Pero, la tremenda tragedia española ha puesto al aire, ha descubierto las entrañas mismas de la vida. Esto por una parte, y por otra, que en los trances decisivos, el amor surge absorbente, intransigente. Y así, eso que se llama patria y que antes los españoles, al menos, no nos atrevíamos a nombrar, ha cobrado en su agonía todo su terrible, tiránico, poder. Imposible liberarse de su imperio; imposible, porque tampoco queremos librarnos, sino entregarnos, como todo amor ansía, más y más. Y la mente va allí donde el amor la lleva, y así, he de confesar que tengo ante mí una larga cadena de temas hispánicos, de los cuales he entresacado los de estas conferencias que pertenecen a una serie titulada toda ella: Pensamiento y poesía en la vida española.

(más…)

Anuncios

En esta época también se aprecia en sus lecturas escolares un notable interés por la historia de la Corona de Aragón y de Portugal. En la formación de Felipe II habían fracasado los intentos por enlazarle con Aragón, pues, aunque en 1553 Francesch Tarafa le dedicó su Chronica de la prouincia de Cathelunya en la Citerior Spanya [Madrid, BNE, mss. 1880], su intento por contrarrestar la imagen castellanocéntrica del futuro soberano [JdPP: el príncipe Don Carlos] era ya tardío. No ha de sorprender, por tanto, que en 1557 Cristofor [JdPP: sic] Despuig denunciará [sic] en sus Colloquis de la insigne ciutat de Tortosa la pretensión castellana de monopolizar la españolidad.

[Els castellans tots son casi de esta manera que per no publicar la gloria dels espanyols que no son castellans, volen la veritat y per fer gloriosa la sua propia nació no dubten d’escriure materia […] questos castellans s’en beven tot.]

[Los castellanos son casi todos de esta manera, que, para no publicar la gloria de los españoles que no son castellanos, velan [¿?] la verdad y para hacer gloriosa a su propia nación no dudan en escribir materia […] de la que estos castellanos toda beben.]

Sin embargo, la presencia de Honorato Juan facilitó que este programa, «aragonesizador» se desviara hacia su pupilo, entonces un niño, pero futuro rey. Ya en 1556 compró para el príncipe un ejemplar de «los dichos del Rei don Alonso», de Beccadelli [¿Dichos y Hechos notables, graciosos y elegantes, del sabio Rey don Alonso de Aragón, y de Nápoles, adicionados por Eneas Siluio, Obispo de Sena, otramente dicho Papa Pío, aora nueuamente traduzidos y recopilados en lengua Castellana […], Amberes, Juan Lacio, 1554?], lectura que un año después fue seguida por el obsequio de la Chronica o comentaris del gloriosissim Rey En Iacme primer rey d’Aragó, dedicada al príncipe don Carlos, todavía infant de Aragó, por los jurados de Valencia. […] Su esfuerzo no fue en vano, pues don Carlos se mostró muy interesado por las cuestiones aragonesas. En 1559 solicitó al protonotario de Aragón, Miguel Clemente, que le llevara el original manuscrito del Libro de las Ordenaciones de la Corona de Aragón, y tras verlo le pidió que le hiciera una copia. Según recuerda el cortesano, la primera vez que don Carlos le pidió la copia, tras consultarlo con Honorato Juan y García de Toledo, se decidió que el tema no era todavía adecuado para la tierna edad del príncipe (¡catorce años!), pero como éste le insistió en 1562, decidió cumplir el antiguo encargo [Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, mss. H-II-10].

José Luis González Sánchez-Molero, «Lectura y bibliofilia en el príncipe don Carlos (1545-1568), o la alucinada búsqueda de la ‘sabiduría’», en Pedro María Cátedra y María Luisa López-Vidriero, edición al cuidado de María Isabel de Páiz Hernández, La memoria de los libros. Estudios sobre la historia del escrito y de la lectura en Europa y América, Salamanca, Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, Fundación Duques de Soria, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2004, págs. 713 y 714.

