«cuatro madres de Israel…»

Entre mis aficiones más inexcusables y reprehensibles figura la de leer las cosas que publica Avraham Burg. Aprovechando las fechas en las que estamos, ha salido hoy un artículo suyo del que me ha parecido oportuno dejar traducido, a pura vuelapluma, un fragmento. En parte conecta con algo de lo que trataba Alan Brill el otro día en su blog The Book of Doctrines and Opinions. He aquí parte de lo que dice Burg:

כל הקריאה הגדולה ההיא, “שלח את עמי”, לא היתה מתאפשרת לולא תפישת החירות של חמש נשים אמיצות: יוכבד, אמו של משה, שהפרה את פקודת ההשמדה הפרעונית; שתי המיילדות שסייעו בידה; אחות משה, השמרטפית המקראית; ובת פרעה שהצטרפה למרי. הן היו הראשונות להבין את הדופק העמוק של לב הסוגיה והנהיגו את המהפכה האנושית, הלאומית והפמיניסטית הראשונה.

Tamaño llamamiento («Deja ir a mi pueblo»: Éxodo vii, 16) no se habría hecho posible si no hubiera sido por el sentido de libertad de cinco mujeres bravas: Yojébed, madre de Moisés, que infringió la orden de destrucción de Faraón; las dos comadronas que le prestaron ayuda; [Miriam,] la hermana de Moisés, la nodriza de la Biblia; y la hija de Faraón que se unió a la rebelión. Fueron las primeras que entendieron la profunda repercusión del meollo de la cuestión y dirigieron la primera revolución humanista, nacional y feminista.

(más…)

παρακέκλησθε οὖν μετ᾿ εὐνοίας καὶ προσοχῆς τὴν ἀνάγνωσιν ποιεῖσθαι καὶ συγγνώμην ἔχειν ἐφ᾿ οἷς ἂν δοκῶμεν τῶν κατὰ τὴν ἑρμηνείαν πεφιλοπονημένων τισὶ τῶν λέξεων ἀδυναμεῖν·

Se os invita, por tanto, a que lo leáis con benevolencia y atención y que nos excuséis los pasajes en que podemos dar la impresión de traducir mal algunas expresiones, a pesar de nuestros esfuerzos de interpretación.

Eclesiástico («Sabiduría de Jesús, hijo de Sira [o Sirácida]»), prólogo, v. 15 (¿traducción de Natalio Fernández Marcos? BAC, Madrid, 1974).

One of my fundamental assumptions has been that ancient texts are not windows into the past but artifacts of it. As such, they are never transparent and cannot speak for themselves. To be sure, they may provide gross information, and so it is not completely illegitimate to mine positivistically, provided only that one does so cautiously and skeptically. Such positivism has served as the foundation of all we know about antiquity, and though every inch of this foundation merits scrutiny and debate, sometimes these issue in affirmations of historicity. That having been said, though, the project of producing detailed social or cultural histories of Judaea in the Achaemenid and Hellenistic periods or of the ”world of the New Testament” or that of the Mishnah and Talmud has rarely yielded convincing results. The authors of such works, unless they adopt criticism or skeptical aporia as their goals, always underestimate the amount of information required to produce a convincing history. The scraps we have at our disposal are simply not enough.

La facultad VIIIUna de mis ideas fundamentales es la de que los textos antiguos no son ventanas abiertas al pasado sino sus artefactos. De tal manera, no son nunca transparentes ni pueden hablar por sí mismos. Qué duda cabe de que pueden proporcionar información en bruto, por lo que no resulta completamente ilegítimo sacarles partido con métodos positivistas, con la salvedad de que tal cosa se haga con escepticismo y cautela. Tal positivismo ha servido de base para todo lo que sabemos sobre la antigüedad y, aunque merece en todas y cada una de sus partes escrutinio y debate, a veces generan afirmaciones de historicidad. Dicho esto, sin embargo, el proyecto de producir detalladas historias sociales o culturales de Judea en los periodos aqueménida y helenístico, o del «mundo del Nuevo Testamento», o de la Misná y el Talmud, pocas veces han dado frutos convincentes. Los autores de tales obras, salvo que adopten como óbjetivos la crítica o la aporía escéptica, siempre minusvaloran el grado de información que se necesita para producir una historiografía convincente. Sin más, los pecios de que disponemos son insuficientes

