Somam-se os dias e vão é o alento;
volteja ora o Fado, abutre agourento.

Añádense los días y vano es el aliento;
da vueltas el Destino, carroñero de agüero.

Sérgio F. Mendes

Recuerdo perfectamente cuando y donde aprendí el significado israelí de מטומטם (/metumtám/). Fue en el kibbutz Qiryat Anavim (קרית ענבים), al lado de Abú Gosh (אבו גוש, أبو غوش) y de alguna otra cosa mucho más importante en lo personal, como Bet Neqofa (בית נקופה), donde vivían los Vinocur-Andrade, luego de vuelta en Buenos Aires aunque nunca se me hayan ido muy lejos del territorio donde reside la nostalgia del afecto. Por las mismas, y con efecto retroactivo, aprendí alguna otra cosa que ha resultado particularmente relevante para algún compromiso personal (con la verdad histórica, por ejemplo) al que he buscado ser fiel desde entonces: tiempo después me di cuenta de que Bet Neqofa se llamaba, no hacía mucho tiempo atrás, Bayt Naqqúba (بيت نقوبا), hoy transmutado en ‘Ayn Naqquba (عين نقوبا).

Pero volvamos a lo de metumtam.

En el kibbutz, un servidor de ustedes, ya famoso de antes por lo negligente de su coordinación motora (por su torpeza, vaya), fue asignado como voluntario (מתנדב, /mitnadev/) al minimárket (מינימרקט). Friega que te friega (סמרטוט [/smartut/] fue otra palabra estrella de mi aprendizaje kibbútznico), mi distraída coordinación motora me debió de jugar alguna de las suyas y cometí alguna «torpeza». Como andaba, y sigo, corto de vocabulario israelí (las lenguas puramente librescas provocan mucho menos estrés, dónde va a parar) eché mano, a fin de buscar la palabra que mejor me definía en ese momento («¡torpe!»), de lo que tenía entonces a mano: el Diccionario castellano-hebreo/hebreo-castellano del «Doctor» Yeshayahu Austridán (ישעיהו אוסטרידן; mexicano, por cierto), que aún guardo como souvenir de la incompetencia lexicográfica. Don Yeshayahu, a falta de una, daba cuatro posibilidades, perfectamente descontextualizadas, para «torpe»: גס, טיפש, מטומטם o כבד־תנועה (/metumtám/, /tipésh/, /gas/ y /kvad tnuá/). Encomendándome a la vez al rabino Meir y a San Pancracio, ambos muy milagreros, elegí con el mejor método que un bisoño estudiante de hebreo (en tercero para cuarto de licenciatura: los hebraístas disfrutamos, como los arabistas, de una eterna juventud bisoña en esto de aprender el idioma de nuestra especialidad) podía aplicar: al buen tuntún. Y me salió metumtam en la rifa. Logré un cierto efecto comunicativo con mi elección: las dos finlandesas israelizadas que atendían el minimárket se desconyuntaron de risa al oír lo de que yo me definía a mí mismo como metumtam. Si yo fuera más de Móstoles de lo que soy, seguro que habría dicho que se me descojonaban de risa, porque tal cosa correspondía más a la estridencia de las carcajadas que soltaban las hebreo-finlandesas.

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A primera vista:

CARTA QUE ENVIÓ EL MAESTRO Çornoça juez y enderezador en la Academia-rabínica de ˀalkalá de ˀenáreš al Padre Santo el cual [está] en el país de Roma. //

[PADRE SANTO (…) Q(…) A(…)] //

Nuestro Señor Faˀulo el Tercero Gran Sacerdote y Excelso de la Santa y General Comunidad [¿Aljama?] de Roma.

A segunda vista:

CARTA QUE ENVIÓ EL PROFESOR Zornoza, juez y rector de la Universidad de Alcalá de Henares al Santo Padre que está en la ciudad de Roma. //

[SANTO PADRE (…) Q(…) A(…)]//

Nuestro Señor Pablo III, Sumo Pontífice de la Santa Iglesia Católica Romana.

(Leiden, Bibliothek der Rijksuniversiteit, manuscrito Or. 645, folio 7 verso.)

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ذكريات من القدس، سيرين الحسيني شهيد

ذكريات من القدس، سيرين الحسيني شهيد

Pasaba por aquí y venía pensando que si una editorial israelí que se dedica exclusivamente a traducir obras del árabe al hebreo:

אנדלוס היא הוצאה לאור שמתמקדת בתרגומים מהספרות וההגות הערבית לשפה העברית. אנדלוס היא גם שפה ומקום. “תור הזהב” של התרבות הערבית והעברית, האסלאמית והיהודית. תקופה בה התרבות העברית הושפעה על ידי התרבות הערבית ואף השפיעה עליה. תקופה בה יצרו גדולי ההוגים, הסופרים והמשוררים, היהודים והערבים, היהודים-ערבים.

