yeled-hu-mashehu-aher2

Un niño es algo distinto. Se despierta
por la tarde y de inmediato se llena de palabras
y de inmediato vibra y de inmediato se calienta
y de inmediato es luz y de inmediato es oscuridad.

Un niño es un Job por el que ya han apostado,
él no lo sabe, se frota el cuerpo
para darse placer y el dolor desaparece.
Y le enseñan a ser un Job bien educado,
a decir «gracias», cuando el Señor da,
y a decir «aquí lo tiene», cuando el Señor quita.

Un niño es una venganza.
Un niño es un misil hacia las próximas generaciones,
lo he lanzado: todavía tiemblo por él.

Un niño es algo distinto: un día de lluvia
en primavera mirar a través de la cerca del paraíso,
besar dentro del sueño
y oir pasos en las agujas de los pinos mojados.
Un niño se salva de la muerte.
Niño, jardín, lluvia y destino.

Yehuda Amijai, del libro Gran tranquilidad: preguntas y respuestas, 1980, traducción de Raquel García Lozano.

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Qui voudra se desfaire de ce violent prejudice de la coustume, il trouvera plusieurs choses receues d’une resolution indubitable, qui n’ont appuy qu’en la barbe chenue et rides de l’usage qui les accompaigne; mais, ce masque arraché, rapportant les choses à la verité et à la raison, il sentira son jugement comme tout bouleversé, et remis pourtant en bien plus seur estat.

[«Quien quiera librarse de este violento prejuicio de la costumbre, hallará algunas cosas heredadas de un decidido carácter inamovible, cuyo apoyo reside tan solo en la canosa barba y en las arrugas de la usanza que les acompaña. Mas, arrancada esta máscara, confrontadas las cosas con la verdad y la razón, sentirá que su juicio se transforma por entero, repuesto, contra lo que parecer pudiera, en su más cierto estado».]

Michel de Montaigne (1533-1592), Essais [«Ensayos»], libro i, capítulo xxiii [pág. 117]

Supongo que no tengo que justificar por aquí ni las catalonofilias ni las valencianofilias del menda y, siguiendo el eslogan baturro de este blog que ha salido alguna vez por aquí («porque quiero, porque puedo y porque me da la gana»), hoy escribo de lo judeo-catalán (entendido lingüísticamente, así que saldrán valencianos -¿e isleños de los que son illencs por antonomasia?). Aparte de mi propia querencia y mis propias filias, procuraré responder a una pregunta de Alexandre. Aunque trataré de que todos los que estén, sean, más que seguramente todos los que son no estarán, así que os invito a completar, corregir o enviar a la hoguera en los comentarios las referencias que escribiré a continuación.

Empiezo por el final. Me acaba de llegar la noticia de la publicación de un volumen que tiene pinta de notable. Deberían ser las actas del sexto «International Congress for Research on the Sephardic and Oriental Jewish Heritage», que convocaron en Jerusalén la institución Misgav Yerushalayim (este es el nombre normalizado en transcripción latina que ellos utilizan; no consigo encontrar ninguna página web institucional suya [!]) de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Según la nota de prensa por la que me entero de la publicación del volumen, el libro no es sin más unas actas: «many of the original lectures have been expanded-some of them, considerably so-enabling the topics to receive the full attention they merit, unrestricted by the time limitations of a conference lecture» («se ha ampliado buena parte de las ponencias originales (algunas de forma considerable), permitiendo que los temas reciban toda la atención que merecen, sin las restricciones de tiempo de una ponencia congresual»).

Os doy los datos catalográficos completos y luego iremos parte por parte, como quien dice artículo por artículo: David Bunis (editor), Languages and literatures of Sephardic and Oriental Jewry (título en hebreo: לשונות יהודי ספרד והמזרח וספרויותיהם), Jerusalén, Misgav Yerushalayim y The Bialik Institute, 2009 (no he conseguido saber el ISBN de la publicación).

Todavía no he podido echarle un ojo, así que doy el nombre del autor, el título del artículo, la página de inicio, que es la única que sale reseñada en la nota de prensa, y la posible página final, calculada con el siempre atrabilario método de la cuenta de la vieja.

