En año de mil y quinientos y treinta y tres y medio el rey don Calros mandó que se hiziesen los moros de reino de Valançia y de Aragón cristianos o se fuesen de la tierra. Los fueros no otorgaron de aberse de hazer cristianos sino aberse de ir ad allí dándoles buen paso por Valençia y paso franco, no danles paso por donde no sea jamás çierto. Nosotros no partiremos, antes morremos, que por ese paso vamos.

Dia de alhamís a veinte y tres de febrero [JdPP: ¿de 1537?]. Esto escribió Mohamad Dobecar, ijo de Mohamad Dobecar el onrado y virtuoso.

Transliteración en caracteres latinos de una nota escrita en caracteres árabes aljamiados en el folio de guarda del manuscrito n.º xvi de la «Junta de Ampliación de Estudios», hoy en la Biblioteca «Tomás Navarro Tomás» del CSIC; manuscrito n.º 58 del catálogo (pág. 316) de la exposición Memoria de los moriscos.

בטרם השער יסגר
בטרם כל האמור יאמר
בטרם אהיה אחר

בטרם יקריש דם נבון
בטרם ייסגרו הדברים בארון
בטרם ייתקשה הבטון

בטרם ייסתמו כל נקבי החלילים
בטרם יוסברו כל הכללים
בטרם ישברו את הכלים

בטרם החוק ייכנס לתוקפו
בטרם אלוהים יסגור את כפו
בטרם נלך מפה

Antes de que la puerta se cerrase,
antes de que todo lo dicho se dijera,
antes de que yo fuera otro.

Antes de que se coagulara la sangre comprensiva,
antes de que se encerraran las cosas en el armario,
antes de que se endureciera el vientre.

Antes de que se taparan todos los agujeros de las flautas,
antes de que se explicaran todas las maldiciones,
antes de que se rompieran los cacharros.

Antes de que la ley entrara por la fuerza,
antes de que Dios cerrara la mano,
antes de que nos fueramos de aquí.

Yehuda Amijai (יהודה עמיחי), traducción española de Raquel García Lozano. Basándose en este poema, compuso Assaf Noy (אסף נוי) una pieza que en el video interpretan la cantante Niva Eshed (ניבה אשד) y la Sinfonieta Beer-Sheva (הסינפונייטה באר שבע), dirigidos por Doron Solomon (דורון סולומון). La intención, según el propio Noy, al componer esta obra fue:

קריאתי בשיר זה העלתה בדמיוני תמונה בה המשורר נמצא על סיפו של קבר. תוך כדי צפייתו באדם הקרוב לו נלקח ממנו לנצח הוא מנסה לומר, בשניות הנותרות לו, את כל מה שאי פעם ירצה להגיד.
את התחושה הזו של זמן מתוח, כמעט עוצר מלכת, ניסיתי להעביר באמצעים מוסיקליים.

Al leer este poema, me vino a la imaginación una imagen en la que el poeta se halla al borde de la tumba. Mientras contemplaba a la persona que tenía a su lado, que le han arrebatado para siempre intenta decir, en los segundos que le quedan, todo lo que nunca querrá decir. Es esta sensación de tiempo en tensión, casi detenido, la que he intentado trasladar por medios musicales.

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Como cada vez que he oído últimamente a Luis Fernando Bernabé Pons, salgo muy enseñado y contento. Además, hoy actuaba a dúo con Jorge Gil Herrera. Me han sacado de dudas: en dirección al Magreb o a Francia, en lo que ellos han denominado las «rutas de huida» de los moriscos, antes de las expulsiones que empezaron en 1609, se daba la constante de la intervención de los judeoconversos (que es el término que ellos han empleado). No por solidaridad «entre minorías», como ha explicado Luis Bernabé en el turno de preguntas, sino por una cuestión mera, pero no por merina menos interesante, de cuartos, reales, perras gordas y chicas, pasta, parné: vil metal en suma, a veces notoriamente vil como en el caso del célebre caso de falsificación de moneda que debería haber entrado en España (ah, ¿que no se me habían enterado ustedes? Sí, España existió seis décadas entre finales del xvi y mediados del xvii) por obra y cábala de moriscos residentes en Francia.