Andalus Publishing is a progressive and independent Israeli publishing house dedicated to the translation of Arabic literature and prose into Hebrew.

Andalus, the site of the “golden age” of Islamic and Jewish thought, where Arabic and Jewish cultures fed and fertilized one another was also an epoch known for its literary and intellectual output by some of the greatest Muslim and Jewish philosophers, theologians, and poets. It was a period during which texts were translated and ideas exchanged freely from Arabic to Hebrew and vice versa.

– que traduciendo del hebreo, se arromanza más o menos de esta manera: «Andalus es una editorial que se centra en la traducción de literatura y pensamiento árabes al hebreo. Andalus es también una lengua y un lugar. La ‘Edad de Oro’ de la[s] cultura[s] árabe y hebrea, islámica y judía. Una época en que la cultura hebrea recibió la influencia de la cultura árabe e influenció a esta a su vez. Una época en la que desarrollaron su creación los más grandes pensadores, escritores y poetas, judíos y árabes, judeo-árabes»

مثل صيف لن يتكرر، محمد برادة

مثل صيف لن يتكرر، محمد برادة

ha tomado por nombre «Andalus», ¿cómo tendría que llamarse una editorial árabe dedicada exclusivamente a traducir obras del hebreo al árabe? ¿Y del yiddish al árabe? ¿Y del judeo-español al árabe? ¿Y del francés de los escritores judíos al árabe? Y si «Andalus Publishing» tiene a Shim’on Balas y Anton Shammas de consultores editoriales, ¿a quiénes tendría una hipotética editorial árabe que tradujera del hebreo al árabe? ¿Existirá tal editorial? Y porque los de la editorial se han visto en la necesidad de especificar en su presentación inglesa que son «progresistas e independientes»? ¿Es que si en hebreo se habla de una editorial que traduce literatura árabe contemporánea al hebreo ya se da por supuesto que tiene la sede en la calle Sheinkin de Tel Aviv y que sus promotores van a conciertos de jazz los viernes por la noche y leen el suplemento literario de Ha’aretz los sábados por la mañana?

 

En fin, no sé…

 

 

Noche, noche mía, tú ¡noche!… / Los días pasados en tu regazo, tengo el espíritu calmo. / Un sol eterno de verano ha reunido lo vivido y olvidado. / Lo que hemos vivido es inmortal cuando el exilio del tiempo sabe a miel: / si otra vez hubiese de vivir, ¡ni un segundo cambiaría! / Delicioso lo vivido, cuando la luz brilla en libertad / y el bien en nosotros llena la vida de amor y de calma. / ¡Los días pasados en tu regazo, tengo el espíritu calmo. / Un sol eterno de verano ha reunido lo vivido y olvidado!

 

 

(Me dispensarán de traducción de كل شيء حلو [«Todo es bello»] que canta doña Reem Talhami a continuación, que no está uno para dispendios…)

 

PD: Se lleva uno a veces unos sustos leyendo

(Por completar…)

אני הכותב כתבתי כל זה הענין בכאן בפאה בשנת חמשת אלפים ומאתים ושנים ליצירה מפי גוי חכם אחד שמצאו כתוב בספר אחד מספרי הטעות וקורין הם לספר ליברו מישאל והגוי היה מפרש אלי בלעז ואני כותב בלשון קודש והנוצרים קורין לזה… ‫אישטוריא די לוש מקבאוש על שם יהודה מקבאי הנזכר במגלת מתתיה בן יוחנן …עלה על דעתי להעתיקו וכדי לספר לכל יבא גבורות השם ועם כל זה ראיתי שלא היה ראוי להחבירו עם שום ספר מספרי תורתנו …

Yo, el escritor, he escrito todo este asunto aquí en ‘Esquina’ (¿? ¿O «Faro», en Portugal? ¿O «Fano, en Italia?) en el año cinco mil doscientos dos de la Creación, por declaración de un gentil sabio que encontró esto escrito en un libro de sus libros desviados, al que llaman Libro misal y el gentil me lo explicaba en lengua gentil y yo lo escribía en lengua santa y los cristianos le llaman a este […] «Historia de los Macabeos», por el nombre de Judas Macabeo al que se le recuerda en el Rollo de Matías ben Yohanán […] Decidí traducirlo [¿«copiarlo»?] para contarle a todo el que venga las hazañas del Señor y, pese a todo, percibí que no merecía encuadernarlo con ningún libro de los de nuestra Ley […].

