עוד בנעורי,
כשפגשתי בחורה יפה
ניגשתי
גיששתי
ביקשתי
ת’חננתי
עוד בנעורי –
היא כבר אז אמרה לי לא!

Allá por mis años jóvenes,
cuando conocía a una chica guapa,
me acercaba
exploraba
pedía
imploraba…
Allá por mis años jóvenes,
¡ya entonces me decía que no!

השנים חלפו
ושיניתי את הטקטיקה
ניגשתי
גיששתי
ביקשתי
ת’חננתי
השנים חלפו
אך הן עוד אומרות לי לא!

Pasaron los años
y cambié de táctica:
me acercaba
exploraba
imploraba.
Pasaron los años
¡y me siguen diciendo que no!

היום ארוך
אבל קצר לי
מלהתחיל
עוד לא נגמר לי
אני לבד
זה לא אכפת
זה די נחמד לי
לעשות עוד נסיון
ו…

El día es largo
pero a mí ya se me ha hecho corto.
Al empezar
todavía no se me he acabado.
Estoy solo;
no molesta,
me va estupendo así,
hacer otro intento
y…

אני גדול
ומכיר כבר את הטכניקה
ניגשתי
גיששתי
ביקשתי
ת’חננתי
אין לי בעיות
הן תמיד אומרות לי לא!

Ya soy mayor
y conozco la técnica:
me he acercado,
he explorado,
he pedido,
he implorado,
aquí no pasa nada
¡siempre dicen que no!

לא חשוב אישה
העיקר זה הרומנטיקה
ניגש ו…
מגשש ו…
מבקש ו…
ת’חנן ו…
אך כמו תמיד –
אני עוד לא שומע בוא…

No importa, mujer,
lo esencial es ser romántico
me acerco y…
exploro y…
pido y…
imploro y…
pero como siempre,
sigo sin oír que digan «ven»…

היום ארוך
אבל קצר לי
מלב שבור –
עוד לא נשבר לי
זה די נחמד להיות לבד
כמו אחד – שדיכאון עושה לו חג
דיכאון עושה לא חג

El día es largo
pero a mí se me hace corto.
De un corazón roto
todavía no se me ha roto.
No está nada mal estar solo
Como uno que se toma la depresión
como un día de fiesta,
como un día de fiesta…

היום ארוך
אבל קצר לי
מלהתחיל עוד לא נגמר לי
אני לבד, זה לא אכפת
זה די נחמד לי
לעשות עוד נסיון.

El día es largo
pero a mí ya se me ha hecho corto
para empezar.
Todavía no se me he acabado.
Estoy solo;
no molesta,
me va estupendo así,
hacer otro intento.

עוד בנעורי, היא כבר אז אמרה לי : “יש’ך אולי את הטלפון של יוני רכטר? אני מאוד רוצה להכיר אותו”

Allá por mis años jóvenes, ya entonces me decía: «¿No tendrás por casualidad el teléfono de Yoni Rechter? Me encantaría conocerle».

Hubiera podido ser que yo recordara (y tuviera muy presente) esta canción, «Lo esencial es ser romántico» (העיקר זה הרומנטיקה), letra de Eli Mohar (עלי מוהר), música de Yoni Rechter (יוני רכטר) e interpretada aquí por Gidi Gov (גידי גוב) en este espectáculo de 1991 del que salió un disco homónimo (que atesoro en cinta de cassette por algún rincón de casa), por las clases de Lengua (hebrea) de Luis Vegas en cuarto de licenciatura –solo un cuatrimestre desafortunadamente, creo recordar– pero para que yo recordara esta canción de esas clases en que Luis se empeñó (con éxito, diría yo) en procurarnos el andamiaje necesario para andar con soltura en una segunda lengua (que consiste en saberse la morfología verbal de la segunda lengua al dedillo), esta canción tendría que haber estado escrita en letra cuadrada bíblica en lugar de en cursiva israelí. Algo parecido a cuando, en un congreso, Ghil’ad Zuckerman (גלעד צוקרמן) quiso gastar una broma (de cuyo tenor literal no me acuerdo) aprovechando que «por el interés» dicho en hebreo y «Lenin» escrito en yiddish son homógrafos: ambos se escriben igual,  לענין. La erudita concurrencia solicitó del lingüista israelí que, por favor, se lo escribiera en cuadrada solemne, que en cursiva israelí no entendían lo que estaba escrito.

