Somam-se os dias e vão é o alento;
volteja ora o Fado, abutre agourento.

Añádense los días y vano es el aliento;
da vueltas el Destino, carroñero de agüero.

Sérgio F. Mendes

Recuerdo perfectamente cuando y donde aprendí el significado israelí de מטומטם (/metumtám/). Fue en el kibbutz Qiryat Anavim (קרית ענבים), al lado de Abú Gosh (אבו גוש, أبو غوش) y de alguna otra cosa mucho más importante en lo personal, como Bet Neqofa (בית נקופה), donde vivían los Vinocur-Andrade, luego de vuelta en Buenos Aires aunque nunca se me hayan ido muy lejos del territorio donde reside la nostalgia del afecto. Por las mismas, y con efecto retroactivo, aprendí alguna otra cosa que ha resultado particularmente relevante para algún compromiso personal (con la verdad histórica, por ejemplo) al que he buscado ser fiel desde entonces: tiempo después me di cuenta de que Bet Neqofa se llamaba, no hacía mucho tiempo atrás, Bayt Naqqúba (بيت نقوبا), hoy transmutado en ‘Ayn Naqquba (عين نقوبا).

Pero volvamos a lo de metumtam.

En el kibbutz, un servidor de ustedes, ya famoso de antes por lo negligente de su coordinación motora (por su torpeza, vaya), fue asignado como voluntario (מתנדב, /mitnadev/) al minimárket (מינימרקט). Friega que te friega (סמרטוט [/smartut/] fue otra palabra estrella de mi aprendizaje kibbútznico), mi distraída coordinación motora me debió de jugar alguna de las suyas y cometí alguna «torpeza». Como andaba, y sigo, corto de vocabulario israelí (las lenguas puramente librescas provocan mucho menos estrés, dónde va a parar) eché mano, a fin de buscar la palabra que mejor me definía en ese momento («¡torpe!»), de lo que tenía entonces a mano: el Diccionario castellano-hebreo/hebreo-castellano del «Doctor» Yeshayahu Austridán (ישעיהו אוסטרידן; mexicano, por cierto), que aún guardo como souvenir de la incompetencia lexicográfica. Don Yeshayahu, a falta de una, daba cuatro posibilidades, perfectamente descontextualizadas, para «torpe»: גס, טיפש, מטומטם o כבד־תנועה (/metumtám/, /tipésh/, /gas/ y /kvad tnuá/). Encomendándome a la vez al rabino Meir y a San Pancracio, ambos muy milagreros, elegí con el mejor método que un bisoño estudiante de hebreo (en tercero para cuarto de licenciatura: los hebraístas disfrutamos, como los arabistas, de una eterna juventud bisoña en esto de aprender el idioma de nuestra especialidad) podía aplicar: al buen tuntún. Y me salió metumtam en la rifa. Logré un cierto efecto comunicativo con mi elección: las dos finlandesas israelizadas que atendían el minimárket se desconyuntaron de risa al oír lo de que yo me definía a mí mismo como metumtam. Si yo fuera más de Móstoles de lo que soy, seguro que habría dicho que se me descojonaban de risa, porque tal cosa correspondía más a la estridencia de las carcajadas que soltaban las hebreo-finlandesas.

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Enric González (añádase esto y esto), ahora corresponsal de El País en Jerusalén, ha abierto blog sobre aquella ciudad y sus aledaños. Razonaba:

En este espacio se habla de Oriente Próximo. De asuntos israelíes y palestinos, principalmente. La idea consiste en abordar un conflicto largo y trágico desde un punto de vista oblicuo y a ras de tierra, sin más tremendismo que el estrictamente necesario y, de ser posible, ni siquiera ese. Se intentará hablar en voz baja. Pero los invitados, por supuesto, pueden gritar cuanto quieran.