 

En el mismo turno de preguntas, me he quedado con la cifra que una rica familia morisca (no: ninguno de los tres términos es un oxímoron del otro) pretendía sacar de la Península: 18.000 ducados. Unos pobres parias, claro, sí, ya se sabe. Pobrecitos. Criaturas. Arcaicos, analfabetos, metidicos ahí en su mundo. Lo mismo en Valencia que en Granada, lo mismo en Castilla que en Aragón, sin que nada de esto quiera decir que moriscos valencianos, granadinos, castellanos o aragoneses eran lo mismo. Ni mucho menos. Pero, oigan, 18.000 ducados. Que eran… como decirles… eran… Mogollón.

 

Siempre he dicho que Alfonso de Zamora limita, al sur, con los manuscritos aljamiados; a levante, con los impresos griegos en España; a poniente, con las tradiciones librarias de los judíos portugueses; y al norte, con la polémica erasmiana. Las vacaciones, las pasó en Italia, sin haberse movido jamás – que se sepa. Y si no lo sé yo… – de Zamora, Salamanca y Alcalá. Cualquier cosa que haga para entender esas fronteras de la patria alfonsina no será en balde para entenderlo.

 

Lo último: la última. ¿Qué tendrá esta etimológica mal baisée para querer dejar claro la jerarquía, el dominio, el sultanismo pretéritamente colegiado, la altanera componenda de funcionaca de alto standing? ¿La insoportable levedad de ser lo que se es y no lo que se hubiera querido y nada más?

 

En fin, antes de la segunda parte selecta de mañana (que no dan las horas para todo, ni los quereres, ni los aguantes), pongámonos de nuevo con el amigo Alfonso, que al final me van a sacar coplas:

 

Una de las cosas que tiene andar buscando una cosa (en fin, un judío) en tres tomazos de catálogos de manuscritos , de a trescientas y pico páginas cada tomazo,  sin índices que le sirvan a uno de nada -o sea, andar buscando a un judío en un pajar-, es que acabas perdiendo el tiempo.

Una de las cosas que tienen exactamente las mismas circunstancias, incluido lo de perder el tiempo, es que acaba uno encontrando serendipias de este género:

CAPÍTULO. N.º 398 [Copia de capítulos sacados de una causa seguida por el Comisario de la Inquisición en Villanueva de Alcaudete, a Luisa, morisca, por hablar en algarabía con objeto de poder entender a los turcos cuando entraran en España. 17 Julio 1575].

Marcelino Gutiérrez del Caño, Catálogo de los manuscritos existentes en la Biblioteca Universitaria de Valencia, Valencia, Librería Maraguat, 1913, tomo I, pág. 153

Y de paso, y por curiosidad, si alguien me dice dónde está Villanueva de Alcaudete, si en Toledo, en Jaén, en Valencia o en el país de las erratas, se lo agradecería.

Proponemos: el Dr. House es a la práctica deseable de la medicina lo que Águila roja a la divulgación adecuada de la investigación histórica.

Y no se vayan todavía: aún quedan los moriscos.

Para los curiosos árabo-lectores, fíjense en el minuto 1, segundo 17 del video. ¿Ya? Bueno, ¿eh? Pero bueno de verdad.

Para los demás curiosos lectores menos versados en algarabías, la solución en unos días, aunque les avanzo que la cosa va por estos mismos derroteros.

Algún suspense les tenía que dar de vez en cuando, ¿no creen? Y no me lo agradezcan a mí: agradezcánselo a sus impuestos, queridos residentes en España, porque con sus impuestos se lo han pagado.

[En la misma serie.]

Para N. A. Jalil, desde este lado del espejo, quien me enseñó lo poco que sé de la heterogeneidad de los moriscos y que me dio las pruebas de que humanidad no hay más que una y silencios, muchos, tanto ahora como en el siglo xvi o en la Edad Media.

Les pirateries de Barbarossa i de Dragut, que mortificaven el litoral valencià, tenien en ells un cap de pont evident. Era llur reacció davant les violències de què eren víctimes -o temien d’ésser-ne. Els moriscos seran, potser sense ells voler-ho, la causa principal del naufragi d’aquella societat.