Quizá conviniera empezar por el artículo que se ocupa del estado de la cuestión de las judeo-lenguas de la Península Ibérica, de las que no parece razonable opinar que no formase parte el posible judeo-catalán: Elaine R. Miller, «The debate over pre-Expulsion Judeo-Spanish: status quaestionis», 167-¿187?. Sobre temas directamente relacionados, habría que consultar: Meritxell Blasco Orellana, «La poliglotia de los judíos de la Corona de Aragón reflejada en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Cataluña», 86-¿93?; José Vicente Niclós Albarracín, «Contribución a la descripción de palabras en romance castellano y catalán en la obra hebrea de S. T. Ibn Shaprut», 188-¿210? (se refiere a Šem Ṭov ibn Šaprūṭ -aunque yo lo transcribiría «Abenšaprūṭ»; manías mías-, del siglo xiv; sobre este personaje véase Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borràs, Diccionario de autores judíos (Sefarad. Siglos x-xv), Córdoba, El Almendro, pág. 103 y la venerable bibliografía que citan estos autores).

Puesto que una de las hipótesis de pervivencia de un hipotético romance judeo-catalán después de 1492 y hasta el siglo xx se centra en la ciudad de Salónica y, aunque sea de poca utilidad para quien van dirigidas estas líneas por pura limitación lingüística, habrá que dejar anotada la existencia de este artículo en hebreo: Jacob Bentolila, «לשון ותרבות בשאלוניקי היהודית» («Lengua y cultura en la Salónica judía»), 55-¿61?.

Sobre el tema general de los componentes del judeo-español, probablemente será de provecho referirse, en este mismo volumen, al artículo de Aldina Quintana Rodríguez (que anda, si no me equivoco, por cierta institución estatal española de investigación sita en la calle Albasanz de Madrid), «Aportación lingüística de los romances aragonés y portugués a la coiné judeoespañola», 221-¿256?. Aun sin leerlo, ya da una idea fundamental que debería retenerse: según el estado actual de nuestros (des)conocimientos, el judeo-español no es castellano, sino una koiné (no veo razón para arromanzarlo en coiné) de base castellana con influjo substrático y adstrático, según diferencias dialectales diatópicas, de casi todos los romances peninsulares anteriores a 1492: castellano, catalán-valenciano, aragonés y portugués. Ejemplo de esto son isoglosas del tipo קאלי /kále/ («hay que», «débese») que parece pero no es catalán, que había desaparecido del uso corriente en el castellano del siglo xv pero que es (¡oh casualidad!) palabra de uso corriente en el castellano de substrato fuertemente aragonés de mi propia familia.

Puestos a hablar de koinés, no debe olvidarse que el propio idioma que hoy llamamos español o castellano es, en origen, una koiné trabajosamente estandarizada: Donald N. Tuten, Koineization in Medieval Spanish, Berlín, Nueva York, Walter de Gruyter, 2003.

Aldina Quintana-Rodríguez es una autora particularmente prolífica, algunos de cuyos otros trabajos merecen citarse aquí: Geografía lingüística del judeoespañol. Estudio diacrónico y sincrónico, Bern, Peter Lang, 2006; «La influencia del romance aragonés en el judeo-español», en A. Romero Santamaría y M. A. Motis Dolader (coordinadores), Aragón Sefarad, vol. 1, Zaragoza, Diputación de Zaragoza e Ibercaja, 2005, págs. 509-520; «A Sephardic Siddur with ritual instructions in Aragonese Romance. Ms. Oxford, Bodleian Library 1133 (Opp. Add. 8° 18)», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), nº. iv (2004), págs. 138-151; «El sustrato y el adstrato portugués en judeoespañol», Judenspanisch, vii (colección «Neue Romania»: Veröffentlichungsreihe des Studienbereichs Neue Romania des Instituts für Romanische Philologie der Freien Universität (Berlín), nº. 31) 2004, págs. 167-192; «Concomitancias lingüísticas entre el ladino (judeoespañol) y el aragonés», Archivo de Filología Aragonesa (Zaragoza), vol. lvii-lviii (2001), págs. 163-194; «El sonido etimológico [f-] en judeoespañol: variación diatópica y sus causas», Sefárdica (Buenos Aires), vol. xvi (2006), págs. 129-140 y «Responsa testimonies and letters written in the 16th-century Spanish spoken by Sephardim», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), vol. v (2007), págs. 2832-301.

