The position that I would like to propose here is not post-Zionist. I do not wish to undermine the Zionist national narrative or to weaken it. However, I do wish to add a dimension of self-awareness to it, so that it will be more critical, more nuanced, more balanced. In this way, historiography can take an important step forward. In the past two hundred years, historical studies mainly have helped to shape national consciousness and national particularism—one may add national egotism. Historical studies must undergo a corrective transformation and serve to foster understanding among nations, rather than hatred. Thus, after shifting from monophonic national history to professional history, we should continue now into a new phase of polyphonic history. The study of history should cease to serve those who foment conflicts and become instead an instrument of reconciliation, understanding, and tolerance.

La postura que pretendo presentar a continuación no es post-sionista. No deseo minar la narrativa nacional del sionismo ni debilitarla. Pese a esto, sí que desearía añadirle una dimensión de toma de conciencia, de forma que fuera más crítica, más matizada y más equilibrada. De este modo, la historiografía puede dar un importante paso adelante. En los últimos doscientos años, los estudios históricos han servido principalmente para dar forma a la conciencia nacional y al particularismo nacional, a lo que podríamos añadir el egotismo nacional. Los estudios históricos han de sufrir un correctivo transformador y prestarse a difundir el entendimiento entre las naciones, antes que el odio. Así, tras abandonar la Historia nacional monofónica por la Historia profesional, habríamos de proseguir ahora hacia una nueva fase de Historia polifónica. El estudio de la Historia habría de dejar de ser utilizado por quienes buscan fomentar conflictos y hacerse, en cambio, instrumento de la reconciliación, el entendimiento y la tolerancia.

[…] I proposed to the organizers of this workshop that they bring an Israeli historian who takes a critical approach toward the historical narratives of Zionist nationalism together with a Palestinian historian who adopts a similar approach toward the founding narratives of Palestinian nationalism. Unfortunately, my wish could not be realized. Nevertheless, I am here, prepared to speak, because I have come to the conclusion that the duty of self-criticism is incumbent on the conqueror more than on the conquered. […]

[…] Propusé a los organizadores de este seminario que trajesen a un historiador israelí con una mirada crítica a las narrativas históricas del nacionalismo sionista y, a la vez, a un historiador palestino que adoptase un enfoque similar respecto de las narrativas fundacionales del nacionalismo palestino. Desafortunadamente, mi deseo no pudo hacerse realidad, pese a lo que aquí estoy, listo para hablar, porque he llegado a la conclusión de que el deber de autocrítica incumbe antes al conquistador que al conquistado. […]

— Israel J. Yuval, «The myth of the Jewish exile from the Land of Israel: A demonstration of irenic scholarship», Common Knowledge, vol. xii, n.º 1 (2006), págs. 16-33 [16-17].

Tertium comparationis, x.

«Que no hablan idiomas, sino dialectos.»
Eduardo Galeano, «Los nadies», Libro de los abrazos (1989).

«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.

«language variety on cadbury's choc», foto de Nofrills, 26 de abril de 2005.

«Parrhesia - Through Language in Vienna» ('Kultur'), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007.

Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros Españoles en orden a las cosas nacionales. Unos las engrandecen hasta el Cielo: otros las abaten hasta el abismo. Aquellos, que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros, espaciaron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella. De aquí aquel bárbaro desdén con que miran a las demás Naciones, asquean su idioma, abominan sus costumbres, no quieren escuchar, o escuchan con irrisión sus adelantamientos en artes, y ciencias. Bástales ver a otro Español con un libro Italiano, o Francés en la mano, para condenarle por genio extravagante, y ridículo. Dicen que cuanto hay bueno, y digno de ser leído, se halla escrito en los dos idiomas Latino, y Castellano. Que los libros extranjeros, especialmente Franceses, no traen de nuevo sino bagatelas, y futilidades; pero del error que padecen en esto, diremos algo abajo.

Por el contrario los que han peregrinado por varias tierras, o sin salir de la suya comerciado con extranjeros, si son picados tanto cuanto de la vanidad de espíritus amenos, inclinados a lenguas, y noticias, todas las cosas de otras Naciones miran con admiración; las de la nuestra con desdén. Sólo en Francia, pongo por ejemplo, reinan, según su dictamen, la delicadeza, la policía, el buen gusto. Acá todo es rudez, y barbarie. Es cosa graciosa ver a algunos de estos Nacionalistas (que tomo por lo mismo que Antinacionales) hacer violencia a todos sus miembros, para imitar a los extranjeros en gestos, movimientos, y acciones, poniendo especial estudio en andar como ellos andan, sentarse como se sientan, reírse como se ríen, hacer la cortesía como ellos la hacen, y así de todo lo demás. Hacen todo lo posible por desnaturalizarse; y yo me holgaría que lo lograsen enteramente, porque nuestra Nación descartase tales figuras.

Entre éstos, y aun fuera de éstos, sobresalen algunos apasionados amantes de la lengua Francesa, que prefiriéndola con grandes ventajas a la Castellana, ponderan sus hechizos, exaltan sus primores; y no pudiendo sufrir ni una breve ausencia de su adorado idioma, con algunas voces que usurpan de él, salpican la conversación, aun cuando hablan en Castellano. Esto en parte puede decirse que ya se hizo moda; pues los que hablan Castellano puro, casi son mirados como hombres del tiempo de los Godos. […]

Mas no por eso concederemos, ni es razón, alguna ventaja a la lengua Francesa sobre la Castellana. Los excesos de una lengua respecto de otra, pueden reducirse a tres capítulos, Propiedad, Armonía, y Copia. Y en ninguna de estas calidades cede la lengua Castellana a la Francesa.

En la propiedad juzgo, contra el común dictamen, que todas las lenguas son iguales en cuanto a todas aquellas voces, que específicamente significan determinados objetos. La razón es clara, porque la propiedad de una voz no es otra cosa, que su específica determinación a significar tal objeto; y como ésta es arbitraria, o dependiente de la libre voluntad de los hombres, supuesto que en una Región esté tal voz determinada a significar tal objeto, tan propia es como otra cualquiera que le signifique en idioma diferente. Así no se puede decir, pongo por ejemplo, que el verbo Francés tromper sea más, ni menos propio que el Castellano engañar; la voz rien, que la voz nada. Puede haber entre dos lenguas la desigualdad de que una abunde más de voces particulares, o específicas. Mas esto en rigor será ser más copiosa, que es capítulo distinto, quedando iguales en la propiedad en orden a todas las voces específicas que haya en una, y otra.

He dicho que por lo común hay este vicio en nuestra Nación, pero no sin excepciones, pues no faltan Españoles que hablan, y escriben con suma naturalidad, y propiedad el idioma nacional. […] No nacen, pues, del idioma Español la impropiedad, o afectación de algunos de nuestros compatriotas, sí de falta de conocimiento del mismo idioma, o defecto de genio, o corrupción de gusto.

En cuanto a la armonía, o grato sonido del idioma, no sé cuál de dos cosas diga: o que no hay exceso de unos idiomas a otros en esta parte; o que no hay Juez capaz de decidir la ventaja. A todos suena bien el idioma nativo, y mal el forastero, hasta que el largo uso le hace propio. Tenemos hecho concepto de que el Alemán es áspero […]

«First page of Genesis - in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008.

Dentro de España parece a Castellanos, y Andaluces humilde, y plebeya la articulación de la Jota, y la G de Portugueses, y Gallegos. Pero los Franceses, que pronuncian del mismo modo, no sólo las dos letras dichas, mas también la Ch, escuchan con horror la articulación Castellana, que resultó en estos Reinos del hospedaje de los Africanos. No hay Nación, que pueda sufrir hoy el lenguaje, que en ella misma se hablaba doscientos años ha. Los que vivían en aquel tiempo gustaban de aquel lenguaje, sin tener el órgano del oído diferente en nada de los que viven ahora; y si resucitasen, tendrían por bárbaros a sus propios compatriotas. […]

De modo, que puede asegurarse que los idiomas no son ásperos, o apacibles, sino a proporción que son, o familiares, o extraños. La desigualdad verdadera está en los que los hablan, según su mayor, o menor genio, y habilidad. Así entre los mismos Escritores Españoles (lo mismo digo de las demás Naciones) en unos vemos un estilo dulce, en otros áspero: en unos enérgico, en otros lánguido: en unos majestuoso, en otros abatido. No ignoro que en opinión de muchos Críticos hay unos idiomas más oportunos que otros, para exprimir determinados afectos. Así se dice, que para representaciones trágicas no hay lengua como la Inglesa. Pero yo creo que el mayor estudio que los Ingleses, llevados de su genio feroz, pusieron en las piezas dramáticas de este carácter, por la complacencia que logran de ver imágenes sangrientas en el teatro, los hizo más copiosos en expresiones representativas de un coraje bárbaro, sin tener parte en esto la índole del idioma. Del mismo modo la propiedad que algunos encuentran en las composiciones Portuguesas, ya Oratorias, ya Poéticas, para asuntos amatorios, se debe atribuir, no al genio del lenguaje, sino al de la Nación. Pocas veces se explica mal lo que se siente bien; porque la pasión que manda en el pecho, logra casi igual obediencia en la lengua, y en la pluma.

Una ventaja podrá pretender la lengua Francesa sobre la Castellana, deducida de su más fácil articulación. Es cierto que los Franceses pronuncian más blando, los Españoles más fuerte. La lengua Francesa (digámoslo así) se desliza: la Española golpea. Pero lo primero, esta diferencia no está en la substancia del idioma, sino en el accidente de la pronunciación: siendo cierto que una misma dicción, y una misma letra puede pronunciarse, o fuerte, o blanda, según la varia aplicación del órgano, que por la mayor parte es voluntaria. Y así no faltan Españoles que articulen con mucha suavidad: y aun creo que casi todos los hombres de alguna policía hoy lo hacen así. Lo segundo digo, que aun cuando se admitiese esta diferencia entre los dos idiomas, más razón habría de conceder el exceso al Castellano: siendo prenda más noble del idioma una valentía varonil, que una blandura afeminada.

«Lecturas» ('Tesouro'), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.

Sin embargo, esta razón tiene más apariencia que solidez. Lo primero, porque la corrupción, de que se habla, no es propia, sino metafóricamente tal. Lo segundo, porque aunque pueda llamarse corrupción aquel perezoso tránsito, conque la lengua original va declinando al dialecto; pero después que éste, logrando su entera formación, está fijado, ya no hay corrupción, ni aun metafórica. Esto se ve en las cosas físicas, donde, aunque se llama corrupción, o se asienta que la hay en aquel estado vial conque la materia pasa de una forma a otra; pero cuando la nueva forma se considera en estado permanente, o in facto esse, como se explican los Filósofos de la Escuela, nadie dice que hay entonces corrupción: ni el nuevo compuesto se puede llamar en alguna manera corrompido. Y así, como a veces sucede, que no obstante la corrupción que precedió en la introducción de la nueva forma, el nuevo compuesto es más perfecto que el antecedente, podría también suceder, que mediante la corrupción del primer idioma, se engendrase otro más copioso, y más elegante que aquel de donde trae su origen.

— Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), discurso xv, páginas 309-325.

«Parrhesia – Through Language in Vienna» (‘Kultur’), foto de Parrhesia civil Language, 4 de diciembre de 2007; «Lecturas» (‘Associació de veïns afectats pel riva’), foto de Jorge Dragón, 7 de marzo de 2008; «First page of Genesis – in Arabic in Hebrew letters», foto de Dlisbona, 27 de enero de 2008; «Lecturas» (‘Tesouro’), foto de Jorge Dragón, 8 de abril de 2009.

En realidad, es una pura metáfora: con el ruso me pasa como con el neerlandés (y casi con el alemán): decir que lo entiendo es un puro brindis al sol. Pero, ¿quién dijo miedo? Así que la cosa, metafóricamente, empezaría así:

«Estaba yo leyendo el último número de la revista cultural de la Federación de Comunidades Judías de Rusia (Федерация еврейских общин России) cuando me encontré esto»:

Cártel de las Brigadas de Defensa de la Lengua Hebrea, 1927: «La cátedra de jerga es la destrucción de la Universidad Hebrea».

Тогда же, в 1927 году, советом директоров Еврейского университета в Иерусалиме был одобрен план создания в университете кафедры идиша. Но в то время реализовать этот проект оказалось невозможным. Против открытия кафедры выступили влиятельные сионисты (в том числе Менахем Усышкин), а также радикальная организация Мегиней а-Сафа а-Иврит («Бригада защитников языка иврит»), состоявшая в основном из учащихся гимназии «Герцлия», организовавших травлю Хаима Житловского во время его визита в Палестину еще в 1914 году. «Бригада», основанная в 1923 году, активно действовала до 1936 года, особенно активно в Тель-Авиве и Иерусалиме. В общественном мнении она связывалась с правыми сионистами-ревизионистами. Ее деятельность была направлена главным образом именно против использования идиша (показательно, что английский язык не вызывал у членов «бригады» какой-либо негативной реакции). В связи с предполагаемым открытием кафедры были выпущены плакаты в траурных рамках: «Кафедра жаргона – уничтожение Ивритского университета» и «Кафедра жаргона – идол в Ивритском Храме» (Еврейский университет во многих тогдашних публикациях и выступлениях сравнивался с Храмом). Как видим, юные светские ревнители иврита писали об идише как о целем ба-хейхал – языческом идоле в Храме, – то есть использовали раввинистические источники, чтобы сравнить намерение основать кафедру идиша с осквернением Храма греко-сирийскими завоевателями и римскими императорами в I веке н. э. Идиш, язык тысячелетней культуры, демонизировался как чужой незаконный «жаргон», угрожающий единству, представляющий опасность для формирования новой ивритской нации, символом которой был университет – ее «храм».

A la vez, en 1927, el Comité de Dirección de la Universidad Hebrea de Jerusalén aprobó un plan para crear una cátedra universitaria de yiddish. Pero el proyecto resultó imposible de realizar en aquel momento. Contra la apertura de este departamento se movilizaron sionistas influyentes (Menachem Ussishkin, entre otros) así como la organización radical מגיני השפה העברית ([Brigada de los] «Defensores de la Lengua Hebrea»), compuesta principalmente por estudiantes del gymnasium (=instituto de secundaria) «Herzliya», que organizaron el acoso a Chaim Zhitlowsky cuando visitó Palestina en 1914. La «Brigada», fundada en 1923, estuvo activa hasta 1936, principalmente en Tel Aviv y Jerusalén. Entre la opinión pública estaba ligada a los sionistas revisionistas de derechas. Sus actividades se dirigían fundamentalmente contra el uso del yiddish (lo que muestra que el inglés no provocaba ninguna reacción negativa en los miembros de la «Brigada»). Ligada a la propuesta apertura de la cátedra, se distribuyeron carteles en forma de anuncios de defunción [con la leyenda]: «[La] Cátedra de Jerga [es] la destrucción de la Universidad Hebrea» y «[La] Cátedra de Jerga [es] un ídolo [pagano] en el Templo del Hebreo (Ivrit)» (en muchas publicaciones y discursos de la época, a la Universidad Hebrea se la comparaba con un templo). Como se ve, los jóvenes entusiastas laicos del hebreo pintaban el yiddish como una «anomalía idólatra» (JdPP: literalmente, צלם בהיכל: «un ídolo en el Templo»; para el tropo, véase Misná, tratado Ta’anit, capítulo iv, párrafo 6), es decir, se sirvieron de fuentes rabínicas para comparar la intención de de establecer una cátedra de yiddish con la profanación del Templo [de Jerusalén], obra de los conquistadores greco-sirios y los emperadores romanos del siglo i de nuestra era. El yiddish, lengua de una cultura milenaria, fue demonizado como una «jerga» ilícita y forastera que ponía en riesgo la unidad, que suponía un peligro en la formación de la nueva nación de la lengua hebrea (ivrit), cuyo símbolo era la Universidad: su «templo».

Aleksandr Lokshin (Александр Локшин), «Израиль, говорящий на идише» («Israel, que habla yiddish») [que podría evocar el célebre lema «Hebreo, habla hebreo»], Лехаим Lechaim»), vol. 1, n.º 213, enero de 2010 (=tévet de 5770).

Y corríjanme todo lo que ustedes quieran (incluidos los tejemanejes de mi español con el ruso). Para eso están los comentarios y la vocación de esta rebotica de no ser otra cosa que una «scolástica universidad, o académica república, o escuela de letras, en imitaçión de la república çevil [=civil] que debujó Platón.»

«Durch Kultur kennzeichnet man Nationen

Ich schreibe über Juden, aber nicht für sie, nicht pro domo. Judenfeinde belehrt man nicht, am wenigstens durch Geschichte: das lehrt das Jahr 1892 recht eindringlich. Das „Männeken Piss“ in Brüssel wartet auf einen würdigen Gefährten. Die Kultur der alten Juden für das Recht der jetzigen in Anschlag zu bringen, wäre Verrat an dem unveräusserlichen Menschenrecht, das aus angeblichen Zweckmässigkeitsgründen von einer Majorität vergewaltigt, aber niemals gesetzlich beseitigt werden kann. Unrecht wird auch durch unparteiische Geschichte nicht verhütet, und wer schreibt sie? Die Geschichte der Töchterreligionen ist eine von unausgesetzten Mordanfällen auf die eigene Mutter; wenn jemals einer gelingt, so fallen die Thäter mit der That.

Ich habe hier meinen Standpunkt bezeichnet; der unbeganfene Leser wird ihn im Buche selbst nirgends vermissen.

Escribo sobre los judíos, pero no para ellos, ni para la parroquia. Los enemigos de los judíos no se dejan convencer, y menos por la Historia: nos lo enseña el año 1892 de forma insistente. El «Manneken Piss» de Bruselas está a la espera de digno compañero. Reportar la cultura de los judíos antiguos a beneficio de los modernos sería traicionar el inalienable derecho humano, sería susceptible de ser violado con el supuesto fundamento de la conveniencia de una mayoría, pero nunca susceptible de obviarse con fundamento legal. La injusticia no puede evitarse ni por obra de la Historia imparcial, ¿y quién escribe tal cosa? La Historia de las religiones de las «descendientes» está compuesta de incesantes ataques homicidas contra su propia madre: cuando una lo consigue alguna vez, perecen victimarios con victimario.

