octubre 2008


He confesado alguna vez, no necesariamente por aquí, mi afición por enciclopedias, diccionarios, mapas, catálogos y, en general, por toda obra realizada con la ambición de ordenar el mundo. O el conocimiento, que viene a ser lo mismo. Cuando enciclopedias, diccionarios, mapas, catálogos y demás flora impresa (o manuscrita) están bien hechos, resultan útiles y me evitan penas y quebrantos, la afición queda rayana del amor. El particular género literario de las bibliografías de trabajos de investigación va más allá de la afición: es una necesidad insoslayable. Yo suelo agradecer estos trabajos con mis mejores deseos de larga vida a sus autores, a fin de que nos proporcionen muchos trabajos parecidos. El último del que he tenido noticia es el largo artículo de Óscar Perea Rodríguez: “Minorías en la España de los Trastámara (II): judíos y conversos”, eHumanista: Journal of Iberian Studies, x, págs. 353-468. Que además de la virtud de lo exhaustivo de sus ciento dieciséis páginas, que ya son páginas, está a libre disposición de todo el mundo en la internet… Consúltenlo, consúltenlo, y entenderán de un solo vistazo porque esto de meterse en camisas de once, doce, trece y más varas judiegas no debe de ser, por fuerza, señal de estar muy cuerdo. Y recuerden que la bibliografía en cuestión trata, solo, de judíos y conversos en época trastámara y recoge, solo, los trabajos publicados entre 1998 y 2008 (con la trampa, claro, de que 2008 aún no está finiquitado). Y hagan a continuación un cálculo, a ojo de buen cubero, de todo lo demás.

PD: Honrado, Perea señala que “no están incluidos trabajos en hebreo por una razón obvia: el desconocimiento de de esta lengua por parte del autor de estas líneas, lo que hace del todo punto imposible juzgar si su contenido se adecua o no a los presupuestos de este volumen”. Esta carencia, claro está, no es difícil suplir, con tiempo y con paciencia. No digo que deba suplirla Óscar Perea. En parte ya está recogida en el amenísimo libro de Norman Roth, A Dictionary of Iberian Jewish and Converso authors. Ameno por su apabullante erudición (y su afición a la crítica descarnada) y por la apabullante cantidad de erratas, malentendidos y serendipias torcidas que le ha proporcionado un editor nada cuidadoso a obra tan útil por muchos otros conceptos.

El IRHT de París va a organizar dos jornadas de estudio sobre la escuela en la Edad Media. Como la primera se hará el 10 de diciembre y como, habiendo buena señora, el que subscribe es fiel vasallo, allí estaré.

Au cœur de l’école, les relations maître – élève.
Où tenir école ? Les lieux d’enseignement et l’itinérance des maîtres.
Aspects biographiques : la vie étudiante ; la carrière des maîtres ; les débouchés.
L’école et le pouvoir : libertés et contraintes scolaires ; service et critique du prince.
École institutionnelle ou école de pensée ? Comment fait-on école ?
Le rayonnement du maître : sa transmission manuscrite, sa réputation, son influence.
La littérature des écoles : programmes scolaires et ouvrages de référence, genres littéraires et méthodes intellectuelles.
Éduquer : transmettre des savoirs ou former des consciences ?

Yo sospecho, solo sospecho, claro, de lo que va a hablar una de las participantes. Casi palabra por palabra. Lo que no quiere decir que lo que vaya a decir no sea del mayor interés, por supuesto.

Aunque estudiar la figura de Alfonso de Zamora conduzca inevitablemente al mundo universitario, creo que el estudio de la pedagogía debe extenderse a todas las etapas de la enseñanza. Y, de paso, partir del hecho de que una cosa es la enseñanza y otra el aprendizaje:

[que viene a querer decir, más o menos: Calvin: “Sita Podrileño…”; Sita Podrileño: “Dime, Calvin…”; C.: “Por mucho que explique la lección, no es que consiga que me importe mucho…”; C.: “Dicen que ya va por dos paquetes diarios, sin filtro…”]

[desde el blog de Robert Paterson, Looking beneath the surface]

El azar de una búsqueda en la página de la Complutense me lleva a un feliz hallazgo. He de explicar una cosa previa: yo, señoras, señores, a veces para mi desgracia (no pocas), otras, para mi consuelo (bien pocas), soy complutense. Como Alfonso de Zamora, si se entiende la relación entre su filiación alcalaína y la mía madrileña en un sentido muy, muy laxo (y poco respetuoso con la sucesión histórica, dicho sea de paso). El caso es que mi adscripción a la principal universidad de Madrid y de España me ha dado más disgustos que alegrías, pero ahí está. Hay, por supuesto, algún reducto de decencia y trabajo bien hecho, como el servicio de bibliotecas (que saldrá a relucir en el apunte que vendrá inmediatamente después de este). Pero las ocasiones en que uno puede estar orgulloso de su condición complutense son bien raras.

Entre las muchas cosas que me desagradan está su estentóreo pero poco eficaz equipo rectoral actual. En cabeza de tal descripción, está el magnífico e ilustrísimo señor rector. Pero como decía el Tenorio, los lectores fieles de este blog deberían pensar que estas son pláticas de familia de las que nunca hice caso. Y harían bien.

Pero hace cuatro días, la Complutense me dio una alegría, al honrar, en su sala más bella y con su título más preciado, a una de las mujeres imprescindibles de este siglo (y del anterior): Rita Levi-Montalcini.

