Soms komt een reiziger aan in een stad
die hem om een of andere reden verbijstert.

A veces llega un viajero a una ciudad
que por una u otra razón lo sorprende.

Mustafa Stitou«Soms besluit een vrouw te gaan liggen op bed…»

***

Antier recogí en el Templum Salomonis de la esquina de Nieuwsteeg y Kloksteeg, frente a la Pieterskerk, el primer encargo, De Tachtijarige Oorlog in Spaanse ogen («Opiniones españolas sobre la Guerra de los Ochenta Años») de Yolanda Rodríguez Pérez, y hoy me avisan de que ya ha llegado el segundo encargo, Orde en trouw («Orden y lealtad») de Willem Otterspreer sobre Johan Huizinga. Quizá aún me dé tiempo a encargar alguna de las ediciones de la antología de Gerrit Komrij, De Nederlandse poëzie van de negentiende en twintigste eeuw in duizend en enige gedichten («La poesía neerlandesa de los siglos xix y xx en 1.001 poemas»). Confieso que aún me desconcierta que Komrij haya disfrutado la condición de «Poeta de la Patria» (Dichter der Vaderlands) casi igual que me parece curiosa –soy en realidad un paleto sin remedio– que la misma condición la ostente ahora mismo Ramsey Nasr (de origen palestino, de lengua neerlandesa y de ciudadanía holandesa) o que este invento tan patriótico sea una iniciativa privada del NRC Handelsblad, es decir, de un diario de tirada nacional (que luego de escribir esto me describen como un periódico de «listos de centro-izquierda», por si a alguien le interesara). Resulta que lo vi el otro día en la televisión (puro zapping; mi holandés de charlatán tartamudo no me da para más) fueron los funerales de Harry Mulisch y Kitty Courbois estaba leyendo un poema de Nasr en honor de Mulisch. En esto consiste también aprender un idioma: en rebobinar.

La antología de Komrij me da ocasión de fijarme en otro de esos términos fruto del ingenio bífido de los hacedores de palabras neerlandeses: bloemlezing («lectura florida», si nos pusiéramos lexicográficamente rigoristas o calvinistas). Es decir, antología. O lo que es lo mismo y se acerca más al neerlandés: florilegio. De momento ninguna de estas curiosidades léxicas ha superado la wijsbegeerte, el «deseo de saber», que tiene por contraparte latinada la filosofie. Tiene algo de resumen de cualquier ambición de escudriñar el universo que las universidades holandesas puedan disponer, por mor de su idioma de trabajo (que no es el inglés, se los aseguro, aunque ustedes se lo crean) una fakulteit der wijsbegeerte, una «Facultad del Deseo de Saber» (mientras que no se quede en el deseo, piensa seguramente el descreído latino…)

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SONATA DA CHIESA (Corelli)

Igual que un raig de sol que, pel cimbori,
penetra dins d’un temple, poc a poc,
i cruament senyala, amb el seu dit de foc,
els rostres adormits de les verges de vori,

severa i dolça música, segueixes
per les ànimes nostres un passadís obscur,
i amb el teu dit de foc hi descobreixes
l’espectre del passat, el rostre del futur.

Màrius Torres

Como un rayo de sol que, por la bóveda,
se introduce en un templo, lentamente
e impávido señala con su dedo de fuego
el rostro ebúrneo de vírgenes dormidas,

severa y dulce música, recorres
por nuestras almas un oscuro pasillo,
y con tu dedo ígneo manifiestas
la visión del pasado, el rostro del futuro.

***

Directamente inspirado por este post de Marieta.

¡Eh! Ya salimos del paso,
y no hay que extrañar la homilía;
son pláticas de familia
de las que nunca hice caso.

José Zorrilla, Don Juan Tenorio (1844), parte i, acto i, escena xiii

If all a top physicist knows
About the Truth be true,
Then, for all the so-and-so’s,
Futility and grime,
Our common world contains,
We have a better time
Than the Greater Nebulae do,
Or the atoms in our brains.

Si ha de ser verdad lo que un físico sabe sobre la Verdad, verdad será que, por mucha pamplina, mugre y futil naturaleza que nuestro vulgar mundo atesore, nos la pasamos mejor que las Grandes Nebulosas o los átomos de nuestros cerebros.

Marriage is rarely bliss
But, surely it would be worse
As particles to pelt
At thousands of miles per sec
About a universe
Wherein a lover’s kiss
Would either not be felt
Or break the loved one’s neck.

De cansado a casado una letra separa pero con seguridad aún peor fuera, como partículas que se zumban a miles de kilómetros por segundo, un universo en que el beso de quien ama de tiento no fuera ola crisma le rompiese al que es amado.

Though the face at which I stare
While shaving it be cruel
For, year after year, it repels
An ageing suitor, it has,
Thank God, sufficient mass
To be altogether there,
Not an indeterminate gruel
Which is partly somewhere else.

Aunque esta cara que veo al afeitarla sea cruel pues, año tras año, repele a un pretendiente ya añejo, posee, a Dios gracias, masa bastante para seguir estando ahí, sin reducirse a una informe papilla que en otro lado se halla en parte.

Our eyes prefer to suppose
That a habitable place
Has a geocentric view,
That architects enclose
A quiet Euclidian space:
Exploded myths — but who
Could feel at home astraddle
An ever expanding saddle?

Prefieren nuestros ojos suponer que tiene todo lugar habitable una vista geocéntrica, que los arquitectos cierran una calma parcela euclidiana: son mitos reventados, sí, pero ¿quién podría sentirse a gusto, espatarrado en un sillín que no deje de expandirse?

This passion of our kind
For the process of finding out
Is a fact one can hardly doubt,
But I would rejoice in it more
If I knew more clearly what
We wanted the knowledge for,
Felt certain still that the mind
Is free to know or not.

Esta pasión de nuestra especie por el negocio de hallar no es cosa que pueda suscitar dudas, pero confieso que más tendría gusto si pudiera saber para que vamos a querer saber lo que sabemos, sabiendo por cierto que la mente es libre de saber o no.

It has chosen once, it seems,
And whether our concern
For magnitude’s extremes
Really become a creature
Who comes in a median size,
Or politicizing Nature
Be altogether wise,
Is something we shall learn.

Ya quedó de sobras elegido, según parece, y en caso de que nuestro cuidado por los extremos de las magnitudes se hiciera de verdad plenitud de talla más bien mediana, o de que politizar la Naturaleza resultara prudente, es algo que acabaremos sabiendo.

Wystan H. Auden, «After reading a child’s guide to modern Physics» (‘Tras leer una guía de física moderna para niños’), 1961.

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Despacico y callandico, vengo a [d]ici[r]te que te quiero:
no se lo digas a nadie que me muero, que me muero…

Probablemente, todo sea mentira. No radica ahí, sin embargo, la necesidad de buscar: el oficio y el ocio de historiar necesita de la curiosidad y, probablemente, se acabe en la curiosidad misma. Le repetía a N. el otro día lo que hablamos Alex y yo hace ya un tiempo que se aleja en Mánchester: lo inconcebible que resulta en inglés de estudioso trufar la argumentación de «sin duda» o de «evidentmente», como hace el francés sapiente. Quizá, puesto a escribir esta tesis de divorcio en francés, se me desbordan los «sin duda» y los «evidentemente», que con paciencia me habían enseñado y yo había aprendido a desbrozar con tradiciones distintas a la que era la mía (que podríamos llamar la española) y a la que me entretiene ahora (que es sin duda la francesa).

Lo primero, probablemente, sea reconocerse. Una vez reconocido, lo segundo, casi seguro, sea sospechar que no somos lo que hemos reconocido. No negaré lo válido de quedarse a medias: solo digo que, si se vislumbra con algo de acierto que la sintaxis que reconstruimos no es más que una reconstrucción (por muy útil que resulte para seguir adelante esa habitación levantada con los materiales de derribo), quizá haya que inmiscuirse en otras partes de la casa, hasta reconocer en lo improbable de nuestro linaje lo imposible de lo pasado. No negaré tampoco, aunque sea con un suspiro, lo incómodo de andar fisgoneando y los reproches, bien fundados, que acarreará. Es, ciertamente, un ejercicio censurable.

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The position that I would like to propose here is not post-Zionist. I do not wish to undermine the Zionist national narrative or to weaken it. However, I do wish to add a dimension of self-awareness to it, so that it will be more critical, more nuanced, more balanced. In this way, historiography can take an important step forward. In the past two hundred years, historical studies mainly have helped to shape national consciousness and national particularism—one may add national egotism. Historical studies must undergo a corrective transformation and serve to foster understanding among nations, rather than hatred. Thus, after shifting from monophonic national history to professional history, we should continue now into a new phase of polyphonic history. The study of history should cease to serve those who foment conflicts and become instead an instrument of reconciliation, understanding, and tolerance.

La postura que pretendo presentar a continuación no es post-sionista. No deseo minar la narrativa nacional del sionismo ni debilitarla. Pese a esto, sí que desearía añadirle una dimensión de toma de conciencia, de forma que fuera más crítica, más matizada y más equilibrada. De este modo, la historiografía puede dar un importante paso adelante. En los últimos doscientos años, los estudios históricos han servido principalmente para dar forma a la conciencia nacional y al particularismo nacional, a lo que podríamos añadir el egotismo nacional. Los estudios históricos han de sufrir un correctivo transformador y prestarse a difundir el entendimiento entre las naciones, antes que el odio. Así, tras abandonar la Historia nacional monofónica por la Historia profesional, habríamos de proseguir ahora hacia una nueva fase de Historia polifónica. El estudio de la Historia habría de dejar de ser utilizado por quienes buscan fomentar conflictos y hacerse, en cambio, instrumento de la reconciliación, el entendimiento y la tolerancia.

[…] I proposed to the organizers of this workshop that they bring an Israeli historian who takes a critical approach toward the historical narratives of Zionist nationalism together with a Palestinian historian who adopts a similar approach toward the founding narratives of Palestinian nationalism. Unfortunately, my wish could not be realized. Nevertheless, I am here, prepared to speak, because I have come to the conclusion that the duty of self-criticism is incumbent on the conqueror more than on the conquered. […]

[…] Propusé a los organizadores de este seminario que trajesen a un historiador israelí con una mirada crítica a las narrativas históricas del nacionalismo sionista y, a la vez, a un historiador palestino que adoptase un enfoque similar respecto de las narrativas fundacionales del nacionalismo palestino. Desafortunadamente, mi deseo no pudo hacerse realidad, pese a lo que aquí estoy, listo para hablar, porque he llegado a la conclusión de que el deber de autocrítica incumbe antes al conquistador que al conquistado. […]

— Israel J. Yuval, «The myth of the Jewish exile from the Land of Israel: A demonstration of irenic scholarship», Common Knowledge, vol. xii, n.º 1 (2006), págs. 16-33 [16-17].

Tertium comparationis, x.

Enric González (añádase esto y esto), ahora corresponsal de El País en Jerusalén, ha abierto blog sobre aquella ciudad y sus aledaños. Razonaba:

En este espacio se habla de Oriente Próximo. De asuntos israelíes y palestinos, principalmente. La idea consiste en abordar un conflicto largo y trágico desde un punto de vista oblicuo y a ras de tierra, sin más tremendismo que el estrictamente necesario y, de ser posible, ni siquiera ese. Se intentará hablar en voz baja. Pero los invitados, por supuesto, pueden gritar cuanto quieran.

En los comentarios de su segunda entrada (apenas), una firma «Moisés» se enfanga en la lírica de la que hablábamos el otro día (apenas):

[Y]o he visto en aquella tierra a árabes palestinos poner a sus hijos delante de ellos para protegerse de balas en enfrentamientos cruzados. […] Aún estoy esperando ver un judío que haga lo mismo, pero sé que no ocurrirá jamás, porque el judío valora la vida mientras que el musulmán valora la muerte y el cielo con decenas de vírgenes que esperan a sus “mártires”.

Quede apuntando a beneficio de inventario: como recordatorio de lo delicado de la exégesis de las fuentes históricas (¿serían las crónicas de antaño como simples «Moisés» de hogaño? ¿Cuánto tiempo les hace falta a los «testimonios coetáneos» de los «Moisés» para convertirse en «fuente histórica»?) y como recordatorio de la fértil imaginación de nuestros recuerdos. Son como esos burros de gitanos en los edificios de protección oficial españoles: siempre hay un burro amarrado en una terraza de una vivienda de protección oficial española en los recuerdos de quienes no son gitanos. Yo lo he visto, me dicen, al burro lo habían subido por las escaleras y lo habían ‘aparcado’ en la terraza. Lo ven siempre con sus propios ojos. Como el «Moisés» del comentario: no es que, remedando al poeta, haya visto y haya creído. Es que primero creía; luego ya se preocuparía de ver. Siempre acaban viendo más que yo: soy un miope con más tendencia al pesado inventario que a promover inventos. Aunque nunca se sabe: hay que andarse con ojo. Con uno mismo, sobre todo.

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« Dels pecats del piu, Nostre Senyor se’n riu »
De los pecados del pijo Nuestro Señor no dice ni pío
Refrán valenciano

I have examined only the five earliest codices of Trinity sentences (MSS 1224–1228). They encompass, with great gaps, the years from 1564 to 1603, with the bulk of the documents falling between 1580–1582. In these materials out of about 550 sentences, many against more than one defendant, I have been able to identify a total of thirteen involving Christians suspected of apostasy to Judaism, of Jewish converts to Christianity suspected of returning to their former faith, and of Jews accused of occult practices.106 That pious considerations were not necessarily paramount in these changes in religion is illustrated blatantly by the trial of the Spanish Catholic Christophoro Perpignano of Valencia, who was circumcised and apostatized to the Jewish faith.

