febrero 2009


Nos vemos el lunes. Pasen un buen fin de semana, que empiecen y terminen bien los dies dominicae y que entren con buen pie en la semana. Mientras, les dejo con un pedazo (léase peaso) de folletín:

Combattono quest’alma
la gloria, la pietà,
l’amor, la fedeltà,
lo sposo, il figlio.
Lo sposo tradirò?
Il figlio ucciderò?
Ah, che l’ingiusta palma
non so di chi sarà!
Cieli, cieli, consiglio!

[«Combaten en mi alma / la gloria, la piedad, / amor, fidelidad, / el esposo y el hijo. / ¿Traicionaré a mi esposo? / ¿Daré muerte a mi hijo? / ¡Ah, que la injusta palma / no sé de quién será! / ¡Cielos, consejo os pido!». Traducción de Julián García León]

Acto primero, escena segunda, aria de la reina Tamiri, esposa de Farnace, de la ópera Il Farnace, «dramma per musica», de Antonio Vivaldi (1727), libreto de Francesco Corselli (1739). Grabación de Le Concert des Nations y el Coro del Teatro de la Zarzuela, dirigidos por Jordi Savall, para el sello AliaVox (nº. 9822, año 2002). El papel de Tamiri está interpretado por Sara Mingardo:

Farnace, Rey del Ponto, ha sido derrotado y para evitar caer en manos enemigas, ordena a su esposa Tamiri que mate a su hijo y se suicide. La madre de Tamiri, Berenice, odia a Farnace y conspira con Pompeyo, el General Romano, para matarlo. Selinda, la hermana de Farnace, es prisionera del Romano Aquilio, que se enamora de ella al igual que el capitán de Berenice, Gilades. Ella los confronta para así poder salvar a su hermano. Al final todo termina felizmente.

Dizque la comieron por fin Farnace, Tamiri, Selinda, Aquilio, Gilades y tutti quanti.

Dizque la comieron por fin Farnace, Tamiri, Selinda, Aquilio, Gilades y tutti quanti.

Si les ha gustado y quieren oír la ópera íntegra, ya saben: vayan al teatro, saquen la entrada y disfruten (vía La paraula nostra). De nada.

[En la misma serie.]

Para N. A. Jalil, desde este lado del espejo, quien me enseñó lo poco que sé de la heterogeneidad de los moriscos y que me dio las pruebas de que humanidad no hay más que una y silencios, muchos, tanto ahora como en el siglo xvi o en la Edad Media.

Les pirateries de Barbarossa i de Dragut, que mortificaven el litoral valencià, tenien en ells un cap de pont evident. Era llur reacció davant les violències de què eren víctimes -o temien d’ésser-ne. Els moriscos seran, potser sense ells voler-ho, la causa principal del naufragi d’aquella societat.

[«El corso de Barbarrosa y Dragut, que mortificaban el litoral valenciano, tenía en ellos {los moriscos} una cabeza de puente evidente. Así reaccionaban a las violencias de que eran -o temían ser- víctimas. Los moriscos serían, tal vez sin quererlo, la causa principal del naufragio de aquella sociedad.»]

Les aljames continuaven acatant la rectoria moral i religiosa dels alfaquins, celebraven les cerimònies alcoràniques, i duien llur documentació en «algaravia». Si sempre -vull dir, d’ençà de la Conquista- els moros valencians havien conservat llur condició de comunitat distinta, ara, perseguits, se sentiren més a part i aïllats: els lligams morals que els unien ells amb ells van enfortir-se. L’acarament de tots dos pobles, moros i cristians, es convertia en una incompatibilitat insoluble.

[«Las aljamas seguían acatando la dirección moral y religiosa de los alfaquíes, celebraban las ceremonias coránicas y llevaban la documentación en “algarabía“. Si los moros valencianos habían conservado siempre -quiero decir, a partir de la Conquista- su condición de comunidad distinta, ahora, perseguidos, se sintieron más separados y aislados: los lazos morales que los unían entre ellos se reforzaron. El enfrentamiento de ambos pueblos, moros y cristianos, se convertía en una incompatibilidad insoluble».]

