أرى النخل يمشي في الشوارع
بحديد المعامل
وحصيد المزارع
ورغم الليالي
ورغم المواجع
أرى النخل عالي
ولا يتراجع

Andaba con pensamiento de querer ponerles algo, por aquello de los poemas del sábado, en que salieran juntos, cogiditos de la mano (órale…) el monasterio segoviano de El Parral y un poema de Kavafis (ya saben: «Πλησιέστατα, δεξιά που μπαίνεις, στην βιβλιοθήκη…») pero, de repente (estas cosas sobrevienen de improviso, ya pueden imaginarse) un amigo en-red-ado, con quien comparto una tertulia sin mesas, me dio el tono que quería. La tertulia, para mi gusto, es casi siempre brusca, no pocas veces bronca; asertiva más que propositiva, dada a saber de plano más que a preguntar llanamente, a la espera siempre de quien nos contradiga. Pero, puede ser, sea solo una lloriquera mía a la búsqueda de empatía. Sea como fuere, el tono del apunte de hoy venía a ser que él, nacido hombre de frontera, señalaba para quien quisiera oírle o leerle, casi al final de su exposición, como de añadidura o contrapeso (en catalán, torna) la afirmación siguiente: que él había nacido allá donde el ‘continuum’ acaba pero la humanidad continúa (para quien guste de la versión original, como un servidor: allà on el continuum s’acaba però on la humanitat continua). Y es que hay frases, no pocas diría yo, afortunadamente, que valen lo que un poema. El continuum, en este caso, es el lingüístico del catalán, que en eslogan se ha hecho «de Salses[-le-Château] a Guardamar y de Fraga a Ma[h]ó[n]» pero eso, de alguna manera, no es más que un detalle: lo que le sobran al mundo son taxonomías y lo que le faltan son repúblicas bien ordenadas, maravillas comúnmente admitidas e ininterrumpidas.
Entonar este tono de hoy me ha recordado (aunque no es que lo hubiera olvidado de veras) que le debo un acuse de recibo a ese amigo en-red-ado por un libro suyo que me hizo llegar por la bonhomía que le es propia. El acuse de recibo (¿«avís de rebuda»?) había de señalar la feliz constatación de que es posible ver caminar a las palmeras, como describe Attáhir Alhammami (الطاهر الهمامي) en árabe al principio de este entradilla: Veo a la palmera, andando por las calles / con el hierro de los talleres / y la cosecha de las granjas / a pesar de las noches / a pesar de los dolores / Veo alta a la palmera / que no se retira…
Ayer, bajo el emparrado del Centro Aragonés de Madrid (no es que estuviéramos folclóricos, es que es muy agradable), comentábamos una idea que, recogida del Talmud, ha hecho cierta fortuna entre judíos y judeófilos, como Francesco M. Cataluccio: la de que el mundo subsiste en cada generación por la existencia de treinta y seis justos (o santos, צדיקים); «ocultos», según una reelaboración relativamente moderna, no anterior al siglo xviii y al movimiento jasídico (חסידים). La base de esta idea podría encontrarse en el tratado Sanhedrín del Talmud de Babilonia (heterónimo rabínico para Iraq), folio 97, lado verso:
לא פחות עלמא מתלתין ושיתא צדיקי דמקבלי אפי שכינה בכל דרא שנאמר “אשרי כל חוכי לו” – לו בגימטריא תלתין ושיתא
No hay en el mundo menos de treinta y seis justos que reciben la presencia divina en cada generación, según queda dicho: «Bienaventurados todos los que Le [לו] esperan» [Isaías, xxx, 18] לו, según la guematría, son treinta y seis.
Hoy es 9 de Octubre y, dentro de tres días, 12 de Octubre. No son fechas que me provoquen un necesario asentimiento salvo, acaso, por celebrarse hoy en Valencia el día de Sant Donís.
Palmera en lo alto del barranco que da entrada al palmeral de Figuig, Marruecos. Al fondo, las montañas que sirven de frontera (cerrada militarmente) entre Marruecos y Argelia. Foto de Wissem Gueddich, octubre de 2008.