El lingüista accidental


Anche qui l’analisi è superflua. («Aquí también resulta superfluo el análisis»).

Umberto Eco, Apocalittici e integrati,
cap. «La struttura del cattivo gusto», § “Il gattopardo della Malesia” (1964).

Mi madre y mi tía, hablando el otro día (sobremesa en familia) sobre J., una vecina de mi tía. –Lo que pasa–, afirma mi madre, –es que J. es muy «mística»–. Inquiero: –Sí, muy «mística». Que es muy rara. Muy pesada–. Ah.

Una semana y pico después, saco el tema. Que no, que J. ya no es mística (–Ah–, reitero). Que no puede ser. Que lo que es J. es muy pesada. Que «mística» era, por ejemplo, la tía F. –Esa sí–, remachan al unísono papá y mamá. –Que esa era muy ñoña–. (–Coña–, pienso). Luego saco en conclusión que la tía F., que en paz descanse, era ñoña, pesada y, sobre todo, bastante hipocondríaca (por lo que me dicen. Tampoco es que yo la tratara mucho). –Coña–, me repito a mí mismo para mis adentros,–a ver si el «místico» voy a ser yo. Y encima no me entero nada–. Pero el caso es que la muerte le dio postrera victoria a la hipocondría de la tía F.: al final, efectivamente, se murió. No hay nada como apostar a lo seguro.

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Discléimer personalizado: Servidor de ustedes adscribe académicamente la tesis doctoral que anda pergeñando a una institución francesa de enseñanza e investigación cuya principal virtud, en opinión de servidor de ustedes, es que no parece francesa. Entre las circunstancias a las que obliga esta adscripción figura, en primer lugar, que la citada tesis doctoral se esté escribiendo en francés (como buenamente se puede, huelga decirlo). En eso sí parece francesa (ni que decir tiene).

N., el hijo de R. y de su marido (cuyo nombre no recuerdo pero ya me lo harán recordar), es un niño chileno y de lengua materna (y paterna) española (o castellana) que vive en Francia desde hace unos dos años. Asiste a una guardería o jardín de infancia o escuela infantil o kínder o école maternelle pública de un barrio periférico (más modesto que petulante) de París. N. es (me dicen) un encanto de niño: discreto, juguetón, cariñoso, sociable (como su madre R.). La maestra infantil de N. le tiene castigado día sí y día también. N., afirma la maestra, «habla muy alto». Y tiene que aprender, señala la maestra, «a ser francés». A ser francés se aprende, al parecer, castigado. De cara a la pared, concretamente. Que es como le enseñan a ser francés a N. cada vez que habla (alto). O sea, siempre.

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—Look. What are you getting at? Are you trying to say we don’t want peace? Don’t you remember the Camp David summit? We offered them almost everything, everything! Not to mention Oslo! And Gaza! And Madrid! It’s not that we don’t want peace! We love peace! It’s the first word in Hebrew! Show me another nation where peace means also Hello!

—Well, in Arabic…

– Mira, ¿adónde quieres llegar? ¿Estás diciendo que no queremos paz? ¿No te acuerdas de la cumbre de Camp David? ¡Les ofrecimos casi todo, todo! ¡Por no hablar de Oslo! ¡Y Madrid!¡No es que no queramos paz! ¡Amamos la paz! ¡Es la primera palabra en hebreo! ¡Dime alguna otra nación en que «paz» signifique también «hola»!

– Pues, en árabe

Noam Sheizaf, «Talking to Israelis is so useless» (‘Menuda tontería discutir con israelíes’), Promised land (‘news and opinion from Israel’), 13 de octubre de 2009.

Para seguir leyendo

Cuando arreciaron, por ejemplo, las informaciones en los medios libres a propósito de la imputación por supuesto cohecho del president, los periodistas (o lo que sean) del telediario autonómico en lugar de usar el término correspondiente en valenciano/catalán (“suborn”, es decir “soborno”) preferían el término en castellano (“cohecho”), quizá barruntando que su carácter técnico mantendría la inopia de la audiencia.

Joan Garí, «Canal 9: una televisión de servicio privado», Público, 11 de octubre de 2009.