But since they are artifacts, texts can still be used; they just have to be treated differently. Some historians, including myself, may be slightly uncomfortable with the idea, but we have to figure out ways of reading them, with minute attention to detail, as expressions of sets of concerns or interests, because that is way they are. […]

Pero, ya que se trata de artefactos, los textos aún pueden ser de algún uso: solo hace falta tratarlos de otra manera. Esta idea puede provocar a algunos historiadores, incluido yo mismo, cierta incomodidad, pero tenemos que discurrir formas nuevas de leerlos, con meticulosa atención al detalle, como formas de expresión de determinadas preocupaciones o intereses, porque eso es lo que son. […]

The historicity of the tale is debatable, the fact that someone told it, fixed its form, and eventually wrote it down is not: it is true by definition, and so constitutes a much firmer foundation for the production of a historical account than either positivistic investment in the story’s truth or blanket skepticism about it. […]

La verosimilitud histórica del cuento puede debatirse pero no el hecho de que alguien lo contó, fijó la forma y, andando el tiempo, lo puso por escrito: es verdad por definición, lo que constituye una base para la producción de un relato histórico mucho más firme que centrarse con ambición positivista en lo veraz de la anécdota o en negarla sin más movido por el escepticismo. […]

I have spent many of the foregoing pages exemplifying my model’s utility as an exegetical tool as well. It has constituted an effective way of resisting the ”Hallmark card” school of Ben Sira interpretation, whose point is precisely to deprive the sage’s apophthegms of all their social and cultural specificity and transform them into bland religious-ethical sentences. […]

En buena parte de las páginas precedentes, he dado asimismo ejemplos de la utilidad de mi modelo como herramienta exegética. Me ha servido como eficaz medio de resistirme a la escuela de «tarjeta de felicitación» que se ha aplicado a la interpretación del Sirácida, cuyo argumento busca precisamente privar a los apotegmas del sabio de su especificidad social y cultural y transformarlos en insípidas máximas ético-religiosas.

Del último libro de Seth Schwartz, Were the Jews a Mediterranean society: Reciprocity and solidarity in Ancient Judaism («¿Conformaron los judíos una sociedad mediterránea? Mutualismo y solidaridad en el judaísmo antiguo»), Princeton NJ, Princeton University Press, 2009, págs. 175 y 176.

Estaremos al tanto de las reseñas que deberán llegar de este volumen, por gente provista de más ciencia que nosotros que deberían iluminarnos (para eso deberían hacerse las reseñas), pero parece una obra pertinente y relevante. Lo de que los textos antiguos no son ventanas del pasado, aunque la tesis contraria se repita con insistencia también en cenáculos filológicos, me suena a Samely, pero la búsqueda de Google Books me dice que mi alemán de Mánchester no comparece en el libro de Schwartz. Una idea quizás muy simple, hasta simplista: como tantas otras de su género, asombra que el fundamento metodológico de nuestras disciplinas humanísticas parezca ser alejarse todo lo posible de estas muy simples, simplistas, inmediatas bases del método. Como si la diferencia (aristotélica) entre las categorías de ausencia y presencia, tan acuciante para el pensar «históricamente», fuera una banalidad filosófica más que un análisis primero y fundamental. Tendremos que hablar más detenidamente de la ausencia y la presencia históricas.