En los comentarios de su segunda entrada (apenas), una firma «Moisés» se enfanga en la lírica de la que hablábamos el otro día (apenas):

[Y]o he visto en aquella tierra a árabes palestinos poner a sus hijos delante de ellos para protegerse de balas en enfrentamientos cruzados. […] Aún estoy esperando ver un judío que haga lo mismo, pero sé que no ocurrirá jamás, porque el judío valora la vida mientras que el musulmán valora la muerte y el cielo con decenas de vírgenes que esperan a sus “mártires”.

Quede apuntando a beneficio de inventario: como recordatorio de lo delicado de la exégesis de las fuentes históricas (¿serían las crónicas de antaño como simples «Moisés» de hogaño? ¿Cuánto tiempo les hace falta a los «testimonios coetáneos» de los «Moisés» para convertirse en «fuente histórica»?) y como recordatorio de la fértil imaginación de nuestros recuerdos. Son como esos burros de gitanos en los edificios de protección oficial españoles: siempre hay un burro amarrado en una terraza de una vivienda de protección oficial española en los recuerdos de quienes no son gitanos. Yo lo he visto, me dicen, al burro lo habían subido por las escaleras y lo habían ‘aparcado’ en la terraza. Lo ven siempre con sus propios ojos. Como el «Moisés» del comentario: no es que, remedando al poeta, haya visto y haya creído. Es que primero creía; luego ya se preocuparía de ver. Siempre acaban viendo más que yo: soy un miope con más tendencia al pesado inventario que a promover inventos. Aunque nunca se sabe: hay que andarse con ojo. Con uno mismo, sobre todo.

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Y para que se entendiesen […] y se descubriesen los afectos internos de amor y benevolencia, le dio la voz articulada, blanda y suave, con que explicase sus conceptos; la risa, que mostrase su agrado; las lágrimas, su misericordia; las manos, su fe y liberalidad; y la rodilla, su obediencia: todas señales de un animal civil, benigno y pacífico.

Ut sese mutuo intelligeret atque internos amoris & benevolentiae affectus invicem possent prodere, largita est homini Natura vocem articulatam, blandam, & suavem, qua animi sui lenta expromeret; risum, quo comitatem suam; lacrymas, quibus suam commiserationem; manus, quibus fidem suam, & liberalitatem; genua, quibus obedientia sua testaretur : quae omnia signa sunt animalis civilis, benigni, & pacifici.

Diego Saavedra Fajardo, Idea de un príncipe político cristiano representado en cien empresas («Idea principis christiano-politici Symbolis CI. Expressa»), 1640, empresa lxxiv.

À minha velha casa
eu regresso à procura
das origens da ternura,
onde o meu ser perdura.

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Si por alguna circunstancia improbable tuviera que volver a París inopinadamente, tendría – después de algunos años de afanes – al menos dos refugios donde recalar. Tiene su gracia que ambos tengan que ver con las lenguas, ese basso continuo de este blog y de su taquillero. El primero sería el Croccante («piccolo ristorante italiano»), 138, rue de Vaugirard, junto al metro de Falguière, el hogar de los que queremos a Massimo y Deborah (junto a los que conviene no olvidar a Stefano/Estêvão, ejemplo notable de mezcolanza genealógica, hijo de portugués y de italiana y criado en París). De momento, solo le he encontrado a Massimo dos defectos: que sea palermitano y sus cannoli, buenísimos, pero no a la altura de mi nostalgia (dicen que a falta de poder ir a Palermo – o a Catania – hay un cierto remedio al Sehnsucht de cannoli si uno va a Roma, a cierta pastelería cerca de la Plaza de Bolonia, por ejemplo. Guárdenme el secreto por si alguna vez se decidieran a ir). El segundo defecto, si se empeña, es remediable.

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ת”ר אבן טוען היתה בירושלים. כל מי שאבדה לו אבידה, נפנה לשם וכל מי שמוצא אבידה נפנה לשם. זה עומד ומכריז וזה עומד ונותן סימנין ונוטלה. וזו היא ששנינו: צאו וראו אם נמחת אבן הטוען.

