In patientia vestra possidebitis animas vestras הללויה Tu autem domine miserere
En vuestra paciencia os enseñorearéis de vuestras almas Aleluya
Mas tú, Señor, ten piedad

«No sé de ciencia pero en paciencia soy el mejor…»

(lo de que sean biólogos es un detalle menor:
¿no habíamos quedado en que los de «Humanidades» éramos científicos?)

Visto en Sonicando y Las penas del Agente Smith.

Fueron dos comentarios de una colega el otro día. Uno, respondiendo a una pregunta de otra persona, que no, que no, que los caraítas no pintaban nada en la Sicilia del siglo xvi, lo que seguramente será verdad, pero a mí me hizo acordarme de una carta de un concienzudo funcionario inquisitorial, un tal doctor Laya, pacense por más señas, que escribía al rey de Portugal el 30 de marzo de 1528 (perfecto contemporáneo, por tanto, de Alfonso de Zamora):

Y si esta pestilençia no se cura, serenísimo señor, en nuestros reinos sucederá de generaçión en generaçión hasta el fim del mundo; y puesto que fuesen judíos sin bautizar, estas nueuas ofensas que contra Dios se cometen, se deuían en personas de judíos castigar, que entre uerdaderos judíos semeiantes delinquentes se tienen por hereges como personas que contradizen el seso literal de la Biblia y cometen delicto en la misma ley de Moysén. Porque, mui poderoso señor, ai [=hay] tres maneras de judíos: los unos que se llaman carraynes [=caraítas]; y otros saduceos, que niegan la resurrección de los muertos, y otros talmudistas, que suceden a los fariseos, cuya apostaçía en otro tiempo inficionó [=infectó] a Castilla y agora inficiona nuestros reinos cathólicos. Y los carraynes, que son los que guardan la ley al pie de la letra, llaman a los otros hereges de la ley de moysén como a malos exponedores del texto de la Biblia, y la sancta Iglesia ha condenado el Talmud como cosa escrita en ofensa de Dios, y como gloza que no se puede permitir entre los que quieren guardar la ley de Moysén.

Según Carlos Carrete Parrondo y Yolanda Moreno Koch («Movimiento mesiánico hispano-portugués: Badajoz 1525» [sic: ¿por 1528?], Sefarad, vol. lii, n.º 1 (1992), págs. 65-68), transcriptores del documento, este se encuentra «en el Archivo lisboeta de la Torre do Tombo; la copia del 16 de julio de 1629 por Gaspar de Lousada se guarda en el Archivo de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, ms. 390, fols. 168v-170r».

¿Sería este tal doctor Laya un cazajudaizantes particularmente leído y erudito (esos carraynes claro trasunto de unos qara’im tomados del original (קראים) o, si en vez de fariseos, los judíos ibéricos (incluidos los que en Sicilia vivían bajo el mismo rey que los peninsulares) hubieran sido fundamentalmente caraítas, no habría habido éxodo entre 1492 y 1498?

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Somam-se os dias e vão é o alento;
volteja ora o Fado, abutre agourento.

Añádense los días y vano es el aliento;
da vueltas el Destino, carroñero de agüero.

Sérgio F. Mendes

Recuerdo perfectamente cuando y donde aprendí el significado israelí de מטומטם (/metumtám/). Fue en el kibbutz Qiryat Anavim (קרית ענבים), al lado de Abú Gosh (אבו גוש, أبو غوش) y de alguna otra cosa mucho más importante en lo personal, como Bet Neqofa (בית נקופה), donde vivían los Vinocur-Andrade, luego de vuelta en Buenos Aires aunque nunca se me hayan ido muy lejos del territorio donde reside la nostalgia del afecto. Por las mismas, y con efecto retroactivo, aprendí alguna otra cosa que ha resultado particularmente relevante para algún compromiso personal (con la verdad histórica, por ejemplo) al que he buscado ser fiel desde entonces: tiempo después me di cuenta de que Bet Neqofa se llamaba, no hacía mucho tiempo atrás, Bayt Naqqúba (بيت نقوبا), hoy transmutado en ‘Ayn Naqquba (عين نقوبا).

Pero volvamos a lo de metumtam.

En el kibbutz, un servidor de ustedes, ya famoso de antes por lo negligente de su coordinación motora (por su torpeza, vaya), fue asignado como voluntario (מתנדב, /mitnadev/) al minimárket (מינימרקט). Friega que te friega (סמרטוט [/smartut/] fue otra palabra estrella de mi aprendizaje kibbútznico), mi distraída coordinación motora me debió de jugar alguna de las suyas y cometí alguna «torpeza». Como andaba, y sigo, corto de vocabulario israelí (las lenguas puramente librescas provocan mucho menos estrés, dónde va a parar) eché mano, a fin de buscar la palabra que mejor me definía en ese momento («¡torpe!»), de lo que tenía entonces a mano: el Diccionario castellano-hebreo/hebreo-castellano del «Doctor» Yeshayahu Austridán (ישעיהו אוסטרידן; mexicano, por cierto), que aún guardo como souvenir de la incompetencia lexicográfica. Don Yeshayahu, a falta de una, daba cuatro posibilidades, perfectamente descontextualizadas, para «torpe»: גס, טיפש, מטומטם o כבד־תנועה (/metumtám/, /tipésh/, /gas/ y /kvad tnuá/). Encomendándome a la vez al rabino Meir y a San Pancracio, ambos muy milagreros, elegí con el mejor método que un bisoño estudiante de hebreo (en tercero para cuarto de licenciatura: los hebraístas disfrutamos, como los arabistas, de una eterna juventud bisoña en esto de aprender el idioma de nuestra especialidad) podía aplicar: al buen tuntún. Y me salió metumtam en la rifa. Logré un cierto efecto comunicativo con mi elección: las dos finlandesas israelizadas que atendían el minimárket se desconyuntaron de risa al oír lo de que yo me definía a mí mismo como metumtam. Si yo fuera más de Móstoles de lo que soy, seguro que habría dicho que se me descojonaban de risa, porque tal cosa correspondía más a la estridencia de las carcajadas que soltaban las hebreo-finlandesas.

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מפני שנוחין ועלובין היו ושונין דבריהן ודברי ב”ש ולא עוד אלא שמקדימין דברי ב”ש לדבריהן

Porque de buen conformar y pobres de espíritu eran y estudiaban su propia doctrina y la de la Escuela de Shammai. Y, por si fuera poco, daban preferencia a la doctrina de la Escuela de Shammai sobre la suya propia.

Talmud de Babilonia (Iraq), tratado Eruvin, folio 13 verso.