Parece que hay toda una escuela «historicista» que se va asentando poco a poco para el estudio del Talmud. Hay alguna concomitancia con lo que deberían ser las bases epistemológicas de la codicología: tomar el texto (y en el caso de los codicólogos, su soporte) como argumento histórico principal. Pero tengo la impresión, provisional, de que la codicología tal como yo la entiendo (que tal vez no sea tal como la entienden la mayoría de quienes la practican) es algo más escéptica de lo que parece indicar un cierto entusiasmo historicista de estos nuevos talmudistas. Habrá que seguir a la espera de lo ajeno y en la obra de lo propio. Veremos si nos encontramos en algún sitio.

«La facultad VIII», foto de Domingo556, 10 de septiembre de 2009.

Antonio de Nebrija, Tertia quinquagena, reimpresión de Arnaldo Guillén de Brocar, Alcalá de Henares, 1516.

Antonio de Nebrija, Tertia quinquagena, reimpresión de Arnaldo Guillén de Brocar, Alcalá de Henares, 1516.

El otro día se me ocurrió buscar una referencia. Algo muy desagradable que puede acarrear inopinadas y graves consecuencias al desustanciado doctorando que se dedica a malgastar su escaso tiempo en comprobar lo que dice en vez de escribir, sin más, lo que tiene que decir.

Era una cita de los Tertia quinquagena de Antonio de Nebrija que de vez en cuando me da por citar, y en latín, lo que da idea de mi estupidez latinesca de petimetre:

Arduum est nomina rebus et res nominibus reddere.

Como si dijéramos:

Arduo es devolver los nombres a las cosas y las cosas a los nombres.

Redondo, ¿no? Según Nebrija, es una cita del «proemio» a la Historia natural de Plinio. A mí me ha parecido un eslogan sin par de lo que significa el trabajo de historiar, aplicando «historiar» a cualquiera de las facetas de las ciencias de lo antiguo.

Como decía, esto sale en el apartado dedicado al porphyrio (§ xxxv), término de realia bíblica que el maestro Antonio identifica con el «calamón» de su patria andaluza. Como los Tertia quinquagena bien merecen una explicación de su circunstancia de redacción y de su intención antes de seguir y como Marcel Bataillon ya lo dejó explicado mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, copio el fragmento correspondiente de la competente traducción española (segunda edición, corregida y aumentada) que le hizo Antonio Alatorre a su Erasmo y España («estudios sobre la historia espiritual del siglo xvi», México, Fondo de Cultura Económica, 1966, primera edición francesa de 1937), págs. 32 y 33:

Nebrija no se había quedado mano sobre mano; lejos de ello, y en espera de tiempos mejores, había vuelto a emprender el trabajo confiscado por [el inquisidor general Diego de] Deza [1443-1523]. Ahora bien, en 1507 luce una esperanza nueva para los estudios bíblicos. Deza, comprometido por las crueldades de[l inquisidor Diego Rodríguez de] Lucero en Córdoba, se ve obligado a dimitir, y el propio Cisneros, recientemente elevado a la dignidad de cardenal, es quien le sucede como Inquisidor General. Aquel a quien Nebrija había invocado en vano como árbitro es ahora juez supremo. Entonces es cuando le dedica su «Tertia quinquagena» [(«La tercera serie de cincuenta»)], conjunto de disertaciones filológicas acerca de cincuenta pasajes de la Biblia, cuyo número ordinal (‘tertia’) era probablemente una alusión discreta al primer trabajo, confiscado por Deza, y al segundo, cuya aparición había estorbado el mismo Inquisidor.