Enseñaban nuestros sabios: Había una piedra de toque en Jerusalén. A todo el que algo se le perdía, allí se dirigía y todo el que algo encontraba, allí se dirigía. El uno pregonaba y el otro iba y daba las señas y se lo entregaba. Esto enseñaron: salid y ved si está cubierta la piedra de toque.

Talmud de Babilonia, tratado Bava Mesi’á, folio 28, lado verso.

Côté pro-palestinien (mais non pro-Hamas), on peut signaler parmi des dizaines de publication le rapport de la FIDH qui revient sur le message central du rapport Goldstone qui, on le rappelle, invite principalement les deux parties à enquêter sérieusement sur d’éventuels crimes de guerre, et donc à rompre avec une culture de l’impunité.

Côté pro-israélien, on s’arrêtera sur les statistiques de the Israel project, très détaillées, trop détaillées puisque l’énumération (nombre de roquettes, temps de réaction en Israël, nombre de fleurs exportées de Gaza en décembre…) fait apparaître cruellement une béance: l’absence du nombre de victimes palestiniennes.

Del lado propalestino (que no pro-Hamás), puede señalarse entre las docenas de publicaciones el informe de la Federación Internacional de Derechos Humanos que retoma la conclusión principal del informe Goldstone que, según se sabe, emitía como sugerencia principal a las partes que llevaran a cabo investigaciones serias sobre posibles crímenes de guerra, de forma que se pudiera romper con la cultura de la impunidad.

Del lado proisraelí, convendrá detenerse en las estadísticas de The Israel Project, muy detalladas, incluso demasiado detalladas, porque la enumeración (número de proyectiles, tiempo de respuesta de Israel, número de flores exportadas de Gaza en diciembre…) deja pendiente una ausencia clamorosa: la falta del número de víctimas palestinas.

Gilles Paris, «Gaza un an après, mémoires sélectives et concurrentes» (‘Gaza, un año después: memorias selectivas y contrarias’), del blog Guerre ou paix: Décryptage des relations israélo-palestiniennes, 21 de diciembre de 2009.

No se me extrañen: habrá que poner los medios, que empiezan por no negarse a hacerse las preguntas, para localizar la clave para encontrar lo que se busca.

[En la misma serie.]

«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.

«Inglorious basterds (Metafora insignia III)», foto de sydnzm, 4 de marzo de 2009.

Vamos al grano. La ponencia de Netanyahu en la ONU fue “excelente” para tratar dos cuestiones coyunturales como la negación del Holocausto por parte de Irán y la carrera nuclear de ese mismo país. No me topé aún con nadie, en persona, que me dijera que no estaba “100% de acuerdo” con lo manifestado por el primer ministro israelí.

Con documentación “irrefutable” -¿hacía falta mostrar papeles y copias de planos?- intentó demostrar infantilmente que el Holocausto existió. Como si esos papeles en manos de un sionista, diría un detractor, tuvieran algún valor. Podrían ser copias de la lista de compras de su esposa, diría otro personaje.

¿No es suficiente con el testimonio ya conocido hasta ahora de que el Holocausto existió? Acá no se trata de Dios, Cristo o Mahoma. ¿El santo sudario indica que Jesús existió? No. Pero los evangelios sí.

Bueno, las cámaras de gas no están de escenografía en Polonia y mi abuela no fraguó documentos de la Cruz Roja. Y los nazis no gastaron millones de marcos en documentar su “gran obra”. Todo se puede ver por Youtube, menos los documentos de la viejita. […]

Netanyahu evitó hablar, no más que en retórica, de la paz con los palestinos, a los que englobó en un panarabismo que ya no existe. Acá se trata de comenzar a negociar de una vez por todas, de ir a fondo, violando incluso los tiempos, para lograr la paz con el pueblo palestino.