He consultado solo los cinco códices más antiguos de sentencias del Trinity College [de Dublín] (manuscritos 1224 a 1228). Comprenden, con grandes lagunas, el periodo de 1564 a 1603, aunque el grueso de la documentación abarca de 1580 a 1582. Entre este material, de un total de unas 550 sentencias, muchas contra sobre más de un acusado, he podido identificar trece que tratan de cristianos sospechosos de haber apostadado al judaísmo, de judíos conversos al cristianismo sospechosos de haber vuelto a su antigua fe y de judíos acusados de prácticas ocultas.106 Consideraciones piadosas de tal naturaleza no representaban por fuerza la motivación principal de estos cambios de religión, como ilustra de forma evidente el juicio a un español católico, Cristoforo Perpignano de Valencia [¿Cristòfor Perpinyà?], que fue circuncidado y que se había convertido a la fe judía.

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Historiadores y arqueólogos construyen el efecto literario de lo real […]. Lo que ocurre es que confunden ese efecto retórico con una idea científica, y por ello tratan de justificarse apelando a la existencia de un método científico como conocedores de la totalidad de su extensión espacial y en su desarrollo temporal. Si asumiesen sus supuestos metafísicos, como Hegel, serían más coherentes. Hegel culminaba su monumental «Ciencia de la lógica» diciendo que lo que se había expuesto allí – nada más ni nada menos que el despliegue de la estructura del Espíritu – era lo que había pensado Dios antes de crear el mundo. Si pensamos que el Dios de Hegel, como señaló Feuerbach, es al fin y al cabo el ser humano, y que la lógica es la propedéutica para conocer el mundo, incluso podríamos admitir su afirmación.

Los historiadores y aqueólogos no piensan el mundo antes de crearlo, como Dios o como Hegel, pero tampoco reflexionan mucho antes de sentarse a sintetizar sus conocimientos, ya que caen en lo que podríamos llamar la paradoja fundamental del conocimiento histórico-arqueológico: ¿cómo es posible el conocimiento de la totalidad del proceso histórico partiendo de unos documentos no sólo fragmentarios, sino también absolutamente arbitrarios en su proceso de transmisión?

— José Carlos Bermejo Barrera y María del Mar Llinares García, «El sarcófago vacío: ensayo sobre los límites del conocimiento arqueológico», en ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 133-155 [137].

Rodrigo Jiménez de Rada (c. 1170-1247), Breviarium historiae catholicae, s. xiii («El Arca de Noé»); BUC-FOA, ms 138. Mutilado durante la Guerra Civil española.

Us llego amics, senzillament,
els tres quefers humils de sempre:
viure (i menjar) amb decòrum cada dia;
si podeu, endegar cobejança i luxúria.

Os lego, amigos, sencillamente,
los tres quehaceres humildes de siempre:
vivir (y comer) con decoro cada día;
si podéis, componer la codicia y la lujuria.

Joan Oliver («Pere Quart»), «Codicil d’un poeta» (‘Codicilio de un poeta’), Vacances pagades (‘Vacaciones pagadas), Valencia, 1960

Busca buscando otra cosa (cosas de encuadernadores y de libros judíos en la Cataluña del siglo xv que ya saldrán por aquí) me doy de bruces en un pasadizo espectral con esas cosas que tiene el prejuicio y que tanto éxito dieron en su tiempo, por ejemplo, a don Claudio Sánchez Albornoz, patricio filípico y jupiterino:

És clar que ens estimem les coses que hem escrit. Si més no, sempre ens recorden hores de treball i temes d’estudi que mai no han deixat de fer-nos companyia. Aquests temes vivien com una nebulosa dins de nosaltres, i tot anant-los posant per escrit va semblar-nos que els seus contorns se’ns precisaven. Vèiem alhora amb major claredat els punts febles que calia ampliar amb major recerca. El dia que hi posàvem punt final, sabíem que ho fèiem a un estudi que, en el millor dels casos, només tenia una valor provisional. ¿Val la pena d’intentar que cobri nova vida, republicant-lo? No ho sé pas. […]

D’acord amb les normes d’aquesta edició, els textos del Dr. Rubió són reproduïts tal com ell els va publicar, sense canvis ni afegits, llevat de la correcció d’algunes errades mecàniques o d’alguns lapsus lingüístics evidents. […]

Era pel novembre de 1432. La ciutat de Barcelona era farcida d’usurers, flagell antic que mirava d’amagar-se sota mil expedients, banals en aparença per terribles per als qui havien de caure a les urpes dels explotadors de la misèria. Jueus i cristians nous eren sempre tinguts per sospitosos de practicar el préstec usurari, i a llur darrera es parapetaven molts i molts que, sense ésser germans dels jueus per la sang, ho eren per la cobejança.

Qué duda cabe que sentimos cariño por lo que hemos escrito. Cuanto menos, siempre nos recuerdan horas de trabajo y temas de estudio que nunca han dejado de hacernos compañía. Estos temas vivían como en una nebulosa dentro de nosotros y, al ir poníendolos por escrito, nos pareció que sus contornos se nos precisaban. A la vez, veíamos con mayor claridad los puntos débiles que había que ampliar con más investigación. El día que les poníamos punto final, sabíamos que hacíamos tal cosa a un estudio que, en el mejor de los casos, solo tenía un valor provisional. ¿Vale la pena tratar de que cobre nueva vida, republicándolo? No lo sé. […]

De acuerdo con las normas de esta edición, los textos del Dr. Rubió aparecen reproducidos tal como él los publicó, sin cambios ni añadidos, salvo la corrección de algunos errores mecánicos o de algunos lapsus lingüísticos evidentes. […]

Era por noviembre de 1432. La ciudad de Barcelona estaba repleta de usureros, antiguo azote que buscaba esconderse bajo mil expedientes, en apariencia banales por [sic: ¿«pero»?] terribles para quienes iban a caer en las garras de los explotadores de la miseria. A judíos y cristianos nuevos se los tenía siempre por sospechosos de practicar el préstamo con usura y, detras suyo, se parapetaban un gran número que, sin ser hermanos de sangre de los judíos, lo eran por la codicia.

—Jordi Rubió i Balaguer, La cultura catalana del Renaixement a la Decadència, en Humanisme i Renaixement, «Obres completes», Barcelona, Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1990 (primera edición de 1962), tomo viii, «Pròleg» (‘Prólogo’), pág. 25, «Nota editorial» (pág. 21) y pág. 77.

Qué duda cabe de que sentimos cariño por lo que hemos escrito y de que la cosa no debió de ser un lapsus lingüístico o, al menos, no era uno evidente. En Barcelona (vean la ilustración de la foto) invitan a la reflexión bajo el nombre de Rubió i Balaguer. Pues eso: reflexionemos.

De los comentarios en el último artículo de uno de los blogs que sigo:

We cannot apply our modern standards to the ancients. We are not in a position to measure their sensitivity to certain expressions and their definition of rudeness of style. We really find no consistency in the use of euphemisms even in later rabbinic literature. We are in no position to judge the ancients for their seeming inconsistency; they were guided by their own standards and reasons. We must also take the individuals, times and places into consideration.

No podemos aplicar nuestros criterios modernos a los antiguos. No nos hallamos en posición de evaluar lo sensibles que les resultaban ciertas expresiones y cómo definieran en qué consistía un estilo grosero. No nos hallamos en posición de juzgar a los antiguos por lo que parezcan contradicciones suyas. Se guiaban por sus propios criterios y razonamientos. Asimismo, hemos de tener en cuenta a los invididuos, las épocas y los lugares.

Saul Lieberman, Hellenism in Jewish Palestine: Studies in the literary transmission, beliefs, and manner of Palestine in the I Century B.C.E.–IV Century B.C.E., Nueva York, The Jewish Theological Seminary, 1950, pág. 34.

(A pesar de los pesares, reconozco mi debilidad por Saul Lieberman – que tuvo incluso derecho a acrónimo rabínico, גר”ש, dada su estatura intelectual –, un rabino del movimiento conservador que se preocupó de «liberar» a las mujeres «aherrojadas» por un marido hijueputa que se niega a repudiarlas – en sentido estricto, las esposas judías casadas en el judaísmo no se divorcian: las repudia su marido, porque el judaísmo tiene estas contradicciones inherentes a las formas de organizarse de los seres humanos – y que dejo escrito un «suplemento» a una de sus obras mayores que consiste exclusivamente, al parecer, en notas de este estilo:

Erratas y errores míos. […] Esto es un lapsus calami. […] Esto [que decía] es innecesario. […] Esto es una traducción [literal] del yiddish. […] No me expresé con corrección. […] Habría que borrar toda esta breve nota. […] Me doy ahora cuenta de que se trata de una hipótesis excesiva. […] Según esto cometí un grave error explicándolo [así] aunque fuera en este breve comentario.

Para acabar rematando la pieza con esto:

Acabo con una plegaria [en que pido] que se me conceda el privilegio de quitar toda esta basura de [mi] Tosefta kifšuṭa, órdenes Zera’im y Mo’ed, y corregir todo el final de[l orden] Našim.

En resumen, lo mismito que dejó dicho en ripio Piet Hein:

LOSING FACE

The noble art of losing face
may one day save the human race
and turn into eternal merit
what weaker minds would call disgrace.

EN RIDÍCULO

El noble arte de dejarse en ridículo
pudiera un día tal vez salvar la humana raza
y convertir en inmarcesible mérito
lo que más cortas mentes llamarían patíbulo.

y que tan extraordinario resulta entre rabinos, universitarios, políticos y niños de tres años. Más o menos lo mismo).

Todas estas cosas te he escripto, mi Cornelio, no porque va nada en que las sepas, sino que descansa mi espíritu en dezírtelas.

Antonio de Guevara, Relox de Príncipes (1529), versión de Emilio Blanco, Obras Completas de Fray Antonio de Guevara, Fundación José Antonio de Castro, Madrid 1994, tomo ii, pág. 716 (inspirado por Mesa revuelta: el diario de Studiolum).

Seguimos con el impresionismo: no deja de tener su aquel, paradójico mayormente, que el pie de imprenta de los libros de Hakibbutz hameuchad («[Movimiento del] kibbutz unido: Biblioteca de los obreros») se localice en Bne Braq. Me doy cuenta al ver el registro bibliográfico de la antigua JNUL («Biblioteca Universitaria Nacional y Judía»), actual «Biblioteca Nacional de Israel», en Jerusalén, de un libro cuyo título-calambur me llama la atención: האב, הבן ורוח החופש («El padre, el hijo y el espíritu vacacional»), agudica transposición del sintagma רוח הקודש (como si pronunciáramos ‘rúaj akódesh’, «espíritu santo», donde קודש ‘kódesh’ es «santidad») por רוח החופש (prounciando ‘rúaj ajófesh’, donde חופש ‘jófesh’ es «vacaciones» – bueno, y «libertad» –). La historia del libro está contada por aquí, en hebreo, que tampoco se lo voy a dar a ustedes todo hecho.

Esto de seguir los libros nuevos catalogados en la Biblioteca Nacional israelí está muy bien (en fin, para los de este raro oficio de «hebraísta»): se da cuenta uno de la inmensa actividad publicadora jasídica y de que, llegado el caso y si nos diera por ahí (cosas más raras se han visto), se podría leer porque toda esa masa publicada está bien guardadita en la biblioteca nacional jerosolimitana. Como es de bien nacidos el ser agradecidos, debo la idea de subscribirme a los feeds de la ex-JNUL, actual NLI, al chico del Talmud.

Desde lejos, veo por una de las listas que sigo y de la que me he tomado vacaciones, una recaída en la dieta de los diccionarios, hebreos en este caso. El lexicografófago quiere con la mejor intención (le supongo) pero con la poquísima empatía que el hombre gasta (en fin) dar respuesta a una pregunta: cuáles son los dos verbos que en hebreo «clásico» significan, el uno, «matar» (cometiendo homicidio); el otro, «matar» (asesinando) y cual de los dos niega el mandamiento negativo de Éxodo, capítulo 20, versículo 12 (dice él, reduccionista como es: convendría recordarle también Deuteronomio, cap. 5, v. 17). El hombre (lexicografófago) se arma un lío y, busca que te rebusca en el diccionario, dice con autoridad («Queda claro que el texto hebreo usa el verbo que significa ‘no cometer homicidio’) cuando «el texto hebreo» dice lo contrario: רצח es «asesinar» (que es lo que prohibe el Decálogo), es decir, «matar a mala leche», que es como el mostoleño léxico traduce el tecnicismo «alevosía»; no הרג, «matar; cometer homicidio», es decir, «matar sin mala intención» (volviendo a utilizar el mostoleño). Para terminar de rematarlo, aparte de decir que רצח es «cometer homicidio», mete la pata o la gamba (que es lo que mejor convendría a su residencia italiana) y añade a la fiesta el verbo זבח («sacrificar»), como si tal verbo fuera «asesinar» en hebreo. No le niego su paradójica gracia: «el Gran Sacerdote ha asesinado ritualmente dos pichones y tres vacas en el patio del Templo», se podría decir siguiendo esta exégesis lexicomaniaca. Cositas de primer curso de lengua hebrea,* «bíblica» que no «clásica»: de nuevo, supongo que esta apendicitis clásica de la que nuestro lexicografófago hace a menudo gala viene de su residencia italiana y de una sobreexposición a las obras de Palladio (pongo por caso).

