Tertium comparationis


ביום ירושלים זוכים מערב ירושלמים לחוות את מה שמזרח ירושלמים חווים גם בשאר ימות השנה: מצור מוטל על רחובותיהם ועוצר על עירם, אנשי ביטחון חמורי סבר עומדים בכל פינה במחסומי פתע אקראיים, ונוהגים באזרחים שאינם זרים בגסות, ורבבות זרים פולשים לרחובות ועושים בהם כבשלהם, מבלי להתחשב ברגישויותיהם (המוזרות ככל שיהיו) של בני המקום.
השיא מבחינתי האישית מתרחש ברחוב בצלאל הסמוך, כשאלפי נוצרים פאנטים מארצות הברית ואירופה גודשים את הרחוב כדי להביע בתהלוכה רועשת ומחרישת אוזניים, הסותמת את כל נתיבי התחבורה מביתי והופכת על כן את הבריחה לבלתי אפשרית, את אהבתם לישראל. הם כל כך אוהבים את ישראל שמי שיעיין בכתביהם יגלה שהם זקוקים רק לעוד מלחמה אחת גדולה, שבה רובנו, יהודים ופלסטינים (גוג ומגוג), נהרג, כדי שמשיחם יקום לתחייה, הר מגידו והר הזיתים יחצו ויבשרו את בוא מלכות השמיים לארץ, והנותרים מבין המוסלמים והיהודים יודו בעליונות הנצרות.
יום ירושלים מופיע לראשונה במקרא (תהילים קל”ז, ו’). מעניין שאיש מאלו שהחליטו לקבוע את היום ואת שמו לא טרחו לבדוק את הביטוי במקורות, שכן יום ירושלים הוא ביטוי המציין את יום חורבן ירושלים.

(más…)

The position that I would like to propose here is not post-Zionist. I do not wish to undermine the Zionist national narrative or to weaken it. However, I do wish to add a dimension of self-awareness to it, so that it will be more critical, more nuanced, more balanced. In this way, historiography can take an important step forward. In the past two hundred years, historical studies mainly have helped to shape national consciousness and national particularism—one may add national egotism. Historical studies must undergo a corrective transformation and serve to foster understanding among nations, rather than hatred. Thus, after shifting from monophonic national history to professional history, we should continue now into a new phase of polyphonic history. The study of history should cease to serve those who foment conflicts and become instead an instrument of reconciliation, understanding, and tolerance.

La postura que pretendo presentar a continuación no es post-sionista. No deseo minar la narrativa nacional del sionismo ni debilitarla. Pese a esto, sí que desearía añadirle una dimensión de toma de conciencia, de forma que fuera más crítica, más matizada y más equilibrada. De este modo, la historiografía puede dar un importante paso adelante. En los últimos doscientos años, los estudios históricos han servido principalmente para dar forma a la conciencia nacional y al particularismo nacional, a lo que podríamos añadir el egotismo nacional. Los estudios históricos han de sufrir un correctivo transformador y prestarse a difundir el entendimiento entre las naciones, antes que el odio. Así, tras abandonar la Historia nacional monofónica por la Historia profesional, habríamos de proseguir ahora hacia una nueva fase de Historia polifónica. El estudio de la Historia habría de dejar de ser utilizado por quienes buscan fomentar conflictos y hacerse, en cambio, instrumento de la reconciliación, el entendimiento y la tolerancia.

[…] I proposed to the organizers of this workshop that they bring an Israeli historian who takes a critical approach toward the historical narratives of Zionist nationalism together with a Palestinian historian who adopts a similar approach toward the founding narratives of Palestinian nationalism. Unfortunately, my wish could not be realized. Nevertheless, I am here, prepared to speak, because I have come to the conclusion that the duty of self-criticism is incumbent on the conqueror more than on the conquered. […]

[…] Propusé a los organizadores de este seminario que trajesen a un historiador israelí con una mirada crítica a las narrativas históricas del nacionalismo sionista y, a la vez, a un historiador palestino que adoptase un enfoque similar respecto de las narrativas fundacionales del nacionalismo palestino. Desafortunadamente, mi deseo no pudo hacerse realidad, pese a lo que aquí estoy, listo para hablar, porque he llegado a la conclusión de que el deber de autocrítica incumbe antes al conquistador que al conquistado. […]

— Israel J. Yuval, «The myth of the Jewish exile from the Land of Israel: A demonstration of irenic scholarship», Common Knowledge, vol. xii, n.º 1 (2006), págs. 16-33 [16-17].