[«El corso de Barbarrosa y Dragut, que mortificaban el litoral valenciano, tenía en ellos {los moriscos} una cabeza de puente evidente. Así reaccionaban a las violencias de que eran -o temían ser- víctimas. Los moriscos serían, tal vez sin quererlo, la causa principal del naufragio de aquella sociedad.»]

Les aljames continuaven acatant la rectoria moral i religiosa dels alfaquins, celebraven les cerimònies alcoràniques, i duien llur documentació en «algaravia». Si sempre -vull dir, d’ençà de la Conquista- els moros valencians havien conservat llur condició de comunitat distinta, ara, perseguits, se sentiren més a part i aïllats: els lligams morals que els unien ells amb ells van enfortir-se. L’acarament de tots dos pobles, moros i cristians, es convertia en una incompatibilitat insoluble.

[«Las aljamas seguían acatando la dirección moral y religiosa de los alfaquíes, celebraban las ceremonias coránicas y llevaban la documentación en “algarabía“. Si los moros valencianos habían conservado siempre -quiero decir, a partir de la Conquista- su condición de comunidad distinta, ahora, perseguidos, se sintieron más separados y aislados: los lazos morales que los unían entre ellos se reforzaron. El enfrentamiento de ambos pueblos, moros y cristianos, se convertía en una incompatibilidad insoluble».]

Historiadors, polítics i desenfeinats de tota mena han discutit apassionadament, durant els darrers cent cinquanta anys, a propòsit de l’expulsió. Hi ha hagut dicteris esgarrifosos i lloances efusives. Per als uns, allò fou un acte de vandalisme religiós, propi de la rígida intolerància que caracteritzà l’Espanya dels Àustries; fou, de més a més, un error econòmic lamentabilíssim, una causa més, però no insignificant, de la decadència d’aquella Monarquia. Per als altres, en canvi, fou un gest de virtuosa severitat, que, si entranyava afliccions materials, responia a ideals sublims i etcètera. La polèmica, per a mi, no té gaire sentit, i menys en aquests termes. Mirades les coses sincerament, no hi ha dubte que, des del nostre angle -de valencians actuals-, l’expulsió fou una sort. Algun erudit ha comparat la situació valenciana del XVI amb la de l’Algèria del 1961: comparança prou exacta, sí. Els moriscos eren un poble colonial a la pròpia terra -al capdavall, ells eren uns «valencians» més «antics» que els altres-, i els cristians eren una mena de pieds-noirs sobrevinguts i explotadors.

[«Historiadores, políticos y ociosos de toda laya han discutido apasionadamente durante los últimos cincuenta años a propósito de la expulsión. Se han emitido espantosos denuestos y alabanzas efusivas. Para unos, fue un acto de vandalismo religioso, propio de la rígida intolerancia que caracterizó la España de los Austrias; fue, además, un error económico lamentabílisimo, una causa adicional, aunque no insignificante, de la decadencia de aquella Monarquía. Para otros, en cambio, fue un gesto de virtuosa severidad que, si entrañaba aflicciones materiales, respondía a ideales sublimes y etcétera. La polémica, para mí, no tiene mucho sentido y menos en estos términos. Viendo las cosas con sinceridad, no cabe duda de que, desde nuestro punto de vista -de valencianos actuales- la expulsión fue una suerte. Algún erudito ha comparado la situación valenciana del xvi con la de la Argelia de 1961: comparación sobradamente exacta, sí. Los moriscos era un pueblo colonial en su propia tierra -al fin y al cabo, eran unos «valencianos» más «antiguos» que los otros-, y los cristianos eran una especie de pieds-noirs sobrevenidos y explotadores.»]

Joan Fuster (1922-1992), patriarca y profeta del nacionalismo pancatalanista de izquierdas, con especial relevancia en el País Valenciano; Nosaltres, els valencians [«Nosotros, los valencianos»], Barcelona, Edicions 62, 1996, decimosexta edición (primera edición de 1962), págs. 34, 36 y 38.