Luego nuestro lexicografófago se enreda en un par de chorraditas de antropología religiosa de programa vespertino de radio desinformada, pero son eso: chorraditas. Del mismo género literario que las que escribo yo por aquí, por otra parte, no se me vayan ustedes a equivocar.

Por otra parte, no deja uno de llevarse sustos sin esperárselo: «alcalde [franquista] de Salamanca, gobernador civil [pero puesto por los militarotes] y jefe provincial del Movimiento [cuyo creador ganara el Premio Nobel de Física]», nada menos. ¿Sería por eso que ese viejecito tan presuntamente entrañable me haya producido una cierta urticaria? No le falta nada de razón, sin embargo, a quien nos advierte de la inanidad culpable de dividir el análisis historiográfico en dos fáciles campos de malos y buenos. Salvador Vila (nos cuentan), rector republicano de la Universidad de Granada, casado con judía (Gerda Leimdöfer) y fusilado al inicio de la Guerra Civil, no se quitaba de glosar que la labor del arabismo español había de ser «reconstruir una época de nuestra historia orgánica» (nótese lo de «orgánica»). Que nadie se nos asuste: para historiadores dizque republicanos «orgánicos» baste Don Claudio Sánchez-Albornoz que, aparte de la desagradable práctica de no dar la signatura correcta casi en cada documento que citaba, tenía tendencias algo judeófobas:

Y como el bautismo no había privado a los judíos de sus talentos y habilidades, ni de su devoción por la riqueza, ni de su sutileza para captar la voluntad de los príncipes, enriqueciéndose con sus negocios tradicionales, consiguieron cada día mayores y más firmes posiciones en las corte, en el gobierno central, en el de las ciudades y en el de la misma Iglesia, y llegaron a conseguir señoríos y mandos militares.

España: un enigma histórico, vol. ii, cap. xiv: «Límites de la contribución judaica a la forja de lo español», Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1962 (segunda edición), págs. 163-297 (primera edición de 1957); aunque yo cite por el opúsculo Lo judaico en la forja de lo español, reimpresión sin referencias de este mismo capítulo, Madrid, Movimiento Cultural Cristiano, Librería Dersa, 2003, pág. 66.

Aquellos fueron lodos que todavía nos llenan de chapapote, pese a lo que también parece habitual chapotear en la indigencia profética, desde la ideología contraria (o no tanto) a la de Don Claudio Sánchez-Albornoz:

En general, y resumiendo, la literatura argelina, como muchas de las facetas del propio país que la produce, aparece, cara al inmediato porvenir, como una de las más esperanzadoras y susceptibles de importantes hallazgos y realizaciones, dentro del ámbito general de la expresada en lengua árabe. Desde la pura constitución demográfica hasta las fórmulas específicas de realizaciones político-sociales-culturales que selecciona, Argelia es uno de los países con más proyección hacia el futuro. En tal sentido, pues, y en cuanto como tal literatura nacional acabe definitivamente de asentarse y hallar su línea propia y característica en el contexto general de la dramática y crítica existencia árabe contemporánea, representará sin duda una muy destacada voz a atender y armonizar, participando activa y decisoriamente en el concierto.

Pedro Martínez Montávez, Introducción a la literatura árabe moderna, Granada, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1994, tercera edición (primera edición de 1974), págs. 186-187 (el autor de este blog no se hace responsable de los problemas gástricos que pueda producir la lectura del cacao estilístico de Don Pedro Martínez Montávez).

Me ha vencido la nostalgia y el recuerdo de Risa (z”l) y me ha dado por ponerme a leer Por amor a Judit:

1

En días de calor sube de los muros de mi casa un suave olor a leche. Los muros están enyesados y encalados, las baldosas dominan el terreno, pero el olor me llega de los poros del muro y de los resquicios del piso y se empecina en infiltrarse como un estremecimiento de amor antiguo.

¿Por qué pasarán estas cosas?

Por acabar: ¿«Hebreo moderno arcaico»? se preguntaban el otro día por aquí. Pues Leah Goldberg, por ejemplo, leyendo sus poemas (se podría intentar acastellanarlo en los comentarios por subscripción popular):

En resumen: menudencias. Musarañas. Más.

*Parece que el primer curso de catalogación de manuscritos fue algo más difícil que el primero (y siguientes) de lengua hebrea.

manuel-orero-fotografia-1El historiador, al tratar con el pasado, deberá utilizar las categorías de presencia y ausencia de un modo diferente al científico natural. En su caso no se podrá pasar de la presencia inmediata a la mediata, puesto que el pasado ni existe ni es observable. Y el utilizar al documento como instrumento para pasar de la presencia inmediata a la mediata es una falacia, ya que el documento ni hace presente al acontecimiento ni hace presentes a las personas del pasado, únicamente nos permite imaginar esas acciones y las sombras de esas personas, de acuerdo con las reglas que nuestra imaginación nos dicta. […]

La Historia es el saber de la ausencia, de una ausencia, además, que es irrecuperable; porque si examinamos las tres categorías de modalidad veremos que, al contrario que en las ciencias naturales, en historia [sic] la categoría de necesidad no posee aplicación, puesto que el devenir de los acontecimientos no está regido por leyes. En la Historia asistimos al dominio de la categoría de efectividad, unida, claro está, a la de posibilidad. […]

Si la Historia es el dominio de lo contingente, de lo que de posible ha llegado a ser efectivo y también es el dominio de la ausencia, de una ausencia que nunca podrá convertirse en una presencia efectiva e inmediata, entonces los historiadores actúan de la forma más opuesta a la de los científicos naturales. Estos últimos se negaban a reconocer rotundamente la presencia no efectiva, el historiador, por el contrario, no solo ha de partir de ella, sino, lo que es más problemático, quedarse precisamente ahí. El historiador sería como un mago, que pretende conjurar un pasado al que ya no puede volver gracias a la ayuda de un lenguaje en el que los enunciados realizativos funcionarían al revés, ya que no crean el futuro, como los imperativos, sino el pasado. El historiador lanza su discurso ante el pasado y la ausencia, pero no lo hace por razones sentimentales ni tampoco está solo. Su discurso es un discurso compartido, es ante todo un hecho social. Con él, aún siendo en el fondo consciente de la futilidad de su empeño, intenta, más que actualizar un pasado ausente reafirmar la existencia del presente, de un presente que, sobre todo a partir del siglo xix europeo, ha necesitado colonizar el pasado, colonizar lo que ya no es con el fin de poder controlar lo que será.

No tiene sentido, pues, como se suele decir, liberar el pasado, o descolonizarlo, pues, dada su falta de densidad ontológica, sería lo mismo que colonizar la nada. Los pasados básicamente se imaginan. Una corriente historiográfica es, ante todo, un conjunto de metáforas compartidas por los historiadores y su público, que pretenden describir lo que ya no es y otorgarle un sentido diferente al que tuvo y que no puede tener. Lo malo de las metáforas es que pueden colisionar entre sí, trayendo consigo víctimas, a veces mortales. Si la Historia no quiere conformarse con ese papel de suministradora de metáforas listas para la lucha deberá volverse hacia sí misma, pasar del objeto que cree describir al sujeto que lo construye y fundar sobre el análisis de las reglas que permiten esa construcción una disciplina que establezca sus límites, su legitimidad y que permita liberarse de su papel de instrumento de colonización de lo que ya no es para establecer el control de lo que será. Es a ese saber crítico de la historia que se puede contribuir, como en este caso, con el análisis de dos de las categorías del entendimiento histórico, cuyo buen uso era necesario establecer.

José Carlos Bermejo Barrera, ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 84 y 85.

«El hombre que perdió su nombre…», foto de Manuel Orero («Perolo Orero»), 2 de diciembre de 2008 (Coda: no se me pierdan la descripción de la fotografía a la que se llega clicando en su título).

Por seguir con lo que decíamos:

Sin embargo, este carácter fáctico y necesario del pasado, que parece estar tan claramente enunciado, se encuentra ante una dificultad fundamental, y es que, en contrapartida también podríamos decir, que [sic] lo que caracteriza al pasado, y sobre todo al pasado histórico, es precisamente el no estar presente, el no estar entre nosotros. En este sentido el pasado, por el contrario, vendría a resultar inaprensible y el conocimiento histórico, lejos de marchar por el seguro camino de la ciencia, vendría a adquirir un carácter problemático.

Para resolver este dilema, que quizás sólo sea aparente, convendrá, pues, que iniciemos un análisis de dos categorías del entendimiento histórico, ausencia y presencia, que estarían en directa relación con las categorías de modalidad, posibilidad, efectividad y necesidad, al ser quizá dos aspectos de la segunda de esas categorías, la de efectividad. Estas dos nuevas categorías, como esperamos mostrar, poseen una indudable importancia dentro del ámbito del conocimiento histórico. Su análisis deberá llevarse a cabo desde una triple perspectiva, epistemológica, antropológica y sociológica, impuesta por las características específicas de este tipo de conocimiento.

I

Las categorías de ausencia y presencia no son exclusivas del pensamiento histórico, como todas las categorías del entendimiento son utilizadas sistemáticamente en nuestra vida cotidiana, y, por supuesto, son fundamentales para el desarrollo del conocimiento científico. […]

La existencia de una ley científica, como la de la gravitación, no sólo permite describir el universo en su estado presente, sino, lo que es más interesante, predecir el futuro y, consecuentemente, describir el pasado. La ley es el instrumento básico de articulación del tiempo –o más bien el conjunto de leyes–. Los acontecimientos no son más que casos que ejemplifican el cumplimiento de dicha ley bajo un conjunto de condiciones dadas. La ley, que se formula en presente y, por supuesto, bajo la categoría de la necesidad, da también cuenta de las categorías de posibilidad y efectividad, pues es en función de ella como un acontecimiento se hace posible y llega a ser efectivo. Sin leyes el conocimiento científico no sería posible, sin leyes no puede utilizarse la categoría de necesidad, sino únicamente las de posibilidad y efectividad. Deberemos por ello plantearnos que ocurre en el caso de la historia, un saber sin leyes que privilegia lo fáctico del pasado hasta el punto de excluirlo –es un modo de hablar– de la competencia de Dios.

Ausencia presente

II

A la hora de analizar las categorías de ausencia y presencia en el ámbito del pensamiento histórico deberemos distinguir dos niveles, que por otra parte se hallan estrechamente relacionados: el antropológico y el sociológico. Es sabido que cada sociedad crea un determinado tipo de seres humanos, por lo que el determinismo sociológico siempre tiene parte de razón. Pero también lo es el que la especie humana posee unas características básicas en común que muchas veces pueden sobrepasar las barreras sociales y culturales, por estar quizás entroncadas en los mecanismos biológicos y psicológicos básicos de la condición humana. […]

Si en el pensamiento científico no podía hablarse de una presencia absolutamente no efectiva, en el caso del pasado humano, por el contrario, sí que tiene sentido hablar de una ausencia absoluta, la de todos aquellos que quedan más allá de la memoria de los vivos, de aquellos que ningún artificio puede hacer presentes, y que, sin embargo y paradójicamente, constituyen precisamente el objeto de estudio la historia que intente abarcar algo más que el tiempo presente. Muchas veces los seres humanos prefieren perder la razón antes que la esperanza. En el caso de la muerte, los ritos y las representaciones funerarias, la antropología y la historia son una buena prueba de ello. La humanidad parece que ha querido negar el carácter ineluctable de la muerte y al igual que el pensamiento científico parece no querer admitir la ausencia radical de algunos, o quizás la mayoría –si tenemos en cuenta el tiempo histórico transcurrido– de sus miembros. Lo que los esfuerzos individuales y colectivos han intentado hacer para lograr la presencia de los difuntos lo ha venido haciendo a nivel colectivo, tanto en cuanto género literario como en cuanto saber supuestamente científico. Por ello será necesario pasar ahora del nivel individual y afectivo al nivel colectivo y de las representaciones sociales, que es en donde la historia halla su lugar.

José Carlos Bermejo Barrera, «La modalidad en la Historia: Ausencia y presencia: dos categorías del entendimiento histórico», ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 71, 72, 76, 78 y 79.

(Coda: Mira que había leído veces a Bermejo Barrera y solo ahora me dio cuenta del uso tan atroz que le da a las comas.)

«Ausencia presente» (última), foto de Álvaro Pérez Mulas, 23 de agosto de 2008.

Un sueño de poder estar juntos / Vuelto un lío más brillante / Un signo desvaído es lo que mejor digo / Ahora, ahora. / Deja sitio a lo más sencillo: / No encontrar las horas es lo nuestro / Un destino o un anhelo, / Ya lo sé. / Pues yo tuve suerte / Por leer letras y no escribirlas, / Sacándole fotos a cualquiera, / Ya lo sé. / Deja a los rayos de sol / Deja a los rayos de sol / Deja a los rayos de sol, déjalos entrar / Para que nos enseñen que mañana puede no ser: / Cuando el día se acaba es cuando lo sabemos.

Au Revoir Simone, «The Lucky One», del álbum The Bird of Music, 2006.