Historiadors, polítics i desenfeinats de tota mena han discutit apassionadament, durant els darrers cent cinquanta anys, a propòsit de l’expulsió. Hi ha hagut dicteris esgarrifosos i lloances efusives. Per als uns, allò fou un acte de vandalisme religiós, propi de la rígida intolerància que caracteritzà l’Espanya dels Àustries; fou, de més a més, un error econòmic lamentabilíssim, una causa més, però no insignificant, de la decadència d’aquella Monarquia. Per als altres, en canvi, fou un gest de virtuosa severitat, que, si entranyava afliccions materials, responia a ideals sublims i etcètera. La polèmica, per a mi, no té gaire sentit, i menys en aquests termes. Mirades les coses sincerament, no hi ha dubte que, des del nostre angle -de valencians actuals-, l’expulsió fou una sort. Algun erudit ha comparat la situació valenciana del XVI amb la de l’Algèria del 1961: comparança prou exacta, sí. Els moriscos eren un poble colonial a la pròpia terra -al capdavall, ells eren uns «valencians» més «antics» que els altres-, i els cristians eren una mena de pieds-noirs sobrevinguts i explotadors.

[«Historiadores, políticos y ociosos de toda laya han discutido apasionadamente durante los últimos cincuenta años a propósito de la expulsión. Se han emitido espantosos denuestos y alabanzas efusivas. Para unos, fue un acto de vandalismo religioso, propio de la rígida intolerancia que caracterizó la España de los Austrias; fue, además, un error económico lamentabílisimo, una causa adicional, aunque no insignificante, de la decadencia de aquella Monarquía. Para otros, en cambio, fue un gesto de virtuosa severidad que, si entrañaba aflicciones materiales, respondía a ideales sublimes y etcétera. La polémica, para mí, no tiene mucho sentido y menos en estos términos. Viendo las cosas con sinceridad, no cabe duda de que, desde nuestro punto de vista -de valencianos actuales- la expulsión fue una suerte. Algún erudito ha comparado la situación valenciana del xvi con la de la Argelia de 1961: comparación sobradamente exacta, sí. Los moriscos era un pueblo colonial en su propia tierra -al fin y al cabo, eran unos «valencianos» más «antiguos» que los otros-, y los cristianos eran una especie de pieds-noirs sobrevenidos y explotadores.»]

Joan Fuster (1922-1992), patriarca y profeta del nacionalismo pancatalanista de izquierdas, con especial relevancia en el País Valenciano; Nosaltres, els valencians [«Nosotros, los valencianos»], Barcelona, Edicions 62, 1996, decimosexta edición (primera edición de 1962), págs. 34, 36 y 38.

Hay mucho que pensar en todas estas mescolanzas de lenguas, religiones y razas y en estas amalgamas de, por ejemplo, el velo de las mujeres y el automóvil o el fonógrafo. Por mucho que nos entristezca la lectura de las relaciones de expulsión de los moriscos de España, hay que pensar que, una vez hecho, ha sido la medida política más sabia del mundo. Dice Jaime [Oliver Asín] bromeando en las líneas que me dedica, y que le agradezco en lo que valen, que «no se me ocurra musulmanizarme». No hay cuidado. Hay mucho de verdad en lo que V. me ha dicho siempre de la desilusión que se sufre al venir a Oriente. Por bajo de la cáscara brillante y exótica, no hay más que fanatismo y una sociedad absurda donde no hay mujeres, donde un hijo no habla ni se trata con su madre. La religión vulgar -¡no la de los grandes teólogos, claro!- es algo estrambótico. La oración en común parece una clase de gimnasia sueca, y es un espectáculo desagradable ver a todo el mundo descalzarse a la puerta de las mezquitas y andar siempre con las patas al aire y con las chancletas al retortero. ¡Qué alegría la de sentirse cristiano! Cuando en la iglesia de los franciscanos de aquí, que es inmensa y estaba llena de europeos, resonó en la Misa del Gallo el Alleluia, crea V. que sentí una de las mayores emociones de mi vida.

Desde El Cairo, 27 de diciembre de 1927.

¡Pero en fin llegué! Los franciscanos, para los que traía recomendaciones, no me pudieron hospedar, por falta de sitio. He visitado el Santo Sepulcro, Getsemaní, la tumba de la Virgen, la Vía Dolorosa, etc., etc. y ayer en auto con un franciscano, dos señoras chilenas y un francés Jericó, el Jordán y el Mar Muerto. ¡Qué visitas tan emocionantes, y al mismo tiempo tan dolorosas por ver cómo está esto dividido entre las sectas! Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

Desde Jerusalén, miércoles santo, 4 de abril de 1928.