Volvamos a la estricta observancia judeo-catalana: Meritxell Blasco Orellana, «Els documents hebraics de l’Arxiu Comarcal de Cervera», en Tessa Caldés i Artís (coordinadora), Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 175-186, actas que están en línea aquí; «Lèxic català en un manuscrit hebraicoaljamiat del segle XIV (Còdex Soberanas, ms. 3090 de la Biblioteca Nacional de Catalunya)», Actes del I Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Universitat de Barcelona, Publicacions i Edicions, 2004, págs. 139-145, actas en línea aquí; y, en un desliz aragonés pero interesante: «A manuscript from the Xvth [sic] century in Hebrew-Aragonese script (JNUL, Yah. Ms. Heb. 242)», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), vol. iv (2004) págs. 152-165.

Más: José Ramón Magdalena Nom de Déu, «Las otras judeolenguas de Sefarad antes de la Expulsión», en Josep Ribera i Florit (editor), Simposi internacional sobre cultura sefardita (1992: Barcelona), Barcelona, Facultat de Filologia, Secció d’Hebreu i Arameu, 1993, págs. 73-82; «Judeorromances ‘marginales’ de Sefarad», Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección de Hebreo; Granada), vol. xxxvii-xxxviii, nº. 2 (1988-1989), págs. 41-53; «Etimología no semítica de call», Calls (Tàrrega), nº. 2 (1987), págs. 7-16; este mismo autor cofirmando con Gregorio del Olmo Lete, «Documento hebreo-catalán de farmacopea medieval», Anuario de Filología (Barcelona), vol. vi (1980), págs. 159-187.

Un autor riguroso siempre (aun cuando se equivoca) de interés indudable es Jaume Riera i Sans, que tiene publicado, sobre el tema que nos ocupa, lo siguiente: «Cent trenta-nou volums de llibres d’un jueu mercader i talmudista: Mossé Almaterí (1362)», Sefarad (Madrid), vol. lxviii, nº. 1 (2008), págs. 15-35; «Estudis forasters sobre el judaisme català fins a l’any 1929», Calls (Tàrrega), vol. iv (1990), págs. 95-157; «Estudis sobre el judaisme català, anys 1836-1928», Calls (Tàrrega), vol. iii (1989), págs. 103-135; «La història dels jueus en el Viage literario del P. Jaume Villanueva», Calls (Tàrrega), vol. iii (1989), págs. 9-28; «Antroponímia jueva mallorquina (segles xiii-xv)», Societat d’Onomàstica: Butlletí interior (Barcelona), vol. x (1982), págs. 58-65; «Un recull d’oracions en català dels conversos jueus (segle xv)», Estudis Romànics (Barcelona), vol. xvi (1980), págs. 49-97; y «Els documents en hebreu conservats a l’Arxiu de la Corona d’Aragó», Miscellanea Barcinonesia (Barcelona), nº. 49 (1978), págs. 21-36.

