Nunca a disparidad abre las puertas
mi corto ingenio, y hállalas contino
de par en par la consonancia abiertas.
¿Cómo pueda agradar un desatino,
si no es que de propósito se haze,
mostrándole el donaire su camino?
Que entonces la mentira satisfaze,
quando verdad parece, y está escrita
con gracia, que al discreto y simple aplaze.

Miguel de Cervantes, Viage al Parnaso, capítulo vi (1614)

Ni Haití ni ninguna otra geografía de los desastres de la historia está nunca demasiado lejos: quizá sea eso lo que provoca que los apresurados mercaderes de la novedad vuelvan obsceno cualquier intento de narrarlo sin más. No estoy seguro de la posibilidad de la memoria: más bien lo estoy de su contrario. Ni me parece que la genealogía, ni la biológica ni la sentimental, sean inapelables. Pero quizá convenga estremecerse, ni que sólo sea eso, con la sospecha de un tiempo en que quienes nos antecedieron, y aún están ahí, fueron haitianos. Quizá en eso consista la memoria de las piedras. La más poderosa, tal vez: la memoria de las piedras derruidas.

¿Será verdad que en el paraíso hay una tablilla, conservada incólume desde antes de que existiera el tiempo? ¿Existirá después de que el tiempo se acabe? Y cuando ya no haya vida que inscribir en las tablillas de los vivos, ¿adónde irá el libro de la vida?

Desde el 13 de enero al 18 de abril estará abierta en la Fundación Cartier-Bresson de París la exposición «Robert Doisneau, du métier à l’œuvre» (‘R. D., del oficio a lo hecho’). Las fotografías «Le nez au carreau» (‘Curiosa por la ventana’; 1953), «Bidonville à Ivry» (‘Chabolas en Ivry’; 1946), «Jeux africains» (‘Juegos africanos’; 1945), «La voiture fondue» (‘El carro fundido’; 1944) y «La Courneuve, 1945» forman parte del catálogo de esa exposición.

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Foto de Álex Casero, 6 de octubre de 2009.

Foto de Álex Casero, 6 de octubre de 2009.

Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma

Este pichón del Turia que te mando,
de dulces ojos y de blanca pluma,
sobre laurel de Grecia vierte y suma
llama lenta de amor do estoy parando.
Su cándida virtud, su cuello blando,
en limo doble de caliente espuma,
con un temblor de escarcha, perla y bruma
la ausencia de tu boca está marcando.
Pasa la mano sobre su blancura
y verás qué nevada melodía
esparce en copos sobre tu hermosura.
Así mi corazón de noche y día,
preso en la cárcel del amor oscura,
llora sin verte su melancolía.

Federico García Lorca, Sonetos del amor oscuro (1936).

«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.

«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.

Querido K.-D.:

Pues ya que me lo preguntas, si fuera francés, me inspiraría en Jean Jaurès. Si israelí (o judío), en Judah L. Magnes. Si valenciano, Manuel Sanchis Guarner me resultaría lo más cómodo. Si vasco, me cabrían pocas dudas: Luis/Koldo(bika) Mitxelena. Si fuera español, probablemente con Julián Besteiro voy sobrado.

Sin embargo, no creo que declarar esto ayude en mucho pues, como en cuestiones de fe, en asuntos de ideas políticas y de actividad pública la experiencia y el convencimiento me dictan que la salvación se alcanza por las obras y no la sola fe. Como bien me decías, «tengo amigos que no piensan como yo y enemigos que piensan como yo».

Cordialmente.

(Sirva este apunte de paso como celebración de que Manfred S. Rocker [sic], uno de los mejores cronistas fotográficos de París ha vuelto [¿ha vuelto?] a postear en su Rayuela Fotoblog. Y de las pizpiretas miradas de francesas de banlieue que enternecen duros corazones de misógino sentimental en tierras de Pennsylvania.)

[En la misma serie.]

Aeropuerto de Barajas 3

Terminal T4

Absorbe transmite acumula refleja

Irene è la città che si vede a sporgersi dal ciglio dell’altipiano nell’ora che le luci s’accendono e per l’aria limpida si distingue laggiù in fondo la rosa dell’abitato: dove è più densa di finestre, dove si dirada in viottoli appena illuminati, dove ammassa ombre di giardini, dove innalza torri con i fuochi dei segnali; e se la sera è brumosa uno sfumato chiarore si gonfia come una spugna lattiginosa al piede dei calanchi.

