Mancunian Red Tiles Sea

«A Sea of Red Tiles at Manchester University», foto de MartinSFP, 21 de abril de 2009.

Por seguir con lo que decíamos ayer (y antesdeayer, y el día de antes, y el día anterior…), una contribución pasada por el chino (o manga pastelera) de la paradoja lógica que es tan del gusto de esta casa:

Este es un oficio que no te hace rico, te entretiene mucho, te da bastantes disgustos, genera una cierta tensión (que acaba dañándote la salud), es bastante imprevisible… Luego, lo bueno que tiene, conviene disfrutarlo. Si desde el principio te haces disciplinado, por no decir servil; si crees que los jefes siempre tienen razón; si crees que la universidad está por encima de la investigación… déjalo, porque no vale la pena: no te va a compensar. Para llevar una vida ordenada y más o menos burocrática, búscate cualquier otra cosa. Si mantienes una actitud un poco no ya de resistencia, pero de escepticismo frente al poder; si aceptas las incomodidades pero también ves lo divertido que es contar historias, descubrirlas y contarlas; sí, es muy entretenido. No comerás de maravilla, pero… (A veces sí).

Coda:

Cuando eres fuerte con los fuertes, te lo pasas muy bien, pero te llevas muchas hostias. Como decíamos: pues, si aceptas que de vez en cuando te caerá una hostia, tendrás momentos de diversión que no te va a dar ningún otro oficio. Si eres fuerte con los débiles y débil con los fuertes, acabarás teniendo una opinión relativamente mala de ti mismo y eso tampoco te va a ayudar.

Antonio González con la colaboración de Javier F. Barrera entrevista a Enric González, Caspa.tv, 28 de octubre de 2009 (texto adaptado a partir del minuto 9’18”).

Doble coda sobre la actualidad política española y sus estados libres asociados:

Hay quien llama hogar al sitio donde deja la maleta. Hay quien llama patria al sitio donde puede mandar. Prenafeta fue, y supongo que sigue siendo, uno de esos patriotas del mando. Iniciaron el proceso de construcción de una nación, Cataluña, pero supieron repartir los papeles. A los fieles, los seguidores, la tropa, les correspondía el fervor y el sentimiento. Ellos, los padres fundadores, cargaron con el peso de la realidad. Ya saben, el peso de la materia: un territorio, para recalificar; un presupuesto, para repartir entre los amigos; una cierta cantidad de riqueza colectiva, para especular en beneficio propio. Y una bandera para ocultar el abracadabra patriótico.

Únase a nuestras disquisiciones sobre las patrias y sus coágulos.

El autor y parte de sus lectores y no pocos de sus amigas y amigos (varios) hemos de confesar un gusto inveterado y probablemente censurable por las cosas de Enric González.

Luego lo mismo volvemos sobre Alfonso de Zamora: de momento nos interesaban más nuestras circunstancias, más que las suyas. De momento, me siguen admirando los que siempre me han admirado: jubilado de su cátedra de Mánchester, me llegan noticias de que uno de mis mentores y no el que menos influencia haya tenido en mi forma de ver las cosas, Bernard S. Jackson, se ofrece ahora a dirigir doctorados y tesinas a distancia desde su casa de Liverpool. No sé cuánta gente prescindible corre el mundo, pero tengo cierta claridad de juicio en las características, formales e informales, de quienes son imprescindibles. Menos mal.