The idea that parents are less happy than nonparents has become so commonplace in academia that it was big news last year when the Journal of Happiness Studies published a Scottish paper declaring the opposite was true. “Contrary to much of the literature,” said the introduction, “our results are consistent with an effect of children on life satisfaction that is positive, large and increasing in the number of children.” Alas, the euphoria was short-lived. A few months later, the poor author discovered a coding error in his data, and the publication ran an erratum. “After correcting the problem,”it read,“the main results of the paper no longer hold. The effect of children on the life satisfaction of married individuals is small, often negative, and never statistically significant.”

La idea de que los que tienen hijos son más infelices que quienes no los tienen se ha convertido en un tópico tan extendido entre los investigadores que, el año pasado, la publicación de un artículo de una investigación escocesa en el Journal of Happines Studies que concluía lo contrario constituyó toda una noticia. «Contra lo que afirman buena parte de los estudios anteriores», se decía en la introducción, «nuestros resultados demuestran que los hijos tienen un efecto cierto en el sentimiento de satisfacción vital, efecto que es positivo, amplio y que se incrementa según el número de hijos». Desafortunadamente, la euforia duró poco. Pocos meses después, el pobre autor del artículo descubrió un error de codigo en los datos y la revista publicó una enmienda. «Tras corregir el problema», se señala, «no se pueden sostener los principales resultados del artículo. El efecto de los hijos en el grado de satisfacción vital de los individuos casados es pequeño, a menudo negativo y nunca relevante desde un punto de vista estadístico».

Jennifer Senior, «All joy and no fun. Whay parents hate parenting» (‘Mucho gozo y poco disfrute. Por qué los padres odian criar a los hijos’), New York Magazine, 4 de julio de 2010.

Vía el caralibro de Raúl. Foto del manuscrito de París, por Álex Casero.