For all their variety of subject matter, the essays collected here converge in method as well as in thesis. They assume that feats of scholarship are just as complex—and require just as rich and flexible a set of interpretative techniques—as feats of philosophical or scientific work. The scholar reasoning about a difficult text works within a set of contexts. Personal needs and circumstances, professional customs and institutions, long-standing intellectual and technical traditions, and recent polemics all shape his methods and help to dictate his conclusions. He is the prisoner of his own tastes and obsessions, interests and insentivities. His deceptively modern-sounding arguments often address now-forgotten and unlikely issues or follow from now-obscure and alien premises. Hence no early work of classical scholarship—however austerely technical and modern it may seem—can simply be read off like a modern journal article (not that these lack their own subterranean politics of allusion and quotation, often imperceptible to the outsider). Only systematic comparison between a given work under analysis and many earlier and contemporary texts can make the modern reader familiar with the inherited technical language a past scholar used; without the familiarity one cannot distinguish between the novel and the traditional, the original and the tralatitious. Only careful study of the responses that the work in question evoked from contemporary and later scholars, finally, can enable the modern reader to uncover its original agenda of personal and technical polemics. And only an inquiry that gives due attention to each of these factors can do historical justice to a complex work of scholarship.

 

Por mucha que sea la variedad de los asuntos que se tratan, los trabajos aquí reunidos convergen tanto por el método como por la tesis. Parten de que las proezas de la erudición son igual de complejas que las proezas del trabajo filosófico y científico (y necesitan de un conjunto de técnicas interpretativas igual de ricas y flexibles). El investigador que discurre a propósito de un texto difícil trabaja dentro de una serie de contextos. Necesidades y circunstancias personales, costumbres e instituciones profesionales, tradiciones intelectuales o técnicas de antiguo origen, polémicas recientes: todo da forma a sus métodos y ayuda a concluir lo que concluye. Es prisionero de sus propios gustos y obsesiones, de sus intereses y su mútila sensibilidad. Sus argumentos engañosos que suenan a moderno suelen referirse a asuntos hoy olvidados o imposibes, o se infieren de premisas hoy tan oscuras como ajenas. Por esto, ningún trabajo antiguo de erudición clásica puede evaluarse como un artículo de periódico moderno (y no es que estos anden faltos de su propia política subterránea de alusiones y citas, a menudo imperceptibles para los no iniciados). Solo la comparación sistemática entre un trabajo que se analice y muchos textos antiguos o contemporáneos puede proporcionar al lector moderno la familiaridad necesaria con el lenguaje técnico heredado que usó un erudito del pasado. Sin esa familiaridad, no se puede distinguir entre lo novedoso y lo tradicional, lo original y lo transmitido. Solo el estudio cuidadoso de las respuestas que el trabajo en cuestión despertó en los eruditos coetáneos o posteriores puede, por último, permitir al lector moderno desvelar los presupuestos primeros de ánimo personal e intención polémica. Y solo una indagación que dé la debida atención a cada uno de estos factores puede hacer justicia histórica a la compleja obra de la erudición.

 

Anthony Grafton, Defenders of the text: The traditions of scholarship in an age of science, 1450-1800, Cambridge MA, Harvard University Press, 1991 (primera edición en rústica, 1994), págs. 12 y 13.

 
 

Nunca es tarde si la dicha es buena: aparte de leerme esta pieza, una más para considerar la obra de Grafton una de las más estimulantes que pululan por los anaqueles de las bibliografías sobre la época y los tiempos de Alfonso de Zamora, nunca sobra advertirle retrospectivamente al autor que donde de the scholar reasoning pronombra he («él» por presunta antonomasia gramatical) bien podría haber ido una she («ella») que nos apartara de recaer en la funesta manía de generalizar solo en género masculino. ¿Una tontería? Bueno, tanto como decir que, habiendo la común lengua española (en España se entiende; ¿o en el resto del Imperio?) para qué nos vamos a complicar hablando lenguas dignísimas pero poco eficaces. Ya se sabe que la diversidad, por muy bella y muy loable que resulte, es fundamentalmente poco eficaz. Ya lo decía don Gregorio (Peces-Barba) y don Gregorio (Salvador), gentes ambas de orden como son. Del orden establecido, concretamente, en el que tan fructífera carrera han hecho ambos (y no pocos de su eficacísimo pensamiento). Primum uiuere, que el Talmud dice que «si no hay de qué comer [‘trigo’], no hay de qué discurrir [‘la Torá’]».

 

Luego:

Es prisionero de sus propios gustos y obsesiones, de sus intereses y su mútila sensibilidad. Sus argumentos engañosos que suenan a moderno suelen referirse a asuntos hoy olvidados o imposibes, o se infieren de premisas hoy tan oscuras como ajenas.

 

Salvo porque el muerto está muy vivo y nada olvidado, suscita la comparación con el plaisir malin que se permite Pierre Guichard en la meritoria entrevista que le hicieron hace tres días en Calpe los harqueros, cuando habla de que Eduardo Manzano Moreno hace, en su Conquistadores, emires y califas. Los Omeyas y la formación de Al-Ándalus (Barcelona, Crítica, 2006) donde le pega un buen repaso precisamente a Guichard, un ejercicio de «continuismo» historiográfico con los Beni Codera de Francisco Javier Simonet, Francisco Codera, Julián Ribera, Miguel Asín Palacios, Emilio García Gómez o Joaquín Vallvé (dignísimo profesor, por cierto), adictos a las impresiones de viajes de esta laya:

Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

 

No es que Guichard le susurre (porque lo dice sin hablarlo) «esencialista» y «nacionalista» (¿y «nacional-católico»?), siendo Manzano Moreno el autor de «El problema de la invasión musulmana y la formación del feudalismo: un debate distorsionado», en María José Hidalgo, Dionisio Pérez y Manuel J. R. Gervás (eds.), «Romanización» y «reconquista» en la Península Ibérica : nuevas perspectivas, Salamanca, Universidad, 1998, págs. 339-354; «La creación de un esencialismo: la historia de al-Andalus en la visión del arabismo español», en Manuel Feria y Gonzalo Fernández Parrilla (eds.), Orientalismo, exotismo y traducción, Toledo Escuela de Traductores, 2000, pags. 23-38; o «La construcción histórica del pasado nacional», en Juan Sisinio Pérez Garzón (ed.), La gestión de la memoria : la historia de España al servicio del poder, Barcelona, Crítica, 2000, pàgs. 34-62; sino que el plaisir malin no deja de ser un conjuro de demonios personales poco justificables y una muestra de poca cintura polémica.

 

No se me confundan: a mí, en realidad, me da un poco igual, porque a ninguno de los dos autores, Guichard o Manzano Moreno, le importan un ardite los judíos. Es cosa de principios, nomás.

 

Consuelo: que Matano me dijera que, vista por dentro la casa de los científicos-científicos (ecuaciones, teoremas; cosas de valor, vamos), los asuntos se ventilan igual: con ecuaciones de buenos o malos quereres (los mismos que salvaban o fusilaban en la tapia del cementerio de Monreal en la Guerra Civil) más que con fundamentos de muchos o pocos valeres. Y que R. me advirtiera de que no fuera a creer, que entre germanistas y eslavólogos, catedráticos y más de un titular no andaban más sobrados de lengua que entre arabistas y hebraístas. Gracias al Cielo que aún nos quedan claves gnósticas, casi místicas, de comprensión del mundo: RPTs, por ejemplo.

 

Coda: Dios nos libre a los madrileños de los Juegos Olímpicos de 2016.

Pues yo iba a hablarles de otra cosa, ciertamente marginal, pero oigan, ya ven, casi cambio de tercio:

A lot of what the new wave of “contextual Talmudists” do, is make connections between textual (that is, non-material) things and probe their significance. It’s a messy business and often difficult to argue or articulate what is a parallel worth pursuing and what is a strangely coincidental set of characteristics. The problem plagues virtually every area of comparative historical research, but particularly of ancient times and even when physical objects are being considered. If everything in the room that I am now sitting in will vanish (as it one day will), save for a few, arbitrary objects, will anyone be able to reconstruct the feeling of sitting where I sit and breathing the air I breathe, watching the flashes of lightening across a charred gotham sky, the pitter-patter of a soaking summer rain on the fast streets below? And yet scholars do it all the time, and occasionally get somewhere with the few things that remain. Of course the interest in not in the texture of banal living, but in the world of thoughts, ideas, and religion. Against all odds, even this sometimes works.

mss Napoles seleccion

Manuscrito (ahora) de Nápoles, copiado por Alfonso de Zamora.

Why is it amazing, then, to caress a piece of clay in the palm of your hand, hold it up against a page, and realize that a Zoroastrian bureaucrat stamped his seal here and there, and authorized a set of documents which transacted a field in the foothills of the Alborz range? The peculiar human desire to traverse the distances until it reaches that “foreign country.” The true mystery of scholarship.

Mucho de lo que la nueva ola de «talmudistas del contexto» hacemos es relacionar cosas textuales (es decir, inmateriales) y confirmar su relevancia. No es nada fácil y, no pocas veces, resulta difícil dar argumentos o establecer qué paralelismos merece la pena seguir frente a lo que no es más que un conjunto de características extrañamente coincidentes. Este problema afecta en la práctica a casi cualquier ámbito de la metodología comparativa de la historia, pero más si cabe en Historia Antigua e incluso cuando se estudian objetos físicos. Si todo lo que hay en la habitación donde me encuentro ahora, desaparecerá (como ocurrirá algún día), salvo unos pocos objetos de forma arbitraria, ¿podrá alguien reconstruir qué se siente al estar aquí donde estoy y respirar el aire que respiro, viendo los destellos de relámpagos por el cielo calcinado de Nueva York, el chapoteo de un chubasco estival en las veloces calles ahí abajo? Y sin embargo los investigadores no dejan nunca de hacerlo, y de vez cuando consiguen llegar a algo con lo poco que ha quedado. Claro está que lo interesante no es la urdimbre de la banalidad cotidiana sino el mundo del pensamiento, las ideas y la religión. Contra lo que pueda imaginarse, hasta eso funciona a veces.

¿Por qué sorprende tanto entonces tentar un trozo de arcilla en la palma de la mano, sostenerla frente a una página y caer en la cuenta de que un burócrata zoroastriano estampó su sello aquí y allí, y autenticó una serie de documentos de compraventa de unos campos en las laderas de la cordillera de Elburz? El curioso anhelo humano de atraversar las distancias hasta alcanzar la frontera de ese «país extranjero». El verdadero misterio de la investigación.

Shai, «Department of Sigillography», The Talmud Blog (cuya primera noticia me la dio el mozo de los manuscritos), 26 de julio de 2009.

«I feel alive», del disco Ashfield Avenue de Alondra Bentley, 2009 (conocido a través del blog de Begoña Martínez).

[Valladolid, 30 de noviembre de 1492]: «Yuçé aben Farax, judío, e para Pedro Osorio, su hijo, contra Ioham de la Rúa, de Salamanca»

Valladolid, Archivo de la Real Chancillería, Ejecutorias, legajo 45 (antiguo 23), citado en Carlos Carrete Parrondo, Fontes iudaeorum Regni Castellae, Salamanca, Universidad Pontificia y Granada, Universidad, 1981, vol. I: Provincia de Salamanca, pág. 135, § 386.

sello-maimonides

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, España, 1967.

A veces asombra contemplar la desproporcionada e ininterrumpida producción bibliográfica, cuyo resultado se reduce a centenares de páginas dedicadas a temas de nuestra historia enormemente atractivos: Inquisición, conversos, estatutos de pureza de sangre, mesianismo, alumbrados, erasmismo… Y en no pocas ocasiones gravitan sobre un término tan polémico como desfigurado: judío, a quien a menudo le falta un nombre y le sobran leyendas.

Cualquier estudio sobre el judaísmo castellano durante la amplia época a la que convencionalmente se la suele designar como medieval ha de basarse en principio sobre fundamentos documentales. Este es, sin duda, el primer paso: más tarde y aplicando los variopintos métodos de interpretación histórica hoy – o mañana – más usuales, tal vez podrán comprenderse múltiples facetas que ahora pueden parecernos oscuras o hipotéticas. Los documentos, aunque discrepen de los postulados que con inflexible rigidez tratan de mantener algunos teorizantes, serán los que ofrezcan la primera – y acaso la última y definitiva afirmación.

Carlos Carrete Parrondo, Fontes iudaeorum Regni Castellae, vol. I: Provincia de Salamanca, Salamanca y Granada, 1981, pág. 9

The general climate of public and academic opinion during the last few years has not become more favourable to the field and method of study represented by these volumes. Historical studies have been heavily infiltrated by political and ideological, journalistic and faddish concerns, and historical documentation and philological scholarship are held in contempt in the name of “commitment”. It is usually not spelled out to what we are commited and it seems to be forgotten that we might be committed to very wrong and harmful ideas and causes.

I have therefore ventured to choose as the motto for this volume a phrase from a letter I once wrote on these matters to a French colleague [“le seul engagement digne d’un savant c’est l’engagement envers la vérité ou au moins envers la recherche de la vérité”].

«Correo hebreo», primera emisión filatélica del Estado de Israel, 1948.

«Correo hebreo», primera emisión filatélica del Estado de Israel, 1948.