Aleix Vidal-Quadras […] reiteró, además, su planteamiento de que la Segunda República fue la culpable de los 40 años de dictadura en España bajo Francisco Franco.

Joan Foguet, «Vidal-Quadras pide eliminar las nacionalidades de la Constitución», El País, 3 de junio de 2009.

Si es que las visten como putas

Vidal-Quadras pide eliminar las nacionalidades de la Constitución

[Del vascuence] «sus vocablos y construcción mucha enseñanza y doctrina [poseen], que a los que hablan y entienden hace eruditos y bien instruidos».

Manuel de Larramendi (1690-1766), Diccionario trilingüe castellano, bascuence y latín, reedición de Pío de Zuazua, San Sebastián, s.n., 1853, fol. xxix.

Ampliamente desaparecido en nuestros días, pero sin lugar a dudas omnipresente, fue el papel de todos y cada uno de los tipos de multilingüismo en los asuntos cotidianos, el tejido comunitario, las evoluciones de la sensibilidad de la experiencia humana ordinaria en todo el mundo. Es muy posible que una conciencia auténticamente unilingüe sea, en la historia y en la cultura, una excepción. El chovinismo lingüístico, la exaltación de la lengua nacional oficial y de sus raíces míticas son fenómenos tardíos. En el caso europeo, no son anteriores al siglo xvi. Hoy en día, la prepotencia del anglo-americano es un fenómeno crítico que altera la naturaleza misma del lenguaje y de las relaciones humanas. Paradójicamente, engendra asimismo un bilingüismo reforzado, puesto que cada indígena debe conocer su lengua a la vez que el anglo-americano.

El desafío es considerable. Las doctrinas llamadas progresistas, en materia de educación y de psicología del niño, sobre todo en Estados Unidos, se han opuesto a un multilingüismo precoz. De forma más o menos consciente, el chovinismo y las presiones en pro de la integración étnica que subyacen en este tipo de pedagogía son evidentes. Hay que convertir al niño en un ciudadano unilingüe, purgado de su pasado de inmigrante, liberado de la herencia, contraria a sus oportunidades socio-profesionales, que ha recibido de culturas extrañas e inferiores. Un inglés americano normativizado, que asalta desde la infancia, dará acceso al ascensor del patriotismo y del éxito, a la hegemonía de valores y deseos que el modo de vida formidablemente imitable de los americanos ha acabado ejerciendo en buena parte del mundo. Pero el psicólogo de la educación tiene ambiciones más lejanas. En su versión consecuente, busca que el multilingüismo desde la más tierna infancia siembre la confusión en la psiqué en formación, que pueda inducir transtornos de la personalidad, del desorden benigno a la esquizofrenia pura y simple.

Segmentado y desorientado entre diferentes lenguas, el espíritu, la urdimbre de la identidad coherente del niño se deshilacharán total o parcialmente. El reconocimiento de uno mismo quedará obscurecida por los flujos conflictivos de la conciencia. De forma no menos perjudicial, al niño, al individuo ya maduro, le será cada vez más difícil asimilarse al «grupo de sus semejantes» o a su patrimonio nacional. Extranjero de sí mismo, el hombre descentrado lingüísticamente corre el riesgo de seguir siendo un extranjero en mitad de un Estado de estilo americano, liberal, igualitario y colmado de bienes materiales.

Sostengo que este punto de vista bordea la idiotez. Si se aplica, reduce el espíritu humano a la mendicidad, lo domestica. En la misma medida, da testimonio de un trauma inmemorial. El incidente de Babel.

George Steiner, Errata: An examined life, Londres, Weidenfeld & Nicolson, 1997 (tomado de la edición francesa, traducción de Pierre-Emmanuel Dauzat, París, Gallimard, 1998, págs. 134-135).

Metrópolis de Babel.

Metrópolis de Babel.

