Poco después de que hablárabamos por aquí de otros hombres de frontera, hablaba Mary Beard en su blog A Don’s Life de otras fronteras puestas por hombres (y mujeres) para mujeres (y hombres). Como uno suele fijarse solo en lo que ya conoce, un poco a la manera del paleógrafo, a mí me llamó la atención un par de párrafos de lo que explicaba Beard:

Just recently a directive has come down to us from the “management” […], explaining that in future we will only be allowed to appoint external examiners for PhDs from those who have a right to work in the UK (ie no Americans, Australians whatever). Apparently, so our “Human Resources Compliance Unit” (I am not joking) assures us, reading a PhD thesis, writing a report and giving the candidate a viva of (say) two hours counts as “employment”. So if you are appointed to do this, you need to prove your eligibilty to work in this country, by showing your passport.

Recién nos llegó una directiva emanada de la «dirección» […], en la que se explicaba que, en lo sucesivo, solo se nos permitirá nombrar miembros externos de un tribunal de tesis a quienes tengan derecho a trabajar en el Reino Unido (es decir, que ni a americanos, australianos o lo que sea). Según parece, o eso es lo que nuestra «Unidad de Ejecución Conforme en Recursos Humanos» (no es broma) nos asegura, leerse una tesis doctoral, escribir un informe y estar presente en una defensa de tesis que dure dos horas (verbigracia) vale lo que un «empleo». Así que, si a uno le nombran para una cosa sí, tiene uno que demostrar que es susceptible de poder ser contratado en este país, enseñando el pasaporte.

In my Faculty, we normally use UK scholars to examine PhDs (we don’t squander travelling expenses), but sometimes students have been researching subjects that really do require an non-EAA examiner. Tony Grafton of Princeton, for example, may be one of the very few people in the world properly qualified to examine a specialised PhD — but he would no longer be appointable, at least on this interpretation of the law.

En mi Facultad, tenemos por costumbre tirar de investigadores británicos para los tribunales (no despilfarramos los gastos de viaje), pero, a veces, hay estudiantes que se han dedicado a temas que requieren de veras un examinador de fuera del Espacio Económico Europeo. Anthony Grafton, de Princeton, por ejemplo, puede ser una de las pocas personas en el mundo con los conocimientos adecuados para examinar a un doctorando especializado. Pero ya no le podemos traer para un tribunal, al menos siguiendo esta interpretación de la ley.

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