SchriftLo principal de la investigación no radica en la certeza de la vida que pasa, tan callando, aunque convenga reflexionar sobre el particular para no perder la perspectiva. El tuétano de la vida investigadora radica, sin duda, en el entusiasmo. El entusiasmo inesperado revive quizás el doble las ganas de investigar. Así, la buena noticia de la publicación castellana de De streek: Theorie van het schrift («El trazo: teoría de la escritura») de Gerrit Noordzij que traía El Llibreter. Lo ha publicado Campgràfic (traducción de Carlos García Aranda, primera de Noordzij al castellano ibérico, según la Agencia Española del ISBN) y, por no aparecer, no aparece ni en su catálogo en línea. Prometen ser 88 páginas de iluminación continua. Así lo parece, por ejemplo, la primera cita que trae a colación El Llibreter:

Los diferentes tipos de escritura, con sus distintas construcciones y trazos diferentes, solo pueden compararse entre sí en función del blanco de la palabra, ya que toda comparación requiere un punto de referencia que permita la comparación de los elementos. El blanco de la palabra es el único componente común a todos los tipos de escritura. Este tipo de referencia es válido tanto para la escritura manual como para la tipografía, para la escritura antigua como para la moderna, así como para la escritura occidental y la de otras culturas. En resumidas cuentas, es válido para la escritura en general.

Me trae recuerdo de un fecundo viaje en tren de Nápoles a Roma (qué curiosa tentación esta: querría haber escrito «a casa en Roma…») y la constatación de una referencia imprescindible para la parte más importante de la tesis: la que hable de las fronteras de la escritura y de sus contornos. Cinco redacciones van ya y ninguna que haya leído Judith. Sospecha cierta de lo bienquisto del tema y de lo enrevesado de la trama.

Volveremos por aquí a Noordzij y a su De streek. Quede una posdata suya, aviso para navegantes:

The […] sentence confuses writing system with spelling, the regulations that connect symbols of writing with the symbols of a language. Many languages are connected by as many spelling systems to Western writing. Spelling, writing and language are different identifiers. Writing identifies civilisations, language identifies tribes or groups of tribes, spelling identifies administrative authority .

La […] frase confunde sistema de escritura con ortografía, las normas que ligan símbolos de la escritura y símbolos de un idioma. Muchos idiomas se hallan ligados por multitud de sistemas ortográficos a la escritura occidental. Ortografía, escritura e idioma son identificadores distintos. La escritura identifica civilizaciones, el idioma identifica tribus o grupos de tribus, la ortografía identitica la autoridad administrativa.

Gerrit Noordzij, «The meaning of writing» (‘El significado de la escritura’), fecha desconocida.

«Schrift», foto de Michael Bundscherer, 9 de julio de 2009.

Ibrahîm Hilmi, Yeni Harflerle Resimli Türkçe Alfabe [«Alfabeto ilustrado del turco con los nuevos caracteres»], Estambul, Hilmi Kitaphânesi, 1928, pág. 20

Ibrahîm Hilmi, Yeni Harflerle Resimli Türkçe Alfabe, «Alfabeto ilustrado del turco con los nuevos caracteres, Estambul, Hilmi Kitaphânesi, 1928, pág. 20

Desde el principio pintaba bien y luego seguía bien:

First impressions are important, because they imping[e?] on us directly, unfiltered by the tolerance one acquires through understanding. People who live with or are part of a system often are the poorest judges of its utility, because immersed in the system, they have no objective reference from which to evaluate it. Scholars fare no better. Attracted by the challenges of a problem, as their understanding of it deepens, they often loose sight of the fact that it is a problem. Contradictions understood on their own terms begin to seem reasonable. Add to this the comfort one realizes from having mastered the problem’s complexities, and the scholars is soon the system’s most outspoken defender.