Emilio García Gómez (1905-1995), patriarca y caudillo del arabismo español en la segunda mitad del siglo xx; Viaje a Egipto, Palestina y Siria (1927-1928). Cartas a Don Miguel Asín Palacios, Madrid, Real Academia de la Historia, 2008, págs. 47 y 78

Mi señor suegro, Dios te honre. He recibido tu distinguida carta, la primera y la segunda, y la he entendido, señor mío. En cuanto a lo que dices de si quiero armas, pues hoy más que nunca. Y ya que vuestra señoría se propone marchar, Dios te decrete salud y te devuelva a tu casa con bien. Vuestra señoría haga lo posible porque se me dé armamento completo, es decir, espada, daga y pedreñal, y si puede ser armamento defensivo, que es coraza o lo que se le parezca, bien, y si no, las tres cosas, y si no, espada y daga; en cuanto al precio, por el armamento completo darás hasta cien libras, y por espada y daga, hasta cincuenta libras, y si el asunto está cerca de acuerdo por diez o veinte, si son, manténte en el principio. En cuanto al asunto del dinero que me mandas a decir que te envíe, mi señor, es divisa que nosotros debemos pagar a la gente: en ello nos va el honor, y no puedo dar nada porque en estos días acierto a estar desprovisto de dinero. Señor mío, procure su señoría recabar licencia de armas, y si Dios provee quien lleve el buen envío de una manera u otra, en paz, y si no, envía un correo expreso en el que se esté (el envío) y cuánto se debe pagar por él, e inmediatamente te lo enviaré o te lo pondré en el Banco de Valencia [>ṭblh<, i.e. la «Taula de Canvis» de Valencia; nota de JdPP], y te enviaré cédula notificatoria para que expliques que a costa mía es toda la cosa. Y, aunque en ella hay puerta abierta para eso, que te he dejado cuánto darás, haga su señoría lo que crea ser conveniente, que yo defenderé todo lo que hagas en mi nombre en el asunto del armamento: ten esta carta como recordatorio. Tengo entendido que el rey ha hecho merced del asunto del armamento al secretario Franqueza. Allí estarás: llévate lo que puedas.

El portador de esta te lleva un frasco de miel de caña y un piloncillo de azúcar para que los lleves para el camino: recíbelos de buena gracia, y que Dios te dé buen viaje y te devuelva a casa con bien, como deseas. Nada queda sino saludaros a todos con la paz, la misericordia y bendición de Dios.

Benirredrá, 19 de febrero del año 1595.

Mendoza no está aquí, y me han dicho que aún no está el algodón teñido; cuando esté, lo enviaré, si Dios quiere.

Hasta que lo mandes, tu servidor, Luis Alġāzī

Carta del morisco valenciano L. Algazí a su suegro, en viaje camino de Valencia, escrita en árabe andalusí. Editada y traducida en Federico Corriente Córdoba, «Árabe andalusí», en Federico  Corriente y Ángeles Vicente, Manual de dialectología árabe, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008, edición y transcripción del texto árabe en págs. 373-375 y traducción al español en págs. 375 y 376.

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Cómo podemos dar voz a aquello que ha sido silenciado sin hundirlo aún más en su silencio, sin tapar su posibilidad con nuestra construcción? Cuando se dice que la represión y el necesario consenso explican el silencio subalterno de la Posguerra y la Transición española (más aún cuando se añaden florilegios como «madurez» o «coherencia», al hablar de cómo el silencio de las víctimas ayudó a la culminación óptima de los procesos sociopolíticos) no se está haciendo otra cosa que representar al subalterno. En este caso, la escritura de Ángel Piedras es reveladora en un doble sentido y también en un doble sentido pone en jaque estas teorías:

1) Ángel Piedras es un subalterno que vuelve al mundo de los vivos, desde la muerte, pues ve conmutada una condena capital que duró 101 días, en los que esperó ser asesinado cada amanecer, y desde el silencio al que estaban condenados sus escritos. Y revela que hay una parte de lo subalterno que se niega a ser representada y que no se encuentra de acuerdo con la construcción de una «reconciliación» que ha de labrarse a costa del silencio de la parte más dañada y menos desagraviada de esta historia (no hace falta recordar que las víctimas franquistas tuvieron cuarenta años de desagravio público y privado, social, político y económico).

2) Ángel Piedras, vuelto del mundo de los muertos, pone de manifiesto a su vez que hablar de «subalterno» como algo homogéneo es también una forma grosera de representación. El subalterno no es un todo uniforme sino un magma lleno de fracturas, a menudo irreconciliables.

Pedro Piedras Monroy, «La lista de Ángel Piedras: memoria de la Guerra Civil y subalternidad», Revista da Faculdade de Ciências Sociais e Humanas (Lisboa), nº. 18 (2006), págs. 143-161, extraído de la pág. 156.