Varios y sueltos por ahí, se pueden citar: Mariángeles [sic] Lozano Galán, «La lengua hablada por los judíos de Mallorca en la Edad Media», en Jornades d’història dels jueus a Catalunya. Actes: Girona, abril 1987, Girona, Ajuntament de Girona, 1987, págs. 327-332; Joan A. Argenter, «Code-switching and dialogism : verbal practices among Catalan Jews in the Middle Ages», Language in Society (revista publicada por Cambridge University Press), vol. xxx, nº. 3 (2001), págs. 377-402; Édouard Roditi, «La poésie judéo-catalane populaire du Moyen Âge», Pardès: Revue européenne d’études et de culture juives (París), nº. 15 (1992), págs. 208-217; Philip Daileader, «La coutume dans un pays aux trois religions: la Catalogne, 1228-1319», Annales du Midi: revue de la France méridionale (Toulouse -o, bueno, «Tolosa de Llenguadoc»-), nº. 255 (2006), págs. 369-385; Amos Dodi, «Liturgical Hebrew in 13th-15th century Catalonia», Folia Linguistica Historica (Berlín), vol. xxvi, nº. 1-2 (2006-2007), págs. 27-43; Florence Touati-Wachsstock, «La halacha en Catalogne: un élément constituant de l’identité judéo-catalane», Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 167-173 (contribución manifiestamente mejorable); Martine Berthelot Puig-Montero, «Comunitats i associacions jueves actuals en els territoris de llengua catalana : esbós general i pistes de reflexió per a un projecte d’investigació», Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 91-104 (que comparte naturaleza con la referencia anterior); de la misma autora, «Pour une histoire des juifs en Catalogne du Nord : réalités, perspectives de recherche et références bibliographiques»,  Perpignan; l’histoire des Juifs dans la ville (XIIe-XXe siècles). Recueil des communications du colloque organisé par l’Association Amitié Judéo-chrétienne et le service des Archives de la ville de Perpignan, Perpignan, Archives communales, 2003, págs. 255-271; en ese mismo volumen, de Danièle Iancu-Agou, «Les élites lettrées juives dans l’espace catalano-occitan (xve siècle)», págs. 63-72; Josep Maria Lloret i Portabella, «Documents de jueus de Cervera (segle xv) que contenen títols de llibres», Tamid (Barcelona), nº. 3 (2000-2001), págs. 49-63, en línea en el sitio web de la Societat Catalana d’Estudis Hebraics, filial del Institut d’Estudis Catalans, de la que es órgano científico esta revista; Roderic Pita Mercè, «Cognoms que tenen origen en topònims francesos i que foren usats pels jueus medievals catalans», Col·loqui d’història dels jueus a la Corona d’Aragó I, 1989, Lleida, Institut d’Estudis Ilerdencs, 1991, vol. ii, págs. 429-437.

Parémonos aquí, más por agotamiento vuestro que por razón particular ninguna, y pasemos a la bronca.

Institución que supongo activa en esto del judeo-catalanismo (en sentido enervantemente estricto), pero con la que yo no he tenido mucho trato, tengo que citar el Institut d’Estudis «Món Juïc» de Barcelona. Dicho a calzón quitado al modo de mi pueblo y para que nos entendamos rápido: su línea ideológica no me inspira confianza. Decir esto en el primer párrafo de la primera página de su proyecto de creación y de estatutos:

El judaisme català fou present en els territoris de llengua catalana, que s’estenen més enllà del marc geogràfic de la península Ibèrica, en un període de més de 600 anys, i va desenvolupar una pròspera cultura pròpia, amb personatges cabdals, amb una extensa producció literària, religiosa, filosòfica i científica i amb un moviment ideològic propi, i unes relacions i influències amb el poder social polític concretes i diferents del que massa sovint s’ha volgut englobar dins del terme equívoc de Sefarad.

es poner los bueyes (o el burro catalán y catalanista) delante del carro.

Equívoco (¿por qué no habrán escrito falso sin más, que es lo que estaban pensando?), tal vez. Mejor polisémico, como cualquier otro topónimo ahora y siempre. En cualquier caso, se ha de preferir lo equívoco de Sefarad a la interpretación torticera (¿«judaísmo catalán»? ¿Y por qué no «judaísmo mostoleño»?) que informa el proyecto ideológico del Institut d’Estudis «Món Juïc». Lo que hace este instituto (creado, por cierto, por profesores de las universidades catalanas, sin que uno entienda muy bien el motivo de ese exilio autoimpuesto e involuntario) es poner el carro delante de los bueyes. Esta práctica solo puede conducir al topetazo, el accidente y a desgraciarse: el carro, los bueyes, el que lo monta y los que paseen por allí.

Si al menos hubieran tenido la vergüenza, que yo no les exigiré que sea torera, de citar a los clásicos (que nadie parece haber leído nunca): S. Kraus, «השמות אשכנז וספרד» («Los nombres Ashkenaz y Sefarad»), Tarbiz (Jerusalén), vol. iii, nº. 4 (5962=1932), págs. 423-435 y Leopold Zunz, «Ueber die in den hebräisch-jüdischen Schriften vorkommenden hispanischen Ortnamen», Zeitschrift für die Wissenschaft des Judentums (Berlín), vol. i (¡y único!), 1823, págs. 114-176, disponible digitalizado aquí.

En eso de leer lo que ya se ha hecho (en 1823…) los del «Món Juïc» son muy españoles: trabajar, lo justito, ya se sabe. Ahora, para el oropel y la obcecación, para eso andan sobrados de ganas e ilusión.