Al hilo de lo que contaba uno de estos días Antonio (y yo remachaba) sobre las vocaciones casuales de los arabistas españoles de antaño y en parte de hogaño,: cuenta hoy Adam Shear en su blog medio anónimo la historia de dónde surgió la vocación de Moshe Greenberg, uno de los principales biblistas judíos e israelíes de esta generación (interesantísimo mundito el de los biblistas, por cierto; tendría que chafardear un poco por aquí de esa colla):

He (Prof. Greenberg) had travelled around Mexico the summer before his freshman year at Penn. He had fallen in love with the Spanish language and when he got back to Philadelphia he went straight to the chair of the Romance Languages department and declared his intention to major in Spanish. But, he explained to the chair, his love was for the language–its structure and its history– not necessarily the literature, so with whom should he study Spanish philology and linguistics? Ah, exclaimed the chair of the department, we have no one right now who does historical linguistics or the kind of philology that you describe. What other languages do you know, asked the chair to the freshman. Hebrew was the answer Ah, said the chair, then you are in luck: Professor Speiser in Oriental Studies is a first-rate philologist and linguist. Why don’t you go see him?

[El profesor Greenberg] había viajado por México el verano antes de entrar en la Universidad de Pensilvania y se había enamorado del español. Al volver a Filadelfia, se fue derecho al director del Departamento de Lenguas Romances y le expuso su intención de hacer la licenciatura de Español. Pero le explicó al director que su amor se refería al idioma, por su estructura y su historia, no necesariamente a la literatura, por lo que buscaba era con quien estudiar Filología y Lingüística españolas. «¡Ah!», exclamó el director del Departamento, «ahora mismo no tenemos a nadie que haga Lingüística Histórica o el tipo de Filología que usted quiere». «¿Qué otras lenguas sabe?», le preguntó el director al estudiante de primer año. «Hebreo», respondió. «Ah», dijo el director, «pues está usted de suerte: el profesor Speiser de Estudios Orientales es un filólogo y lingüista de primera línea. ¿Por qué no va a verlo?».

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[En la misma serie.]

Després d’aquests cinc anys passats a la Universitat, em sembla que el que hom sol dir-ne rutinàriament: que s’hi perd el temps i que en sortir-ne és quan s’ha de començar de treballar i sobretot quan s’ha d’oblidar el que s’hi ha après, és absolutament secundari.

Al meu entendre, el pitjor efecte de l’establiment és la falsificació que produeix en la sensibilitat, en la intel·ligència i en el caràcter. Tendeix a fer veure les coses no tal com realment són, sinó a través d’un cartó superposat. No és un esforç per passar del simple al complex -com la vida exigeix- per tal d’arribar a una certa visió humana quintaessenciada. És un esforç per simplificar a través de la trampa sistemàtica. L’establiment fa veure les coses en petit, amb miopia, afavoreix la pensada, el truc, l’astúcia, l’habilitat, la tendència a convertir l’atrabiliari en norma de la vida. A la Universitat, saber compta ben poc: el principal és aprovar. He passat cinc anys de la vida en una facultat de Dret: no he sentit mai parlar, ni per medecina, de Justícia. La paraula mateixa, no l’he sentida mai pronunciar. Hauria estat probablement desplaçada en un ambient que pretén crear murris, més que persones d’un cert equilibri humà. Així, l’establiment docent dóna armes fortes als febles i esguerrats morals, als petits ambiciosos, als nyeu-nyeus desenfrenats, als fanàtics, als pedants. S’hi aprenen totes les arts de la simulació i de la traveta, de l’adulació i de l’habilitat. No s’hi lluita mai amb noblesa i claredat. Els temperaments forts, la Universitat els ofega, els corromp.

[«Después de estos cinco años pasado en la Universidad, tengo la impresión de que lo que se suele decir rutinariamente, que se pierde el tiempo y que, al salir, es cuando toca empezar a trabajar y, sobre todo, cuando ha de olvidarse lo que allí se haya aprendido, es absolutamente secundario.

A mi entender, el peor efecto de la institución es la falsificación que produce en la sensibilidad, en la inteligencia y en el carácter. Tiende a hacer ver las cosas no como son en realidad, sino a través de un cartón superpuesto. No es un esfuerzo por pasar de lo simple a lo complejo -como exige la vida– con el fin de llegar a una cierta visión quintaesenciada de lo humano. Es un esfuerzo por simplificar por medio de una trampa sistemática. La institución hace ver las cosas en pequeño, con miopía, favorece el cálculo, el truco, la astucia, la habilidad, la tendencia a convertir lo atrabiliario en norma de la vida. En la Universidad, saber cuenta poco: lo principal es aprobar. He pasado cinco años de la vida en una facultad de Derecho: no he oído nunca hablar, así los mataran, de Justicia. No he oído nunca pronuncia la propia palabra. Probablemente la habrían desplazado en un ambiente que pretende crear pícaros, antes que personas de un cierto equilibrio humano. Así, la institución docente da armas fuertes a los débiles y lisiados morales, a los pequeños ambiciosos, a los quejicas desenfrenados, a los fanáticos, a los pedantes. Se aprenden todas las artes de la simulación y la zancadilla, la adulación y la habilidad. No se lucha nunca con nobleza y claridad. A los temperamentos fuertes los ahoga, los corrompe la Universidad.»]

Josep Pla, El quadern gris («El cuaderno gris»), apunte del 12 de marzo de 1919.

Si lo llegan a traducir al alemán y le añaden unas cuantas páginas, les sale La ciencia como vocación de Max Weber. Yo no les obligaré a que les guste Pla (ni Weber), pero les advertiría del pecado mortal en que caerían si no lo hicieran. Igual que Marx (dicen) aprendió ruso cuando tuvo que ponerse a hablar de la economía rusa, pónganse a aprender catalán solo por leer al Pla original (y no se fíen de mi traducción ancilaria y vicaria). En cuanto a los que hayan sido afortunados de permanecer fuera de la Universidad y aledaños, piensen en los de dentro y reciten conmigo: «ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

Amén.

[En la misma serie.]