Las primeras impresiones son importantes porque nos invaden directamente, sin que las filtre la tolerancia que se adquiere a través del proceso de comprensión. Quienes viven con un sistema, o participan de él, suelen ser los peor capacitados para juzgar de su utilidad, ya que, al estar inmersos en el sistema, no tienen los referentes objetivos que servirían para evaluarlo. No es que los investigadores anden mejor. Atraídos por los desafíos de un problema, según van ahondando en la comprensión del fenómeno, suelen perder de vista que el problema no deja de ser un problema. Las contradicciones que se entienden en sus propios términos empiezan a parecer razonables. Añádase a esto la satisfacción que produce haberse enseñoreado de las complejidades de un problema y tendremos que los investigadores pronto se convierten los defensores más acérrimos del sistema.

Pero luego arruga uno la ceja («¿Y esto qué pinta aquí?»):

It is unusual to find an informed critic of East Asia’s character writing system, not because the system is not badly in need of criticism, but because those able to provide it have lost the incentive. The problem begins with East Asian themselves. Just as it is marginally easier for me to pay 42 percent of my income in taxes than to try doing something about it, people born into the ”Chinese character cultural sphere” who have to deal with the characters’ foibles and disutility on a daily basis acquiesce in their fate because they have no real choice. (…)

No suele darse que se pueda hallar un crítico del sistema extremo-oriental de escritura con caracteres que sepa de qué habla, y no porque el sistema no esté extremadamente necesitado de que se lo critique, sino porque los capaces de criticarlo han perdido todo incentivo. El problema son, en primer lugar, los propios habitantes del Extremo Oriente. Del mismo modo que me resulta ligeramente más fácil pagar en impuestos un 42 % de mis ingresos que tratar de arreglarlo, quienes nacen en la «esfera cultural de los caracteres chinos», que tienen que vérselas con las incongruencias y la nula utilidad de los caracteres de forma cotidiana, aceptan su destino porque no tienen, en realidad, otra opción. […]

Y sigue con la celebración del prejuicio ideológico («Ole, ole y ole»):

Ibrahîm Hilmi, Yeni Harflerle Resimli Türkçe Alfabe, «Alfabeto ilustrado del turco con los nuevos caracteres», Estambul, Hilmi Kitaphânesi, 1928, pág. 21

Ibrahîm Hilmi, Yeni Harflerle Resimli Türkçe Alfabe, «Alfabeto ilustrado del turco con los nuevos caracteres», Estambul, Hilmi Kitaphânesi, 1928, pág. 21

Some [Westerners] go on to study the characters and end up dabbling in them just enough to persuade themselves that the system, potentially, can be mastered and that it really is a genuine alternative to the alphabet. They then retreat to their own alphabetic world with the same smugness and righteousness that a Western student gets from a two-week tour ”laboring” in a Chinese peasant commune. (…) Still others make the effort to study the structure of the system and its workings and conclude, under the influence of the enlightened relativist paradigm, that the writing system really does match up quite well with the languages it is used for—without ever asking themselves how the languages got that way in the first place.

Algunos [occidentales] proceden a estudiar los caracteres y acaban zascandileando con ellos lo bastante como para convencerse de que el sistema, en potencia, puede dominarse y de que es una verdadera alternativa al alfabeto. A continuación se retiran a su propio mundo alfabético tan henchidos de satisfacción y justicia cumplida como los estudiantes occidentales que vuelven de un voluntariado «de trabajo» en una comuna agrícola china. […] Hay otros que hacen el esfuerzo de estudiar la estructura del sistema y cómo funciona para concluir, influidos por el paradigma relativista ilustrado, que lo cierto es que el sistema de escritura se adecua bastante bien a las lenguas para las que se usa, sin siquiera preguntarse como se adecuaron en origen las lenguas al sistema.

William C. Hannas (responsable ejecutivo [senior officer] del Foreign Broadcast Information Service), Asia’s orthographic dilemma, Honolulu, University of Hawai’i Press, 1997, págs. 74 y 75.

En conclusión: Obama lo tiene crudo. Y no sé a santo de qué salen a relucir las témporas con su habitual acompañante paremiológico o el tocino veloz, ese feliz oxímoron. Por lo demás, aún ando a ver si se me quita la cara de susto. Pero el libro es interesante, eso sí, muy bueno si no fuera por un par de sustos parecidos.