junio 2010


Hem pecat per això, perquè no se’ns deixava
existir plenament, amar-nos plenament
amb aquell impudor que la vida demana,
aquell amor capaç de fondre tots els ploms,
rebentar les perilles, deixar el món a fosques.

Por eso hemos pecado, porque no nos dejaban
existir plenamente, amarnos plenamente
con impudor como exige la vida,
con ese amor capaz de hacer fundir los plomos,
reventar las bombillas, dejar el mundo a oscuras.

V. Andrés Estellés

Η αρχή των

Η εκπλήρωσις της έκνομής των ηδονής
έγινεν. Aπ’ το στρώμα σηκωθήκαν,
και βιαστικά ντύνονται χωρίς να μιλούν.
Βγαίνουνε χωριστά, κρυφά απ’ το σπίτι· και καθώς
βαδίζουνε κάπως ανήσυχα στον δρόμο, μοιάζει
σαν να υποψιάζονται που κάτι επάνω των προδίδει
σε τι είδους κλίνην έπεσαν προ ολίγου.

Πλην του τεχνίτου πώς εκέρδισε η ζωή.
Aύριο, μεθαύριο, ή με τα χρόνια θα γραφούν
οι στίχ’ οι δυνατοί που εδώ ήταν η αρχή των.

El origen de ellos

La satisfacción de su ilícito placer / se ha consumado. Se han levantado del lecho, / y se visten ajorados, sin hablarse. / Salen separados, a escondidas de la casa; y mientras / andan un tanto inquietos por la calle, parece / como si tuvieran miedo de que algo en ellos revele / en qué tipo de cama estaban acostados poco antes. /

Mas cuánto ha ganado la vida del artista. / Mañana, pasado mañana, o con los años, escribirán / esos potentes versos cuyo origen aquí estuvo.

Konstandínos P. Kavafis (Κωνσταντίνος Π. Καβάφης), «Η αρχή των» (‘El origen de ellos’), de los poemas canónicos (τα Αναγνωρισμένα Ποιήματα), 1921; recitado por Yorgos P. Savvidis (Γιόργος Π. Σαββίδης), en K.Π. Kαβάφης. Πενήντα οκτώ ποιήματα. Διαβάζει ο Γ.Π. Σαββίδης (‘K. P. Kavafis. Cincuenta y ocho poemas, leídos por Y. P. Savvidis’), Atenas, Ποικίλη Στοά, Σπουδαστήριο Nέου Eλληνισμού, 1999.

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Fueron dos comentarios de una colega el otro día. Uno, respondiendo a una pregunta de otra persona, que no, que no, que los caraítas no pintaban nada en la Sicilia del siglo xvi, lo que seguramente será verdad, pero a mí me hizo acordarme de una carta de un concienzudo funcionario inquisitorial, un tal doctor Laya, pacense por más señas, que escribía al rey de Portugal el 30 de marzo de 1528 (perfecto contemporáneo, por tanto, de Alfonso de Zamora):

Y si esta pestilençia no se cura, serenísimo señor, en nuestros reinos sucederá de generaçión en generaçión hasta el fim del mundo; y puesto que fuesen judíos sin bautizar, estas nueuas ofensas que contra Dios se cometen, se deuían en personas de judíos castigar, que entre uerdaderos judíos semeiantes delinquentes se tienen por hereges como personas que contradizen el seso literal de la Biblia y cometen delicto en la misma ley de Moysén. Porque, mui poderoso señor, ai [=hay] tres maneras de judíos: los unos que se llaman carraynes [=caraítas]; y otros saduceos, que niegan la resurrección de los muertos, y otros talmudistas, que suceden a los fariseos, cuya apostaçía en otro tiempo inficionó [=infectó] a Castilla y agora inficiona nuestros reinos cathólicos. Y los carraynes, que son los que guardan la ley al pie de la letra, llaman a los otros hereges de la ley de moysén como a malos exponedores del texto de la Biblia, y la sancta Iglesia ha condenado el Talmud como cosa escrita en ofensa de Dios, y como gloza que no se puede permitir entre los que quieren guardar la ley de Moysén.