אלו הן חסרוני תלמידי הרשום שַאנגיז הקורא בשאלאמנקה : א’ שלא ידע לדבר הלשון כמו לעז במהירות כמו עברי […], ב’ שלא ידע לכתוב אורטוגראפיאה בעל פה ולא צורת האותיות ואינו יודע התרגום וננסהו בהקדמת ישעיה בתרגום שעשיתי, ג’ שלא ידע לקרוא בלא נקודות, ד’ שלא ידע דרכי לשון פירוש ודקדוק

[Estas son las faltas de mi alumno matriculado Sánchez, que lee en Salamanca: i) que no sabe hablar la lengua [hebrea] como habla la [lengua] foránea, rápidamente como un hebreo; ii) que no sabe escribir la orthographia de palabra, ni la forma de las letras, ni sabe traducir [¿o el Targum?], y le examinamos con la introducción de Isaías en la traducción que hice; iii) que no sabe leer sin vocales; iv) que no conoce las artes de la lengua, de la exégesis ni de la gramática.]

Notas manuscritas de Alfonso de Zamora, fechada en 1535, que se halla en el manuscrito de Leiden, Libro de Isaías con traducción, cuyo colofón está fechado el 28 de agosto de 1545. Se trata del último documento fechado que tenemos de la mano de Alfonso de Zamora que pasaría, en aquel momento, de los setenta años.

Cuando nos disponemos a verificar las competencias de nuestros alumnos de instituto, decía más o menos Firpo, nos encontramos en la misma situación que un directivo de una empresa que, necesitando una secretaria que sepa inglés, publica un anuncio en el periódico. Al día siguiente se le presenta una señorita, que sostiene -avalando con documentos su declaración- haber estudiado el inglés durante cinco años, haber asistido a clases de inglés unas cinco horas a la semana, y haber estudiado esa lengua en casa una hora durante todos esos años. El industrial, contentísimo, está seguro de haber encontrado una experta, que domina realmente el londinense como su propia lengua materna. Así que, sólo por el gusto de escuchar la pronunciación británica, que imagina perfecta, le pide a la simpática señorita que hable un poco en inglés. Aquella, por toda respuesta, indignada, lo mira como a un bicho raro, y con cierto aire de irritación sostiene resueltamente que ella no ha oído jamás decir, en sus cinco años de estudio, que se pueda llegar al nivel de poder hablar un buen inglés, si uno no ha nacido en Inglaterra. -Perdóneme, señorita -replica el potencial patrono- ¿pero si estuviese aquí un inglés para hablar con nosotros, usted podría hacerme de intérprete y traducirme sus palabras? -¡Ni lo sueñe! ¿Pero no se da cuenta que sus exigencias son inverosímiles? -¿Sabe escribir cartas en inglés? -¡En absoluto! Sería una operación incorrecta, que daría lugar a una lengua artificial, tachada de extraña por los hablantes nativos.- -¿Pero sabrá por lo menos leerme un texto en inglés? -¡No, no y no! La traducción es un trabajo exigente, difícil, que requiere ponderación, análisis de cada palabra, atención detallada y una revisión minuciosa…- -Bueno, en fin, señorita, ¿me quiere decir que es lo que sabe hacer usted? -Lo que me han enseñado: si usted me da un texto de una decena -un docena como máximo- de líneas y no excesivamente difícil, me concede al menos un par de horas, me proporciona un buen diccionario en el que haya un considerable número de ejemplos, entre los cuales yo pueda encontrar al menos un par de frases para traducir directamente, y tiene la suficiente tolerancia para aceptar tres o cuatro errorcetes, estaré en disposición de traducirle el texto. ¡En nuestra escuela eso era lo que se entendía por «saber inglés»!

Luigi Miraglia, «Cómo (no) se enseña el latín», publicado originalmente en italiano en Micromega, nº. 5,  1996, traducido por José Hernández Vizuete, publicado en la web Cultura clásica y en la de la Asociación Andaluza de Latín y Griego (a través del blog de Sandra Ramos Maldonado, SAL. Scriptorium Academicum Latinum).

Entre las varias desgracias docentes que me ha tocado sortear en la vida una, sin duda, fue aprender árabe. No por el árabe, que con todas sus variantes y todas sus riquezas es un idioma -o una familia de idiomas- del que saco mucho gusto y de vez en cuando algún provecho, sino por los métodos empleados en su enseñanza y en la capacitación de sus enseñantes. En hebreo, aunque las cosas no fueron tan mal, tampoco es que la preocupación por capacitar realmente al alumnado haya sido nunca la guía de ninguna de las instituciones en las que me he ido formando. El resultado, claro, es que la competencia comunicativa de la inmensa mayoría de los que ejercen esa rara profesión que es la de arabista en España -y en buena parte del extranjero- es catastrófica. Entre los hebraístas, no sé si inflamado su espíritu por las experiencias israelíes del método del ulpán, como si dijéramos, una inmersión lingüística presencial en hebreo (aunque esta definición bastante grosera merecería más explicación), la situación, sin pasar de discreta en general, no suele llegar a catastrófica.

La descripción que hacía Luigi Firpo de la enseñanza del latín en Italia no deja de reflejar, punto por punto, la situación en la que se encontraría buena parte de los egresados españolas -y no solo- que, con un título de filólogía hebrea, árabe o, según he sabido hace poco, alemana, quisieran aplicar lo aprendido en las aulas a lo exigido, no ya por la voraz vida empresarial, sino por el más elemental sentido común: un licenciado en hebreo (o árabe, o alemán, o malasio) debería poder… trabajar en hebreo (o árabe, o alemán, o malasio). Como ya digo, no es el caso.

Sorprende, como le sorprende a Luigi Miraglia, que los clásicos de la pedagogía del latín en el siglo xvi dieron mil y una vueltas a muchos de los planteamientos, teóricos y prácticos, que se dispensan aún hoy en día:

Pero, en realidad, el problema del método en cuanto tal comienza a plantearse con urgente insistencia en el clima cultural y espiritual del Renacimiento. Precisamente los humanistas, que de una parte habían favorecido una restricción del uso del latín a un ámbito estrictamente elitista con su insistencia en los modelos clásicos, consideraron urgente la exigencia de salir de los modelos puramente gramaticales de Donato y Prisciano, para seguir el precepto horaciano de respicere exemplar vitae y vivas hinc deducere voces. Erasmo escribió los Colloquia familiaria, que publicó en 1518, en los que conducía a los jóvenes estudiantes desde unos muy simples dialoguillos infantiles relativos al mundo cotidiano hasta discusiones más profundas y difíciles por su contenido y por su forma sintáctico-léxica. No fue ni el primero ni el último en emprender este camino: entre muchísimos otros vale la pena recordar a Poliziano, que enseñaba sus latinajos al jovencísimo Piero de’ Medici, con frases breves, croniquillas del día, narraciones pequeñas y muy sencillas; a Vives, autor de enorme éxito con las Exercitationes linguae Latinae, serie de diálogos sobre todas las situaciones de la vida cotidiana, usado en los seminarios hasta los años cuarenta de este siglo; a Corderio que, invitado por Calvino a dirigir el Collegium Rivense de Ginebra, escribió cuatro libros Colloquiorum scholasticorum ad pueros in Latino sermone exercendos; a Melanchton, el «preceptor de Alemania», brazo derecho de Lutero, que no se cansaba de inculcar el uso del método vivo en las escuelas; a los jesuitas; y más que ninguno a Comenio, genial glotodidacta, que anticipó en varios siglos los que hoy son considerados los puntos fuertes de la psicopedagogía de las lenguas: el realismo y la fusión de palabras y cosas, la necesidad de ir más allá de la pedantería asfixiante, el método cíclico, la vivacidad, el uso de imágenes unidas al texto: suyo es el Orbis sensualium pictus, en el que el vocabulario latino se enseña mediante una serie de ilustraciones, que para su época resultaban una absoluta novedad de extraordinaria eficacia. También Locke recomendaba, en sus Reflexiones en torno a la educación [Some thoughts concerning education], enseñar el latín «not by rules or art», no con reglas, sino sin otra regla que la de su memorización y la de acostumbrarse a hablarlo («no other rule […] but his memory, and the habit of speaking»). A este coro sobre el que hemos pasado a vuelo de pájaro no faltaron en los siglos siguientes las voces de [Johann Gottfried] Goffredo Herder, de Rosmini, de Pascoli. Todos insistiendo de la necesidad de partir de las cosas, del significado de las palabras, del discurso, para llegar luego a la «gramática»: a pesar de todo, el árido abstractismo filológico del siglo xix se impuso a propuestas tan razonables.

Como tantas otras cosas, y como señala Miraglia, todo empezó a torcerse de forma definitiva en el siglo xix, aunque la cronología de la desgracia pedagógica puede admitir variantes.

Seguiremos hablando, por aquí, de los beneméritos maestros del xvi occidental que pretendieron ofrecer un método más efectivo para el aprendizaje de idiomas, así como de los métodos, a veces efectivos aunque algo pedestres, de la judeidad y el mundo islámico clásicos. Cualquier cosa mejor que aquel recuerdo imborrable, por inútil, de cuando Teresa Garulo decía que nos enseñaba los rudimentos del árabe, en el año 95 y en la Complutense, con la infumable Crestomatía de árabe literal (primera edición de… ¡¿1936?!) con glosario del infumable Miguel Asín Palacios que producía, inevitablemente, cresto-manía.

Esas inolvidables escaleras sin fin hacia el conocimiento...

Esas inolvidables escaleras sin fin hacia el conocimiento...

نستغفر الله قد فعلنا ما يفعل المائق الجهول
ما إن سألناك ما سألنا إلا كما تسأل الطلول
صمت وعيت فلا خطاب ولا كتاب ولا رسول
مستفعلن فاعلن فعولن مستفعلن فاعلن فعول
بيت كمعناك ليس فيه معنىً سوى أنه فضول

Pido a Dios perdón por haber hecho
lo que hace el tonto e ignorante,
pues lo que te pregunté lo hice
como se interrogan las ruinas:
guardaron silencio y farfullaron
y ni discurso ni libro ni Profeta.
Tararí tarará tararí,
tararí, tarará, tararí,
un verso como tu gracia, sin el menor sentido,
a no ser el de sobrar todo él de
cabo a rabo.

Ibn ar-Rumí (Abulhasan Alí bin Al’abbás bin Juraysh), 835-896 de la era común, traducción de Jaime Sánchez Ratia, Treinta poemas árabes en su contexto, Madrid, Hiperión, 1998, texto árabe en las págs. 128 y 130 y traducción en 129 y 131.

El día que en España alguien empiece a contar verdades sobre quién paga aquí y quién no la cosa será de echarse a llorar. No a reír porque, muy, probablemente, será demasiado tarde como para que la cosa pueda tener un remedio no demasiado traumático. Entre otras cosas, por lo mal que funcionan los posibles mecanismos de alerta. Por ejemplo, en la Universidad española, convertida en

Alegres compadres universitarios en la clausura de unas jornadas de estudio y ejercicios espirituales (prácticos) sobre la obra de Pierre Bourdieu, frente a la fachada de la que fue casa madre de Alfonso de Zamora.

Alegres compadres universitarios en la clausura de unas jornadas de estudio y ejercicios espirituales (prácticos) sobre la obra de Pierre Bourdieu, frente a la fachada de la que fue casa madre de Alfonso de Zamora.

desgraciado símbolo de estos tiempos de aprovechamiento privado impresentable de lo público, el «utópico» profesorado, rehén de sus miserias y de las ganas de poder comprar, ellos también, el Mercedes, lejos de aprovechar nuestra privilegiada situación (de independencia, de autonomía y de que nuestro trabajo consista precisamente en “estudiar” y denunciar qué cosas pasan) para arrimar el hombro se ha generalizado la opción de, ya puestos, poner también el cazo y cobrar la sumisión con que nos ponemos al servicio de quien manda. Que, para suerte de los profesores de Universidad, todavía se paga algo mejor que otras sumisiones (aunque esto durará poco, claro, porque en el fondo la institución, por esta vía, está perdiendo toda capacidad de influencia, que es de donde viene que se pueda rentabilizar poner su nombre al servicio de la defraudación fiscal). Por eso, entre otras cosas, a veces, hasta se nos “olvida” ir a clase. Siempre que haya algún trabajillo retribuido por ahí al que se pueda dar prioridad, a ser posible fiscalmente opaco, la clase será algo secundario, preterido por la noble actividad de convertirse en asalariado partícipe en cualquier negocio turbio. Así están las cosas, de tristes. Con los universitarios haciendo ímprobos esfuerzos por pasar a ser de esos que no pagan impuestos, o pagan muy pocos, a pesar de ganar más, en vez de denunciar el estado actual de cosas. Y con los inmigrantes, eso sí, deslomándose por trabajar y por pagar a la Seguridad Social.

Andrés Boix Palop, «Las vergüenzas fiscales de las elites occidentales»,  No se trata de hacer leer, 4 de febrero de 2009.

El azar de una búsqueda en la página de la Complutense me lleva a un feliz hallazgo. He de explicar una cosa previa: yo, señoras, señores, a veces para mi desgracia (no pocas), otras, para mi consuelo (bien pocas), soy complutense. Como Alfonso de Zamora, si se entiende la relación entre su filiación alcalaína y la mía madrileña en un sentido muy, muy laxo (y poco respetuoso con la sucesión histórica, dicho sea de paso). El caso es que mi adscripción a la principal universidad de Madrid y de España me ha dado más disgustos que alegrías, pero ahí está. Hay, por supuesto, algún reducto de decencia y trabajo bien hecho, como el servicio de bibliotecas (que saldrá a relucir en el apunte que vendrá inmediatamente después de este). Pero las ocasiones en que uno puede estar orgulloso de su condición complutense son bien raras.

