Me dispensarán de más profundidades: estas son puras acuarelas vaticanas.

Los guardias suizos, en traje de diario, parecen ertzainas vestidos de azul (con medias y manoletinas). Y hablan francés. En lugar del buongiorno de uso corriente con que se saluda todo cristo tras los muros del Patrimonio de San Pedro (¿cómo se dan los buenos días en latín? ¿Sabrán hablar latín los guardias suizos?), lo mismo un día me da y saludo en francés, a ver si la Guardia Suiza es como Swiss: entra uno saludando en inglés, pregunta por su asiento en francés, pide agua en italiano y se despide en alemán. De lo que se haga en romanche yo no puedo dar noticia, claro. ¿Habrá guardias suizos que hablen romanche?

Entre las varias oportunidades únicas que se tiene al franquear los muros del Vaticano, está la de poder mandar correspondencia franqueada por los Correos Vaticanos. Su gracia tiene, no me digan que no.

Ah, ¿que no? Sosos. Y descreídos.

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