Una característica espectral recorre mi Europa privada de las diásporas: la pérdida de la sintaxis. Gregor me tranquilizó asustándome: a él le pasaba desde hacía tanto tiempo que lo había asumido como la verdadera condición de su lenguaje. Suizo germanófono casado con una preciosa francesa de la isla de la Reunión, aunque parisina de muchos años, residentes en Inglaterra, criando una niña trilingüe, la sintaxis de todas sus lenguas era una carrera contra Babel. Una persecución retroactiva de la lengua original. Y él, que es un intelectual humanista, que habla árabe de Siria con acento alemán y hebreo de Jerusalén con el mismo acento, y es, en su forma de pensar, tan cuidadoso como el mecanismo de un reloj suizo (¿quién dijo que el tópico es inútil?), me dio la pauta de que la despreocupación purista era una forma de nirvana diaspórico. Entiéndanme: precisamente por su condición de reloj suizo, estaba muy preocupado por la perdida del lenguaje pero convinimos, té va, café viene, en la sala de pasos perdidos de la Biblioteca Británica, en que, de lo que es irremediable, mejor no preocuparse. Es una condición esta de la pérdida de la lengua primera tan habitual en mi círculo que la asumo como esencial, al paradójico modo: Judith con su polaco, su inglés y su francés; María (con acento) con su español, su inglés y su italiano (y otras cuantas más, pero no vamos a sacar los colores); Maria (sense accent) con su catalán, su español, su italiano y su inglés (puis, le français, où en sommes nous?); yo mismo, que por no saber, no sé muy bien donde estoy.

No sé (y acabo) si estoy del todo de acuerdo con Steiner. No sé si la inmersión lingüística es tan deleznable como escribe (pues de inmersión lingüística escribe Steiner, contradiciéndola, por si no se habían dado cuenta). Supongo que lo que debe controlarse es el componente ideológico de la inmersión lingüística, nada más y nada menos. O equilibrar las reglas impuestas de la lengua normativa con las libertades adquiridas por la costumbre del humanismo, lo que nos acabaría llevando a un punto de encuentro con las tesis de Steiner. Y antes de que sigan leyendo, un recordatorio antes de que me vengan indignados con mandangas: la principal política de inmersión lingüística [enmienda: en la Península Ibérica] por las bravas es la que desarrolló el Estado español, primero liberal, luego Dios sabe qué, desde mediados del siglo xix hasta finales del xx. En Francia también saben un rato de estas cosas.

Es cierto que una constante de las últimas hornadas de ciertas investigadores americanos, por origen o por formación, es una incapacidad para las lenguas extranjeras que a mí me exalta la bilis. Pero no es menos cierto que, en los campos directamente concernidos por el manejo de lenguas modernas y clásicas, investigadores de ese mismo origen lingüístico dan mil y una vueltas a españoles y franceses tradicionalmente afásicos.

La cantidad vocabular o el tamaño de la lengua en que se nos sumerge por inmersión lingüística no es criterio de nada, salvo en las ensoñaciones venéreas de los lingüistas (normalmente sociolingüistas) que veneran el tamaño o el onanismo de los usos lingüísticos por encima de la calidad en el manejo. Nada que ustedes, queridas lectoras y lectores, no sepan por su vida diaria. Quod erat demonstrandum

Coda: Aunque esté mal decirlo, porque no decía absolutamente nada nuevo como tiene por costumbre de algunos años a esta parte, yo me lo pasé muy bien con La busqueda de la lengua perfecta en la cultura europea, de Umberto Eco (Barcelona, Crítica, 1994; primera edición italiana como La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea, Bari, Laterza, 1993). Por casualidad, acabo de descubrir que en la primera de mis almae matres les ha dado por interesarse por asuntos que son muy de mi incumbencia: Ana Vian y Consolación Baranda (ed.), Letras humanas y conflictos de saber: la filología como instrumento a través de las edades, Madrid, Editorial Complutense, 2008 (edición a cargo del Instituto Universitario Menéndez Pidal), en el que Fernando Díaz Esteban acomete el artículo «Bernardo de Aldrete en la corriente anticuaria del siglo xvii», págs. 345-361. Don Fernando, uno de los hebraístas, en Barcelona y en Madrid, que han impartido docencia universitaria en la segunda mitad del siglo xx, provoca en mí cierto agnosticismo intelectual, pero parece que, en esta ocasión, acomete y desarrolla en lugar de perpetrar un artículo, de lo cual me felicito. En cualquier caso, Bernardo de Aldrete (1560-1641) es un barroco temprano y humanista tardío de mucho interés, que sostenía afirmaciones de esta laya:

No puedo dexar de responder a los que sienten, que hago agrauio à nuestra lengua en darle principio, que sea mas moderno, que la población de España por el antiguo Tubal, lo demas tienen por indigno de la gra[n]deza española. […] La propiedad con copia i abundancia de vocablos, la dulçura junta con la grauedad, la elegancia acompañada de facilidad, i otros ornamentos semejantes son los que honrran, i dan precio i estima a vna lengua.

(Díaz Esteban, 2008, pág. 348)

En español y sobre las Españas, por seguir con el argumento de Tubal [enmendado y enlazado], yo he disfrutado siempre mucho con los escritos de Antonio Tovar Llorente. Quien se asombre (ya ven ustedes qué cosas) de que un madrileño de nación y de ejercicio se deleite hablando y escribiendo catalán (a la manera de Valencia), lo de Tovar debe ser causa de estupor mayor: un vallisoletano de nacimiento, falangista de primeras, exiliado pro-democracia después, rector de Salamanca, que hablaba y escribía del catalán y del vasco (y otra docena larga de lenguas). ¡Ahí es nada! De Tovar, yo tengo entre mis libros predilectos (y viene al caso de lo que tratamos) Mitología e ideología sobre la lengua vasca. Historia de los estudios sobre ella, Madrid, Alianza Editorial, 1980, porque, si ustedes no lo saben ya se lo digo yo, todo empieza en las Españas por el vasco. Sobre todo a partir del siglo xvi. Sin ánimo paradójico pero con intención cojonera, les he de revelar que no hay nadie más español que los vascos. Bien a su pesar y, quizá en ocasiones, bien a pesar de los que no nos quedan más narices que ser españoles (qué quieren, si tal nos ha tocado en el reparto). Como no estamos en un quodlibeta medieval y, por no querer convencer, no me quiero convencer ni a mí mismo, me permito darle a la de cal de George Steiner, una de arena de Antonio Tovar. Aquí va (y queden ustedes, como es costumbre de esta casa, con Dios. Veremos si mañana podemos leernos. Si no, el lunes):

Y ¿qué diremos sobre la actual situación del euskera? No soy vasco, ni vivo allí para estar bien informado de la rápida evolución de los últimos años, ni me siento con autoridad para opinar sobre las tendencias que dominan en la lengua vasca. En la Edad Media, y todavía en la Moderna, y en España hasta el siglo xx, las lenguas eran habladas en su mayoría por analfabetos, y se heredaban principalmente por tradición oral, como en los tiempos primitivos. Así ha llegado el vasco hasta ayer, y así se ha conservado entre los vascos la literatura oral viva hasta hoy.

Pero la actual crisis, desgraciadamente sangrienta crisis, que sacude a los vascos, es una crisis política, mas también lingüística. En el mundo actual, donde no puede haber analfabetos, porque la economía lo prohíbe, la transmisión de la lengua ya no es predominantemente oral, ni ocurre en el tranquilo y secular regazo de los caseríos en las montañas. El País Vasco, tan industrializado, tan atractivo como ha sido para inmigrantes, ha llegado a una crisis de identidad.

Y sería necio no reconocerlo. Una lengua hoy no puede subsistir sino con escuela y con los medios de comunicación modernos, y una forma de lengua unificada es necesaria para que sirva en estos usos y en los de la administración autónoma. Privar hoy a una lengua de esto es lo mismo que condenarla a muerte.