Ángel Piedras (1910-1997) fue vecino de Nava del Rey, provincia de Valladolid (España): «Hijo de una familia de jornaleros, también él trabajó en el campo hasta los veintiséis años. Fue detenido y encarcelado en los días de la terrible represión que sucedió al alzamiento franquista. Tras 101 días de condena a muerte, su pena fue conmutada por la de cárcel. Salió indultado en 1944. Ángel Piedras era hermano de mi abuelo, fusilado en Cáceres en enero de 1938. Su testimonio tiene que ver decisivamente con mi interés y mi dedicación a la historia. Este pequeño ensayo, primera piedra de un trabajo más amplio, es ante todo una prueba de mi admiración y agradecimiento hacia él», Pedro Piedras Monroy, op. cit., pág. 143.

Nava del Rey fue una de las localidades donde más atroz fue la saña de la represión durante y después de la Guerra Civil Española. Fue asesinada buena parte de la corporación municipal, con el alcalde Cirilo Moro a la cabeza, y una larga lista de vecinas y vecinos del pueblo, cuyo nombre y circunstancia de la muerte da en sus cuadernos Ángel Piedras.

Coda: Joan Fuster repitió públicamente en diversas ocasiones que él no se consideraba nacionalista. Emilio García Gómez comenzó su discurso, en el homenaje que la Facultad de Filosofía y Letras dispensó al recién fallecido José Ortega y Gasset, con las palabras: «yo, que soy un liberal…».

beach-dialogue

Terges, «Beach dialogue», 17 de mayo de 2008 [todos los derechos reservados al autor, incluido el de decirme que quite la foto, solo faltaría].

Ando un poco ajorado últimamente y tiene pinta de durar. Solo quería pasar para darles las gracias por los comentarios que me han hecho llegar y que ando a ver si contesto mejor con pausa que con prisas. Así que gracias a los Países Bajos vía Chicago; a Castellón vía Roma; a Zaragoza vía Perujia; a Madrid vía El Escorial; a Murcia; a Valencia vía Barcelona; a Cayey vía París; a la Mitteleuropa catalana vía paradójicamente Madrid…

Pero ahora no me quedan más excusas
porque se vuelve aquí
siempre se vuelve.
La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.

Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.

Mario Benedetti, «Noción de patria» (1963).

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

Chantal Maillard, «Escribir», Matar a Platón, Barcelona, Tusquets, 2004.

סיפור איבוד [ממון] ספרד שהיא אישפאנייה [«Recontamiento de la pérdida [riqueza] de Sefarad, que es Hispania (>ʔyšpʔnyyh<)»], f. 369 <i>verso</i> del ms. Nº. 6 de Salamanca.

סיפור איבוד [ממון] ספרד שהיא אישפאנייה [«Recontamiento de la pérdida [riqueza] de Sefarad, que es Hispania (>ʔyšpʔnyyh<)»], f. 369 verso del ms. nº. 6 de Salamanca.

Título de la única crónica hebrea de la Guerra y Revuelta de las Comunidades de Castilla (Guerra,  Revuelta o Revolución de los Comuneros), compuesta por Alfonso de Zamora hacia 1520. La palabra que figura sobre la línea es ממון («riqueza»), pronunciada /mamón/. La vocalización que le da Alfonso (/mamon/ en lugar de /mĕmon/) impediría su inserción en la secuencia del título puesto que no se trataría de un estado gramatical constructo, sino de un estado absoluto. Existen, claro está, otras posibilidades: que Alfonso de Zamora no supiese gramática; que la palabra no sea hebrea, sino aljamiada, y en realidad sea lo que parece («¡mamón!») y nos encontremos por tanto ante la primera transcripción atestiguada de las actas de un consejo de departamento universitario; o que Alfonso de Zamora fuera, como el Lazarillo de Tormes, crípticamente valenciano, concretamente de Xàtiva,  y le enalteciese el espíritu y el rijo el recurso al exabrupto. Desgraciadamente, no contamos con los medios para asegurar la veracidad de ninguna de estas hipótesis.

Juan Bravo en la Plaza de las Sirenas de Segovia. Foto y copyright de JuanGabriel, 2008.

Juan Bravo en la Plaza de las Sirenas de Segovia. Foto y copyright de JuanGabriel, 2008.

El pueblo se da a sus jefes
y expulsa a los que le dieran.
Ya cunde en toda Castilla
la rebelión comunera:
Comunes el sol y el viento,
común ha de ser la tierra.
Que vuelva común al pueblo
lo que del pueblo saliera.

Luis López Álvarez, Los comuneros, 1972.

Oigan, no me miren así: si todo cristo puede reinventarse sus mitos fundadores, los del Altiplano central también podremos, ¿no?