«… en los medios libres…»

Ces études touchant à toutes les branches de cette discipline [les études juives] avaient la particularité d’être rédigées en hébreu moderne ou en «hébreu moderne archaïque», pour reprendre l’expression utilisée par W. F. Albright au IVe congrès des études juives en 1967.7

7: Je me souviens qu’au IVe Congrès mondial d’études juives qui se tint à l’Université hébraïque, sur le campus de Giv’at Ram en été 1965, c’est W. F. Albright qui représentait les chercheurs étrangers à la séance inaugurale. Au début de son intervention, il dit qu’il aurait aimé s’exprimer en hébreu, mais son hébreu était «l’hébreu moderne archaïque» des années 1920, celui qu’il avait acquis lorsqu’il habitait Jérusalem alors qu’il était en contact avec les principaux artisans de la renaissance de l’hébreu parlé.

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Rappelons en outre que dans certaines branches des études juives, les chercheurs aiment à publier leurs articles dans d’autres langues que l’hébreu. L’exemple le plus frappant est celui des espécialistes de la Bible. Ces biblistes poursuivent un dialogue permanent avec leurs homologues étrangers dont l’immense majorité ignore l’hébreu moderne et qui parfois ne brillent guère dans la connaissance de l’hébreu biblique lui-même.

Los estudios que tratan de todas las ramas de esta disciplina [los estudios judíos] poseían la particularidad de haberse escrito en hebreo moderno o «hebreo moderno arcaico», si retomamos la expresión utilizada por W. F. Albright en el IV Congreso de Estudios Judíos en 1967.7

7: Recuerdo que en el IV Congreso Mundial de Estudios Judíos, celebrado en la Universidad Hebrea, en el campus de Giv’at Ram en el verano de 1965, W. F. Albright representaba a los investigadores extranjeros en la sesión de apertura. Al principio de su intervención dijo que le hubiera gustado expresarse en hebreo, pero que él hablaba «el hebreo moderno arcaico» de la década de 1920, que había aprendido cuando vivía en Jerusalén y estaba en contacto con los principales artífices del renacimiento del hebreo hablado.

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Recordemos por otra parte que en determinadas ramas de los estudios judíos, los investigadores gustan de publicar sus artículos en lenguas distintas al hebreo. El ejemplo más sorprendente lo aportan los especialistas en la Biblia. Los biblistas mantienen un diálogo permanente con sus homólogos extranjeros, cuya inmensa mayoría desconoce el hebreo moderno y que, en ocasiones, tampoco destacan demasiado por sus conocimientos de hebreo bíblico.

Moshe Bar-Asher, «Les Revues d’études juives en Israël depuis la création de l’Institut d’études juives de l’Université Hébraïque», en Simon C. Mimouni y Judith Olszowy-Schlanger, Les revues scientifiques d’études juives: passé et avenir, París y Lovaina, Peeters, 2006, págs. 190 y 195.

Naquel país, pequeno e practicamente descoñecido, había xente que tardaba anos e anos en se botar a falar na súa lingua.

Ninguén puido explicar nunca -nin os científicos da National Geographic, que foron os últimos en estudar a lingua de cabo a rabo- por que, mentres nas máis de 5.000 linguas do planeta a xente comeza a falar as primeiras palabras arredor dos 13 meses -de media, aproximadamente-, nesta lingua moita xente tardaba anos e anos e nalgúns casos máis anos en comezar a pronunciar as primeiras sílabas.

Descubriuse mesmo xente que nunca chegou a falar na súa lingua, na súa precisamente, e que, por outra parte, non tivo problemas para se iniciar e chegar a falar con fluidez outros idiomas, o que demostraba a fantástica dificultade da lingua daquel país único no mundo.

A xente que nunca chegaba a falala explicaba, na madurez ou na senectude das súas vidas e por tanto cando xa chegaran a reflexionar profundamente sobre o problema, que non se atrevían a falar a lingua porque aínda non estaban preparados; ou levando a man á cocorota e rascando co dedo índice dicían que lles parecía imposíbel ou que xa era demasiado tarde; ou, cunha vaga esperanza e confiando nas xeracións vindeiras, dicían A ver se os meus fillos o conseguen.

Dábanse algúns casos extraordinarios, si, de nenos e nenas precoces na aprendizaxe e uso do seu idioma, que chegaban á escola falando na súa lingua, se ben eran excepcións que confirmaban a regra: unha porcentaxe mínima entre a inmensa maioría dos que, acabados os estudos obrigatorios e mesmo os universitarios, non conseguían botarse a falar no idioma daquel inaudito país.