Irene es la ciudad que se divisa al asomarse por el borde del altiplano a la hora en que se encienden las luces y, en el aire límpido, se distingue allá abajo en el fondo la rosa de lo habitado: donde tiene mayor densidad de ventanas, donde se despeja por senderos apenas iluminados, donde amasa sombras de jardines, donde levanta torres con las lumbres de las señales. Y si la tarde está nublada, una claridad difuminada se hincha como una esponja lechosa al pie de las cárcavas.

Palacio de Telecomunicaciones

Quelli che guardano di lassù fanno congetture su quanto sta accadendo nella città, si domandano se sarebbe bello o brutto trovarsi a Irene quella sera.

Los que miran desde arriba conjeturan sobre lo que está sucediendo en la ciudad, se preguntan cómo sería, bueno o malo, hallarse en Irene esa misma tarde.

Edificio Metropolis

A questo punto Kublai Kan s’aspetta che Marco parli d’Irene com’è vista da dentro. E Marco non può farlo: quale sia la città che quelli dell’altipiano chiamano Irene non è riuscito a saperlo; d’altronde poco importa: a vederla standoci in mezzo sarebbe un’altra città; Irene è un nome di città da lontano, e se ci si avvicina cambia.

En ese momento, Kublai Khan espera que Marco hable de Irene según se la ve desde dentro. Y Marco no puede hacerlo: no ha conseguido saber qué ciudad es la que los del altiplano llaman Irene, aunque bien poco importa: si se la contempla estando en mitad de la misma, ya sería otra ciudad. Irene es un nombre de ciudad desde lejos y, si te acercas, cambia.

Palacio de Oriente lateral Campo del Moro

La città per chi passa senza entrarci è una, e un’altra per chi ne è preso e non ne esce; una è la città in cui s’arriva la prima volta, un’altra quella che si lascia per non tornare; ognuna merita un nome diverso; forse di Irene ho già parlato sotto altri nomi; forse non ho parlato che di Irene.

La ciudad, para quien pasa sin entrar, es una, y otra distinta para quien la misma ciudad retiene y nunca la abandona. Una es la ciudad a la que se llega por primera vez; otra, la que se deja para no volver. Cada una merece un nombre distinto. Quizá de Irene ya he hablado con otros nombres. Quizá, solo he estado hablando de Irene.

Italo Calvino, Le città invisibili, 1972.

Jordi Savall y Le Concert des Nations con Rolf Lislevand (guitarra) y José de Udaeta (castañuelas), Quintetto nº 4 in re maggiore “Fandango” per corda et chitarra (G.448) de Luigi Boccherini (1798), «Grave assai» (tercer movimiento); «Aeropuerto de Barajas 3», foto de raktargy, 10 de enero de 2009; «Terminal T4», foto de Hans & Gret, 19 de noviembre de 2007; «Absorbe, transmite, acumula y refleja», foto de Ad líbitum, 26 de marzo de 2009; «Ayuntamiento» (olim Palacio de las Telecomunicaciones), foto de inthesitymad, 23 de junio de 2008; «Cúpula del edificio Metrópolis», foto de inthesitymad, 23 de junio de 2008; «Vista lateral del Palacio Real», foto de R. S. Antonio, 29 de marzo de 2008.

 

[En la misma serie.]

Fuente Madrid

[A continuación, una primicia en este blog: una firma invitada. Por razones que no tengo que explicar porque no veo por qué, la firma será anónima.]

Madrid se desliza entre las calles hundidas, los andamios, armazones prescindibles invadiendo aceras, las calzadas negras y el aire humeante que se eleva como un coloso pesado sobre los peatones despistados y los edificios eternos.
Y la gente comenta, ríe, llora, aclama, sostiene, dibuja, vende, compra, admira, desea… Se escapa entre el murmullo incesante de pisadas perdidas sin búsqueda aparente.
El tráfico es inseguro, constante y aumenta a medida que pasan las horas, se vuelve un goteo permanente.
Madrid es capital, pero con pinceladas de antigua villa rancia en sus callejones más estrechos y viejos. Esos mismos en los que el silencio prima sobre las pisadas por baldosines de piedra, donde puedes invitar a un tinto de porrón con un queso curado en la Sierra de Guadarrama.
Madrid es cosmopolita, sin embargo se escapan trazos de provincia desencantada en sus calles. Laberintos interminables de oscura y dudosa reputación, de pavimentos mal asfaltados, de desperdicios ubicados en lugares equívocos, de gentes uniformadas, casi al unísono, por la gran marca Gallega y las prendas del mejor Corte, que abarcan como avaros todos los escaparates de las zonas comerciales.
Madrid es metrópoli, cuyos únicos resplandores modernos se pierden en las grandes ventanas, espejos de la luminosidad que impregna el cielo de Madrid. Infinito azul vivo, de los rascacielos desperdigados. Las últimas tendencias siempre llegan tarde a Madrid, las primeras innovaciones se retrasan como los vuelos de Iberia.
Madrid no es un mapa cuadriculado, ni una ciudad modelo, ni hermosa capital.
Es un enredo de pasiones: son ojos achinados plasmando monumentos, una encantadora de calles serpentinas, unos bailes africanos al son de las ventas de CD, ocio extenuante a la puerta de los musicales, árboles en retiro, miradas perdidas, flautas de caña, guasás y guitarras en vagones de metro, historias jamás contadas, una puerta inexistente coronada por un reloj, que invoca a todos a seguir el rito cada Fin de Año…La ciudad de lo sueños perseguidos, la ciudad de los contrastes, la ciudad abierta, la ciudad de todos, porque “Si vienes a Madrid eres de Madrid”…
Aquí, todos dejan a un lado las rutinas diarias en charlas a media tarde en una plaza perdida del centro, con un grupo de amigos, y una cerveza fría, mientras observan recorrer sus calles escuetas y replegadas a dos chicas cogidas de la mano.