Entre las muchas cosas que me desagradan está su estentóreo pero poco eficaz equipo rectoral actual. En cabeza de tal descripción, está el magnífico e ilustrísimo señor rector. Pero como decía el Tenorio, los lectores fieles de este blog deberían pensar que estas son pláticas de familia de las que nunca hice caso. Y harían bien.

Pero hace cuatro días, la Complutense me dio una alegría, al honrar, en su sala más bella y con su título más preciado, a una de las mujeres imprescindibles de este siglo (y del anterior): Rita Levi-Montalcini.

Rita Levi-Montalcini había preparado un discurso de seis páginas, pero lo utilizó únicamente como guión e improvisó una intervención espléndida. Su discurso fue extenso, apasionado y emocionante, lleno de viveza y energía. En pocas ocasiones ha habido unos aplausos tan prolongados en el Paraninfo de San Bernardo.

El hecho de que el Paraninfo complutense ocupe la misma casa, pared con pared, que la benemérita institución que custodia cerca del sesenta por ciento de los libros que nos han llegado de Alfonso de Zamora, solo es signo de la inesperada belleza de las serendipias. O así quiero creerlo.

No menos alegría me ha dado comprobar que doña Rita y el que subscribe compartimos respetos y admiraciones:

Luego dictó su conferencia sin papeles y sin tropiezos. La inició con un encendido homenaje a Santiago Ramón y Cajal, Nobel de Medicina en 1906, al que no conoció personalmente, pero por el que siente una admiración profunda: “Ha sido el gran neurólogo de todos los tiempos. No hay nadie comparable a él. Fue una persona excepcional desde el punto de vista científico, artístico y moral”. Después, en el Paraninfo, contó cómo el Nobel español intercedió por su maestro Giuseppe Levi para que fuera excarcelado en plena dictadura de Mussolini.

Gaudeaums igitur, Rita, juvenes dum sumus!

PD: ¿Qué virus italianófilo recorre últimamente la vetusta, por autocomplaciente, universidad cisneriana?

(En capítulos anteriores…)

19 de juny. — L’obsessió de la Universitat, encara que més
intermitent, persisteix. De vegades, somnio l’establiment: em desperto
de sobte angoixat, pensant que l’endemà al matí haig d’anar en una
classe o altra i que no sé la lliçó de memòria. També de vegades se
m’apareix tot d’una, en la imatgeria incoherent del somni, un tribunal
d’exàmens, darrera d’una taula col·locada sobre una alta tarima, uns
senyors ensopits i displicents, amb un bombo davant per treure boles,
tot plegat immers en la llum grisàcia, passada pel reixat espès de les
finestres de les aules de la facultat de Dret. Tot en conjunt: els
professors, els llibres, les idees, els bancs, els patis, les aules,
els bidells, les converses, les pedres, les columnes, els
condeixebles… tot m’ha deixat una impressió flotant d’angúnia freda,
de cosa forçada i incomprensible, d’absoluta falta d’interès.
En aquest ambient no he trobat fins ara res que incités a
crear-me una curiositat –ni de la part dels qui notòriament haurien
pogut fer-ho. Una gran part dels estudiants que passen cada dia la
porta del casalot immens està perfectament convençuda que no hi ha res
a fer.
De vegades penso que si els obrers, els comerciants, els
industrials, els pagesos, els banquers, fossin en el treball, en la
indústria, en la banca, en la terra, com els professors de la
Universitat, tot quedaria detingut i parat. El món s’aturaria en sec.
Somniar la Universitat…! És absolutament grotesc! Aquest món
que incita a somniar tan belles coses… i que us porta a pensar en
uns senyors mig adormits davant d’una taula muntada sobre una
tarima…

Hasta aquí, de la Universidad. Pero oigan, no se corten y sigan leyendo al michelangelo, al leonardo literario de Palafrugell, que no es lo mismo que Florencia, claro, pero villa a la que nadie puede negar una vocación artística en la confección de plats de taper.

El quadern gris está traído a la red y blogueado gracias a una felicísima iniciativa (y a un esfuerzo considerable) de la Xarxa de mots, beneméritos autores también de RodaMots («Dins un mot, quanta gent que hi viu!»).

Llegides les vuitanta-cinc frases que en la traducció francesa de Plató dirigida per Víctor Cousin (Saisset trad.) són agrupades sota el títol general de Definicions. La majoria estan tan impregnades de la més vulgar i adotzenada obvietat aparent, que semblen un fals elaborat per algun il·lustre representant de la sagesse francesa. De tota manera, em sembla que, si dos mil cinc-cents anys enrera les hagués escrites l’home tingut pel més hàbil escriptor de la nostra època, potser li haurien sortit més llargues i més espesses.

També llegeixo que hi ha un vers d’un poema perdut atribuït a Homer, l’actualitat del qual és innegable –almenys pel que fa referència a mi. El vers diu així: «Sabia moltes coses, però totes les sabia malament».

A Catalunya, la cordialitat dura –màxim– dos o tres dies –àdhuc entre les persones lligades o que podrien lligar-se amb un real interès.

A la taverna de Gervasi, a Plaça Nova, sento que un home diu a un altre, amb un vas de vi blanc a la mà:

A Campmany, s’hi fan els naps;
a Cabanes, les carbasses;
a Vilabertran, pebrots,
aubergínies i tomàquets.

El bodegó que fan aquests versos em dóna una deliciosa sensació de fi de primavera, primers d’estiu.

Una combinació deliciosa en aquests temps de juny: postres a base de formatge i cireres. El gust del formatge i el de les cireres són, al paladar, al meu entendre, complementaris. Llàstima que els formatges, en aquest país, siguin tan insípids i adotzenats. Les cireres millors no són pas les primerenques, això és, les blanquelles, sinó les dures, roges cireres de carn atapeïda que anomenem de cor de colom o de matapedra. Les tocades lleugerament pel bec d’un pardal són especialment exquisides.

Allá por entrado julio, cuando tenga tiempo, me pondré a hacer una traducción del fragmento -delicioso-, aunque solo sea por faire chier l’Académie française (y con el enlace se demuestra que monsieur Pierre Assouline, de suyo hombre discreto y prudente, puede también, si quiere o si el jacobinismo guillotinesco le ciega, faire une belle figure de (gros) con).

