Je sens que ce pays te doit une émotivité moins défiante et des yeux autres que ceux à travers lesquels il considérait toutes choses auparavant.

Siento que este país te te debe una emotividad menos desafiante y unos ojos distintos a los que le servían antaño para juzgarlo todo.

René Char, Lettera amorosa, 1953 (¿1928?)

Casi sin dudarlo no es el mejor de sus libros. Tampoco el peor (¿cuál será el peor?). Pero ocurre que a veces lo que nos gusta es enemigo de lo mejor (pasa a menudo, según me comentan). Es como unas cervezas en un garito con amigos a media tarde (de primavera o verano): no es tanto la cosa como la circunstancia.

En el caso concreto que nos ocupa, lo primero es la sorpresa porque, por una vez (creo que es la única vez) deja ver un acendrado sentimentalismo al escribir. Se le ve (vamos, se le lee) como un niño con zapatos nuevos o, mejor dicho, como un niño glotoncete delante del escaparate de una pastelería que no termina de acabarse. Así que, en realidad, que me guste tanto ese libro concreto que no es (ni modo) el mejor de sus libros ha de deberse con a que comparto con él sus vicios habituales: la gastronomía, por ejemplo. Seguramente también la sicalipsis, pero él es de una discreción ejemplar en ese aspecto (o lo es mi memoria de leerlo, tal vez). Se emociona, por ejemplo, con el café:

Ara, en l’altre extrem del repàs hi ha, en aquest país, un element que mereix les més grans lloances i davant del qual hom s’ha de descobrir. És el cafè. A Itàlia es fa el millor cafè d’Europa. La península és perfumada de bon cafè, de dalt a baix.

Sobre esto, al otro extremo del menú, hay, en este país, un elemento que merece las mayores alabanzas y ante el que uno ha de descubrirse. Es el café. En Italia se hace el mejor café de Europa. La península está perfumada de buen café, de arriba abajo.

(más…)

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Colofón del manuscrito de París, 1527 (columna hebrea). Foto de Álex Casero (detalle), 2008.

Colofón del manuscrito de París, 1527 (columna hebrea). Foto de Álex Casero (detalle), 2008.

Ya hemos llegado, pero poquico. Aún no hemos vuelto del todo. Pero todo se andará.

Gracias por haber parado por aquí.

«For no apparent reason», del disco The astounding eyes of Rita de Anouar Brahem (2009).

Me imaginé abriendo el armario misterioso de don Mosseh Raphael Aguilar. Dentro, en la oscuridad, me pareció ver a Mauricio Molho haciéndome señas.

Me dirigí entonces a la ventana. En el cielo había unas extrañas, grandes y desoladas islas así como nubes de barro (disformes manchones) entre la hierba verde. Parecía exactamente un cuadro de Salvatore Rosa.

Juan Perucho, Los laberintos bizantinos: un viaje con espectros, 1984.

Traía Maria aquí el otro día una frase de Italo Calvino: Il luogo ideale per me è quello in cui è più naturale vivere da straniero («Mi lugar ideal es aquel donde más natural sea vivir como extranjero»). Dejaba también recuerdo Joan-Carles de un verso de Jordi de Sant Jordi que cantó Raimon (probablemente desafinando, como casi siempre) pero que yo me he encontrado en alguna ocasión murmurando entre dientes, posiblemente con la mirada perdida:

Deserts d’amichs, de bens e de senyor,
en estrany loch y en stranya contrada,
luny de tot be, fart d’enuig e tristor,
ma voluntat e pensa caytivada,
me trop del tot en mal poder sotsmes;
no vey algu que de me s’aja cura,
e soy guardats, enclos, ferrats e pres,
de que·n fau grat a ma trista ventura. […]

Dejado de amigos, bienes y señor,
en sitio extraño y en extraña comarca,
lejos de todo bien, sobrado de quebrantos,
mi voluntad y juicio cautivados,
del todo hállome preso de poder malo;
nadie veo que cuita de mí tenga,
y aherrojado estoy, prisionero y guardado,
de quien dio placer a mi triste ventura.

Animalicos

BNF, ms. Français 218, fol. 325.

