General


Muchacha muerta que en la fotografía
levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo
muchacho muerto que pones tu oído en la tierra
como si sólo escuchases música:
estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo.
No turbéis más su sueño.
No turbéis más sus sueños.
Y si lo hacéis, que sea
sólo para depositar como una ofrenda,
en sus manos cercanas y distantes, imposibles,
la verdad

Antonio Colinas, «11 de marzo de 2004», Desiertos de la luz (2008).

«Soy marroquí…»


Cada uno tendrá sus razones. Yo tengo dos. Una, la enorme patera varada en la playa de Bolonia, frente a las luces de Tánger. La otra, habla en el video del minuto 1.20 al 1.54. Razones no faltan, en ningún sitio.

Los subtítulos al español se activan apretando en «CC», en la barra inferior de la pantalla del video.

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.

Octavio Paz, Piedra de sol (México, 1957).

Inspirado, como tantas otras cosas, por el último post de la Marieta.

(Campanario de la Catedral de Segovia.)

A veces habría que deshabitarse y rellenar el espacio que queda con una espuma blanda que no tenga memoria.

Emejota, «Nada», La idea del norte,
7 de octubre de 2010.

Manuscrito de París de Alfonso de Zamora (1527), foto de Álex Casero.

Poco después de que hablárabamos por aquí de otros hombres de frontera, hablaba Mary Beard en su blog A Don’s Life de otras fronteras puestas por hombres (y mujeres) para mujeres (y hombres). Como uno suele fijarse solo en lo que ya conoce, un poco a la manera del paleógrafo, a mí me llamó la atención un par de párrafos de lo que explicaba Beard:

Just recently a directive has come down to us from the “management” […], explaining that in future we will only be allowed to appoint external examiners for PhDs from those who have a right to work in the UK (ie no Americans, Australians whatever). Apparently, so our “Human Resources Compliance Unit” (I am not joking) assures us, reading a PhD thesis, writing a report and giving the candidate a viva of (say) two hours counts as “employment”. So if you are appointed to do this, you need to prove your eligibilty to work in this country, by showing your passport.

Recién nos llegó una directiva emanada de la «dirección» […], en la que se explicaba que, en lo sucesivo, solo se nos permitirá nombrar miembros externos de un tribunal de tesis a quienes tengan derecho a trabajar en el Reino Unido (es decir, que ni a americanos, australianos o lo que sea). Según parece, o eso es lo que nuestra «Unidad de Ejecución Conforme en Recursos Humanos» (no es broma) nos asegura, leerse una tesis doctoral, escribir un informe y estar presente en una defensa de tesis que dure dos horas (verbigracia) vale lo que un «empleo». Así que, si a uno le nombran para una cosa sí, tiene uno que demostrar que es susceptible de poder ser contratado en este país, enseñando el pasaporte.

In my Faculty, we normally use UK scholars to examine PhDs (we don’t squander travelling expenses), but sometimes students have been researching subjects that really do require an non-EAA examiner. Tony Grafton of Princeton, for example, may be one of the very few people in the world properly qualified to examine a specialised PhD — but he would no longer be appointable, at least on this interpretation of the law.

En mi Facultad, tenemos por costumbre tirar de investigadores británicos para los tribunales (no despilfarramos los gastos de viaje), pero, a veces, hay estudiantes que se han dedicado a temas que requieren de veras un examinador de fuera del Espacio Económico Europeo. Anthony Grafton, de Princeton, por ejemplo, puede ser una de las pocas personas en el mundo con los conocimientos adecuados para examinar a un doctorando especializado. Pero ya no le podemos traer para un tribunal, al menos siguiendo esta interpretación de la ley.

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At the boundary between center and periphery, users find new uses for canonical artifacts.
En el límite entre centro y periferia, los usuarios les dan usos nuevos a los artefactos canónicos.

John Seely Brown y Paul Duguid, «Borderline issues: Social an material aspects of design», Human-Computer Interaction, vol. ix, n.º 1, marzo de 1994, págs. 3-36 [?]

In the Folger’s copy of the herbal Rams little Dodeon [sic] (London: Simon Stafford, 1606), FSL STC 6988, there are manicules passim; but in the sections describing diseases of the male genitalia, the reader’s pointing hand changes to a pointing penis. I am grateful to Rebecca Laroche for pointing me to these examples of what she has wittily called “penicules”.

En el ejemplar conservado en la Folger [Shakespeare Library] del herbario Rams little Dodeon [sic] (Londres: Simon Stafford, 1606), [con la signatura] FSL STC 6988, hay manículas pássim, pero en las secciones que describen las enfermedades de los genitales masculinos, la mano indicadora de lectura se transforma en un pene indicador. Le agradezco a Rebecca Laroche que me indicara esos ejemplos de lo que, con ingenio, ella bautizó como penículos.

William H. Sherman, Used books: Marking readers in Renaissance England («Libros usados: lectores que señalan en la Inglaterra del Renacimiento»), Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 2008, nota 40, pág. 195 (correspondiente a la pág. 37), libro en el que también se menciona (pág. 24) la cita de Brown y Duguid señalada arriba que, sin embargo, no aparece en ningún sitio del artículo en cuestión (como tampoco aparece en ningún lado de una mínima lógica semántica porque el adverbio locativo pássim se ha de referir en exclusiva, siguiendo el DRAE, a las «anotaciones de impresos y manuscritos castellanos» y solo castellanos).