Hace un tiempo, Antonio Giménez me preguntaba cuál era la secuencia en que se presentaban en el aprendizaje que a mí me tocó en suerte (el de la Complutense a mediados de los noventa)  los estadios (sincrónicos y diacrónicos) de la Lengua Hebrea. En primero, Amparo nos presentó los elementos básicos del hebreo que casi podríamos llamar de ayer, hoy y siempre, porque lo básico de la frase nominal y verbal del hebreo sigue siendo más o menos lo mismo. Amparo daba las clases, exclusivamente, en español. En segundo la cosa cambió, pero yo no recuerdo muy bien hacia qué cambió (salvo en el detalle de que todas las clases se daban en español). En algún momento hacia tercero de la licenciatura de cinco años (en Filología Hebrea) que entonces cursábamos, aparecieron los cuentos breves de Nisim ben Ya’aqov de Qayrawān (רבנו נסים בן יעקב מקירוואן), sacados de su  ספר המעשיות (El libro de las anécdotas); entonces y ahora, supongo que algo tendría que ver en esa decisión docente el hecho de que Amparo hubiera dedicado los tres volúmenes de su tesis doctoral (por cierto, dirigida por Federico Pérez Castro, quien había dirigido asimismo a Federico Corriente) a Las primeras colecciones de cuentos hebreos medievales : traducción y estudio . Luego, en el primer cuatrimestre de cuarto llegó, como digo, Luis Vegas con la morfología verbal (docencia sobre el hebreo siempre impartida en español). Luego, vinieron otras cosas (Sintaxis Verbal con Luis también) con diferente grado de pertinencia o de pedagogía. Y luego vino irse por primera vez a Israel, después a Cambridge y después decidir si mandaba el hebreo y sus cosas al garete o me quedaba. Me quedé, y tengo la sensación de que hice bien. Me quedé porque quise.

A Cambridge vino una vez, invitado por Risa, Meir Shalev (מאיר שלו) que entonces me pareció un hombre encantador y un orador notable. Risa impartía clase en su despacho de la entonces Facultad de Estudios Orientales y el mismo día que pasó por ahí Shalev por la tarde habíamos tenido clase por la mañana. Yo había dejado rastro de mi paso porque la clase consistía en hacer una presentación y yo (recuerdo) había hablado de un poema de Esther Raab (אסתר ראב), que había escrito en la pizarra del despacho. Ahí se quedó, vocalizado (מנוקד) también. La vocalización yo la había escrito al vuelo, sin fijarme en la copia del poema que tenía por ahí. Meir Shalev, que había desempeñado entre otra docenita larga de oficios el de vocalizador (נקדן), que nuestro Alfonso de Zamora también desempeñó (él lo llamaba «puntuar»), le encontró dos errores a mi vocalización y se quedó bastante sorprendido por la soltura. Risa me lo contaba luego, divertida, con ese punto de chica traviesa que ninguno de los que la quisimos podremos olvidar. Esto de vocalizar en hebreo, que aún sigue siendo para mí una afición parecida a la de hacer crucigramas, se lo debo por entero a Amparo y a sus clases. Curiosamente, Amparo no nos enseñó nunca a distinguir y saber utilizar los acentos bíblicos (טעמי המקרא), exactamente igual que Alfonso de Zamora y su Políglota Complutense. A veces me he preguntado, en estos últimos años de dedicación a la «causa zamoresca», si acaso Amparo sea de escuela rabínica zamorana.