Dejo aquí calificada mi posición. El lector desprejuiciado no volverá a encontrarla en ninguna parte más de este libro.

Moritz Steinschneider, Die hebräischen Übersetzungen des Mittelalters und die Juden als Dolmetscher : ein Beitrag zur Literaturgeschichte des Mittelalters, meist nach handschriftlichen Quellen («Las traducciones hebreas de la Edad Media y los judíos como intérpretes: contribución a la historia de la literatura medieval, principalmente por fuentes manuscritas»), Berlín, Kommissionsverlag des Bibliographischen Bureaus, 1893, pág. xxiv.

(Siguiendo lo expuesto en la ponencia de Irene Zwiep en París hace dos semanas).

¿San Ildefonso escriba?: manuscrito etiope del s. xviii (BNF, ms. ethiopique 60, f. 7r)

οἱ δ᾽ ἐν ταῖς πολιτικαῖς ἀρχαῖς πολλὰ πρὸς ἐπήρειαν καὶ χάριν εἰώθασι πράττειν.

En política, por el contrario, la corrupción y el favor ejercen muy poderosamente un funesto influjo.

Aristóteles, Política, libro iii, capítulo xi, § 5 (¿traducción española a partir de la francesa?).

(inspirado por el Homo bonus peritus dicendi de Jaume)

Atardecer

«Atardecer», foto de Luz A. Villa («Flowery *L*u*z*a*»), 1 de enero de 2007.

Si lo llegamos a decir antes:

Prenafeta fue, y supongo que sigue siendo, uno de esos patriotas del mando. Iniciaron el proceso de construcción de una nación, Cataluña, pero supieron repartir los papeles. A los fieles, los seguidores, la tropa, les correspondía el fervor y el sentimiento. Ellos, los padres fundadores, cargaron con el peso de la realidad. Ya saben, el peso de la materia: un territorio, para recalificar; un presupuesto, para repartir entre los amigos […]

no lo llegamos a decir mejor:

Fa 10 anys que el Macià Alavedra i el Lluís Prenafeta són els meus amics. Fa 10 anys que els estimo i que he après d’ells l’amor per aquest país i la lluita per defensar-lo. Eren els meus amics fa 10 anys, han estat els meus amics tot aquest temps i són els meus amics ara que els han detingut i ho seran per sempre. Em sento orgullós d’ells i m’honoro amb la seva amistat. No sé de què els acusa Grazón. […] I també sé que la pitjor gravetat de les acusacions que se’ls imputen és una anècdota al costat del gran servei que tots 2 han rendit a la nació. Lluís Prenafeta i Macià Alavedra són 2 homes generosos i d’honor, i que si han fet de més o de menys per continuar contribuint a la resistència nacional em sembla molt bé i tindran sempre el meu reconeixement, el meu agraïment i la meva amistat. Si fóssim un país normal tindríem un recurs clar per a cada necessitat. Però en un país ocupat i atracat com Catalunya els equilibris que cal fer no sempre són de bon gust, i sempre hi ha qui s’embruta les mans perquè no te les hagis d’embrutar tu. Si ara li fem el joc a Espanya i ens rendim a la seva propaganda, després no podrem reclamar un país que ja no existirà perquè rèiem i un cop més ens equivocàvem d’enemic mentre ens escarnien i ens humiliaven. […] Alavedra i Prenafeta són 2 patriotes, 2 soldats. Espanya no és ningú per venir a jutjar-nos. […] Som el que defensem i una nació mor quan ja no queda ningú per defensar-la.

Hace 10 años que Macià Alavedra y Lluís Prenafeta son amigos míos. Hace 10 años que los quiero y que he aprendido de ellos el amor por este país y la lucha por defenderlo. Eran mis amigos hace 10 años, ha sido mis amigos todo este tiempo y son mis amigos ahora que los han detenido y lo serán para siempre. Me siento orgulloso de ellos y me honro con su amistad. No sé de qué los acusa Grazón (sic) […] Y también sé que la peor gravedad de las acusaciones que se les imputan es una anécdota al lado del gran servicio que ambos han rendido a la nación. Lluís Prenafeta y Macià Alavedra son 2 hombres generosos y de honor, y que si han hecho de más o de menos para continuar contribuyendo a la resistencia nacional me parece muy bien y tendrán siempre mi reconocimiento, mi agradecimiento y mi amistad. Si fuésemos un país normal, tendríamos un recurso claro para cada necesidad. Pero en un país ocupado y atracado como Cataluña los equilibrios que hay que hacer no siempre son de buen gusto, y siempre hay quien se ensucia las manos para que no tengas que ensuciártelas tú. Si ahora le hacemos el juego a España y nos rendimos a su propaganda, luego no podremos reclamar un país que ya no existirá porque nos reíamos y una vez más nos equivocábamos de enemigo mientras nos vejaban y nos humillaban. […] Alavedra y Prenafeta son 2 patriotas, 2 soldados. Espapña no es nadie para venir a juzgarnos. […] Somos lo que defendemos y una nación muere cuando ya no queda nadie para defenderla.

Salvador Sostres, «Orgullós dels meus amics» (‘Orgulloso de mis amigos’), Avui, 28 de octubre de 2009, pág. 46 (con personalísima ortografía de los cardinales incluida).

No me miren así. Federico Jiménez Losantos y César Vidal Manzanares (por cierto, hebraísta, corto de vista y gordo, como yo: lo que demuestra que el orden de criterios altera afortunadamente el producto) tienen una secreta logia de rendidos admiradores, de Barcelona a Xàtiva, de Campos en Mallorca a la Roma de Urgell, y vuelta a empezar.

¿De Campos en Mallorca? De mi archivo personal:

A propòsit, sabeu si en els Països Catalans es fabriquen hòsties? Perquè bona seria que les haguéssim d’importar d’Espanya. Jo, cristià catòlic practicant, no podria mai combregar amb una hòstia carpetovetònica.

A propósito, ¿sabéis si en los Países Catalanes se fabrican hostias? Porque estaría bueno que las tuviésemos que importar de España. Yo, cristiano católico practicante, no podría comulgar nunca con una hostia carpetovetónica.

¿De la Roma de Urgell? Del mismo archivo chiripitifláutico:

Els madrilenys no suporten que algú els consideri ocupants i no vulgui formar part del que ells anomenen “nación española”.

Los madrileños no soportan que alguien los considere ocupantes y no quiera formar parte de lo que ellos llaman «nación española».

Debe de ser eso, sí. La natural fachenda madrileña y su excrecencia nacional española, tan difícil de entender para los naturales de ese paraíso del diálogo, el consenso y la democracia que es Cataluña, conocido en la intimidad fusteriana por «Países Catalanes» (con mayúscula):

Mentre Catalunya -que estima el diàleg i el pacte- fa de la paraula el valor més preuat de la seva identitat, Espanya exigeix sotmetiment a la seva voluntat. La naturalesa espanyola -només cal mirar-ne la història- va plena d’episodis com el del 23-F, perquè es tracta d’una naturalesa amb un enorme complex d’inferioritat que, per tal de reafirmar-se, necessita basar les relacions en paràmetres de dominador i de dominat.

Mientras Cataluña –que aprecia el diálogo y el pacto– convierte la palabra en el valor más preciado de su identidad, España exige sometimiento a su voluntad. La naturaleza española (solo hace falta mirar su historia) está llena de episodios como el 23-F, porque se trata de una naturaleza con un enorme complejo de inferioridad que, para reafirmarse, necesita basar sus relaciones en parámetros de dominador y de dominado.

El día que les dé por rematarlo saldrá sin duda un país casi tan divertido como Israel. Yo, de momento, prefiero el que ya existe e ir viendo si se puede ir mejorándolo. Pero, sobre todo, no exageremos: el énfasis nos ha perdido frecuentemente a los indígenas.

«Inscripció bilingüe (llatí-púnic) del sponsor, teatre de Lepcis Magna», foto de Sebastià Giralt, 20 de agosto de 2007.

«Inscripció bilingüe (llatí-púnic) del sponsor, teatre de Lepcis Magna», foto de Sebastià Giralt, 20 de agosto de 2007.

Los alumnos llegados de otros países no tendrán que aprender español

Los alumnos que se incorporen al sistema educativo español procedentes de otros países no tendrán la obligación de examinarse de español. Podrán aprender, si lo desean, la lengua castellana, pero sin obligación de examinarse. El Ministerio de Educación recupera así las exenciones de español que el anterior ministro, Antonio Campos, del Partido Popular (PP), prácticamente eliminó.

El currículo de la enseñanza obligatoria, aprobado durante el mandato de Campos, atornillaba las posibles exenciones hasta reducirlas a la mínima expresión. Dicho texto establece que la exención podrá ser de un curso, pero, si el alumno sigue escolarizado, tras un periodo de dos años debe incorporarse al mismo ritmo de práctica del español de sus compañeros. La actual ministra, la socialista Isabel Celaá, va a cambiar esa situación sin dilaciones. Su equipo ya trabaja en la modificación del decreto del currículo escolar.

«Con el sistema Campos», explica la ministra a EL PAÍS, «los alumnos que procedían de otros países y entraban en el sistema educativo español, por ejemplo en primero de Bachillerato, se hallaban con que al curso siguiente debían examinarse de Selectividad con el español incluido, como si hubieran tenido todo su itinerario escolar con la lengua castellana». «Es una sinrazón que cualquiera que lleve a los tribunales lo gana», afirma.

Clases sin examen

«Israel (Arabic) xxxx Palestine (Hebrew)», foto de Lisa Goldman, 9 de junio de 2007.

«Israel (Arabic) xxxx Palestine (Hebrew)», foto de Lisa Goldman, 9 de junio de 2007.

Para modificar el decreto se abren dos opciones. Por un lado, suprimir directamente el artículo que habla de las exenciones y volver a la legislación de 1983, que viene a decir que los alumnos que han iniciado sus estudios fuera de España podrán ser eximidos de la enseñanza y evaluación del español.

Celaá no va a tomar ese camino: «Mi intención es abrir una nueva vía, que permita que los alumnos puedan ser eximidos de la enseñanza o de la evaluación. Es decir, puede que un niño entre en primaria y, aunque proceda de otro país, tenga capacidad de ponerse al día. O puede ocurrir que no se ponga al día. Entonces se le exime de la evaluación: podrá dar clases e ir aprendiendo, pero sin la presión de ser evaluado».

El decreto de la etapa Campos ha generado un colectivo de damnificados a los que hay que dar una solución rápida. «Hay gente de primero de Bachillerato a la que se les ha aplicado el decreto; debemos disponer medidas para que el año que viene no tengan la Selectividad con los requerimientos de español», abunda Celaá. «Nadie va a ser evaluado injustamente».

El Universal, 14 de agosto de 2009

«Bilingualism», foto de GiulioZu, 27 de agosto de 2005.

«Bilingualism», foto de GiulioZu, 27 de agosto de 2005.

En el guión original, al contrario de lo que explica la Ministra (regional, autonómica: sailburua) en ese mismo guión no tridimensional, si uno va a los tribunales con este guión que les propongo yo, pierde. Y pierde en igualdad de sinrazones, sea el desatino de naturaleza euskaldún o hispanófona. Y pierde por una evidencia tan constitucional como descabellada:

Artículo 3.1 del Título preliminar de la Constitución española de 1978:

El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

Que contradice en letra y espíritu al siguiente artículo (3.2):

Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

Y que se despiporra a mandíbula batiente del siguiente (3.3):

La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

aunque continúa una tradición tan antigua como, al parecer, cívica:

El castellano es el idioma oficial de la República.

Todo español tiene obligación de saberlo y derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones.

Salvo lo que se disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.

Constitución de la Segunda República Española, aprobada el 9 de diciembre de 1931, artículo 4.

Para buscar bilingüismo institucionalmente protegido por las Administraciones españolas de forma activa hay que irse… a Estados Unidos.

«Welsh / English Bilingual sign», foto de Humain, 2 de abril de 2006.

«Welsh / English Bilingual sign», foto de Humain, 2 de abril de 2006.

In his desperate quest of arguments furthering the Hispanic hypothesis, Monroe proceeds next to look for poems composed in al-Andalus with non-Khalīlian quantitative metres “with no discernable regular quantitative patterns whatsoever” and, strangely enough considering his undeniable familiarity with Arabic metrics, purports to have found his quest in a “recent and important article” by Teresa Garulo[13] who, no doubt entrenched also and bent on defending García Gómez’s peculiar viewpoints on this issue, mistakenly and misleadingly speaks of non-Khalīlian metrics in Al-Andalus.

[13]: Under the title “Wa-huwa wazn lam yarid ʿan al-ʿarab. Métrica no jaliliana en al-Andalus”, in Al-Qantara 26:1 (2005) 263-267. She actually means wahuwa waznun lam yarid ʿani l ʿarab in Standard Arabic, but some of our colleagues still indulge in using that bastardised kind of “Arabist’s Arabic”, a curious admixture of misplaced pausal and contextual forms, which should better be avoided by seasoned scholars.

En su desesperada búsqueda de argumentos que apoyen la hipótesis hispánica, Monroe dirige a continuación su atención a poemas compuestos en Alandalús con métrica cuantitativa no xalīlí «sin el más mínimo esquema cuantitativo regular que se pueda discernir» y, de forma bastante sorprendente vista su innegable familiaridad con la métrica árabe, pretende haber encontrado lo que buscaba en un «artículo reciente de importancia», escrito por Teresa Garulo [13] quien, sin duda resuelta sin falla a defender los peculiares puntos de vista de García Gómez a este respecto, habla de forma errada y engañosa de una métrica no xalīlí en Alandalús.

[13]: Titulado «Wa-huwa wazn lam yarid ʿan al-ʿarab. Métrica no jaliliana en al-Andalus», Al-Qantara, vol. xxvi, fasc. 1 (2005), págs. 263-267. Lo que en realidad quiere decir es wahuwa waznun lam yarid ʿani l ʿarab en árabe estándar, pero algunos colegas aún se permiten usar el tipo bastardeado del «árabe de arabistas», una mezcolanza curiosa de formas pausales y contextuales mal colocadas, que sería mejor que los investigadores avezados evitaran.

Federico Corriente Córdoba, «On a hopeless last stand for the hypothesis of a Romance origin of Andalusi stanzaic poetry: Homosexuality and prostitution in the kharjas» (‘A propósito de un último pronunciamiento sin esperanzas a favor de la hipótesis del origen romance de la poesía estrófica andalusí: homosexualidad y prostitución’), Journal of Arabic Literature, vol. xl, fascículo 2 (2009), págs. 133-169, en págs. 174 y 175, y nota 13.

Sí, esa Garulo.

Yasmine Hamdan y Mirwais Ahmadzaï (Y.A.S.), «Get it right» del disco Arabology (2009).

Latin was dethroned at the very moment when, in an unprecedented way, it had started to become the universal language for a growing class of educated men, when it was restored to classical purity and was no longer propagated by the Church alone but by the educated lay class as well.

El latín fue destronado en el mismo momento en que había empezado el proceso, sin precedentes, de convertirse en la lengua universal de una clase creciente de hombres educados, restaurado en su pureza clásica, sin ser ya difundido únicamente por la Iglesia, sino también por la clase de laicos ilustrados.

Hans Kohn, The idea of nationalism: A study in its origins and background, New Brunswick, Transaction Publishers, 2005 (primera edición de 1944), pág. 143.

Bible polyglot

Studies of dynastic consolidation and of nationalism might well devote more space to the advent of printing. Typography arrested linguistic drift, enriched as well as standardized vernaculars, and paved the way for the more deliberate purification and codification of all major European languages. Randomly patterned sixteenth-century type casting largely determined the subsequent elaboration of national mythologies on the part of certain separate groups within multilingual dynastic states. The duplication of vernacular primers and translations contributed in other ways to nationalism. A ‘mother’s tongue’ learned ‘naturally’ at home would be reinforced by inculcation of a homogeneized print-made language mastered while still young, when learning to read. During the most impressionable years of childhood, the eye would see a more standardized version of what the ear had heard. Particularly after grammar schools gave primary instruction in reading by using vernacular instead of Latin readers, linguistic ‘roots’ and rootedness in one’s homeland would be entangled.

Bien podrían los estudios que tocan la consolidación de las dinastías y el nacionalismo dedicar más espacio al advenimiento de la imprenta. La técnica tipográfica atajó la dispersión lingüística, enriqueció a la vez que fijó las lenguas vernáculas y preparó el terreno para los procesos de purificación y codificación deliberadas de las principales lenguas europeas. Los encasillamientos temáticos que apenas se perfilaban en el siglo xvi determinaron, en gran medida, que ciertos grupos separados dentro de los estados dinásticos multilingües elaborasen mitologías nacionales propias. La multiplicación de manuales y traducciones en vernácul contribuyeron por otros medios al nacionalismo. Una «lengua materna» aprendida «naturalmente» en el seno del hogar podía reforzarse inculcando un tipo de lengua homogeneizada gracias a la imprenta, consolidada en los años jóvenes, cuando se aprendía a leer. Durante los años de infancia, de naturaleza más receptiva, el ojo veía una versión más estandarizada de lo que llegaba al oído. Especialmente después de que las escuelas primarias se pusieran a enseñar las bases de la lectura usando el vernáculo en lugar de las cartillas en latín, se consiguió el compromiso con las raíces «lingüísticas» y la vinculación a la patria propia.

Elizabeth L. Eisenstein, The printing revolution in Early Modern Europe (nueva edición), Cambridge, CUP, 2005 (primera edición de 1979), págs. 91 y 92.

