¡Eh! Ya salimos del paso,
y no hay que extrañar la homilía;
son pláticas de familia
de las que nunca hice caso.

José Zorrilla, Don Juan Tenorio (1844), parte i, acto i, escena xiii

If all a top physicist knows
About the Truth be true,
Then, for all the so-and-so’s,
Futility and grime,
Our common world contains,
We have a better time
Than the Greater Nebulae do,
Or the atoms in our brains.

Si ha de ser verdad lo que un físico sabe sobre la Verdad, verdad será que, por mucha pamplina, mugre y futil naturaleza que nuestro vulgar mundo atesore, nos la pasamos mejor que las Grandes Nebulosas o los átomos de nuestros cerebros.

Marriage is rarely bliss
But, surely it would be worse
As particles to pelt
At thousands of miles per sec
About a universe
Wherein a lover’s kiss
Would either not be felt
Or break the loved one’s neck.

De cansado a casado una letra separa pero con seguridad aún peor fuera, como partículas que se zumban a miles de kilómetros por segundo, un universo en que el beso de quien ama de tiento no fuera ola crisma le rompiese al que es amado.

Though the face at which I stare
While shaving it be cruel
For, year after year, it repels
An ageing suitor, it has,
Thank God, sufficient mass
To be altogether there,
Not an indeterminate gruel
Which is partly somewhere else.

Aunque esta cara que veo al afeitarla sea cruel pues, año tras año, repele a un pretendiente ya añejo, posee, a Dios gracias, masa bastante para seguir estando ahí, sin reducirse a una informe papilla que en otro lado se halla en parte.

Our eyes prefer to suppose
That a habitable place
Has a geocentric view,
That architects enclose
A quiet Euclidian space:
Exploded myths — but who
Could feel at home astraddle
An ever expanding saddle?

Prefieren nuestros ojos suponer que tiene todo lugar habitable una vista geocéntrica, que los arquitectos cierran una calma parcela euclidiana: son mitos reventados, sí, pero ¿quién podría sentirse a gusto, espatarrado en un sillín que no deje de expandirse?

This passion of our kind
For the process of finding out
Is a fact one can hardly doubt,
But I would rejoice in it more
If I knew more clearly what
We wanted the knowledge for,
Felt certain still that the mind
Is free to know or not.

Esta pasión de nuestra especie por el negocio de hallar no es cosa que pueda suscitar dudas, pero confieso que más tendría gusto si pudiera saber para que vamos a querer saber lo que sabemos, sabiendo por cierto que la mente es libre de saber o no.

It has chosen once, it seems,
And whether our concern
For magnitude’s extremes
Really become a creature
Who comes in a median size,
Or politicizing Nature
Be altogether wise,
Is something we shall learn.

Ya quedó de sobras elegido, según parece, y en caso de que nuestro cuidado por los extremos de las magnitudes se hiciera de verdad plenitud de talla más bien mediana, o de que politizar la Naturaleza resultara prudente, es algo que acabaremos sabiendo.

Wystan H. Auden, «After reading a child’s guide to modern Physics» (‘Tras leer una guía de física moderna para niños’), 1961.

(más…)

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Historiadores y arqueólogos construyen el efecto literario de lo real […]. Lo que ocurre es que confunden ese efecto retórico con una idea científica, y por ello tratan de justificarse apelando a la existencia de un método científico como conocedores de la totalidad de su extensión espacial y en su desarrollo temporal. Si asumiesen sus supuestos metafísicos, como Hegel, serían más coherentes. Hegel culminaba su monumental «Ciencia de la lógica» diciendo que lo que se había expuesto allí – nada más ni nada menos que el despliegue de la estructura del Espíritu – era lo que había pensado Dios antes de crear el mundo. Si pensamos que el Dios de Hegel, como señaló Feuerbach, es al fin y al cabo el ser humano, y que la lógica es la propedéutica para conocer el mundo, incluso podríamos admitir su afirmación.

Los historiadores y aqueólogos no piensan el mundo antes de crearlo, como Dios o como Hegel, pero tampoco reflexionan mucho antes de sentarse a sintetizar sus conocimientos, ya que caen en lo que podríamos llamar la paradoja fundamental del conocimiento histórico-arqueológico: ¿cómo es posible el conocimiento de la totalidad del proceso histórico partiendo de unos documentos no sólo fragmentarios, sino también absolutamente arbitrarios en su proceso de transmisión?