Uno, al fin y al cabo, no elige más que hasta cierto punto lo que le pueden enseñar. Es responsabilidad suya tanto elegir lo que puede aprender como preguntarse que le hubieran podido enseñar y no le enseñaron. La mejor forma de hacerse esas preguntas es promover la conciencia de que hay cosas que se pueden corregir y cambiar, porque alejan el aprendizaje de la realidad de su enseñanza. Con Amparo yo aprendí, porque ella me la enseñó, una habilidad que me ha sido bastante útil hasta hoy mismo, vocalizar textos hebreos. Me dio, además, unas bases, cuya solidez he tenido luego ocasión de apreciar, para moverme con suficiencia en esto del hebreo, sus dimes y diretes. Lo que ni con Amparo, ni con otros, podía, y quizá hubiera debido, aprender era eso que el sentido del pudor del gremio llama «hebreo moderno» (o, en el colmo de lo pudibundo, «hebreo hablado») y que, ya lo hemos dicho alguna vez por aquí, quizá fuera bueno ir acostumbrándose a llamar «[hebreo] israelí», a los efectos de no confundir y no confundirnos. Eso lo aprendí haciendo ciertos sacrificios económicos (y de levantarse los sábados a horas impropias de un fin de semana) yendo a clase con G., en el idiosincrático Centro de Estudios Judeo-Cristianos de Madrid. Ahí, en clases algo anárquicas, pude tener acceso al «israelí» que me sirvió para hablar con Risa en hebreo desde el primer día que llegué a Cambridge (la palabra que cimentó su sorpresa y a continuación su afecto por ese Erasmus venido de España era que utilizara sin despeinarme el término שירות המיחשוב, el computing service de la Universidad, un término ciertamente raro para que un aprendiz foráneo de hebreo lo utilizara sin más). En primer año de la licenciatura, en Madrid, el hebreo «moderno» era una asignatura anual… optativa. Pero en esa clase (compartida, por cierto, con la hija pequeña de Jordi Pujol) descubrí, deslumbrado por las capacidades pedagógicas de la lectora que entonces empleaba la Complutense, Miri (מירי), que el hebreo, desde un primer momento permitía algo magnífico: hablar con personas, esas sí, vivas, no por ser una lengua viva (o muerta; no hay lenguas vivas o muertas, las lenguas no viven ni mueren). Más o menos eso es lo que me ha hecho seguir desde entonces en estos berenjenales del hebreo.

No entiendo otra manera mejor de agradecer lo que recibí que examinar críticamente ese legado, intentar adivinar por qué era como era lo que era y qué merece cambiarse, de raíz si hace falta, para adecuar los instrumentos de análisis de la realidad a la realidad misma. Desde esos mediados de los años noventa en que entré en la Complutense, el contacto con el aprendizaje y la enseñanza de segundas (y terceras y cuartas…) lenguas me ha servido precisamente para afianzar esa impresión de que esto de desligarse de la lengua de nacimiento para ir hacia esos parajes humanos donde la humanidad continúa es el mejor método para evaluar nuestros conocimientos o destacar nuestra ignorancia. En el mundo de las segundas lenguas, el hablante nativo más analfabeto sirve perfectamente de juez de nuestras capacidades (o de nuestros desdoros). Que este argumento sea central a casi todo lo que hizo en su vida profesional el objeto de mi tesis, Alfonso de Zamora («cuanto al [sic] experiencia e uso de la lengua hebraica e caldea e tener muchos vocablos e prontitud en ella para usar della hablando e platicando»), siempre me ha parecido una feliz coincidencia. No en vano, con la reconocida capacidad de docente de Alfonso de Zamora empecé a escribir este blog, hace ahora dos años y medio.

Una de esas citas del Talmud que a veces citan los que no han frecuentado el Talmud afirma:

עשה לך רב וקנה לך חבר והוי דן את כל האדם לכף זכות

Encuéntrate un maestro, consíguete un compañero y cuando juzgues a alguien, que sea en su favor.

No seré yo quien le lleve la contraria al Talmud (en este punto).