Hay mucho que pensar en todas estas mescolanzas de lenguas, religiones y razas y en estas amalgamas de, por ejemplo, el velo de las mujeres y el automóvil o el fonógrafo. Por mucho que nos entristezca la lectura de las relaciones de expulsión de los moriscos de España, hay que pensar que, una vez hecho, ha sido la medida política más sabia del mundo. Dice Jaime [Oliver Asín] bromeando en las líneas que me dedica, y que le agradezco en lo que valen, que «no se me ocurra musulmanizarme». No hay cuidado. Hay mucho de verdad en lo que V. me ha dicho siempre de la desilusión que se sufre al venir a Oriente. Por bajo de la cáscara brillante y exótica, no hay más que fanatismo y una sociedad absurda donde no hay mujeres, donde un hijo no habla ni se trata con su madre. La religión vulgar -¡no la de los grandes teólogos, claro!- es algo estrambótico. La oración en común parece una clase de gimnasia sueca, y es un espectáculo desagradable ver a todo el mundo descalzarse a la puerta de las mezquitas y andar siempre con las patas al aire y con las chancletas al retortero. ¡Qué alegría la de sentirse cristiano! Cuando en la iglesia de los franciscanos de aquí, que es inmensa y estaba llena de europeos, resonó en la Misa del Gallo el Alleluia, crea V. que sentí una de las mayores emociones de mi vida.

Desde El Cairo, 27 de diciembre de 1927.

¡Pero en fin llegué! Los franciscanos, para los que traía recomendaciones, no me pudieron hospedar, por falta de sitio. He visitado el Santo Sepulcro, Getsemaní, la tumba de la Virgen, la Vía Dolorosa, etc., etc. y ayer en auto con un franciscano, dos señoras chilenas y un francés Jericó, el Jordán y el Mar Muerto. ¡Qué visitas tan emocionantes, y al mismo tiempo tan dolorosas por ver cómo está esto dividido entre las sectas! Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

Desde Jerusalén, miércoles santo, 4 de abril de 1928.

Emilio García Gómez (1905-1995), patriarca y caudillo del arabismo español en la segunda mitad del siglo xx; Viaje a Egipto, Palestina y Siria (1927-1928). Cartas a Don Miguel Asín Palacios, Madrid, Real Academia de la Historia, 2008, págs. 47 y 78

Mi señor suegro, Dios te honre. He recibido tu distinguida carta, la primera y la segunda, y la he entendido, señor mío. En cuanto a lo que dices de si quiero armas, pues hoy más que nunca. Y ya que vuestra señoría se propone marchar, Dios te decrete salud y te devuelva a tu casa con bien. Vuestra señoría haga lo posible porque se me dé armamento completo, es decir, espada, daga y pedreñal, y si puede ser armamento defensivo, que es coraza o lo que se le parezca, bien, y si no, las tres cosas, y si no, espada y daga; en cuanto al precio, por el armamento completo darás hasta cien libras, y por espada y daga, hasta cincuenta libras, y si el asunto está cerca de acuerdo por diez o veinte, si son, manténte en el principio. En cuanto al asunto del dinero que me mandas a decir que te envíe, mi señor, es divisa que nosotros debemos pagar a la gente: en ello nos va el honor, y no puedo dar nada porque en estos días acierto a estar desprovisto de dinero. Señor mío, procure su señoría recabar licencia de armas, y si Dios provee quien lleve el buen envío de una manera u otra, en paz, y si no, envía un correo expreso en el que se esté (el envío) y cuánto se debe pagar por él, e inmediatamente te lo enviaré o te lo pondré en el Banco de Valencia [>ṭblh<, i.e. la «Taula de Canvis» de Valencia; nota de JdPP], y te enviaré cédula notificatoria para que expliques que a costa mía es toda la cosa. Y, aunque en ella hay puerta abierta para eso, que te he dejado cuánto darás, haga su señoría lo que crea ser conveniente, que yo defenderé todo lo que hagas en mi nombre en el asunto del armamento: ten esta carta como recordatorio. Tengo entendido que el rey ha hecho merced del asunto del armamento al secretario Franqueza. Allí estarás: llévate lo que puedas.