Estatua Cisneros en Alcala

Sin embargo, no se puede decir que los progresos de las lenguas vernáculas al final de la Edad Media supusieran, al menos en las élites cultas, un auténtico retroceso del latín. Al contrario, se podría incluso afirmar que reforzaron la «diglosia» medieval en el sentido de que, al dejar de corresponder a unas clasificaciones sociales simples (culto-popular, clérigo-laico, litteratus-illitteratus), ésta fue llevada al corazón mismo de las disciplinas de la escuela y de la práctica –oral y escrita– de la vida política, judicial y administrativa. Para unos individuos que dominaban el doble registro vernáculo y latino (por no hablar del renacimiento todavía tímido, y esencialmente italiano, del griego), la elección de la lengua, a partir de entonces, fue el resultado de estrategias más sutiles: a la preocupación por la eficacia política y por la afirmación lingüística del sentimiento nacional seguían oponiéndose la inclinación por el universalismo cristiano y cultural cuyo garante era el latín, así como la reivindicación de una identidad propia por parte de aquellos a los que sus estudios y gustos empujaban a constituirse en castas profesionales. A medida que perdía su legitimidad cultural, el latín, siempre respaldado poderosamente por la Iglesia y la escuela, veía acrecentar su valor como signo de reconocimiento social y elemento constitutivo del orden establecido. El latín perduraba como la lengua de la memoria.

Jacques Verger, Gentes del saber en la Europa de finales de la Edad Media, traducción de Teresa Garín Sanz de Bremond, Madrid, Editorial Complutense, 1999 (primera edición francesa de 1997), págs. 12 y 13.

Hippolais polyglotta

Nada, nada: unas cosillas que tenía por la mesa mientras trato de acabar con el alemán de Michael Richter, «Kommunikationsprobleme im lateinischen Mittelalter», Historische Zeitschrift, vol. ccxxii, nº. 1 (1976), págs. 43-80, antes de que él acabe conmigo (gracias, Antonio).

«Bible polyglot», foto de sukisuki, 19 de febrero de 2009; «Otros harán en mármol y piedra lo que yo construyo en barro», foto de Visentin «El Templat», 1 de octubre de 2008; «Hippolais polyglotta», foto de DinisCortes, 4 de mayo de 2008.

I:

The third element was perhaps chiefly a response to the ‘cultural revolution’ of the second half of the century, that extraordinary dissolution of traditional social norms, textures and values, which left so many of the inhabitants of the developed world orphaned and bereft. Never was the word ‘community’ used more indiscriminately and emptily than in the decades when communities in the sociological sense became hard to find in real life – ‘the intelligence community’, ‘the public relations community’, the ‘gay community’. The rise of ‘identity groups’ – human ensembles to which a person could ‘belong’, unequivocally and beyond uncertainty and doubt, was noted from the late 1960s by writers in the always self-observing USA. Most of these, for obvious reasons, appealed to a common ‘ethnicity’, although other groups of people seeking collective separatism used the same nationalist language (as when homosexual activists spoke of ‘the queer nation’).

Tal vez fuera el tercer elemento principalmente una respuesta a la «revolución cultural» de la segunda mitad del siglo, que supuso que se diluyeran extraordinariamente las normas, los tejidos y los valores sociales tradicionales, lo que dejó a tantos habitantes del mundo desarrollado huérfanos y desposeídos. Nunca se usó el término «comunidad» de forma tan indiscriminada y vacía como en las décadas en que se han vuelto tan difíciles de encontrar comunidades en el sentido sociológico de la palabra: la «comunidad de los servicios de inteligencia», la «comunidad de las relaciones públicas», la «comunidad gay». El surgimiento de «grupos identitarios», conjuntos humanos a los que una persona daría en «pertenecer», de forma inequívoca y con una certeza fuera de toda duda, empezó a registrarse, a partir de los últimos años 60, por autores de los siempre ensimismados Estados Unidos. La mayor parte de estos grupos apeló, por razones obvias, a una ‘etnicidad’ común, aunque otros grupos de personas en busca de una entidad colectiva separada se sirvió del mismo lenguaje nacionalista (como los activistas homosexuales que hablaban de una «nación rarita [queer]»).

Eric Hobsbawm, Age of Extremes: The short twentieth century 1914-1991 («Era de extremos: el breve siglo xx, 1914-1991»), Londres, Abacus, 1995 (primera edición de 1994).

II:

No, si yo lo comprendo: es la excitación. Es que uno lo ve y empieza a salivar como uno de esos simpáticos perrillos de Pavlov de los que nos examinaban en la insospechada formación humanista del BUP español de los años noventa. Si yo en realidad lo entiendo: son los reflejos.

Por eso, cuando leí el artículo de Ofri Ilani en el Haaretz – versión hebrea y versión inglesa – del que nos daba noticia Manuscriptboy (conocido por otros pseudónimos en inglés y en hebreo), tampoco me llamó tanto la atención. Ni siquiera me asusté de que apareciese por ahí, un poco de rondó, el viejo Simonsohn:

על כל פנים, בחירת אפיפיור לא מתרחשת כל יום, ובשגרה עובדי הספרייה אינם פוגשים את האב הקדוש, שעל אף התמחותו בספרות תיאולוגית אינו נוהג לבקר במקום.

It is not every day that a new pope is elected, and in their routine work the library staff do not meet the Holy Father, who despite his expertise in theological literature, does not customarily visit the large library.

[Traduzco del hebreo: «En cualquier caso, la elección de un papa no acontece todos los días, y de forma rutinaria los trabajadores de la Biblioteca no ven al Santo Padre, quien no frecuenta el lugar a pesar de su especialización en literatura teológica».]

Y se pregunta uno: por muy teólogo (que no «especialista en literatura teológica») que uno sea, ¿por qué diantres tendría que «frecuentar» una biblioteca de fondo antiguo, donde lo menos valioso son impresos del siglo xviii? ¿Para manosear los manuscritos? ¿Es que ahora la ósmosis física ha sustituido a la lectura comprensiva como método de aprendizaje?

Tampoco parece que la internet como método de aprendizaje sirva de mucho: Ofri Ilani aún no se ha enterado de la diferencia entre el danbrownesco, misterioso y enigmático «miles de manuscritos» y la prosaica realidad de los catálogos. En el caso de los manuscritos hebreos de la Biblioteca Vaticana «803 manuscritos en escritura hebrea» (que no «hebreos», que son cosas distintas):

בנוסף, ביקרה בבית הספרים הלאומי בירושלים כדי לחזק את הקשרים בין המוסדות האקדמיים בישראל לבין הספרייה, שבה אלפי כתבי יד בעברית.

She [Luigina Orlandi] also visited the Jewish National and University Library in Jerusalem in order to strengthen the ties between her library, which contains thousands of Hebrew-language manuscripts, and Israeli academic institutions.

[«Visitó además la Biblioteca Nacional (de Israel) en Jerusalén para reforzar los vínculos entre las instituciones académicas israelíes y su biblioteca, donde hay miles de manuscritos en hebreo».]

¡Ah, miles los manuscritos y el burro, grande, ande o no ande!

Luego, claro, no puede faltar (como al salpimentar los guisos) el especialista académico que confirma lo justo de la salivación:

ההיסטוריון פרופ’ שלמה סימונסון מאוניברסיטת תל אביב, מומחה ליחסים בין הכנסייה ליהודים בימי הביניים, בילה מאות שעות בספריית הוותיקאן ובארכיון הסמוך לה מאז שנות ה-50. לדבריו, החוויה לא היתה תמיד נינוחה. “התנסיתי שם בדברים שכמו החזירו אותי לימי הביניים. שמרנות קיצונית שאין לה הסבר”, הוא נזכר.

זה קרה כשביקש לעיין במכתבי אהבה אינטימיים שכתב הקרדינל בן המאה ה-15 פייטרו במבו, כדי לבדוק את ההערות שכתב עליהם צייר יהודי. אלא שהספרנים בוותיקאן לא ששו להעביר לידיו את המכתבים. “בהתחלה הם אמרו לי שזה לא קיים. אחר כך שלחתי מברק, ולא קיבלתי תשובה. הם הצניעו את זה, בגלל שאלה אהבות של קרדינל. יש עדיין אנשים בכנסייה הקתולית שחיים כמו בימי הביניים”.

Prof. Shlomo Simonsohn, a historian from Tel Aviv University and an expert in relations between the Church and the Jews in the Middle Ages, has spent hundreds of hours in the Vatican Library and its adjacent archives since the 1950s.

“I encountered things there that seemed to take me back to medieval times: extreme conservatism that is inexplicable,” he said.

That happened when he asked to see intimate love letters written by a fifteenth-century cardinal, Pietro Bembo, in order to examine comments written on them by a Jewish painter. “At first they told me it did not exist. Afterward, I sent a cable but did not get a reply. They kept it secret, because it involved the loves of a cardinal. There are still people in the Catholic Church who seem to be living in the Middle Ages.”

[«El historiador Šelomo Simonsohn, de la Universidad de Tel Aviv, experto en las relaciones entre la Iglesia y los judíos en la Edad Media, ha pasado cientos de horas en la Biblioteca Vaticana y en el archivo adjunto desde los años 50. Según él, la vivencia no siempre ha sido agradable. ‘Allí he experimentado cosas que me hacían volver a la Edad Media. Un conservadurismo extremista sin explicación’, recuerda.

Así ocurrió al solicitar la consulta de unas cartas de amor íntimas que escribió un cardenal del siglo xv, Pietro Bembo, para comprobar las anotaciones que dejó escritas en ellas un pintor judío. Pero a los bibliotecarios de la Vaticana no les complació en exceso tener que llevarle las cartas. ‘Al principio me dijeron que no existían. Después envié un telegrama, del que no recibí respuesta. Lo ocultaron porque se trataba de los amores de un cardenal. Aun existe gente en la Iglesia Católica que viven como en la Edad Media».]

Estoy de acuerdo: aún hay gentes en la Iglesia Católica que viven como en la Edad Media. Y en Tel Aviv también las hay. Pero yo no me los he encontrado en las bibliotecas eclesiásticas de forma especial: me los he encontrado en general en las bibliotecas de fondo antiguo, auténticos nidos de freakie-bibliotecarios, de arqueoarchiveros, con un acendrado sentido de la posesión. Feliz Simonsohn que nunca se había topado con gentes de esa laya en sus anteriores pesquisas («desde los años 50»; ahí es nada); que nunca había recibido la callada por respuesta al escribir a un archivo o una biblioteca de fondo antiguo; que nunca había pedido un libro para descubrir que estaba «perdido» o «inconsultable»… después de haberse hecho kilómetros y kilómetros para llegar a la biblioteca de personal mudo. Ay, Solly, Solly, pero hombre, si tan secretos había que dejar los amores del cardenal Bembo (de cuando, por cierto, aún no era cardenal), ¿para qué diantres pidió Edmund Burke – el del siglo xx, no el filósofo del xvii, no se me confundan – el nihil obstat del censor eclesiástico Remy Lafort, confirmado con el imprimatur del arzobispo de Nueva York, John M. Farley, para su entrada «Pietro Bembo» de la Catholic Encyclopedia de… ¡1907!?:

He remained at Rome for eight years, enjoying the society of many distinguished men and loved and admired by all who knew him. There he became enamoured of the beautiful Morosina.

[«Se quedó ocho años en Roma, disfrutando de la compañía de muchos hombres distinguidos, querido y admirado por todos los que le conocieron. Allí se enamoró de la bella Morosina».]

Bello nombre, Morosina. Ay, Solly, Solly…

Pero aún quedaba el plato fuerte, inevitablemente eclesial, imprescindible mostaza fuerte vaticana, punto necesario de todas las fantasías lúbricas sobre el tema. Sí, lo han adivinado:

אורלנדי, על כל פנים, מופתעת מהטענות. “ספריית הוותיקאן פתוחה כבר כמה דורות לחוקרים מכל העולם. הכל פתוח לציבור, מלבד מסמכים שצריך לשמור עליהם מפאת מצבם”, אמרה. על כל פנים, גם המושג “פתוח לציבור” יחסי כשמדובר בספרייה המכילה בין השאר את דו”חות החקירה של האינקוויזיציה.

Orlandi expressed surprise at these allegations.

“The Vatican Library has been open for a number of generations to scholars from the whole world. Everything is open to the public, other than documents that must be preserved because of their condition,” she said.

“Open to the public” is a relative term in regard to a library that possesses, among other items, the investigative reports compiled on the Inquisition.

[«En cualquier caso, Orlandi se sorprende de tales afirmaciones. ‘La Biblioteca Vaticana está abierta, desde hace varias generaciones, a investigadores de todo el mundo. Todo está abierto al público, excepto los documentos cuya conservación lo exige’, dice. En cualquier caso, el mismo concepto de ‘abierto al público’ es relativo al hablar de una biblioteca que contiene entre otras cosas los informes de las pesquisas de la Inquisición».]

¡Ah, la buena, vieja, inmarcesible Inquisición! ¿Qué sería de nuestros sueños más lúbricos sin ella?

Ya puede cantar misa la Orlandi, la Biblioteca Vaticana entera y el papa de Roma, que la espectacular exigencia de la biblioteca y los archivos vaticanos:

אבל גם כשהיא פתוחה, רק חוקרים עם מכתבי המלצה ממוסדות אקדמיים מכובדים רשאים לדפדף ב-150 אלף כתבי היד ובמיליון וחצי הספרים שאצורים בספרייה.

But even when it is open, only researchers bearing letters of recommendation from respected academic institutions are permitted to browse through the 150,000 manuscripts and 1.5 million books the institution holds.

[«Aunque incluso cuando esté abierta, solo investigadores con cqartas de recomendación de instituciones académicas respetables tendrán permiso para hojear los 150.000 manuscritos y el millón y medio de libros que se encuentran depositados en la Biblioteca».]

Sin duda, una evidente muestra de secretismo por parte de la Biblioteca Vaticana. Sin duda. Y por parte de la Biblioteca Nacional de Israel, que pide exactamente lo mismo. Y de la Biblioteca Británica. Y de la Biblioteca Nacional de Francia. Y del cien por cien de las bibliotecas actuales de fondo antiguo. Y menos mal. Yo debo de ser un conservador vergonzante que aún no ha salido del armario, porque comparto la opinión de la bibliotecaria vaticana:

לדברי אורלנדי, “כדי לקרוא כתבי יד, אתה צריך להיות מוכשר לכך. הרבה מהתעודות ניתנות כיום לגישה באופן דיגיטלי, כך שלא תמיד יש צורך לקרוא אותם בספרייה”.

According to Orlandi, “To read manuscripts, one must be qualified for this. Many of the documents are now accessible digitally, so it is not always necessary to read them in the library.”

[«Según Orlandi, ‘para leer manuscritos, tienes que estar acreditado. Muchos de los documentos están disponibles digitalmente hoy por hoy, de forma que no siempre sea necesario leerlos en la Biblioteca».]

Como sería repetitivo volver a lo de las falsas conclusiones que los bibliotecarios suelen sacar después de los masivos procesos de digitalización de fondo antiguo en los últimos años, no me extenderé sobre el particular. Tampoco sobre lo que dicen de los documentos sobre Pío XII: de forma general, existe una prevención quizá entendible, aunque no deje por ello de ser criticable, de los titulares habituales de los archivos públicos – los estados – por la que el acceso a los fondos recientes solo se efectúa libremente pasado un plazo que juzgan prudencial, que puede variar de los 25 a los 75 años, de forma general.

En fin, una última nota para contrastar la excelente información que sostiene el artículo de Ofri Ilani: los misteriosos informes inquisitoriales no están en la Biblioteca Vaticana. Están donde tienen que estar: en el Archivo Secreto Vaticano (que no tiene de secreto más que la propia etimología de la palabra secretario), una institución distinta, ni siquiera contigua, con su propia dirección, su propio personal y sus propias instalaciones.

Flatiron

Entiendo que la normalidad sea mucho más difícil de percibir que lo extraordinario. Que las crónicas del mal que ha escrito discretamente desde París Patrick Mondiano sean best-sellers mucho menos notables que las noveluchas de Dan Brown. Que las explicaciones del contexto histórico de las persecuciones antijudías medievales sean mucho más prolijas y menos interesantes que la teleología de la historia: nos mataban por ser judíos. ¡Ay, ese nosotros! ¡Cuántas tonterías alberga tu pronombre! El nosotros que gana partidos con la selección, oficial u oficiosa. El nosotros que solo se interesa por la carrera espacial cuando mandan un compatriota al espacio. El nosotros que vibra con la fórmula 1 (¿se habrá imaginado deporte más rematadamente insulso?) solo cuando un piloto de la tierra se dedica a quemar asfalto. El nosotros de los coros y danzas, de los hooligans, de las inflamaciones patrióticas. Como dijo aquel, perdonen que no me levante al paso de la bandera ni al sonar el himno. Sobre todo los míos, claro. ¿Dónde estaría la moral en caso contrario?

La normalidad y su deseo (que para los propósitos de este apunte llamaremos lanormalidad) aparecen donde uno menos se lo espera pero, sobre todo, donde más esperada es su presencia. Ayer ocurrió en España uno de esos partidos que acontecen cada año y que la ignorancia de la paradoja califica del siglo. El Barcelona y el Athletic de Bilbao (que curiosamente no se llama «Bilbao» sin más, aunque sea el único club de fútbol de primera de la ciudad) se jugaban la Copa del Rey (Juan Carlos I), que antes fue Copa del Caudillo (Francisco Franco – cuyo nombre maldiga Dios muchos años. Amén –), que aún antes fue Trofeo del Presidente (de la Segunda República española), que previamente había sido Copa del Rey (Alfonso XIII).

Es tradicional (¿quizá obligado?) que el Rey de España – de naturaleza bastante futbolera, por cierto – esté presente en la final de la Copa y entregue la Copa en cuerpo mortal al capitán del equipo ganador. Al entrar el rey y la reina en el palco, se interpreta por la megafonía del estadio el himno español. Ayer, en Valencia (donde se jugó la final), así fue el caso. Como supongo que todo el mundo podía sospechar al juntar a las aficiones del Barça y del Athletic de Bilbao, es decir, de Barcelona y de la Capital del Mundo (también conocida como Las Siete Calles), es decir, de las dos principales naciones sin estado de España, Cataluña y el País Vasco, las gradas silbaron tanto y tan fuerte el himno español que se hizo prácticamente inaudible. Televisión Española, que transmitía en directo la final, decidió cortar abruptamente la retransmisión y retomarla cuando acabaron himno, entrada de los reyes y silbidos. Una decisión evidentemente muy censurable, que hermana a la televisión pública española con las curiosas prácticas negacionistas (de negación de la realidad) en las que se entretuvo la BBC de la época de Thatcher cuando doblaba con actores las voces de los dirigentes del Sinn Féin, partido independentista irlandés y brazo político del grupo terrorista IRA.