Tertium comparationis, x.

[En la misma serie.]

«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.

«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.

Vamos al grano. La ponencia de Netanyahu en la ONU fue “excelente” para tratar dos cuestiones coyunturales como la negación del Holocausto por parte de Irán y la carrera nuclear de ese mismo país. No me topé aún con nadie, en persona, que me dijera que no estaba “100% de acuerdo” con lo manifestado por el primer ministro israelí.

Con documentación “irrefutable” -¿hacía falta mostrar papeles y copias de planos?- intentó demostrar infantilmente que el Holocausto existió. Como si esos papeles en manos de un sionista, diría un detractor, tuvieran algún valor. Podrían ser copias de la lista de compras de su esposa, diría otro personaje.

¿No es suficiente con el testimonio ya conocido hasta ahora de que el Holocausto existió? Acá no se trata de Dios, Cristo o Mahoma. ¿El santo sudario indica que Jesús existió? No. Pero los evangelios sí.

Bueno, las cámaras de gas no están de escenografía en Polonia y mi abuela no fraguó documentos de la Cruz Roja. Y los nazis no gastaron millones de marcos en documentar su “gran obra”. Todo se puede ver por Youtube, menos los documentos de la viejita. […]

Netanyahu evitó hablar, no más que en retórica, de la paz con los palestinos, a los que englobó en un panarabismo que ya no existe. Acá se trata de comenzar a negociar de una vez por todas, de ir a fondo, violando incluso los tiempos, para lograr la paz con el pueblo palestino.

Aunque suene soberbio, hay que ayudarlos a crecer como pueblo, como vecinos. No amarlos, nadie ama a un vecino a menos que tenga un culo bárbaro (entiéndase en mi caso una vecina) y los palestinos no aman a los israelíes tampoco ni tienen por qué hacerlo. No hay que pedir eso. Pero ambos pueblos tienen que madurar juntos, es el único camino para evitar más dolor. […]

[…] Netanyahu es humano y político (qué combinación) y prefirió recordar a sus parientes asesinados por los nazis que a los soldados muertos en las últimas acciones militares de Israel en el Líbano y Gaza. Y ni hablar de las víctimas palestinas.

Si Israel hiciera la paz con los palestinos, ¿qué razón de ser tendría Hezbollah? Ah, que ellos quieren todo el territorio porque bla bla bla… Bueno, que ataquen que Israel se las devolverá. Un clásico.

Pero el error esta vez será de ellos porque aquel que acepta por esposa a la sangre para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, es cónyuge de la muerte, lo que en algún punto justifica su existencia sólo si palma inmolado y cargándose a los que pueda.

Desde hace 61 años, Israel es un país libre y democráticos. Con errores como todos. Pero desde hace 42, ocupa territorios. Y eso se paga con odio y resentimiento.

Aplaudamos mirando hacia la paz y no a la guerra. Por una vez aplaudamos un alba y no una puesta de sol. El atardercer es también un “se nos viene la noche” aunque sea más marketinero.

Estoy criando hijos en Israel. Quisiera que en 18 años el servicio militar no sea obligatorio. Quiero que sean lo que tengan que ser menos una tumba con honores castrenses.

Quiero que el héroe sea el que salva a un gato del arbol, no el que tiene signado defender al país y no puede descubrir la vacuna contra el trabajo porque el enemigo acecha y hay que pelear, matar o morir.

Basta de vericuetos bíblicos. Tengo esperanza. El día que la pierda armo la bomba atómica en el living. Total está en Youtube.