Casi todos los términos sobre los cuales quiere Nebrija hacer brillar la luz de la filología pertenecen a lo que se podría llamar el campo de los ‘realia’ de la Biblia. Unas veces parte de una observación, certera o falsa, de un glosador como Nicolás de Lira, o de autores mucho más oscuros, como aquel Jacobus Constantinus cuya «Hecatostys» o ‘centuria’ de observaciones descubrió él mismo un día que escudriñaba, según su costumbre, los rincones de las muchas librerías de Salamanca. Otras veces acude a sus propios recuerdos: hablando del onocrótalo, afirma haber visto en dos ocasiones este pájaro, una vez de cerca en una plaza pública de Bolonia [JdPP: de Italia, no la deliciosa de Tarifa], donde se le exhibía como curiosidad, y otra, de lejos, en su Andalucía natal, a orillas del Guadiana. Su conocimiento de los naturalistas antiguos le permite distinguir dos pájaros que durante largo tiempo había confundido, e identificar el ‘porphyrio’ con el calamón de su tierra, mientras que el ‘phoenicopterus’ no es sino el flamenco, igualmente común en Andalucía. Preguntándose a qué responden, en realidad, ‘simila’ y ‘similago’, acude a los hebraizantes para saber el sentido de la voz hebrea ‘soleth’. Es la flor de harina que servía para hacer los panes de la proposición, el acemite de los andaluces, la materia prima del alcuzcuz que tanto gusta a los moriscos y negros, [§xlii: «Mauri atque Aethiopes qui apud nos degunt suum illum peculiarem cibum concinnant, quem sine honoris praefatione nominare non licet, alcuzcuz appellant»: ‘los moros y etíopes que entre nosotros residen, preparan aquella particular comida suya, que no es lícito nombrar sin un prólogo de honor, denominan alcuzcuz’], la sémola de los aragoneses [JdPP: y de los «tarraconenses» o ¿catalanes? ¿O de los «tarraconenses» romanos que luego se hicieron «aragoneses», es decir, súbditos todos del Rey de Aragón?]. Y Nebrija tiene buen cuidado de informar al lector que de las tres clases de trigo, ‘robus’, ‘silignis’ y ‘trimestre’, sólo el primero, el rubión de los españoles, se presta para tamizar la flor de harina, y especialmente en Andalucía.

¿En qué podía perjudicar a los teólogos este género de observaciones? Su único objeto era hacer que la interpretación de la Biblia se aprovechase de una ciencia que Plinio reputaba ardua, y en la cual, según el testimonio de sus compañeros, él se había hecho maestro: poner cosas para los nombres y nombres para las cosas, nada más inocente, en verdad.

Leamos hasta aquí. Ese «poner cosas para los nombres y nombres para las cosas» que le hace decir Antonio Alatorre a Marcel Bataillon es el trasunto arromanzado de la frase que Nebrija le atribuye a Plinio y que casi empezaba este apunte:

Arduum est nomina rebus et res nominibus reddere.

Solo que si uno va a la «praefatio» (no «proemium», aunque la variación sinonímica sea menor) de la Historia natural de Plinio, no encuentra esta frase por ningún lado. Y aún les diré que antaño podían darse dudas, porque había que leer las cosas para emitir un juicio, pero en esta nuestra feliz edad informática basta con un Ctrl. + F (si se usa Firefox) para asegurarse de que el feliz eslogan nebrisense no es una ocurrencia pliniana. Por no hacer falta, no hace falta ni leer. Pero no, ¡ay!, en el caso que nos ocupa.

Así que había que leer, confiando en que la solución no estaba muy lejos. Y no lo estaba: bastaba con llegar al párrafo xv de la «praefatio» de la Historia natural:

Res ardua vetustis novitatem dare, novis auctoritatem, obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem, omnibus vero naturam et naturae suae omnia. Itaque etiam non assecutis voluisse abunde pulchrum atque magnificum est.

Ardua cosa es dar condición de nuevo a lo antiguo, autoridad a lo nuevo, brillantez a lo obsoleto, luz a lo oscuro, gracia a lo repugnante, certidumbre a lo dudoso, a toda cosa una naturaleza que de verdad lo sea y a su naturaleza cada cosa. Así, llegado el caso de no conseguirlo, haberlo querido ya es de sobra hermoso y magnífico.