Tres ejemplos de esta erudición burresca son los siguientes: Eduard Feliu, «La trama i l’ordit de la història dels jueus a la Catalunya medieval», Actes del I Congrés per a l’estudi dels jueus en territori de llengua catalana: Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, págs. 9-29; del mismo autor, «Cataluña no era Sefarad: precisiones terminológicas» (que igual podría haber llamado «Freedom for Catalonia»), en Mariona Companys (ed.), La Cataluña judía, Barcelona, Àmbit, Museu d’Història de Catalunya, 25-35 (que existe también en versión catalana, como el resto del volumen del que forma parte); y Simon Schwarzfuchs, «La Catalogne et l’invention de Sefarad», Actes del I Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2004, págs. 187-210, que está en línea como el primer artículo de Eduard Feliu en la URL que he señalado más arriba.

Estas tres contribuciones son un ejemplo poco honrado y nada noble de esa práctica académica tan lamentable que los ingleses llaman cherry picking: cojo lo que me gusta, dejo lo que no y a la realidad, mientras tanto, que la zurzan. Llevo algún tiempo dedicándole algún esfuerzo a contradecir uno por uno los argumentos tanto de Feliu como de Schwarzfuchs. Si uno coge otra combinación de silvestres florecillas, resulta (¡vaya sorpresa!) que le sale un ramo bien distinto. En mi opinión, lo único que puede concluir sobre el particular el estado actual de nuestra ignorancia, es precisamente que no se puede concluir, de momento, nada. Intentar construir con estos cimientos la nación española, catalana, pancatalana o israelí es, sin más, fútil, vano, presuntuoso y torticero.

Por cierto, ni Feliu ni Schwarzfuchs citan a Kraus ni a Zunz. ¿Para qué?

Así lo dejo: queden advertidos que la cosa está hecha y publicada a lo trop a lo trop, que dicen en el catalán de Elche, en el País Valenciano. Pero es que ahora o nunca.

Quédense con un aserto: los seres humanos hemos hablado siempre y a la vez muchas lenguas. Y siempre nos hemos llevado mal. Entre estos dos extremos se ha movido nuestra existencia lingüística e identitaria y las combinaciones existenciales que resultan. Y los judíos sin más, los ibero-judíos y los judeo-catalanes (o catalano-judíos) no fueron menos humanos que cualquiera de nosotros.

Posdata personalizada: Como ya sabes, Antonio, no olvido la deuda, pero me es materialmente imposible saldarla ahora y así será por un tiempo. Que el tema es de interés, no has de dudarlo; que la mayor parte de las referencias están en hebreo, tampoco. Por tanto, darte esas referencias sin más sería como empezar una casa, que tiene pinta de rematarse muy bien, por el tejado.

Posdata necrológica del 26 de julio de 2009:

Eduard Feliu i Marbres (1938-2009)

Feliu sobresalió como investigador de temas hebraicos, en especial los relacionados con la historia de la cultura judía en la Catalunya medieval. «En este campo realizó aportaciones fundamentales –subraya Joan Ferrer, profesor de estudios hebraicos de la Universitat de Girona–. Por ejemplo, una cuestión que nunca se había logrado aclarar sobre el término sefardita aplicado alos judíos catalanes. Feliu demostró que llamarles así era un anacronismo histórico, porque los judíos ca- talanes nunca fueron sefarditas. En la Edad Medialos sefarditas eran los judíos que hablaban árabe, mientras que los judíos catalanes hablaban catalán». […]

«Ha sido el mayor conocedor del judaísmo catalán de todos los tiempos –recalca Joan Ferrer–. La historia del judaísmo catalán va de Ramon Martí, un dominicano medieval gran conocedor del Talmud, a Eduard Feliu, traductor de autores fundamentales como Mossè ben Nahman o Maimónides».

Rosa Maria Piñol, «Estudioso del judaísmo catalán» (obituario de Eduard Feliu i Marbres), La Vanguardia, 17 de julio de 2009.

Coda: Estos catalanes tienen un curioso sentido del elogio.

[En la misma serie.]