Foto de Steve McCurry, de la serie Fusion: The Synergy of Images and Words.

Casi un post en directo. Llaman al Là-bas, si j’y suis de France Inter (bueno, de Daniel Mermet, no nos engañemos) y dejan un recado. Que se están manifestando en Arrás (ya saben: la grêve générale). Y que se están manifestando con «unos compañeros españoles, llegados de Saragosse». Transcribo:

Obrero despedido, patrón colgao.

A continuación:

Reforma laboral para la Casa Real.

Concluye la compañera francesa: «Et oui, ça marche!»

Lo primero, me supongo, es la mondialisation bien entendida. Lo segundo, la excepción cultural. Un castizo diría, quizá, que ambas proclamas casi valdrían por un poema del sábado pero yo no, que no me considero muy castizo. Así que mañana habrá uno. Veremos.

Mientras, de los archivos de un maestro:

Es algo tan habitual –tan bobo, pero tan habitual– como los gritos hiperbólicamente asesinos que se lanzaban por aquí antaño en algunas manifestaciones de izquierda, del tipo «¡Obrero despedido, patrón colgao!» o «¡Queremos pan, queremos vino, queremos a Fraga colgao de un pino!», tradición que ha encontrado extraña prolongación en ciertas consignas, no menos truculentas, que hemos podido oír recientemente en concentraciones convocadas por la AVT y el PP.

Y en el mismo Là-bas, si j’y suis diversos ciudadanos corresponden a la ácida reportera bisoña si los han tomado como rehenes con la huelga. Una señora, esperando el RER hacia el centro de París, indignada, brama que sí. Que la han tomado como rehén. Que es inaceptable. Que la espera es terrible. En fin, que va a llegar tarde un cuarto de hora a su trabajo. Es verdad que es que la única que responde en ese tono de una docena larga, quizá.

«Maño, no vuelvas mucho a cantar que eso es cosa de maricones».

El Tío Charlot de Belchite (Aragón).

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Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

Octavio Paz, Árbol adentro, 1987.

Feliz año nuevo. Que merezcamos muchos años. Mañana más.

(Foto de una urna funeraria romana conservada hoy en la Basílica de San Apolinar in Classe, cerca de Ravena, en la región italiana de la Emilia-Romagna).

למולדת שובי רני   צהלי בת יפהפיה
בתוכך אתן משכני   בנוי על הר המוריה

Retorna a la patria, júbilo que eres mío,
mi hueste, que eres hija de la más hermosa:
dentro de ti plantaré mi tabernáculo,
construido en el
Monte Moria.

Canto litúrgico de la tradición tunecina en Jerusalén, Asher Mizraji (1890-1967).

Ha sido un en realidad un momento, pero es que ya decían que no, que me dejara de tomarles el pelo, que es que uno va siempre con la oreja puesta o con el ojo avizor o con la premura de indignarse como avío (así le va a uno, claro está). Ha sido tener la mirada perdida, mientras O. preguntaba algunas cosas a la de «Información bibliográfica» de la Sala Cervantes de la Biblioteca Nacional. Y el caso es que la de «Información bibliográfica» tenía por su mesa varios manuscritos (folios sueltos, correspondencia, de Francisco de Zapata al Cardenal Granvela). Quizá por eso me he fijado: porque me ha interesado, porque eran cartas de Francisco Zapata (según el catálogo, aunque yo sospecho un error por Juan) al Cardenal Granvela (Antoine Perrenot de Granvelle), segunda mitad del xvi, territorio por tanto de Abú Maadnús. La cosa es que la de «Información bibliográfica» las tenía un poco desparramadas por su escritorio, mientras atendía, más atenta que solícita, lo que le preguntaba O. En todo momento, el manuscrito de signatura MSS 7916-117 reposaba, callado, más solícito que atento quizá, bajo el brazo de la de Información bibliográfica de forma que el papel de la carta estaba más cerca, por tener el escrito medio cuerpo dentro de la mesa y medio fuera, de doblarse que de mantenerse incólume. Así son los estragos del paso del tiempo, claro: por eso la Biblioteca Nacional promueve controles cada cien metros, etiquetillas ridículas que los lectores (y lectoras) deben prenderse en la camisa o la blusa, revisiones exhaustivas de los cartapacios para trabajar, prohibiciones expresas y rigurosas de introducir en una sala de lectura cualquiera de la Biblioteca otro ejemplar, de propiedad particular, de un libro que la Biblioteca dizque posea en sus fondos. Lo hace para todo eso: para que en el escritorio de «Información bibliográfica» de la Sala de Libros Incunables, Raros y Curiosos (bautizada tan luminosa como rutinariamente «Sala Cervantes»), sancta sanctórum de este Monte Moria español del Paseo de Recoletos, los manuscritos, por su propia especie únicos, acaben doblándose o borrándose por acción del cuidadoso descuido de una bibliotecaria, veterana, eso sí. Al fin y al cabo yo no me extraño, porque ya lo dejó dicho Elisa Ruiz: en realidad, lo raro de un manuscrito es que haya perdurado, que haya sobrevivido, que esté aún entre nosotros. Destino obvio, parejo, al menos en eso, al de los seres humanos. Pura chiripa biobibliográfica.