Pero que tengáis con qué criticarme a sabiendas y con conocimiento, esta es la traducción del mismo fragmento de Plinio que propuso el notable polígrafo Jerónimo de Huerta, publicada en 1624:

Cosa es difícil dar novedad a las cosas viejas, autoridad a las nuevas, lustre a las desusadas, luz a las escuras, gracia a las desgraciadas, y fe a las dudosas; pero más difícil es dar su naturaleza a todas las cosas, y dar a su naturaleza todas las propiedades secretas. Y assí quando esto no se pueda alcançar, o hazer, solo aver querido, es obra grandemente magnífica y bella.

Si lo de arduum est nomina rebus et res nominibus reddere era ya redondo, esto de res ardua vetustis novitatem dare &c. es ya para quitarse el sombrero (si aún lleváramos) y prorrumpir en entusiastas «¡ole, ole y ole!». Pero el caso es que, leído Plinio y entendido, sin que Antonio de Nebrija se vaya muy lejos de la intención del texto del enciclopedista romano, no cita sus palabras: las recrea.

Lo que me llamó la atención es que a nadie le hubiera llamado la atención y descubrir, por mi propia incompetencia de citador, que la competencia de los otros, antes que llevada por la curiosidad, se cimenta en el respeto de la autoridad: la de Antonio de Nebrija, en este caso. Ni Marcel Bataillon, que cita y glosa la cita sin más comentario de atribución que el Plinio que nos asegura Nebrija, ni Max Aub (o, más bien, un profesor de latín que citaba un Plinio apócrifo, leído seguramente tan solo en la recreación nebrisense), ni algún autor en los Papeles celíacos de Son Armadans, ni Américo Castro, ni Germà[n] Colon, ni Antonio Carreño, ni L. Núñez Ladevèze, que lo toma de eslogan erudito como quien toma una recreación de las que nunca han existido en el idioma original pero circulan con alegría entre los sabios. «Se non è vero, è ben trovato», como ejemplo paradigmático de las lenguas modernas.

Todos los citados han recorrido la senda que tendrían que haber recorrido de la mano de Plinio tuertos y bizcos por la autoridad intermediaria de Nebrija. Como yo mismo. Sin caer en la cuenta, ninguno de nosotros, de que el argumento de autoridad no es argumento sino simplemente autoridad y una de las pocas cosas ciertas que se puede decir de la erudición es que será subversiva o no será.

Seguramente haya desmemorias mucho más urgentes que remediar para el buen gobierno de las cosas de este mundo, como no perder los papeles de los susceptibles de ser condenados por afrentas al común consenso de la justicia y al erario de que dispone el gobernante para la promoción del bien común y la búsqueda de la felicidad:

¿Dónde están las cajas con documentación del caso Gürtel que quedaban sin desprecintar a finales de julio y que debían remitirse de Madrid a Valencia, cuando la causa aún estaba abierta? El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid afirma que salieron en su momento, mientras que en el de Valencia dicen que aquí no están.

La documentación afecta a los cabecillas de la trama en Madrid, Francisco Correa y Pablo Crespo, y al gerente de Orange Market, Álvaro Pérez. El juez madrileño consideró que debían ser imputados también en Valencia por los regalos de trajes a autoridades valencianas al tratarse de delitos conexos, como afirmaba la Fiscalía Anticorrupción. Las diligencias fueron archivadas por el TSJ valenciano cinco días después de esta decisión judicial.

El asunto de las cajas siempre ha sido polémico en este caso que afecta al PP de Madrid y que provocó una investigación al presidente Francisco Camps y a otros tres altos cargos del PP valenciano por un delito de cohecho.

(vía la Fam de fum – «infrablog subaltern de d’incontinències i fragilitats» – de Josep Porcar)

evitando de esta manera que los juzgables sean condenados y que los juzgadores, íntimos correligionarios y compadres de los juzgables, se vean en el brete de impartir la justicia que el orden de las cosas exige aunque a sus connivencias privadas y corruptas repugne. Pero la base de las repúblicas ordenadas es precisamente esa, la ceguera de la justicia y la repugnancia de las connivencias, y así debería ordenarse esta nuestra república y su memoria, cimentada en un «ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes». O algo así. Nunca en la desmemoria, en las pérdidas o en los olvidos. O en la autoridad de esa desmemoria.