Hoy, con la resaca de un buen partido y de la siempre notable afición del Athletic (el jugador del Barcelona, Alves, tendrá buen recuerdo de ella para lo que le queda de vida profesional, seguramente), se han despertado las ansias salivatorias habituales tras el episodio de rechazo al himno español. Nada fuera de lanormalidad, ya les digo. Nada que no haya pasado, por ejemplo, en Francia. Siguiendo el ejemplo de los sabios, me he tenido que preguntar a mí mismo si sería verdad aquello que afirmó Josep Pla:

Nada hay que más se parezca a un español de izquierdas que un español de derechas.

Porque yo, que debo de ser un español irredento sin salir del armario, no acabo de verle el sentido a pagar los buenos cuartos que tuvo que costar la entrada, el viaje y la alegría o el disgusto, según en cada cosa, como si alguien te hubiera engañado, como si no supieses el nombre del trofeo, Copa del Rey, la titularidad territorial de quien lo otorga, España, y los símbolos nacionales que van asociados a la circunstancia, el himno. Me ocurre lo mismo que en aquella ceremonia, en Barcelona por cierto, donde me tocó conocer al Rey Borbón. No censuré que Glòria llevara, debajo de su vestido de noche, una estelada en forma de brazalete. Pero tampoco lo entendí. Como nunca he entendido las carrozas pagadas por los bares de Chueca en el Desfile (antes manifestación) del Día del Orgullo Gay en Madrid, siempre tan concurrido. Yo, ustedes me disculparán, no acabo de verlo: debe de ser mi censurable sentido de la compostura para el que no encuentro circunstancias atenuantes.

Lanormalidad, mezcla del deseo de normalidad y del refocilarse en la anormalidad, es como Lamerica en la que se inspira el sentimiento: una inspiración, una negación persistente de la realidad, un desapego por el análisis, una inevitable trayectoria hacia el fracaso y la frustración. Porque Lanormalidad, como Lamerica, simplemente no existe. Solo existe el deseo de alcanzarla, sin que jamás se obtenga la satisfacción debida. Para que Lanormalidad cumpla su destino, el Vaticano debe de ser oscuro, inexplicable, conspiratorio, así la Curia como la Biblioteca, así sus finanzas como su Archivo (¡Secreto!). Para que Lanormalidad prevalezca, la única causa de todo contratiempo individual o colectivo de un judío se fundamenta en la persecución. Para que Lanormalidad cumpla sus funciones, la censura es expresión de un alma inmortal y enemiga: nunca es sorpresa. En el país de Lanormalidad, el Marca, ese irreproducible panfleto cuya dignidad solo salva que existan panfletos aún más ínfimos, como el As, no puede incumplir las leyes del deseo y estar de acuerdo con la catosfera nacionalista:

Los masivos pitos a los acordes de la Marcha Real fueron tapados por los decibelios y por TVE que, al más puro estilo franquista, decidió ejercer la censura. Luego, en el descanso, pidieron disculpas por el error humano (¿?), optaron por emitirlo en diferido manipulando las imágenes —nos mostraron incluso a un seguidor del Athletic con la mano en el pecho al estilo Obama— y dejaron casi imperceptibles los múltiples pitos de buena parte de los aficionados en Mestalla. A esto se le llama una burda manipulación sin sentido.

Curioso país este de Lanormalidad, adonde no pretendo pedir visado, al menos mientras sea de forma consciente. Como tampoco, por muy mala situación que tenga, no pediré visado a Lamerica: prefiero pasar hambre a engañarme.

A Lamerica, a Lanormalidad, yo prefiero poder cumplir mi sueño: llegar a América, comprender la normalidad. De forma que después pueda criticar esa misma normalidad. Pero esa crítica ya la haremos en otro momento.

Advertencia: Y parezca lo que parezca, este no es el apunte De naciones y fútbol que llegará en unos días.

«Flatiron, New York City», foto de xshayx, 10 de febrero de 2009.

III:

Burning down the house, versión de Tom Jones y The Cardigans.

Un intercambio de comentarios en el blog de Juan Pedro Quiñonero me aguza la prisa (que nunca es buena consejera) de rematar un apunte que lleva tiempo en la alacena. Confiar en que la juventud, parámetro por otra parte tan variable según épocas y lugares, sea de verdad la única enfermedad que indefectiblemente se cura con el tiempo, no me redime de la sospecha de que Quiñonero acierte al decir: «Me gustaría pensar que la pedantería suficiente pudiera curarse con la edad».

Vaya usted a saber.

Sin ser irrelevante, ya digo que sobre todo por lo atinado de su deseo, la sustancia de este apunte se fundamenta en lo que yo afirmaba (con sintaxis por cierto bastante mejorable):

Entre los hispanistas franceses (conocedores de España por obligación profesional) es el único caso de hispanistas que he tratado en que he encontrado un número relevante de hispanófobos, sin que tal circunstancia les pareciera en general una contradicción in terminis. De ahí mi méfiance general, abusiva seguramente.

Que él negaba:

No conozco ningún hispanista hispanófobo. La inmensa mayoría de los hispanistas queconozco aman mucho y conocen muchísimo España.

Imaginemos que mi afirmación sea verdad. Solo imaginémoslo, porque Quiñonero es mayor que yo y por tanto hemos de estar seguros de que se ha curado de ese defecto tan reprochable que es la soberbia suficiente, especialmente notorio, ya queda dicho, a causa de la poca edad.

Como del nacionalismo, del que yo me permito afirmar con soberbia que bueno, lo que se dice bueno, no hay ninguno, sea en su estadio previo al éxito o – más a menudo – una vez conquistada la hegemonía social y el gobierno de la cosa pública, de xenofobia, y específicamente de hispanofobia, y marginalmente de hispanofobia a la francesa, hay muchos tipos. El subtipo específico del que yo hablaba era el que nutre la hipotética contradicción – si la evidencia empírica que yo creo haber recogido pudiera contradecir la experiencia de muchos años de Quiñonero en París y en Francia – de ser equisistanólogo («dícese del especialista en cuestiones relativas al país de Equisistán») y ser, a la vez, equisistanófobo. En la variante francesa de esa afección que yo he creído detectar en más ocasiones de las que quisiera, el tipo de desprecio (componente principal de cualquier xenofobia) es precisamente el menosprecio por altanería suficiente. En ese tipo de desprecio por la cosa hispánica (sea lo que sea tal cosa), África – que es en este tipo de mentalidad archivo de todos los atrasos y albergue de casi todas las barbaries – empieza en los Pirineos y reduce mi Península natal al estado de curiosa parcela de safaris con salacot.

En ese tipo de desprecios, en Madrid el expedicionario rememora que:

Sortant d’une auberge où l’on grille encore le cochon dans un four au bois de chêne rouvre et après un gâteau de riz au lait, on se retrouve dans une taverne aux sons nostalgiques du flamenco. Dans les vibrations des claquettes et castagnettes flambe le Madrid éternel, perdu entre Orient et Occident.

Al salir de un hostal donde aún se tuesta el cochinillo en un horno con madera de carrasca y después de una tarta de arroz con leche (?), acabamos en una taberna escuchando los tonos nostálgicos del flamenco. En el vibrar de taconeos y castañuelas, relumbra el Madrid eterno, perdido entre Oriente y Occidente.

A l’heure sacrée de la siesta, le quartier de Chueca, petit Marais madrilène encore baigné par la Movida, se prépare à l’effervescence nocturne.

A la hora sagrada de la siesta, el barrio de Chueca, pequeño Marais madrileño bañado aún por la Movida, se apresta para la efervescencia nocturna.

Madrid, c’est aussi Almodovar. Portraitistes, jeunes gens allongés par terre, saltimbanques et photographes jouent une pièce féerique sous la voûte céleste. Familles madrilènes et touristes cheminent d’un bar à l’autre, savourant des plats aux allures paysannes. Madrid, c’est l’appétit dans la démesure.

Madrid es también Almodóvar. Retratistas, jóvenes tirados por el suelo, saltimbanquis y fotógrafos interpretan una obra de fantasía bajo la bóveda celeste. Familias madrileñas y turistas andan de un bar a otro, probando platos de regusto terruñero. Madrid es el apetito en la desmesura.

Que todo esto lo diga Le Point (proveedor de los excelentes análisis económicos de Nicolas Baverez y Jacques Marseille, según la amabilidad de Quiñonero advierte a mi ignorancia) ofrecería el trasfondo de mi tesis: la de los hispanistas hispanófobos franceses. Alabarle a la mujer de uno lo excelente de su toque con la paella, mientras se la mantiene con la pata quebrada y en casa, es como alabar el sol, la alegría, la fiesta y la siesta de los españoles desde una terracita del Boulevard Saint-Michel: reprobable. Pero es justamente eso lo que el notorio catedrático hispanista de nación francesa, asesor bien pagado de innumerables eventos culturales que abona a precio de rescate de piratas el Gobierno español, hace cuando rechaza sistemáticamente las peticiones de formar parte de tribunales de tesis en la Castilla profunda (y fría) y acepta, con igual rigor, todas las que provienen de la Málaga jacarandosa (y cálida). A la misma escuela podemos adscribir a los pensionados de la Gran Casa de Francia en España, que pasaban ocho de cada diez meses de su encomienda temporal en la Métropole cabe el Sena, en lugar de en su destino obligado, y se permitían, amparados por su título universitario de «descifradores profesionales de la España eterna», pontificar sobre la íntima conexión entre el trasfondo metafísico de hidalgo tristón del hispanófono y la productividad de la fábrica de Renault en Valladolid. Igual y reprensible doctrina trasluce del análisis que hace el aspirante ambicioso a mandarín académico, especialista de los mundos atlánticos (?), muy franceses y poco hispanos al parecer, cuando afirma y remacha en el debate público la centralidad de Francia y la marginalidad efectiva de la historia hispánica… por su inexorable condición de «marginal» respecto del mundo… atlántico (?).

Al cabo de casi tres años de residencia y bastantes más de convivencia con el potente lobby profesional de los hispanistas franceses, la frecuencia de esta afección de hispanofobia por altanería me preocupa. Quizá, si Quiñonero tiene la razón que le supongo por experiencia y tino acreditados, me debería preocupar por mi exceso de susceptibilidad. Y todos deberíamos felicitarnos porque, como en el caso de Italia, ese otro gran objetivo de las querencias francesas y de sus redes culturales, Francia sea pródiga en darnos tantos de sus hijos, enamorados objetivos de nuestras bellezas colectivas y censores igualmente equilibrados de nuestros desafueros nacionales.

Dicho lo cual, solo me queda preguntarme si las naciones, y las categorías de (¿des?)conocimiento que por la fuerza de su naturaleza ellas mismas originan, provocan otra cosa que hacernos, en nuestras vidas individuales, la puñeta.

Y el caso es que el origen real de este apunte era algo distinto y, me parece, más interesante que este apunte infelizmente diletante (afortunadamente corregido por la pericia de la mucha experiencia en el negocio hispanista y francés de Juan Pedro Quiñonero). Los que os hayáis cruzado con mi verborrea en persona, quizá hayáis notado mi insistencia en glosar las prevenciones que me ha inoculado mi condición repetida de extranjero, conjugada con mi casi inexistente patriotismo y mi aceptación analítica y mi repulsión cívica por algunos de los conceptos que nos ha legado la Edad Contemporánea: nación, clase e individuo.

Ya sabéis que considero Inglaterra mi patria intelectual . Allí me topé con un fenómeno que despertó profunda y perdurablemente mi atención: el de que yo, por mi innata e involuntaria condición de español, fuera a la vez cobaya inicial y concentrado químico final de las disquisiciones de un nutrido y notable grupo de entómologos: los hispanistas. En mi experiencia, eran una tribu, quizá una raza, tranquila, a veces ingenua por no ser conscientes de que los huesos de santos se comen por noviembre y, sin embargo, las torrijas por Pascua (que no es lo mismo que Pascuas, sutil morfología cronológica que separa en español el natalicio de Dios de su pasión, muerte y resurrección). Pero, ya digo, en mi experiencia eran un grupo humano respetable, con las excepciones propias de todo grupo humano amplio. En Túnez, mi experiencia fue parecida. Allí era otra la cosa: la condición hispanista proveía de altanería, sí, pero ciertamente intratunecina. Las orejas, en general, junto con la altanería, se volvían gachas en cuanto tropezaban con un aborigen español.

Pero ya digo que esa es solo mi experiencia y mi mala memoria.

Solo en Francia y entre franceses esta excepción altanera de los hispanistas hispanófobos me ha parecido lo suficientemente notoria (y preocupante, por el peso específico del gremio en la cultura y la impostura burocrática del Estado francés – «La France, c’est l’État; le reste, c’est du paysage» –).

Por el bien de la concordia entre las naciones (y entre quienes las interpretan), me felicito de que la mayor experiencia de Juan Pedro Quiñonero le permita negarme la mayor.

Hispanistas hispanófobos, hebraístas antisemitas, arabistas maurófobos y, en general, filólogos redundantes, armados para comprender el mundo de esencialismo lingüístico (que en su caletre igualan a cultural, como si fueran siquiera sinónimos) y de historia teleológica: son subcategorías de desprecio que me he topado con demasiada frecuencia para evitar señalarlas. Si la caridad fuera permisible con estos individuos, cabría quizá emocionarse ante ingenuidad tan entrañable: Dios, dijera lo que dijera Nietzsche, no ha muerto. Simplemente, en las conclusiones de estos especialistas que nuestros modernos templos universitarios del saber procrean, Dios se ha mutado en naciones (por lo que sospecho de que están íntimamente convencidos de la verdad de las categorías teológicas de politeísmo y jerarquía divina). Que, pese a mi agnosticismo general, la práctica de la liturgia propia de mi profesión me haya hecho coincidir en la misma iglesia con estos teólogos del destino colectivo (e inmutable), es solo una constatación más de lo perra que es la vida.

Una última constatación: Le Point, como el ABC en España, es una publicación conservadora, «de derechas», si se quiere. Esto, en cualquier caso, es como no decir nada hoy por hoy, me temo.

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Todos estos eruditos se autodefinen como «científicos». Dominan un método que les permite leer, traducir e interpretar textos y documentos del pasado. Y ello lo hacen de forma objetiva, desapasionada y fiel. Si se les pregunta por su ideología nos dirán que, como científicos, carecen de ella. Y, aunque la tuvieran, ello no interferiría nunca en su investigación. Su probidad no se lo permitiría en modo alguno. Ellos no aspiran a dirigir las conciencias. Su ideal de vida es el de una vida retirada, casi monacal, en la que gustan de relacionarse con sus colegas, que son los que verdaderamente los comprenden y con los que comparten su amor al pasado y a las lenguas muertas, lenguas cuyo cultivo es quizá una de las pocas cosas que nos pueden permitir el llegar a ser plenamente humanos.

José Carlos Moreno Barrera, «Historia Antigua, ¿para qué? Vigor y decadencia de la tradición clásica», ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, pág. 176.

«Details Interior arches – Panthéon, Paris», foto de Timlam18, 31 de enero de 2009.

Qui voudra se desfaire de ce violent prejudice de la coustume, il trouvera plusieurs choses receues d’une resolution indubitable, qui n’ont appuy qu’en la barbe chenue et rides de l’usage qui les accompaigne; mais, ce masque arraché, rapportant les choses à la verité et à la raison, il sentira son jugement comme tout bouleversé, et remis pourtant en bien plus seur estat.

[«Quien quiera librarse de este violento prejuicio de la costumbre, hallará algunas cosas heredadas de un decidido carácter inamovible, cuyo apoyo reside tan solo en la canosa barba y en las arrugas de la usanza que les acompaña. Mas, arrancada esta máscara, confrontadas las cosas con la verdad y la razón, sentirá que su juicio se transforma por entero, repuesto, contra lo que parecer pudiera, en su más cierto estado».]

Michel de Montaigne (1533-1592), Essais [«Ensayos»], libro i, capítulo xxiii [pág. 117]

Supongo que no tengo que justificar por aquí ni las catalonofilias ni las valencianofilias del menda y, siguiendo el eslogan baturro de este blog que ha salido alguna vez por aquí («porque quiero, porque puedo y porque me da la gana»), hoy escribo de lo judeo-catalán (entendido lingüísticamente, así que saldrán valencianos -¿e isleños de los que son illencs por antonomasia?). Aparte de mi propia querencia y mis propias filias, procuraré responder a una pregunta de Alexandre. Aunque trataré de que todos los que estén, sean, más que seguramente todos los que son no estarán, así que os invito a completar, corregir o enviar a la hoguera en los comentarios las referencias que escribiré a continuación.

Empiezo por el final. Me acaba de llegar la noticia de la publicación de un volumen que tiene pinta de notable. Deberían ser las actas del sexto «International Congress for Research on the Sephardic and Oriental Jewish Heritage», que convocaron en Jerusalén la institución Misgav Yerushalayim (este es el nombre normalizado en transcripción latina que ellos utilizan; no consigo encontrar ninguna página web institucional suya [!]) de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Según la nota de prensa por la que me entero de la publicación del volumen, el libro no es sin más unas actas: «many of the original lectures have been expanded-some of them, considerably so-enabling the topics to receive the full attention they merit, unrestricted by the time limitations of a conference lecture» («se ha ampliado buena parte de las ponencias originales (algunas de forma considerable), permitiendo que los temas reciban toda la atención que merecen, sin las restricciones de tiempo de una ponencia congresual»).