El clima general de la opinión pública y del mundo académico no se ha hecho más favorable, en los últimos años, a la disciplina y el método de estudio que representan estos volúmenes. Se han introducido hasta el tuétano de los estudios históricos preocupaciones de índole política e ideológica, periodística y volátil, por las que se miran con desdén los documentos históricos y la ciencia filológica en nombre del «compromiso». No se suele especificar a qué estamos comprometidos y parece echarse en el olvido que puede darse el caso de que estemos comprometidos con ideas y naturalezas profundamente erróneas y dañinas.

En consecuencia, me he atrevido a elegir como emblema de este volumen una frase de una carta que le escribí una vez a un colega francés [«El único compromiso digno de un erudito es el de comprometerse con la verdad o, al menos, con la búsqueda de la verdad»].

Paul Oskar Kristeller, Iter Italicum accedunt alia itinera: a finding list of uncatalogued or incompletely catalogued humanistic manuscripts of the Renaissance in Italian and other libraries, Londres, The Warburg Institute y Leiden, Brill, vol. iv: Great Britain to Spain (Alia itinera, ii), 1989 (prólogo fechado en 1987), pág. xviii.

The climate of public and academic opinion has not changed since 1987 when I described it in the preface to Volume IV. If anything, it has become worse in its obsession with faddish ideas and its contempt for solid scholarship. I trust my motto from Epicurus is pertinent [“An opinion is valid when it is confirmed and not refuted by the evidence of a sense perception”], for also the opinion of a historian is valid only when it is confirmed and not refuted by bibliographical, documentary and textual evidence. An opinion that does not stand this test should be rejected, however appealing for political or other reasons. I hope this modest compilation will help to put an end to many wrong opinions and to restore “traditional” scholarship to its right place.

Maimonides-stampEl clima de la opinión pública y del mundo académico no ha cambiado desde 1987 cuando lo describí en el prólogo al volumen IV. Más bien ha ido a peor la obsesión por las ideas volátiles y el desdén por la sólida ciencia. Confío en que el lema que tomé de Epicuro sigue siendo pertinente [«Una opinión es válida cuando la confirma y no la desmiente la evidencia de lo que perciben los sentidos»], ya que la opinión de un historiador es asimismo válida solo cuando la confirma y no la desmiente la evidencia bibliográfica, documental o textual. Cualquier opinión que no superara semejante examen debería ser rechazada, por muy atractiva que resultara por razones políticas o de otro género. Espero que esta modesta compilación ayudará a acabar con muchas opiniones erróneas y a devolver a la erudición «tradicional» el lugar que le corresponde.

Paul Oskar Kristeller, Iter Italicum accedunt alia itinera: a finding list of uncatalogued or incompletely catalogued humanistic manuscripts of the Renaissance in Italian and other libraries, Londres, The Warburg Institute y Leiden, Brill, vol.v: Sweden to Yugoslavia, Utopia and Supplement to Italy (A-F) (Alia itinera, iii & Italy, iii), 1990, pág. xix.

Aguila de MoncloaLa cosa fue más o menos así: I. (démosle tal pseudónimo) marchó de Lisboa (un suponer)  a Roma (como si dijéramos) con la voluntad decidida de demostrar que el régimen de Salazar fue fascista. Volvió al cabo de unos años de Roma (como si dijéramos) a Lisboa (un suponer) convencido de que el régimen de Salazar fue dictatorial, sanguinario, conservador, militarista, colonialista, supremacista portugués y cometió varios pecados mortales más, pero fascista, lo que se dice fascista, I. (démosle tal pseudónimo) no podía decir que hubiera sido fascista a la vista de la documentación y de las pruebas.

Nosotros podríamos sustanciar nuestra hipótesis de trabajo de la siguiente manera: nunca permitas que una buena hipótesis, incluso una hipótesis humana, humanista y justiciera, te perturbe la realidad de los hechos. Incluso podríamos hacerlo medieval: antes, la cosa. Mirada y remirada la cosa, búscate el nombre con el que hayas de conocerla.

Mientras, en el otro extremo de la galaxia o quizá no tanto:

Esta actitud está dañando la calidad de vida de las clases populares de España y de sus CCAA. Estas últimas tienen la responsabilidad de gestionar sus estados del bienestar con unos fondos que son claramente insuficientes. La cifra que el Estado ha citado para cubrir sus déficits (9.000 millones de euros) es, a todas luces, insuficiente. Mientras, continúa la filosofía de no aumentar los impuestos (excepto en tabaco e hidrocarburos). Esta situación, si continúa, es potencialmente inestable políticamente. Es bien conocida la situación de que, a mayor desigualdad, mayor criminalidad y mayor descohesión social. España, que es después de EEUU el país con mayores desigualdades de renta en la OCDE, es también el que se gasta más en policía y seguridad, siendo, después de EEUU, el país que tiene un porcentaje mayor de tal gasto (2,1% del PIB y EEUU 2,2%). En contraste, Noruega con un 0,9%; Suecia con un 1,3%; y Dinamarca con un 0,9%, son los países que tienen menos gasto en policía y seguridad, y tienen menos desigualdades.

Vicenç Navarro, «¿Demasiados funcionarios?», Público, 25 de junio de 2009.

Pavimento fascista

«Águila», foto de Manu Eiroa, 1 de diciembre de 2008; «Roma: Stadio Olimpico», foto de Ladypedina, 30 de enero de 2005.

En esta época también se aprecia en sus lecturas escolares un notable interés por la historia de la Corona de Aragón y de Portugal. En la formación de Felipe II habían fracasado los intentos por enlazarle con Aragón, pues, aunque en 1553 Francesch Tarafa le dedicó su Chronica de la prouincia de Cathelunya en la Citerior Spanya [Madrid, BNE, mss. 1880], su intento por contrarrestar la imagen castellanocéntrica del futuro soberano [JdPP: el príncipe Don Carlos] era ya tardío. No ha de sorprender, por tanto, que en 1557 Cristofor [JdPP: sic] Despuig denunciará [sic] en sus Colloquis de la insigne ciutat de Tortosa la pretensión castellana de monopolizar la españolidad.

[Els castellans tots son casi de esta manera que per no publicar la gloria dels espanyols que no son castellans, volen la veritat y per fer gloriosa la sua propia nació no dubten d’escriure materia […] questos castellans s’en beven tot.]

[Los castellanos son casi todos de esta manera, que, para no publicar la gloria de los españoles que no son castellanos, velan [¿?] la verdad y para hacer gloriosa a su propia nación no dudan en escribir materia […] de la que estos castellanos toda beben.]

Sin embargo, la presencia de Honorato Juan facilitó que este programa, «aragonesizador» se desviara hacia su pupilo, entonces un niño, pero futuro rey. Ya en 1556 compró para el príncipe un ejemplar de «los dichos del Rei don Alonso», de Beccadelli [¿Dichos y Hechos notables, graciosos y elegantes, del sabio Rey don Alonso de Aragón, y de Nápoles, adicionados por Eneas Siluio, Obispo de Sena, otramente dicho Papa Pío, aora nueuamente traduzidos y recopilados en lengua Castellana […], Amberes, Juan Lacio, 1554?], lectura que un año después fue seguida por el obsequio de la Chronica o comentaris del gloriosissim Rey En Iacme primer rey d’Aragó, dedicada al príncipe don Carlos, todavía infant de Aragó, por los jurados de Valencia. […] Su esfuerzo no fue en vano, pues don Carlos se mostró muy interesado por las cuestiones aragonesas. En 1559 solicitó al protonotario de Aragón, Miguel Clemente, que le llevara el original manuscrito del Libro de las Ordenaciones de la Corona de Aragón, y tras verlo le pidió que le hiciera una copia. Según recuerda el cortesano, la primera vez que don Carlos le pidió la copia, tras consultarlo con Honorato Juan y García de Toledo, se decidió que el tema no era todavía adecuado para la tierna edad del príncipe (¡catorce años!), pero como éste le insistió en 1562, decidió cumplir el antiguo encargo [Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, mss. H-II-10].

José Luis González Sánchez-Molero, «Lectura y bibliofilia en el príncipe don Carlos (1545-1568), o la alucinada búsqueda de la ‘sabiduría’», en Pedro María Cátedra y María Luisa López-Vidriero, edición al cuidado de María Isabel de Páiz Hernández, La memoria de los libros. Estudios sobre la historia del escrito y de la lectura en Europa y América, Salamanca, Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, Fundación Duques de Soria, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2004, págs. 713 y 714.

Qui voudra se desfaire de ce violent prejudice de la coustume, il trouvera plusieurs choses receues d’une resolution indubitable, qui n’ont appuy qu’en la barbe chenue et rides de l’usage qui les accompaigne; mais, ce masque arraché, rapportant les choses à la verité et à la raison, il sentira son jugement comme tout bouleversé, et remis pourtant en bien plus seur estat.

[«Quien quiera librarse de este violento prejuicio de la costumbre, hallará algunas cosas heredadas de un decidido carácter inamovible, cuyo apoyo reside tan solo en la canosa barba y en las arrugas de la usanza que les acompaña. Mas, arrancada esta máscara, confrontadas las cosas con la verdad y la razón, sentirá que su juicio se transforma por entero, repuesto, contra lo que parecer pudiera, en su más cierto estado».]

Michel de Montaigne (1533-1592), Essais [«Ensayos»], libro i, capítulo xxiii [pág. 117]

Supongo que no tengo que justificar por aquí ni las catalonofilias ni las valencianofilias del menda y, siguiendo el eslogan baturro de este blog que ha salido alguna vez por aquí («porque quiero, porque puedo y porque me da la gana»), hoy escribo de lo judeo-catalán (entendido lingüísticamente, así que saldrán valencianos -¿e isleños de los que son illencs por antonomasia?). Aparte de mi propia querencia y mis propias filias, procuraré responder a una pregunta de Alexandre. Aunque trataré de que todos los que estén, sean, más que seguramente todos los que son no estarán, así que os invito a completar, corregir o enviar a la hoguera en los comentarios las referencias que escribiré a continuación.

Empiezo por el final. Me acaba de llegar la noticia de la publicación de un volumen que tiene pinta de notable. Deberían ser las actas del sexto «International Congress for Research on the Sephardic and Oriental Jewish Heritage», que convocaron en Jerusalén la institución Misgav Yerushalayim (este es el nombre normalizado en transcripción latina que ellos utilizan; no consigo encontrar ninguna página web institucional suya [!]) de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Según la nota de prensa por la que me entero de la publicación del volumen, el libro no es sin más unas actas: «many of the original lectures have been expanded-some of them, considerably so-enabling the topics to receive the full attention they merit, unrestricted by the time limitations of a conference lecture» («se ha ampliado buena parte de las ponencias originales (algunas de forma considerable), permitiendo que los temas reciban toda la atención que merecen, sin las restricciones de tiempo de una ponencia congresual»).

Os doy los datos catalográficos completos y luego iremos parte por parte, como quien dice artículo por artículo: David Bunis (editor), Languages and literatures of Sephardic and Oriental Jewry (título en hebreo: לשונות יהודי ספרד והמזרח וספרויותיהם), Jerusalén, Misgav Yerushalayim y The Bialik Institute, 2009 (no he conseguido saber el ISBN de la publicación).

Todavía no he podido echarle un ojo, así que doy el nombre del autor, el título del artículo, la página de inicio, que es la única que sale reseñada en la nota de prensa, y la posible página final, calculada con el siempre atrabilario método de la cuenta de la vieja.

Quizá conviniera empezar por el artículo que se ocupa del estado de la cuestión de las judeo-lenguas de la Península Ibérica, de las que no parece razonable opinar que no formase parte el posible judeo-catalán: Elaine R. Miller, «The debate over pre-Expulsion Judeo-Spanish: status quaestionis», 167-¿187?. Sobre temas directamente relacionados, habría que consultar: Meritxell Blasco Orellana, «La poliglotia de los judíos de la Corona de Aragón reflejada en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Cataluña», 86-¿93?; José Vicente Niclós Albarracín, «Contribución a la descripción de palabras en romance castellano y catalán en la obra hebrea de S. T. Ibn Shaprut», 188-¿210? (se refiere a Šem Ṭov ibn Šaprūṭ -aunque yo lo transcribiría «Abenšaprūṭ»; manías mías-, del siglo xiv; sobre este personaje véase Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borràs, Diccionario de autores judíos (Sefarad. Siglos x-xv), Córdoba, El Almendro, pág. 103 y la venerable bibliografía que citan estos autores).

Puesto que una de las hipótesis de pervivencia de un hipotético romance judeo-catalán después de 1492 y hasta el siglo xx se centra en la ciudad de Salónica y, aunque sea de poca utilidad para quien van dirigidas estas líneas por pura limitación lingüística, habrá que dejar anotada la existencia de este artículo en hebreo: Jacob Bentolila, «לשון ותרבות בשאלוניקי היהודית» («Lengua y cultura en la Salónica judía»), 55-¿61?.

Sobre el tema general de los componentes del judeo-español, probablemente será de provecho referirse, en este mismo volumen, al artículo de Aldina Quintana Rodríguez (que anda, si no me equivoco, por cierta institución estatal española de investigación sita en la calle Albasanz de Madrid), «Aportación lingüística de los romances aragonés y portugués a la coiné judeoespañola», 221-¿256?. Aun sin leerlo, ya da una idea fundamental que debería retenerse: según el estado actual de nuestros (des)conocimientos, el judeo-español no es castellano, sino una koiné (no veo razón para arromanzarlo en coiné) de base castellana con influjo substrático y adstrático, según diferencias dialectales diatópicas, de casi todos los romances peninsulares anteriores a 1492: castellano, catalán-valenciano, aragonés y portugués. Ejemplo de esto son isoglosas del tipo קאלי /kále/ («hay que», «débese») que parece pero no es catalán, que había desaparecido del uso corriente en el castellano del siglo xv pero que es (¡oh casualidad!) palabra de uso corriente en el castellano de substrato fuertemente aragonés de mi propia familia.