Según Carlos Carrete Parrondo y Yolanda Moreno Koch («Movimiento mesiánico hispano-portugués: Badajoz 1525» [sic: ¿por 1528?], Sefarad, vol. lii, n.º 1 (1992), págs. 65-68), transcriptores del documento, este se encuentra «en el Archivo lisboeta de la Torre do Tombo; la copia del 16 de julio de 1629 por Gaspar de Lousada se guarda en el Archivo de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, ms. 390, fols. 168v-170r».

¿Sería este tal doctor Laya un cazajudaizantes particularmente leído y erudito (esos carraynes claro trasunto de unos qara’im tomados del original (קראים) o, si en vez de fariseos, los judíos ibéricos (incluidos los que en Sicilia vivían bajo el mismo rey que los peninsulares) hubieran sido fundamentalmente caraítas, no habría habido éxodo entre 1492 y 1498?

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Hoy presenta María Cristina Gallego Rubio su libro sobre Juana Capdevielle San Martín y aprovechan para hacer una jornada de recuerdo de la figura de Juana y de estudio de la época que le tocó vivir y de los rumbos torcidos que procuró enmendar. Ya sabéis que Juana es un amor repentino pero algo antiguo de quien subscribe: por una sonrisa estival en una fotografía, por una cierta emoción que me provoca pensar en su final atroz. Cuando descubrí la historia de Juana, apenas había algún rastro de esa misma historia en los libros de Historia. Que saquen ahora un monográfico sobre su persona es, de alguna modesta manera, una buena noticia. Una noticia ejemplar:

Mas, aunque parezca paradójico, el no haber hecho nada o casi nada tiene sus ventajas, por lo menos una muy grande, aunque no compense todos sus inconvenientes que se puede construir sin estorbos, de nuevo, y se puede, sobre todo, guiado por las experiencias ajenas observando sus éxitos y fracasos, tomar lo mejor […].

Despacico y callandico, vengo a [d]ici[r]te que te quiero:
no se lo digas a nadie que me muero, que me muero…

Probablemente, todo sea mentira. No radica ahí, sin embargo, la necesidad de buscar: el oficio y el ocio de historiar necesita de la curiosidad y, probablemente, se acabe en la curiosidad misma. Le repetía a N. el otro día lo que hablamos Alex y yo hace ya un tiempo que se aleja en Mánchester: lo inconcebible que resulta en inglés de estudioso trufar la argumentación de «sin duda» o de «evidentmente», como hace el francés sapiente. Quizá, puesto a escribir esta tesis de divorcio en francés, se me desbordan los «sin duda» y los «evidentemente», que con paciencia me habían enseñado y yo había aprendido a desbrozar con tradiciones distintas a la que era la mía (que podríamos llamar la española) y a la que me entretiene ahora (que es sin duda la francesa).

Lo primero, probablemente, sea reconocerse. Una vez reconocido, lo segundo, casi seguro, sea sospechar que no somos lo que hemos reconocido. No negaré lo válido de quedarse a medias: solo digo que, si se vislumbra con algo de acierto que la sintaxis que reconstruimos no es más que una reconstrucción (por muy útil que resulte para seguir adelante esa habitación levantada con los materiales de derribo), quizá haya que inmiscuirse en otras partes de la casa, hasta reconocer en lo improbable de nuestro linaje lo imposible de lo pasado. No negaré tampoco, aunque sea con un suspiro, lo incómodo de andar fisgoneando y los reproches, bien fundados, que acarreará. Es, ciertamente, un ejercicio censurable.

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Se cuenta de Ziyad ibn Abi Sufyan –Dios lo haya perdonado– que dijo a quienes estaban reunidos con él: «¿Quién es el hombre más feliz?» replicaron: «El Comendador de los Creyentes». Dijo: «¿Y lo que le ha caído con los qurayshíes, qué?» Dijéronle: «Entonces, tú». Respondió: «Y qué dices de todo lo que me hacen pasar los jariyíes y de la defensa de las fronteras?» Respondieron: «¿Quién pues, Emir?» Dijo: «Un hombre musulmán, que tiene una esposa musulmana, bastante de qué vivir, viven ambos satisfechos uno del otro, y al que no conocemos, ni él a nosotros.» Hay […]