Aunque suene soberbio, hay que ayudarlos a crecer como pueblo, como vecinos. No amarlos, nadie ama a un vecino a menos que tenga un culo bárbaro (entiéndase en mi caso una vecina) y los palestinos no aman a los israelíes tampoco ni tienen por qué hacerlo. No hay que pedir eso. Pero ambos pueblos tienen que madurar juntos, es el único camino para evitar más dolor. […]

[…] Netanyahu es humano y político (qué combinación) y prefirió recordar a sus parientes asesinados por los nazis que a los soldados muertos en las últimas acciones militares de Israel en el Líbano y Gaza. Y ni hablar de las víctimas palestinas.

Si Israel hiciera la paz con los palestinos, ¿qué razón de ser tendría Hezbollah? Ah, que ellos quieren todo el territorio porque bla bla bla… Bueno, que ataquen que Israel se las devolverá. Un clásico.

Pero el error esta vez será de ellos porque aquel que acepta por esposa a la sangre para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, es cónyuge de la muerte, lo que en algún punto justifica su existencia sólo si palma inmolado y cargándose a los que pueda.

Desde hace 61 años, Israel es un país libre y democráticos. Con errores como todos. Pero desde hace 42, ocupa territorios. Y eso se paga con odio y resentimiento.

Aplaudamos mirando hacia la paz y no a la guerra. Por una vez aplaudamos un alba y no una puesta de sol. El atardercer es también un “se nos viene la noche” aunque sea más marketinero.

Estoy criando hijos en Israel. Quisiera que en 18 años el servicio militar no sea obligatorio. Quiero que sean lo que tengan que ser menos una tumba con honores castrenses.

Quiero que el héroe sea el que salva a un gato del arbol, no el que tiene signado defender al país y no puede descubrir la vacuna contra el trabajo porque el enemigo acecha y hay que pelear, matar o morir.

Basta de vericuetos bíblicos. Tengo esperanza. El día que la pierda armo la bomba atómica en el living. Total está en Youtube.

Mariano Man, «Viendo a Bibi (perdón Biondi», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 26 de septiembre de 2009 (die septima).

[En la misma serie.]

As I write this, I still have 10 days until the end of my reserve service in the West Bank. It is my first service in the Palestinian territories in nine years. Until then I was a platoon commander in an infantry unit, and served on a regular basis in the West Bank and on Gaza strip, both during mandatory duty and on reserve. Seven years ago I decided I will not take part in the occupation anymore, and refused to enlist to my yearly service. I was sentenced to 28 days in army prison no. 6, and later removed from my commanding post. When the next call came, I was transferred to a civil defense unit (again, as platoon commander), which usually doesn’t carry out such missions. But lately the army changed its policy, and my unit was called for a 26 days service in the Jordan Vally area. Not “hardcore occupation” like the things I used to do in Hebron or Ramallah, but still, inside the West Bank.

«Soldaten spielen Karten Skat», foto de Drakegoodman, 13 de junio de 2009.

«Soldaten spielen Karten Skat», foto de Drakegoodman, 13 de junio de 2009.

En el momento de escribir esto aún me quedan diez días de reservista en Cisjordania. Hacía nueve años que no estaba destinado en los Territorios Palestinos. Hasta entonces estuve al mando de un pelotón en una unidad de infantería, y estuve destinado habitualmente en Cisjordania y la Franja de Gaza, tanto durante el tiempo de mi servicio obligatorio como en funciones de reservista. Hace siete años decidí que no iba a participar nunca más en la Ocupación y me negué a alistarme para mi servicio anual. Me condenaron a 28 días en la prisión militar n.º 6 y me relevaron del mando. A la siguiente convocatoria, me trasladaron a una unidad de protección civil (nuevamente al mando de un pelotón), a la que habitualmente no se le encargan ese tipo de misiones. Pero el Ejército ha cambiado últimamente de política y han destinado a mi unidad a un periodo de 26 días de servicio en la zona del Valle del Jordán. Nada de «ocupación dura», como lo que hacía en Hebrón o en Ramalá pero, eso sí, dentro de Cisjordania.

