Lo decía esta mañana José Luis Gómez en la casa misma donde descansan, mimados, no pocos libros de Alfonso de Zamora:

La pericia de la técnica es más que honradez; es un sentimiento, no enteramente utilitario, que abarca la honradez, la gracia y la regla y que podría llamarse el honor del trabajo. Está compuesto de tradición acumulada, lo mantiene vivo el orgullo individual, lo hace exacto la opinión profesional y, como a las artes más nobles, lo estimula y sostiene el elogio competente.

Hay un tipo de eficiencia, sin fisuras prácticamente, que puede alcanzarse de modo natural en la lucha por el sustento. Pero hay algo más allá, un punto más alto, un sutil e inconfundible toque de amor y orgullo que va más allá de la mera pericia; casi una inspiración que confiere a toda obra ese acabado que es casi arte, que es el arte.

Y Gómez citaba a Conrad, que hablaba de los constructores de barcos:

Such skill, the skill of technique, is more than honesty; it is something wider, embracing honesty and grace and rule in an elevated and clear sentiment, not altogether utilitarian, which may be called the honour of labour.  It is made up of accumulated tradition, kept alive by individual pride, rendered exact by professional opinion, and, like the higher arts, it spurred on and sustained by discriminating praise.

This is why the attainment of proficiency, the pushing of your skill with attention to the most delicate shades of excellence, is a matter of vital concern.  Efficiency of a practically flawless kind may be reached naturally in the struggle for bread.  But there is something beyond—a higher point, a subtle and unmistakable touch of love and pride beyond mere skill; almost an inspiration which gives to all work that finish which is almost art—which is art.

Y me he acordado, por no entretenerles mucho, una discusión que dejamos pendiente sobre la eficacia y el cariño.

No, yo aún no he vuelto del todo pero ya nos va quedando menos.