Y mientras, en una aldea, sí, pero nada pequeña, que ocupa la Galia entera:

On imagine le scientifique rivé à son labo. En fait, il y a le temps des expériences, celui de la lecture, de l’écriture, des discussions avec des chercheurs d’autres équipes, d’autres cultures. Et les colloques où on présente ses travaux. J’ignore la routine. C’est un luxe formidable. Il est directement lié au fait de pouvoir mener des recherches comme on l’entend, dans un environnement correctement doté, au plan humain et matériel.

Libération, 27 de mayo de 2008

Por los bulevares, volvían a desfilar las pancartas. Pero el caso es que…

Lo que vamos a ver a continuación es cómo una gran parte de los miembros de una institución creada por la civilización occidental, la universidad, han dejado de creer en los principios que dieron una vez sentido a esa institución, sentando así las bases para su próxima liquidación, o radical transformación. Este proceso es especialmente interesante porque aquellas personas que forman parte de las instituciones universitarias suelen considerarse a sí mismas más sabias, o más inteligentes, que las demás, debido precisamente a que los universitarios son, o deberían ser, los especialistas en la creación y la transmisión del conocimiento. Quizás en este caso, como en tantos otros, lo que podremos llegar a ver es que casi nunca el conocimiento de algún aspecto de la realidad lleva necesariamente asociado el conocimiento de nosotros mismos.

Oh mia patria sì bella e perduta!

Juan Goberna Falque, editor del malhadado monográfico arboresco, se explica, largamente:

Pero vayamos por partes. Cuarenta y ocho horas después de tener noticia, insisto, casualmente, de la misteriosa desaparición del artículo de José Carlos de la web de Arbor (jueves 8 de mayo, por la mañana), me entero, a través de uno de los colaboradores del monográfico, que la revista acababa de colgar la ahora famosa “Nota” en la que se informaba de que la Comisión de Publicaciones del CSIC había decidido revisar el proceso editorial que había concluido con la publicación del artículo de Bermejo. Para entonces, los rumores en el seno de varios institutos del CSIC, en la Universidad de Santiago de Compostela y sobre todo en varios foros de Internet se habían disparado.

Y sigue, sigue, sigue…

Decíamos ayer…

Quien tenga oportunidad, ganas y bonometro (porque desde luego hay que viajar; menos si vives en San Sebastían de los Reyes, más, si en Parla), que no se pierda esta conferencia de José Carlos Bermejo Barrera en la sede reluciente y novísima del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, en Madrid (capital de Ejpaña).

Dice el programa del evento:

Oligarquía y caciquismo en la universidad y la ciencia españolas: una contribución al estudio del poder académico.

Resumen: tomando el título del célebre libro de Joaquín Costa, será objeto de esta intervención desarrollar una tesis según la cual las universidades y la gestión de la ciencia en España, aunque aparentemente están gobernadas democráticamente y con criterios de transparencia, en realidad ni están democráticamente gobernadas, ni atienden a la búsqueda del bien común en los campos educativo, político y económico y social.

Por el contrario, tal y como en su momento señaló Costa para la España de la Restauración, un sistema formalmente democrático se ha convertido en el patrimonio de unas oligarquías que utilizan criterios de gobierno y control de recursos profundamente antidemocráticos, procurando además hacer desaparecer la libre competencia y la libertad de expresión académicas.

Siguiendo los análisis de Fritz Ringer, Pierre Bourdieu y Randall Collins sobre la sociología de los grupos de intelectuales, aplicada en varios trabajos del autor, se trazarán tres etapas en el desarrollo de la universidad y de la ciencia española contemporáneas, centrándose en tres puntos: la estructura interna del poder académico, los condicionantes políticos de la vida académica ycientífica y las relaciones entre estos ámbitos y el de la producción económica.

Se distinguirán tres etapas: 1- la de la institucionalización de la universidad y la ciencia españolas, que se verá truncada por la Guerra Civil; 2- la marcada – a partir del primer gobierno socialista- por el incremento de medios materiales y humanos, y por el proceso de integración en las comunidades académicas internacionales; 3- la de patrimonialización y formación de oligarquías de funcionarios que, en nombre de la libre empresa, el desarrollo económico y el interés social, crean un discurso radicalmente falso en su manejo de los datos económicos, científicos y académicos, con el único fin de justificar su proceso de apropiación y desmantelamiento de unas instituciones que nunca llegaron a desarrollarse íntegramente.

Si el tiempo y la autoridad lo permiten (sobre todo la segunda), se celebrará el jueves 5 de junio próximo, como a las doce del mediodía, en una sala para mí ignota del edificio de la calle Albasanz.

Toda historia tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace. Esta también. Ocurrió que José Carlos Bermejo Barrera participó con un artículo en uno de los últimos números monográficos de la revista Arbor, que edita el CSIC. Tengo que decir que en ese mismo número salió publicado un artícul(ill)o de quien esto suscribe. Publicada y distribuida la revista en papel, la Comisión de Publicaciones del CSIC se descolgó con este anuncio medio clandestino que colgó en la página de la revista, en una esquinita, para que no se notara mucho (no se les fuera a notar, vaya):

Revisión editorial
La Comisión de Publicaciones del CSIC ha decidido revisar
el proceso editorial que ha concluido con la publicación
del artículo de J.C. Bermejo Barrera “Estrategias
institucionales y retórica de la Ciencia en un grupo de
investigación arqueológica español: una contribución a la
sociología de la Ciencia” en el Vol. 184, No. 731:497-506 […] de esta revista.
Mientras se lleva a cabo esta revisión el mencionado
artículo no será accesible en formato electrónico.
Pedimos disculpas a nuestros lectores por esta
circunstancia.

Afortunadamente, los caminos de (la) internet son, además de inexorables, fecundos. Fecundísimos, vaya:

Acaba de ver la luz un nuevo número de Arbor, revista del CSIC de ciencia, pensamiento y cultura, presentando en esta ocasión un muy interesante monográfico sobre la “Sociología del saber: el papel de las comunidades especializadas en el proceso de conocimiento“. Es lástima que la edición electrónica presente algunas deficiencias que esperamos que se resuelvan en breve plazo. En concreto, no se recoge en el índice el artículo del profesor José Carlos Bermejo Barrera, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Santiago de Compostela, “Estrategias institucionales y retórica de la ciencia en un grupo de investigación arqueológica español: Una contribución a la sociología de la ciencia”, del cual adjuntamos separata en PDF amablemente proporcionada a fírgoa por el propio autor, a quien le fué remitida por el Equipo Editorial de Arbor. Un breve perfil biográfico del profesor Bermejo Barrera está disponible en el documento del Equipo Editorial de Arbor Sobre los autores.