انما أنا لم أجيء الى هنا لافكر في مصطفى سعيد، فها هي ذي بيوت القرية المتلاصقة من الطين والطوب الاخضر تشرئب بأعناقها أمامنا؛ وحميرنا تحث السير لانها شمت نجياشيمها رائحة البرسيم والعلف والماء. هذه البيوت على حافة الصحراء، كأن قوماً في عهد قديم أرادو أن يستقروا ثم نفضوا أيديهم ورحلوا على عجل. هنا تبدأ أشياء. وتنتهي أشياء. ومنطقة صغيرة من هواء بارد رطب يأتي من ناحية النهر، وسط هجير الصحراء، كأنه نصف حقيقة وسط عالم مليء بالأكاذيب. أصوات الناس والطيور والحيوانات تتناهى ضعيفة الى الأذن كأنها وساوس، وطقطقة مكنة الماء المنتضم تقوي الحساس بالمستحيل. والنهر، النهر الذي لولاه لم تكن بداية ولا نهاية، يجري نحو الشمال، لا يلوي على شيء، قد يعترضه جبل فيتجه شرقاً، وقد تصادفه وهدة من الأرض فيتجه غرباً، ولكنه أن عاجلا أو آجلا يستقر في مسيره الحتمي ناحية البحر في الشمال.

الطيب الصالح، موسم الهجرة إلى الشمال، صُدر في الأعمال الكاملة، بيروت، دار العودة، 1996(؟)، ص. 79.

Pero yo no he venido aquí para hablar de Mustafa Saíd; tengo ante mí estas casas de barro y ladrillo rojo [sic, por ¿«verde»?] pegadas unas a otras, estirando el cuello frente a nosotros, y a nuestros burros que aprietan el paso cuando les llega al hocico el olor de la alfalfa, del forraje y del agua. Estas casas, situadas al borde del desierto. Como si seres de otras épocas hubieran intentado establecerse aquí, pero luego, sacudiéndose el polvo, hubieran partido, veloces. Aquí empiezan las cosas y aquí terminan. Un leve soplo de brisa, fresca y húmeda, viene del río, en medio del calor sofocante del desierto, como una media verdad en un mundo lleno de mentiras. El bullicio de la gente, de los pájaros y de los animales llega amortiguado al oído, tan suave como un susurro, y el monótono gorgoteo de las bombas de agua aumenta la sensación de irrealidad. El río, el río sin el cual no habría principio ni fin, corre hacia el norte, indiferente a todo; si le sale al paso una montaña, tuerce hacia el este, si se encuentra con un precipicio, vuelve hacia el oeste, pero, tarde o temprano, su curso inexorable acaba en el norte, en el mar.

Táyyeb Sáleh, Época de migración al norte (primera edición árabe de 1967), traducción de María Luisa Cavero, Madrid, Huerga y Fierro Editores, 1998, pág. 83.


Rasha,  Sudán, ¿por qué?

[Vieja conocida de los mostoleños. Hace de esto más años de los que quisiera, la descubrí por primera vez, casi recién llegada ella a España con su hermano Wafir, que fue miembro de Radio Tarifa, en un concierto algo destartalado que ella consiguió angelar en un local de mi territorio indígena de periferia. Quizá la interpretación que os enlazo no sea precisamente impecable, pero quería dejaros la letra de una canción que no puede resultar indiferente a los habitantes de la Península Ibérica: «Sudán, ¿por qué / te han gobernado los militares…?».]


A estas alturas de esta película bloguera no tengo que justificar mi maurofilia y mi arabofilia cultural y lingüística, este último aspecto con una competencia menor de la que yo quisiera. Llegado el caso, no tengo inconveniente en justificar lo adecuado del apunte de hoy con mi carga genética aragonesa y cantar, a ritmo de jota, que lo hago porque quiero, porque puedo y porque me da la gana. No creo que haya que llegar al franco aunque rudo baturrismo. Sencillamente, hace unos días calló para siempre la voz de uno de los grandes: Táyeb Sáleh (lo de Táyyeb tiene un punto de pedantería etimológica). Cuando eso ocurre, que una voz necesaria se vuelve un recuerdo inmarcesible, esta casa de Alfonso se para y escucha. De paso, quizá se podría definir también así la trayectoria vital de Alfonso de Zamora: en algún momento cercano a 1492 se paró y se puso a escuchar unas voces que le venían de muy dentro y no dejó de prestarles atención hasta 1545, más o menos.