Puestos a hablar de koinés, no debe olvidarse que el propio idioma que hoy llamamos español o castellano es, en origen, una koiné trabajosamente estandarizada: Donald N. Tuten, Koineization in Medieval Spanish, Berlín, Nueva York, Walter de Gruyter, 2003.

Aldina Quintana-Rodríguez es una autora particularmente prolífica, algunos de cuyos otros trabajos merecen citarse aquí: Geografía lingüística del judeoespañol. Estudio diacrónico y sincrónico, Bern, Peter Lang, 2006; «La influencia del romance aragonés en el judeo-español», en A. Romero Santamaría y M. A. Motis Dolader (coordinadores), Aragón Sefarad, vol. 1, Zaragoza, Diputación de Zaragoza e Ibercaja, 2005, págs. 509-520; «A Sephardic Siddur with ritual instructions in Aragonese Romance. Ms. Oxford, Bodleian Library 1133 (Opp. Add. 8° 18)», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), nº. iv (2004), págs. 138-151; «El sustrato y el adstrato portugués en judeoespañol», Judenspanisch, vii (colección «Neue Romania»: Veröffentlichungsreihe des Studienbereichs Neue Romania des Instituts für Romanische Philologie der Freien Universität (Berlín), nº. 31) 2004, págs. 167-192; «Concomitancias lingüísticas entre el ladino (judeoespañol) y el aragonés», Archivo de Filología Aragonesa (Zaragoza), vol. lvii-lviii (2001), págs. 163-194; «El sonido etimológico [f-] en judeoespañol: variación diatópica y sus causas», Sefárdica (Buenos Aires), vol. xvi (2006), págs. 129-140 y «Responsa testimonies and letters written in the 16th-century Spanish spoken by Sephardim», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), vol. v (2007), págs. 2832-301.

Volvamos a la estricta observancia judeo-catalana: Meritxell Blasco Orellana, «Els documents hebraics de l’Arxiu Comarcal de Cervera», en Tessa Caldés i Artís (coordinadora), Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 175-186, actas que están en línea aquí; «Lèxic català en un manuscrit hebraicoaljamiat del segle XIV (Còdex Soberanas, ms. 3090 de la Biblioteca Nacional de Catalunya)», Actes del I Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Universitat de Barcelona, Publicacions i Edicions, 2004, págs. 139-145, actas en línea aquí; y, en un desliz aragonés pero interesante: «A manuscript from the Xvth [sic] century in Hebrew-Aragonese script (JNUL, Yah. Ms. Heb. 242)», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), vol. iv (2004) págs. 152-165.

Más: José Ramón Magdalena Nom de Déu, «Las otras judeolenguas de Sefarad antes de la Expulsión», en Josep Ribera i Florit (editor), Simposi internacional sobre cultura sefardita (1992: Barcelona), Barcelona, Facultat de Filologia, Secció d’Hebreu i Arameu, 1993, págs. 73-82; «Judeorromances ‘marginales’ de Sefarad», Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección de Hebreo; Granada), vol. xxxvii-xxxviii, nº. 2 (1988-1989), págs. 41-53; «Etimología no semítica de call», Calls (Tàrrega), nº. 2 (1987), págs. 7-16; este mismo autor cofirmando con Gregorio del Olmo Lete, «Documento hebreo-catalán de farmacopea medieval», Anuario de Filología (Barcelona), vol. vi (1980), págs. 159-187.

Un autor riguroso siempre (aun cuando se equivoca) de interés indudable es Jaume Riera i Sans, que tiene publicado, sobre el tema que nos ocupa, lo siguiente: «Cent trenta-nou volums de llibres d’un jueu mercader i talmudista: Mossé Almaterí (1362)», Sefarad (Madrid), vol. lxviii, nº. 1 (2008), págs. 15-35; «Estudis forasters sobre el judaisme català fins a l’any 1929», Calls (Tàrrega), vol. iv (1990), págs. 95-157; «Estudis sobre el judaisme català, anys 1836-1928», Calls (Tàrrega), vol. iii (1989), págs. 103-135; «La història dels jueus en el Viage literario del P. Jaume Villanueva», Calls (Tàrrega), vol. iii (1989), págs. 9-28; «Antroponímia jueva mallorquina (segles xiii-xv)», Societat d’Onomàstica: Butlletí interior (Barcelona), vol. x (1982), págs. 58-65; «Un recull d’oracions en català dels conversos jueus (segle xv)», Estudis Romànics (Barcelona), vol. xvi (1980), págs. 49-97; y «Els documents en hebreu conservats a l’Arxiu de la Corona d’Aragó», Miscellanea Barcinonesia (Barcelona), nº. 49 (1978), págs. 21-36.

Varios y sueltos por ahí, se pueden citar: Mariángeles [sic] Lozano Galán, «La lengua hablada por los judíos de Mallorca en la Edad Media», en Jornades d’història dels jueus a Catalunya. Actes: Girona, abril 1987, Girona, Ajuntament de Girona, 1987, págs. 327-332; Joan A. Argenter, «Code-switching and dialogism : verbal practices among Catalan Jews in the Middle Ages», Language in Society (revista publicada por Cambridge University Press), vol. xxx, nº. 3 (2001), págs. 377-402; Édouard Roditi, «La poésie judéo-catalane populaire du Moyen Âge», Pardès: Revue européenne d’études et de culture juives (París), nº. 15 (1992), págs. 208-217; Philip Daileader, «La coutume dans un pays aux trois religions: la Catalogne, 1228-1319», Annales du Midi: revue de la France méridionale (Toulouse -o, bueno, «Tolosa de Llenguadoc»-), nº. 255 (2006), págs. 369-385; Amos Dodi, «Liturgical Hebrew in 13th-15th century Catalonia», Folia Linguistica Historica (Berlín), vol. xxvi, nº. 1-2 (2006-2007), págs. 27-43; Florence Touati-Wachsstock, «La halacha en Catalogne: un élément constituant de l’identité judéo-catalane», Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 167-173 (contribución manifiestamente mejorable); Martine Berthelot Puig-Montero, «Comunitats i associacions jueves actuals en els territoris de llengua catalana : esbós general i pistes de reflexió per a un projecte d’investigació», Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 91-104 (que comparte naturaleza con la referencia anterior); de la misma autora, «Pour une histoire des juifs en Catalogne du Nord : réalités, perspectives de recherche et références bibliographiques»,  Perpignan; l’histoire des Juifs dans la ville (XIIe-XXe siècles). Recueil des communications du colloque organisé par l’Association Amitié Judéo-chrétienne et le service des Archives de la ville de Perpignan, Perpignan, Archives communales, 2003, págs. 255-271; en ese mismo volumen, de Danièle Iancu-Agou, «Les élites lettrées juives dans l’espace catalano-occitan (xve siècle)», págs. 63-72; Josep Maria Lloret i Portabella, «Documents de jueus de Cervera (segle xv) que contenen títols de llibres», Tamid (Barcelona), nº. 3 (2000-2001), págs. 49-63, en línea en el sitio web de la Societat Catalana d’Estudis Hebraics, filial del Institut d’Estudis Catalans, de la que es órgano científico esta revista; Roderic Pita Mercè, «Cognoms que tenen origen en topònims francesos i que foren usats pels jueus medievals catalans», Col·loqui d’història dels jueus a la Corona d’Aragó I, 1989, Lleida, Institut d’Estudis Ilerdencs, 1991, vol. ii, págs. 429-437.

Parémonos aquí, más por agotamiento vuestro que por razón particular ninguna, y pasemos a la bronca.

Institución que supongo activa en esto del judeo-catalanismo (en sentido enervantemente estricto), pero con la que yo no he tenido mucho trato, tengo que citar el Institut d’Estudis «Món Juïc» de Barcelona. Dicho a calzón quitado al modo de mi pueblo y para que nos entendamos rápido: su línea ideológica no me inspira confianza. Decir esto en el primer párrafo de la primera página de su proyecto de creación y de estatutos:

El judaisme català fou present en els territoris de llengua catalana, que s’estenen més enllà del marc geogràfic de la península Ibèrica, en un període de més de 600 anys, i va desenvolupar una pròspera cultura pròpia, amb personatges cabdals, amb una extensa producció literària, religiosa, filosòfica i científica i amb un moviment ideològic propi, i unes relacions i influències amb el poder social polític concretes i diferents del que massa sovint s’ha volgut englobar dins del terme equívoc de Sefarad.

es poner los bueyes (o el burro catalán y catalanista) delante del carro.

Equívoco (¿por qué no habrán escrito falso sin más, que es lo que estaban pensando?), tal vez. Mejor polisémico, como cualquier otro topónimo ahora y siempre. En cualquier caso, se ha de preferir lo equívoco de Sefarad a la interpretación torticera (¿«judaísmo catalán»? ¿Y por qué no «judaísmo mostoleño»?) que informa el proyecto ideológico del Institut d’Estudis «Món Juïc». Lo que hace este instituto (creado, por cierto, por profesores de las universidades catalanas, sin que uno entienda muy bien el motivo de ese exilio autoimpuesto e involuntario) es poner el carro delante de los bueyes. Esta práctica solo puede conducir al topetazo, el accidente y a desgraciarse: el carro, los bueyes, el que lo monta y los que paseen por allí.

Si al menos hubieran tenido la vergüenza, que yo no les exigiré que sea torera, de citar a los clásicos (que nadie parece haber leído nunca): S. Kraus, «השמות אשכנז וספרד» («Los nombres Ashkenaz y Sefarad»), Tarbiz (Jerusalén), vol. iii, nº. 4 (5962=1932), págs. 423-435 y Leopold Zunz, «Ueber die in den hebräisch-jüdischen Schriften vorkommenden hispanischen Ortnamen», Zeitschrift für die Wissenschaft des Judentums (Berlín), vol. i (¡y único!), 1823, págs. 114-176, disponible digitalizado aquí.

En eso de leer lo que ya se ha hecho (en 1823…) los del «Món Juïc» son muy españoles: trabajar, lo justito, ya se sabe. Ahora, para el oropel y la obcecación, para eso andan sobrados de ganas e ilusión.

Tres ejemplos de esta erudición burresca son los siguientes: Eduard Feliu, «La trama i l’ordit de la història dels jueus a la Catalunya medieval», Actes del I Congrés per a l’estudi dels jueus en territori de llengua catalana: Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, págs. 9-29; del mismo autor, «Cataluña no era Sefarad: precisiones terminológicas» (que igual podría haber llamado «Freedom for Catalonia»), en Mariona Companys (ed.), La Cataluña judía, Barcelona, Àmbit, Museu d’Història de Catalunya, 25-35 (que existe también en versión catalana, como el resto del volumen del que forma parte); y Simon Schwarzfuchs, «La Catalogne et l’invention de Sefarad», Actes del I Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2004, págs. 187-210, que está en línea como el primer artículo de Eduard Feliu en la URL que he señalado más arriba.

Estas tres contribuciones son un ejemplo poco honrado y nada noble de esa práctica académica tan lamentable que los ingleses llaman cherry picking: cojo lo que me gusta, dejo lo que no y a la realidad, mientras tanto, que la zurzan. Llevo algún tiempo dedicándole algún esfuerzo a contradecir uno por uno los argumentos tanto de Feliu como de Schwarzfuchs. Si uno coge otra combinación de silvestres florecillas, resulta (¡vaya sorpresa!) que le sale un ramo bien distinto. En mi opinión, lo único que puede concluir sobre el particular el estado actual de nuestra ignorancia, es precisamente que no se puede concluir, de momento, nada. Intentar construir con estos cimientos la nación española, catalana, pancatalana o israelí es, sin más, fútil, vano, presuntuoso y torticero.

Por cierto, ni Feliu ni Schwarzfuchs citan a Kraus ni a Zunz. ¿Para qué?

Así lo dejo: queden advertidos que la cosa está hecha y publicada a lo trop a lo trop, que dicen en el catalán de Elche, en el País Valenciano. Pero es que ahora o nunca.

Quédense con un aserto: los seres humanos hemos hablado siempre y a la vez muchas lenguas. Y siempre nos hemos llevado mal. Entre estos dos extremos se ha movido nuestra existencia lingüística e identitaria y las combinaciones existenciales que resultan. Y los judíos sin más, los ibero-judíos y los judeo-catalanes (o catalano-judíos) no fueron menos humanos que cualquiera de nosotros.

Posdata personalizada: Como ya sabes, Antonio, no olvido la deuda, pero me es materialmente imposible saldarla ahora y así será por un tiempo. Que el tema es de interés, no has de dudarlo; que la mayor parte de las referencias están en hebreo, tampoco. Por tanto, darte esas referencias sin más sería como empezar una casa, que tiene pinta de rematarse muy bien, por el tejado.

