abril 2009


Der Gebrau der Fremdwörter, um sich ein wissenschaftliches Air zu geben; der Stolz auf einige Verdeutschungen, wo dann regelmäßig das Fremdwort in Klammern wiederholt wurde. So mindestens ein dutzendmal: »›wuchshaft‹ (organisch)«. Die andern ähnlich gehandhabten sind mir entfallen. Das gelegentliche verräterische Betonen einer »strengwissenschaftlichen« Quelle. »Strengwiss.« sagt kein Wissenschaftler, es schickt sich nicht, Selbstverständliches zu erwähnen.

Victor Klemperer, [Eintrag für den] »13. Juni 1942, Sonnabend vormittag«, Tagebücher 1942 (Ich will Zeugnis ablegen bis zum letzten, Tagebücher 1933-1945), Berlin, Aufbau Taschenbuch Verlag, S. 128.

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Empleo de cultismos, para darse un air científico; orgullo de germanizar algunos cultismos, que luego se repiten sistemáticamente como tales entre paréntesis. Así una docena de veces, por lo menos: «wuchshaft (organisch)» [‘orgánico’]. Los otros ejemplos, empleados de modo parecido, los he olvidado. De vez en cuando, la delatora insistencia en una fuente «rigurosamente científica». Ningún científico dice «rigurosamente científico», no se subraya lo que es obvio.

Victor Klemperer, [apunte del] «13 de junio de 1942, sábado mañana», Quiero dar testimonio hasta el final: diarios 1942-1945, traducción de Carmen Gauger, Barcelona, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2003, pág. 128.

«An inconvenient shadow», foto de Lili Vieira de Carvalho, 3 de agosto de 2007.

Ha muerto Javier Ortiz.

(Y yo volveré en un par de días).

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Un niño es algo distinto. Se despierta
por la tarde y de inmediato se llena de palabras
y de inmediato vibra y de inmediato se calienta
y de inmediato es luz y de inmediato es oscuridad.

Un niño es un Job por el que ya han apostado,
él no lo sabe, se frota el cuerpo
para darse placer y el dolor desaparece.
Y le enseñan a ser un Job bien educado,
a decir «gracias», cuando el Señor da,
y a decir «aquí lo tiene», cuando el Señor quita.

Un niño es una venganza.
Un niño es un misil hacia las próximas generaciones,
lo he lanzado: todavía tiemblo por él.

Un niño es algo distinto: un día de lluvia
en primavera mirar a través de la cerca del paraíso,
besar dentro del sueño
y oir pasos en las agujas de los pinos mojados.
Un niño se salva de la muerte.
Niño, jardín, lluvia y destino.

Yehuda Amijai, del libro Gran tranquilidad: preguntas y respuestas, 1980, traducción de Raquel García Lozano.

Es falso. No hay victimismo en reconocer quién es el depredador y quién el depredado. Galeano tampoco ha pretendido nunca convertir a los depredados en héroes.

Javier Ortiz, «La vena inspirada de Galeano», Público, 23 de abril de 2009.

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Quizá la cosa vaya por ahí. O, al menos, tenga que empezar por ahí…

«Segnaletica», foto de Scropy, 24 de noviembre de 2006.

Pilans i parets mestres van esberlar-se bruscament; una fragor eixordadora en la qual es barrejaven el cruixir de jàsseres i bigues, l’ensulsiada d’escales, trespols, envans i revoltons, l’esmicolament de vidres i la trencadissa de maons, teules i rajoles, va retrunyir per la Baixada de la Ferradura mentre la casa s’esfondrava sense remei. De seguida, un núvol de pols, el primer dels que havien d’acompanyar la llarga agonia que començava aleshores, va elevar-se per sobre de la vila i es va esfilagarsar a poc a poc en l’aire lluminós del matí de primavera.

Anys després, quan la malesa encetada aquell dia del 1970 era memòria llunyana, temps amortallat amb teranyines de boira, una crònica anònima va aplegar un feix de testimonis colpidors sobre l’esdeveniment. El primer des del punt de vista cronològic, tot i que no resultava el més patètic, recollia l’aturada del rellotge del campanar esdevinguda la vigília enmig d’un capvespre tempestuós que pintava el cel de la vila amb carmins violacis, ors mortoïns i bromalles negres; segons el cronista, l’avaria era una premonició clara del que havia de passar l’endemà, un anunci del final inexorable del vell temps. L’angoixa es feia esborronadora en la descripció, deguda a un altre testimoni, de la nit a què havia donat pas la incertesa del crepuscle: la crònica parlava del silenci espès en els carrers deserts, silenci que volia reflectir el de la gent tancada a casa, pregant perquè no trenqués el dia. Tanmateix, entre les evocacions, la més colpidora era la del retruny sinistre de les onze del matí següent a la Baixada de la Ferradura: segons la crònica, els vilatans van sentir-se sotragats fins al moll de l’os pel començament del desastre.