A xente que conseguía, por fin, algún día, e a pesar de todo, falar a lingua, animaba o resto a esforzarse un pouco máis, explicaban que si, que era posíbel, que supoñía un traballo considerábel, sobrehumano nalgúns casos, mais que o esforzo ao final pagaba a pena pois non todo o mundo podía dicir que era quen de falar a lingua máis difícil do mundo.

Era tan difícil que nas escolas mesmo había profesores e profesoras que non conseguían falala.

Era tan, tan difícil que case ninguén lle chamaba polo seu nome, por poñer o caso dunha palabra de uso común e corrente, ao cuberto cóncavo co que se come a sopa.

Era tan, tan, tan difícil que algunha xente nin sequera conseguía dicir Bo día, Ola, Boa noite ou Adeus.

Era unha lingua tan extremadamente difícil que mesmo había xente que, dada a dificultade e a frustración, acababa emigrando para outros países onde aprender a língua non fose un problema.

En aquel país, pequeño y prácticamente desconocido, había gente que tardaba años y años en ponerse a hablar en su lengua.

Nadie pudo explicar nunca –ni los científicos del National Geographic, que fueron los últimos que estudiaron la lengua de cabo a rabo– porque, mientras en las más de 5.000 lenguas del planeta la gente empieza a hablar las primeras palabras alrededor de los 13 meses de edad –de media, aproximadamente–, en esta lengua mucha gente tardaba años y años y en algunos casos más años en empezar a pronunciar las primeras sílabas.

Incluso se describió gente que nunca llegó a hablar en su lengua, en la suya precisamente, y que, por otra parte, no tuvo problemas para iniciarse y llegar a hablar con fluidez otros idiomas, lo que demostraba la fantástica dificultad de la lengua de aquel país único en el mundo.

La gente que nunca llegaba a hablarla explicaba, en la madurez o en la senectud de sus vidas y por tanto cuando ya habían conseguido reflexionar profundamente sobre el problema, que no se atrevían a hablar la lengua porque todavía no estaban preparados; o, llevándose la mano a la cocorota y rascándose con el dedo índice, decían que les parecía imposible o que ya era demasiado tarde; o, con una vaga esperanza y confiando en las generaciones venideras, decían «A ver si mis hijos lo consiguen».

Se daban algunos casos extraordinarios, sí, de niños y niñas precoces en el aprendizaje y uso de su idioma, que llegaban a la escuela hablando en su lengua, si bien eran excepciones que confirmaban la regla: un porcentaje mínimo entre la inmensa mayoría de los que, acabados los estudios obligatorios e incluso los universitarios, no conseguían ponerse a hablar en el idioma de aquel inaudito país.

La gente que conseguía, por fin, algún día, y a pesar de todo, hablar la lengua, animaba al resto a esforzarse un poco más, explicaban que sí, que era posible, que suponía un trabajo considerable, sobrehumano en algunos casos, pero que el esfuerzo al final valía la pena pues no todo el mundo podía decir que era capaz de hablar la lengua más difícil del mundo.

Era tan difícil que en las escuelas había profesores y profesoras que no conseguían hablarla.

Era tan, tan difícil, que casi nadie llamaba por su nombre, por poner un caso de una palabra de uso común y corriente, al cubierto cóncavo con se que toma la sopa.

Era tan, tan difícil, que alguna gente ni siquiera conseguía decir «Buenos días», «Hola», «Buenas noches» o «Adiós».

Era una lengua tan extremadamente difícil que incluso había gente que, dada la dificultad y la frustración, acababa emigrando a otros países donde aprender la lengua no fuese un problema.

Séchu Sende, «A lingua máis difícil», parece que de su libro Made in Galiza (2007), aunque yo no lo encuentre, conocido por el blog Viatger que s’extravia de Pau Sif.