Mariano Man, «Viendo a Bibi (perdón Biondi», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 26 de septiembre de 2009 (die septima).

[En la misma serie.]

As I write this, I still have 10 days until the end of my reserve service in the West Bank. It is my first service in the Palestinian territories in nine years. Until then I was a platoon commander in an infantry unit, and served on a regular basis in the West Bank and on Gaza strip, both during mandatory duty and on reserve. Seven years ago I decided I will not take part in the occupation anymore, and refused to enlist to my yearly service. I was sentenced to 28 days in army prison no. 6, and later removed from my commanding post. When the next call came, I was transferred to a civil defense unit (again, as platoon commander), which usually doesn’t carry out such missions. But lately the army changed its policy, and my unit was called for a 26 days service in the Jordan Vally area. Not “hardcore occupation” like the things I used to do in Hebron or Ramallah, but still, inside the West Bank.

«Soldaten spielen Karten Skat», foto de Drakegoodman, 13 de junio de 2009.

«Soldaten spielen Karten Skat», foto de Drakegoodman, 13 de junio de 2009.

En el momento de escribir esto aún me quedan diez días de reservista en Cisjordania. Hacía nueve años que no estaba destinado en los Territorios Palestinos. Hasta entonces estuve al mando de un pelotón en una unidad de infantería, y estuve destinado habitualmente en Cisjordania y la Franja de Gaza, tanto durante el tiempo de mi servicio obligatorio como en funciones de reservista. Hace siete años decidí que no iba a participar nunca más en la Ocupación y me negué a alistarme para mi servicio anual. Me condenaron a 28 días en la prisión militar n.º 6 y me relevaron del mando. A la siguiente convocatoria, me trasladaron a una unidad de protección civil (nuevamente al mando de un pelotón), a la que habitualmente no se le encargan ese tipo de misiones. Pero el Ejército ha cambiado últimamente de política y han destinado a mi unidad a un periodo de 26 días de servicio en la zona del Valle del Jordán. Nada de «ocupación dura», como lo que hacía en Hebrón o en Ramalá pero, eso sí, dentro de Cisjordania.

What do I do here? That’s what I’ve been asking myself in the last two weeks. I don’t think I have the best answers yet, but I will try to share some of my thoughts on the matter here.

My first conclusion is that I just got weak. Nine years ago, after serving in South Mount Hebron, I understood there are no more excuses for taking part in what’s going on there. I explained this to my commanding officers, and when they insisted on calling me to serve, I was willing to do what I though was right. Military prison itself wasn’t that bad, but the whole process was emotionally demanding in a way that none-Israelis might find hard to understand. Explaining my actions to the people I worked with and to my family – repeating the same arguments over and over again – was extremely exhausting. Then, when an officer in my unit was killed in Jenin, confronting the rest of my friends in the army became almost impossible. The truth is I just didn’t want to go through all of this again.

¿Qué hago aquí? Eso es lo que llevo preguntándome desde hace dos semanas. No me parece que haya logrado aún tener las respuestas que convienen, pero trataré a continuación de compartir algunas de mis reflexiones sobre el asunto.

Mi primera conclusión es que, sin más, me he vuelto débil. Hace nueve años, cuando me destinaban a la zona sur del Monte Hebrón, entendí que ya no cabían excusas para seguir tomando parte en lo que allí ocurría. Les expliqué esto a mis superiores al mando y, al insistir en convocarme para el servicio, estaba dispuesto a hacer lo que creía que había que hacer. La prisión militar como tal no fue tan mala pero todo por lo que pasé me exigió enormemente desde un punto de vista emocional, de una manera que los que no sean israelíes encontrarán difícil de entender. Explicarles lo que estaba haciendo a mis compañeros de trabajo y a mi familia (repitiendo los mismos argumentos una y otra vez) resultó tremendamente agotador. Después, cuando mataron a un oficial de mi unidad en Yenín, dar la cara con mis amigos del ejército resultó casi imposible. La verdad es que no quería volver a pasar por todo eso.

