Soms komt een reiziger aan in een stad
die hem om een of andere reden verbijstert.

A veces llega un viajero a una ciudad
que por una u otra razón lo sorprende.

Mustafa Stitou«Soms besluit een vrouw te gaan liggen op bed…»

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Antier recogí en el Templum Salomonis de la esquina de Nieuwsteeg y Kloksteeg, frente a la Pieterskerk, el primer encargo, De Tachtijarige Oorlog in Spaanse ogen («Opiniones españolas sobre la Guerra de los Ochenta Años») de Yolanda Rodríguez Pérez, y hoy me avisan de que ya ha llegado el segundo encargo, Orde en trouw («Orden y lealtad») de Willem Otterspreer sobre Johan Huizinga. Quizá aún me dé tiempo a encargar alguna de las ediciones de la antología de Gerrit Komrij, De Nederlandse poëzie van de negentiende en twintigste eeuw in duizend en enige gedichten («La poesía neerlandesa de los siglos xix y xx en 1.001 poemas»). Confieso que aún me desconcierta que Komrij haya disfrutado la condición de «Poeta de la Patria» (Dichter der Vaderlands) casi igual que me parece curiosa –soy en realidad un paleto sin remedio– que la misma condición la ostente ahora mismo Ramsey Nasr (de origen palestino, de lengua neerlandesa y de ciudadanía holandesa) o que este invento tan patriótico sea una iniciativa privada del NRC Handelsblad, es decir, de un diario de tirada nacional (que luego de escribir esto me describen como un periódico de «listos de centro-izquierda», por si a alguien le interesara). Resulta que lo vi el otro día en la televisión (puro zapping; mi holandés de charlatán tartamudo no me da para más) fueron los funerales de Harry Mulisch y Kitty Courbois estaba leyendo un poema de Nasr en honor de Mulisch. En esto consiste también aprender un idioma: en rebobinar.

La antología de Komrij me da ocasión de fijarme en otro de esos términos fruto del ingenio bífido de los hacedores de palabras neerlandeses: bloemlezing («lectura florida», si nos pusiéramos lexicográficamente rigoristas o calvinistas). Es decir, antología. O lo que es lo mismo y se acerca más al neerlandés: florilegio. De momento ninguna de estas curiosidades léxicas ha superado la wijsbegeerte, el «deseo de saber», que tiene por contraparte latinada la filosofie. Tiene algo de resumen de cualquier ambición de escudriñar el universo que las universidades holandesas puedan disponer, por mor de su idioma de trabajo (que no es el inglés, se los aseguro, aunque ustedes se lo crean) una fakulteit der wijsbegeerte, una «Facultad del Deseo de Saber» (mientras que no se quede en el deseo, piensa seguramente el descreído latino…)

Me quedan algunas sorpresas. Empezar a leer el libro de Yolanda Rodríguez y encontrarme, de buenas a primeras, la constatación del éxito de una cierta anglofilia española en el mismo prólogo:

Schrijven is voor de meeste stervelingen geen eenvoudige opgave. Sangre, sudor y lágrimas, zoals we in het Spaans zeggen: bloed, zweet en tranen.

Escribir no es, para la mayoría de los mortales, tarea fácil: sangre, sudor y lágrimas, como decimos en español.

Se podrían hacer varios chistes sin gracia pero quizá puedan resumirse en que, como no sé si dicen muchos españoles pero yo sí, «nunca es tarde si la enmienda es buena» y el libro de Rodríguez Pérez ya va por la tercera impresión. Si los españoles de verdad decimos eso de sangre, sudor y lágrimas no es ciertamente porque nos beneficiáramos de la victoria de esos mismos sangre, sudor y lágrimas más que tangencialmente, y con la hipoteca dictatorial amortizada (y falta en la cita, puestos a enmendar, los afanes, el toil inglés original).

Me llevo también la sorpresa de ver un nombre conocido (Anton van der Lem) en los agradecimientos. No es extraño, en realidad, en este país de alcanzables dimensiones que es como una sucesión de jardincitos privados. Debe de ser que no me acabo de acostumbrar a que todo esté tan junto y, en consecuencia, a que todos lo estemos también.

Curiosamente, en la versión en inglés no parece que haya hecho falta mencionar a ningún Chúrchill españolizado por vía de la paremiología distraída.

Por otra parte, y para otros propósitos que corregir proverbios fantasmales, en el libro hay algunos apuntes interesantes:

In de Spaanse historiografie is de betekenis van de circulatie van manuscripten tot nu toe onderbelicht gebleven. Men heeft zich voornamelijk beziggehouden met de bestudering van allerlei aspecten rond het gedrukte boek. In tegenstelling tot het gedrukte boek kenden handschriften mogelijk meer vrijheid dan de beter te controleren gedrukte werken.

La historiografía española ha dejado sin atender hasta hace poco lo que significó la circulación de manuscritos. Se ha ocupado principalmente de estudiar todo tipo de aspectos alrededor del libro impreso. A diferencia del libro impreso, los libros de mano conocieron probablemente más libertad que las obras impresas, de más fácil control.

Lo que a alguien podría parecerle un añadido de pura teoría de Perogrullo pero, se los aseguro, no lo es, vistas las extraordinarias reticencias que despierta en el gremio desplazarse a leer y leer para desplazarse.

Hoy, entre otras cosas, no ha ido mal el seminario (diría. Nunca conviene asegurar estas cosas. Pregúntenle a quien lo ha montado). Sospecho que se me han enterado aunque no sé si yo me he explicado, lo que dice mucho de lo admirable de la inteligencia de mi público y mi resignada oratoria. Veremos cómo va el 30.

Por otra parte, nunca puede uno anticipar por dónde salta la liebre. Pongo Radio Clásica-RNE (a veces me da por ahí) y me saltan Maria del Mar Bonet y Jardí tancat. Un jardín holandés, mismamente. Qué cosas.

«Netherlands – Nov 22 -069 (Sign by Pieterskerk in Leiden)», foto de Zemistor, 22 de noviembre de 2008.