General


Muchacha muerta que en la fotografía
levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo
muchacho muerto que pones tu oído en la tierra
como si sólo escuchases música:
estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo.
No turbéis más su sueño.
No turbéis más sus sueños.
Y si lo hacéis, que sea
sólo para depositar como una ofrenda,
en sus manos cercanas y distantes, imposibles,
la verdad

Antonio Colinas, «11 de marzo de 2004», Desiertos de la luz (2008).

«Soy marroquí…»


Cada uno tendrá sus razones. Yo tengo dos. Una, la enorme patera varada en la playa de Bolonia, frente a las luces de Tánger. La otra, habla en el video del minuto 1.20 al 1.54. Razones no faltan, en ningún sitio.

Los subtítulos al español se activan apretando en «CC», en la barra inferior de la pantalla del video.

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.

Octavio Paz, Piedra de sol (México, 1957).

Inspirado, como tantas otras cosas, por el último post de la Marieta.

(Campanario de la Catedral de Segovia.)

A veces habría que deshabitarse y rellenar el espacio que queda con una espuma blanda que no tenga memoria.

Emejota, «Nada», La idea del norte,
7 de octubre de 2010.

Manuscrito de París de Alfonso de Zamora (1527), foto de Álex Casero.

Poco después de que hablárabamos por aquí de otros hombres de frontera, hablaba Mary Beard en su blog A Don’s Life de otras fronteras puestas por hombres (y mujeres) para mujeres (y hombres). Como uno suele fijarse solo en lo que ya conoce, un poco a la manera del paleógrafo, a mí me llamó la atención un par de párrafos de lo que explicaba Beard:

Just recently a directive has come down to us from the “management” […], explaining that in future we will only be allowed to appoint external examiners for PhDs from those who have a right to work in the UK (ie no Americans, Australians whatever). Apparently, so our “Human Resources Compliance Unit” (I am not joking) assures us, reading a PhD thesis, writing a report and giving the candidate a viva of (say) two hours counts as “employment”. So if you are appointed to do this, you need to prove your eligibilty to work in this country, by showing your passport.

Recién nos llegó una directiva emanada de la «dirección» […], en la que se explicaba que, en lo sucesivo, solo se nos permitirá nombrar miembros externos de un tribunal de tesis a quienes tengan derecho a trabajar en el Reino Unido (es decir, que ni a americanos, australianos o lo que sea). Según parece, o eso es lo que nuestra «Unidad de Ejecución Conforme en Recursos Humanos» (no es broma) nos asegura, leerse una tesis doctoral, escribir un informe y estar presente en una defensa de tesis que dure dos horas (verbigracia) vale lo que un «empleo». Así que, si a uno le nombran para una cosa sí, tiene uno que demostrar que es susceptible de poder ser contratado en este país, enseñando el pasaporte.

In my Faculty, we normally use UK scholars to examine PhDs (we don’t squander travelling expenses), but sometimes students have been researching subjects that really do require an non-EAA examiner. Tony Grafton of Princeton, for example, may be one of the very few people in the world properly qualified to examine a specialised PhD — but he would no longer be appointable, at least on this interpretation of the law.

En mi Facultad, tenemos por costumbre tirar de investigadores británicos para los tribunales (no despilfarramos los gastos de viaje), pero, a veces, hay estudiantes que se han dedicado a temas que requieren de veras un examinador de fuera del Espacio Económico Europeo. Anthony Grafton, de Princeton, por ejemplo, puede ser una de las pocas personas en el mundo con los conocimientos adecuados para examinar a un doctorando especializado. Pero ya no le podemos traer para un tribunal, al menos siguiendo esta interpretación de la ley.

(más…)

At the boundary between center and periphery, users find new uses for canonical artifacts.
En el límite entre centro y periferia, los usuarios les dan usos nuevos a los artefactos canónicos.

John Seely Brown y Paul Duguid, «Borderline issues: Social an material aspects of design», Human-Computer Interaction, vol. ix, n.º 1, marzo de 1994, págs. 3-36 [?]

In the Folger’s copy of the herbal Rams little Dodeon [sic] (London: Simon Stafford, 1606), FSL STC 6988, there are manicules passim; but in the sections describing diseases of the male genitalia, the reader’s pointing hand changes to a pointing penis. I am grateful to Rebecca Laroche for pointing me to these examples of what she has wittily called “penicules”.

En el ejemplar conservado en la Folger [Shakespeare Library] del herbario Rams little Dodeon [sic] (Londres: Simon Stafford, 1606), [con la signatura] FSL STC 6988, hay manículas pássim, pero en las secciones que describen las enfermedades de los genitales masculinos, la mano indicadora de lectura se transforma en un pene indicador. Le agradezco a Rebecca Laroche que me indicara esos ejemplos de lo que, con ingenio, ella bautizó como penículos.

William H. Sherman, Used books: Marking readers in Renaissance England («Libros usados: lectores que señalan en la Inglaterra del Renacimiento»), Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 2008, nota 40, pág. 195 (correspondiente a la pág. 37), libro en el que también se menciona (pág. 24) la cita de Brown y Duguid señalada arriba que, sin embargo, no aparece en ningún sitio del artículo en cuestión (como tampoco aparece en ningún lado de una mínima lógica semántica porque el adverbio locativo pássim se ha de referir en exclusiva, siguiendo el DRAE, a las «anotaciones de impresos y manuscritos castellanos» y solo castellanos).

Foto de Steve McCurry, de la serie Fusion: The Synergy of Images and Words.

Casi un post en directo. Llaman al Là-bas, si j’y suis de France Inter (bueno, de Daniel Mermet, no nos engañemos) y dejan un recado. Que se están manifestando en Arrás (ya saben: la grêve générale). Y que se están manifestando con «unos compañeros españoles, llegados de Saragosse». Transcribo:

Obrero despedido, patrón colgao.

A continuación:

Reforma laboral para la Casa Real.

Concluye la compañera francesa: «Et oui, ça marche!»

Lo primero, me supongo, es la mondialisation bien entendida. Lo segundo, la excepción cultural. Un castizo diría, quizá, que ambas proclamas casi valdrían por un poema del sábado pero yo no, que no me considero muy castizo. Así que mañana habrá uno. Veremos.

Mientras, de los archivos de un maestro:

Es algo tan habitual –tan bobo, pero tan habitual– como los gritos hiperbólicamente asesinos que se lanzaban por aquí antaño en algunas manifestaciones de izquierda, del tipo «¡Obrero despedido, patrón colgao!» o «¡Queremos pan, queremos vino, queremos a Fraga colgao de un pino!», tradición que ha encontrado extraña prolongación en ciertas consignas, no menos truculentas, que hemos podido oír recientemente en concentraciones convocadas por la AVT y el PP.

Y en el mismo Là-bas, si j’y suis diversos ciudadanos corresponden a la ácida reportera bisoña si los han tomado como rehenes con la huelga. Una señora, esperando el RER hacia el centro de París, indignada, brama que sí. Que la han tomado como rehén. Que es inaceptable. Que la espera es terrible. En fin, que va a llegar tarde un cuarto de hora a su trabajo. Es verdad que es que la única que responde en ese tono de una docena larga, quizá.

Página siguiente »