Colofón de la última unidad codicológica del manuscrito París, Bibliothèque Nationale de France, mss. Hébr. 585, folio 147, lado recto – si no recuerdo mal, que mis notas no me quieren hacer recordar bien –, ¿siglo xv?.

(Quien tenga un deseo ardiente de saber algo más sobre esta traducción hebrea de los libros de Macabeos, que vaya corriendo, corriendo a leer, de Jean-Pierre Rothschild, «Une pièce tardive à verser au dossier médiéval des Livres des Maccabées», en Biblische und judaistische Studien; Festschrift für Paolo Sacchi, editado por Angelo Vivian, publicado en Francaforte del Meno por Peter Lang, en el año de 1990, y que hojee de la página 545 a la 574).

Ea, compañeras, compañeros, nosotros nos vamos a cantar, primero cantos de ronda, luego cantos de boda. Para acabar, cantaremos albadas, que hay mucho que celebrar. Hasta la semana que viene (semanada clara, buena y urbanitamente desierta).

Arriba los compañeros, que ya ha llegado la hora…

«Los Monegros cerealista», foto de Sr. Ternasco, 22 de mayo de 2009.

«Los Monegros cerealista», foto de Sr. Ternasco, 22 de mayo de 2009.

«Albada» (original de José Antonio Labordeta) versión de Carmen París y Hevia para el disco colectivo Liberando expresiones, en conmemoración de los 25 años de actividad de Amnistía Internacional en España (2003).

RESPONDEO: Ad intelligentiam dictorum notandum, quod quadruplex est modus faciendi librum. Aliquis enim scribit aliena, nihil addendo vel mutando; et iste mere dicitur scriptor. Aliquis scribit aliena, addendo, sed non de suo; et iste compilator dicitur. Aliquis scribit et aliena et sua, sed aliena  tamquam principalia, tamquam principalia, et sua tamquam annexa ad evidentiam; et iste dicitur commentator, non auctor. Aliquis scribit et sua et aliena, sed sua tanquam principalia, aliena tamquam annexa ad confimationem; et talis debet dici auctor.

Corán árabe transcrito en letras hebreas, siglo xii.

Corán árabe transcrito en letras hebreas, siglo xii.

CONTESTO: A fin de entender lo dicho, ha de tenerse cuenta de que cuatro son los modos de hacer un libro. Copista es aquel que escribe lo ajeno, sin añadir ni cambiar nada; compilador es el que escribe lo ajeno e introduce adiciones que no son suyas; en cambio, comentarista es quien escribe lo ajeno como texto principal y lo propio como aclaración; por último, autor es aquel que escribe lo propio como texto principal y lo ajeno como confirmación de lo dicho. [Traducción de Elisa Ruiz García]

[San] Buenaventura de Bagnoregio (1221-1274), «Proemium in librum primum Sententiarum, Quaestiones Proemii», q. iv, Commentaria in quatuor libros Sententiarum Magistri Petri Lombardi, en Opera omnia S. Bonaventurae, Quarachi («Ad Aquas Claras»), 1882, vol. i, págs. 14 & 15.

Biblia hebrea transcrita en letras árabe, fechable entre los siglos x y xiii.

Biblia hebrea transcrita en letras árabe, fechable entre los siglos x y xiii.

En esta articulada visión, con resabios escolásticos, echamos de menos un quinto tipo correspondiente al translator, es decir, aquel que escribe lo ajeno, pero lo vierte a otro molde lingüístico. La razón de esta ausencia quizá se deba a que en el horizonte cultural del seráfico franciscano el latín era considerado la única vía posible de comunicación intelectual.

Elisa Ruiz García, Introducción a la codicología, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 2002 (segunda edición), pág. 263, nota 35.

Al contrario de la vocación esencial de la Península Ibérica, medieval, como bien nos hacía ver Elisa de palabra (añado yo).

[Primera entrega de la serie: aquí]

A musa da Historia, Clío, tivo os seus adoradores nos membros dunha sociedade secreta denominada »Der Schatz«, en Berlín, a mediados do século xviii. Chamábanlle estes a Gran Caroqueira e homenaxeábana con cantos e poemas, pero sobre todo coa escritura e a lectura de textos apócrifos. Destes últimos pensaban que tiñan o poder de modificar o Pasado e cambiar para ben o curso da Humanidade.

W. Lübbe, Das Zeichen, Berlín, 1927, según Carlos Casares, Os escuros soños de Clío, Vigo, Galaxia, 1979 (sexta edición de 1994).

Fragmento del principio de la copia con traducción latina del Targum al Cantar de los Cantares, obra de Alfonso de Zamora conservada actualmente en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense.

Fragmento del principio de la copia con traducción latina del Targum al Cantar de los Cantares, obra de Alfonso de Zamora conservada actualmente en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense.