I can give here some other excuses against refusing: for example, that since my unit would have gone there anyway, it’s best that I will do the Job, since I might be more sensitive to the Palestinians. But I never liked this kind of rationalization. I believe that the way people behave on uniform has more to do with their character than with their political affiliation. I’ve seen right wing guys who were decent and polite with the Palestinians and so called leftists who were cruel and indifferent. The problem is not with the soldiers themselves, but with the whole situation.

I can argue that refusing doesn’t carry the same political impact as it used to have. Nobody cares much what the diminished left does or say, and there are enough people willing to do the job. Dov Weisglass, PM Ariel Sharon’s consultant, once said Sharon initiated the withdrawal from Gaza because of the Geneva Accord and the refuzniks movement. Such momentum doesn’t exist now. On the other hand, do we choose to engage in political action just because we have a chance to succeed, or because it is the moral thing to do?

«Tsahal girls», foto de Robbie Stapleton, 5 de agosto de 2007.

«Tsahal girls», foto de Robbie Stapleton, 5 de agosto de 2007.

Puedo dar alguna otra excusa contra el rechazo a servir en el Ejército: por ejemplo, ya que a mi unidad la iban a destinar allí de todas maneras, mejor que me encargara yo mismo del trabajo, ya que tal vez fuera más sensible respecto de los palestinos. Pero nunca me ha gustado este tipo de racionalización. Creo que la forma en que la gente se comporta al llevar un uniforme tiene más que ver con su carácter que con su adscripción política. He visto a tipos de derechas que se mostraban decentes y corteses con los palestinos y a tipos de izquierdas que eran crueles e indiferentes. Lo problemático no son los soldados sino toda la situación.

Estoy dispuesto a afirmar que el rechazo a servir en el ejército no comporta el mismo impacto que antes. A nadie le importa lo que una izquierda capitidisminuida hace o dice, y hay gente de sobra dispuesta a servir. Dov Weisglass, que fue consejero del Primer Ministro Ariel Sharon, dijo una vez que Sharon inició la retirada de Gaza a consecuencia de los Acuerdos de Ginebra y el movimiento de rechazo a alistarse (refuznikim). Tal efervescencia ya no se da. Por otra parte, ¿elegimos comprometernos en la acción política solo porque tenemos alguna oportunidad de tener éxito o porque es lo que moralmente hemos de hacer?

I don’t oppose the army service as a rule, though I am aware of the problematic role the IDF plays in the Israeli society. I like the people I serve with, and I think the service, like paying taxes, is just something you do as a citizen here. I don’t like the idea that someone else will do this for me. The fact that I feel extremely alienated with the current political leadership in Israel – to degree I don’t consider myself a patriot, and I don’t even like the sound of this word anymore – doesn’t change much.

As I said, what I do now is not “hardcore occupation”. We are on the edge of the Palestinian territory, in a very quiet area. Up until the last minute, I was hoping I would be stationed on the Jordanian border and wouldn’t have to deal with the Palestinians myself, but they ended up sending a different company there. No easy way out this time.

So here I am, in the West Bank. Again. It’s been 16 years since my first visit in uniform to the Palestinian territories. Ironically, on the same week I got there, in the summer of 1993, the Oslo accord was signed. We were 18 years old, and we thought the end of the conflict was coming. Some guys on my unit were actually sorry that they wouldn’t get a piece of the action. Well, we certainly got our share since. I’ve been to Nablus, Ramallah, Bethlehem, Hebron, Gaza and some places in between. I took part in the evacuation of Hebron and a few years later, refused to re-enter the West Bank, I protested and even sat in prison, and now I am back at the starting point, patrolling and doing checkpoints as if nothing ever happened. It’s a strange feeling. (…)

No me opongo al servicio militar por principio, aunque sea consciente del papel problemático que juegan las Fuerzas de Defensa de Israel en la sociedad israelí. Me cae bien la gente con la que estoy destinado y creo que el servicio activo, igual que pagar impuestos, es solo una obligación que comporta ser ciudadano de este país. No me gusta la idea de que haya otro que lo haga por mí. Que yo me sienta profundamente ajeno a los actuales dirigentes políticos de Israel (hasta el punto de no considerarme patriota, ni siquiera de que me guste ya cómo suena la palabra) no cambia mucho.