Rita Levi-Montalcini había preparado un discurso de seis páginas, pero lo utilizó únicamente como guión e improvisó una intervención espléndida. Su discurso fue extenso, apasionado y emocionante, lleno de viveza y energía. En pocas ocasiones ha habido unos aplausos tan prolongados en el Paraninfo de San Bernardo.

El hecho de que el Paraninfo complutense ocupe la misma casa, pared con pared, que la benemérita institución que custodia cerca del sesenta por ciento de los libros que nos han llegado de Alfonso de Zamora, solo es signo de la inesperada belleza de las serendipias. O así quiero creerlo.

No menos alegría me ha dado comprobar que doña Rita y el que subscribe compartimos respetos y admiraciones:

Luego dictó su conferencia sin papeles y sin tropiezos. La inició con un encendido homenaje a Santiago Ramón y Cajal, Nobel de Medicina en 1906, al que no conoció personalmente, pero por el que siente una admiración profunda: “Ha sido el gran neurólogo de todos los tiempos. No hay nadie comparable a él. Fue una persona excepcional desde el punto de vista científico, artístico y moral”. Después, en el Paraninfo, contó cómo el Nobel español intercedió por su maestro Giuseppe Levi para que fuera excarcelado en plena dictadura de Mussolini.

Gaudeaums igitur, Rita, juvenes dum sumus!

PD: ¿Qué virus italianófilo recorre últimamente la vetusta, por autocomplaciente, universidad cisneriana?

Como acabo de volver de un viaje que me ha llenado los ojos de granizo y de palmeras, y no creo que este blog, de natural insumiso temático, esté por la labor de dejarse domar porque yo haya dejado de utilizar mi pasaporte, me permito invitaros a una celebración personal antes de volver a ponernos a hablar de Alfonso de Zamora y allegados. Ocurre que, como mi biblioteca ha pasado de asilvestrada a puramente amazónica y el desorden es su actual condición natural, creía perdido un libro que se cuenta entre los que más quiero. Al cabo de unas horas, ha dejado de mondarse de la risa de mi persona y ha vuelto a aparecer, para mi alivio, tres metros de estantería más allá de donde debía estar. Como mi alegría ha sido tan grande como mi alivio, me permito compartir con vosotros un poema cuya ambigüedad semántica me permitirá agradeceros, de paso, lo bien que me habéis guardado esta casa, nada virtual aunque cibernética, en mi ausencia.

Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.

Miguel Hernández

Os dejo las llaves de esta casa, las plantas regadas y las persianas echadas de momento. Podéis levantarlas cuando os plazca. Ya os digo que tenéis la casa hasta que vuelva. Y luego, en realidad, también, para que nos vamos a engañar. Haced uso libre de nuestro servicio de bar. Volveré para cuando ya arrecie el frío: más o menos cuando por mi pueblo anden preparando la masa de los buñuelos y el horno para los huesos de santo:

Para cuando vuelva a encontrarnos por aquí, tengo pendiente hablaros de una lengua que dicen misteriosa, presuntamente muda durante dos mil y pico años, y tremendamente vocinglera desde hace cien. Quizá nos lleve, vista la enjundia del tema, más de un capítulo. También habrá que hablar de letras, de formas de letras, de nombres de letras, de conjuntos de letras. Eso también dará para otro capítulo. Y, por supuesto, habrá que seguir contando las venturas y desdichas del maestro Alfonso, en la tercera entrega de sus retazos biográficos. Y convendrá dar algún detalle de unas instituciones a veces dignas de todo crédito, otras, de todo escarnio: las bibliothecae alfonsinae.

Pero todo eso, queda dicho, para cuando el frío haya dejado de ser fresco. Mientras, גמר חתימה טובה, que os consignen (u os sellen) para bien.

Que cierta fundación judía dedicada a formular la memoria del Desastre se niegue a darme ni un sheqel porque mi tema de tesis sea, admitámoslo, más converso que otra cosa, no me parece inaudito. Aunque arguyan que “mire, ¿cómo le vamos a dar dinero para que hable de un converso? Es que no se nos rompe el corazón, nada más que de pensarlo…”, repito: no es que me deje patidifuso. Quizá tuviera alguna opinión al respecto de si me parece bien o mal, pero oiga, tampoco exageremos: yo soy español y mi cara serrana lo va diciendo sin necesidad de presentaciones y aquí (vamos, ahí, esto es, en España), hasta hace poco se estilaba tirar cabras vivas de un campanario para celebrar al santo patrón. No nos vamos a poner estupendos, ¿no? Que además la cosa se hiciera en la provincia de Zamora es, de nuevo, una prueba de mi habilidad para el salto acrobático argumental que practico en este blog.

Que la misma fundación rechace subvencionar el rigurosísimo trabajo de J. (imaginen: judía –asquenací– y suiza), sobre los manuscritos de la Europa septentrional que transmiten el ciclo litúrgico del año nuevo judío (los llamados mahzorim) con la misma argumentación, algo así como que “no nos suena Vd. (¿o su tema?) demasiado judía” ya es como de juzgado rabínico de guardia. Que, tirando de la misma argumentación, resulte que J. sea descendiente por matrimonio de uno de los pilares de la ciencia rabínica asquenací de todos los tiempos, una de aquellas figuras que en el judaísmo ahora ortodoxo llaman “los grandes de una generación”, y que, pese a la filiación, la respuesta siga siendo “no”, acomoda el argumento a su necesario surrealismo.

Yo, qué quieren que les diga, hay cosas que no entiendo. Y no, lo de la religión y sus formas organizadas es de las cosas sencillas, de las que se entienden fácilmente. En fin, luego dicen que si dicen y que si dejan de decir…