Yo le puedo agradecer a Táyeb Sáleh muchas cosas. La primera, que me enseñara árabe. Como los libros de Muhammad Shukri (محمد شكري, 1935-2003), los de Sáleh me enseñaron que se puede escribir en árabe con belleza y claridad. Y por tanto, que se puede leer en árabe con belleza, de lo que nunca había dudado, ni cuando me hacían leer Los avaros de Alyáhiz, y, también, con claridad. Eso, cuando se está intentando ir cumpliendo etapas de la dura ascensión que supone aprender una lengua, os aseguro que es muy de agradecer.

Aparte, la historia de lo que en español se ha llamado Época de migración al norte me tocó especialmente porque la descubrí precisamente en una de mis épocas de migración al norte, en las clases de James Montgomery. En árabe se puede hacer un juego de palabras y de raíces entre el territorio de la migración y del exilio (الغربة, alġurba), que, como la propia palabra indica, está siempre en Occidente (الغرب, alġarb), donde habitan los extranjeros, los extraños (الغرباء, alġurabāʔ) y donde uno es, por antonomasia, un extraño, un extranjero (غريب, ġarīb) porque, toda migración se puede resumir en un extrañamiento hacia Occidente (اِغتراب, iġtirāb). Al menos en árabe, lengua fundamentalmente transida de islam, cuyo hito histórico fundador no es ni más ni menos que una migración, una hégira, la misma palabra que utiliza Sáleh (migración) para titular su libro.

El protagonista de la novela es un migrante a Occidente (مغترب, muġtarib), como era yo en la época en que descubrí este relato sorprendentemente breve,  que, entre otras cosas, descubre el amor y la duda en Inglaterra. Y luego, antes y durante pasan muchas cosas, muchas. Pero mejor, id a la novela y descubridlas todas.

Como algo puramente personal, lo que siempre me ha atraído de esta Época de migración es la cantidad de sugerencias verbales que me ha aportado. El término que María Luisa Cavero traduce por época es en árabe موسم (mawsim) que, entre el amplio abanico de significados que posee, designa las romerías que en toda la cuenca mediterránea se hacen a tumbas de santos. En el Magreb es una práctica particularmente consolidada y a veces, por error, se induce a pensar que el culto de los santos sería una característica, con ribetes heréticos, del islam magrebí. Esto no es exacto y el culto de los santos, con variantes tan diversas como diverso es el islam, es casi un universal de la práctica popular de la religión, al menos en los países de la cuenca mediterránea. Me transmite una sensación de amigable familiaridad y de entrañable convivencia multicultural el hecho de que muchos, si no casi todos, de esos santos mediterráneos han sido una práctica compartida por judíos, musulmanes y cristianos. Por que se me entienda claramente: los adeptos de las tres religiones iban a las mismas ermitas donde reposan los cuerpos de los santos.

Sidi Testur, Figuig (Marruecos), en la frontera con Argelia. Foto de Wissem Gueddich, octubre de 2008.

Sidi Testur, Figuig (Marruecos), en la frontera con Argelia. Foto de Wissem Gueddich, octubre de 2008.

De la abundante bibliografía de esas romerías que comparten musulmanes, judíos y, en algún caso, cristianos, y sin ánimo de exhaustividad, la primera referencia es, creo, la amplia monografía de Josef W. Meri, The Cult of saints among Muslims and Jews in Medieval Syria, Oxford, Oxford University Press, 2002; a la que hay que añadir, por ejemplo, Yoram Bilu, «Encountering the sacred : saint veneration and visitational dreams among Moroccan Jews in Israel», en Thomas A. Idinopulos y Edward A. Yonan (ed.), The Sacred and Its Scholars; Comparative Methodologies for the Study of Primary Religious Data, Leiden, Brill, 1996, págs. 89-103; André Eliyahu Elbaz, «Le culte des saints dans le conte populaire des Séphardim canadiens d’origine marocaine», Fabula: Zeitschrift für Erzählforschung (Berlín), vol. xxiii, nº. 1-2 (1982), págs. 64-74; Rivka Gonen, («כיצד נוצר קבר יהודי קדוש : מקרה קבר רחל אשת רבי עקיבא» [Cómo se crea la tumba de un santo judío: el caso de la tumba de Raquel, esposa de Rabbí Aqiva ], en Rivka Gonen, אל קברי צדיקים; עליות לקברים והילולות בישראל [A las tumbas de los santos: romerías a tumbas y fiestas conmemorativas en Israel], Jerusalén y Tel Aviv, Israel Museum y Yediot Aharonot-Sifre Hemed, 1998, págs. 75-85; Joel L. Kraemer, «A Jewish cult of the saints in Fatimid Egypt», en Marianne Barrucand, L’Égypte fatimide – son art et son histoire; actes du colloque organisé à Paris, mai 1998, París, Presses de l’Université de Paris-Sorbonne, 1999, págs. 579-601; André Lévy, «Ethnic aspects of Israeli pilgrimage and tourism to Morocco», Jewish Folklore and Ethnology Review (Nueva York), vol. xvii, nº. 1-2 (1995), págs. 20-24; Janice Rosen, « From the Maghreb to Montreal : Moroccan saint veneration among Muslims and Jews», en Charles Selengut, Jewish-Muslim Encounters; History, Philosophy and Culture, Saint Paul, MN, Paragon House, 2001, págs. 51-71; Ephraim Shoham-Steiner, «”For a prayer in that place would be most welcome”: Jews, holy shrines, and miracles – a new approach», Viator; Medieval and Renaissance Studies (Turnhout, Bélgica), vol. xxxvii (2006), págs. 369-395; Haïm Zafrani, «Droit rabbinique et sainteté (“halakhah” et “qedushah”) : une idée de sainteté laïque chez Maïmonide», Revue européenne des études hébraïques (Saint-Denis, Francia), nº. 9 (2003), págs. xiii-xxxi.