Francisco de Zurbarán, Agnus Dei (entre 1635 y 1640), Museo del Prado, Madrid, n.º de catálogo: P07293.

Toda disimulación y fingimiento, según Cicerón dice, se ha de quitar de en medio de toda la vida humana; mas maravíllome muy mucho que no reserve ni exceptúe ningún caso, pues se ve que lo uno y lo otro han hecho evidentes beneficios. […] Y dicen que el bienaventurado San Francisco disimuló con la justicia de haber visto un delincuente de muerte, diciendo y señalando sus mangas que no pasó por allí; y el último de los ejemplos, aunque nuestro Señor es sobre toda ley, cuando hacia el castillo de Emaús iba con sus desventurados discípulos, fingió que pasaba adelante, y así no gastaré más tiempo de la prueba de esto, sino diré de algunas disimulaciones graciosas y de buen gusto, y de otras graves también.

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The idea that parents are less happy than nonparents has become so commonplace in academia that it was big news last year when the Journal of Happiness Studies published a Scottish paper declaring the opposite was true. “Contrary to much of the literature,” said the introduction, “our results are consistent with an effect of children on life satisfaction that is positive, large and increasing in the number of children.” Alas, the euphoria was short-lived. A few months later, the poor author discovered a coding error in his data, and the publication ran an erratum. “After correcting the problem,”it read,“the main results of the paper no longer hold. The effect of children on the life satisfaction of married individuals is small, often negative, and never statistically significant.”

La idea de que los que tienen hijos son más infelices que quienes no los tienen se ha convertido en un tópico tan extendido entre los investigadores que, el año pasado, la publicación de un artículo de una investigación escocesa en el Journal of Happines Studies que concluía lo contrario constituyó toda una noticia. «Contra lo que afirman buena parte de los estudios anteriores», se decía en la introducción, «nuestros resultados demuestran que los hijos tienen un efecto cierto en el sentimiento de satisfacción vital, efecto que es positivo, amplio y que se incrementa según el número de hijos». Desafortunadamente, la euforia duró poco. Pocos meses después, el pobre autor del artículo descubrió un error de codigo en los datos y la revista publicó una enmienda. «Tras corregir el problema», se señala, «no se pueden sostener los principales resultados del artículo. El efecto de los hijos en el grado de satisfacción vital de los individuos casados es pequeño, a menudo negativo y nunca relevante desde un punto de vista estadístico».

Jennifer Senior, «All joy and no fun. Whay parents hate parenting» (‘Mucho gozo y poco disfrute. Por qué los padres odian criar a los hijos’), New York Magazine, 4 de julio de 2010.

Vía el caralibro de Raúl. Foto del manuscrito de París, por Álex Casero.

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Ha sido un espejismo de un minuto apenas (llevo un día con cierta dificultad para concentrarme) y no he leído una נו’’ן donde sí estaba: de «mil ‘explicadores’» (אלף המסבירים מסבירים), que me equivocaba al leer, a «mil propagandistas» (אלף מסבירנים). Propaganda, en hebreo sionista, se dice הסברה (hasbará) que empezó siendo un humilde nombre de acción (nomen actionis, שם פעולה) de להסביר «explicar». No sé en qué momento una simonía dialéctica convirtió lo explicable en justificable, pero tal perversión lógica está firmemente asentada en no pocos espíritus y en no pocos gatillos.

Al hilo de mi falta de concentración, no sé a cuento de qué viene la segunda parte de esta reflexión sobre los propagandistas:

אלף מסבירנים לא יכבו את האש: האירועים על סיפון מאווי-מרמרה תואמים בדיוק את התדמית של ישראל בעולם, וגם יעניקו לפלסטינים עוד מיתוס לאומי מכונן

Mil propagandistas no apagarán el fuego: lo sucedido a bordo del Mavi Marmara concuerda perfectamente con la imagen de Israel en el mundo, y proporcionará además a los palestinos otro mito nacional apropiado.

Rafi Man (רפי מן), el autor de estas líneas, sugiere un Exodus palestino. Por el contrario, Yosi Melman (יוסי מלמן) invoca, con redacción de urgencia, que olvidemos el Exodus שכחו את אקסודוס» [‘Olviden el Exodus’]):

בעיניים פקוחות לרווחה נכנסה ישראל למלכודת. ישראל ידעה, ואם לא ידעה או לא הבינה חמור הדבר שבעתיים, שמה שמבקשים מארגני המשט הוא להציגה כמי שלא מהססת להשתמש בכוח. הם רצו הרוגים ופצועים ודם ותמרות עשן של מלחמה

Con los ojos abiertos de par en par, Israel ha entrado en la trampa. Israel sabía, y si no lo sabía o no lo entendía, resulta tremendamente más grave, pues lo que buscaban los organizadores del desfile naval era presentar un Israel que no vacila en recurrir al uso de la fuerza. Querían muertos y heridos y sangre y columnas humeantes de guerra.

¿«Muertos», «heridos», «sangre», «columnas humeantes»? Una lástima que esto no sea de verdad una guerra de ‘narrativas’, una confrontación de puntos y comas, una batalla de sintaxis, un enfrentamiento de semánticas, un escuadrón con planteamiento, nudo y desenlace. Los muertos recurren poco a la dialéctica, casi nada. Son de una atroz facundia los muertos. Precisamente porque están muertos, digan lo que digan sus ventrílocuos o sus enterradores.