Por seguir nuestras indagaciones targúmicas que dejamos abandonadas hace algunos días, vayamos ahora a uno de mis targumim preferidos, basado a su vez en uno de mis libros preferidos de la Biblia: el Cantar más bello, o Cantar de los cantares de Salomón. Probablemente uno de sus versículos más famosos sea el segundo del primer capítulo:

ישקני מנשיקות פיהו כי טובים דודיך מיין

Francisco Cantera Burgos lo romancea así: «¡Bésame de los besos de tu boca! Cierto, mejor que vino son tus amores». Como suelen hacer buena parte de las traducciones bíblicas, corrige la tercera persona singular del verbo ישקני («béseme») para acomodarlo con la segunda persona del singular de דודיך («tus amores»). La tradición textual judía suele corregirlo, por el procedimiento del kĕtiv/qĕreʔ, «escrito está [así], pero se ha de leer [asá]», una especie de lectio facilior, potior («la conjetura textual más fácil debe prevalecer»), dándole la vuelta a un principio conocido de la crítica textual (ecdótica, para los amigos) que reza lectio difficilior, potior (“la conjetura textual más difícil debe prevalecer”). El principio masorético (la masora es la crítica textual propia de la Biblia) del kĕtiv/qĕre’ indica los casos en que hay que enmendar el texto escrito y pronunciarlo de una manera distinta a como está escrito. Quizá el caso más célebre sea el del nombre propio de Dios, lo que en expresión griega se llamó el Tetragramamaton («El de las cuatro letras») y en hebreo el Šem hammĕforaš («El nombre explícito»), compuesto del kĕtiv YHWH. Es decir, estas cuatro letras, י-ה-ו-ה, será lo que uno se encuentre al leer el texto hebreo bíblico. Pero, con una nota al margen del texto, el qĕre’ Adonai, se indica lo que la tradición judía marca que hay que pronunciar en ese mismo caso. Así que ya saben: Adonai y no, por caridad del Cielo, Jehová, indicio que a mí siempre me ha parecido claro de que el fuerte de Joseph Franklin Rutherford, segundo presidente de los Testigos de Jehová que les dio su nombre actual, no fue precisamente la filología bíblica.

Emilia Fernández Tejero, en un curioso librito titulado El cantar más bello. El Cantar de los cantares de Salomón, Madrid, Trotta, 1994, transpone el mismo versículo hebreo de la siguiente forma: «Bésame con esos besos tuyos, son mejores que el vino tus caricias»; y yo no tengo nada que decir de la fidelidad de la traducción o su contrario: solo felicitarme de su aliento poético.

¿Y que nos dice el Targumista que dicen estos dos sencillos hemistiquios?:

אמר שלמה נביא בריך שמיה דה דיהב לן אוריתא על ידוי דמשה ספרא רבא כתיבא על תרין לוחי אבנא ושתה סידרי ותלמודא בגרסא והוה מתמלל עמן אפין באפין כגבר דנשיק לחבריה מן סגיאות חיבתא דחביב לן יתיר מן שבעין אומיא

Dijo el profeta Salomón: «Bendito sea el nombre de Aquel que nos dio la Ley por mano de Moisés, el gran escriba, escrita en dos tablas de piedra, [junto] con los seis órdenes de la Misna y el Talmud por la tradición oral, y que nos habló cara a cara, igual que un hombre besa a su amigo, por tanto amor con que nos amaba, más que a las setenta naciones.»

Philip Alexander, en su magnífica traducción al inglés, con extenso comentario, publicado en la serie The Aramaic Bible (The Targum of Canticles, Londres, Nueva York, T&T Clark, 2003, colección “The Aramaic Bible”, vol. 17A, págs. 78-79), traduce así al inglés el mismo pasaje targúmico:

Solomon the prophet said: “Blessed be the name of the Lord who gave us the Torah at the hands of Moses, the Great Scribe, [both the Torah] written on the two tablets of stone, and the Six Orders and Talmud by oral tradition, and [who] spoke to us face to face as a man kisses his friend, out of the abundance of the love wherewith He loved us more than the seventy nations.”

¿De dónde ha salido nada menos que Dios, Moisés, dos tablas de piedra, seis órdenes de la Mišna, el Talmud y, porque parece que al fondo había sitio, setenta naciones?