Certament els testimonis resultaven impressionants. Ara bé, aquesta no era l’única característica que tenien en comú; en compartien una altra, potser insignificant però prou esclaridora del que va passar aquell dia nefast: tots, sense excepció, eren també absolutament falsos.

Jesús Moncada, Camí de sirga, 1988 (cinquena edició de 1998, dins Els Llibre de Butxaca, pàgs. 9 i 10).

«Certament els testimonis resultaven impressionants...»

«Certament els testimonis resultaven impressionants...»

[Pilares y paredes maestras se resquebrajaron de forma brusca; un fragor ensordecedor en que se mezclaban el crujir de jácenas y vigas, el hundimiento de escaleras, techumbres, tabiques y bovedillas, el hacerse trizas de cristales y el hacerse añicos de ladrillos, tejas y baldosas, retumbó por la Baixada de la Ferradura mientras la casa se hundía sin remedio. Enseguida, una nube de polvo, la primera de las que iban a acompañar la larga agonía que empezaba en ese momento, se elevó por encima de la villa y se fue deshilachando poco a poco en el aire luminoso de la mañana de primavera.

Años después, cuando el desastre que había iniciado aquel día de 1970 era memoria lejana, tiempo amortajado con telarañas de boira, una crónica anónima recogió un haz de testimonios conmovedores sobre el acontecimiento. El primero desde el punto de vista cronológico, por mucho que no fuera el más patético, recogía la parada del reloj del campanario acontecida la víspera en mitad de un atardecer tempestuoso que pintaba el cielo de la villa con carmines violáceos, dorados mortecinos y brumas negras; según el cronista, la avería era una premonición clara de lo que iba a pasar al día siguiente, un anuncio del final inexorable de la vieja época. La angustia se volvía aterradora en la descripción, debida a otro testigo, de la noche a que había dado paso la incertidumbre del crepúsculo: la crónica hablaba del pesado silencio en las calles desiertas, silencio que buscaba reflejar el de la gente encerrada en casa, rogando por que no llegase el alba. Sin embargo, entre las evocaciones, la más conmovedora era la del retumbar siniestro de las once de la mañana siguiente en la Baixada de la Ferradura: según la crónica, los habitantes de la villa se sintieron sacudidos hasta el tuétano por el principio del desastre.

Sin duda los testimonios resultaban impresionantes. Eso sí, no era esta la única característica que tenían en común; compartían otra, tal vez insignificante pero que aclaraba sobradamente lo que pasó ese día nefasto: todos, sin excepción, eran también absolutamente falsos.

Jesús Moncada (Mequinenza, 1941-Barcelona, 2005), Camino de sirga.]

«Mequinensa», foto de Aqualung1981, 5 de agosto de 2008.

«En un punt solen coincidir la gent de totes les races -jueus inclosos: en l’odi al jueu (potser exagere, però no gaire).»

[En un punto suelen coincidir la gente de todas las razas, judíos incluidos: en el odio al judío (tal vez exagero, pero no mucho).]

Joan Fuster

He tingut curiositat de veure en quin estat es troba això que en diem ací «matar els jueus». En tal dia com avui, a l’època de la meva infantesa, les criatures del poble acudíem a l’església havent dinat, a matar els jueus. Hi acudíem amb tota mena d’estris per fer fressa. Els uns, amb els garrots, picaven a terra; els altres percudien una llauna de petroli amb un tall de ferro; el petit comerç posava en venda unes maces ad hoc per a picar sobre qualsevol cosa; hom podia comprar també una joguina feta amb un engranatge de fusta, que es feia rodar i produïa un soroll desagradable, absolutament molest. A l’església es produïa un xivarri enorme, immens. Aquell desori representava una matança hipotètica de jueus.

Quin origen té aquest esdeveniment? ¿És una venjança per la mort de Nostre Senyor, una venjança teòrica però de sentit claríssim? ¿És una reminiscència d’un pogrom evitat per desviació –i realitzat només simbòlicament?

Aquesta tarda he constatat que hi havia moltes menys criatures a matar jueus que en el meu temps. En aquella època hi havia totes les criatures del poble de casa bona. Avui hi havia les més estripades: hom els deu haver donat un tall de pa i xocolata perquè vinguessin a matar els jueus. D’aquesta manera, la tradició s’haurà mantingut un any més.

Em produeix una gran satisfacció constatar la decadència d’aquest desori arrilat i grotesc.