Quizá la historia de amor y de retorno de un estudiante sudanés a Inglaterra, como la historia de amor de los habitantes del Magreb, toutes religions confoundues, con sus santos tradicionales, enseñe mucho más sobre las verdades inherentes de la vida de lo que un blog tirando a torpe pueda decir. Por eso, parémonos y escuchemos:

وآثرت ألا أقول بقية ما خطر على بالي: “مثلنا تماماً. يولدون ويموتون وفي الرحلة من المهد إلى اللحد يحملون أحلاماً بعضها يصدق وبعضها يخيب. يخافون من المجهول، وينشدون الحب، ويبحثون عن الطمأنينية في الزوج والولد. فيهم أقوياء، وبينهم مستضعفون، بعضهم أعطته الحياة أكثر مما يستحق، وبعضهم حرمته الحياة. لكن الفروق تضيق وأغلب الضعفاء لم يعودوا ضعفاء”. لم أقل لمجحوب هذا، وليتني قلت، فقد كان ذكياً. خفت، من غروري، ألا يفهم.

Preferí no decir lo que se me estaba ocurriendo: «Son exactamente como nosotros. Nacen y mueren, y en su viaje de la cuna a la tumba persiguen algunos sueños que se hacen realidad y otros que nunca se logran. Tienen miedo a lo desconocido, buscan el amor y aspiran a conseguir la felicidad en el matrimonio y con los hijos. Unos son fuertes y a otros se les considera débiles. A algunos la vida les ha dado más de lo que se merecen y otros, en cambio, carecen de lo más elemental. Pero las distancias se van acortando y hay cada vez menos débiles.» Eso no se lo dije a Mahchub -ojalá se lo hubiera dicho, porque era una persona inteligente-, pero en mi vanidad creí que no lo iba a entender.

«Estos días azules, este sol de la infancia»

En respuesta a los últimos y recientísimos acontecimientos en casa del vecino del entresuelo izquierda de cierta corrala que tiene la entrada de servicio y el Wunderkabinet en Madrid, el balcón con vistas a la playa en Barcelona y el otro, que da a una reliquia de la última guerra nuclear protagonizada por Mel Gibson, en Roma, he sentido la necesidad de realizar una declaración patriótica:

Sí, es Jacques Brel, que era flamenco de nación y francófono de lengua, cantando su bellísima canción Le plat pays («El país llano») en la otra lengua, junto con el francés, de Bélgica, el neerlandés. Con las lenguas, como con las personas, quizá solo sean cuestión de buena voluntad que, como ya se sabe, provoca la «paz en la tierra».

Mijn vlakke land («Mi país sin alturas»)

Letra original francesa y música de Jacques Brel; adaptación neerlandesa de Ernst van Altena.

Wanneer de Noordzee koppig breekt aan hoge duinen
En witte vlokken schuim uiteen slaan op de kruinen
Wanneer de norse vloed beukt op het zwart basalt
En over dijk en duin de grijze nevel valt
Wanneer bij eb het strand woest is als een woestijn
En natte westenwinden gieren van venijn
Dan vecht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando rompe tenaz el Mar del Norte en las altas dunas
y blancos copos de espuma se escabullen encima de las olas
Cuando la tormenta de corazón helado golpea con estrépito el negro basalto
Y encima de diques y dunas se desparrama la niebla gris
Cuando baja la marea, está desolado como un páramo
Y el poniente de lluvia silba el veneno
Entonces lucha mi país, mi país sin alturas.»]