Para N. A. Jalil, desde este lado del espejo, quien me enseñó lo poco que sé de la heterogeneidad de los moriscos y que me dio las pruebas de que humanidad no hay más que una y silencios, muchos, tanto ahora como en el siglo xvi o en la Edad Media.

Les pirateries de Barbarossa i de Dragut, que mortificaven el litoral valencià, tenien en ells un cap de pont evident. Era llur reacció davant les violències de què eren víctimes -o temien d’ésser-ne. Els moriscos seran, potser sense ells voler-ho, la causa principal del naufragi d’aquella societat.

[«El corso de Barbarrosa y Dragut, que mortificaban el litoral valenciano, tenía en ellos {los moriscos} una cabeza de puente evidente. Así reaccionaban a las violencias de que eran -o temían ser- víctimas. Los moriscos serían, tal vez sin quererlo, la causa principal del naufragio de aquella sociedad.»]

Les aljames continuaven acatant la rectoria moral i religiosa dels alfaquins, celebraven les cerimònies alcoràniques, i duien llur documentació en «algaravia». Si sempre -vull dir, d’ençà de la Conquista- els moros valencians havien conservat llur condició de comunitat distinta, ara, perseguits, se sentiren més a part i aïllats: els lligams morals que els unien ells amb ells van enfortir-se. L’acarament de tots dos pobles, moros i cristians, es convertia en una incompatibilitat insoluble.

[«Las aljamas seguían acatando la dirección moral y religiosa de los alfaquíes, celebraban las ceremonias coránicas y llevaban la documentación en “algarabía“. Si los moros valencianos habían conservado siempre -quiero decir, a partir de la Conquista- su condición de comunidad distinta, ahora, perseguidos, se sintieron más separados y aislados: los lazos morales que los unían entre ellos se reforzaron. El enfrentamiento de ambos pueblos, moros y cristianos, se convertía en una incompatibilidad insoluble».]

Historiadors, polítics i desenfeinats de tota mena han discutit apassionadament, durant els darrers cent cinquanta anys, a propòsit de l’expulsió. Hi ha hagut dicteris esgarrifosos i lloances efusives. Per als uns, allò fou un acte de vandalisme religiós, propi de la rígida intolerància que caracteritzà l’Espanya dels Àustries; fou, de més a més, un error econòmic lamentabilíssim, una causa més, però no insignificant, de la decadència d’aquella Monarquia. Per als altres, en canvi, fou un gest de virtuosa severitat, que, si entranyava afliccions materials, responia a ideals sublims i etcètera. La polèmica, per a mi, no té gaire sentit, i menys en aquests termes. Mirades les coses sincerament, no hi ha dubte que, des del nostre angle -de valencians actuals-, l’expulsió fou una sort. Algun erudit ha comparat la situació valenciana del XVI amb la de l’Algèria del 1961: comparança prou exacta, sí. Els moriscos eren un poble colonial a la pròpia terra -al capdavall, ells eren uns «valencians» més «antics» que els altres-, i els cristians eren una mena de pieds-noirs sobrevinguts i explotadors.

[«Historiadores, políticos y ociosos de toda laya han discutido apasionadamente durante los últimos cincuenta años a propósito de la expulsión. Se han emitido espantosos denuestos y alabanzas efusivas. Para unos, fue un acto de vandalismo religioso, propio de la rígida intolerancia que caracterizó la España de los Austrias; fue, además, un error económico lamentabílisimo, una causa adicional, aunque no insignificante, de la decadencia de aquella Monarquía. Para otros, en cambio, fue un gesto de virtuosa severidad que, si entrañaba aflicciones materiales, respondía a ideales sublimes y etcétera. La polémica, para mí, no tiene mucho sentido y menos en estos términos. Viendo las cosas con sinceridad, no cabe duda de que, desde nuestro punto de vista -de valencianos actuales- la expulsión fue una suerte. Algún erudito ha comparado la situación valenciana del xvi con la de la Argelia de 1961: comparación sobradamente exacta, sí. Los moriscos era un pueblo colonial en su propia tierra -al fin y al cabo, eran unos «valencianos» más «antiguos» que los otros-, y los cristianos eran una especie de pieds-noirs sobrevenidos y explotadores.»]