Ya les decía que andaba inquieto con lo de concentrarme. A medias lo he acabado consiguiendo:

Ya no hay lugar seguro en el mundo, salvo la propia conciencia. Defenderse sí, pero ojo que este sofisma de que la mejor defensa es el ataque ya nos transformó en nuestros propios victimarios. Y nosotros sabemos que es así.

Mariano Man, «Ellos son la izquierda peligrosa, ellos son la derecha religiosa», Desde Tel Aviv, un testimonio único, 31 de mayo de 2010.

lo que no ha sido, sin embargo, ningún consuelo.

«Untitled (Boys, 7)», obra de Adi Nes (עדי נס), que ya había sido traída a colación.

Consistix la perfecció de les scriptures historials en contenir veritat de totes les coses que tracten, y en notar lo temps en què·s seguí cada cosa de les que escriuen. Y perquè yo prench l’aygua tan lluny, que serà necessari recitar les autoritats de doctors antiquíssims y parlar-les al seu modo, axí originalment com les scrigueren […].

Consiste la perfección de las escrituras históricas en contener verdad de todas las cosas que tratan, y en anotar el tiempo en que se siguió cada cosa de las que escriben. Y porque yo tomo el agua tan lejos, será necesario recitar las autoridades de doctores antiquísimos y platicarlas a su manera, de forma original como así las escribieron.

Pere Antoni Beuter, Primera part de la història de València, 1538.

Me pilla releyendo la reseña que Eleazar Gutwirth le hizo, en el fascículo n.º 1 del volumen lxii de la revista Zion (año 5757/1997, págs. 79-87) de la Sociedad Israelí de Historia (החברה ההיסטורית הישראלית), al tocho (700 y pico páginas) de José Hinojosa Montalvo, The Jews of the Kingdom of Valencia (Jerusalén, Magnes, 1993), de la que hablaré por aquí cuando pueda por un detalle tangencial del que habla Gutwirth y porque algún mérito, también tangencial, no le falta al libraco de Hinojosa Montalvo.

(Hay otro detalle tangencial, cuando Gutwirth dice (pág. 82):

במאה הט’’ז מתחילים להיכתב חיבורים רבים של היסטוריה מקומית במסגרת ההיסטוריה של מה שהיו בעבר מלכויות

lo que podríamos arromanzar más o menos como:

En el siglo xvi se empiezan a escribir numerosas obras de historia local en el marco de la historia de lo que habían sido reinos.

Como el ejemplo que pone Gutwirth es la Primera part de la història de València, que tracta de les antiquitats de Espanya i fundació de València, de Pere Antoni Beuter (no «Pedro Antonio Beuter», que no parece que haya especial necesidad en castellanizarle el nombre como hace Gutwirth) y cita la edición valenciana de 1538, debemos concluir en un caso de quandoque bonus dormitat Homerus (Lazarus), porque en 1538 el Reino de Valencia gozaba de buena salud institucional y aún le quedaba dos siglos, más o menos, de existencia en este valle de lágrimas, por mucha polisemia que le podamos buscar al término hebreo מלכות, que se la podemos buscar, y que aquí hemos traducido por «reino»).

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Buscando compango para un cocido de otra cosa (la coexistencia de la cultura manuscrita con la cultura impresa en el mundo judío del primer siglo xvi; ya ven en qué se entretiene uno), me he encontrado con la referencia que da Judá ben Samuel Lerma a las peripecias de la publicación de su libro לחם יהודה («El pan de Judá»), que conoció un indeseable paso del estado impreso al estado manuscrito (movimiento aparentemente paradójico – no tanto, en realidad – que es lo que me interesa en estos momentos). La noticia la he encontrado en una nota (n.º 282, pág. 208) de la traducción que hizo al alemán Meir Wiener en 1858 del Valle de lágrimas (עמק הבכה הבכא) de Yosef Hakohen (la curiosa lectora y su contraparte masculina falsamente genérica podrán encontrar una eficaz y honrada traducción castellana de esta crónica por Pilar León Tello: El valle del llanto («Crónica hebrea del siglo xvi»), Madrid, CSIC, 1964; Barcelona, Riopiedras, 1989, segunda edición revisada). He buscado el relato en el propio libro del rabino Lerma pero, como en realidad yo soy más perro que la chaqueta de un guardia, le dejo a la inquieta masa lectora de estos apuntes zamorescos el cuidado de ir a pelear su vista con la mejorable tipografía de la edición de Sabbioneta de 1554 y copio la cita del libro de Wiener:

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שִכחה

עננים לוטשים עיניים אחר מטריות,
ואני אחר רמזים לעברי:
הולך לאורך רחובות רבים
בלי לשמוע איש הקורא בשמי.
פעם שמעתי כי אוויר יכול להכביד
ואילו אבנים יכולות להקל,
היום אני יודע כי שתיקה יכולה להזכיר
ומילים יכולות להשכיח.
הזמן בין מטוטלת העתיד והעבר אינו הווה,
הוא רק מאבד עצמו לדעת
בטפטוף קבוע אל רצפת השִכחה.
אנשים שהיכרתי חוזרים אל רחובות הילדות
ומצלמים בתים שנראה כאילו לא השתנו,
אני מרחיק לאט לאט עוד תמונות מן האלבום
אבל מעתיק לְמחברות חדשות דפי-יומן שדהו.
והמילים, אלו שעוד לא סלחתי להן,
נוטרות לי טינה וממלאות את שירַי.