Wanneer de regen daalt op straten, pleinen, perken
Op dak en torenspits van hemelhoge kerken
Die in dit vlakke land de enige bergen zijn
Wanneer onder de wolken mensen dwergen zijn
Wanneer de dagen gaan in domme regelmaat
Een bolle oostenwind het land nog vlakker slaat
Dan wacht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando la lluvia bate en calles, plazas y parques
sobre tejados y agujas de iglesias, altas hasta los cielos,
que son las únicas montañas de este país sin alturas
Cuando, bajo las nubes, las gentes son minúsculas
Cuando los días pasan como se espera que pasen
Un levante sin límites vuelve el país aún más llano
Entonces aguarda mi país, mi país sin alturas»]

Wanneer de lage lucht vlak over het water scheert
Wanneer de lage lucht ons nederigheid leert
Wanneer de lage lucht er grijs als leisteen is
Wanneer de lage lucht er vaal als keileem is
Wanneer de noordenwind de vlakte vierendeelt
Wanneer de noordenwind er onze adem steelt
Dan kraakt mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando se encapota el cielo por encima del agua
Cuando se encapota el cielo nos enseñan humildad
Cuando se encapota el cielo como si fuera de piedra
Cuando se encapota el cielo tan pálido como cantos rodados
Cuando el cierzo deshace en partes la llanura
Cuando el cierzo nos roba el aliento
Se agrieta mi país, mi país sin alturas»]

Wanneer de Schelde blinkt in zuidelijke zon
En elke Vlaamse vrouw flaneert in zonjapon
Wanneer de eerste spin zijn lente-webben weeft
Of dampende het veld in juli zonlicht beeft
Wanneer de zuidenwind er schatert door het graan
Wanneer de zuidenwind er jubelt langs de baan
Dan juicht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando el río Escalda brilla con sol meridional
y toda mujer de Flandes luce preciosa en ropa de verano
Cuando la primera araña teje su tela del buen tiempo
O el campo mojado se estremece a la luz del mes de julio
Cuando el mediodía se desliza por los trigales
Cuando el mediodía se regocija por los surcos
Entonces da voces de alegría mi país, mi país sin alturas»]

Quizá se esté de acuerdo en que, para cultivar los beneficios del bienestar y alejar los fantasmas del odio ciego, conviene pensar toda forma de amor como una declaración de humor. En el caso del amor a los países y las patrias, quizá convenga aplicar más humor aún, para conseguir que el amor a la patria -sentimiento que yo no poseo- persista en ser como una caricia íntima y amiga y no degenere en una reivindicación del escuadrón de fusilamiento como forma última del patriotismo.

Exactamente igual que con la celebérrima canción de Jacques Brel, Ne me quitte pasNo me dejes»), cuyo verdadero significado esté tal vez más cerca de la sátira de un hombre absurdamente enamorado que del elogio de ese amor absurdo. Exactamente igual que con el amor que conviene a las patrias: siempre más cerca, mejor sea, de tomarle el pelo que de llevarnos a un pelotón de fusilamiento.

Traduttore che si tradisce: Como el manejo con suficiencia del neerlandés no se cuenta entre mis escasas virtudes, este intento de traducción debe tomarse más como un apaño bastante torpe para daros alguna idea del sentido de la canción, que de una verdad verdadera de lo que le hizo decir Ernst van Altena a Brel. Para la canción francesa original, aquí. Para Brel cantando la versión francesa, aquí (con una traducción inglesa subtitulada casi tan discreta como la que yo hago en este apunte del neerlandés).

Como quien lee en un renglón tachado
el arrepentimiento de una vida,
con tesón, con piedad, con fe, aún con odio,
ahora, a mediodía, cuando hace
calor y está apagado
el sabor, contemplamos
el hondo estrago y el tenaz progreso
de las cosas, su eterno delirio,
mientras chillan
las golondrinas de la huida.

Claudio Rodríguez (Zamora, 1934-Madrid, 1999), «Brujas a mediodía (Hacia el conocimiento)», Alianza y condena (1956)

נשארה הדלת הזאת לבנה בעבור טעות הסופר מפני חליו / quedo esta plana blanca por error del escrivano por su yndisposiçion

נשארה הדלת הזאת לבנה בעבור טעות הסופר מפני חליו / quedo esta plana blanca por error del escrivano por su yndisposiçion

Folio 117 verso del manuscrito nº. 4188 de la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. Colofón parcial fechado el viernes, 5 de junio de 1523.

Página siguiente »