«Di, perra mora» de Pedro Guerrero (1528-1599), interpretado por Hespèrion XX con la dirección de Jordi Savall, El Cancionero de Medinaceli, 1516-1556: música en el tiempo de Carlos V, Astrée (Auvidis), n.º de catálogo: E 8764, 1992.

«Pechos de porcelana», foto de Fagocito de Poliéster, 17 de agosto de 2007.

«Pechos de porcelana», foto de Fagocito de Poliéster, 17 de agosto de 2007.

שני שדייך כשני עופרים, תאומי צבייה, הרועים, בשושנים. עד שיפוח היום, ונסו הצללים–אלך לי אל-הר המור, ואל-גבעת הלבונה. ז כולך יפה רעייתי, ומום אין בך

Tus dos tetas como dos cabritos mellizos, que [están] paciendo entre azucenas. / Hasta que sople el día y las sombras huyan, voyme al monte de la mirra y al collado del incienso. / Toda eres, Amiga mía, hermosa, falta no hay en ti.

Cantar de los cantares, cap. iv, versículos 5, 6 y 7 (trad. de Fray Luis de León).

[Declaración]

5. Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos, [que están] paciendo entre las azucenas.

No se puede decir cosa más bella ni más a propósito que comparar las tetas

«Ilusión óptica», foto de Lucas Ottone, 23 de mayo de 2009.

«Ilusión óptica», foto de Lucas Ottone, 23 de mayo de 2009.

hermosas de la Esposa a dos cabritos mellizos, los cuales, demás de la ternura que tienen por ser cabritos y de la igualdad por ser mellizos, y demás de ser cosa linda y apacible, llena de regocijo y alegría, tienen consigo un no sé qué de travesura y buen donaire, con que llevan tras sí y roban los ojos de los que los miran, poniéndoles afición de llegarse a ellos y de tratarlos entre las manos; que todas son cosas muy convenientes y que se hallan así en los pechos hermosos a quien se comparan.

Dice que «pacen entre las azucenas», porque con ser ellos lindos, así lo parecen más; y queda así más encarecida y más loada la belleza de la Esposa en esta parte.

6. Hasta que sople el día y huyan las tinieblas voyme.

«Soplar el día y huir las sombras» ya he dicho ser rodeo con que se declara la tarde. Pues dice ahora el Esposo que se va a tener la siesta y a pasar el día hasta la tarde entre los árboles de la mirra y del incienso, que es algún collado donde se crían semejantes plantas, que las hay muchas en aquella tierra. Y el decirle esto agora después de tantos y tan soberanos loores con que le ha loado, es convidalla abiertamente a que se vaya con él. Mas vuelve luego la afición y torna a loar las perfecciones de su Esposa, que son mudanzas muy propias de amor; y dice como en una palabra todo lo que antes había dicho por tantas y por en tan particular de toda su hermosura.

Campo de ropa tendida

«Cabo Pechos», foto de Pablito Blue, 9 de agosto de 2008.

7. Falta no hay en ti.

«Paint the silence», foto de Andrew McConnochie, 23 de mayo de 2009.

«Paint the silence», foto de Andrew McConnochie, 23 de mayo de 2009.

Que aunque no lo dice por palabras, porque las de los muy aficionados siempre son cortas, dícelo con el afecto, y es como si dijese: ¿Mas cómo me apartaré de ti, Amiga mía, o cómo podré estar un punto sin tu presencia, que eres la misma belleza, y toda tú convidas y fuerzas a los que te ven a que se pierdan por ti? Por tanto, dice, vamos juntos, y si es grande atrevimiento y pido mucho en pedirte esto, tu extremada y jamás vista belleza, que basta a sacar de su seso a los hombres, me disculpa.