El portador de esta te lleva un frasco de miel de caña y un piloncillo de azúcar para que los lleves para el camino: recíbelos de buena gracia, y que Dios te dé buen viaje y te devuelva a casa con bien, como deseas. Nada queda sino saludaros a todos con la paz, la misericordia y bendición de Dios.

Benirredrá, 19 de febrero del año 1595.

Mendoza no está aquí, y me han dicho que aún no está el algodón teñido; cuando esté, lo enviaré, si Dios quiere.

Hasta que lo mandes, tu servidor, Luis Alġāzī

Carta del morisco valenciano L. Algazí a su suegro, en viaje camino de Valencia, escrita en árabe andalusí. Editada y traducida en Federico Corriente Córdoba, «Árabe andalusí», en Federico  Corriente y Ángeles Vicente, Manual de dialectología árabe, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008, edición y transcripción del texto árabe en págs. 373-375 y traducción al español en págs. 375 y 376.

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Cómo podemos dar voz a aquello que ha sido silenciado sin hundirlo aún más en su silencio, sin tapar su posibilidad con nuestra construcción? Cuando se dice que la represión y el necesario consenso explican el silencio subalterno de la Posguerra y la Transición española (más aún cuando se añaden florilegios como «madurez» o «coherencia», al hablar de cómo el silencio de las víctimas ayudó a la culminación óptima de los procesos sociopolíticos) no se está haciendo otra cosa que representar al subalterno. En este caso, la escritura de Ángel Piedras es reveladora en un doble sentido y también en un doble sentido pone en jaque estas teorías:

1) Ángel Piedras es un subalterno que vuelve al mundo de los vivos, desde la muerte, pues ve conmutada una condena capital que duró 101 días, en los que esperó ser asesinado cada amanecer, y desde el silencio al que estaban condenados sus escritos. Y revela que hay una parte de lo subalterno que se niega a ser representada y que no se encuentra de acuerdo con la construcción de una «reconciliación» que ha de labrarse a costa del silencio de la parte más dañada y menos desagraviada de esta historia (no hace falta recordar que las víctimas franquistas tuvieron cuarenta años de desagravio público y privado, social, político y económico).

2) Ángel Piedras, vuelto del mundo de los muertos, pone de manifiesto a su vez que hablar de «subalterno» como algo homogéneo es también una forma grosera de representación. El subalterno no es un todo uniforme sino un magma lleno de fracturas, a menudo irreconciliables.

Pedro Piedras Monroy, «La lista de Ángel Piedras: memoria de la Guerra Civil y subalternidad», Revista da Faculdade de Ciências Sociais e Humanas (Lisboa), nº. 18 (2006), págs. 143-161, extraído de la pág. 156.

Ángel Piedras (1910-1997) fue vecino de Nava del Rey, provincia de Valladolid (España): «Hijo de una familia de jornaleros, también él trabajó en el campo hasta los veintiséis años. Fue detenido y encarcelado en los días de la terrible represión que sucedió al alzamiento franquista. Tras 101 días de condena a muerte, su pena fue conmutada por la de cárcel. Salió indultado en 1944. Ángel Piedras era hermano de mi abuelo, fusilado en Cáceres en enero de 1938. Su testimonio tiene que ver decisivamente con mi interés y mi dedicación a la historia. Este pequeño ensayo, primera piedra de un trabajo más amplio, es ante todo una prueba de mi admiración y agradecimiento hacia él», Pedro Piedras Monroy, op. cit., pág. 143.

Nava del Rey fue una de las localidades donde más atroz fue la saña de la represión durante y después de la Guerra Civil Española. Fue asesinada buena parte de la corporación municipal, con el alcalde Cirilo Moro a la cabeza, y una larga lista de vecinas y vecinos del pueblo, cuyo nombre y circunstancia de la muerte da en sus cuadernos Ángel Piedras.

Coda: Joan Fuster repitió públicamente en diversas ocasiones que él no se consideraba nacionalista. Emilio García Gómez comenzó su discurso, en el homenaje que la Facultad de Filosofía y Letras dispensó al recién fallecido José Ortega y Gasset, con las palabras: «yo, que soy un liberal…».