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Je sens que ce pays te doit une émotivité moins défiante et des yeux autres que ceux à travers lesquels il considérait toutes choses auparavant.

Siento que este país te te debe una emotividad menos desafiante y unos ojos distintos a los que le servían antaño para juzgarlo todo.

René Char, Lettera amorosa, 1953 (¿1928?)

Casi sin dudarlo no es el mejor de sus libros. Tampoco el peor (¿cuál será el peor?). Pero ocurre que a veces lo que nos gusta es enemigo de lo mejor (pasa a menudo, según me comentan). Es como unas cervezas en un garito con amigos a media tarde (de primavera o verano): no es tanto la cosa como la circunstancia.

En el caso concreto que nos ocupa, lo primero es la sorpresa porque, por una vez (creo que es la única vez) deja ver un acendrado sentimentalismo al escribir. Se le ve (vamos, se le lee) como un niño con zapatos nuevos o, mejor dicho, como un niño glotoncete delante del escaparate de una pastelería que no termina de acabarse. Así que, en realidad, que me guste tanto ese libro concreto que no es (ni modo) el mejor de sus libros ha de deberse con a que comparto con él sus vicios habituales: la gastronomía, por ejemplo. Seguramente también la sicalipsis, pero él es de una discreción ejemplar en ese aspecto (o lo es mi memoria de leerlo, tal vez). Se emociona, por ejemplo, con el café:

Ara, en l’altre extrem del repàs hi ha, en aquest país, un element que mereix les més grans lloances i davant del qual hom s’ha de descobrir. És el cafè. A Itàlia es fa el millor cafè d’Europa. La península és perfumada de bon cafè, de dalt a baix.

Sobre esto, al otro extremo del menú, hay, en este país, un elemento que merece las mayores alabanzas y ante el que uno ha de descubrirse. Es el café. En Italia se hace el mejor café de Europa. La península está perfumada de buen café, de arriba abajo.

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« Dels pecats del piu, Nostre Senyor se’n riu »
De los pecados del pijo Nuestro Señor no dice ni pío
Refrán valenciano

I have examined only the five earliest codices of Trinity sentences (MSS 1224–1228). They encompass, with great gaps, the years from 1564 to 1603, with the bulk of the documents falling between 1580–1582. In these materials out of about 550 sentences, many against more than one defendant, I have been able to identify a total of thirteen involving Christians suspected of apostasy to Judaism, of Jewish converts to Christianity suspected of returning to their former faith, and of Jews accused of occult practices.106 That pious considerations were not necessarily paramount in these changes in religion is illustrated blatantly by the trial of the Spanish Catholic Christophoro Perpignano of Valencia, who was circumcised and apostatized to the Jewish faith.

He consultado solo los cinco códices más antiguos de sentencias del Trinity College [de Dublín] (manuscritos 1224 a 1228). Comprenden, con grandes lagunas, el periodo de 1564 a 1603, aunque el grueso de la documentación abarca de 1580 a 1582. Entre este material, de un total de unas 550 sentencias, muchas contra sobre más de un acusado, he podido identificar trece que tratan de cristianos sospechosos de haber apostadado al judaísmo, de judíos conversos al cristianismo sospechosos de haber vuelto a su antigua fe y de judíos acusados de prácticas ocultas.106 Consideraciones piadosas de tal naturaleza no representaban por fuerza la motivación principal de estos cambios de religión, como ilustra de forma evidente el juicio a un español católico, Cristoforo Perpignano de Valencia [¿Cristòfor Perpinyà?], que fue circuncidado y que se había convertido a la fe judía.

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7 de abril

—Lamento decirle que mi muestrario de ofertas es muy reducido. No dispongo de esa clase de infamias. Para su ambición le puedo proporcionar este destino: ir a un país desconocido, no hacer nada y cobrar mucho dinero. No hacer nada pero dejar hacer. Y también informar. […]

6 de noviembre

Miro la montañita de los apuntes y sé que no tienen destino. En la vida de todo hombre normal y maduro hay siempre una mujer lejana. Por la geografía o los días. Nunca volveré a ver a mi lejana. Si vive, pisa un punto de la tierra ignorado por mi. Y si llegara a producirse el milagro, ya marchito, del reencuentro, tampoco te ofrecería mis apuntes como lectura. Tal vez, Lejana, te mostrara el montón de hojas como una avergonzada y lastimosa prueba de que yo estuve viviendo en tu ausencia.

Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe (1993).

«Motorino mirror», foto de Antmoose, 6 de junio de 2005 (Via del Pellegrino, Roma).

Mon père était tellement de gauche, on a eu tout plein d’accidents, il refusait la priorité à droite systématiquement

Mi padre era tan de izquierdas que hemos tenido un montón de accidentes: nunca quería dar la prioridad a su derecha.

Fatals Picards, «Mon père était tellement de gauche», Le sens de la gravité (2009).