— José Carlos Bermejo Barrera y María del Mar Llinares García, «El sarcófago vacío: ensayo sobre los límites del conocimiento arqueológico», en ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 133-155 [137].

Rodrigo Jiménez de Rada (c. 1170-1247), Breviarium historiae catholicae, s. xiii («El Arca de Noé»); BUC-FOA, ms 138. Mutilado durante la Guerra Civil española.

Estudiar no vol pas dir solament llegir i repetir. Estudiar vol dir llegir i a més a més reflexionar, relacionar, integrar, detallar, aclarir, absorbir, rebutjar, decidir –saber el que té importància i el que no en té. És una operació enormement complexa i al mateix temps naturalíssima. Estudiar és fer funcionar l’esperit, partint de vegades de l’esperit mateix o per incitació de coses que provoquen una curiositat: és a dir, que agraden positivament. El que no agrada, el que no provoca un grau o altre de fascinació, no pot ésser objecte de reflexió, d’estudi. No hi ha atenció ni aproximació possible. Estudiar és una forma de l’amor –en definitiva una forma de la sensualitat: la carícia mental més fina i delicada que l’esperit pot produir.

«Has de saber... que... con...» ('Mikhlol' hispano-hebreo de la Nacional de Madrid).

Estudiar no quiere solo decir que se lee y se repite. Estudiar quiere decir leer y, además, reflexionar, relacionar, integrar, detallar, esclarecer, absorber, rechazar, decidir: saber lo que tiene importancia y lo que no. Es una operación enormemente compleja y, a la vez, naturalísima. Estudiar es poner en marcha el espíritu, a veces a partir del mismo espíritu o porque incitan las cosas que provocan curiosidad, es decir, que complacen positivamente. Lo que no gusta, lo que no provoca uno u otro grado de fascinación, no puede convertirse en objeto de reflexión, de estudio. No hay atención ni aproximación posible. Estudiar es una forma del amor. Por así decir, una forma de la sensualidad: la caricia mental más fina y delicada que puede producir el espíritu.

Josep Pla, El quadern gris (« El cuaderno gris »), anotación del 19 de octubre de 1919.

Porque ha salido un raro día espléndido en París, de escarcha cálida y de aire frío que sonríe a la vez que pasa y deja un temblor que nos suscita dudas, quizá le podríamos perdonar a Pla lo que dice en el mismo apunte del « blog » que escribió mucho antes de que existieran los blogs. Lo de « castellanismo infecto », quiero decir. Al fin y al cabo, todos tenemos días buenos, días malos e ideologías censurables. Mejor quedarse con la « caricia mental », más fina y delicada, que con un vulgar desprecio. No hay razones para pensar que no sea verdad que toda caricia, toda confianza dada y recibida, no acabe por sobrevivir.

Versión de Rita Botto del tema « Stranizza d’amuri » (‘De un raro amor’) de Franco Battiato, en el disco homónimo publicado en 2004.

manuel-orero-fotografia-1El historiador, al tratar con el pasado, deberá utilizar las categorías de presencia y ausencia de un modo diferente al científico natural. En su caso no se podrá pasar de la presencia inmediata a la mediata, puesto que el pasado ni existe ni es observable. Y el utilizar al documento como instrumento para pasar de la presencia inmediata a la mediata es una falacia, ya que el documento ni hace presente al acontecimiento ni hace presentes a las personas del pasado, únicamente nos permite imaginar esas acciones y las sombras de esas personas, de acuerdo con las reglas que nuestra imaginación nos dicta. […]

La Historia es el saber de la ausencia, de una ausencia, además, que es irrecuperable; porque si examinamos las tres categorías de modalidad veremos que, al contrario que en las ciencias naturales, en historia [sic] la categoría de necesidad no posee aplicación, puesto que el devenir de los acontecimientos no está regido por leyes. En la Historia asistimos al dominio de la categoría de efectividad, unida, claro está, a la de posibilidad. […]