El camino de la paz en las provincias vascas y en España pasa por la política, y, según se puede ver en este libro, por la política lingüística. «La situación actual -ha dicho el rey don Juan Carlos a un periódico extranjero (El País, 23 de marzo de 1980)- es el fruto de enormes errores históricos». […] Cuando Unamuno creía, en su falta de fe en el futuro del euskera, que operar con las lenguas y hasta cierto punto dirigirlas es imposible, desconocía, como hombre de su época historicista, que siempre han sufrido las lenguas tales operaciones, y […] también la castellana y española las ha sufrido a manos del Rey Sabio en el siglo xiii o de la Real Academia de Felipe V en el xviii.

(Antonio Tovar, 1980, págs. 200-201).

Estrambote: Por casualidad me encuentro con la revista Península: revista de estudos ibéricos (Instituto de Estudos Ibéricos, Faculdade de Letras da Universidade do Porto), que lleva publicando desde 2003 fascículos buenos, bonitos, baratos por cibernéticamente gratuitos, eruditos y sin embargo interesantes, portugueses e ibéricos. No se me pongan remolones y no me vayan a pedir más en plan exigente: disfruten lo que hay, que no es poco. Va derecha a los enlaces de la columna a mano diestra, que pueden ustedes recorrer tanto como les plazca, por cierto. ¿Hacía falta decirlo?

«Encheremos nossa boca de riso
nossa lingua de musica & alegria»
Samuel Usque, Consolação às tribulações de Israel,
Ferrara, 1553, folio cclxxxi recto

Frontispicio de la Esnoga de Amsterdam.

Frontispicio de la Esnoga de Amsterdam.

Such are the recorded languages of the Netherlands-based seventeenth- and eighteenth-century Sephardim: Portuguese at synagogue and for synagogue-related bureaucratic work, as well as for certain religious and secular documentation and publications; Spanish for business, fine arts, everyday life; Hebrew at the occasional erudite academy, more written than spoken, at times recited, also for liturgy, biography, grammar and circumstantial poetry; Latin and Greek for classical erudition; Dutch for communication with officialdom, general commerce and the occasional circumstantial poem; as the eighteenth-century evolves, French for haute couture; Italian surely for the occasional conversation with coreligionaries from home, such as in the case of Abraham Cohen de Herrera (Italy 1580-Amsterdam 1635), author of the Spanish-language treatise on Kabbala, Puerta del cielo.

Other than Portuguese, Spanish, French and Italian, at least one additional Romance tongue was known within the Dutch Sephardic Community: Catalan […].

[«Estas son las lenguas de cuyo uso existe evidencia entre los sefardíes residentes en los Países Bajos durante los siglos xvii y xviii: el portugués en la sinagoga y para los trámites sinagogales, así como para ciertos documentos y publicaciones de carácter religioso o secular; el español para hacer negocios, las artes y la vida cotidiana; el hebreo en algunos círculos eruditos, más escrito que hablado, recitado a veces, también para la liturgia, escribir biografías, gramáticas o poemas de circunstancias; el latín y el griego para la erudición clásica; el holandés para comunicarse con las instancias oficiales, el comercio en general y algún poema de circunstancias. Según avanzó el siglo xviii, el francés para la alta costura y el italiano para alguna conversación que pudiera darse con los correligionarios oriundos de la misma tierra, como ocurría con Abraham Cohen de Herrera (Italia 1580-Amsterdam 1635), autor de un tratado escrito en español, Puerta del cielo, sobre la cábala.

Junto con el portugués, el español, el francés y el italiano, al menos se tiene noticia de otra lengua románica conocida en el seno de la comunidad sefardí holandesa: el catalán […]».]