Hoy el Archivo cerraba a las 11 (¿y 25?) así que, de común acuerdo con mi conciencia, me he dedicado a farnasear todo el día con horario de Biblioteca Nacional de Madrid, de Biblioteca Histórica de la Complutense o de El Corte Inglés: de nueve de la mañana a nueve de la noche. Decidido a perpetuar mis mejores tradiciones antropológicas, me he bajado a por el café con cruasán un momento al Perù, barecito de barrio con insospechadas asociaciones: ahí pasó parte de su juventud de liceo un querido amigo de esta y de otras cuantas casas virtuales pero bien reales. Cuando tal amigo hizo coincidir proyectos y vida con la principal referencia romana de los Perurim/פירורים de Alfonso, se quedaron a vivir por este mismo barrio y el Perù siguió siendo referencia obligada. Luego lo ha sido de los becarios de la Escuela Francesa de Roma, ergo mío también. Me ha sido dado coincidir con unas becarias la mar de francesas que tienen sin embargo una costumbre la mar de poco francesa: pararse a un café de media mañana. Hoy, sin embargo, he bajado solo (principalmente por los estragos del pot des boursiers de anoche: ¿por qué a los franceses se les da tan bien el transnoche excepcional – la débauche – y no el bullicio cotidiano?) Bueno, solo no: con La Repubblica y L’Unità, esta última para ir viendo si era verdad, como me han dicho, que ha cambiado a mejor después de que Concita De Gregorio se haya hecho cargo de la dirección.

Me he sentado en las mesas del saloncito self-service que permite cappucino y cornetto con nutella por un euro setenta y cinco, armado de mis dos compañeros periodísticos. Enfrente de mí, por casualidad, había tres chicas, quizás de liceo. Primero hablaban de amores, porque a los veintipocos, si es que llegaban (creo que no), ciertamente resulta difícil creer que hablaran de rijos, así sin más. No he prestado mucha atención: mi radar ha querido prestar más atención que yo dada la lozanía y frescura de las muchachas, pero me he concentrado en la lectura de L’Unità. En un momento dado el otro radar, el político o cívico o ciudadano, ustedes dirán, se ha puesto en marcha: las chicas (las tres) se quejaban de haber recibido una carta personalizada de parte de Silvio Berlusconi: Gentile Silvia… «Ma che cazzo mi conosce lui per chiamarmi ‘gentile’?!», decía una (creo: mi memoria retentiva en italiano figura muy bajo en la lista de mis pocos talentos). Luego ha seguido una conversación bastante larga sobre política, pura política: que si adónde vamos, que si dónde venimos, que si qué remedio le ponemos a esto (fíjenseme: no «si» le ponemos remedio a esto sino «cuál»). En un momento dado me ha dado por fijarme en la frescura y la lozanía de las tres muchachas pero no por sus hechuras físicas sino por sus posturas ciudadanas. Luego se han ido con rumbo para mí desconocido.

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Il fine propostosi nella fondatione e nell’erettione dell’hospitio de convertiti non è stato altro che di sodisfare ad un’obligo di carità che hanno tutti i cristiani, e singolarmente quelli di Roma, di soccorrere quelli che vengono alla fede.

El fin propuesto al fundar y erigir el hospicio de los convertidos non ha sido otro que el de satisfacer una obligación de caridad que tienen todos los cristianos, y singularmente los de Roma, de socorrer a los que acuden a la fe.

Carta del sacerdote escocés William Leslie a Mariano Sozzini, padre oratoriano, fechada el 3 de septiembre de 1680, conservada en el Archivo Secreto Vaticano, Ospizio Convertendi, I, folios 294 (lado recto) a 333 (lado recto), editada en Sergio Pagano, «L’ospizio dei Convertendi di Roma fra carisma missionario e regolamentazione ecclesiastica (1671-1700)», Ricerche per la storia religiosa di Roma : studi, documenti, inventari, Roma, Edizioni di storia e letteratura, 1998, vol. x, págs. 313-390.

Uthi Rom är och ett stoort huus benämpt Convertite, uti delta gå alla som willia låta omwända sign ifrån sin Religion till dhe Romerska Chatolskas Ceremonier och sedan inbillat blifwer han Ceremonialiter omwändt, och är att merckia det dem gifwes alt dheras uppehälle fritt så länge dhe äro der inne, sedan blifwa dhe medh någon annan lägenheet försedde. Och är mestedelen Orsaken att sombl. Gåår dit in när Vexeln utheblifwer och dhe inga penningar mera hafwa.

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Me dispensarán de más profundidades: estas son puras acuarelas vaticanas.

Los guardias suizos, en traje de diario, parecen ertzainas vestidos de azul (con medias y manoletinas). Y hablan francés. En lugar del buongiorno de uso corriente con que se saluda todo cristo tras los muros del Patrimonio de San Pedro (¿cómo se dan los buenos días en latín? ¿Sabrán hablar latín los guardias suizos?), lo mismo un día me da y saludo en francés, a ver si la Guardia Suiza es como Swiss: entra uno saludando en inglés, pregunta por su asiento en francés, pide agua en italiano y se despide en alemán. De lo que se haga en romanche yo no puedo dar noticia, claro. ¿Habrá guardias suizos que hablen romanche?

Entre las varias oportunidades únicas que se tiene al franquear los muros del Vaticano, está la de poder mandar correspondencia franqueada por los Correos Vaticanos. Su gracia tiene, no me digan que no.