Os doy los datos catalográficos completos y luego iremos parte por parte, como quien dice artículo por artículo: David Bunis (editor), Languages and literatures of Sephardic and Oriental Jewry (título en hebreo: לשונות יהודי ספרד והמזרח וספרויותיהם), Jerusalén, Misgav Yerushalayim y The Bialik Institute, 2009 (no he conseguido saber el ISBN de la publicación).

Todavía no he podido echarle un ojo, así que doy el nombre del autor, el título del artículo, la página de inicio, que es la única que sale reseñada en la nota de prensa, y la posible página final, calculada con el siempre atrabilario método de la cuenta de la vieja.

Quizá conviniera empezar por el artículo que se ocupa del estado de la cuestión de las judeo-lenguas de la Península Ibérica, de las que no parece razonable opinar que no formase parte el posible judeo-catalán: Elaine R. Miller, «The debate over pre-Expulsion Judeo-Spanish: status quaestionis», 167-¿187?. Sobre temas directamente relacionados, habría que consultar: Meritxell Blasco Orellana, «La poliglotia de los judíos de la Corona de Aragón reflejada en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Cataluña», 86-¿93?; José Vicente Niclós Albarracín, «Contribución a la descripción de palabras en romance castellano y catalán en la obra hebrea de S. T. Ibn Shaprut», 188-¿210? (se refiere a Šem Ṭov ibn Šaprūṭ -aunque yo lo transcribiría «Abenšaprūṭ»; manías mías-, del siglo xiv; sobre este personaje véase Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borràs, Diccionario de autores judíos (Sefarad. Siglos x-xv), Córdoba, El Almendro, pág. 103 y la venerable bibliografía que citan estos autores).

Puesto que una de las hipótesis de pervivencia de un hipotético romance judeo-catalán después de 1492 y hasta el siglo xx se centra en la ciudad de Salónica y, aunque sea de poca utilidad para quien van dirigidas estas líneas por pura limitación lingüística, habrá que dejar anotada la existencia de este artículo en hebreo: Jacob Bentolila, «לשון ותרבות בשאלוניקי היהודית» («Lengua y cultura en la Salónica judía»), 55-¿61?.

Sobre el tema general de los componentes del judeo-español, probablemente será de provecho referirse, en este mismo volumen, al artículo de Aldina Quintana Rodríguez (que anda, si no me equivoco, por cierta institución estatal española de investigación sita en la calle Albasanz de Madrid), «Aportación lingüística de los romances aragonés y portugués a la coiné judeoespañola», 221-¿256?. Aun sin leerlo, ya da una idea fundamental que debería retenerse: según el estado actual de nuestros (des)conocimientos, el judeo-español no es castellano, sino una koiné (no veo razón para arromanzarlo en coiné) de base castellana con influjo substrático y adstrático, según diferencias dialectales diatópicas, de casi todos los romances peninsulares anteriores a 1492: castellano, catalán-valenciano, aragonés y portugués. Ejemplo de esto son isoglosas del tipo קאלי /kále/ («hay que», «débese») que parece pero no es catalán, que había desaparecido del uso corriente en el castellano del siglo xv pero que es (¡oh casualidad!) palabra de uso corriente en el castellano de substrato fuertemente aragonés de mi propia familia.

Puestos a hablar de koinés, no debe olvidarse que el propio idioma que hoy llamamos español o castellano es, en origen, una koiné trabajosamente estandarizada: Donald N. Tuten, Koineization in Medieval Spanish, Berlín, Nueva York, Walter de Gruyter, 2003.

Aldina Quintana-Rodríguez es una autora particularmente prolífica, algunos de cuyos otros trabajos merecen citarse aquí: Geografía lingüística del judeoespañol. Estudio diacrónico y sincrónico, Bern, Peter Lang, 2006; «La influencia del romance aragonés en el judeo-español», en A. Romero Santamaría y M. A. Motis Dolader (coordinadores), Aragón Sefarad, vol. 1, Zaragoza, Diputación de Zaragoza e Ibercaja, 2005, págs. 509-520; «A Sephardic Siddur with ritual instructions in Aragonese Romance. Ms. Oxford, Bodleian Library 1133 (Opp. Add. 8° 18)», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), nº. iv (2004), págs. 138-151; «El sustrato y el adstrato portugués en judeoespañol», Judenspanisch, vii (colección «Neue Romania»: Veröffentlichungsreihe des Studienbereichs Neue Romania des Instituts für Romanische Philologie der Freien Universität (Berlín), nº. 31) 2004, págs. 167-192; «Concomitancias lingüísticas entre el ladino (judeoespañol) y el aragonés», Archivo de Filología Aragonesa (Zaragoza), vol. lvii-lviii (2001), págs. 163-194; «El sonido etimológico [f-] en judeoespañol: variación diatópica y sus causas», Sefárdica (Buenos Aires), vol. xvi (2006), págs. 129-140 y «Responsa testimonies and letters written in the 16th-century Spanish spoken by Sephardim», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), vol. v (2007), págs. 2832-301.

Volvamos a la estricta observancia judeo-catalana: Meritxell Blasco Orellana, «Els documents hebraics de l’Arxiu Comarcal de Cervera», en Tessa Caldés i Artís (coordinadora), Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 175-186, actas que están en línea aquí; «Lèxic català en un manuscrit hebraicoaljamiat del segle XIV (Còdex Soberanas, ms. 3090 de la Biblioteca Nacional de Catalunya)», Actes del I Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Universitat de Barcelona, Publicacions i Edicions, 2004, págs. 139-145, actas en línea aquí; y, en un desliz aragonés pero interesante: «A manuscript from the Xvth [sic] century in Hebrew-Aragonese script (JNUL, Yah. Ms. Heb. 242)», Hispania Judaica Bulletin (Jerusalén), vol. iv (2004) págs. 152-165.

Más: José Ramón Magdalena Nom de Déu, «Las otras judeolenguas de Sefarad antes de la Expulsión», en Josep Ribera i Florit (editor), Simposi internacional sobre cultura sefardita (1992: Barcelona), Barcelona, Facultat de Filologia, Secció d’Hebreu i Arameu, 1993, págs. 73-82; «Judeorromances ‘marginales’ de Sefarad», Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (Sección de Hebreo; Granada), vol. xxxvii-xxxviii, nº. 2 (1988-1989), págs. 41-53; «Etimología no semítica de call», Calls (Tàrrega), nº. 2 (1987), págs. 7-16; este mismo autor cofirmando con Gregorio del Olmo Lete, «Documento hebreo-catalán de farmacopea medieval», Anuario de Filología (Barcelona), vol. vi (1980), págs. 159-187.

Un autor riguroso siempre (aun cuando se equivoca) de interés indudable es Jaume Riera i Sans, que tiene publicado, sobre el tema que nos ocupa, lo siguiente: «Cent trenta-nou volums de llibres d’un jueu mercader i talmudista: Mossé Almaterí (1362)», Sefarad (Madrid), vol. lxviii, nº. 1 (2008), págs. 15-35; «Estudis forasters sobre el judaisme català fins a l’any 1929», Calls (Tàrrega), vol. iv (1990), págs. 95-157; «Estudis sobre el judaisme català, anys 1836-1928», Calls (Tàrrega), vol. iii (1989), págs. 103-135; «La història dels jueus en el Viage literario del P. Jaume Villanueva», Calls (Tàrrega), vol. iii (1989), págs. 9-28; «Antroponímia jueva mallorquina (segles xiii-xv)», Societat d’Onomàstica: Butlletí interior (Barcelona), vol. x (1982), págs. 58-65; «Un recull d’oracions en català dels conversos jueus (segle xv)», Estudis Romànics (Barcelona), vol. xvi (1980), págs. 49-97; y «Els documents en hebreu conservats a l’Arxiu de la Corona d’Aragó», Miscellanea Barcinonesia (Barcelona), nº. 49 (1978), págs. 21-36.

Varios y sueltos por ahí, se pueden citar: Mariángeles [sic] Lozano Galán, «La lengua hablada por los judíos de Mallorca en la Edad Media», en Jornades d’història dels jueus a Catalunya. Actes: Girona, abril 1987, Girona, Ajuntament de Girona, 1987, págs. 327-332; Joan A. Argenter, «Code-switching and dialogism : verbal practices among Catalan Jews in the Middle Ages», Language in Society (revista publicada por Cambridge University Press), vol. xxx, nº. 3 (2001), págs. 377-402; Édouard Roditi, «La poésie judéo-catalane populaire du Moyen Âge», Pardès: Revue européenne d’études et de culture juives (París), nº. 15 (1992), págs. 208-217; Philip Daileader, «La coutume dans un pays aux trois religions: la Catalogne, 1228-1319», Annales du Midi: revue de la France méridionale (Toulouse -o, bueno, «Tolosa de Llenguadoc»-), nº. 255 (2006), págs. 369-385; Amos Dodi, «Liturgical Hebrew in 13th-15th century Catalonia», Folia Linguistica Historica (Berlín), vol. xxvi, nº. 1-2 (2006-2007), págs. 27-43; Florence Touati-Wachsstock, «La halacha en Catalogne: un élément constituant de l’identité judéo-catalane», Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 167-173 (contribución manifiestamente mejorable); Martine Berthelot Puig-Montero, «Comunitats i associacions jueves actuals en els territoris de llengua catalana : esbós general i pistes de reflexió per a un projecte d’investigació», Actes del II Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Cervera, del 25 al 27 d’octubre de 2004, Barcelona, Institut Europeu de la Mediterrània, 2005, págs. 91-104 (que comparte naturaleza con la referencia anterior); de la misma autora, «Pour une histoire des juifs en Catalogne du Nord : réalités, perspectives de recherche et références bibliographiques»,  Perpignan; l’histoire des Juifs dans la ville (XIIe-XXe siècles). Recueil des communications du colloque organisé par l’Association Amitié Judéo-chrétienne et le service des Archives de la ville de Perpignan, Perpignan, Archives communales, 2003, págs. 255-271; en ese mismo volumen, de Danièle Iancu-Agou, «Les élites lettrées juives dans l’espace catalano-occitan (xve siècle)», págs. 63-72; Josep Maria Lloret i Portabella, «Documents de jueus de Cervera (segle xv) que contenen títols de llibres», Tamid (Barcelona), nº. 3 (2000-2001), págs. 49-63, en línea en el sitio web de la Societat Catalana d’Estudis Hebraics, filial del Institut d’Estudis Catalans, de la que es órgano científico esta revista; Roderic Pita Mercè, «Cognoms que tenen origen en topònims francesos i que foren usats pels jueus medievals catalans», Col·loqui d’història dels jueus a la Corona d’Aragó I, 1989, Lleida, Institut d’Estudis Ilerdencs, 1991, vol. ii, págs. 429-437.

Parémonos aquí, más por agotamiento vuestro que por razón particular ninguna, y pasemos a la bronca.

Institución que supongo activa en esto del judeo-catalanismo (en sentido enervantemente estricto), pero con la que yo no he tenido mucho trato, tengo que citar el Institut d’Estudis «Món Juïc» de Barcelona. Dicho a calzón quitado al modo de mi pueblo y para que nos entendamos rápido: su línea ideológica no me inspira confianza. Decir esto en el primer párrafo de la primera página de su proyecto de creación y de estatutos:

El judaisme català fou present en els territoris de llengua catalana, que s’estenen més enllà del marc geogràfic de la península Ibèrica, en un període de més de 600 anys, i va desenvolupar una pròspera cultura pròpia, amb personatges cabdals, amb una extensa producció literària, religiosa, filosòfica i científica i amb un moviment ideològic propi, i unes relacions i influències amb el poder social polític concretes i diferents del que massa sovint s’ha volgut englobar dins del terme equívoc de Sefarad.

es poner los bueyes (o el burro catalán y catalanista) delante del carro.

Equívoco (¿por qué no habrán escrito falso sin más, que es lo que estaban pensando?), tal vez. Mejor polisémico, como cualquier otro topónimo ahora y siempre. En cualquier caso, se ha de preferir lo equívoco de Sefarad a la interpretación torticera (¿«judaísmo catalán»? ¿Y por qué no «judaísmo mostoleño»?) que informa el proyecto ideológico del Institut d’Estudis «Món Juïc». Lo que hace este instituto (creado, por cierto, por profesores de las universidades catalanas, sin que uno entienda muy bien el motivo de ese exilio autoimpuesto e involuntario) es poner el carro delante de los bueyes. Esta práctica solo puede conducir al topetazo, el accidente y a desgraciarse: el carro, los bueyes, el que lo monta y los que paseen por allí.

Si al menos hubieran tenido la vergüenza, que yo no les exigiré que sea torera, de citar a los clásicos (que nadie parece haber leído nunca): S. Kraus, «השמות אשכנז וספרד» («Los nombres Ashkenaz y Sefarad»), Tarbiz (Jerusalén), vol. iii, nº. 4 (5962=1932), págs. 423-435 y Leopold Zunz, «Ueber die in den hebräisch-jüdischen Schriften vorkommenden hispanischen Ortnamen», Zeitschrift für die Wissenschaft des Judentums (Berlín), vol. i (¡y único!), 1823, págs. 114-176, disponible digitalizado aquí.

En eso de leer lo que ya se ha hecho (en 1823…) los del «Món Juïc» son muy españoles: trabajar, lo justito, ya se sabe. Ahora, para el oropel y la obcecación, para eso andan sobrados de ganas e ilusión.

Tres ejemplos de esta erudición burresca son los siguientes: Eduard Feliu, «La trama i l’ordit de la història dels jueus a la Catalunya medieval», Actes del I Congrés per a l’estudi dels jueus en territori de llengua catalana: Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, págs. 9-29; del mismo autor, «Cataluña no era Sefarad: precisiones terminológicas» (que igual podría haber llamado «Freedom for Catalonia»), en Mariona Companys (ed.), La Cataluña judía, Barcelona, Àmbit, Museu d’Història de Catalunya, 25-35 (que existe también en versión catalana, como el resto del volumen del que forma parte); y Simon Schwarzfuchs, «La Catalogne et l’invention de Sefarad», Actes del I Congrés per a l’Estudi dels Jueus en Territoris de Llengua Catalana, Barcelona-Girona, del 15 al 17 d’octubre de 2001, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2004, págs. 187-210, que está en línea como el primer artículo de Eduard Feliu en la URL que he señalado más arriba.

Estas tres contribuciones son un ejemplo poco honrado y nada noble de esa práctica académica tan lamentable que los ingleses llaman cherry picking: cojo lo que me gusta, dejo lo que no y a la realidad, mientras tanto, que la zurzan. Llevo algún tiempo dedicándole algún esfuerzo a contradecir uno por uno los argumentos tanto de Feliu como de Schwarzfuchs. Si uno coge otra combinación de silvestres florecillas, resulta (¡vaya sorpresa!) que le sale un ramo bien distinto. En mi opinión, lo único que puede concluir sobre el particular el estado actual de nuestra ignorancia, es precisamente que no se puede concluir, de momento, nada. Intentar construir con estos cimientos la nación española, catalana, pancatalana o israelí es, sin más, fútil, vano, presuntuoso y torticero.

Por cierto, ni Feliu ni Schwarzfuchs citan a Kraus ni a Zunz. ¿Para qué?

Así lo dejo: queden advertidos que la cosa está hecha y publicada a lo trop a lo trop, que dicen en el catalán de Elche, en el País Valenciano. Pero es que ahora o nunca.

Quédense con un aserto: los seres humanos hemos hablado siempre y a la vez muchas lenguas. Y siempre nos hemos llevado mal. Entre estos dos extremos se ha movido nuestra existencia lingüística e identitaria y las combinaciones existenciales que resultan. Y los judíos sin más, los ibero-judíos y los judeo-catalanes (o catalano-judíos) no fueron menos humanos que cualquiera de nosotros.

Posdata personalizada: Como ya sabes, Antonio, no olvido la deuda, pero me es materialmente imposible saldarla ahora y así será por un tiempo. Que el tema es de interés, no has de dudarlo; que la mayor parte de las referencias están en hebreo, tampoco. Por tanto, darte esas referencias sin más sería como empezar una casa, que tiene pinta de rematarse muy bien, por el tejado.

Posdata necrológica del 26 de julio de 2009:

Eduard Feliu i Marbres (1938-2009)

Feliu sobresalió como investigador de temas hebraicos, en especial los relacionados con la historia de la cultura judía en la Catalunya medieval. «En este campo realizó aportaciones fundamentales –subraya Joan Ferrer, profesor de estudios hebraicos de la Universitat de Girona–. Por ejemplo, una cuestión que nunca se había logrado aclarar sobre el término sefardita aplicado alos judíos catalanes. Feliu demostró que llamarles así era un anacronismo histórico, porque los judíos ca- talanes nunca fueron sefarditas. En la Edad Medialos sefarditas eran los judíos que hablaban árabe, mientras que los judíos catalanes hablaban catalán». […]

«Ha sido el mayor conocedor del judaísmo catalán de todos los tiempos –recalca Joan Ferrer–. La historia del judaísmo catalán va de Ramon Martí, un dominicano medieval gran conocedor del Talmud, a Eduard Feliu, traductor de autores fundamentales como Mossè ben Nahman o Maimónides».

Rosa Maria Piñol, «Estudioso del judaísmo catalán» (obituario de Eduard Feliu i Marbres), La Vanguardia, 17 de julio de 2009.

Coda: Estos catalanes tienen un curioso sentido del elogio.

[Del vascuence] «sus vocablos y construcción mucha enseñanza y doctrina [poseen], que a los que hablan y entienden hace eruditos y bien instruidos».

Manuel de Larramendi (1690-1766), Diccionario trilingüe castellano, bascuence y latín, reedición de Pío de Zuazua, San Sebastián, s.n., 1853, fol. xxix.

Ampliamente desaparecido en nuestros días, pero sin lugar a dudas omnipresente, fue el papel de todos y cada uno de los tipos de multilingüismo en los asuntos cotidianos, el tejido comunitario, las evoluciones de la sensibilidad de la experiencia humana ordinaria en todo el mundo. Es muy posible que una conciencia auténticamente unilingüe sea, en la historia y en la cultura, una excepción. El chovinismo lingüístico, la exaltación de la lengua nacional oficial y de sus raíces míticas son fenómenos tardíos. En el caso europeo, no son anteriores al siglo xvi. Hoy en día, la prepotencia del anglo-americano es un fenómeno crítico que altera la naturaleza misma del lenguaje y de las relaciones humanas. Paradójicamente, engendra asimismo un bilingüismo reforzado, puesto que cada indígena debe conocer su lengua a la vez que el anglo-americano.