Como ya digo, lo que estoy haciendo no es «ocupación dura». Estamos en el borde del territorio palestino, en una zona muy tranquila. Hasta el último momento tuve la esperanza de que me acuartelaran en la frontera con Jordania y que no tuviera que tratar directamente con los palestinos, pero al final mandaron a otra compañía. Me quedé sin la solución fácil.

Así que aquí estoy, en Cisjordania. Otra vez. Hace dieciséis años de mi primera visita de uniforme a los Territorios Palestinos. Resulta irónico que, la misma semana en que yo llegué entonces aquí, en el verano de 1993, se firmaron los Acuerdos de Oslo. Teníamos dieciocho años y creíamos que el final del conflicto estaba cerca. De hecho, a algunos miembros de mi unidad no les gustaba la idea de que se fueran a perder algo de acción. En fin: hemos tenido de sobra desde entonces. He estado en Nablús, Ramalá, Belén, Hebrón, Gaza y algunos otros sitios entre medias. Participé de la evacuación de Hebrón y, unos años después, negándome a volver a entrar en Cisjordania, protesté e incluso fui a la cárcel, y ahora estoy donde empecé, de patrulla y haciendo controles como si no hubiera pasado nada. Como para sentirse raro. […]

Noam Sheizaf, «Back in the West Bank (part I)» («De vuelta en Cisjordania (1ª parte)»), Promised Land, 10 de agosto de 2009.

(Segunda y tercera partes aquí y aquí.)

Banda sonora: «Jewish revolutionaries», del disco Filmworks XX: Sholem Aleichem de John Zorn (2008).

[En la misma serie.]

Gira la ciudadApud Latinos Interpretes, Civitas plerumque idem est, quod Romano sermone vrbs dicitur: continet autem vrbs muros & aedificia, proprie vero ciuitas ciues: sed vtcunque sit, praeter pauca loca ciuitas in sacris, & aedificia & ciues complectitur. Prioris significationis multa sunt exempla. Vt, Cain aedificauit ciuitatem. Et Ninus aedificauit Niniuen & plateas ciuitatis. &, Cale, haec est ciuitas magna. Posterioris vero illa. Zebul enim princeps ciuitatis. Et principes triginta ciuitatum. Ciuitas frequens felicitatem significat. Vt, Plateae ciuitatis complebuntur pueris & infantibus. Ciuitas supra montem posita, Apostolos & discipulos suos Euangelij praecones & testes, dixit Christus. Ciuis est, qui ciuitatis legibus, moribus & ornamentis, atque commoditatibus vtitur. vt, Anima, quae per superbiam aliquid commiserit, siue ciuis ille fuerit, siue peregrinus. & , Ne quaeras vltionem, nec memor eris iniuriae ciuium tuorum. &, Non estis hospites & aduenae: sed estis ciues sanctorum, & domestici Dei.

