לְעֵלָּא מִכָּל בִּרְכָתָא
וְשִׁירָתָא תֻּשְׁבְּחָתָא וְנֶחֱמָתָא
דַּאֲמִירָן בְּעָלְמָא

...

I am uncertain about what Risa’s main gift to me is. There are many. She was my teacher and she became a cordial source of inspiration ever after – that sort of unfailing inspiration it is agreed upon to call “a friend”.

If I were to choose one gift only from her; for instance, if I were to write a memory of her for an assembly of every good friend she had (and she did have so many good friends!), then I would say she was the first person who ever told me a tale about a Hebrew scribe, a most peculiar branch of holy trade whose study has become my own trade and passion. It was back in 2000 when I was about to leave Cambridge after a vividly rewarding year for which Risa largely contributed. It was The Tale of the Scribe by Agnon. That may be Risa’s main gift – that every time I see a Hebrew letter on a manuscript (and I see so many every day!) is an instant of joyful infatuation, a rare privilege so few  teachers know how to hand over to their students.

Far from sorrow, it is my pride and my honour to say how much life I always see in Hebrew words thanks to Risa Domb. Yehi zikhronah livrakha.

No estoy seguro de cuál sea el regalo más importante que me hizo Risa: son muchos. Fue mi profesora y luego se convirtió para siempre en una entrañable fuente de inspiración, la especie de inspiración sin falla a la que convenimos denominar «amigo».

Si tuviera que elegir uno solo de sus regalos; si tuviera, por ejemplo, que escribir la memoria que de ella guardo para una reunión de todos y cada uno de los buenos amigos que tuvo (¡y tuvo tantos buenos amigos!), quizá diría que fue la primera persona que me contó una historia sobre un escriba hebreo, una peculiarísima rama de los oficios sacros cuyo estudio he convertido en mi propio oficio y mi propia pasión. Fue allá por el año 2000, cuando estaba a punto de abandonar Cambridge tras un año pleno de tantas vivencias enriquecedoras, a las que tanto había contribuido Risa. Fue con La leyenda del escriba de Agnón. Tal vez sea ese el mejor regalo de Risa: que siempre que veo una letra hebrea en un manuscrito (¡y veo tantas al cabo del día!) se convierte en un momento de dichoso fervor, un privilegio escaso que solo unos pocos profesores saben transmitir a sus alumnos.

Lejos de sentir pena, me enorgullezco y me honro en afirmar cuanta vida percibo siempre en las palabras del hebreo gracias a Risa Domb. Yehí zijroná livrajá.

Leído en el homenaje público, organizado en Girton College de Cambridge el 20 de mayo de 2007, en honor de Risa Domb (16 de marzo de 1937-11 de enero de 2007).

Por encima de todas las bendiciones
y los himnos, las alabanzas y los consuelos
que en el mundo se recitan