«Soy marroquí…»


Cada uno tendrá sus razones. Yo tengo dos. Una, la enorme patera varada en la playa de Bolonia, frente a las luces de Tánger. La otra, habla en el video del minuto 1.20 al 1.54. Razones no faltan, en ningún sitio.

Los subtítulos al español se activan apretando en «CC», en la barra inferior de la pantalla del video.

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Casi un post en directo. Llaman al Là-bas, si j’y suis de France Inter (bueno, de Daniel Mermet, no nos engañemos) y dejan un recado. Que se están manifestando en Arrás (ya saben: la grêve générale). Y que se están manifestando con «unos compañeros españoles, llegados de Saragosse». Transcribo:

Obrero despedido, patrón colgao.

A continuación:

Reforma laboral para la Casa Real.

Concluye la compañera francesa: «Et oui, ça marche!»

Lo primero, me supongo, es la mondialisation bien entendida. Lo segundo, la excepción cultural. Un castizo diría, quizá, que ambas proclamas casi valdrían por un poema del sábado pero yo no, que no me considero muy castizo. Así que mañana habrá uno. Veremos.

Mientras, de los archivos de un maestro:

Es algo tan habitual –tan bobo, pero tan habitual– como los gritos hiperbólicamente asesinos que se lanzaban por aquí antaño en algunas manifestaciones de izquierda, del tipo «¡Obrero despedido, patrón colgao!» o «¡Queremos pan, queremos vino, queremos a Fraga colgao de un pino!», tradición que ha encontrado extraña prolongación en ciertas consignas, no menos truculentas, que hemos podido oír recientemente en concentraciones convocadas por la AVT y el PP.

Y en el mismo Là-bas, si j’y suis diversos ciudadanos corresponden a la ácida reportera bisoña si los han tomado como rehenes con la huelga. Una señora, esperando el RER hacia el centro de París, indignada, brama que sí. Que la han tomado como rehén. Que es inaceptable. Que la espera es terrible. En fin, que va a llegar tarde un cuarto de hora a su trabajo. Es verdad que es que la única que responde en ese tono de una docena larga, quizá.

Ha sido un espejismo de un minuto apenas (llevo un día con cierta dificultad para concentrarme) y no he leído una נו’’ן donde sí estaba: de «mil ‘explicadores’» (אלף המסבירים מסבירים), que me equivocaba al leer, a «mil propagandistas» (אלף מסבירנים). Propaganda, en hebreo sionista, se dice הסברה (hasbará) que empezó siendo un humilde nombre de acción (nomen actionis, שם פעולה) de להסביר «explicar». No sé en qué momento una simonía dialéctica convirtió lo explicable en justificable, pero tal perversión lógica está firmemente asentada en no pocos espíritus y en no pocos gatillos.

Al hilo de mi falta de concentración, no sé a cuento de qué viene la segunda parte de esta reflexión sobre los propagandistas:

אלף מסבירנים לא יכבו את האש: האירועים על סיפון מאווי-מרמרה תואמים בדיוק את התדמית של ישראל בעולם, וגם יעניקו לפלסטינים עוד מיתוס לאומי מכונן

Mil propagandistas no apagarán el fuego: lo sucedido a bordo del Mavi Marmara concuerda perfectamente con la imagen de Israel en el mundo, y proporcionará además a los palestinos otro mito nacional apropiado.

Rafi Man (רפי מן), el autor de estas líneas, sugiere un Exodus palestino. Por el contrario, Yosi Melman (יוסי מלמן) invoca, con redacción de urgencia, que olvidemos el Exodus שכחו את אקסודוס» [‘Olviden el Exodus’]):

בעיניים פקוחות לרווחה נכנסה ישראל למלכודת. ישראל ידעה, ואם לא ידעה או לא הבינה חמור הדבר שבעתיים, שמה שמבקשים מארגני המשט הוא להציגה כמי שלא מהססת להשתמש בכוח. הם רצו הרוגים ופצועים ודם ותמרות עשן של מלחמה

Con los ojos abiertos de par en par, Israel ha entrado en la trampa. Israel sabía, y si no lo sabía o no lo entendía, resulta tremendamente más grave, pues lo que buscaban los organizadores del desfile naval era presentar un Israel que no vacila en recurrir al uso de la fuerza. Querían muertos y heridos y sangre y columnas humeantes de guerra.