Y por el blog de Séchu Sende conocí a Blanca, bosnia, y a Tom, inglés, y a su gallego común:

Leyendo a Arturo Pérez Reverte me reafirmo en qué según que marxistas-leninistas de confesión son mucho menos peligrosos que todas las Academias, inventadas por muy Reales que quieran ser, y, específicamente, que los actuales sillones cu minúscula, uve mayúscula, eñe minúscula y te mayúscula, de la docta reunión de jugadores de brisca de los jueves, que se suponen han de velar porque la lengua de este blog salga limpia como una patena, fijada como el código de la circulación y esplendorosa como un niño vestido de marinerito un domingo por la mañana del mes de mayo en España:

Olvidando, de paso, que la norma no se impone por decreto, sino que son el uso y la sabiduría de la propia lengua hablada y escrita los que crean esa norma; y que las academias, diccionarios, gramáticas y ortografías se limitan a registrar el hecho lingüístico, a fijarlo y a limpiarlo para su común conocimiento y mayor eficacia.

Dice el gachó, juez, parte y siete y media, como suele decirse. Impolutos, que son, él y sus conmilitones, puro espíritu sutil, nada mezquino. A mí ha habido algunos marxistas-leninistas que me han enseñado algunas cosas ciertas: la certidumbre de los conceptos, la validez de la polémica, la inquietud por la definición, el hecho de las revueltas campesinas en la Castilla la Vieja de antes de la Guerra Civil. Por ejemplo. Mucho más de lo que podrá enseñarme el sentido común: el de Arturo Pérez Reverte

Podrían dejarse de cuentos chinos. Reconocer que España es el payaso de Europa, y que Gibraltar pertenece a quienes desde hace tres siglos lo defienden con eficacia, en buena parte porque nadie ha sabido disputárselo. Y porque la Costa del Sol, donde los gibraltareños y sus compadres británicos tienen las casas, el dinero y los negocios, se nutre de la colonia; y sin ésta esa tierra sería un escenario más, como tantos, de paro y miseria. Así que declaremos Gibraltar inglés de una maldita vez. Acabemos con este sainete imbécil, asumiendo los hechos. La Historia demuestra que la razón es de quien tiene el coraje de sostenerla. Nunca de las ratas cobardes, escondidas en su albañal mientras otros tiran de la cadena.

o el del presidente cántabro Revilla.

Timeo academicos (tribunosque) et dona ferentes…

I had to argue with this girl and some security guard because I wanted to take a photo of that elevator which looked more like an aquarium with those people stuck in it. I couldn’t get the frame I wanted to and this is all I have.
They kept babbling about “droit à l’image” and then when I accidentally ‘tutoyer’ the guard during the boring discussion in french, the “tu” became his primal concern which left me no choice but to leave with an exclamation: “connard!“.

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Tuve que discutir con esta chica y con unos guardas de seguridad porque quería sacar una foto del ascensor que más parecía un acuario con tanta gente metida dentro. No pude sacarla con el encuadre que quería y esto es lo que me salió.

No pararon de decir chorradas sobre el «droit à l’image» [‘derecho a la propia imagen’] y entonces, cuando tuteé por accidente al guarda en mitad de ese rollo de discusión en francés, el «tú» se volvió el problema principal, por lo que solo pude irme diciéndole en voz alta «¡gilipollas!».

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Me contaron que David Nirenberg, que fue uno de los ponentes principales y abrió el congreso «Convivencia: Representations, knowledge and identities», no pudo por menos que hacer notar antes de dar su ponencia que le extrañaba que en un congreso de «convivencia» que se celebraba en Madrid (quizá dijera en España) no se le permitiera hablar en español (que era al parecer la lengua en que había preparado de primeras su ponencia). De paso, yo me enteré de que el español como de nativo de Nirenberg (hablado y escrito) lo era porque, efectivamente, Nirenberg es nativo: sus padres lo criaron en argentino en los Estados Unidos.

Al parecer es últimamente costumbre del CSIC: igualación por arriba. Ahora no es que haya que preocuparse de que se usen en sus actos científicos cualquier lengua española distinta del castellano. Ahora hay que preocuparse por el castellano. «Taza y media», parece que es el término técnico.