¿Hay, entre las cosas que suscitan la admiración de las criaturas, prendan los corazones, atraen los sentidos, fascinan los espíritus, se apoderan de las voluntades, entrecortan las inteligencias y paralizan las entendederas, algo más adorable que los tiernos cuidados que el amante prodiga a su amada? He visto cosas de este género muchas, y digo que es una de las visiones más fascinantes y la que despierta la ternura más delicada, sobre todo cuando el amor es de los que se llevan de tapado. ¡Si contemplaras al amado cuando deja caer sus inquisiciones, con las que pretende averiguar la razón del enfado del amante, o su embarazo al tratar de salir de ese mal paso mediante excusas, o la forma en que trata de presentar las cosas al mejor pelo, o incluso las tretas que ingenia para sacarse alguna razón

que hacer valer ante sus interlocutores, verías algo maravilloso, una oculta delicia que no tiene parigual! No conozco cosa que atraiga más los corazones, que los arrebate mejor ni que vaya más directa a sus puntos vitales que este acto. Pues los amantes, en punto a justificar su unión, tienen razones a las que no llegan las gentes de mucho caletre y fina inteligencia, dotadas de mentes poderosas. Esto lo he visto en muchas ocasiones, y sobre ello he compuesto estos versos:

Cuando mezcles lo verdadero con lo falso,
conseguirás lo que quieras de los tontos.
Entre ambas cosas hay una diferencia cierta,
una señal que se aparece a quien usa la cabeza.
Es como el oro sin mezcla, que cuando le añades plata
pasará por puro a ojos del joven lerdo,
pero que si topa con un joyero experto, éste
distinguirá sin dudar lo puro de lo espurio.

— Abú Muhammád Alí bin Ahmad bin Sa’id bin Hazm Alqurtubí Al-lablí (أبو محمد علي بن احمد بن سعيد بن حزم القرطبي اللبلي), El collar de la paloma (طوق الحمامة), capítulo xx: «La unión» (باب الوصل), folios 57b y 58a del únicum (dícese del texto transmitido por un único testimonio manuscrito) Leiden, Bibliotheek der Rijksuniversiteit, Or. 927; traducción de Jaime Sánchez Ratia, Madrid, Hiperión, 2009 [2010], págs. 194 y 195.

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Somam-se os dias e vão é o alento;
volteja ora o Fado, abutre agourento.

Añádense los días y vano es el aliento;
da vueltas el Destino, carroñero de agüero.

Sérgio F. Mendes

Recuerdo perfectamente cuando y donde aprendí el significado israelí de מטומטם (/metumtám/). Fue en el kibbutz Qiryat Anavim (קרית ענבים), al lado de Abú Gosh (אבו גוש, أبو غوش) y de alguna otra cosa mucho más importante en lo personal, como Bet Neqofa (בית נקופה), donde vivían los Vinocur-Andrade, luego de vuelta en Buenos Aires aunque nunca se me hayan ido muy lejos del territorio donde reside la nostalgia del afecto. Por las mismas, y con efecto retroactivo, aprendí alguna otra cosa que ha resultado particularmente relevante para algún compromiso personal (con la verdad histórica, por ejemplo) al que he buscado ser fiel desde entonces: tiempo después me di cuenta de que Bet Neqofa se llamaba, no hacía mucho tiempo atrás, Bayt Naqqúba (بيت نقوبا), hoy transmutado en ‘Ayn Naqquba (عين نقوبا).

Pero volvamos a lo de metumtam.

En el kibbutz, un servidor de ustedes, ya famoso de antes por lo negligente de su coordinación motora (por su torpeza, vaya), fue asignado como voluntario (מתנדב, /mitnadev/) al minimárket (מינימרקט). Friega que te friega (סמרטוט [/smartut/] fue otra palabra estrella de mi aprendizaje kibbútznico), mi distraída coordinación motora me debió de jugar alguna de las suyas y cometí alguna «torpeza». Como andaba, y sigo, corto de vocabulario israelí (las lenguas puramente librescas provocan mucho menos estrés, dónde va a parar) eché mano, a fin de buscar la palabra que mejor me definía en ese momento («¡torpe!»), de lo que tenía entonces a mano: el Diccionario castellano-hebreo/hebreo-castellano del «Doctor» Yeshayahu Austridán (ישעיהו אוסטרידן; mexicano, por cierto), que aún guardo como souvenir de la incompetencia lexicográfica. Don Yeshayahu, a falta de una, daba cuatro posibilidades, perfectamente descontextualizadas, para «torpe»: גס, טיפש, מטומטם o כבד־תנועה (/metumtám/, /tipésh/, /gas/ y /kvad tnuá/). Encomendándome a la vez al rabino Meir y a San Pancracio, ambos muy milagreros, elegí con el mejor método que un bisoño estudiante de hebreo (en tercero para cuarto de licenciatura: los hebraístas disfrutamos, como los arabistas, de una eterna juventud bisoña en esto de aprender el idioma de nuestra especialidad) podía aplicar: al buen tuntún. Y me salió metumtam en la rifa. Logré un cierto efecto comunicativo con mi elección: las dos finlandesas israelizadas que atendían el minimárket se desconyuntaron de risa al oír lo de que yo me definía a mí mismo como metumtam. Si yo fuera más de Móstoles de lo que soy, seguro que habría dicho que se me descojonaban de risa, porque tal cosa correspondía más a la estridencia de las carcajadas que soltaban las hebreo-finlandesas.