Si la Historia es el dominio de lo contingente, de lo que de posible ha llegado a ser efectivo y también es el dominio de la ausencia, de una ausencia que nunca podrá convertirse en una presencia efectiva e inmediata, entonces los historiadores actúan de la forma más opuesta a la de los científicos naturales. Estos últimos se negaban a reconocer rotundamente la presencia no efectiva, el historiador, por el contrario, no solo ha de partir de ella, sino, lo que es más problemático, quedarse precisamente ahí. El historiador sería como un mago, que pretende conjurar un pasado al que ya no puede volver gracias a la ayuda de un lenguaje en el que los enunciados realizativos funcionarían al revés, ya que no crean el futuro, como los imperativos, sino el pasado. El historiador lanza su discurso ante el pasado y la ausencia, pero no lo hace por razones sentimentales ni tampoco está solo. Su discurso es un discurso compartido, es ante todo un hecho social. Con él, aún siendo en el fondo consciente de la futilidad de su empeño, intenta, más que actualizar un pasado ausente reafirmar la existencia del presente, de un presente que, sobre todo a partir del siglo xix europeo, ha necesitado colonizar el pasado, colonizar lo que ya no es con el fin de poder controlar lo que será.

No tiene sentido, pues, como se suele decir, liberar el pasado, o descolonizarlo, pues, dada su falta de densidad ontológica, sería lo mismo que colonizar la nada. Los pasados básicamente se imaginan. Una corriente historiográfica es, ante todo, un conjunto de metáforas compartidas por los historiadores y su público, que pretenden describir lo que ya no es y otorgarle un sentido diferente al que tuvo y que no puede tener. Lo malo de las metáforas es que pueden colisionar entre sí, trayendo consigo víctimas, a veces mortales. Si la Historia no quiere conformarse con ese papel de suministradora de metáforas listas para la lucha deberá volverse hacia sí misma, pasar del objeto que cree describir al sujeto que lo construye y fundar sobre el análisis de las reglas que permiten esa construcción una disciplina que establezca sus límites, su legitimidad y que permita liberarse de su papel de instrumento de colonización de lo que ya no es para establecer el control de lo que será. Es a ese saber crítico de la historia que se puede contribuir, como en este caso, con el análisis de dos de las categorías del entendimiento histórico, cuyo buen uso era necesario establecer.

José Carlos Bermejo Barrera, ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 84 y 85.

«El hombre que perdió su nombre…», foto de Manuel Orero («Perolo Orero»), 2 de diciembre de 2008 (Coda: no se me pierdan la descripción de la fotografía a la que se llega clicando en su título).

Por seguir con lo que decíamos:

Sin embargo, este carácter fáctico y necesario del pasado, que parece estar tan claramente enunciado, se encuentra ante una dificultad fundamental, y es que, en contrapartida también podríamos decir, que [sic] lo que caracteriza al pasado, y sobre todo al pasado histórico, es precisamente el no estar presente, el no estar entre nosotros. En este sentido el pasado, por el contrario, vendría a resultar inaprensible y el conocimiento histórico, lejos de marchar por el seguro camino de la ciencia, vendría a adquirir un carácter problemático.

Para resolver este dilema, que quizás sólo sea aparente, convendrá, pues, que iniciemos un análisis de dos categorías del entendimiento histórico, ausencia y presencia, que estarían en directa relación con las categorías de modalidad, posibilidad, efectividad y necesidad, al ser quizá dos aspectos de la segunda de esas categorías, la de efectividad. Estas dos nuevas categorías, como esperamos mostrar, poseen una indudable importancia dentro del ámbito del conocimiento histórico. Su análisis deberá llevarse a cabo desde una triple perspectiva, epistemológica, antropológica y sociológica, impuesta por las características específicas de este tipo de conocimiento.

I

Las categorías de ausencia y presencia no son exclusivas del pensamiento histórico, como todas las categorías del entendimiento son utilizadas sistemáticamente en nuestra vida cotidiana, y, por supuesto, son fundamentales para el desarrollo del conocimiento científico. […]

La existencia de una ley científica, como la de la gravitación, no sólo permite describir el universo en su estado presente, sino, lo que es más interesante, predecir el futuro y, consecuentemente, describir el pasado. La ley es el instrumento básico de articulación del tiempo –o más bien el conjunto de leyes–. Los acontecimientos no son más que casos que ejemplifican el cumplimiento de dicha ley bajo un conjunto de condiciones dadas. La ley, que se formula en presente y, por supuesto, bajo la categoría de la necesidad, da también cuenta de las categorías de posibilidad y efectividad, pues es en función de ella como un acontecimiento se hace posible y llega a ser efectivo. Sin leyes el conocimiento científico no sería posible, sin leyes no puede utilizarse la categoría de necesidad, sino únicamente las de posibilidad y efectividad. Deberemos por ello plantearnos que ocurre en el caso de la historia, un saber sin leyes que privilegia lo fáctico del pasado hasta el punto de excluirlo –es un modo de hablar– de la competencia de Dios.