Vaya usted a saber por qué, Jordi de Sant Jordi me llevó a Amijay:

זֶכֶר אָבִי עָטוּף בִנְיָר לָבָן
כִפרוּסוֹת ליוֹם עֲבוֹדָה

כְקוֹסֵם הַמוֹצִיא מִכוֹבָעוֹ אַרְנָבוֹת וּמִגְדָלִים
הוֹצִיא מתוֹך גוּפוֹ הַקָטָן – אַהֲבָה

נַהֲרוֹת יָדָיו
נִשְפְכוּ לְתוֹך מַעֲשָיו הַטוֹבִים

El recuerdo de mi padre está envuelto en papel blanco
como bocadillos para un día de trabajo

Como un mago, que saca del sombrero conejos y torres,
sacó de su pequeño cuerpo – amor

Los ríos de sus manos
se derramaron en sus buenas obras.

(Incluido en el poemario Ahora y en otros días [עכשיו ובימים האחרים] de 1955; traducción al español de Raquel García Lozano).

Será que estamos volviendo a hacer las maletas. Mira que hemos corrido tierras… Y hemos visto maravillas…Y a la orillita del mar.

(Carles Dénia y La Nova Rimaire, «Malaguenya de Barxeta», Tan alta com va la lluna, 2008).

Talmudic Discussion FRAGMENTO

Pesa la herencia judía, sin duda. Nueva York es la mayor ciudad judía. Eso carece de importancia en muchos aspectos, porque entre un Woody Allen y un rabino ultraortodoxo de Williamsburg hay un mundo de distancia, pero resulta esencial en algo muy concreto: la devoción por las palabras. Nueva York es talmúdica y mantiene una eterna discusión consigo misma en la que utiliza todos los recursos de la oratoria. De esa escuela colectiva brotan historias de forma inagotable. Yo estoy seguro de conocer a miles de neoyorquinos ya muertos cuya alma permanece viva en las hemerotecas. Me basta leer los reportajes que diariamente, durante más de cincuenta años, publicó un señor tímido, canijo y con gafas llamado Meyer Berger en las páginas locales de «The New York Times». Berger, judío, hijo de inmigrantes checos, nacido en el Lower East Side, fue uno de los mejores periodistas de todos los tiempos, aunque, con excepción de la condena a Al Capone por fraude fiscal, nunca cubriera acontecimientos de primera página. Lo suyo era hablar con la gente y contar lo que ocurría en tal esquina o tal trastienda. Escribió su primera crónica en 1911, a los trece años, sobre un tipo que engulló 257 manzanas de una sentada. Fueron sólo cinco líneas. Pero el comedor de manzanas, como todas las personas que pasaron por la columna de Berger, ganó la inmortalidad. Si Nueva York nos parece tan familiar, es en parte por el trabajo de tipos como Meyer Berger.

Enric González, Historias de Nueva York, 2006.

Xarrant xarrant FRAGMENTO

«Talmudic discussion» (fragmento), foto de Yossi05, 20 de noviembre de 2006 & «Xarrant xarrant» (fragmento), foto de Elisabetha79, 3 de julio de 2008.

(…) Nothing, and is nowhere, and is endless.
[…] Nada, y es ningún sitio, y no tiene final.

Philip Larkin, «High windows» (‘Altos ventanales’)

Carlos Paredes, «Canção Verdes anos», Guitarra portuguesa (1967).

«Coimbra – Largo Romal», foto de Aboutcentro, 2 de julio de 2009.

«Coimbra – Largo Romal», foto de Aboutcentro, 2 de julio de 2009.

A cidade é um chão de palavras pisadas
a palavra criança a palavra segredo.
A cidade é um céu de palavras paradas
a palavra distância e a palavra medo.

A cidade é um saco um pulmão que respira
pela palavra água pela palavra brisa
A cidade é um poro um corpo que transpira
pela palavra sangue pela palavra ira.

A cidade tem praças de palavras abertas
como estátuas mandadas apear.
A cidade tem ruas de palavras desertas
como jardins mandados arrancar.

A palavra sarcasmo é uma rosa-rubra.
A palavra silêncio é uma rosa-chá.
Não há céu de palavras que a cidade não cubra
não há rua de sons que a palavra não corra
à procura da sombra de uma luz que não há.

La ciudad es terreno de palabras pisadas
la palabra niño la palabra secreto
La ciudad es un cielo de palabras paradas
la palabra distancia y la palabra miedo.

La ciudad es un traje un pulmón que respira
por la palabra agua por la palabra brisa
La ciudad es un poro un cuerpo que transpira
por la palabra sangre por la palabra ira.

La ciudad tiene plazas de palabras abiertas
como estatuas mandadas desmontar.
La ciudad tiene calles de palabras desiertas
como jardines mandados arrancar.

