. Volvió al cabo de unos años de Roma (como si dijéramos) a Lisboa (un suponer) convencido de que el régimen de Salazar fue dictatorial, sanguinario, conservador, militarista, colonialista, supremacista portugués y cometió varios pecados mortales más, pero fascista, lo que se dice fascista, I. (démosle tal pseudónimo) no podía decir que hubiera sido fascista a la vista de la documentación y de las pruebas.

Nosotros podríamos sustanciar nuestra hipótesis de trabajo de la siguiente manera: nunca permitas que una buena hipótesis, incluso una hipótesis humana, humanista y justiciera, te perturbe la realidad de los hechos. Incluso podríamos hacerlo medieval: antes, la cosa. Mirada y remirada la cosa, búscate el nombre con el que hayas de conocerla.

Mientras, en el otro extremo de la galaxia o quizá no tanto:

Esta actitud está dañando la calidad de vida de las clases populares de España y de sus CCAA. Estas últimas tienen la responsabilidad de gestionar sus estados del bienestar con unos fondos que son claramente insuficientes. La cifra que el Estado ha citado para cubrir sus déficits (9.000 millones de euros) es, a todas luces, insuficiente. Mientras, continúa la filosofía de no aumentar los impuestos (excepto en tabaco e hidrocarburos). Esta situación, si continúa, es potencialmente inestable políticamente. Es bien conocida la situación de que, a mayor desigualdad, mayor criminalidad y mayor descohesión social. España, que es después de EEUU el país con mayores desigualdades de renta en la OCDE, es también el que se gasta más en policía y seguridad, siendo, después de EEUU, el país que tiene un porcentaje mayor de tal gasto (2,1% del PIB y EEUU 2,2%). En contraste, Noruega con un 0,9%; Suecia con un 1,3%; y Dinamarca con un 0,9%, son los países que tienen menos gasto en policía y seguridad, y tienen menos desigualdades.

Vicenç Navarro, «¿Demasiados funcionarios?», Público, 25 de junio de 2009.

Pavimento fascista

«Águila», foto de Manu Eiroa, 1 de diciembre de 2008; «Roma: Stadio Olimpico», foto de Ladypedina, 30 de enero de 2005.

Ha muerto Javier Ortiz.

(Y yo volveré en un par de días).

Hay tesis que combinan el esfuerzo con la incuria, como la de E. No es tan grave, sin embargo, como los catálogos que combinan la maledicencia con la rapidez ventajista y el descaro trepa. La inutilidad soberbia, convertida en práctica académica, es una de las tradiciones más despreciables que atenazan esta vocación mía que decidí hace tiempo convertir en mi carrera. Y luego están los países en que ese mismo descaro soberbio se ha convertido en una práctica tan común como banal, y se ha introducido ya sin remedio en el subconsciente colectivo. Como Italia. O como mi país (sean cuáles sean sus límites). O como, hélas!, la Francia a la que pese a todo tanto debo.

Pero luego están los otros, los que sostienen el mundo: los equivalentes de la antigua Torá, la liturgia del Templo y las obras pías de caridad en la que se sostenía el mundo rabínico. La tesis de Gláucia (parabéns, Glaucinha!) que alía rigor y concisión con una imagen novísima del registro material librario de los primeros tiempos de la conquista castellana de la Nueva España. O la tesis que será clásica sobre el manuscrito T 19 (olim!) de la Real Academia de la Historia de Madrid. O el libro recién salido y recién llegado a mis manos de Marina, cuyo estilo ágil y legible está a la altura de lo novedoso de sus hipótesis y que nos vuelve a confirmar que, en realidad, los seres humanos nunca somos distintos ni estamos tan separados. O mi verdadera alma mater mancuniana, un refugio de bonhomía y subversive scholarship, donde cada libra y cada penique tiene la justificación de, ya que no resulta fácil cambiar el mundo sin más, lograr que seamos, al menos, más sabios para ponernos a la tarea de cambiar el mundo.

Estos son algunos de los hitos que no me dejan perderme en el camino. Puesto que las carreteras son tantas y tan diversas, cada cual tendrá su lista de piedras miliarias. Pero si las uniéramos, seguramente podríamos hacer un mapamundi en que nadie estaría separado de los demás por menos de seis grados de decencia.

Hoy quería asegurarme y aseguraros de que nada está perdido: que tot està per fer i tot és possible. Y porque hoy es el cumpleaños de Gláucia, en la otra orilla atlántica. Y en esta, también.

Canción para ese día

He aquí que viene el tiempo de soltar palomas
en mitad de las plazas con estatua.
Van a dar nuestra hora. De un momento
a otro, sonarán campanas.

Mirad los tiernos nudos de los árboles
exhalarse visibles en la luz
recién inaugurada. Cintas leves
de nube en nube cuelgan. Y guirnaldas

sobre el pecho del cielo, palpitando,
son como el aire de la voz. Palabras
van a decirse ya. Oíd. Se escucha
rumor de pasos y batir de alas.

Jaime Gil de Biedma