Kenneth Brown, «A Catalan speaker at esnoga: Nicolau d’Oliver i Fullana (Majorca ca. 1620-the Dutch Netherlands [?] ca. 1698)» [«Un catalanohablante en la esnoga: Nicolau d’Oliver i Fullana (Mallorca, ca. 1620-Provincias Unidas de los Siete Países Bajos, Zutot: Perspectives on Jewish culture (revista), vol. iii (2003), págs. 87-97.

Y hasta aquí puedo leer, yo como ustedes. Cuando estuve en bibliotecas en las que había este numero de Zutot (una revista muy apañada, por otra parte), me descuidé de sacar copia del artículo. Así que tampoco yo sé quien fue ese Nicolau d’Oliver y hasta qué punto se habló catalán en Amsterdam. Puestos a hablar catalán en el siglo xvii, sería bastante más lógico que lo hablasen en Liorna, el Livorno de los italianos. Así que no se me arremolinen expectantes: la pauta de las comunidades sefardíes, desde la Expulsiones de la década de 1490 en adelante, fue hablar una koiné, un sistema lingüístico cuya base principal fue lo que comúnmente llamamos castellano o español, que ya era en la Península Ibérica la lengua más difundida en ese mismo siglo xv. Y, por cierto, después también. Precisamente, una de las peculiaridades de las comunidades sefardíes del sur de Francia, principalmente radicadas en la región de Burdeos, y en los Países Bajos, fue que mantuvieran y se sirvieran del portugués, en contraste con el resto de comunidades sefardíes.

Tengo que admitir que no acabo de estar muy de acuerdo con la caracterización que da Brown: quizá convendría matizar los usos del español y del portugués que, en cada caso, me parece que abarcaron más de donde los cataloga el autor del artículo. La aclaración que da de que el hebreo era «más escrito que hablado» me sorprende (y formará parte del argumento de un apunte próximo donde pretendo contestar a una antigua deuda): lo de «hablado», en una comunidad sin especiales problemas de expresión y de intercomprensión lingüística como era la sefardí de los Países Bajos (¡sería por lenguas! ¡Venga otra ronda de adverbios!), me parece un poco extemporáneo, si me lo permiten. Pero bueno, sus razones tendrá Brown y quizá las dé en el artículo. Lo del francés de alta costura, francamente, me deja un poco con el pie cambiado, pero seguro que los sefardíes dieciochescos de Amsterdam eran tan presumidos como sus primos de aquende y allende del Mediterráneo. No en vano, a toda una especie de sefardíes notorios por el colorido de su comportamiento y su habillamiento los llaman, en París, les Juifs chalala. Y eso de Dutch Netherlands me suena un poco inaudito: Dutch, que yo supiese, llegaba hasta el Flandes hoy belga y los Netherlands históricos son, para los ajenos al Benelux, la mal llamada Holanda (que sí, que sí, que ya lo sé…), de la que es soberana la reina Beatriz; Bélgica, de la que pareciera, vista de lejos, que lo único que existe son el Rey Alberto, el chocolate y los mejillones con patatas fritas; y Luxemburgo. Pero, oigan, corríjanme, corríjanme, que para eso estamos…