What do I do here? That’s what I’ve been asking myself in the last two weeks. I don’t think I have the best answers yet, but I will try to share some of my thoughts on the matter here.

My first conclusion is that I just got weak. Nine years ago, after serving in South Mount Hebron, I understood there are no more excuses for taking part in what’s going on there. I explained this to my commanding officers, and when they insisted on calling me to serve, I was willing to do what I though was right. Military prison itself wasn’t that bad, but the whole process was emotionally demanding in a way that none-Israelis might find hard to understand. Explaining my actions to the people I worked with and to my family – repeating the same arguments over and over again – was extremely exhausting. Then, when an officer in my unit was killed in Jenin, confronting the rest of my friends in the army became almost impossible. The truth is I just didn’t want to go through all of this again.

¿Qué hago aquí? Eso es lo que llevo preguntándome desde hace dos semanas. No me parece que haya logrado aún tener las respuestas que convienen, pero trataré a continuación de compartir algunas de mis reflexiones sobre el asunto.

Mi primera conclusión es que, sin más, me he vuelto débil. Hace nueve años, cuando me destinaban a la zona sur del Monte Hebrón, entendí que ya no cabían excusas para seguir tomando parte en lo que allí ocurría. Les expliqué esto a mis superiores al mando y, al insistir en convocarme para el servicio, estaba dispuesto a hacer lo que creía que había que hacer. La prisión militar como tal no fue tan mala pero todo por lo que pasé me exigió enormemente desde un punto de vista emocional, de una manera que los que no sean israelíes encontrarán difícil de entender. Explicarles lo que estaba haciendo a mis compañeros de trabajo y a mi familia (repitiendo los mismos argumentos una y otra vez) resultó tremendamente agotador. Después, cuando mataron a un oficial de mi unidad en Yenín, dar la cara con mis amigos del ejército resultó casi imposible. La verdad es que no quería volver a pasar por todo eso.

I can give here some other excuses against refusing: for example, that since my unit would have gone there anyway, it’s best that I will do the Job, since I might be more sensitive to the Palestinians. But I never liked this kind of rationalization. I believe that the way people behave on uniform has more to do with their character than with their political affiliation. I’ve seen right wing guys who were decent and polite with the Palestinians and so called leftists who were cruel and indifferent. The problem is not with the soldiers themselves, but with the whole situation.

I can argue that refusing doesn’t carry the same political impact as it used to have. Nobody cares much what the diminished left does or say, and there are enough people willing to do the job. Dov Weisglass, PM Ariel Sharon’s consultant, once said Sharon initiated the withdrawal from Gaza because of the Geneva Accord and the refuzniks movement. Such momentum doesn’t exist now. On the other hand, do we choose to engage in political action just because we have a chance to succeed, or because it is the moral thing to do?

«Tsahal girls», foto de Robbie Stapleton, 5 de agosto de 2007.

«Tsahal girls», foto de Robbie Stapleton, 5 de agosto de 2007.

Puedo dar alguna otra excusa contra el rechazo a servir en el Ejército: por ejemplo, ya que a mi unidad la iban a destinar allí de todas maneras, mejor que me encargara yo mismo del trabajo, ya que tal vez fuera más sensible respecto de los palestinos. Pero nunca me ha gustado este tipo de racionalización. Creo que la forma en que la gente se comporta al llevar un uniforme tiene más que ver con su carácter que con su adscripción política. He visto a tipos de derechas que se mostraban decentes y corteses con los palestinos y a tipos de izquierdas que eran crueles e indiferentes. Lo problemático no son los soldados sino toda la situación.