Pues eso: el niño díscolo al que hay castigar sin salir al patio (al patio de internet, pero él ya se ha buscado otro) se llama «Estrategias institucionales y retórica de la ciencia en un grupo de investigación arqueológica español: Una contribución a la sociología de la ciencia». Desde luego ya se había podido buscar un nombre de pila más corto. El DNI del niño es el siguiente:

En este trabajo se analiza la estructura interna y la dinámica
del grupo de investigación del CSIC y la USC llamado “Arqueología
del Paisaje”. Se pone de manifiesto el contraste existente entre
la percepción que el grupo tiene de sí mismo y su imagen externa.
En la primera parte se estudian los condicionamientos externos de
su investigación en arte rupestre gallego, pasándose en la segunda
parte a sacar a la luz cómo esos condicionamientos les llevan a sobreinterpretar
la evidencia arqueológica e incluso a desarrollar teorías
que contradicen las bases empíricas de la investigación. La percepción
interna que el grupo construye se basa en los supuestos de que poseen
una teoría original del conocimiento arqueológico, de que esa teoría
es indisociable de la práctica administrativa de la arqueología –a la
que ellos denominan gestión–, y que a su vez ambas se convierten en
objeto preferente de interés social, económico y político. Una vez que
se señala la inconsistencia de esos supuestos, se puede apreciar cómo,
debido a las necesidades retóricas de: aparecer como innovadores integrales
de la investigación, como creadores de una teoría global y como
servidores del interés público a través de la práctica arqueológica,
llegan a construir visiones del pasado partiendo de evidencias mínimas,
e incluso utilizando como pruebas la carencia de evidencias.

Y el pasaporte, este:

This work deals with the inner framework and the dynamics
of the research group of both CSIC and USC called “Archaeology
of Landscape”. It will become plain the contrast between the
perception of the group about himself and his external image. In the
first part we study the outward determining factors of his research
on Galician cave art, and in the second one we will see that those
determining factors lead them to overinterpret the archaeological
evidence and even to develop theories in blatant contradiction of
the empirical grounds of the research. The internal perception built
by the group is based on the assumptions that they have an original
theory about the archaeological knowledge, such a theory cannot be
dissociated from the administrative practice of the Archaeology –called
management by them–, and both of them become a preferential
issue of social, economical and political interest. Once pointed the
flimsiness of these assumptions, we will see quite clear that, due to
the rhetorical requirements of appearing as absolute innovators of
the research, as designers of a comprehensive theory and as servants
of the public interest through the archaeological practice, they even
build approaches about the past, starting from minimal evidences
and using in fact as evidence the lack of evidences.

La pandilla del otro niño del patio se llama Laboratorio de Arqueoloxía da Paisaxe. Por resumir, parece que el que manda en esta pandilla (y en algún otro sitio más), en vez de salir al patio a pelearse a puño desnudo, como se ha hecho de toda la vida entre niños dignos de tal nombre (en mi Móstoles natal, especialmente), es decir, de científicos, digo, de niños, puede haber decidido abusar de su condición de delegado de clase (también llamado coordinador de área). Nada que no exista desde que el mundo es mundo y unos se quedan con las llaves del Templo y no dejan entrar a los demás. O, mejor, más chulos que un ocho, se inventan un templo nuevo para ellos solos. Pero pagar, que pague el tesoro público, que para eso es de todos.

Digo puede. Pero oler, huele.

Hay que decir que José Carlos Bermejo Barrera y el delegado de clase, digo, el coordinador de área, son viejos conocidos.

Estos son el planteamiento y el nudo. Parece que el Consejo Escolar del centro (del centro de primaria) ya se ha reunido y ha decidido:

RETRACTACIÓN

La dirección de Arbor hace constar a sus lectores el siguiente comunicado:

Se ha recibido en la dirección de Arbor y en la Comisión de Publicaciones del CSIC una reclamación formal que alega falta de objetividad y presencia de juicios de valor sin evidencia empírica en el artículo “Estrategias institucionales y retórica de la Ciencia en un grupo de investigación arqueológica español: una contribución a la sociología de la Ciencia” de José Carlos Bermejo Barrera, vol. 184, No. 731 (2008), págs. 497-506 de Arbor, por lo que solicita la revisión del procedimiento editorial seguido en su publicación.

Recibida esta denuncia se constituyó una comisión de investigación independiente y se acordó la retirada cautelar del artículo hasta la finalización de dicha investigación.

La revisión realizada por la Comisión del proceso editorial que concluyó con la publicación del citado trabajo, ha puesto de manifiesto que dicho artículo incumple el requisito de originalidad exigido por la revista en su normativa, un hecho cuya responsabilidad recae en el editor científico de este número monográfico al no someter dicho trabajo a una preceptiva y correcta evaluación.

La falta de originalidad del artículo se ha comprobado en el proceso de revisión al detectar que existen dos publicaciones previas con similitud casi completa, hecho que nunca se informó al lector. Estas publicaciones son:

  • Bermejo Barrera, J.C. (2007) “Evidencia e interpretación no estudo da arte rupestre galega: estratexias institucionais e retórica da ciencia nun grupo de investigación arqueolóxia”. En : J.C. Bermejo Barrera, ¿Para que serve a Historia de Galicia?. Santiago de Compostela, Editorial Lóstrego, ISBN: 978-84-935696-5-5, 190 pp.
  • Bermejo Barrera, J.C. (2007) “Evidencia e interpretación en el estudio del arte rupestre galaico. Fírgoa, Universidade Pública – Espazo Comunitario. http://firgoa.usc.es/drupal/node/34124. Consulta 7 de mayo de 2008.

La dirección de Arbor procede en este momento a reponer este artículo en su versión electrónica, retirado cautelarmente entre el 6 y el 21 de mayo hasta finalizar la investigación sobre el proceso editorial, con la reserva de la inclusión de esta nota aclaratoria. Arbor, según los usos habituales en caso de fraude o conducta editorial inapropiada, procede a la retractación formal de la publicación de este artículo, por lo cual no tendrá en consideración las posibles réplicas, contrarréplicas o comentarios. Obviamente, la revista Arbor está abierta a la consideración, previo proceso de arbitraje y evaluación, de cualquier manuscrito original que se reciba para su publicación relacionado con el artículo ahora retractado.

Madrid, 21 de mayo de 2008

Yo, en mi Móstoles natal, diría «¡Amos anda!». Pero bueno, es que nosotros somos así. También sabemos algunas cosas: como dice Juan Goberna, el editor de este animado monográfico arboresco:

Original quiere decir que es del autor, no inédito.