Interior de la Esnoga de Amsterdam

Interior de la Esnoga de Amsterdam

Y, por Dios bendito, no me confundan glotónimos (nombres de lenguas), topónimos (nombres de lugares), gentilicios (nombres de los oriundos de esos lugares) y nacionalismos contemporáneos (productos mayoritariamente indeseables del romanticismo decimonónico y derivados): los sefardíes no eran españoles salvo en el sentido geográfico tradicional del topónimo Hispania, castellanizado en España y de la cual toma nombre, por otra con bastante lógica, la nación de la que yo mismo soy ciudadano. Y no podían ser españoles porque, entre otras minucias sin importancia, «España» como estado coherente y continuo no existía en 1492. Ni en 1500. Ni en 1640… Y Sefarad es España en ambos sentidos: el hispánico y el español. Y que existieran esnogas o scuole, es decir, sinagogas, que recibían el apelativo de catalanas no es porque quienes formaban la congregación fueran catalanes y, menos aún, catalanes «à la Joan Fuster», de Salses, en el Rosellón, a Guardamar, en la frontera con Murcia y de Fraga, en Aragón, a Alguer, en Cerdeña. Eran catalanas porque se rezaba siguiendo el rito catalán, un muy determinado rito que perduró hasta más o menos el siglo xviii. Pero estas comunidades catalanas estaban englobadas, en términos menos específicos, en la idea sefardí contrapuesta, por ejemplo, a asquenacíes, romaniotas (judíos de lengua griega de donde provienen casi todas las familias apellidadas «Greco» o «Grego», por si este dato fuera de interés para alguna de mis lectoras), yemeníes y, fuera del judaísmo rabínico hoy y ayer, pero no antesdeayer, mayoritario, caraítas. Yo solo tengo noticia de una comunidad sefardí que mantuviese más allá del siglo xvii su lengua catalana oriunda: la que existe en la mente algo calenturienta de algún publicista anónimo del nacionalismo (pan)catalanista.

Y, si ustedes quieren, les doy la bibliografía de esto y de más cosas si me la piden, pero no hoy, que ando ya con alguna gana de cerrar el chiringo y por mucho que sean ustedes, como dijo Cervantes de Barcelona, un puritito «archivo de cortesía», me espera Morfeo para platicar no sé qué cosas.

Ea, señoras, señores, con Dios. Con el que más les guste.

[Fotografías sacadas del sitio de la gran sinagoga sefardí de Amsterdam, la célebre y entrañable Esnoga de Amsterdam, una de las maravillas del mund(ill)o sefardí.]

El presidente del PP, Mariano Rajoy, denunció ayer la existencia de una «causa general» contra su partido.

Mariano Rajoy Brey, presidente del Partido Popular español, en varias declaraciones a la prensa en las últimas semanas.

Además, el consejero ha dicho que «estamos ante una causa general contra el partido» porque «el juez primero decreta el secreto de sumario pero a continuación consiente que se filtre información parcial de ese sumario que se utiliza para extender un manto de sospecha sobre todos los dirigentes populares».

Juan José Güemes Barrios, consejero de Sanidad del gobierno de la Comunidad de Madrid presidido por Esperanza Aguirre y Gil de Biedma. Casado con la senadora Andrea Fabra Fernández, hija del Presidente de la Diputación Provincial de Castellón, Carlos Fabra. Todos son miembros del Partido Popular español.

... Por quien caduca ya su valentía...

... Por quien caduca ya su valentía...

Como no pueden alegar ignorancia, ha de ser, por fuerza, otro ramalazo de la mala fe y la desvergüenza con que fagocitan a España, la presente y pasada, hace más tiempo del que la salubridad pública exigiría: en España solo ha habido una causa general. Conviene no olvidárselo.

Y ustedes no se me inquieten: mañana volveremos al siglo xvi. Prometido.

[En la misma serie.]

« Dans l’S, à une heure d’affluence. »

Raymond Queneau, Exercices de style.

Del otro lado del espejo…

Sin más, es un supremacista catalán; es decir, intolerante, xenófobo, falso y mentiroso: catalán.

Toño Cosconquiera, «¿Por qué Heribert Barrera se manifiesta a favor de la convivencia en Cataluña si a él le repugna?», Cosconquiera: Toño Cosconquiera presto para la lucha, 8 de febrero de 2009.

Il n’y faut dire que : suprémaciste allemande ! C’est-à-dire, intollerante, xénophobe, faussière et mensongère : allemande !

Antoine Cocquerelle, « Pourquoi Angela Merkel se manifeste pour la coexistence en Europe vu qu’elle en est répugnée ? », Cocquerelle : Antoine Cocquerelle choisit ses armes, 8 de febrero de 2009.

Sin más, es una supremacista hetero; es decir, intolerante, homófoba, falsa y mentirosa: hetero.