Posdata necrológica del 26 de julio de 2009:

Eduard Feliu i Marbres (1938-2009)

Feliu sobresalió como investigador de temas hebraicos, en especial los relacionados con la historia de la cultura judía en la Catalunya medieval. «En este campo realizó aportaciones fundamentales –subraya Joan Ferrer, profesor de estudios hebraicos de la Universitat de Girona–. Por ejemplo, una cuestión que nunca se había logrado aclarar sobre el término sefardita aplicado alos judíos catalanes. Feliu demostró que llamarles así era un anacronismo histórico, porque los judíos ca- talanes nunca fueron sefarditas. En la Edad Medialos sefarditas eran los judíos que hablaban árabe, mientras que los judíos catalanes hablaban catalán». […]

«Ha sido el mayor conocedor del judaísmo catalán de todos los tiempos –recalca Joan Ferrer–. La historia del judaísmo catalán va de Ramon Martí, un dominicano medieval gran conocedor del Talmud, a Eduard Feliu, traductor de autores fundamentales como Mossè ben Nahman o Maimónides».

Rosa Maria Piñol, «Estudioso del judaísmo catalán» (obituario de Eduard Feliu i Marbres), La Vanguardia, 17 de julio de 2009.

Coda: Estos catalanes tienen un curioso sentido del elogio.

[En la misma serie.]

Para N. A. Jalil, desde este lado del espejo, quien me enseñó lo poco que sé de la heterogeneidad de los moriscos y que me dio las pruebas de que humanidad no hay más que una y silencios, muchos, tanto ahora como en el siglo xvi o en la Edad Media.

Les pirateries de Barbarossa i de Dragut, que mortificaven el litoral valencià, tenien en ells un cap de pont evident. Era llur reacció davant les violències de què eren víctimes -o temien d’ésser-ne. Els moriscos seran, potser sense ells voler-ho, la causa principal del naufragi d’aquella societat.

[«El corso de Barbarrosa y Dragut, que mortificaban el litoral valenciano, tenía en ellos {los moriscos} una cabeza de puente evidente. Así reaccionaban a las violencias de que eran -o temían ser- víctimas. Los moriscos serían, tal vez sin quererlo, la causa principal del naufragio de aquella sociedad.»]

Les aljames continuaven acatant la rectoria moral i religiosa dels alfaquins, celebraven les cerimònies alcoràniques, i duien llur documentació en «algaravia». Si sempre -vull dir, d’ençà de la Conquista- els moros valencians havien conservat llur condició de comunitat distinta, ara, perseguits, se sentiren més a part i aïllats: els lligams morals que els unien ells amb ells van enfortir-se. L’acarament de tots dos pobles, moros i cristians, es convertia en una incompatibilitat insoluble.

[«Las aljamas seguían acatando la dirección moral y religiosa de los alfaquíes, celebraban las ceremonias coránicas y llevaban la documentación en “algarabía“. Si los moros valencianos habían conservado siempre -quiero decir, a partir de la Conquista- su condición de comunidad distinta, ahora, perseguidos, se sintieron más separados y aislados: los lazos morales que los unían entre ellos se reforzaron. El enfrentamiento de ambos pueblos, moros y cristianos, se convertía en una incompatibilidad insoluble».]

Historiadors, polítics i desenfeinats de tota mena han discutit apassionadament, durant els darrers cent cinquanta anys, a propòsit de l’expulsió. Hi ha hagut dicteris esgarrifosos i lloances efusives. Per als uns, allò fou un acte de vandalisme religiós, propi de la rígida intolerància que caracteritzà l’Espanya dels Àustries; fou, de més a més, un error econòmic lamentabilíssim, una causa més, però no insignificant, de la decadència d’aquella Monarquia. Per als altres, en canvi, fou un gest de virtuosa severitat, que, si entranyava afliccions materials, responia a ideals sublims i etcètera. La polèmica, per a mi, no té gaire sentit, i menys en aquests termes. Mirades les coses sincerament, no hi ha dubte que, des del nostre angle -de valencians actuals-, l’expulsió fou una sort. Algun erudit ha comparat la situació valenciana del XVI amb la de l’Algèria del 1961: comparança prou exacta, sí. Els moriscos eren un poble colonial a la pròpia terra -al capdavall, ells eren uns «valencians» més «antics» que els altres-, i els cristians eren una mena de pieds-noirs sobrevinguts i explotadors.

[«Historiadores, políticos y ociosos de toda laya han discutido apasionadamente durante los últimos cincuenta años a propósito de la expulsión. Se han emitido espantosos denuestos y alabanzas efusivas. Para unos, fue un acto de vandalismo religioso, propio de la rígida intolerancia que caracterizó la España de los Austrias; fue, además, un error económico lamentabílisimo, una causa adicional, aunque no insignificante, de la decadencia de aquella Monarquía. Para otros, en cambio, fue un gesto de virtuosa severidad que, si entrañaba aflicciones materiales, respondía a ideales sublimes y etcétera. La polémica, para mí, no tiene mucho sentido y menos en estos términos. Viendo las cosas con sinceridad, no cabe duda de que, desde nuestro punto de vista -de valencianos actuales- la expulsión fue una suerte. Algún erudito ha comparado la situación valenciana del xvi con la de la Argelia de 1961: comparación sobradamente exacta, sí. Los moriscos era un pueblo colonial en su propia tierra -al fin y al cabo, eran unos «valencianos» más «antiguos» que los otros-, y los cristianos eran una especie de pieds-noirs sobrevenidos y explotadores.»]

Joan Fuster (1922-1992), patriarca y profeta del nacionalismo pancatalanista de izquierdas, con especial relevancia en el País Valenciano; Nosaltres, els valencians [«Nosotros, los valencianos»], Barcelona, Edicions 62, 1996, decimosexta edición (primera edición de 1962), págs. 34, 36 y 38.

Hay mucho que pensar en todas estas mescolanzas de lenguas, religiones y razas y en estas amalgamas de, por ejemplo, el velo de las mujeres y el automóvil o el fonógrafo. Por mucho que nos entristezca la lectura de las relaciones de expulsión de los moriscos de España, hay que pensar que, una vez hecho, ha sido la medida política más sabia del mundo. Dice Jaime [Oliver Asín] bromeando en las líneas que me dedica, y que le agradezco en lo que valen, que «no se me ocurra musulmanizarme». No hay cuidado. Hay mucho de verdad en lo que V. me ha dicho siempre de la desilusión que se sufre al venir a Oriente. Por bajo de la cáscara brillante y exótica, no hay más que fanatismo y una sociedad absurda donde no hay mujeres, donde un hijo no habla ni se trata con su madre. La religión vulgar -¡no la de los grandes teólogos, claro!- es algo estrambótico. La oración en común parece una clase de gimnasia sueca, y es un espectáculo desagradable ver a todo el mundo descalzarse a la puerta de las mezquitas y andar siempre con las patas al aire y con las chancletas al retortero. ¡Qué alegría la de sentirse cristiano! Cuando en la iglesia de los franciscanos de aquí, que es inmensa y estaba llena de europeos, resonó en la Misa del Gallo el Alleluia, crea V. que sentí una de las mayores emociones de mi vida.

Desde El Cairo, 27 de diciembre de 1927.

¡Pero en fin llegué! Los franciscanos, para los que traía recomendaciones, no me pudieron hospedar, por falta de sitio. He visitado el Santo Sepulcro, Getsemaní, la tumba de la Virgen, la Vía Dolorosa, etc., etc. y ayer en auto con un franciscano, dos señoras chilenas y un francés Jericó, el Jordán y el Mar Muerto. ¡Qué visitas tan emocionantes, y al mismo tiempo tan dolorosas por ver cómo está esto dividido entre las sectas! Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

Desde Jerusalén, miércoles santo, 4 de abril de 1928.

Emilio García Gómez (1905-1995), patriarca y caudillo del arabismo español en la segunda mitad del siglo xx; Viaje a Egipto, Palestina y Siria (1927-1928). Cartas a Don Miguel Asín Palacios, Madrid, Real Academia de la Historia, 2008, págs. 47 y 78

Mi señor suegro, Dios te honre. He recibido tu distinguida carta, la primera y la segunda, y la he entendido, señor mío. En cuanto a lo que dices de si quiero armas, pues hoy más que nunca. Y ya que vuestra señoría se propone marchar, Dios te decrete salud y te devuelva a tu casa con bien. Vuestra señoría haga lo posible porque se me dé armamento completo, es decir, espada, daga y pedreñal, y si puede ser armamento defensivo, que es coraza o lo que se le parezca, bien, y si no, las tres cosas, y si no, espada y daga; en cuanto al precio, por el armamento completo darás hasta cien libras, y por espada y daga, hasta cincuenta libras, y si el asunto está cerca de acuerdo por diez o veinte, si son, manténte en el principio. En cuanto al asunto del dinero que me mandas a decir que te envíe, mi señor, es divisa que nosotros debemos pagar a la gente: en ello nos va el honor, y no puedo dar nada porque en estos días acierto a estar desprovisto de dinero. Señor mío, procure su señoría recabar licencia de armas, y si Dios provee quien lleve el buen envío de una manera u otra, en paz, y si no, envía un correo expreso en el que se esté (el envío) y cuánto se debe pagar por él, e inmediatamente te lo enviaré o te lo pondré en el Banco de Valencia [>ṭblh<, i.e. la «Taula de Canvis» de Valencia; nota de JdPP], y te enviaré cédula notificatoria para que expliques que a costa mía es toda la cosa. Y, aunque en ella hay puerta abierta para eso, que te he dejado cuánto darás, haga su señoría lo que crea ser conveniente, que yo defenderé todo lo que hagas en mi nombre en el asunto del armamento: ten esta carta como recordatorio. Tengo entendido que el rey ha hecho merced del asunto del armamento al secretario Franqueza. Allí estarás: llévate lo que puedas.

El portador de esta te lleva un frasco de miel de caña y un piloncillo de azúcar para que los lleves para el camino: recíbelos de buena gracia, y que Dios te dé buen viaje y te devuelva a casa con bien, como deseas. Nada queda sino saludaros a todos con la paz, la misericordia y bendición de Dios.

Benirredrá, 19 de febrero del año 1595.

Mendoza no está aquí, y me han dicho que aún no está el algodón teñido; cuando esté, lo enviaré, si Dios quiere.

Hasta que lo mandes, tu servidor, Luis Alġāzī

Carta del morisco valenciano L. Algazí a su suegro, en viaje camino de Valencia, escrita en árabe andalusí. Editada y traducida en Federico Corriente Córdoba, «Árabe andalusí», en Federico  Corriente y Ángeles Vicente, Manual de dialectología árabe, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008, edición y transcripción del texto árabe en págs. 373-375 y traducción al español en págs. 375 y 376.

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Cómo podemos dar voz a aquello que ha sido silenciado sin hundirlo aún más en su silencio, sin tapar su posibilidad con nuestra construcción? Cuando se dice que la represión y el necesario consenso explican el silencio subalterno de la Posguerra y la Transición española (más aún cuando se añaden florilegios como «madurez» o «coherencia», al hablar de cómo el silencio de las víctimas ayudó a la culminación óptima de los procesos sociopolíticos) no se está haciendo otra cosa que representar al subalterno. En este caso, la escritura de Ángel Piedras es reveladora en un doble sentido y también en un doble sentido pone en jaque estas teorías:

1) Ángel Piedras es un subalterno que vuelve al mundo de los vivos, desde la muerte, pues ve conmutada una condena capital que duró 101 días, en los que esperó ser asesinado cada amanecer, y desde el silencio al que estaban condenados sus escritos. Y revela que hay una parte de lo subalterno que se niega a ser representada y que no se encuentra de acuerdo con la construcción de una «reconciliación» que ha de labrarse a costa del silencio de la parte más dañada y menos desagraviada de esta historia (no hace falta recordar que las víctimas franquistas tuvieron cuarenta años de desagravio público y privado, social, político y económico).

2) Ángel Piedras, vuelto del mundo de los muertos, pone de manifiesto a su vez que hablar de «subalterno» como algo homogéneo es también una forma grosera de representación. El subalterno no es un todo uniforme sino un magma lleno de fracturas, a menudo irreconciliables.

Pedro Piedras Monroy, «La lista de Ángel Piedras: memoria de la Guerra Civil y subalternidad», Revista da Faculdade de Ciências Sociais e Humanas (Lisboa), nº. 18 (2006), págs. 143-161, extraído de la pág. 156.

Ángel Piedras (1910-1997) fue vecino de Nava del Rey, provincia de Valladolid (España): «Hijo de una familia de jornaleros, también él trabajó en el campo hasta los veintiséis años. Fue detenido y encarcelado en los días de la terrible represión que sucedió al alzamiento franquista. Tras 101 días de condena a muerte, su pena fue conmutada por la de cárcel. Salió indultado en 1944. Ángel Piedras era hermano de mi abuelo, fusilado en Cáceres en enero de 1938. Su testimonio tiene que ver decisivamente con mi interés y mi dedicación a la historia. Este pequeño ensayo, primera piedra de un trabajo más amplio, es ante todo una prueba de mi admiración y agradecimiento hacia él», Pedro Piedras Monroy, op. cit., pág. 143.

Nava del Rey fue una de las localidades donde más atroz fue la saña de la represión durante y después de la Guerra Civil Española. Fue asesinada buena parte de la corporación municipal, con el alcalde Cirilo Moro a la cabeza, y una larga lista de vecinas y vecinos del pueblo, cuyo nombre y circunstancia de la muerte da en sus cuadernos Ángel Piedras.