Ausencia presente

II

A la hora de analizar las categorías de ausencia y presencia en el ámbito del pensamiento histórico deberemos distinguir dos niveles, que por otra parte se hallan estrechamente relacionados: el antropológico y el sociológico. Es sabido que cada sociedad crea un determinado tipo de seres humanos, por lo que el determinismo sociológico siempre tiene parte de razón. Pero también lo es el que la especie humana posee unas características básicas en común que muchas veces pueden sobrepasar las barreras sociales y culturales, por estar quizás entroncadas en los mecanismos biológicos y psicológicos básicos de la condición humana. […]

Si en el pensamiento científico no podía hablarse de una presencia absolutamente no efectiva, en el caso del pasado humano, por el contrario, sí que tiene sentido hablar de una ausencia absoluta, la de todos aquellos que quedan más allá de la memoria de los vivos, de aquellos que ningún artificio puede hacer presentes, y que, sin embargo y paradójicamente, constituyen precisamente el objeto de estudio la historia que intente abarcar algo más que el tiempo presente. Muchas veces los seres humanos prefieren perder la razón antes que la esperanza. En el caso de la muerte, los ritos y las representaciones funerarias, la antropología y la historia son una buena prueba de ello. La humanidad parece que ha querido negar el carácter ineluctable de la muerte y al igual que el pensamiento científico parece no querer admitir la ausencia radical de algunos, o quizás la mayoría –si tenemos en cuenta el tiempo histórico transcurrido– de sus miembros. Lo que los esfuerzos individuales y colectivos han intentado hacer para lograr la presencia de los difuntos lo ha venido haciendo a nivel colectivo, tanto en cuanto género literario como en cuanto saber supuestamente científico. Por ello será necesario pasar ahora del nivel individual y afectivo al nivel colectivo y de las representaciones sociales, que es en donde la historia halla su lugar.

José Carlos Bermejo Barrera, «La modalidad en la Historia: Ausencia y presencia: dos categorías del entendimiento histórico», ¿Qué es la historia teórica?, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2004, págs. 71, 72, 76, 78 y 79.

(Coda: Mira que había leído veces a Bermejo Barrera y solo ahora me dio cuenta del uso tan atroz que le da a las comas.)

«Ausencia presente» (última), foto de Álvaro Pérez Mulas, 23 de agosto de 2008.

Un sueño de poder estar juntos / Vuelto un lío más brillante / Un signo desvaído es lo que mejor digo / Ahora, ahora. / Deja sitio a lo más sencillo: / No encontrar las horas es lo nuestro / Un destino o un anhelo, / Ya lo sé. / Pues yo tuve suerte / Por leer letras y no escribirlas, / Sacándole fotos a cualquiera, / Ya lo sé. / Deja a los rayos de sol / Deja a los rayos de sol / Deja a los rayos de sol, déjalos entrar / Para que nos enseñen que mañana puede no ser: / Cuando el día se acaba es cuando lo sabemos.

Au Revoir Simone, «The Lucky One», del álbum The Bird of Music, 2006.

παρακέκλησθε οὖν μετ᾿ εὐνοίας καὶ προσοχῆς τὴν ἀνάγνωσιν ποιεῖσθαι καὶ συγγνώμην ἔχειν ἐφ᾿ οἷς ἂν δοκῶμεν τῶν κατὰ τὴν ἑρμηνείαν πεφιλοπονημένων τισὶ τῶν λέξεων ἀδυναμεῖν·

Se os invita, por tanto, a que lo leáis con benevolencia y atención y que nos excuséis los pasajes en que podemos dar la impresión de traducir mal algunas expresiones, a pesar de nuestros esfuerzos de interpretación.

Eclesiástico («Sabiduría de Jesús, hijo de Sira [o Sirácida]»), prólogo, v. 15 (¿traducción de Natalio Fernández Marcos? BAC, Madrid, 1974).

One of my fundamental assumptions has been that ancient texts are not windows into the past but artifacts of it. As such, they are never transparent and cannot speak for themselves. To be sure, they may provide gross information, and so it is not completely illegitimate to mine positivistically, provided only that one does so cautiously and skeptically. Such positivism has served as the foundation of all we know about antiquity, and though every inch of this foundation merits scrutiny and debate, sometimes these issue in affirmations of historicity. That having been said, though, the project of producing detailed social or cultural histories of Judaea in the Achaemenid and Hellenistic periods or of the ”world of the New Testament” or that of the Mishnah and Talmud has rarely yielded convincing results. The authors of such works, unless they adopt criticism or skeptical aporia as their goals, always underestimate the amount of information required to produce a convincing history. The scraps we have at our disposal are simply not enough.