Estoy dispuesto a afirmar que el rechazo a servir en el ejército no comporta el mismo impacto que antes. A nadie le importa lo que una izquierda capitidisminuida hace o dice, y hay gente de sobra dispuesta a servir. Dov Weisglass, que fue consejero del Primer Ministro Ariel Sharon, dijo una vez que Sharon inició la retirada de Gaza a consecuencia de los Acuerdos de Ginebra y el movimiento de rechazo a alistarse (refuznikim). Tal efervescencia ya no se da. Por otra parte, ¿elegimos comprometernos en la acción política solo porque tenemos alguna oportunidad de tener éxito o porque es lo que moralmente hemos de hacer?

I don’t oppose the army service as a rule, though I am aware of the problematic role the IDF plays in the Israeli society. I like the people I serve with, and I think the service, like paying taxes, is just something you do as a citizen here. I don’t like the idea that someone else will do this for me. The fact that I feel extremely alienated with the current political leadership in Israel – to degree I don’t consider myself a patriot, and I don’t even like the sound of this word anymore – doesn’t change much.

As I said, what I do now is not “hardcore occupation”. We are on the edge of the Palestinian territory, in a very quiet area. Up until the last minute, I was hoping I would be stationed on the Jordanian border and wouldn’t have to deal with the Palestinians myself, but they ended up sending a different company there. No easy way out this time.

So here I am, in the West Bank. Again. It’s been 16 years since my first visit in uniform to the Palestinian territories. Ironically, on the same week I got there, in the summer of 1993, the Oslo accord was signed. We were 18 years old, and we thought the end of the conflict was coming. Some guys on my unit were actually sorry that they wouldn’t get a piece of the action. Well, we certainly got our share since. I’ve been to Nablus, Ramallah, Bethlehem, Hebron, Gaza and some places in between. I took part in the evacuation of Hebron and a few years later, refused to re-enter the West Bank, I protested and even sat in prison, and now I am back at the starting point, patrolling and doing checkpoints as if nothing ever happened. It’s a strange feeling. (…)

No me opongo al servicio militar por principio, aunque sea consciente del papel problemático que juegan las Fuerzas de Defensa de Israel en la sociedad israelí. Me cae bien la gente con la que estoy destinado y creo que el servicio activo, igual que pagar impuestos, es solo una obligación que comporta ser ciudadano de este país. No me gusta la idea de que haya otro que lo haga por mí. Que yo me sienta profundamente ajeno a los actuales dirigentes políticos de Israel (hasta el punto de no considerarme patriota, ni siquiera de que me guste ya cómo suena la palabra) no cambia mucho.

Como ya digo, lo que estoy haciendo no es «ocupación dura». Estamos en el borde del territorio palestino, en una zona muy tranquila. Hasta el último momento tuve la esperanza de que me acuartelaran en la frontera con Jordania y que no tuviera que tratar directamente con los palestinos, pero al final mandaron a otra compañía. Me quedé sin la solución fácil.

Así que aquí estoy, en Cisjordania. Otra vez. Hace dieciséis años de mi primera visita de uniforme a los Territorios Palestinos. Resulta irónico que, la misma semana en que yo llegué entonces aquí, en el verano de 1993, se firmaron los Acuerdos de Oslo. Teníamos dieciocho años y creíamos que el final del conflicto estaba cerca. De hecho, a algunos miembros de mi unidad no les gustaba la idea de que se fueran a perder algo de acción. En fin: hemos tenido de sobra desde entonces. He estado en Nablús, Ramalá, Belén, Hebrón, Gaza y algunos otros sitios entre medias. Participé de la evacuación de Hebrón y, unos años después, negándome a volver a entrar en Cisjordania, protesté e incluso fui a la cárcel, y ahora estoy donde empecé, de patrulla y haciendo controles como si no hubiera pasado nada. Como para sentirse raro. […]

Noam Sheizaf, «Back in the West Bank (part I)» («De vuelta en Cisjordania (1ª parte)»), Promised Land, 10 de agosto de 2009.