¿«Muertos», «heridos», «sangre», «columnas humeantes»? Una lástima que esto no sea de verdad una guerra de ‘narrativas’, una confrontación de puntos y comas, una batalla de sintaxis, un enfrentamiento de semánticas, un escuadrón con planteamiento, nudo y desenlace. Los muertos recurren poco a la dialéctica, casi nada. Son de una atroz facundia los muertos. Precisamente porque están muertos, digan lo que digan sus ventrílocuos o sus enterradores.

Ya les decía que andaba inquieto con lo de concentrarme. A medias lo he acabado consiguiendo:

Ya no hay lugar seguro en el mundo, salvo la propia conciencia. Defenderse sí, pero ojo que este sofisma de que la mejor defensa es el ataque ya nos transformó en nuestros propios victimarios. Y nosotros sabemos que es así.

Mariano Man, «Ellos son la izquierda peligrosa, ellos son la derecha religiosa», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 31 de mayo de 2010.

lo que no ha sido, sin embargo, ningún consuelo.

«Untitled (Boys, 7)», obra de Adi Nes (עדי נס), que ya había sido traída a colación.

A reserva de imperiosas consideraciones de seguridad, las personas protegidas que estén en territorio ocupado podrán recibir los envíos individuales de socorros que se les remitan.

IV Convención de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra, art. 62.iv (Sección iii: «Territorios ocupados»).

¿Tienen ustedes noticia del reciente descubrimiento del asesinato, por parte de soldados estadounidenses, de un fotógrafo de prensa y su conductor en Iraq en 2007? De la nota que ha escrito Íñigo Sáenz de Ugarte en Guerra eterna me llamó la atención una frase:

Posteriormente, aparecen soldados norteamericanos en la zona y descubren que hay dos niños entre los heridos. En la transmisión, se oye: “Bueno, es culpa de ellos si llevan a los niños a los combates”. “Exacto”, responde otro.

O, en el original:

“Well it’s their fault for bringing their kids into a battle.”

“That’s right.”

(minutos 17:46 y 17:48 de la grabación, respectivamente).

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«cuatro madres de Israel…»

Entre mis aficiones más inexcusables y reprehensibles figura la de leer las cosas que publica Avraham Burg. Aprovechando las fechas en las que estamos, ha salido hoy un artículo suyo del que me ha parecido oportuno dejar traducido, a pura vuelapluma, un fragmento. En parte conecta con algo de lo que trataba Alan Brill el otro día en su blog The Book of Doctrines and Opinions. He aquí parte de lo que dice Burg:

כל הקריאה הגדולה ההיא, “שלח את עמי”, לא היתה מתאפשרת לולא תפישת החירות של חמש נשים אמיצות: יוכבד, אמו של משה, שהפרה את פקודת ההשמדה הפרעונית; שתי המיילדות שסייעו בידה; אחות משה, השמרטפית המקראית; ובת פרעה שהצטרפה למרי. הן היו הראשונות להבין את הדופק העמוק של לב הסוגיה והנהיגו את המהפכה האנושית, הלאומית והפמיניסטית הראשונה.

Tamaño llamamiento («Deja ir a mi pueblo»: Éxodo vii, 16) no se habría hecho posible si no hubiera sido por el sentido de libertad de cinco mujeres bravas: Yojébed, madre de Moisés, que infringió la orden de destrucción de Faraón; las dos comadronas que le prestaron ayuda; [Miriam,] la hermana de Moisés, la nodriza de la Biblia; y la hija de Faraón que se unió a la rebelión. Fueron las primeras que entendieron la profunda repercusión del meollo de la cuestión y dirigieron la primera revolución humanista, nacional y feminista.

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Mon père était tellement de gauche, on a eu tout plein d’accidents, il refusait la priorité à droite systématiquement

Mi padre era tan de izquierdas que hemos tenido un montón de accidentes: nunca quería dar la prioridad a su derecha.

Fatals Picards, «Mon père était tellement de gauche», Le sens de la gravité (2009).