La facultad VIIIUna de mis ideas fundamentales es la de que los textos antiguos no son ventanas abiertas al pasado sino sus artefactos. De tal manera, no son nunca transparentes ni pueden hablar por sí mismos. Qué duda cabe de que pueden proporcionar información en bruto, por lo que no resulta completamente ilegítimo sacarles partido con métodos positivistas, con la salvedad de que tal cosa se haga con escepticismo y cautela. Tal positivismo ha servido de base para todo lo que sabemos sobre la antigüedad y, aunque merece en todas y cada una de sus partes escrutinio y debate, a veces generan afirmaciones de historicidad. Dicho esto, sin embargo, el proyecto de producir detalladas historias sociales o culturales de Judea en los periodos aqueménida y helenístico, o del «mundo del Nuevo Testamento», o de la Misná y el Talmud, pocas veces han dado frutos convincentes. Los autores de tales obras, salvo que adopten como óbjetivos la crítica o la aporía escéptica, siempre minusvaloran el grado de información que se necesita para producir una historiografía convincente. Sin más, los pecios de que disponemos son insuficientes

But since they are artifacts, texts can still be used; they just have to be treated differently. Some historians, including myself, may be slightly uncomfortable with the idea, but we have to figure out ways of reading them, with minute attention to detail, as expressions of sets of concerns or interests, because that is way they are. […]

Pero, ya que se trata de artefactos, los textos aún pueden ser de algún uso: solo hace falta tratarlos de otra manera. Esta idea puede provocar a algunos historiadores, incluido yo mismo, cierta incomodidad, pero tenemos que discurrir formas nuevas de leerlos, con meticulosa atención al detalle, como formas de expresión de determinadas preocupaciones o intereses, porque eso es lo que son. […]

The historicity of the tale is debatable, the fact that someone told it, fixed its form, and eventually wrote it down is not: it is true by definition, and so constitutes a much firmer foundation for the production of a historical account than either positivistic investment in the story’s truth or blanket skepticism about it. […]

La verosimilitud histórica del cuento puede debatirse pero no el hecho de que alguien lo contó, fijó la forma y, andando el tiempo, lo puso por escrito: es verdad por definición, lo que constituye una base para la producción de un relato histórico mucho más firme que centrarse con ambición positivista en lo veraz de la anécdota o en negarla sin más movido por el escepticismo. […]

I have spent many of the foregoing pages exemplifying my model’s utility as an exegetical tool as well. It has constituted an effective way of resisting the ”Hallmark card” school of Ben Sira interpretation, whose point is precisely to deprive the sage’s apophthegms of all their social and cultural specificity and transform them into bland religious-ethical sentences. […]

En buena parte de las páginas precedentes, he dado asimismo ejemplos de la utilidad de mi modelo como herramienta exegética. Me ha servido como eficaz medio de resistirme a la escuela de «tarjeta de felicitación» que se ha aplicado a la interpretación del Sirácida, cuyo argumento busca precisamente privar a los apotegmas del sabio de su especificidad social y cultural y transformarlos en insípidas máximas ético-religiosas.

Del último libro de Seth Schwartz, Were the Jews a Mediterranean society: Reciprocity and solidarity in Ancient Judaism («¿Conformaron los judíos una sociedad mediterránea? Mutualismo y solidaridad en el judaísmo antiguo»), Princeton NJ, Princeton University Press, 2009, págs. 175 y 176.

Estaremos al tanto de las reseñas que deberán llegar de este volumen, por gente provista de más ciencia que nosotros que deberían iluminarnos (para eso deberían hacerse las reseñas), pero parece una obra pertinente y relevante. Lo de que los textos antiguos no son ventanas del pasado, aunque la tesis contraria se repita con insistencia también en cenáculos filológicos, me suena a Samely, pero la búsqueda de Google Books me dice que mi alemán de Mánchester no comparece en el libro de Schwartz. Una idea quizás muy simple, hasta simplista: como tantas otras de su género, asombra que el fundamento metodológico de nuestras disciplinas humanísticas parezca ser alejarse todo lo posible de estas muy simples, simplistas, inmediatas bases del método. Como si la diferencia (aristotélica) entre las categorías de ausencia y presencia, tan acuciante para el pensar «históricamente», fuera una banalidad filosófica más que un análisis primero y fundamental. Tendremos que hablar más detenidamente de la ausencia y la presencia históricas.

