Creo que fue hacia 2004 (sería fácil comprobarlo pero ando gandul) cuando pasé doce días inolvidables en Budapest. Alguna vez lo he contado: en mi recuerdo, el fuerte de los budapestinos en particular y de los húngaros en general no era el inglés, como tampoco lo es de los madrileños en concreto y de los españoles en su generalidad. Además, hablar húngaro no se cuenta entre mis escasos talentos, el alemán que gasto es más una hipótesis que una realidad y de ruso ando cortito, cortito. Y no se me ocurría qué otro sabir de comunicación internacional podía utilizar en Budapest, teniendo en cuenta la ausencia constatada del yiddish en las estanterías lingüísticas de toda Centroeuropa por defunción repentina aunque planificada de casi todos sus usuarios (lo mismo que el judeoespañol balcánico, todo sea dicho). Así que utilicé lo que he descrito como la «diplomacia de la sonrisa»: un verdadero descanso para un políglota. En mi recuerdo, que puede ser traicionero, no lo niego, pero es mío y hago con él lo que quiero, hubo muy buena voluntad por ambas partes (por la de quien esto subscribe y por la de los budapestinos con que me topé) y me pareció que nos entendimos: yo sonriendo y enseñando notas escritas en húngaro que me daban en la recepción de la residencia (con notable alborozo de los recepcionistas, claro) y mi contraparte magiar echándole muy buena voluntad. Por supuesto que de vez en cuando contamos con Krisztina de trujamán pero eso son otras historias que quizá cuente en otra ocasión. De Budapest salió alguna otra cosa que me ha reportado muchas satisfacciones, aunque menos de las que me ha reportado hasta el momento este blog (ni pueden hacerse a la idea de cuantas).

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«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.

«Non au CPE, o la convicción de la belleza», foto de Manfred S. Rocker (ole...), 22 de marzo de 2006.

Querido K.-D.:

Pues ya que me lo preguntas, si fuera francés, me inspiraría en Jean Jaurès. Si israelí (o judío), en Judah L. Magnes. Si valenciano, Manuel Sanchis Guarner me resultaría lo más cómodo. Si vasco, me cabrían pocas dudas: Luis/Koldo(bika) Mitxelena. Si fuera español, probablemente con Julián Besteiro voy sobrado.

Sin embargo, no creo que declarar esto ayude en mucho pues, como en cuestiones de fe, en asuntos de ideas políticas y de actividad pública la experiencia y el convencimiento me dictan que la salvación se alcanza por las obras y no la sola fe. Como bien me decías, «tengo amigos que no piensan como yo y enemigos que piensan como yo».

Cordialmente.

(Sirva este apunte de paso como celebración de que Manfred S. Rocker [sic], uno de los mejores cronistas fotográficos de París ha vuelto [¿ha vuelto?] a postear en su Rayuela Fotoblog. Y de las pizpiretas miradas de francesas de banlieue que enternecen duros corazones de misógino sentimental en tierras de Pennsylvania.)