Mariano Rajoy, español de nación gallega, conoce (coñece) la primera persona del indicativo del verbo gallego (y portugués) ‘coñecer’: coñezo. Curiosamente, solo utiliza ese verbo (y esa persona) del ingente vocabulario y la entretenida morfología de la lengua gallega (imagínense: conjugan los infinitivos. El verbo haber puede llevar dativos éticos. La repanocha morfo-sintáctica). Y solo lo usa con portugueses. Nunca con la TVG, por ejemplo. En público, al menos. Timidez, hay quien lo llama. Hipocresía identitaria, lo llaman otros. Sano bilingüismo, hay quien lo propugna. Todo esto no deja de ser rasgo de interés en quien fue elegido, en 1981, diputado del Parlamento de Galicia; entre 1982 y 1983, Director Xeral de Relacións Institucionais de la Xunta de Galicia; de 1983 a 1986, concelleiro del Concello de Pontevedra; de 1986 a 1991, presidente de la Deputación Provincial de Pontevedra; entre 1986 y 1987, vicepresidente de la Xunta de Galicia; y, hasta 1991, Secretario Xeral del Partido Popular de Galicia. Luego no es que se fuera muy lejos, porque quedó bastantes años de diputado en el Congreso por Pontevedra. Debe de tratarse de un caso parecido a Rita Barberá Nolla, afectada también de un curioso síndrome de afasia institucional, bilingüismo sentimental y monolingüismo (castellano) de observancia estricta. Es lo que tienen las cosas serias de verdad: que son estrictas.

Identidades lingüísticas confusas:

Como acabamos de ouvir, não em português mas em espanhol, a pesar do senhor dizer que vive em Portugal há mais de vinte anos…

Como acabamos de oír, no en portugués sino en español, pese a que este caballero dice que lleva 20 años viviendo en Portugal…

Jornal 2 del segundo canal de la RTP, 4 de marzo de 2008.

Y el buen senhor que lo que quería era hablar portugués, lo morfologizó como gallego, lo expresó como portuñol y acabó interferido por el español. Aljuba (rota). El mundo está lleno de artistas incomprendidos.

Fenómeno musical en catalán: Manel es el grupo revelación barcelonés del año – Su legión de ‘fans’ traspasa frontera

Luis Hidalgo, El País, 30 de septiembre de 2009.

En un segundo subtítulo que no aparece en la edición en internet, se dice: «Pese a la barrera del idioma, su legión de fans trapasa fronteras» (vía Homo sapiens de Miquel Riera)

¿La barrera del idioma? ¿La misma de Dover, los primeros Tam Tam Go, Blur, Oasis? ¿La barrera del idioma que usaban los Negu Gorriak? ¿No será que «barrera» rima con «afasia» o con «prejuicios adquiridos» o con «complacencia monolingüe» o «mira, tú, qué curiosos los indígenas estos; y el caso es que no se les da mal lo de las guitarritas…»?

“¿Usted habla gallego porque quiere o porque se lo imponen?”, le preguntó en fecha tan remota como el pasado lunes un taxista a un amigo mío, un artista muy conocido. Cuando el cliente le contestó que lo hacía voluntariamente, el chófer concluyó: “Entonces es galleguista”. Usar el idioma propio de Galicia es ideológico. Usar el otro, no. Ser sorprendido hablándole por la calle en gallego a un niño pequeño suscita en algunos viandantes miradas tan reprobatorias como si, en lugar de emplear la lengua de sus ancestros, se le fuese azotando con una vara. En una actividad extraescolar he visto como un padre se dirigía a sus hijas cambiando de idioma según el volumen (en bajo en gallego, en alto en castellano). La situación es tan de libro que, como no podía ser de otra forma, afecta más a las mujeres.

Xosé Manuel Pereiro, «Sobrevivir en gallego», El País, suplemento de Galicia, 24 de septiembre de 2009 (Nótese que un artículo de un periodista con nombre en gallego, publicado en el suplemento de Galicia de un periódico de ámbito español, que trata de Galicia y de su idioma, está publicado en castellano).

Si se pudiera hacer traducción a valenciano de la calle, esto de [«Si habla usted en gallego…], entonces es galleguista», se diría que «los del Bloc [Nacionalista Valencià] son ‘els del valencià’ (‘los del valenciano’)». Por antonomasia. Ni el Partit Popular de la Comunitat Valenciana (creyente en la lengua valenciana, pero no practicante), ni el Partit Socialista del País Valencià (pais[ano] pero poco urbano) ni Esquerra Unida del País Valencià (social y políticamente etérea).

Curiosamente, los sucesivos ministros de Cultura-&-Exteriores españoles no «son los del español» pero, paradójicamente, bien que lo son.