Hoy el Archivo cerraba a las 11 (¿y 25?) así que, de común acuerdo con mi conciencia, me he dedicado a farnasear todo el día con horario de Biblioteca Nacional de Madrid, de Biblioteca Histórica de la Complutense o de El Corte Inglés: de nueve de la mañana a nueve de la noche. Decidido a perpetuar mis mejores tradiciones antropológicas, me he bajado a por el café con cruasán un momento al Perù, barecito de barrio con insospechadas asociaciones: ahí pasó parte de su juventud de liceo un querido amigo de esta y de otras cuantas casas virtuales pero bien reales. Cuando tal amigo hizo coincidir proyectos y vida con la principal referencia romana de los Perurim/פירורים de Alfonso, se quedaron a vivir por este mismo barrio y el Perù siguió siendo referencia obligada. Luego lo ha sido de los becarios de la Escuela Francesa de Roma, ergo mío también. Me ha sido dado coincidir con unas becarias la mar de francesas que tienen sin embargo una costumbre la mar de poco francesa: pararse a un café de media mañana. Hoy, sin embargo, he bajado solo (principalmente por los estragos del pot des boursiers de anoche: ¿por qué a los franceses se les da tan bien el transnoche excepcional – la débauche – y no el bullicio cotidiano?) Bueno, solo no: con La Repubblica y L’Unità, esta última para ir viendo si era verdad, como me han dicho, que ha cambiado a mejor después de que Concita De Gregorio se haya hecho cargo de la dirección.

Me he sentado en las mesas del saloncito self-service que permite cappucino y cornetto con nutella por un euro setenta y cinco, armado de mis dos compañeros periodísticos. Enfrente de mí, por casualidad, había tres chicas, quizás de liceo. Primero hablaban de amores, porque a los veintipocos, si es que llegaban (creo que no), ciertamente resulta difícil creer que hablaran de rijos, así sin más. No he prestado mucha atención: mi radar ha querido prestar más atención que yo dada la lozanía y frescura de las muchachas, pero me he concentrado en la lectura de L’Unità. En un momento dado el otro radar, el político o cívico o ciudadano, ustedes dirán, se ha puesto en marcha: las chicas (las tres) se quejaban de haber recibido una carta personalizada de parte de Silvio Berlusconi: Gentile Silvia… «Ma che cazzo mi conosce lui per chiamarmi ‘gentile’?!», decía una (creo: mi memoria retentiva en italiano figura muy bajo en la lista de mis pocos talentos). Luego ha seguido una conversación bastante larga sobre política, pura política: que si adónde vamos, que si dónde venimos, que si qué remedio le ponemos a esto (fíjenseme: no «si» le ponemos remedio a esto sino «cuál»). En un momento dado me ha dado por fijarme en la frescura y la lozanía de las tres muchachas pero no por sus hechuras físicas sino por sus posturas ciudadanas. Luego se han ido con rumbo para mí desconocido.

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Se los iba a contar de otra manera, pero la realidad italiana siempre supera la ficción (del resto del universo) y supera también mis previsiones de entradillas por aquí. Creo que ya lo había insinuado, pero vaya, puedo decirlo más claro: ando por Italia. Por Roma, concretamente (y probablemente por Nápoles, quizá por Ferrara, quisiera por Perugia). Y por aquí andaré hasta entrada la primavera, huésped – como me pasa a menudo – de la generosidad de una república monárquica, súbdito como soy de una monarquía campechana. Aunque he venido a fisgonear en los secretos de los papas y, subsidiariamente, también a andar por bibliotecas que de angélicas solo tienen el nombre (que uno tenga que echar broncas a bibliotecarias porque hablan por el móvil… dentro de la sala de lectura de la biblioteca, no me digan que no clama al cielo angélico), esta semana me he tomado unos días de reflexión en la liberalísima biblioteca de la Escuela Francesa de Roma, sita en el Palacio Farnese (que en buen uso español quizá convendría llamar «Farnesio»), ubicada en la plaza homónima. Puritito cogollo de la centralidad romana, mayormente. Ayer, antesdeayer y el día de antes, los fantasmas del Palacio Farnese hemos gozado de un notable espectáculo de divorcio a la italiana: los berlusconianos se han divorciado en público, con alevosía y megáfonos tronando estupideces de la noche a la mañana y vuelta a empezar (literalmente), de los pocos atisbos de racionalidad, vergüenza y respeto por la cosa pública (incluido por la cosa más pública de todas: el erario) que le quedaban a su dizque ideología. Y los muy tronantes no han podido buscar otro lugar de concentración que la Plaza Farnese, justo debajo de las ventanas de la biblioteca de la Escuela Francesa de Roma (y del salón de recepciones de la embajada francesa y el despacho del señor embajador, porque, en gálica armonía institucional, el Palacio Farnese acoge tanto la Escuela Francesa (i.e., el centro francés en Italia dedicado a los estudios avanzados en humanidades) como la embajada del país de Astérix en el país de Totò).

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