Coda: Joan Fuster repitió públicamente en diversas ocasiones que él no se consideraba nacionalista. Emilio García Gómez comenzó su discurso, en el homenaje que la Facultad de Filosofía y Letras dispensó al recién fallecido José Ortega y Gasset, con las palabras: «yo, que soy un liberal…».

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

Chantal Maillard, «Escribir», Matar a Platón, Barcelona, Tusquets, 2004.

סיפור איבוד [ממון] ספרד שהיא אישפאנייה [«Recontamiento de la pérdida [riqueza] de Sefarad, que es Hispania (>ʔyšpʔnyyh<)»], f. 369 <i>verso</i> del ms. Nº. 6 de Salamanca.

סיפור איבוד [ממון] ספרד שהיא אישפאנייה [«Recontamiento de la pérdida [riqueza] de Sefarad, que es Hispania (>ʔyšpʔnyyh<)»], f. 369 verso del ms. nº. 6 de Salamanca.

Título de la única crónica hebrea de la Guerra y Revuelta de las Comunidades de Castilla (Guerra,  Revuelta o Revolución de los Comuneros), compuesta por Alfonso de Zamora hacia 1520. La palabra que figura sobre la línea es ממון («riqueza»), pronunciada /mamón/. La vocalización que le da Alfonso (/mamon/ en lugar de /mĕmon/) impediría su inserción en la secuencia del título puesto que no se trataría de un estado gramatical constructo, sino de un estado absoluto. Existen, claro está, otras posibilidades: que Alfonso de Zamora no supiese gramática; que la palabra no sea hebrea, sino aljamiada, y en realidad sea lo que parece («¡mamón!») y nos encontremos por tanto ante la primera transcripción atestiguada de las actas de un consejo de departamento universitario; o que Alfonso de Zamora fuera, como el Lazarillo de Tormes, crípticamente valenciano, concretamente de Xàtiva,  y le enalteciese el espíritu y el rijo el recurso al exabrupto. Desgraciadamente, no contamos con los medios para asegurar la veracidad de ninguna de estas hipótesis.

Juan Bravo en la Plaza de las Sirenas de Segovia. Foto y copyright de JuanGabriel, 2008.

Juan Bravo en la Plaza de las Sirenas de Segovia. Foto y copyright de JuanGabriel, 2008.

El pueblo se da a sus jefes
y expulsa a los que le dieran.
Ya cunde en toda Castilla
la rebelión comunera:
Comunes el sol y el viento,
común ha de ser la tierra.
Que vuelva común al pueblo
lo que del pueblo saliera.

Luis López Álvarez, Los comuneros, 1972.

Oigan, no me miren así: si todo cristo puede reinventarse sus mitos fundadores, los del Altiplano central también podremos, ¿no?

En las anteriores líneas he pretendido destacar varios aspectos:

1) El prestigioso impulso que destacados órganos españoles de difusión cultural han ofrecido a la historia local y fiscal hispanojudía;
2) La línea esencialmente documental que van marcando diversos estudiosos del pasado judío peninsular para dar a conocer nueva documentación. En realidad, y dejémonos de planteamientos fácilmente rebatibles, es la única aconsejable, no obstante su verdadera dificultad que sólo conocen queines nos hemos sumergido en sus características más internas con no poca paciencia;
3) La historia local, debidamente documentada, puede ser firme plataforma para poder despegar hacia ciertas reflexiones. No es, de ninguna manera, ‘historia menor’, como algunos pretenden con no pocas dosis de suficiencia;
4) Llama profundamente la atención la ausencia de los llamados hispanistas en esta pequeña y fundamental parcela histórica que he tratado, necesariamente incompleta y sólo indicativa. Hay que reconocer, sin embargo, que los llamados hispanistas sí han participado de manera desigual en algunas publicaciones periódicas españolas y en otras intervenciones que desde el principio he optado por no tratar. Pero es, al menos para mí, sintomático que esos hispanistas no hayan tenido una participación fundamentalmente activa en esa contribución documental que con tanto agrado recibo y sí, por lo general, en planteamientos conceptuales en múltiples ocasiones de aceptación documental poco controlada. Personalmente manifiesto mi alegría por tan limitada contribución e insisto en que los cimientos de la verdadera historia se basan en silenciosa y paciente labor pocas veces reconocida. Ni falta que nos hace, y
5) La cautela que es necesario emplear ante estudios de carácter teórico, en ocasiones ofrecidos por historiadores foráneos, cuando aún se conserva mucha documentación inédita en los dispersos archivos españoles. Este aspecto, en mi opinión, es incuestionable.

Y, mientras tanto, esperemos con cierto humor la aparición de un nuevo y anodino manual sobre los judíos hispánicos.

Carlos Carrete Parrondo, «Medio siglo de judaísmo hispánico en publicaciones periódicas españolas», en Fermín Miranda García (coord.), El legado de los judíos al Occidente europeo. De los reinos hispánicos a la monarquía española. Cuartos encuentros judaicos de Tudela, 11-13 de septiembre de 2000, Pamplona, Universidad Pública de Navarra, Gobierno de Navarra, 2002, pág. 69.

The conspicuous abundance of converts among recipients of charity has been understood to indicate that converts were forced to give up their homes and possessions, and so came to Fustat to live off the community chest. But one might equally suppose that conversion did not precede or cause their economic hardship but the other way around. Many probably became Jewish in order to benefit from the public charity of the Jewish community in Fustat. Organized Jewish communities, particularly Fustat’s, those who were destitute, and conversion to Judaism served as a way of qualifying for the social services of the Jewish community. In some cases, it may have served as a means of urbanization for rural Christians and Muslims. A surprising abundance of female converts suggests that the community chest substituted for husbands in providing them with economic support; conversion may have served unmarried women as a means of material sustenance. That is not to suggest that one can recover converts’ motives with any degree of certainty (even when they are stated explicitly in the first person). But their motives are a question worthy of speculation, and there is no reason to to presume that they were ideological rather than pragmatic.

Marina Rustow, Heresy and the politics of community: the Jews of the Fatimid caliphate, Ithaca, NY, Cornell University Press, 2008, págs. 255-256.

Quizá la pregunta que más me repiten sobre Alfonso de Zamora es si fue un converso sincero. Quizá la respuesta que más les repito es que no tengo ni idea, que no sé si podré tenerla y que quizá la pregunta no sea tan pertinente. Esto último lo digo con la boca pequeña: probablemente no haya pregunta más pertinente. Entre otras cosas, para remachar mi idea de que la realidad de lo administrado siempre supera las ensoñaciones de lo legislado. Pasó en la Península Ibérica y pasó en Alemania: Stefan Litt, «Conversions to Christianity and Jewish family life in Thuringia : case studies in the sixteenth and seventeenth centuries», Leo Baeck Institute Year Book, xlvii (2002), págs. 83-90.

Si el mal llamado clásico de Sicroff (Los estatutos de limpieza de sangre. Controversias entre los siglos xv y xvii, traducción de Mauro Armiño, Madrid, Taurus, 1985, primera edición francesa de 1979) nunca ha terminado de convencerme, juicios apriorísticos hechos tesis, como las de Benzion Netanyahu (The Marranos of Spain : from the late 14th to the early 16th century, according to contemporary Hebrew sources, Ithaca, NY, Cornell University Press, 1999, tercera edición revisada y ampliada), aún me parecen menos acertados, por simplistas. O mejor: simplones. Como los juicios que le oí una vez a Felipe Maíllo sobre lo imposible que era tener a un judío acaudillando los ejércitos árabes. Solo que el judío en cuestión era Samuel, llamado Hannagid, y los ejércitos podían ser árabes en el sentido laxo de musulmanes (o mejor aún: islamicate à la Hodgson), pero su rey no lo era: era el rey bereber de la taifa de Granada. Así nos va: si tenemos biblias, coranes o derechos canónicos (o mejor aún: ¡la Inquisición!) que nos pueden simplificar la vida (ergo ahorrarnos el esfuerzo), ¿para qué vamos a pensar?

Le samedi 19 septembre, le lendemain du départ de Dora et son père,[i] les autorités d’occupation imposèrent un couvre-feu en représailles à un attentat qui avait été commis au cinéma Rex. Personne n’avait le droit de sortir, de trois heures de l’après-midi jusqu’au lendemain matin. La ville était déserte, comme pour marquer l’absence de Dora.

Depuis, le Paris où j’ai tenté de retrouver sa trace est demeuré aussi désert et silencieux que ce jour-là. Je marche à travers les rues vides. Pour moi, elles le restent, même le soir, à l’heure des embouteillages, quand les gens se pressent vers les bouches de métro. Je ne peux pas m’empêcher de penser à elle et de sentir un écho de sa présence dans certains quartiers. L’autre soir, c’était près de la gare du Nord.

J’ignorerai toujours à quoi elle passait ses journées, où elle se cachait, en compagnie de qui elle se trouvait pendant les mois d’hiver de sa première fugue et au cours des quelques semaines de printemps où elle s’est échappée à nouveau. C’est là son secret. Un pauvre et précieux secret que les bourreaux, les ordonnances, les autorités dites d’occupation, le Dépôt, les casernes, les camps, l’Histoire, le temps – tout ce qui vous souille et vous détruit – n’auront pas pu lui voler.

Patrick Modiano, Dora Bruder, París, Gallimard, 1997, págs. 146-147


[i] A los campos de exterminio, en su condición de judíos.

Le fait de croire à des périodes historiques nettement définies, caractérisées, et donc à des ruptures dans le cours des temps entraîne inévitablement à porter un regard particulier sur les époques limites, époques pourtant déterminées avec la part d’arbitraire que l’on sait. La tentation devient forte de considérer les années situées entre Antiquité et Moyen Âge, puis entre ce Moyen Âge et les Temps modernes comme des temps « de transition ». Cette idée, aussi spécieuse que celle qui préside à la périodisation, impose à la recherche et à l’enseignement certaines optiques dont on ne se défait pas aisément.

En premier lieu, ces découpures arbitraires, artificielles et combien tyranniques nous ont créé, pendant longtemps, un fort déséquilibre dans les études, une véritable cassure dans le discours scientifique. Il ne fait aucun doute que ces temps intermédiaires, qui, croyait-on, ne pouvaient offrir qu’images incertaines, sans valeur démonstrative, ont été volontiers négligés. Les lectures et les investigations se sont plutôt portées sur les siècles « classiques » de l’Empire romain que sur ses derniers moments. D’autre part, les règnes de Charles VII et de Louis XI, en France, retenaient certes l’attention pour quelques aspects, pour la personnalité des souverains dont chaque livre offrait des images aux traits incisifs […].

Par ailleurs, et d’une façon sans doute lourde de conséquences, cette exploitation du concept de périodisation finit par fausser l’interprétation des faits et même par dicter des hypothèses de travail que tout auteur se voit invité à vérifier. Il semble évident que le temps qui marque le passage d’une période à une autre ne peut être que « de transition ». Il ne s’agit pas seulement de mots et de petits ridicules mais d’orientation et de recherche, voire d’interprétation des résultats. Les hypothèses de travail pèsent toujours très lourd et trop nombreux sont ceux qui s’appliquent avant tout à illustrer l’idée qui prime plutôt qu’à poursuivre une investigation hors de tout préalable. […]

Jacques Heers, Le Moyen Age, une imposture, París, Perrin, 1992, págs. 38 y 39.

Partiendo de esta pluralidad de perspectivas [sobre la memoria] deberemos afrontar a continuación el papel de los historiadores como configuradores de la memoria, un tema al que se han dedicado obras monumentales, como los famosos Lieux de la mémoire [1], una serie en varios volúmenes coordinada por Pierre Nora en la que se analizan todos los aspectos del pasado de Francia y su recuerdo a través de los lugares, los textos y los monumentos, así como las conmemoraciones. Sin embargo, este esfuerzo descriptivo no ha sido acompañado de un esfuerzo analítico equiparable. Normalmente los historiadores, un gremio que es muy aficionado a utilizar las palabras sin reflexionar sobre su significado, han pasado a hablar de la memoria o de la memoria histórica asimilándolasin más a la historia, cuando hay autores, como A[gustín] García Calvo […] que creen, con mayor o menor razón, que la historia es el principal enemigo de la memoria popular, lo que muchas veces es cierto. Por ello, y para evitar caer en generalizaciones abusivas, sería conveniente establecer una tipología, aclarar los modos en los que los historiadores pueden hablar del pasado.

José Carlos Bermejo Barrera, ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos, Akal, 2004, págs. 53 y 54.

Luego, claro, también está la Benbassa, pero hoy es jour de fête y no me lo quiero amargar.

[1]: La disparition rapide de notre mémoire nationale appelle aujourd’hui un inventaire des lieux où elle s’est électivement incarnée et qui, par la volonté des hommes ou le travail des siècles, en sont restés comme ses plus éclatants symboles : fêtes, emblèmes, monuments et commémorations, mais aussi éloges, archives, dictionnaires et musées. […] Plus qu’une exhaustivité impossible à atteindre, comptent ici les types de sujets retenus, l’élaboration des objets, la richesse et la variété des approches et, en définitive, l’équilibre général d’un vaste ensemble auquel ont accepté de collaborer plus de cent historiens parmi les plus qualifiés. La matière de France est inépuisable.
Au total, une histoire de France. Non pas au sens habituel du terme ; mais, entre mémoire et histoire, l’exploration sélective et savante de notre héritage collectif.