Shan-Gay Marlène, «¿Por qué Ana Pastor se manifiesta a favor de la etimología en la cuestión del matrimonio gay si los homosexuales le repugnan?», Shan-Gay Marlène: Con la pluma por delante, 8 de febrero de 2009.

Sin más, es una supremacista judía; es decir, intolerante, maurófoba, falsa y mentirosa: judía.

Hanan Marshawi, «¿Por qué Yael Dayán se manifiesta a favor de la convivencia árabo-israelí si los árabes la repugnan?», Marshawi: Con la kufiya guerrillera, 8 de febrero de 2009 [traducido del original árabe].

Sin más, es una supremacista árabe; es decir, intolerante, antisemita, falsa y mentirosa: árabe.

Yael Yadán, «¿Por qué Hanan Ashrawi se manifiesta a favor de la convivencia árabo-israelí si los judíos la repugnan?», Dayán: Ni por un justo, ni por dos, ni por cuarenta, 8 de febrero de 2009 [traducido del original hebreo].

De este lado del espejo…

És una supremacista espanyola i prou; és a dir, intolerant, xenòfoba, falsa i mentidera: espanyola.

Toni Cucarella, «Per què Rosa Díez es manifesta a favor del bilingüisme si a ella li repugna?»,  Cucarella: Toni Cucarella en roba de batalla, 8 de febrero de 2009.

Actualización bacavesa del 4 de marzo de 2009:

Como ya van ustedes por más de doscientas visitas únicas a este apunte y vienen casi todos del mismo sitio (pillastres, que son unos pillastres; como les mola la carnaza) y viendo sus reacciones aquí y acullá, incluyendo la del padre de la criatura («un buit joc de paraules amb les meues paraules» [«un vacío juego de palabras con mis palabras»]) me tomo la libertad de ponerles unas pocas miguitas para que no se me pierdan en la argumentación, estimados garbancitos. En estas cosas creo que lo mejor es la pedagogía del ejemplo, así que tomen nota: mi reelaboración (paódica, claro) del silogismo de Toni Cucarella, silogismo formulable en los siguientes términos español = (intolerante + xenófobo + falso + mentiroso) + (ad infinitum {+ ymasallá}), es similar a la coña que le hace Magapola a ese engendro musical e ideológico que fue la canción Luca era gay, que perpetró el cantante italiano Povia en el último festival de San Remo. Es decir (y les resumo, no se me vayan a haber perdido): decir que todo español es intolerante, etc., etc., tiene tanto seso como decir que la homosexualidad es una enfermedad y que se cura. Y la justa ira del español que soy yo (ya ven ustedes por donde) sería la misma que la del homosexual que cayese, por azar, en escuchar la canción del tal Povia.

Como soy partidario de que cada palo aguante su vela, hay que admitir que el procedimiento paródico no tiene nada de original. Intenta ahijarse con el conocido procedimiento literario del mundus inversus, que en hebreo y en la Península Ibérica dio obras tan notables como La ofrenda de Judá de Judá ibn Sabbetay (1168-1225).

Luego hay alguna consideración complementaria, como sopesar la desgracia que resulta para el ordenamiento del mundo en general, y para la tranquilidad de sus habitantes en particular, que la estupidez no duela. Porque si doliese, el mismo Toni Cucarella que aplica a este escrito mío la displicente calificación de vacío juego de palabras y se permite, antes, utilizar el sintagma holocausto palestino y, después, hablar de pogroms de nacionalistas pancatalanistas valencianos en la Transición («¿Qui s’ha oblidat de les bombes, de la manipulació i els progroms instigats des dels principals mitjans de comunicació?»), estaría retorciéndose por el suelo de dolores.

Por último una coda, por seguir con los silogismos: el progrom de Cucarella es a pogrom lo que cocleta a croqueta. Una vulgar ignorancia.

Reactualización: Más enlaces para una antología orgullosamente catalana del disparate.