Y sí, debe de ser que el delegado de clase y sus compañeros del Consejo Escolar no conocen la diferencia entre original e inédito. Es muy fácil: published, unpublished :

This decision was made on the basis of common usage in the community of published as synonymous with peer-reviewed.

Pues eso, peer-reviewed, que es, como la virtud a los curas y el valor a los militares, algo que se le supone (¡que se le exige!) a Arbor pero no a un libro publicado por el mismo autor ni mucho menos a la página Fírgoa.

En fin, esto es todo, amigos. Diviértanse ahora con nuestro servicio de bar:

El CSIC dice que lo retiró por estar publicado, no por censura.

El CSIC censura un artículo crítico con la política arqueológica de la Xunta.

Un especialista acusa al CSIC de “censura científica”.

La corrupción académica

Max Weber planteará que un problema mucho mayor y mucho más difícil de resolver que el de la «marcha hacia la especialización» era el de que el funcionamiento de las universidades se estuviese rigiendo por prácticas corruptas que, por un lado, encubrían la desidia y la incapacidad de los académicos y, por otro, estaban abriendo la puerta de la casa del conocimiento a gente poco cualificada mientras que los más válidos quedaban fuera. Los catedráticos, harían bien, en opinión de Weber, en oponerse a la abominable esclerosis académica más que pasarse el día atribuyendo a la inexorable especialización todos los males de su oficio. Así lo planteará el comienzo de su conferencia WalsB [Wissenschaft als Beruf], donde se enuncian de forma exhaustiva todas las miserias que corrompen la universidad imaginada por Humboldt.

Para Weber, la carrera de un hombre de ciencia se construye a base de dinero y no sólo a base de inteligencia. No obstante, pasar a formar parte del cuerpo de profesores resulta, de igual modo, difícil por factores ajenos a los intelectuales; por ejemplo, el hecho de que uno de los criterios reales de selección del personal docente sea, en realidad, la envidia. Así, la norma que permite que un asistente sea despedido sin contemplaciones siempre que el catedrático opine que «no responde a las expectativas» suele ser interpretada como le viene en gana a éste; «no responder a las expectativas» puede ser paradójicamente «tener éxito entre los alumnos».

Por otro lado, ante la disyuntiva de habilitar a todos los que se lo merecen por su capacidad o sólo a los que ya están dentro de la universidad, casi siempre se opta por lo segundo, lo que fomenta la endogamia. Hasta tal punto funciona esto que hacer lo contrario no se entiende. Por lo demás, el acceso a una plaza como profesor depende en lo esencial del azar y de la casualidad, en absoluto de la cualificación. Eso provoca que muchos de los mejores se queden fuera y que muchos mediocres desempeñen papeles sobresalientes dentro de las universidades. Para Weber, en los criterios de selección del personal docente, lo raro no son los fallos sino el hecho de que haya un número tan elevado de aciertos. Si a eso se suma la intromisión política en lo universitario (sea ésta del signo que sea), tendremos que los principales beneficiarios serán los mediocres acomodaticios y los ambiciosos. A pesar de que casi siempre parezca mediar la buena voluntad, la ocupación de las plazas universitarias suele tener en todos los casos algo de bochornoso, hasta el punto de que los profesores suelen querer olvidar las circunstancias y discusiones que precedieron a su ingreso en la universidad.

Pero aunque, gracias al azar, algunos profesores cualificados consigan ingresar en la universidad, no es fácil que eso redunde en una mejora de la calidad de la misma. Todo profesor […] podía, en teoría, ofrecer cualquier programa sobre su especialidad; ahora bien, ello sería visto como una «desconsideración impertinente» hacia los profesores más antiguos… son éstos los que según una ley no escrita han de dar las clases principales, habiendo de cargar el resto con lo menos atractivo. Para Weber la universidad alemana se mueve, a semejanza de la americana, hacia la forma de empresa de «capitalismo de estado» en la que hay separación entre el trabajador y los medios de producción. El obrero allí sería el asistente.

En la pág. 489 de Pedro Andrés Piedras Monroy, «Una lectura de Humboldt. Max Weber y la universidad alemana», Arbor, clxxxiv, 731, mayo-junio de 2008 (Madrid), págs. 481-493, URL estable a partir de julio de 2008: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor

El maestro complutense tiene su coraza: un fuero universitario que le resguarda de las justicias ordinarias y le coloca bajo la judicatura benigna del rector [70] […].

Nota 70: En la constitución lxi [R. González Navarro, Universidad Complutense. Constituciones originales cisnerianas, Alcalá, 1984] se esboza apenas la jurisdicción y la judicatura rectoral. En las reformaciones de la segunda mitad del siglo xvi se especifican minuciosamente los varios aspectos de este fuero rectoral.[Claro, lo mismo que el actual fuero universitario, incluso complutense, si no tuviéramos de gros couillons por rectores.] Esta normativa prevé una serie de registros en que recogerán los actos públicos realizados y se consignarán los datos de las personas afectadas: «un libro auténtico en que [el notario o escribano de la audiencia] ponga todas las condenaçiones, con día, mes e año, declarando quien fue el condenado, quanta la condenaçión y a quien se aplicó y quien la cobró. […] [¿Un?] protocolo enquadernado en que vaya escribiendo todos los autos y ordenando los proçesos y puniendo los autos, estendidos con día, mes e año. […] Los proçesos en hojas de papel enteras, çerrando el pliego e cabeça de cada plana, y al fin de cada auto, y los sustançiales autorizándolos de manera que hagan fee. […] Libro donde se asienten las entradas de los presos, señalando el día y la hora en que entraron en la carçel, y el alguacil que los truxo, y donde también se ponga el día y la hora en que fueron sueltos y por cuyo mandamiento». Se trata de procedimientos cuya documentación no ha llegado a nosotros sin duda por su carácter vidrioso.

Tomado de José García Oro, El Cardenal Cisneros. Vida y empresas, vol. ii, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1992, Segunda parte: «El mecenas. La Universidad de Alcalá de Henares», cap. viii: «Estudiantes y maestros de Alcalá», epígrafe 8: «El profesor complutense», pág. 430. En su La Universidad de Alcalá de Henares en la etapa fundacional (1458-1578), del mismo año de publicación, García Oro parece ¿reproducir? en esencia el mismo contenido y esquema de la segunda parte del segundo volumen de su biografía cisneriana.

Primera reflexión: A poco que uno hurgue, salta la liebre libresca (¿o libraria?).