Joan Fuster (1922-1992), patriarca y profeta del nacionalismo pancatalanista de izquierdas, con especial relevancia en el País Valenciano; Nosaltres, els valencians [«Nosotros, los valencianos»], Barcelona, Edicions 62, 1996, decimosexta edición (primera edición de 1962), págs. 34, 36 y 38.

Hay mucho que pensar en todas estas mescolanzas de lenguas, religiones y razas y en estas amalgamas de, por ejemplo, el velo de las mujeres y el automóvil o el fonógrafo. Por mucho que nos entristezca la lectura de las relaciones de expulsión de los moriscos de España, hay que pensar que, una vez hecho, ha sido la medida política más sabia del mundo. Dice Jaime [Oliver Asín] bromeando en las líneas que me dedica, y que le agradezco en lo que valen, que «no se me ocurra musulmanizarme». No hay cuidado. Hay mucho de verdad en lo que V. me ha dicho siempre de la desilusión que se sufre al venir a Oriente. Por bajo de la cáscara brillante y exótica, no hay más que fanatismo y una sociedad absurda donde no hay mujeres, donde un hijo no habla ni se trata con su madre. La religión vulgar -¡no la de los grandes teólogos, claro!- es algo estrambótico. La oración en común parece una clase de gimnasia sueca, y es un espectáculo desagradable ver a todo el mundo descalzarse a la puerta de las mezquitas y andar siempre con las patas al aire y con las chancletas al retortero. ¡Qué alegría la de sentirse cristiano! Cuando en la iglesia de los franciscanos de aquí, que es inmensa y estaba llena de europeos, resonó en la Misa del Gallo el Alleluia, crea V. que sentí una de las mayores emociones de mi vida.

Desde El Cairo, 27 de diciembre de 1927.

¡Pero en fin llegué! Los franciscanos, para los que traía recomendaciones, no me pudieron hospedar, por falta de sitio. He visitado el Santo Sepulcro, Getsemaní, la tumba de la Virgen, la Vía Dolorosa, etc., etc. y ayer en auto con un franciscano, dos señoras chilenas y un francés Jericó, el Jordán y el Mar Muerto. ¡Qué visitas tan emocionantes, y al mismo tiempo tan dolorosas por ver cómo está esto dividido entre las sectas! Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

Desde Jerusalén, miércoles santo, 4 de abril de 1928.

Emilio García Gómez (1905-1995), patriarca y caudillo del arabismo español en la segunda mitad del siglo xx; Viaje a Egipto, Palestina y Siria (1927-1928). Cartas a Don Miguel Asín Palacios, Madrid, Real Academia de la Historia, 2008, págs. 47 y 78

Mi señor suegro, Dios te honre. He recibido tu distinguida carta, la primera y la segunda, y la he entendido, señor mío. En cuanto a lo que dices de si quiero armas, pues hoy más que nunca. Y ya que vuestra señoría se propone marchar, Dios te decrete salud y te devuelva a tu casa con bien. Vuestra señoría haga lo posible porque se me dé armamento completo, es decir, espada, daga y pedreñal, y si puede ser armamento defensivo, que es coraza o lo que se le parezca, bien, y si no, las tres cosas, y si no, espada y daga; en cuanto al precio, por el armamento completo darás hasta cien libras, y por espada y daga, hasta cincuenta libras, y si el asunto está cerca de acuerdo por diez o veinte, si son, manténte en el principio. En cuanto al asunto del dinero que me mandas a decir que te envíe, mi señor, es divisa que nosotros debemos pagar a la gente: en ello nos va el honor, y no puedo dar nada porque en estos días acierto a estar desprovisto de dinero. Señor mío, procure su señoría recabar licencia de armas, y si Dios provee quien lleve el buen envío de una manera u otra, en paz, y si no, envía un correo expreso en el que se esté (el envío) y cuánto se debe pagar por él, e inmediatamente te lo enviaré o te lo pondré en el Banco de Valencia [>ṭblh<, i.e. la «Taula de Canvis» de Valencia; nota de JdPP], y te enviaré cédula notificatoria para que expliques que a costa mía es toda la cosa. Y, aunque en ella hay puerta abierta para eso, que te he dejado cuánto darás, haga su señoría lo que crea ser conveniente, que yo defenderé todo lo que hagas en mi nombre en el asunto del armamento: ten esta carta como recordatorio. Tengo entendido que el rey ha hecho merced del asunto del armamento al secretario Franqueza. Allí estarás: llévate lo que puedas.