Quan la catalana poc conscienciada demana “un manchego” la cambrera pregunta: “¿Uno de jamón?”. La catalana poc consienciada li diu que no. Que “uno de queso”. (Evita la paraula formatge perquè tothom sap que és una paraula poc integradora i agressiva que els catalans diem per molestar.) Però la cambrera té idees pròpies sobre el que és el “manchego”, de manera que diu: “A ver. Uno de jamón manchego, será”. La catalana poc conscienciada ja no diu res. Hauria pogut demanar un “queso serrano” però potser hauria creat un conflicte amb la COPE. La catalana poc conscienciada en parla sovint amb els amics cambrers professionals: si no tens experiència i servir taules et sembla un ofici indigne, vine a Catalunya. No et demanarem que ens entenguis, però ni tan sols et demanarem que sàpigues fer pa amb tomàquet.

Cuando la catalana poco concienciada pide «un manchego» la camanera pregunta: «¿Uno de jamón». La catalana poco concienciada le dice que no. Que «uno de queso». (Evita la palabra formatge [‘queso’] porque todo el mundo sabe que es una palabra poco integradora y agresiva que los catalanes decimos por molestar.) Pero la camarera tiene ideas propias sobre lo que es el «manchego», por lo que dice: «A ver. Uno de jamón manchego, será». La catalana poco concienciada ya no dice nada. Podría haber pedido un «queso serrano» pero a lo mejor habría creado un conflicto con la COPE. La catalana poco concienciada lo comenta a menudo con amigos camareros profesionales: si no tienes experiencia y servir mesas te parece un oficio indigno, ven a Cataluña. No te pediremos que nos entiendas, ni siquiera te pediremos que sepas hacer pantumaca.

Empar Moliner, «El manxego i el ‘manchego’», Avui, 22 de septiembre de 2009, pág. 56.

Coda: Y aún me decía T. el otro día de su indignación cuando, en Barcelona, no le trajeron carta en castellano en un sitio… porque no tenían. Casi le di un beso –le doy en realidad muchos– por la suerte que tuvo.

να μη δίνει τόσο βάρος στην αναπαραγωγή γραμματικών τύπων Ποιος τη γ… την αναπαραγωγή. Να αναγνωρίζει όμως οτι αυτό είναι ρήμα, επίθετο, τα μέρη του λόγου τελοσπάντων, μάλλον χρειάζεται. Άρα πρέπει να διδαχτεί η γραμματική και αυτό δε γίνεται με τραγουδάκια και ποιηματάκια. Ξεχάσατε οτι δε πρόκειται για ζωντανή γλώσσα;

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¿Que haya que darle el mismo peso a ambos tipos de gramática? ¿A quién le importa una m… la reduplicación? Que se reconozca que esto es un verbo, un adjetivo, por lo menos las partes del discurso: eso es lo que hace falta. Así que hay que enseñar la gramática y esto no se puede hacer con cancioncitas y poemitas. ¿Os habéis olvidado de que no se trata de una lengua viva?

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Μαρία («María»), sacado de aquí (fascinante, como siempre, este Nick Nicholas). Poco clenardiana esta Μαρία.

[En la misma serie.]

El otro día en Blanquerna, una de las dependientas que responde a un cliente: «No, es el mismo libro, pero esta es la edición en catalán y esta la edición en valenciano».

El otro día, con mi adorada ahijada: «Pero, ¿cuántas lenguas hablas?». Esta, esa, aquella y catalán. «¿Pero el catalán es una lengua?». Y si no, ¿qué es? «¿Un dialecto?».

En el programa Là-bas si j’y suis, «propuesto» (me encanta este galicismo) por Daniel Mermet en France Inter, emisión del 9 de septiembre de 2009 («sus reacciones después del reportaje de Dillah Teïbi, ‘Lo que vela el burka’, emitido ayer»), 47’30’‘:

Les femmes sont en communauté. Elles ne nous disent même plus bonjour. On peut plus les approcher, on peut plus leur parler. C’est très, très angoissant, franchement très angoissant pour nous. […] Elles ne parlent même pas français, elles parlent arabe entre elles. [Las «emigrantes de segunda generación» en una ciudad francesa] On est regardé de travers, chez nous, en Occitanie. […] Ce sont des françaises!