Charla en el jardin

«Fuente», foto de Jobber E-69, 23 de abril de 2009; «Museo Sorolla», foto de glorialsupervia, 6 de septiembre de 2008.

[En la misma serie.]

«La felicidad posible…»

Juan Diego Flórez canta 'La flor de la canela' desde la terraza del Teatro Real de Madrid (2 de junio de 2009).

Juan Diego Flórez canta 'La flor de la canela' desde la terraza del Teatro Real de Madrid (2 de junio de 2009).

Juan Diego ha comprendido hace mucho tiempo que el canto es aire. Y no se ha conformado. Ha llenado ese aire de luz, de serenidad, de belleza sonora. Lo hace todo con una extraordinaria naturalidad y transmite una sensación de placer atemporal, extraño, de otra galaxia. En la sociedad actual del espectáculo y las ocurrencias con pretensiones de genialidad Juan Diego representa la pureza. En vez de recrearse en los efectos especiales los humaniza. Su canto fluye con una sensibilidad alimentada por la inteligencia. Tiene tanto corazón como cabeza, desprende tanta calma como alegría. […]

Dedicó el recital al inolvidable Alfredo Kraus, fallecido hace diez años. Fue un detalle de un gusto exquisito. Las huellas del tenor canario flotaban en el ambiente. […]

Le gritaron desde la sala «qué majo eres» y nos sentimos identificados con el espontáneo. Puso Juan Diego al público en pie con la exhibición de sobreagudos de arias de ‘El barbero de Sevilla’ o La ‘hija del regimiento’ y llegó al corazón con una versión apasionada de ‘Júrame’ o, ya en la calle, desde el balcón, dirigiéndose al público de la plaza de Oriente, con ‘La flor de la canela. Juan Diego Flórez demostró una vez más que el canto puede ser un vehículo idóneo para transmitir la felicidad posible.

José Ángel Vela del Campo, «El aire, la luz (Crítica: ópera)», El País, 3 de junio de 2009; sobre el recital de Juan Diego Flórez en el Teatro Real de Madrid, el martes, 2 de junio de 2009, retransmitido en directo por pantalla gigante a los congregados en la Plaza de Oriente.

Cerramos la paradeta unos días, hasta la semana que viene. Si me queréis escribir, ya sabéis mi paradero. Que terminemos con bondad y clareza esta semana y que empecemos con los mismos dones la que viene. (Se queda abierto, como es de rigor, nuestro servicio de bar).

[En la misma serie.]

Cuando vengas a Madrid, chulapa mía,
voy a hacerte emperatriz de Lavapiés,
y alfombrarte de claveles la Gran Vía
y a bañarte con vinito de Jerez…

Agustín Lara, «Madrid» (¿1940s?), o en una versión algo más clásica, cantada con acento argentino.

Cartelismo

La chica de ayer

djumbes chica

Mi rincon favorito de Madrid

Mimesis (Madrid flickr)

Chica (Sir Demanding)

Bubbles

The balcony

«Cartelismo», foto de Aijon, 6 de enero de 2008; «La chica de ayer», foto de canecillo2, 25 de abril de 2009; «djumbes chica», foto de weninew, 17 de mayo de 2009; «Mi rincón favorito de Madrid», foto de Un mundo feliz, 30 de julio de 2008; «Mímesis», foto de Mandarina Asesina, 13 de julio de 2008; «Chica», foto de Sir Demanding, 10 de julio de 2007; «bubbles», foto de Sandra Asenjo, 2 de junio de 2007; «The balcony», foto de David en la Rama, 23 de julio de 2008.

Actualización: He enlazado la versión clásica fetén, que se me había liado con otro vínculo.