En la interpretación targúmica del versículo, Salomón, que aquí aparece ejerciendo sobre todo su vertiente profética (la misma que le reconoce, por ejemplo, el islam), pronuncia una eulogia o bendición de Dios, como es la norma de la literatura rabínica: «Bendito sea el nombre de Aquel que nos dio la Ley». La bendición sigue la tercera persona del singular («béseme con besos de su boca») y aprovecha para hacer la amalgama textual que permite unir los besos con los dones de Dios al Pueblo de Israel (y, no lo olvidemos, por extensión a la humanidad): los dones son la Torá, tanto escrita como oral; la Mišna, comentario de la Biblia, y la Gĕmara, supercomentario de la Mišna, que forman juntas el Talmud. Como en la interpretación tradicional del judaísmo, el texto del Cantar de los cantares es un trasunto del amor de Dios por Israel. Así, béseme con besos de su boca se iguala a la paráfrasis como besa un hombre a su amigo. Con esta frase queda clara que Dios y su pueblo de Israel no pueden ser españoles: si acaso árabes, franceses o argentinos, lo que no debería causarnos demasiada sorpresa, puesto que ya los pertenecientes a cualquiera de esas categorías nacionales tenían cierta conciencia de su naturaleza divina.

Sin duda, queda un misterio por resolver: ¿quiénes son esas setenta naciones que irrumpen de súbito en la exégesis targúmica? El hemistiquio en cuestión del versículo reza son mejores que el vino tus caricias [o tus amores o, incluso, tus amados]. La clave está en el vino (in vino, veritas). Vino, en hebreo, está compuesto de tres letras: יין (pronunciado yáyin). Como sabéis de otras incursiones numerológicas recientes, cada letra hebrea tiene un valor numérico, igual que en el caso de los alfabetos latino, griego o árabe. Pues bien, la suma del valor numérico de esas tres letras, 10 + 10 + 50, da… 70. El símbolo de las setenta naciones es bien conocido en la tradición judía. Se basa en la enumeración de naciones que hay en el mundo según el capítulo décimo del Génesis: cada nación corresponde con uno de los setenta nietos de Noé (los cristianos, como San Agustín, siguiendo a la traducción griega, aunque de naturaleza judía, de los Setenta, cuentan setenta y dos naciones). En un comentario al Cantar algo más antiguo que este targum, el Cantar de los cantares-Rabbá (traducción y edición de Luis Fernando Girón Blanc, Estella-Lizarra, Verbo Divino, 1991), el rabino Huna de Seforis interpreta el versículo 8 del capítulo sexto del Cantar como una alusión a estas setenta naciones:

Sesenta y ochenta suman ciento cuarenta. De estas, hay setenta naciones, de las que cada una posee una lengua distinta pero no una escritura distinta, y setenta naciones más, de las que cada una posee una lengua y una escritura distinta. Naciones que no posean ni lengua ni escritura distinta, son incontables.

Así que ya saben: lo más probable es que ustedes se adscriban a alguna de las naciones de tercera división en la que se encuadrarían ingleses (y británicos), franceses, alemanes, italianos, españoles (y portugueses), catalanes, valencianos, ilicitanos, mostoleños y la rama militar-secesionista del Partido de la Gente del Bar (PGB).

De nuevo tenemos un caso de expansión textual, que no de mera traducción, actividad esta de traslado de ideas de una lengua a otra por medio de palabras que, en puridad de su teoría, no debería ir más allá de lo que está escrito. Pero como nos decía hace unos días Raimon Panikkar en la cita con que he encabezado esta serie de apuntes, el habla no es la escritura. Ni, podríamos añadir nosotros, la escritura son todas las ideas, como sabemos todos los que, por fuerza o de grado, nos vemos constreñidos a tener que poner ideas por escrito con cierta frecuencia.

Uno de los puntos centrales del sistema teológico del judaísmo rabínico es la coexistencia de dos Leyes: una, la escrita, es la Torá (llamada Pentateuco, porque es un conjunto de cinco [pénde] volúmenes [teukhoí]  en la tradición griega que heredó el cristianismo) y otra, la llamada «Torá oral» (תורה שבעל פה), que está compuesta de una larga serie de textos teológicos que, en ocasiones, consiguen cobrar fuerza normativa. Entre los libros de esta «Torá oral» figuran los dos talmudes, el de Jerusalén (que los investigadores occidentales acostumbra(ba)n a llamar también Palestinense) y el llamado «de Babilonia», siguiendo el topónimo judío tradicional, aunque su redacción se completó cuando Babilonia y Mesopotamia se habían transformado ya en Bagdad e Iraq. Para saber por donde andarse en cuanto a la historia de este enorme corpus teológico, normativo y literario del judaísmo rabínico, es una primera referencia un clásico manual del hebraísta cristiano Hermann L. Strack (1848-1922), Einleitung in Talmud und Midrasch, que fue actualizado de manera tan profunda por Günter Stemberger, profesor de judaística en Viena, que el libro ha acabado por conocerse como el Strack-Stemberger, sin más. Hay una larga lista de traducciones a otros idiomas. La española, francamente buena, la hizo Miguel Pérez Fernández y se tituló Introducción a la literatura talmúdica y midrásica, publicada en Valencia en 1989 por la Institución San Jerónimo para la Investigación Bíblica. Hay que advertir que este digno manual sirve para saber el qué, y para saberlo además siguiendo una cierta escuela filológica cuya poca ambición explicativa criticaba, con razón, Vicent en los comentarios a uno de sus entradas. Para analizar ese mismo qué y para poner las bases de los necesarios porqués, es imprescindible el reciente Forms of rabbinic literature and thought: An introduction, de Alexander Samely, Oxford University Press, 2007.