El bar del clubEntre los traductores latinos, ciuitas es generalmente lo mismo que en la lengua de Roma se denomina urbs. Ahora bien, la urbs está formada por murallas y edificios: en cambio, la ciuitas propiamente dicha está formada por ciudadanos. Pero sea como fuere, a excepción de unos pocos pasajes, en los libros sagrados la ciudad abarca tanto a los edificios como a los ciudadanos. Del primer significado hay muchos ejemplos: Caín edificó una ciudad. Y, Nino edificó Nínive y las plazas de la ciudad. Y, Cale, esta es la ciudad grande. Y del segundo significado, esto se dice: Porque Zebul era gobernador de la ciudad. Y, Eran príncipes de treinta ciudades. Una ciudad concurrida representa la felicidad. Así: Las calles de la ciudad se llenarán de jóvenes y de niños. Ciudad emplazada sobre un monte llamó Cristo a los apóstoles y discípulos suyos, pregoneros y testigos del Evangelio. El ciudadano es aquel que se sirve de las leyes, las costumbres, los adornos y las ventajas de una ciudad. Así: El alma que pecare por soberbia, sea él ciudadano o extranjero. Y, No busques la venganza, ni te acordarás de la injuria de tus conciudadanos. Y, No sois huéspedes ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Benito Arias Montano, Libro de José o sobre el lenguaje arcano («De arcano sermone»): Luis Gómez Canseco (coordinación y estudios), Fernando Navvaro Antolín (coordinación y traducción), Baldomero Macías Rosendo (traducción y estudios), Violeta Romero Barranco (índices), Huelva, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 2006, pág. 322 (traducción) y  504 (reproducción fotostática; 96 del original).

From Yad Vashem to Deir Yassin

«Gira la ciudad», foto de Gonzalo_ar, 1 de mayo de 2007; «El Bar del Club», foto de silkegb, 8 de agosto de 2008; «View from Yad Vashem looking out to Deir Yassin», foto de Joff Williams, 16 de noviembre de 2008.

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Luego se estableció el Estado de Israel, y en todo pasaporte que emitía a sus ciudadanos el joven Estado estaba impresa, durante los primeros años de independencia de Israel, la leyenda: «Este pasaporte es válido para todos los países, excepto Alemania». No «excepto para los países que se encuentra en guerra con Israel» (todos los países de la Liga Árabe estaban por entonces en guerra con Israel), ni «excepto para los países que no reconocen a Israel ni mantienen con él relaciones diplomáticas» (y así ocurría en aquella época con casi todos los países musulmanes, gran número de países del Tercer Mundo, quizá con cerca de la mitad de los miembros de la ONU, pese a que en aquellos años Israel no era un «país ocupante» ni gobernaba los territorios palestinos).
No. La leyenda de todo pasaporte prescribía, exclusivamente, «excepto Alemania».

*

En cuarto de primaria nos explicó el Sr. Rafael Avissar, nuestro profesor, lo que la Inquisición cristiana les había hecho a los judíos en la Edad Media, y como en 1492 fueron expulsados todos los judíos de España. Los judíos, por su parte, según lo que nos contó el Sr. Avissar, habían impuesto una excomunión total a España: juraron no retornar nunca a ella. En consecuencia, no volvimos a pisarla Iberia durante cientos de años. Tan solo después de unos cuatrocientos cincuenta años de la expulsión de España entraron unos pocos judíos, no porque se hubiera levantado la excomunión, sino porque no tenían otro lugar donde escapar de la maquinaria asesina de la Alemania nazi.
Yo, niño patriota como era, me dije a mí mismo: «Si España sufrió cientos de años de excomunión, Alemania también merece que la excomulguemos para siempre.» Decidí que nunca jamás pondría un pie en Alemania. Y que no compraría un solo producto alemán. Nunca. Bueno, salvo quizás libros traducidos del alemán, porque excomulgar a los libros sería como parecerse un poco a ellos, ¿verdad?

Amos Oz, על מדרונות הר געש: שלוש מסות (En las laderas de un volcán: tres ensayos), Jerusalén, Keter, 2006, págs. 9 y 10.

[En la misma serie.]

Darkon horizontal

«דרכון ברל 2.jpg», foto de davewavehm, 27 de mayo de 2008.

Actualización: He corregido algo la ortografía y un lapsus de traducción.

Es falso. No hay victimismo en reconocer quién es el depredador y quién el depredado. Galeano tampoco ha pretendido nunca convertir a los depredados en héroes.

Javier Ortiz, «La vena inspirada de Galeano», Público, 23 de abril de 2009.

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Quizá la cosa vaya por ahí. O, al menos, tenga que empezar por ahí…

«Segnaletica», foto de Scropy, 24 de noviembre de 2006.

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