El desafío es considerable. Las doctrinas llamadas progresistas, en materia de educación y de psicología del niño, sobre todo en Estados Unidos, se han opuesto a un multilingüismo precoz. De forma más o menos consciente, el chovinismo y las presiones en pro de la integración étnica que subyacen en este tipo de pedagogía son evidentes. Hay que convertir al niño en un ciudadano unilingüe, purgado de su pasado de inmigrante, liberado de la herencia, contraria a sus oportunidades socio-profesionales, que ha recibido de culturas extrañas e inferiores. Un inglés americano normativizado, que asalta desde la infancia, dará acceso al ascensor del patriotismo y del éxito, a la hegemonía de valores y deseos que el modo de vida formidablemente imitable de los americanos ha acabado ejerciendo en buena parte del mundo. Pero el psicólogo de la educación tiene ambiciones más lejanas. En su versión consecuente, busca que el multilingüismo desde la más tierna infancia siembre la confusión en la psiqué en formación, que pueda inducir transtornos de la personalidad, del desorden benigno a la esquizofrenia pura y simple.

Segmentado y desorientado entre diferentes lenguas, el espíritu, la urdimbre de la identidad coherente del niño se deshilacharán total o parcialmente. El reconocimiento de uno mismo quedará obscurecida por los flujos conflictivos de la conciencia. De forma no menos perjudicial, al niño, al individuo ya maduro, le será cada vez más difícil asimilarse al «grupo de sus semejantes» o a su patrimonio nacional. Extranjero de sí mismo, el hombre descentrado lingüísticamente corre el riesgo de seguir siendo un extranjero en mitad de un Estado de estilo americano, liberal, igualitario y colmado de bienes materiales.

Sostengo que este punto de vista bordea la idiotez. Si se aplica, reduce el espíritu humano a la mendicidad, lo domestica. En la misma medida, da testimonio de un trauma inmemorial. El incidente de Babel.

George Steiner, Errata: An examined life, Londres, Weidenfeld & Nicolson, 1997 (tomado de la edición francesa, traducción de Pierre-Emmanuel Dauzat, París, Gallimard, 1998, págs. 134-135).

Metrópolis de Babel.

Metrópolis de Babel.

Una característica espectral recorre mi Europa privada de las diásporas: la pérdida de la sintaxis. Gregor me tranquilizó asustándome: a él le pasaba desde hacía tanto tiempo que lo había asumido como la verdadera condición de su lenguaje. Suizo germanófono casado con una preciosa francesa de la isla de la Reunión, aunque parisina de muchos años, residentes en Inglaterra, criando una niña trilingüe, la sintaxis de todas sus lenguas era una carrera contra Babel. Una persecución retroactiva de la lengua original. Y él, que es un intelectual humanista, que habla árabe de Siria con acento alemán y hebreo de Jerusalén con el mismo acento, y es, en su forma de pensar, tan cuidadoso como el mecanismo de un reloj suizo (¿quién dijo que el tópico es inútil?), me dio la pauta de que la despreocupación purista era una forma de nirvana diaspórico. Entiéndanme: precisamente por su condición de reloj suizo, estaba muy preocupado por la perdida del lenguaje pero convinimos, té va, café viene, en la sala de pasos perdidos de la Biblioteca Británica, en que, de lo que es irremediable, mejor no preocuparse. Es una condición esta de la pérdida de la lengua primera tan habitual en mi círculo que la asumo como esencial, al paradójico modo: Judith con su polaco, su inglés y su francés; María (con acento) con su español, su inglés y su italiano (y otras cuantas más, pero no vamos a sacar los colores); Maria (sense accent) con su catalán, su español, su italiano y su inglés (puis, le français, où en sommes nous?); yo mismo, que por no saber, no sé muy bien donde estoy.

No sé (y acabo) si estoy del todo de acuerdo con Steiner. No sé si la inmersión lingüística es tan deleznable como escribe (pues de inmersión lingüística escribe Steiner, contradiciéndola, por si no se habían dado cuenta). Supongo que lo que debe controlarse es el componente ideológico de la inmersión lingüística, nada más y nada menos. O equilibrar las reglas impuestas de la lengua normativa con las libertades adquiridas por la costumbre del humanismo, lo que nos acabaría llevando a un punto de encuentro con las tesis de Steiner. Y antes de que sigan leyendo, un recordatorio antes de que me vengan indignados con mandangas: la principal política de inmersión lingüística [enmienda: en la Península Ibérica] por las bravas es la que desarrolló el Estado español, primero liberal, luego Dios sabe qué, desde mediados del siglo xix hasta finales del xx. En Francia también saben un rato de estas cosas.

Es cierto que una constante de las últimas hornadas de ciertas investigadores americanos, por origen o por formación, es una incapacidad para las lenguas extranjeras que a mí me exalta la bilis. Pero no es menos cierto que, en los campos directamente concernidos por el manejo de lenguas modernas y clásicas, investigadores de ese mismo origen lingüístico dan mil y una vueltas a españoles y franceses tradicionalmente afásicos.

La cantidad vocabular o el tamaño de la lengua en que se nos sumerge por inmersión lingüística no es criterio de nada, salvo en las ensoñaciones venéreas de los lingüistas (normalmente sociolingüistas) que veneran el tamaño o el onanismo de los usos lingüísticos por encima de la calidad en el manejo. Nada que ustedes, queridas lectoras y lectores, no sepan por su vida diaria. Quod erat demonstrandum

Coda: Aunque esté mal decirlo, porque no decía absolutamente nada nuevo como tiene por costumbre de algunos años a esta parte, yo me lo pasé muy bien con La busqueda de la lengua perfecta en la cultura europea, de Umberto Eco (Barcelona, Crítica, 1994; primera edición italiana como La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea, Bari, Laterza, 1993). Por casualidad, acabo de descubrir que en la primera de mis almae matres les ha dado por interesarse por asuntos que son muy de mi incumbencia: Ana Vian y Consolación Baranda (ed.), Letras humanas y conflictos de saber: la filología como instrumento a través de las edades, Madrid, Editorial Complutense, 2008 (edición a cargo del Instituto Universitario Menéndez Pidal), en el que Fernando Díaz Esteban acomete el artículo «Bernardo de Aldrete en la corriente anticuaria del siglo xvii», págs. 345-361. Don Fernando, uno de los hebraístas, en Barcelona y en Madrid, que han impartido docencia universitaria en la segunda mitad del siglo xx, provoca en mí cierto agnosticismo intelectual, pero parece que, en esta ocasión, acomete y desarrolla en lugar de perpetrar un artículo, de lo cual me felicito. En cualquier caso, Bernardo de Aldrete (1560-1641) es un barroco temprano y humanista tardío de mucho interés, que sostenía afirmaciones de esta laya:

No puedo dexar de responder a los que sienten, que hago agrauio à nuestra lengua en darle principio, que sea mas moderno, que la población de España por el antiguo Tubal, lo demas tienen por indigno de la gra[n]deza española. […] La propiedad con copia i abundancia de vocablos, la dulçura junta con la grauedad, la elegancia acompañada de facilidad, i otros ornamentos semejantes son los que honrran, i dan precio i estima a vna lengua.

(Díaz Esteban, 2008, pág. 348)

En español y sobre las Españas, por seguir con el argumento de Tubal [enmendado y enlazado], yo he disfrutado siempre mucho con los escritos de Antonio Tovar Llorente. Quien se asombre (ya ven ustedes qué cosas) de que un madrileño de nación y de ejercicio se deleite hablando y escribiendo catalán (a la manera de Valencia), lo de Tovar debe ser causa de estupor mayor: un vallisoletano de nacimiento, falangista de primeras, exiliado pro-democracia después, rector de Salamanca, que hablaba y escribía del catalán y del vasco (y otra docena larga de lenguas). ¡Ahí es nada! De Tovar, yo tengo entre mis libros predilectos (y viene al caso de lo que tratamos) Mitología e ideología sobre la lengua vasca. Historia de los estudios sobre ella, Madrid, Alianza Editorial, 1980, porque, si ustedes no lo saben ya se lo digo yo, todo empieza en las Españas por el vasco. Sobre todo a partir del siglo xvi. Sin ánimo paradójico pero con intención cojonera, les he de revelar que no hay nadie más español que los vascos. Bien a su pesar y, quizá en ocasiones, bien a pesar de los que no nos quedan más narices que ser españoles (qué quieren, si tal nos ha tocado en el reparto). Como no estamos en un quodlibeta medieval y, por no querer convencer, no me quiero convencer ni a mí mismo, me permito darle a la de cal de George Steiner, una de arena de Antonio Tovar. Aquí va (y queden ustedes, como es costumbre de esta casa, con Dios. Veremos si mañana podemos leernos. Si no, el lunes):

Y ¿qué diremos sobre la actual situación del euskera? No soy vasco, ni vivo allí para estar bien informado de la rápida evolución de los últimos años, ni me siento con autoridad para opinar sobre las tendencias que dominan en la lengua vasca. En la Edad Media, y todavía en la Moderna, y en España hasta el siglo xx, las lenguas eran habladas en su mayoría por analfabetos, y se heredaban principalmente por tradición oral, como en los tiempos primitivos. Así ha llegado el vasco hasta ayer, y así se ha conservado entre los vascos la literatura oral viva hasta hoy.

Pero la actual crisis, desgraciadamente sangrienta crisis, que sacude a los vascos, es una crisis política, mas también lingüística. En el mundo actual, donde no puede haber analfabetos, porque la economía lo prohíbe, la transmisión de la lengua ya no es predominantemente oral, ni ocurre en el tranquilo y secular regazo de los caseríos en las montañas. El País Vasco, tan industrializado, tan atractivo como ha sido para inmigrantes, ha llegado a una crisis de identidad.

Y sería necio no reconocerlo. Una lengua hoy no puede subsistir sino con escuela y con los medios de comunicación modernos, y una forma de lengua unificada es necesaria para que sirva en estos usos y en los de la administración autónoma. Privar hoy a una lengua de esto es lo mismo que condenarla a muerte.

El camino de la paz en las provincias vascas y en España pasa por la política, y, según se puede ver en este libro, por la política lingüística. «La situación actual -ha dicho el rey don Juan Carlos a un periódico extranjero (El País, 23 de marzo de 1980)- es el fruto de enormes errores históricos». […] Cuando Unamuno creía, en su falta de fe en el futuro del euskera, que operar con las lenguas y hasta cierto punto dirigirlas es imposible, desconocía, como hombre de su época historicista, que siempre han sufrido las lenguas tales operaciones, y […] también la castellana y española las ha sufrido a manos del Rey Sabio en el siglo xiii o de la Real Academia de Felipe V en el xviii.

(Antonio Tovar, 1980, págs. 200-201).

Estrambote: Por casualidad me encuentro con la revista Península: revista de estudos ibéricos (Instituto de Estudos Ibéricos, Faculdade de Letras da Universidade do Porto), que lleva publicando desde 2003 fascículos buenos, bonitos, baratos por cibernéticamente gratuitos, eruditos y sin embargo interesantes, portugueses e ibéricos. No se me pongan remolones y no me vayan a pedir más en plan exigente: disfruten lo que hay, que no es poco. Va derecha a los enlaces de la columna a mano diestra, que pueden ustedes recorrer tanto como les plazca, por cierto. ¿Hacía falta decirlo?

«Encheremos nossa boca de riso
nossa lingua de musica & alegria»
Samuel Usque, Consolação às tribulações de Israel,
Ferrara, 1553, folio cclxxxi recto

Frontispicio de la Esnoga de Amsterdam.

Frontispicio de la Esnoga de Amsterdam.

Such are the recorded languages of the Netherlands-based seventeenth- and eighteenth-century Sephardim: Portuguese at synagogue and for synagogue-related bureaucratic work, as well as for certain religious and secular documentation and publications; Spanish for business, fine arts, everyday life; Hebrew at the occasional erudite academy, more written than spoken, at times recited, also for liturgy, biography, grammar and circumstantial poetry; Latin and Greek for classical erudition; Dutch for communication with officialdom, general commerce and the occasional circumstantial poem; as the eighteenth-century evolves, French for haute couture; Italian surely for the occasional conversation with coreligionaries from home, such as in the case of Abraham Cohen de Herrera (Italy 1580-Amsterdam 1635), author of the Spanish-language treatise on Kabbala, Puerta del cielo.

Other than Portuguese, Spanish, French and Italian, at least one additional Romance tongue was known within the Dutch Sephardic Community: Catalan […].

[«Estas son las lenguas de cuyo uso existe evidencia entre los sefardíes residentes en los Países Bajos durante los siglos xvii y xviii: el portugués en la sinagoga y para los trámites sinagogales, así como para ciertos documentos y publicaciones de carácter religioso o secular; el español para hacer negocios, las artes y la vida cotidiana; el hebreo en algunos círculos eruditos, más escrito que hablado, recitado a veces, también para la liturgia, escribir biografías, gramáticas o poemas de circunstancias; el latín y el griego para la erudición clásica; el holandés para comunicarse con las instancias oficiales, el comercio en general y algún poema de circunstancias. Según avanzó el siglo xviii, el francés para la alta costura y el italiano para alguna conversación que pudiera darse con los correligionarios oriundos de la misma tierra, como ocurría con Abraham Cohen de Herrera (Italia 1580-Amsterdam 1635), autor de un tratado escrito en español, Puerta del cielo, sobre la cábala.

Junto con el portugués, el español, el francés y el italiano, al menos se tiene noticia de otra lengua románica conocida en el seno de la comunidad sefardí holandesa: el catalán […]».]

Kenneth Brown, «A Catalan speaker at esnoga: Nicolau d’Oliver i Fullana (Majorca ca. 1620-the Dutch Netherlands [?] ca. 1698)» [«Un catalanohablante en la esnoga: Nicolau d’Oliver i Fullana (Mallorca, ca. 1620-Provincias Unidas de los Siete Países Bajos, Zutot: Perspectives on Jewish culture (revista), vol. iii (2003), págs. 87-97.

Y hasta aquí puedo leer, yo como ustedes. Cuando estuve en bibliotecas en las que había este numero de Zutot (una revista muy apañada, por otra parte), me descuidé de sacar copia del artículo. Así que tampoco yo sé quien fue ese Nicolau d’Oliver y hasta qué punto se habló catalán en Amsterdam. Puestos a hablar catalán en el siglo xvii, sería bastante más lógico que lo hablasen en Liorna, el Livorno de los italianos. Así que no se me arremolinen expectantes: la pauta de las comunidades sefardíes, desde la Expulsiones de la década de 1490 en adelante, fue hablar una koiné, un sistema lingüístico cuya base principal fue lo que comúnmente llamamos castellano o español, que ya era en la Península Ibérica la lengua más difundida en ese mismo siglo xv. Y, por cierto, después también. Precisamente, una de las peculiaridades de las comunidades sefardíes del sur de Francia, principalmente radicadas en la región de Burdeos, y en los Países Bajos, fue que mantuvieran y se sirvieran del portugués, en contraste con el resto de comunidades sefardíes.

Tengo que admitir que no acabo de estar muy de acuerdo con la caracterización que da Brown: quizá convendría matizar los usos del español y del portugués que, en cada caso, me parece que abarcaron más de donde los cataloga el autor del artículo. La aclaración que da de que el hebreo era «más escrito que hablado» me sorprende (y formará parte del argumento de un apunte próximo donde pretendo contestar a una antigua deuda): lo de «hablado», en una comunidad sin especiales problemas de expresión y de intercomprensión lingüística como era la sefardí de los Países Bajos (¡sería por lenguas! ¡Venga otra ronda de adverbios!), me parece un poco extemporáneo, si me lo permiten. Pero bueno, sus razones tendrá Brown y quizá las dé en el artículo. Lo del francés de alta costura, francamente, me deja un poco con el pie cambiado, pero seguro que los sefardíes dieciochescos de Amsterdam eran tan presumidos como sus primos de aquende y allende del Mediterráneo. No en vano, a toda una especie de sefardíes notorios por el colorido de su comportamiento y su habillamiento los llaman, en París, les Juifs chalala. Y eso de Dutch Netherlands me suena un poco inaudito: Dutch, que yo supiese, llegaba hasta el Flandes hoy belga y los Netherlands históricos son, para los ajenos al Benelux, la mal llamada Holanda (que sí, que sí, que ya lo sé…), de la que es soberana la reina Beatriz; Bélgica, de la que pareciera, vista de lejos, que lo único que existe son el Rey Alberto, el chocolate y los mejillones con patatas fritas; y Luxemburgo. Pero, oigan, corríjanme, corríjanme, que para eso estamos…

Interior de la Esnoga de Amsterdam

Interior de la Esnoga de Amsterdam

Y, por Dios bendito, no me confundan glotónimos (nombres de lenguas), topónimos (nombres de lugares), gentilicios (nombres de los oriundos de esos lugares) y nacionalismos contemporáneos (productos mayoritariamente indeseables del romanticismo decimonónico y derivados): los sefardíes no eran españoles salvo en el sentido geográfico tradicional del topónimo Hispania, castellanizado en España y de la cual toma nombre, por otra con bastante lógica, la nación de la que yo mismo soy ciudadano. Y no podían ser españoles porque, entre otras minucias sin importancia, «España» como estado coherente y continuo no existía en 1492. Ni en 1500. Ni en 1640… Y Sefarad es España en ambos sentidos: el hispánico y el español. Y que existieran esnogas o scuole, es decir, sinagogas, que recibían el apelativo de catalanas no es porque quienes formaban la congregación fueran catalanes y, menos aún, catalanes «à la Joan Fuster», de Salses, en el Rosellón, a Guardamar, en la frontera con Murcia y de Fraga, en Aragón, a Alguer, en Cerdeña. Eran catalanas porque se rezaba siguiendo el rito catalán, un muy determinado rito que perduró hasta más o menos el siglo xviii. Pero estas comunidades catalanas estaban englobadas, en términos menos específicos, en la idea sefardí contrapuesta, por ejemplo, a asquenacíes, romaniotas (judíos de lengua griega de donde provienen casi todas las familias apellidadas «Greco» o «Grego», por si este dato fuera de interés para alguna de mis lectoras), yemeníes y, fuera del judaísmo rabínico hoy y ayer, pero no antesdeayer, mayoritario, caraítas. Yo solo tengo noticia de una comunidad sefardí que mantuviese más allá del siglo xvii su lengua catalana oriunda: la que existe en la mente algo calenturienta de algún publicista anónimo del nacionalismo (pan)catalanista.