(Segunda y tercera partes aquí y aquí.)

Banda sonora: «Jewish revolutionaries», del disco Filmworks XX: Sholem Aleichem de John Zorn (2008).

[En la misma serie.]

Pues no recuerdo ahora mismo con qué mapas dan el tiempo en las televisiones israelíes o palestinas: me supongo que con el de siempre (versión neohebrea, versión arábiga).

Ahora, algo más me conozco cómo dan el tiempo los mapas mediáticos de esta península mía extremo-meditérranea. Cataluña, si no recuerdo mal, llega a Fraga pero no a Zaragoza; Valencia (en sentido laxo) abarca Elche y Castellón pero no Cuenca, Cartagena o Calaceite (un suponer). Sin embargo, Madrid llega hasta lo menos León (si no más ya) en dirección al norte; hasta Albacete (poco faltará para Gandía) en dirección sur, sureste. No recuerdo Andalucía pero diría que no se inmiscuye en el Algarve ni más allá de Chafarinas (aunque las teles marroquíes, si no voy errado – que puede que sí – si se lancen a la fantasía territorial de las Canarias, Ceuta, Melilla, Perejil/Layla/Maadnús y, a poco que uno lo mire con objetividad, de la Acequia Roja y el Río de Oro).

En fin: nacionalismo banal, el hijueputa siempre es el otro, la viga de cemento armado en el ojo propio siempre más ligera y grácil que la reprensible pajilla en el ojo ajeno, etc. Nada que vaya a alterar el ánimo más que habituado, «de Algeciras a Estambul», ya se sabe, que cantaba Serrat.

Una forma clásica de ponerse el mundo por montera es dibujar, colocar o exhibir un mapa. Gran impostura, los mapamundis europeos colocan al Viejo Continente en el centro del globo; los australianos ponen a los mares del sur en el foco. Nosotros, lo único importante, que decía el Fraga de camisa azul.

Cuán diferente actitud respecto a la de los miniaturistas de los primeros cartulanos, que acompañaban el descubrimiento y exploración de nuevos mundos. Aquellos predecesores pugnaban por abarcar lo nuevo. Sus sucesores hicieron de la cartografía coartada nacional. Hasta el paroxismo identitario, que aprovecha incluso el granizo para construir la nación.

A los añejos mapas de España prescindiendo de Portugal de la era del caudillo le sucedieron otros en que la lluvia se detenía en los confines políticos de la autonomía.

La impostura oportunista del nacionalismo periférico, gemelo del casticista, prescindía alegremente del interés viajero de su clientela y sus necesidades de preparar paraguas o sombrero. Importaba el tiempo en Mondragón, para nada en París, aunque esta ciudad fuera más frecuentada por los vascos que el caserío vecino.

La ETB del nuevo lehendakari de la Euskadi en vías de mayor normalización ha corregido ya ese dislate. Ofrece mapas meteorológicos con menos frontera política y más área de influencia calculada por la afluencia turística. Parece predicar que si el País Vasco es importante y atractivo no lo será por el protocolo cartulano, sino porque la ciudadanía vasca sea atractiva e importante.

Sufridos habitantes de otras autonomías, como la catalana, agradecerían la importación de ese modelo, que evita confundir la patria con el chubasquero: tanto mapa en TV-3 con Maó y Alacant y Andorra para consumo de ensoñadores. Cuán poca previsión del tiempo futuro en Sevilla, destino más frecuente para el barcelonés medio que Borriana.

Lo que vale para catalanes también vale para madrileños clientes de Telemadrid, ridículamente sobreinformados de los avatares climáticos en su Comunidad y lejanos, al escurialense modo, a los del ancho mundo. Usuarios, no patriotas.

«Usuarios, no patriotas», El País, 1 de julio de 2009.

Mapa del tiempo en El País (vía Quim Roig, vía Miquel Boronat previamente):

Tiempo nacional