Las mujeres se restringen a su grupo. Ni nos saludan. No podemos acercarnos, ni hablarles. La verdad es que nos angustia, nos resulta muy angustioso. […] Ni siquiera hablan francés. Hablan árabe entre ellas. [Las «emigrantes de segunda generación» en una ciudad francesa] Nos miran mal, aquí, en nuestro país, en Occitania. […] ¡Y son francesas!

En la respuesta de un profesor catalán a una pregunta mía:

M’he descuidat d’afegir un detall en la meva última carta. Pots escriure’m, si vols, en castellà o en francès. Agraeixo molt que ho hagis fet en català, però pels cognoms no sembles català, valencià o mallorquí d’origen.

«Me he olvidado de añadir un detalle en mi última carta. Puedes escribirme, si quieres, en castellano o en francés. Agradezco mucho que lo hayas hecho en catalán, pero por los apellidos no pareces catalán, valenciano o mallorquín de origen».

(septiembre de 2007).

«Tú lo que tienes que hacer es irte a Arabia Saudí, que allí sí que hablan árabe ‘clásico’ por la calle» (una estudiante tunecina de chino [?] en algún momento del 2000).

«¿Me quieres decir por qué coño pronuncias así el hebreo? Grgrgrg, grgrgrg, grgrgrg» [intentaba reproducir así ella la pronunciación fricativa uvular sonora de la /r/ en hebreo israelí, socialmente normal aun no siendo normativa] «¡Pronuncia como Dios manda, en sefardí, de toda la vida, coño!». La interlocutora era hebraísta, universitaria y no hablaba – ni habla – hebreo (pero sí lo pronunciaba). Israelí tampoco hablaba (ni lo pronunciaba). Debía de ser sobre 1998 o 1999.

Al contrario que para la historia de la pronunciación llamada «asquenací» del hebreo (Ilan Eldar, מסורת הקריאה הקדם-אשכנזית מהותה והיסודות המשותפים לה ולמסורת ספרד [«La tradición de lectura pre-asquenací»], Jerusalén, Magnes Press, vol. 1: «Temas de pronunciación y vocalización», 1978, vol. 2: «Temas de formación», 2000), no existe, hasta la fecha, ningún estudio monográfico – ni casi específicos o locales – sobre lo que haya sido históricamente la pronunciación «sefardí». A pesar de lo cual, las monografías académicas o divulgadoras no dejan de repetir que «la pronunciación del israelí abandonó la pronunciación asquenací y tomó la sefardí». Es decir: los israelíes, en general, pronuncian un ectoplasma científico.

El latín será una lengua muerta, pero Judith y yo nos acabamos de escribir en latín (para hablar luego por teléfono, probablement en francés. Luego acabaremos en inglés, como casi siempre. Yo es que con el polaco no puedo). Cada uno con el substrato y cierta fantasía léxica que corresponde, claro.

[En la misma serie.]

No es que Susana Pérez de Pablos, periodista de El País, no sepa inglés y sin embargo nos transmita la buena nueva:

Y en el otro lado del campo, los británicos. En posición de alerta. La prestigiosa revista de educación superior británica Times Higher Education ha dedicado al tema recientemente dos amplios artículos. Un editorial titulado Everyone is talking the talk. Es decir: todo el mundo está hablando la lengua.

(aunque to talk the talk sea una frase idiomática que tanto vale, en español, como «mucho lerele y poco lirili» y no esa traducción de Google Translate, «hablar la lengua», y que se suele complementar con to walk the walk, dizque «obras son amores y no buenas razones»)

sino que la inspiradora de su evangelio sociolingüístico, Ann Mroz, no sabe francés (ni poner acentos ni cedillas, que sin embargo si aparecen en un teclado inglés) aunque se permita pontificar sobre el francés y sus usos casi tanto como Susana Pérez de Pablos sobre el inglés y sus (futuros) esplendores:

Even the French, whose immortels in the Academie francaise devote hours to inventing French terms for Anglo-Saxon words such as “football” and “software” that creep into use.

Incluso el francés, cuyos «immortels» [inmortales] de la Académie française dedican horas a inventar términos franceses para palabras anglosajonas como «fútbol» y «software» que se van colando en el uso.

En resumen, a ver si va a haber que preguntar a los que saben, no sea que el catalán, hablado en Inglaterra (¿o Irlanda?) y por madrileños, también sea útil. Para entenderse, claro. Y para apreciarse, obvio.