[Me ha entrado la curiosidad de ir a ver en qué estado se encuentra lo que aquí llamamos «matar a los judíos». En fecha como la de hoy, en la época de mi infancia, los niños del pueblo acudíamos a la iglesia, después de comer, a matar a los judíos. Acudíamos con toda clase de útiles para meter bulla. Unos, con garrotes, pegaban en el suelo; otros percutían una lata de petróleo con un trozo de hierro; el pequeño comercio ponía a la venta unas mazas ad hoc para dar golpes en cualquier cosa; podíase comprar también un juguete hecho con un engranaje de madera, que se hacía rodar y producía un ruido desagradable, absolutamente molesto. En la iglesia se producía un jaleo enorme, inmenso. Semejante barahúnda representaba una hipotética matanza de judíos.

¿Qué origen tiene este acontecimiento? ¿Es una venganza por la muerte de Nuestro Señor, una venganza teórica pero de sentido clarísimo? ¿Es una reminiscencia de un pogromo evitado por desviación, realizado solo simbólicamente?

Esta tarde he constatado que había muchos menos niños matando judíos que en mi época. En aquel tiempo estaban todos los niños de buena familia del pueblo. Hoy estaban los más desharrapados: debíase haberles dado un poco de pan con chocolate para que fuesen a matar judíos. De esta manera, la tradición se habrá mantenido un año más.

Me provoca una gran satisfacción constatar la decadencia de esta barahúnda destartalada y grotesca.]

Josep Pla, El quadern gris («El cuaderno gris»), apunte del 17 de abril de 1919.

Aparte de la constatación de que Josep Pla y Joan Fuster nunca defraudan, aunque sea por razones distintas, me hace gracia esta evocación de la belleza de las paradojas que pueblan las celebraciones peninsulares de la Semana Santa. Hablo con cierto conocimiento de causa: en el Monreal de donde provenimos los Plumed, el abuelo y los tíos se vestían cada año de «judíos». Solo que se vestían tal que así:

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Al mismo reino de Paradoja puede pertenecer la circunstancia de que un elemento folclórico central de las celebraciones de Purim, en que el judaísmo conemorar la salvación por la reina Ester de los judíos de Persia en época legendaria, sea darle a una matraca parecida a las que se utilizarían en el Palafrugell de Pla para «matar judíos». Solo que, en Purim, mientras se lee el Rollo de Ester (que, paradójicamente, es una narración casi trepidante) lo que se intenta ocultar con el estruendo de las matracas es el nombre de Hamán, malo malísimo por antonomasia.

Si nos pusiéramos estupendos y semiólogos, podríamos ver en esta madeja de pascuas, judíos y matracas una constatación algo facilona de la arbitrariedad del signo. Constatar la insoportable levedad del ser fusteriano, aparte de conjurar un demonio privado, es una proclamación casi inútil por banal.

Fotografía tomada del artículo «La cultura inmaterial» de José Hernández Benedicto, José Serafín Aldecoa Calvo y María del Carmen Fuertes Sanz, en Emilio Benedicto Gimeno (coordinador), Historia de Monreal del Campo, Calamocha (Teruel), Centro de Estudios del Jiloca, Monreal del Campo (Teruel), Ayuntamiento, 2006, pág. 322.

Decíamos ayer

Hoy me permitiréis que os hable de memoria. Uno de mis libros preferidos, por muchas razones, es el llamado «Códice Albeldense» (o «Vigilano» por el nombre de su autor y copista, un monje quizá riojano llamado Vigila) de finales del siglo x.
Lo sustancial sobre tal libro está dicho aquí. Como lo mío es más bien lo insustancial, me dejaréis que os dé una de las razones por las que ese libro en particular se cuenta entre mis preferidos. Parte del códice transmite el texto de un hipótetico diálogo entre el libro y el lector. Un momento de ese diálogo dice, en un fragmento que mi mala memoria se toma la libertad de mistificar, algo así:

[Lector:]
Quid es?
[«¿Qué eres?»]

[Libro:]
Ego sum socius itineris.
[«Soy un compañero de viaje».]

Socii itineris.

Socii itineris.

No me ha venido a mi pobre magín mejor manera de definir mi objeto de estudio y a los lectores de este blog. Echando mano de la reprensible ciencia de las etimologías, cumple advertir que, en latín, studium vale tanto como «afecto». En fecha tan señalada por muchas cosas como la de hoy, entre las que no es la menor razón que hoy quede exactamente un año para el primer cumpleaños de María González Hernández, no he encontrado mejor manera de marcar el final de un viaje para dar principio a otro.

Fotografía extraída del facsímil Códice albeldense, Francisco Javier García Turza (coordinador), Madrid, Servicio de Publicaciones del Patrimonio Nacional, Testimonio Compañía Editorial.