Ah, ¿que no? Sosos. Y descreídos.

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Se los iba a contar de otra manera, pero la realidad italiana siempre supera la ficción (del resto del universo) y supera también mis previsiones de entradillas por aquí. Creo que ya lo había insinuado, pero vaya, puedo decirlo más claro: ando por Italia. Por Roma, concretamente (y probablemente por Nápoles, quizá por Ferrara, quisiera por Perugia). Y por aquí andaré hasta entrada la primavera, huésped – como me pasa a menudo – de la generosidad de una república monárquica, súbdito como soy de una monarquía campechana. Aunque he venido a fisgonear en los secretos de los papas y, subsidiariamente, también a andar por bibliotecas que de angélicas solo tienen el nombre (que uno tenga que echar broncas a bibliotecarias porque hablan por el móvil… dentro de la sala de lectura de la biblioteca, no me digan que no clama al cielo angélico), esta semana me he tomado unos días de reflexión en la liberalísima biblioteca de la Escuela Francesa de Roma, sita en el Palacio Farnese (que en buen uso español quizá convendría llamar «Farnesio»), ubicada en la plaza homónima. Puritito cogollo de la centralidad romana, mayormente. Ayer, antesdeayer y el día de antes, los fantasmas del Palacio Farnese hemos gozado de un notable espectáculo de divorcio a la italiana: los berlusconianos se han divorciado en público, con alevosía y megáfonos tronando estupideces de la noche a la mañana y vuelta a empezar (literalmente), de los pocos atisbos de racionalidad, vergüenza y respeto por la cosa pública (incluido por la cosa más pública de todas: el erario) que le quedaban a su dizque ideología. Y los muy tronantes no han podido buscar otro lugar de concentración que la Plaza Farnese, justo debajo de las ventanas de la biblioteca de la Escuela Francesa de Roma (y del salón de recepciones de la embajada francesa y el despacho del señor embajador, porque, en gálica armonía institucional, el Palacio Farnese acoge tanto la Escuela Francesa (i.e., el centro francés en Italia dedicado a los estudios avanzados en humanidades) como la embajada del país de Astérix en el país de Totò).

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En realidad, y agradeciendo que me lo haya señalado Yannick Nexon, en lo que tendría que andar enfrascado es en Vatican Archives: An inventory and guide to historical documents of the Holy See de Blouin, Coombs, Yakel, Carlen y Gill (Oxford University Press, 1998 y 500 y pico de páginas en 8º) que, según me dicen, tiene «todas las virtudes de cómo trabajan los americanos y todos sus defectos» (yo debo de ser más simple que el mecanismo de una peonza porque en nuestro breve contacto, por el momento, solo le he visto virtudes). Pero ayer, que fue un primer día de currelo romano y de bastante confusión bibliográfica, me puse con lo que me pareció más obvio: Sussidi per la consultazione dell’Archivio Vaticano, a saber, el schedario Garampi, los Registri Vaticani, los Registri Lateranensi, las «Rationes Camerae» y el Archivio concistoriale (que no consistoriale, parece), «nueva edición revisada y ampliada de Germano Gualdo» (Ciudad del Vaticano, Archivio Vaticano, 1989). Y parece que por el «Fichero Garampi» tenemos que pasar todos, como si fueran unas horcas caudinas de la erudición vaticana:

Lo «Schedario Garampi», che riprende il nome del noto studioso ed erudito Giuseppe Garampi (1725-1792), prefetto dell’Archivio Vaticano, poi nunzio e cardinale, è oggi un complesso di Indici divenuto familiare a quanti frequentano questo archivio, e inoltre è uno istrumento di ricerca assai consultato da chi si occupi di storia del basso medioevo e dell’età moderna. La conoscenza dello Schedario Garampi rappresenta in genere una specie di iniziazione per i ricercatori che per la prima volta entrano in contatto con l’Archivio, una faticosa ma necessaria propedeutica alla compresione della sua complicata articolazione e dei problemi non sempre facili che pone l’indagine nei suoi fondi.

Lo Schedario è costituito oggi da 125 volumi […].

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«Que es manantial, no desembocadura»

Curiosa disciplina la paleografía. Judith enunció uno de sus principios fundamentales, manifiestamente paradójico: el paleógrafo solo lee lo que ya sabe. Piensa pensándolo o busca buscándolo, lo mismo es verdad. Los paleógrafos hebreos quizá lo tengamos más fácil que otros: quizá la cultura hebrea sea de verdad un ejercicio de lectura, en primer lugar, para enfrascarse en una actividad constante de cita que dura toda la vida. O quizá no. Es cierto que la Biblia transpira a cada respiración del pueblo de Israel. Les pongo un ejemplo revelador. ¿Saben cómo se decía «flatulencias» (es decir, «pedo») en el periclitado dialecto italiano de los judíos del Piamonte? Rukhod (léanme la >kh< con la minorizada fricativa velar sorda de mi dialecto castellano) o, escrito en grafía hebrea, רוחות, es decir, la misma palabra que sirve en el Génesis (cap. i, v. 2) para describir el hálito del Santo, bendito sea, que sopla sobre la superficie de las aguas:

ורוח אלהים מרחפת על פני המים

Como si dijéramos:

El espíritu (o «viento» o «aire» o «flatulencia» o «pedo») de Dios revoloteaba sobre la superficie de las aguas.