Y, si ustedes quieren, les doy la bibliografía de esto y de más cosas si me la piden, pero no hoy, que ando ya con alguna gana de cerrar el chiringo y por mucho que sean ustedes, como dijo Cervantes de Barcelona, un puritito «archivo de cortesía», me espera Morfeo para platicar no sé qué cosas.

Ea, señoras, señores, con Dios. Con el que más les guste.

[Fotografías sacadas del sitio de la gran sinagoga sefardí de Amsterdam, la célebre y entrañable Esnoga de Amsterdam, una de las maravillas del mund(ill)o sefardí.]

[En la misma serie.]

Para N. A. Jalil, desde este lado del espejo, quien me enseñó lo poco que sé de la heterogeneidad de los moriscos y que me dio las pruebas de que humanidad no hay más que una y silencios, muchos, tanto ahora como en el siglo xvi o en la Edad Media.

Les pirateries de Barbarossa i de Dragut, que mortificaven el litoral valencià, tenien en ells un cap de pont evident. Era llur reacció davant les violències de què eren víctimes -o temien d’ésser-ne. Els moriscos seran, potser sense ells voler-ho, la causa principal del naufragi d’aquella societat.

[«El corso de Barbarrosa y Dragut, que mortificaban el litoral valenciano, tenía en ellos {los moriscos} una cabeza de puente evidente. Así reaccionaban a las violencias de que eran -o temían ser- víctimas. Los moriscos serían, tal vez sin quererlo, la causa principal del naufragio de aquella sociedad.»]

Les aljames continuaven acatant la rectoria moral i religiosa dels alfaquins, celebraven les cerimònies alcoràniques, i duien llur documentació en «algaravia». Si sempre -vull dir, d’ençà de la Conquista- els moros valencians havien conservat llur condició de comunitat distinta, ara, perseguits, se sentiren més a part i aïllats: els lligams morals que els unien ells amb ells van enfortir-se. L’acarament de tots dos pobles, moros i cristians, es convertia en una incompatibilitat insoluble.

[«Las aljamas seguían acatando la dirección moral y religiosa de los alfaquíes, celebraban las ceremonias coránicas y llevaban la documentación en “algarabía“. Si los moros valencianos habían conservado siempre -quiero decir, a partir de la Conquista- su condición de comunidad distinta, ahora, perseguidos, se sintieron más separados y aislados: los lazos morales que los unían entre ellos se reforzaron. El enfrentamiento de ambos pueblos, moros y cristianos, se convertía en una incompatibilidad insoluble».]

Historiadors, polítics i desenfeinats de tota mena han discutit apassionadament, durant els darrers cent cinquanta anys, a propòsit de l’expulsió. Hi ha hagut dicteris esgarrifosos i lloances efusives. Per als uns, allò fou un acte de vandalisme religiós, propi de la rígida intolerància que caracteritzà l’Espanya dels Àustries; fou, de més a més, un error econòmic lamentabilíssim, una causa més, però no insignificant, de la decadència d’aquella Monarquia. Per als altres, en canvi, fou un gest de virtuosa severitat, que, si entranyava afliccions materials, responia a ideals sublims i etcètera. La polèmica, per a mi, no té gaire sentit, i menys en aquests termes. Mirades les coses sincerament, no hi ha dubte que, des del nostre angle -de valencians actuals-, l’expulsió fou una sort. Algun erudit ha comparat la situació valenciana del XVI amb la de l’Algèria del 1961: comparança prou exacta, sí. Els moriscos eren un poble colonial a la pròpia terra -al capdavall, ells eren uns «valencians» més «antics» que els altres-, i els cristians eren una mena de pieds-noirs sobrevinguts i explotadors.

[«Historiadores, políticos y ociosos de toda laya han discutido apasionadamente durante los últimos cincuenta años a propósito de la expulsión. Se han emitido espantosos denuestos y alabanzas efusivas. Para unos, fue un acto de vandalismo religioso, propio de la rígida intolerancia que caracterizó la España de los Austrias; fue, además, un error económico lamentabílisimo, una causa adicional, aunque no insignificante, de la decadencia de aquella Monarquía. Para otros, en cambio, fue un gesto de virtuosa severidad que, si entrañaba aflicciones materiales, respondía a ideales sublimes y etcétera. La polémica, para mí, no tiene mucho sentido y menos en estos términos. Viendo las cosas con sinceridad, no cabe duda de que, desde nuestro punto de vista -de valencianos actuales- la expulsión fue una suerte. Algún erudito ha comparado la situación valenciana del xvi con la de la Argelia de 1961: comparación sobradamente exacta, sí. Los moriscos era un pueblo colonial en su propia tierra -al fin y al cabo, eran unos «valencianos» más «antiguos» que los otros-, y los cristianos eran una especie de pieds-noirs sobrevenidos y explotadores.»]

Joan Fuster (1922-1992), patriarca y profeta del nacionalismo pancatalanista de izquierdas, con especial relevancia en el País Valenciano; Nosaltres, els valencians [«Nosotros, los valencianos»], Barcelona, Edicions 62, 1996, decimosexta edición (primera edición de 1962), págs. 34, 36 y 38.

Hay mucho que pensar en todas estas mescolanzas de lenguas, religiones y razas y en estas amalgamas de, por ejemplo, el velo de las mujeres y el automóvil o el fonógrafo. Por mucho que nos entristezca la lectura de las relaciones de expulsión de los moriscos de España, hay que pensar que, una vez hecho, ha sido la medida política más sabia del mundo. Dice Jaime [Oliver Asín] bromeando en las líneas que me dedica, y que le agradezco en lo que valen, que «no se me ocurra musulmanizarme». No hay cuidado. Hay mucho de verdad en lo que V. me ha dicho siempre de la desilusión que se sufre al venir a Oriente. Por bajo de la cáscara brillante y exótica, no hay más que fanatismo y una sociedad absurda donde no hay mujeres, donde un hijo no habla ni se trata con su madre. La religión vulgar -¡no la de los grandes teólogos, claro!- es algo estrambótico. La oración en común parece una clase de gimnasia sueca, y es un espectáculo desagradable ver a todo el mundo descalzarse a la puerta de las mezquitas y andar siempre con las patas al aire y con las chancletas al retortero. ¡Qué alegría la de sentirse cristiano! Cuando en la iglesia de los franciscanos de aquí, que es inmensa y estaba llena de europeos, resonó en la Misa del Gallo el Alleluia, crea V. que sentí una de las mayores emociones de mi vida.

Desde El Cairo, 27 de diciembre de 1927.

¡Pero en fin llegué! Los franciscanos, para los que traía recomendaciones, no me pudieron hospedar, por falta de sitio. He visitado el Santo Sepulcro, Getsemaní, la tumba de la Virgen, la Vía Dolorosa, etc., etc. y ayer en auto con un franciscano, dos señoras chilenas y un francés Jericó, el Jordán y el Mar Muerto. ¡Qué visitas tan emocionantes, y al mismo tiempo tan dolorosas por ver cómo está esto dividido entre las sectas! Hoy es posible que vaya a Belén y los días que siguen asistiré a los oficios y Vía Crucis en los mismos lugares en los que se verificó la Pasión del Señor. Jerusalén es maravilloso, con sus callecitas en cuesta y abovedadas. ¡Lástima que haya tanto judío!

Desde Jerusalén, miércoles santo, 4 de abril de 1928.

Emilio García Gómez (1905-1995), patriarca y caudillo del arabismo español en la segunda mitad del siglo xx; Viaje a Egipto, Palestina y Siria (1927-1928). Cartas a Don Miguel Asín Palacios, Madrid, Real Academia de la Historia, 2008, págs. 47 y 78

Mi señor suegro, Dios te honre. He recibido tu distinguida carta, la primera y la segunda, y la he entendido, señor mío. En cuanto a lo que dices de si quiero armas, pues hoy más que nunca. Y ya que vuestra señoría se propone marchar, Dios te decrete salud y te devuelva a tu casa con bien. Vuestra señoría haga lo posible porque se me dé armamento completo, es decir, espada, daga y pedreñal, y si puede ser armamento defensivo, que es coraza o lo que se le parezca, bien, y si no, las tres cosas, y si no, espada y daga; en cuanto al precio, por el armamento completo darás hasta cien libras, y por espada y daga, hasta cincuenta libras, y si el asunto está cerca de acuerdo por diez o veinte, si son, manténte en el principio. En cuanto al asunto del dinero que me mandas a decir que te envíe, mi señor, es divisa que nosotros debemos pagar a la gente: en ello nos va el honor, y no puedo dar nada porque en estos días acierto a estar desprovisto de dinero. Señor mío, procure su señoría recabar licencia de armas, y si Dios provee quien lleve el buen envío de una manera u otra, en paz, y si no, envía un correo expreso en el que se esté (el envío) y cuánto se debe pagar por él, e inmediatamente te lo enviaré o te lo pondré en el Banco de Valencia [>ṭblh<, i.e. la «Taula de Canvis» de Valencia; nota de JdPP], y te enviaré cédula notificatoria para que expliques que a costa mía es toda la cosa. Y, aunque en ella hay puerta abierta para eso, que te he dejado cuánto darás, haga su señoría lo que crea ser conveniente, que yo defenderé todo lo que hagas en mi nombre en el asunto del armamento: ten esta carta como recordatorio. Tengo entendido que el rey ha hecho merced del asunto del armamento al secretario Franqueza. Allí estarás: llévate lo que puedas.

El portador de esta te lleva un frasco de miel de caña y un piloncillo de azúcar para que los lleves para el camino: recíbelos de buena gracia, y que Dios te dé buen viaje y te devuelva a casa con bien, como deseas. Nada queda sino saludaros a todos con la paz, la misericordia y bendición de Dios.

Benirredrá, 19 de febrero del año 1595.

Mendoza no está aquí, y me han dicho que aún no está el algodón teñido; cuando esté, lo enviaré, si Dios quiere.

Hasta que lo mandes, tu servidor, Luis Alġāzī

Carta del morisco valenciano L. Algazí a su suegro, en viaje camino de Valencia, escrita en árabe andalusí. Editada y traducida en Federico Corriente Córdoba, «Árabe andalusí», en Federico  Corriente y Ángeles Vicente, Manual de dialectología árabe, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008, edición y transcripción del texto árabe en págs. 373-375 y traducción al español en págs. 375 y 376.

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Dos moriscas del siglo xx?

¿Cómo podemos dar voz a aquello que ha sido silenciado sin hundirlo aún más en su silencio, sin tapar su posibilidad con nuestra construcción? Cuando se dice que la represión y el necesario consenso explican el silencio subalterno de la Posguerra y la Transición española (más aún cuando se añaden florilegios como «madurez» o «coherencia», al hablar de cómo el silencio de las víctimas ayudó a la culminación óptima de los procesos sociopolíticos) no se está haciendo otra cosa que representar al subalterno. En este caso, la escritura de Ángel Piedras es reveladora en un doble sentido y también en un doble sentido pone en jaque estas teorías:

1) Ángel Piedras es un subalterno que vuelve al mundo de los vivos, desde la muerte, pues ve conmutada una condena capital que duró 101 días, en los que esperó ser asesinado cada amanecer, y desde el silencio al que estaban condenados sus escritos. Y revela que hay una parte de lo subalterno que se niega a ser representada y que no se encuentra de acuerdo con la construcción de una «reconciliación» que ha de labrarse a costa del silencio de la parte más dañada y menos desagraviada de esta historia (no hace falta recordar que las víctimas franquistas tuvieron cuarenta años de desagravio público y privado, social, político y económico).

2) Ángel Piedras, vuelto del mundo de los muertos, pone de manifiesto a su vez que hablar de «subalterno» como algo homogéneo es también una forma grosera de representación. El subalterno no es un todo uniforme sino un magma lleno de fracturas, a menudo irreconciliables.

Pedro Piedras Monroy, «La lista de Ángel Piedras: memoria de la Guerra Civil y subalternidad», Revista da Faculdade de Ciências Sociais e Humanas (Lisboa), nº. 18 (2006), págs. 143-161, extraído de la pág. 156.

Ángel Piedras (1910-1997) fue vecino de Nava del Rey, provincia de Valladolid (España): «Hijo de una familia de jornaleros, también él trabajó en el campo hasta los veintiséis años. Fue detenido y encarcelado en los días de la terrible represión que sucedió al alzamiento franquista. Tras 101 días de condena a muerte, su pena fue conmutada por la de cárcel. Salió indultado en 1944. Ángel Piedras era hermano de mi abuelo, fusilado en Cáceres en enero de 1938. Su testimonio tiene que ver decisivamente con mi interés y mi dedicación a la historia. Este pequeño ensayo, primera piedra de un trabajo más amplio, es ante todo una prueba de mi admiración y agradecimiento hacia él», Pedro Piedras Monroy, op. cit., pág. 143.

Nava del Rey fue una de las localidades donde más atroz fue la saña de la represión durante y después de la Guerra Civil Española. Fue asesinada buena parte de la corporación municipal, con el alcalde Cirilo Moro a la cabeza, y una larga lista de vecinas y vecinos del pueblo, cuyo nombre y circunstancia de la muerte da en sus cuadernos Ángel Piedras.

Coda: Joan Fuster repitió públicamente en diversas ocasiones que él no se consideraba nacionalista. Emilio García Gómez comenzó su discurso, en el homenaje que la Facultad de Filosofía y Letras dispensó al recién fallecido José Ortega y Gasset, con las palabras: «yo, que soy un liberal…».

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

Chantal Maillard, «Escribir», Matar a Platón, Barcelona, Tusquets, 2004.

סיפור איבוד [ממון] ספרד שהיא אישפאנייה [«Recontamiento de la pérdida [riqueza] de Sefarad, que es Hispania (>ʔyšpʔnyyh<)»], f. 369 <i>verso</i> del ms. Nº. 6 de Salamanca.

סיפור איבוד [ממון] ספרד שהיא אישפאנייה [«Recontamiento de la pérdida [riqueza] de Sefarad, que es Hispania (>ʔyšpʔnyyh<)»], f. 369 verso del ms. nº. 6 de Salamanca.

Título de la única crónica hebrea de la Guerra y Revuelta de las Comunidades de Castilla (Guerra,  Revuelta o Revolución de los Comuneros), compuesta por Alfonso de Zamora hacia 1520. La palabra que figura sobre la línea es ממון («riqueza»), pronunciada /mamón/. La vocalización que le da Alfonso (/mamon/ en lugar de /mĕmon/) impediría su inserción en la secuencia del título puesto que no se trataría de un estado gramatical constructo, sino de un estado absoluto. Existen, claro está, otras posibilidades: que Alfonso de Zamora no supiese gramática; que la palabra no sea hebrea, sino aljamiada, y en realidad sea lo que parece («¡mamón!») y nos encontremos por tanto ante la primera transcripción atestiguada de las actas de un consejo de departamento universitario; o que Alfonso de Zamora fuera, como el Lazarillo de Tormes, crípticamente valenciano, concretamente de Xàtiva,  y le enalteciese el espíritu y el rijo el recurso al exabrupto. Desgraciadamente, no contamos con los medios para asegurar la veracidad de ninguna de estas hipótesis.

Juan Bravo en la Plaza de las Sirenas de Segovia. Foto y copyright de JuanGabriel, 2008.

Juan Bravo en la Plaza de las Sirenas de Segovia. Foto y copyright de JuanGabriel, 2008.

El pueblo se da a sus jefes
y expulsa a los que le dieran.
Ya cunde en toda Castilla
la rebelión comunera:
Comunes el sol y el viento,
común ha de ser la tierra.
Que vuelva común al pueblo
lo que del pueblo saliera.

Luis López Álvarez, Los comuneros, 1972.

Oigan, no me miren así: si todo cristo puede reinventarse sus mitos fundadores, los del Altiplano central también podremos, ¿no?

«Estos días azules, este sol de la infancia»

En respuesta a los últimos y recientísimos acontecimientos en casa del vecino del entresuelo izquierda de cierta corrala que tiene la entrada de servicio y el Wunderkabinet en Madrid, el balcón con vistas a la playa en Barcelona y el otro, que da a una reliquia de la última guerra nuclear protagonizada por Mel Gibson, en Roma, he sentido la necesidad de realizar una declaración patriótica:

Sí, es Jacques Brel, que era flamenco de nación y francófono de lengua, cantando su bellísima canción Le plat pays («El país llano») en la otra lengua, junto con el francés, de Bélgica, el neerlandés. Con las lenguas, como con las personas, quizá solo sean cuestión de buena voluntad que, como ya se sabe, provoca la «paz en la tierra».

Mijn vlakke land («Mi país sin alturas»)

Letra original francesa y música de Jacques Brel; adaptación neerlandesa de Ernst van Altena.

Wanneer de Noordzee koppig breekt aan hoge duinen
En witte vlokken schuim uiteen slaan op de kruinen
Wanneer de norse vloed beukt op het zwart basalt
En over dijk en duin de grijze nevel valt
Wanneer bij eb het strand woest is als een woestijn
En natte westenwinden gieren van venijn
Dan vecht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando rompe tenaz el Mar del Norte en las altas dunas
y blancos copos de espuma se escabullen encima de las olas
Cuando la tormenta de corazón helado golpea con estrépito el negro basalto
Y encima de diques y dunas se desparrama la niebla gris
Cuando baja la marea, está desolado como un páramo
Y el poniente de lluvia silba el veneno
Entonces lucha mi país, mi país sin alturas.»]