La palabra sarcasmo es una rosa rubra.
La palabra silencio es una rosa clara.
No hay cielo de palabras que la ciudad no cubra
no hay calle de sonidos que la palabra no recorra
buscando la sombra de una luz que no está.

José Carlos Ary dos Santos.

Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite.

Expolio gibraltareño salmantino

La anteriormente conocida como Calle Gibraltar, foto de Buñuelesco, 25 de noviembre de 2008

Por ninguna razón extraordinaria sino por las de siempre (que prohijan, por ejemplo, el mismo nacimiento y desarrollo de este cuaderno de viajes que os escribo, bien sea entre países, bien entre libros manuscritos) me encontraréis hasta finales de julio en la famosa ciudad del Tormes que, por seguir con la panoplia literaria, se hace acreedora de elogios de diablos voladores (signifique eso lo que signifique):

Lleváronse consigo a Tomás, y estuvo con ellos algunos días; pero, como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado), pidió a sus amos licencia para volverse.

Lo de la apacibilidad de su vivienda en la Salamanca eternamente universitaria, sandamente tuna y permanentemente goliárdica (me cuentan que no es que exista ya solo el jueves universitario: es que ahora se estila el martes, el viernes y el domingo, con el complemento del sábado), debe de ser una histórica coña marinera (fluvial, claro) del viejo Miguel, como en tantas otras cosas. O un trasunto literario de dos amigotes que, pasados los cuarenta, se juntan frente a dos güiscazos a recordar lo apacible de su vivienda y de su vivencia universitaria. Aquellos maravillosos años.

Siempre había dicho yo que, salvadas las distancias que impone el sistema tan poco sistemático de investigación y docencia universitaria de mi patria, Salamanca podría haber sido el escenario casi perfecto para un Oxford español, secundado por Alcalá de Henares o Santiago de Compostela en formato Cambridge. Siempre lo había dicho, aun sabiendo que, de donde no hay, no se puede sacar; que aquí paz y después gloria; y que, visto lo visto, muchos son los llamados y pocos los elegidos. Y en esas estamos y así nos luce el pelo: el de la cabeza y el del arco del triunfo de cuyo paso y paseo tanto disfrutan según qué próceres con muceta.

Lo que no había dicho hasta ahora y me acabo de dar cuenta en mi primer día salmantino es que Jerusalén y Salamanca se parecen, que ya es decir. Y se parecen en algo fundamental: la reverberación de su luz que produce la piedra con que estan construídas, la del Tormes y la del secarral mediooriental. Como yo, en otras circunstancias, tendría que estar de viaje por Jerusalén («Mi corazón,está en Oriente, y yo en los confines de Occidente»), me ha producido una curiosa reacción de apacibilidad íntima, si no por la vivienda, porque, sospecho, esas olimpiadas judaísticas jerosolimitanas que convocan cada cuatro años en la dizque capital de los siónidas, de los sionistas y de los sionólogos habrían sido una cita mucho más insoportable, mucho menos apacible y en un lugar de lejos muchos menos ameno que la que tengo, durante las próximas tres semanas, con la Biblia aramea (manuscritos 1 al 3), con la Banda de los cuatro (Camhi junior en versión gramatical y lexicográfica; Camhi senior y el rabino Meir, el limitante: manuscrito 6); la Biblia latinada (manuscritos 589, 590 y 2170) y el serendípico De astrologia en román paladino, dizque traducido de la lengua santa en que lo escribió Abraham Avanazra, como le decían en el vernáculo de su tierra (manuscrito 2138); a la sombra todos de la catedral resplandeciente, en el rinconcito tan ameno del fondo del Patio de las Escuelas Mayores.

Ea, señoras, señores, queden con Dios…

Lleváronse consigo a Tomás, y estuvo con ellos algunos días; pero, como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado), pidió a sus amos licencia para volverse.

«Turistas: respeten el silencio portugués o váyanse a España».

«Turistas: respeten el silencio portugués o váyanse a España».

Cerramos el chiringuito unos días. Volveremos la semana que viene. Mientras, santifiquen el sábado y las fiestas como mejor les plazca o más les convenga. Como es costumbre, disfruten de nuestro servicio de bar o échenle un vistazo a las revistas atrasadas.

Semanada buena y clara

«Intercultural dialogue, Lisboa 07», foto de O’mages, 21 de enero de 2007; «Canto moço», del LP Traz outro amigo também de José «Zeca» Afonso (1970).