El portador de esta te lleva un frasco de miel de caña y un piloncillo de azúcar para que los lleves para el camino: recíbelos de buena gracia, y que Dios te dé buen viaje y te devuelva a casa con bien, como deseas. Nada queda sino saludaros a todos con la paz, la misericordia y bendición de Dios.

Benirredrá, 19 de febrero del año 1595.

Mendoza no está aquí, y me han dicho que aún no está el algodón teñido; cuando esté, lo enviaré, si Dios quiere.

Hasta que lo mandes, tu servidor, Luis Alġāzī

Carta del morisco valenciano L. Algazí a su suegro, en viaje camino de Valencia, escrita en árabe andalusí. Editada y traducida en Federico Corriente Córdoba, «Árabe andalusí», en Federico  Corriente y Ángeles Vicente, Manual de dialectología árabe, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008, edición y transcripción del texto árabe en págs. 373-375 y traducción al español en págs. 375 y 376.

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Cómo podemos dar voz a aquello que ha sido silenciado sin hundirlo aún más en su silencio, sin tapar su posibilidad con nuestra construcción? Cuando se dice que la represión y el necesario consenso explican el silencio subalterno de la Posguerra y la Transición española (más aún cuando se añaden florilegios como «madurez» o «coherencia», al hablar de cómo el silencio de las víctimas ayudó a la culminación óptima de los procesos sociopolíticos) no se está haciendo otra cosa que representar al subalterno. En este caso, la escritura de Ángel Piedras es reveladora en un doble sentido y también en un doble sentido pone en jaque estas teorías:

1) Ángel Piedras es un subalterno que vuelve al mundo de los vivos, desde la muerte, pues ve conmutada una condena capital que duró 101 días, en los que esperó ser asesinado cada amanecer, y desde el silencio al que estaban condenados sus escritos. Y revela que hay una parte de lo subalterno que se niega a ser representada y que no se encuentra de acuerdo con la construcción de una «reconciliación» que ha de labrarse a costa del silencio de la parte más dañada y menos desagraviada de esta historia (no hace falta recordar que las víctimas franquistas tuvieron cuarenta años de desagravio público y privado, social, político y económico).

2) Ángel Piedras, vuelto del mundo de los muertos, pone de manifiesto a su vez que hablar de «subalterno» como algo homogéneo es también una forma grosera de representación. El subalterno no es un todo uniforme sino un magma lleno de fracturas, a menudo irreconciliables.

Pedro Piedras Monroy, «La lista de Ángel Piedras: memoria de la Guerra Civil y subalternidad», Revista da Faculdade de Ciências Sociais e Humanas (Lisboa), nº. 18 (2006), págs. 143-161, extraído de la pág. 156.

Ángel Piedras (1910-1997) fue vecino de Nava del Rey, provincia de Valladolid (España): «Hijo de una familia de jornaleros, también él trabajó en el campo hasta los veintiséis años. Fue detenido y encarcelado en los días de la terrible represión que sucedió al alzamiento franquista. Tras 101 días de condena a muerte, su pena fue conmutada por la de cárcel. Salió indultado en 1944. Ángel Piedras era hermano de mi abuelo, fusilado en Cáceres en enero de 1938. Su testimonio tiene que ver decisivamente con mi interés y mi dedicación a la historia. Este pequeño ensayo, primera piedra de un trabajo más amplio, es ante todo una prueba de mi admiración y agradecimiento hacia él», Pedro Piedras Monroy, op. cit., pág. 143.

Nava del Rey fue una de las localidades donde más atroz fue la saña de la represión durante y después de la Guerra Civil Española. Fue asesinada buena parte de la corporación municipal, con el alcalde Cirilo Moro a la cabeza, y una larga lista de vecinas y vecinos del pueblo, cuyo nombre y circunstancia de la muerte da en sus cuadernos Ángel Piedras.

Coda: Joan Fuster repitió públicamente en diversas ocasiones que él no se consideraba nacionalista. Emilio García Gómez comenzó su discurso, en el homenaje que la Facultad de Filosofía y Letras dispensó al recién fallecido José Ortega y Gasset, con las palabras: «yo, que soy un liberal…».