Wanneer de regen daalt op straten, pleinen, perken
Op dak en torenspits van hemelhoge kerken
Die in dit vlakke land de enige bergen zijn
Wanneer onder de wolken mensen dwergen zijn
Wanneer de dagen gaan in domme regelmaat
Een bolle oostenwind het land nog vlakker slaat
Dan wacht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando la lluvia bate en calles, plazas y parques
sobre tejados y agujas de iglesias, altas hasta los cielos,
que son las únicas montañas de este país sin alturas
Cuando, bajo las nubes, las gentes son minúsculas
Cuando los días pasan como se espera que pasen
Un levante sin límites vuelve el país aún más llano
Entonces aguarda mi país, mi país sin alturas»]

Wanneer de lage lucht vlak over het water scheert
Wanneer de lage lucht ons nederigheid leert
Wanneer de lage lucht er grijs als leisteen is
Wanneer de lage lucht er vaal als keileem is
Wanneer de noordenwind de vlakte vierendeelt
Wanneer de noordenwind er onze adem steelt
Dan kraakt mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando se encapota el cielo por encima del agua
Cuando se encapota el cielo nos enseñan humildad
Cuando se encapota el cielo como si fuera de piedra
Cuando se encapota el cielo tan pálido como cantos rodados
Cuando el cierzo deshace en partes la llanura
Cuando el cierzo nos roba el aliento
Se agrieta mi país, mi país sin alturas»]

Wanneer de Schelde blinkt in zuidelijke zon
En elke Vlaamse vrouw flaneert in zonjapon
Wanneer de eerste spin zijn lente-webben weeft
Of dampende het veld in juli zonlicht beeft
Wanneer de zuidenwind er schatert door het graan
Wanneer de zuidenwind er jubelt langs de baan
Dan juicht mijn land, mijn vlakke land

[«Cuando el río Escalda brilla con sol meridional
y toda mujer de Flandes luce preciosa en ropa de verano
Cuando la primera araña teje su tela del buen tiempo
O el campo mojado se estremece a la luz del mes de julio
Cuando el mediodía se desliza por los trigales
Cuando el mediodía se regocija por los surcos
Entonces da voces de alegría mi país, mi país sin alturas»]

Quizá se esté de acuerdo en que, para cultivar los beneficios del bienestar y alejar los fantasmas del odio ciego, conviene pensar toda forma de amor como una declaración de humor. En el caso del amor a los países y las patrias, quizá convenga aplicar más humor aún, para conseguir que el amor a la patria -sentimiento que yo no poseo- persista en ser como una caricia íntima y amiga y no degenere en una reivindicación del escuadrón de fusilamiento como forma última del patriotismo.

Exactamente igual que con la celebérrima canción de Jacques Brel, Ne me quitte pasNo me dejes»), cuyo verdadero significado esté tal vez más cerca de la sátira de un hombre absurdamente enamorado que del elogio de ese amor absurdo. Exactamente igual que con el amor que conviene a las patrias: siempre más cerca, mejor sea, de tomarle el pelo que de llevarnos a un pelotón de fusilamiento.

Traduttore che si tradisce: Como el manejo con suficiencia del neerlandés no se cuenta entre mis escasas virtudes, este intento de traducción debe tomarse más como un apaño bastante torpe para daros alguna idea del sentido de la canción, que de una verdad verdadera de lo que le hizo decir Ernst van Altena a Brel. Para la canción francesa original, aquí. Para Brel cantando la versión francesa, aquí (con una traducción inglesa subtitulada casi tan discreta como la que yo hago en este apunte del neerlandés).

[Anterior entrega de Solipsismos imperiales.]

Leo, por fin, El nacionalismo lingüístico: una ideología destructiva, de José Carlos Moreno Cabrera, publicado en 2008, en Barcelona, por Península. De momento está resultando una lectura tan nutricia como la suponía. Sospechaba que me iba a encontrar a un viejo conocido y no me falla. Aquí está, en una cita particularmente jugosa:

Que si no hubieran ido desapareciendo lenguas en el transcurso de la historia, porque en sus hablantes triunfó la fuerza de intercambio sobre el espíritu de campanario, no habríamos alcanzado el nivel de civilización en que nos hallamos y sólo existirían lenguas mínimas, lenguas de tribu o incluso simplemente familiares. Recordé que, a pesar de todo, existían aún hoy en el mundo cuatro o cinco mil lenguas, pero que la mitad de ellas, al menos, las hablaba menos gente de la que estaba presente en el teatro, y la mitad de esa mitad eran lenguas tan minúsculas que no contaban con más hablantes de los que pudieran caber sobradamente en un palco. Que muchas de esas lenguas minúsculas se van extinguiendo es evidente, pero no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro. Añado ahora que una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona.

Gregorio Salvador, «Lenguas minúsculas», diario ABC del 19 de enero de 2005.

Antiguamente, Gregorio Salvador, que nunca ha dejado de ser fiel a su soberbia, alumna aventajada de la escuela más decrépita, aunque dañina, de nuestra lingüística nacional, cofrade de la corporación que tiene el caserón de la calle madrileña de Felipe IV por casino de provincias para sus sesiones de brisca de los jueves, hubiera conseguido amargarme el día. Luego, en otra etapa vital, enfurecerme. Ahora ya le oigo -le leo- como quien oye llover (lluvia ácida). Ahora, sencillamente, con bastantes trienios de curiosidad y de investigación por los casos y las cosas lingüísticas a mis espalda, en base a mi formación de lingüística y a nivel de mi perfecta competencia de hablante indígena del español, afirmo que, en el caso de Gregorio Salvador, como en el de tantos otros que he vuelto a reencontrar infelizmente en mi retorno a mi patria chica («fui sobre agua edificada; mis muros de fuego son»), hay que decirlo más. Sencillamente, mucho más.

Coda:

A continuación se pregunta el eximio lingüista [Manuel Alvar] si el andaluz es una lengua o no. La contestación a esa pregunta es un rotundo no. De hecho, el andaluz es «es un caos en efervescencia, que no ha logrado establecer la reordenación del sistema roto». Es decir, según esto,  hay cientos de miles de personas que no hablan una lengua, sino que logran entenderse milagrosamente mediante un caos lingüístico y, además, lo peor de todo es que este caos afecta incluso a las personas cultas.

José Carlos Moreno Cabrera, El nacionalismo lingüístico: una ideología destructiva, Barcelona, Península, 2008, pág. 99.

Yo, en realidad, tenía que estar cerrando un par de apuntes que están a punto de caramelo en el horno del blog; contestando vuestros comentarios y, sobre todo (¿sobre todo?) poniendo al día bibliografía, hipótesis e interpretaciones de la (jod…) tesis después del feliz alumbramiento de una copia digital entera del manuscrito (de) Nápoles, Biblioteca Nazionale di Napoli etc., etc., MS Branc. IV F 2., con sus colorines y su canesú. Las ciencias avanzan que es una barbaridad y, efectivamente, se cumplió el vaticinio de la responsable de reproducciones de la Nazionale de Nápoles: “L’operatore tecnico del Laboratorio fotografico garantisce che le riproduzioni digitali le permetteranno una lettura ottimale della scrittura, anche in presenza di inchiostri acidi, sicuramente migliore di quella possibile ad occhio nudo.” Y oigan, más razón que una santa: las fotos se leen mil veces mejor que el original.

El caso es que no puedo dejar pasar sin más lo que me ha llegado hoy, por la vía de la Palaeojudaica de James R. Davila:

“Jerusalem: Capital of the Jews”:
The Jewish Identity of Jerusalem in Greek and Roman Sources*

Rivkah Fishman-Duker

Jewish Political Studies Review 20:1-2 (Spring 2008)

For ancient Greek and Roman pagan authors, Jerusalem definitely was a Jewish city. This article draws on references to Jerusalem from nearly twenty different sources, dating from the third century BCE to the third century CE, which are included in the late Professor Menahem Stern’s comprehensive anthology, Greek and Latin Authors on Jews and Judaism. An examination of these texts indicates the unanimous agreement that Jerusalem was Jewish by virtue of the fact that its inhabitants were Jews, it was founded by Jews and the Temple, located in Jerusalem, was the center of the Jewish religion. In these sources, Jerusalem appears in several contexts: foundation narratives, descriptions of and links to the Temple, historical events, usually relating to invasions and captures of the city, physical descriptions, and the derogatory use of the term “Solyma” by Roman writers after its destruction by Titus in 70 CE.

[que un trujamán torpón como el que subscribe romancearía en: “Para los autores paganos, griegos y romanos, nunca hubo dudas de que Jerusalén era una ciudad judía. El presente artículo se basa en referencias a Jerusalén extraídas de casi una veintena de fuentes distintas, fechadas desde el siglo iii antes de la Era Común al siglo iii de la Era Común, incluidas en la exhaustiva antología del fallecido profesor Menahem Stern titulada ‘Autores griegos y latinos que hablan de los judíos y el judaísmo’. La lectura de tales textos señala el acuerdo unánime que se daba entorno a la naturaleza judía de Jerusalén, en virtud de que los habitantes de la ciudad fueran judíos, de que la ciudad hubiera sido fundada por judíos, y de que el Templo, situado en Jerusalén, fuera el centro de la religión judía. En estas fuentes, Jerusalén aparece en contextos diversos: narraciones fundacionales, descripciones o referencias al Templo, acontecimientos históricos, ligados en general a las invasiones y tomas de la ciudad, descripciones físicas, así como el uso despectivo de la denominación ‘Solyma’ por los escritores romanos tras la destrucción de la ciudad por Tito en el año 70 de la Era Común“.]

Yo no sé si es que ya soy perro judaístico viejo, que no en vano ya está a punto de cumplírseme los cinco primeros trienios en la cosa judaica, o es que soy desconfiado de natural, pero a mí estos párrafos me olían a chamusquina. El olor a quemado siguió con las siguientes frases:

It is noteworthy that despite the negative views of Jews and Judaism expressed by authors such as Manetho, Apion, Tacitus and Juvenal, the Jewish identity of Jerusalem is always clear and never a subject of dispute.

[como si dijéramos: “Es digno de destacarse que. pese a las opiniones negativas que merecían los judíos y el judaísmo a autores como Manetón, Apión, Tácito y Juvenal, la identidad judía de Jerusalén siempre estuvo clara, sin que fuera nunca objeto de disputa“.]

Como casi siempre, el repique de tambores antecedía por unos segundos al disparo del hombre bala:

These ancient texts, therefore, disprove recent attempts by Muslims and others to deny the historic connection of the Jewish people to Jerusalem and the location of the Temple in Jerusalem through fabrications and lies.

[que viene siendo: “Estos textos antiguos contradicen, por tanto, los intentos llevados a cabo por algunos musulmanes u otros [sic!], con la intención de negar el vínculo histórico del pueblo judío con Jerusalén y la ubicación del Templo en Jerusalén, por medio de patrañas y mentiras“.]

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah, era eso! Mujer, pues haber empezado por ahí, y ya nos hubiéramos ahorrado la lectura de tu excrecencia intelectual. Empezar, se podría empezar por muchas partes: por ejemplo, que si es verdad que los autores paganos (ay, en qué marranadas estarías pensando, Rivka) afirmaban que la ciudad la habían fundado los judíos, entran en directa contradicción con la Biblia:

Entonces marchó el rey con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: Tú no entrarás aquí, pues aun los ciegos y los cojos te echarán. Pero David tomó la fortaleza de Sión, la cual es la Ciudad de David. Y dijo David aquel día: Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a los cojos y ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en la casa. Y David moró en la fortaleza y le puso por nombre la Ciudad de David.

Libro segundo de Samuel, v, 6-9

Vamos, que el arrendador David tomó un poquito por las bravas el usufructo del territorio arrendado. Aunque malo, malo, lo que se dice malo, tampoco fue, y alivió el peso de la expropiación forzosa con un apaño de convivencia:

Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.

Jueces, i, 21

¿Pues no habíamos dicho judios, o sea, que en el momento de la fundación estaban los hijos de Judá? Ahora resulta que salen a escena los benjaminitas, vamos, los hijos de Benjamín.

Esto de la Biblia es un lío, vaya que si lo es. Yo estoy con usted, doña Rivka: mejor hacerles caso a los autores paganos. Y a la Biblia que la zurzan, ¿no?

¿Que quién es la tal Rivka? Por si no se han fijado, es la autora del artículo. Parece que enseña histori(et)a judía a medias entre la Escuela Internacional Rothberg de la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Escuela Israelí de Turismo. Para quienes no conozcan la Escuela Rothberg de la por otra  parte dignísima, si no puntera, Universidad Hebrea de Jerusalén, les diré que la Rothberg y la Escuela de Turismo son prácticamente sinónimas: por lo del turismo, vaya.

¿Quieren un consejo? (miren que los doy gratis): agénciense un ejemplar del pedazo de tocho (en tres volúmenes) de Stern, don Menachem (Greek and Latin authors on Jews and Judaism), y si andan flojos de latín y de griego, acompáñenlo, en varias tomas diarias, de los números correspondientes de la colecciones clásicas de Gredos, o de la Bernat Metge, o de la Loeb, o de la Collection Budé, según su preferencia lingüística. Y olvídense de sucedáneos panfletarios.

En resumen, siguiendo al tío Eric, hay que decirlo más:

As I have suggested, ‘nation’ and ‘nationalism’ are no longer adequate terms to describe, let alone to analyse, the political entities described as such, or even the sentiments once described by these words. It is not impossible that nationalism will decline with the decline of the nation-state, without which being Enligh or Irish or Jewish, or a combination of all these, is only one way in which people describe their identity among the many others which they use for this purpose, as occasion demands. It would be absurd to claim that this day is already near. However, I hope it can least be envisaged. After all, the very fact that historians are at least beginning to make some progress in the study and analysis of nations and nationalism suggests that, as so often, the phenomenon is past its peak. The owl of Minerva which brings wisdom, said Hegel, flies out at dusk. It is a good sign that it is now circling round nations and nationalism.

[que viene a decir, más o menos: “Tal y como he apuntado, ya no resulta útil servirse de los términos ‘nación’ y ‘nacionalismo’ para describir, no digamos analizar, las entidades políticas que reciben tal denominación, así como tampoco los sentimientos que respondían antaño a lo expresado por esas palabras. No resulta imposible pensar que el declive del nacionalismo acompañará el del estado-nación, sin el cual, ser inglés, irlandés o judío, o una combinación de los tres, no será más que una forma de describir la propia identidad, junto con muchas otras, dependiendo de lo que requiera la ocasión. Sería absurdo afirmar que tal día esté cerca, aunque tengo la esperanza de que puede, al menos, avistarse en el horizonte. Al fin y al cabo, el hecho mismo de que los historiadores hayan llevado a cabo algunos avances en el estudio y análisis del nacionalismo deja entrever que, como suele ocurrir, tal fenómeno ya no está en alza. La lechuza de Minerva, que trae la sabiduría según afirmara Hegel, ha salido ya a volar en la obscuridad. Es una buena señal que revolotee entorno a las naciones y el nacionalismo“.]

Eric J. Hobsbawm, Nations and nationalism since 1780: Programme, myth, reality (“Naciones y nacionalismo desde 1780: proyecto, mito, realidad”), Cambridge, CUP, Serie “Canto”, 1992 (segunda edición), primera edición de 1990, pág. 192.

¿Por qué habrá un escudo franquista (ergo un ejemplo por antonomasia) esculpido en piedra, tirando a nada discreto, encima del portal del número 41 del Corso del Rinascimento romano? Me he calado las gafas de sol de espía mostoleño, he ido a echar un discreto vistazo al telefonillo dorado, típicamente romano pijo, pero solo he encontrado un “Fernández” quizá incriminatorio. Claro que yo tampoco valgo un pijo como detective.

La cosa, me perdonarán ustedes, tiene su aquel, porque es que servidor pasa todos los días por ahí (diga lo que diga Google Maps, por cierto, que uno tiene sus razones al taglio).

[Actualización: Solipsismos imperiales, segunda entrega]

Desde que Vicent sacó el tema, he querido ver las pruebas con estos ojitos que se han de comer los gusanos. Cuando hoy me he topado con el volumen, me he dejado llevar:

CARRASCO: Due domande: […] Una domanda: come è possibile che la lingua dell’imperio spagnolo è proibita in un convegno come quello di Prato? Non lo capisco.

«La fiscalità nell’economia europea secc. xiii-xviii / Fiscal systems in the European economy from the 13th to the 18th centuries», Atti della “Trentanovesima Settimana di Studi”, S. Cavaciocchi (ed.), Fondazione Istituto Internazionale di Storia Economica «F. Datini», Prato: Firenze University Press, 2008, vol. i, pág. 196.

Teniendo en cuenta que en los dos gruesos volúmenes de las actas, he contado seis ponencias dadas (o publicadas, al menos: uerba uolant) en la lengua a la que hemos de suponer que se refiere Juan Carrasco Pérez, y que Carlos V, aunque a los obispos que le tocaban sus imperiales glándulas les hablara en español o castellano, crió a su hijo Felipe II en portugués, cuya aya, de la familia Requeséns, lo cuenta en unas interesantísimas cartas escritas desde la corte en un sabroso catalán familiar del siglo xvi; se escribía con toda Europa en francés; dejaba inscripciones por todos lados en latín; remitía correspondencia diplomática en italiano; y tenía cierto regusto infantil por el flamenco de su Gante natal y sus primeros años; creo que lo de la lingua dell’imperio spagnolo es, o pura ignorancia, o pura soberbia. Y ninguna de ambas circunstancias es digna del debate académico. O eso o es que para él, el imperio español es el decadente autismo de la corte de Carlos II. O el gabachismo institucionalizado de Felipe V y los Bourbons, de tan grata memoria para todo el levante peninsular, del Moncayo a la Barceloneta y del Canigó a Guardamar del Segura. En este caso, sí, el único momento en que el español o castellano fue lengua de un imperio español fue con el imperio borbónico. Pero eso, ¿a qué viene en un congreso medieval?