En estos dos apuntes de disquisiciones targúmicas he querido poner dos ejemplos de cómo se enfrentan los targumistas al sucinto texto bíblico. Las consecuencias de estos curiosas aficiones exegéticas, sobre todo para la carrera de Alfonso de Zamora, las contaremos en la tercera entrega de esta serie.

Semanada buena y clara.

«Tots som grossers en voler explicar», Ausiàs March

Els mots de l’època moderna són creacions de l’alfabet. El grec primitiu no tenia cap mot per al ‘mot’. De fet, l’alfabet és una tècnica elegant per a la visualització dels sons. Així els mots esdevenen els àtoms del discurs.
Però la parla no és l’escriptura, així com l’alfabet no és la llengua. Durant els 650 anys de dominació romana a la Mediterrània a ningú no li va passar pel cap de transcriure les llengües parlades en caràcters romans. I quan en el 850 Ciril i Metodi tradueixen la Bíblia per als búlgars, no és que inventin una llengua, sinó un alfabet. Les lletres no servien per a reportar el que deia la gent. L’escriptura és un instrument, la parla, no; era una vida. En molts textos antics les paraules no es separaven entre elles; existien sols les línies, i és ben coneguda la figura de l’anagnṓstēs, del lector, des de l’antigor hel•lènica. L’home clàssic no llegia, es feia llegir. I és significatiu que la paraula anagnṓstēs vingui d’anagignṓskō i que anágnōsis vulgui dir l’acció de fer conèixer, això és de recitar, de llegir en veu alta per a un altre.

[«Las palabras de la época moderna son creaciones del alfabeto. El griego primitivo no tenía ninguna palabra para indicar ‘palabra’. En realidad, el alfabeto es una técnica elegante para visualizar sonidos. Así las palabras se tornan los átomos del discurso. Pero el habla no es la escritura, de la misma forma que el alfabeto no es la lengua. Durante los seiscientos cincuenta años de dominación romana en el Mediterráneo, a nadie se le pasó por la cabeza la idea de transcribir las lenguas habladas en caracteres romanos. Y cuando, en el 850, Cirilo y Metodio traducen la Biblia para los búlgaros, no inventan una lengua sino un alfabeto. Las letras no servían para transmitir lo que decía la gente. La escritura es un instrumento. El habla, no: era una vida. En muchos textos antiguos las palabras no se separaban las unas de las otras. Solo existían las lineas, y es bien conocida la figura del anagnṓstēs, del lector, desde la antigüedad helénica. El hombre clásico no legia, hacía que le leyesen. Y es significativo que la palabra anagnṓstēs venga de anagignṓskō y que anágnōsis quiera decir la acción de hacer que se conozca, es decir, de recitar, de leer en voz altra para otro.»]

Raimon Panikkar, «La paraula, creadora de realitat», Llenguatge i identitat: lexicosofia catalana. Simpòsium celebrat a Vivarium (Tavertet), els dies 12-13 i 19-20 [sic] de setembre de 1992, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1994, pág. 37

Targum Onqelos al Pentateuco, proveniente de la Guenizá del Cairo (Cambridge)

Targum Onqelos al Pentateuco, proveniente de la Guenizá del Cairo (Cambridge)