Demás de esto dice que nos volveremos juntos por tal y tal monte, donde verás cosas de gran contento y recreación para ti; que es aficionarla más a lo que pide con las buenas calidades del lugar.

Fray Luis de León, Declaración y traducción castellana del Cantar de los cantares de Salomón, cap. iv, versículos 5 a 7.

Este blog y el que lo subscribe nos vamos de vacaciones (o algo así), cada uno por su lado. Nos volveremos a juntar por aquí a mediados de este mes colocado bajo la verbenera advocación católica de la Virgen de la Asunción, que sirve lo mismo para un roto litúrgico que para un descosido festivo y que tanta vida da a los pasodobles y los bailes regionales en estas nuestras anchas Españas. Se conmemora una importante efeméride privada.

Lo dicho, como es costumbre por aquí: tienen la casa a su disposición, sin tener que candar la puerta, que es de buen vivir y de mejor estar esta aldehuela virtual que conforman los blogs. Hurguen, si quieren, por las ventanitas de la derecha (según leen): tienen muchos casos y alguna cosa de mérito y de mucho entretenimiento. En no pocas de esas cosillas, de mucho mayor provecho y de más merecido requiebro que este cuadernillo de apuntes zamorescos que les libro con regularidad, se podría hacer bueno lo dicho de Fray Luis que hoy hemos traído a colación:

Demás de ser cosa linda y apacible, llena de regocijo y alegría, tienen consigo un no sé qué de travesura y buen donaire, con que llevan tras sí y roban los ojos de los que los miran.

Ea, señoras, señores, queden con Dios: el patrono de los fragantes pechos de la enamorada Esposa del Cantar, se entiende, y de cualquiera de sus otras festivas advocaciones.

«drive», foto de BƛƬƲĐΐƧƮƐ', 2 de abril de 2009.

«drive», foto de BƛƬƲĐΐƧƮƐ', 2 de abril de 2009.

'Fuente Huerto de Calisto y Melibea, Salamanca', foto de OscAr_7, 21 de noviembre de 2008

'Fuente Huerto de Calisto y Melibea, Salamanca', foto de OscAr_7, 21 de noviembre de 2008

Fuente de huertos. Había comparado el Esposo a su querida Esposa, no sólo a un lindo huerto, sino también a una pura y guardada fuente. Declara agora más esto segundo, especificando más las calidades de aquella fuente, y dice ‘fuente de huertos’; esto es, no encharcado, sino que perpetuamente manan sin faltar jamás. ‘Que corren del monte Líbano’, que, como habemos dicho, es monte de grandes y lindas arboledas frescas, y muy nombrado de la Escritura; para que de esto se entienda que es muy dulce y muy delgada el agua de esta fuente de que habla, pues nace y corre por tales mineros.

Con lo cual queda pintada una fuente con todas sus buenas cualidades, de mucha agua, muy pura, muy sosegada, muy fresca y muy sabrosa, que jamás desfallece; para que de la lindeza de la fuente del jardín entendamos la extremada gentileza de la Esposa, que es como un jardín y una fuente.

Fray Luis de León, Glosa castellana al Cantar de los Cantares, cap. 4, vers. 15.

שְׂמֹאלוֹ תַּחַת לְרֹאשִׁי וִימִינוֹ תְּחַבְּקֵנִי

Cantar de los Cantares, cap. ii, vers. 6

6. La izquierda

Prosigue la enamorada Esposa demandando

'y... Despertar', foto de ^mAsHiTa^, 30 de junio de 2008.