Parece que hay toda una escuela «historicista» que se va asentando poco a poco para el estudio del Talmud. Hay alguna concomitancia con lo que deberían ser las bases epistemológicas de la codicología: tomar el texto (y en el caso de los codicólogos, su soporte) como argumento histórico principal. Pero tengo la impresión, provisional, de que la codicología tal como yo la entiendo (que tal vez no sea tal como la entienden la mayoría de quienes la practican) es algo más escéptica de lo que parece indicar un cierto entusiasmo historicista de estos nuevos talmudistas. Habrá que seguir a la espera de lo ajeno y en la obra de lo propio. Veremos si nos encontramos en algún sitio.

«La facultad VIII», foto de Domingo556, 10 de septiembre de 2009.

Pues yo iba a hablarles de otra cosa, ciertamente marginal, pero oigan, ya ven, casi cambio de tercio:

A lot of what the new wave of “contextual Talmudists” do, is make connections between textual (that is, non-material) things and probe their significance. It’s a messy business and often difficult to argue or articulate what is a parallel worth pursuing and what is a strangely coincidental set of characteristics. The problem plagues virtually every area of comparative historical research, but particularly of ancient times and even when physical objects are being considered. If everything in the room that I am now sitting in will vanish (as it one day will), save for a few, arbitrary objects, will anyone be able to reconstruct the feeling of sitting where I sit and breathing the air I breathe, watching the flashes of lightening across a charred gotham sky, the pitter-patter of a soaking summer rain on the fast streets below? And yet scholars do it all the time, and occasionally get somewhere with the few things that remain. Of course the interest in not in the texture of banal living, but in the world of thoughts, ideas, and religion. Against all odds, even this sometimes works.

mss Napoles seleccion

Manuscrito (ahora) de Nápoles, copiado por Alfonso de Zamora.

Why is it amazing, then, to caress a piece of clay in the palm of your hand, hold it up against a page, and realize that a Zoroastrian bureaucrat stamped his seal here and there, and authorized a set of documents which transacted a field in the foothills of the Alborz range? The peculiar human desire to traverse the distances until it reaches that “foreign country.” The true mystery of scholarship.

Mucho de lo que la nueva ola de «talmudistas del contexto» hacemos es relacionar cosas textuales (es decir, inmateriales) y confirmar su relevancia. No es nada fácil y, no pocas veces, resulta difícil dar argumentos o establecer qué paralelismos merece la pena seguir frente a lo que no es más que un conjunto de características extrañamente coincidentes. Este problema afecta en la práctica a casi cualquier ámbito de la metodología comparativa de la historia, pero más si cabe en Historia Antigua e incluso cuando se estudian objetos físicos. Si todo lo que hay en la habitación donde me encuentro ahora, desaparecerá (como ocurrirá algún día), salvo unos pocos objetos de forma arbitraria, ¿podrá alguien reconstruir qué se siente al estar aquí donde estoy y respirar el aire que respiro, viendo los destellos de relámpagos por el cielo calcinado de Nueva York, el chapoteo de un chubasco estival en las veloces calles ahí abajo? Y sin embargo los investigadores no dejan nunca de hacerlo, y de vez cuando consiguen llegar a algo con lo poco que ha quedado. Claro está que lo interesante no es la urdimbre de la banalidad cotidiana sino el mundo del pensamiento, las ideas y la religión. Contra lo que pueda imaginarse, hasta eso funciona a veces.

¿Por qué sorprende tanto entonces tentar un trozo de arcilla en la palma de la mano, sostenerla frente a una página y caer en la cuenta de que un burócrata zoroastriano estampó su sello aquí y allí, y autenticó una serie de documentos de compraventa de unos campos en las laderas de la cordillera de Elburz? El curioso anhelo humano de atraversar las distancias hasta alcanzar la frontera de ese «país extranjero». El verdadero misterio de la investigación.

Shai, «Department of Sigillography», The Talmud Blog (cuya primera noticia me la dio el mozo de los manuscritos), 26 de julio de 2009.

«I feel alive», del disco Ashfield Avenue de Alondra Bentley, 2009 (conocido a través del blog de Begoña Martínez).