Una de las ocupaciones principales de Alfonso de Zamora, en sus casi más de treinta años de actividad escritoria conservada, fue la copia y traducción al latín de los targumim (plural de targum). Llevo unos días buscándoos una definición de lo que son los targumim, sin encontrar ninguna que me convenza, así que me tiraré, sin más, a la piscina: los targumim (literalmente, «traducciones») es el corpus resbaladizo de las traducciones, más o menos canónicas, más o menos litúrgicas, siempre parafrásticas y desbordantes de creatividad las más de las veces, que se fueron creando en el judaísmo entre la época en que el arameo se convirtió en lengua de uso corriente entre el pueblo judío, a partir del primer exilio en Babilonia, hasta la época del cierre canónico de los dos talmudes, el babilonio y el palestinense (o jerosolimitano). Es decir, entre el siglo sexto antes de la era común y hasta el sexto después de la era común, en que los centros judíos de Mesopotamia pasan a domino árabe-musulmán (y, de paso, Mesopotamia se convierte en Iraq). Un testimonio de la actividad exegética, esto es, de interpretación del sentido de la Escritura, que puede ser de los más antiguos (aunque es dudoso que el arameo ande ya por ahí) aparece ya en el libro bíblico de Nehemías, capítulo viii, versículo 8: ויקראו בספר בתורת האלהים מפרש ושום שכל ויבינו במקרא [«Leyeron en el libro de la Ley de Dios con claridad y precisando el sentido, de suerte que entendieron la lectura», traducción de Francisco Cantera Burgos]. Nehemías podría ser un libro fechable en el siglo iv antes de la era común. Esta cronología, como casi todas las bíblicas, es del género galaico: en realidad, nunca se sabe si está subiendo o está bajando, pero bien valga esa fecha del siglo iv para nuestras disquisiciones actuales.

En realidad, con la cuenta de la vieja a la que habitualmente nos hemos de conformar los filólogos, los primeros targumim puestos por escrito no serían más antiguos del siglo primero de la era común, mientras que últimamente se aprecian datos ciertos (la existencia de menciones al islam, por ejemplo) de que las fechas de los targumim más recientes estén entre los siglos séptimo y noveno.

Como el movimiento se demuestra andando y ya se sabe que obras son amores, os pondré dos ejemplos de dos targumim relativamente recientes, apenas mil doscientos años en las fotos con carbono-catorce filológico en los que salen más favorecidos y juveniles.

En el primer ejemplo me baso en La Biblia judía y la Biblia cristiana: Introducción a la historia de la Biblia de Julio Trebolle Barrera, Madrid, Trotta, 1998, tercera edición, pág. 492. Para el segundo, en ciertos recuerdos mancunianos de clases privilegiadamente unipersonales.

Pongamos que tenemos un versículo de Génesis, el octavo del cuarto capítulo, por ejemplo. Veamos lo que nos dice la Escritura: ויאמר קין אל הבל אחיו יהי בהיותם בשדה ויקם קין אל הבל אחיו ויהרגו, que podríamos interpretar, en la traducción al castellano pedrestre pero eficaz de Francisco Cantera Burgos: «Caín dijo a Abel, su hermano: [‘¡Vamos al campo!’] Y cuando estaban en el campo, se levantó Caín contra su hermano Abel y le mató.»

Quién esté ducho en letras hebreas ya se habrá fijado que Cantera Burgos interpola una frase que yo he marcado entre corchetes: «¡Vamos al campo!». Ciertamente, sin esa interpolación, más que un texto bíblico, sería una película de Kubrick: pura elipsis. Así, casi sin haber salido apenas a ver el gran mundo de las tradiciones bíblicas, ya hemos tenido que enmendarle la plana, muy prudentemente en mi opinión, al texto hebreo. El buen juicio filológico de esa interpolación depende de que la misma se haya conservado en la tradición samaritana del Pentateuco, que está escrita en lengua hebrea, aunque con el detalle de que se haya transmitido en alfabeto paleohebreo, el mismo que utilizaron en los Diez mandamientos en que Charlton Heston hizo de Moisés. Esta interpolación aparece también en las versiones griega de los Setenta, siríaca de la Pĕšiṭṭa, latina de la llamada Vetus Latina y la Vulgata Sixto-Clementina, también en latín. Vamos, que a la enmienda que hace Francisco Cantera no le faltan buenas ejecutorias de hidalguía.

Pero por mucho que la interpolación en cuestión le haya ahorrado un buen giro de guión al público, aún nos falta el contexto. ¿Y por qué diantres tuvo que levantarse Caín contra su hermano Abel y arrearle un estacazo (o lo que fuera) mortal de necesidad? Y es en ese punto donde el Targum Jerosolimitano (llamado Pseudo-Jonatán como medio de arreglar malamente un error antiguo de atribución) viene a nuestro auxilio teológico (y de paso da carta de naturaleza judía a nuestra interpolación, como veremos a continuación). Para ir al meollo del asunto, nos saltaremos el original arameo e iremos directamente a la traducción que da Trebolle Barrera del texto targúmico:

Y dijo Caín a su hermano Abel: ‘Ven, salgamos ambos al campo‘. Y sucedió que, cuando salieron ambos al campo, tomó la palabra Caín y dijo a Abel: ‘Yo veo que el mundo ha sido creado con amor, pero no es conducido según el fruto de las obras buenas, pues hay acepción de personas en el juicio. ¿Por qué ha sido recibida tu ofrenda con agrado y mi ofrenda no ha sido recibida con agrado?’. Tomó la palabra Abel y dijo a Caín: ‘El mundo ha sido creado con amor y es conducido de acuerdo con el fruto de las obras buenas y no hay acepción de personas en el juicio. Porque los frutos de mis obras fueron mejores que los tuyos y anteriores, mi ofrenda ha sido aceptada con agrado.’ Contestó Caín y dijo a Abel: ‘No hay juicio ni juez y no existe otro mundo, no hay concesión de buena paga para los justos ni existe castigo para los malos’. Contestó Abel y dijo a Caín: ‘Hay juicio y hay juez y existe otro mundo; hay concesión de buena paga para los justos y existe castigo para los malos’. Y con motivo de estas palabras estuvieron disputando en el campo. Y se levantó Caín contra su hermano Abel y hundió una piedra en su frente y le mató.

¿No les parece fascinante? De una sola tacada tenemos el móvil, el arma y hasta los diálogos del primer homicidio de la historia. Y, de paso, del primer fratricidio también. Así las cosas sí que cuadran, ¿no creen? En resumen: se juntó el hambre, un rebote nihilista que le dio a Caín, con las ganas de comer, y es que a mí, qué quieren que les diga, el Abel que pinta esta exégesis targúmica me ha parecido siempre un poco niño pera: «¡Chincha, rabiña, Juan Pelotilla, que los frutos de mis buenas obras son mejores que los tuyos! ¡Y además he llegado primero!». No me dirán que no era como para ganarse una pedrada, aunque le saliera un poco baturra al pobre Caín.

Recapitulemos: teníamos hasta aquí un texto canónico original, bíblico, de una concisión exasperante en no pocas ocasiones. Faltaban ese componente fundamental de los romances que ama el pueblo: los detalles. Como el pueblo de Israel había cambiado la lengua de uso y ya no entendían ni papa del texto hebreo de la Biblia, hacía falta una traducción en la lengua que usaba el personal: el arameo. Así que el traductor, puesto a traducir al arameo, aprovecha que el Tigris y el Éufrates pasan por Iraq y el Jordán… por Oriente Medio, y da una vuelta de tuerca teológica: la doctrina de la retribución del justo y del castigo del impío en esta vida y en la otra. Existe el detalle de que, en la época en que se suele fechar este targum, entre el siglo viii y ix de la era común, el arameo ya sería, como el hebreo a partir del siglo iii, una lengua… exclusivamente literaria, porque la lengua de los judíos, por aquella época, ya debía de ser… el árabe. Pero esto, si quieren, lo dejamos para la siguiente lección de Targumología: nivel inicial.

¿Será en realidad un caso este targum de lo que el téorico israelí de la traductología, Gideon Toury, llama pseudo-traducción?:

Es frecuente que los productores de textos, como personas inmersas en su cultura, sean conscientes de la posición que las traducciones y la traducción tienen en dicha cultura, lo que suele ir unido a una serie de características textuales y lingüísticas identificables. En ocasiones, incluso pueden decidir utilizar de forma activa este conocimiento consciente para presentar, incluso para componer, sus textos como si hubieran traducidos. Denominamos pseudotraducciones, o traducciones ficticias, a aquellos textos que se han presentado como traducciones, pero que no cuentan con textos originales correspondientes en otras lenguas, y al no haber existido dichos textos originales, tampoco se han dado ‘operaciones de transferencia’ y relaciones de traducción reales.

Gideon Toury, Los estudios descriptivos de traducción y más allá. Metodología de la investigación en estudios de traducción, traducción y edición de Rosa Rabadán y Raquel Merino, Madrid, Cátedra, 2004 (primera edición en inglés, 1995), pág. 81.

Más que la corteza de la letra de lo que dice Toury, que no se puede aplicar en buena ciencia al caso de los targumim, me interesa el espíritu: un traductor que traduce a una lengua presuntamente popular pero en realidad literaria… ¿para darle una pátina de antigüedad a sus presupuestos teológicos? ¿Una especie de anónimo Cervantes targumista que se escuda en un fantasmagórico Cide Hamete Benengeli de anticuario escriturístico? No sería la primera vez en el judaísmo: un caso famoso es el Zohar, obra sefardí del siglo xiii para la que aún hay quien reclama un origen mítico y la autoría de Simón bar Yoḥa’i, un célebre rabino de finales del siglo i y principios del ii de la era común. Y en el mundo del derecho judío, o halajá, se han dado algún caso célebre también de atribución pseudoepigráfica de la que quizá hablemos en otra ocasión.

Hasta aquí el primer ejemplo. Mañana seguiremos con nuestras indagaciones caldeas y veremos qué interés puedan tener.