'y... Despertar', foto de ^mAsHiTa^, 30 de junio de 2008.

socorros para su desmayo. El natural remedio para los que se desmayan de amores es verse juntos y asidos a los que aman y que les muestren favor y señal de amor; porque de allí les viene su trabajo, y de lo mismo les ha de venir su remedio y descanso. Y así la Esposa, estando ya caída en el desmayo, pide a su Esposo que se llegue a ella, y la sustente y ciña con sus brazos. Y no fue en esto negligente el Esposo en lo que dice la Esposa, que el Esposo, visto su desmayo, acudió luego y la tomó en sus brazos; que se hace, conforme a ella pide, poniendo el brazo izquierdo debajo de la cabeza, y abrazando con el brazo derecho. Porque es natural después del desmayo seguirse el sueño, con que torna en sí y se repara la virtud cansada con la pasada lucha.

Fray Luis de León, Cantar de los cantares de Salomón, texto modernizado de José Manuel Blecua (Madrid, Gredos, 1994), reedición de Javier San José Lera, Salamanca, Ediciones Universidad, 2002.

[En la misma serie.]

Gira la ciudadApud Latinos Interpretes, Civitas plerumque idem est, quod Romano sermone vrbs dicitur: continet autem vrbs muros & aedificia, proprie vero ciuitas ciues: sed vtcunque sit, praeter pauca loca ciuitas in sacris, & aedificia & ciues complectitur. Prioris significationis multa sunt exempla. Vt, Cain aedificauit ciuitatem. Et Ninus aedificauit Niniuen & plateas ciuitatis. &, Cale, haec est ciuitas magna. Posterioris vero illa. Zebul enim princeps ciuitatis. Et principes triginta ciuitatum. Ciuitas frequens felicitatem significat. Vt, Plateae ciuitatis complebuntur pueris & infantibus. Ciuitas supra montem posita, Apostolos & discipulos suos Euangelij praecones & testes, dixit Christus. Ciuis est, qui ciuitatis legibus, moribus & ornamentis, atque commoditatibus vtitur. vt, Anima, quae per superbiam aliquid commiserit, siue ciuis ille fuerit, siue peregrinus. & , Ne quaeras vltionem, nec memor eris iniuriae ciuium tuorum. &, Non estis hospites & aduenae: sed estis ciues sanctorum, & domestici Dei.

El bar del clubEntre los traductores latinos, ciuitas es generalmente lo mismo que en la lengua de Roma se denomina urbs. Ahora bien, la urbs está formada por murallas y edificios: en cambio, la ciuitas propiamente dicha está formada por ciudadanos. Pero sea como fuere, a excepción de unos pocos pasajes, en los libros sagrados la ciudad abarca tanto a los edificios como a los ciudadanos. Del primer significado hay muchos ejemplos: Caín edificó una ciudad. Y, Nino edificó Nínive y las plazas de la ciudad. Y, Cale, esta es la ciudad grande. Y del segundo significado, esto se dice: Porque Zebul era gobernador de la ciudad. Y, Eran príncipes de treinta ciudades. Una ciudad concurrida representa la felicidad. Así: Las calles de la ciudad se llenarán de jóvenes y de niños. Ciudad emplazada sobre un monte llamó Cristo a los apóstoles y discípulos suyos, pregoneros y testigos del Evangelio. El ciudadano es aquel que se sirve de las leyes, las costumbres, los adornos y las ventajas de una ciudad. Así: El alma que pecare por soberbia, sea él ciudadano o extranjero. Y, No busques la venganza, ni te acordarás de la injuria de tus conciudadanos. Y, No sois huéspedes ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.

Benito Arias Montano, Libro de José o sobre el lenguaje arcano («De arcano sermone»): Luis Gómez Canseco (coordinación y estudios), Fernando Navvaro Antolín (coordinación y traducción), Baldomero Macías Rosendo (traducción y estudios), Violeta Romero Barranco (índices), Huelva, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 2006, pág. 322 (traducción) y  504 (reproducción fotostática; 96 del original).

From Yad Vashem to Deir Yassin

«Gira la ciudad», foto de Gonzalo_ar, 1 de mayo de 2007; «El Bar del Club», foto de silkegb, 8 de agosto de 2008; «View from Yad Vashem looking out to Deir Yassin», foto de Joff Williams, 16 de noviembre de 2008.