A poco que uno tenga el espíritu sardónico, y ni tanto, puede convenir que la ancestral sabiduría hebrea ya nos advierte de que no nos desesperemos demasiado porque el mundo se nos vaya al pedo un día de estos. Al fin y al cabo, dicho con exegética resignación judeo-piamontesa, del pedo venimos (¿y en pedo nos convertiremos?).

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Maria me dice que en una entrevista de Gad Lerner a Primo Levi en Espresso, en 1984, Levi afirma lo siguiente:

E’ necessario che il centro di gravità degli Ebrei venga ribaltato e torni ad essere fuori da Israele. Deve tornare a noi ebrei della Diaspora, che abbiamo il compito di ricordare ai nostri amici in Israele che nell’Ebraismo c’è una tradizione di tolleranza (…) La storia della Diaspora è stata una storia di persecuzioni, ma è stata anche una storia di scambi e di relazioni inter-etniche, e dunque una scuola di tolleranza.

Hace falta que el centro de gravedad de los judíos se vuelva a volcar para que esté fuera de Israel. Nos ha de volver a nosotros, judíos de la Diáspora, que tenemos el deber de recordar a nuestros amigos en Israel que en el judaísmo existe una tradición de tolerancia […]. La historia de la Diáspora ha sido una historia de persecuciones, pero ha sido también una historia de intercambios y de relaciones interétnicas, escuela, por tanto, de tolerancia.

Podría discutir mucho (pero no es momento ahora) el concepto de la enseñanza de tolerancia inherente a la historia de la Diáspora (y la noción misma de Diáspora no debería andar muy lejos de la criba crítica) pero estas afirmaciones de Levi me dan pie a colgaros por aquí una cosita que andaba remoloneando por ahí algún tiempo:

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-¿Qué nos queda por saber de la Mezquita?

-Hay que cambiar el modo de verla. Y el de entenderla. Se ha dicho que con este edificio se abre el arte árabe en España. Y eso no es cierto. En este edificio no hay casi nada de aportación de la cultura árabe, sino herencia del mundo grecorromano y visigodo, y a esto ha añadido la cultura bizantina. El esplendor del Califato es el esplendor traído de la cultura bizantina, que llegó por intercambios directos comerciales y por los eunucos arquitectos, que tenían origen eslavo y bizantino. Los árabes lo que hicieron fue pagar. Aquí tenemos un monumento que es más romano que musulmán. Y no es por desacreditar al arte árabe.

-¿Qué se aprende en un archivo?

-En primer lugar, se aprende a amar la propia historia.

— De una entrevista en el diario ABC (edición de Sevilla) a Manuel Nieto Cumplido, canónigo y archivero de la Catedral de Córdoba, morfológica e históricamente conocida como la Mezquita (Aljama) de Córdoba, 4 de enero de 2010. La Iglesia Católica es la propietaria del edificio de la antigua mezquita, así como de la antigua sinagoga, llamada hoy iglesia de Santa María la Blanca, en Toledo.

Du fait que le capital symbolique n’est pas autre chose que le capital économique ou culturel lorsqu’il est connu et reconnu, lorsqu’il est connu selon les catégories de perception qu’il impose, les rapports de force symbolique tendent à reproduire et à renforcer les rapports de force qui constituent la structure de l’espace social.

Dado que el capital simbólico no es más que el capital económico o cultural que resulta conocido y reconocido, siéndolo según las categorías de conocimiento que él mismo impone, la relación de fuerza simbólica tienden a reproducir y reforzar la relación de fuerza que constituye la estructura del espacio social.

Pierre Bourdieu, Choses dites, París, Minuit, 1987, pág. 160

¿Que qué tiene esto que ver con Alfonso de Zamora? Cuanta ingenuidad y cuanta desconfianza en las habilidades ilusionistas del que subscribe estas chorraditas. Desde la conquista cristiana de Córdoba, el 29 de junio de 1236, hasta 1523, el edificio no sufrió sustanciales transformaciones. Pero en ese año de 1523 Alfonso Manrique de Lara, entonces obispo de Córdoba, ordenó la construcción (en contra de la opinión de una parte notable de las fuerzas vivas de la ciudad y aun de la corte) de una ‘catedral’ dentro de la Mezquita. Que ahí sigue: la una dentro de la otra, quiero decir.

Ese mismo año de 1523, Manrique de Lara fue nombrado arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Y quizá en sus funciones de Inquisidor General encargó a Alfonso de Zamora la traducción y glosa al latín de los 613 mandamientos (תרי”ג מצוות) del judaísmo, que Alfonso de Zamora acabó en fecha indeterminada (¿entre 1523 y 1538?) y que subsiste actualmente como el que hemos llamado «Manuscrito de Vitoria»:

Ad R[euerendissim]um & ill[ustrissimum] d[ominem] d[om] Alfonsum Manrriqu[em] archiepiscopum hispalensem inquisitorem maximum in Regno Hispaniaru[m] ect. Alfonsi Zamorensis lingue hebree professoris in academia complutensi vniuersorum legis veteris preceptorum compendium ex textu testamenti veteris collectum.

¿Ven como todo es posible si hay voluntad? Hasta pensar que Nieto Cumplido no lo hace adrede. No disimular la poca vergüenza, quiero decir.

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