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Ha sido un espejismo de un minuto apenas (llevo un día con cierta dificultad para concentrarme) y no he leído una נו’’ן donde sí estaba: de «mil ‘explicadores’» (אלף המסבירים מסבירים), que me equivocaba al leer, a «mil propagandistas» (אלף מסבירנים). Propaganda, en hebreo sionista, se dice הסברה (hasbará) que empezó siendo un humilde nombre de acción (nomen actionis, שם פעולה) de להסביר «explicar». No sé en qué momento una simonía dialéctica convirtió lo explicable en justificable, pero tal perversión lógica está firmemente asentada en no pocos espíritus y en no pocos gatillos.

Al hilo de mi falta de concentración, no sé a cuento de qué viene la segunda parte de esta reflexión sobre los propagandistas:

אלף מסבירנים לא יכבו את האש: האירועים על סיפון מאווי-מרמרה תואמים בדיוק את התדמית של ישראל בעולם, וגם יעניקו לפלסטינים עוד מיתוס לאומי מכונן

Mil propagandistas no apagarán el fuego: lo sucedido a bordo del Mavi Marmara concuerda perfectamente con la imagen de Israel en el mundo, y proporcionará además a los palestinos otro mito nacional apropiado.

Rafi Man (רפי מן), el autor de estas líneas, sugiere un Exodus palestino. Por el contrario, Yosi Melman (יוסי מלמן) invoca, con redacción de urgencia, que olvidemos el Exodus שכחו את אקסודוס» [‘Olviden el Exodus’]):

בעיניים פקוחות לרווחה נכנסה ישראל למלכודת. ישראל ידעה, ואם לא ידעה או לא הבינה חמור הדבר שבעתיים, שמה שמבקשים מארגני המשט הוא להציגה כמי שלא מהססת להשתמש בכוח. הם רצו הרוגים ופצועים ודם ותמרות עשן של מלחמה

Con los ojos abiertos de par en par, Israel ha entrado en la trampa. Israel sabía, y si no lo sabía o no lo entendía, resulta tremendamente más grave, pues lo que buscaban los organizadores del desfile naval era presentar un Israel que no vacila en recurrir al uso de la fuerza. Querían muertos y heridos y sangre y columnas humeantes de guerra.

¿«Muertos», «heridos», «sangre», «columnas humeantes»? Una lástima que esto no sea de verdad una guerra de ‘narrativas’, una confrontación de puntos y comas, una batalla de sintaxis, un enfrentamiento de semánticas, un escuadrón con planteamiento, nudo y desenlace. Los muertos recurren poco a la dialéctica, casi nada. Son de una atroz facundia los muertos. Precisamente porque están muertos, digan lo que digan sus ventrílocuos o sus enterradores.

Ya les decía que andaba inquieto con lo de concentrarme. A medias lo he acabado consiguiendo:

Ya no hay lugar seguro en el mundo, salvo la propia conciencia. Defenderse sí, pero ojo que este sofisma de que la mejor defensa es el ataque ya nos transformó en nuestros propios victimarios. Y nosotros sabemos que es así.

Mariano Man, «Ellos son la izquierda peligrosa, ellos son la derecha religiosa», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 31 de mayo de 2010.

lo que no ha sido, sin embargo, ningún consuelo.

«Untitled (Boys, 7)», obra de Adi Nes (עדי נס), que ya había sido traída a colación.