אָחוֹת קְטַנָּה   תְּפִלּוֹתֶיהָ

עוֹרְכָה וְעוֹנָה   תְּהִלּוֹתֶיהָ

אֵל נָא רְפָא נָא   לְמַחֲלוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

Una hermana pequeña sus oraciones dispone y sus alabanzas entona. ¡Quiera Dios curarle sus dolencias y que acabe un año y sus maldiciones!


בְּנֹעַם מִלִּים   לְךָ תִּקְרָאֶה

וְשִׁיר וְהִלּוּלִים   כִּי לְךָ נָאֶה

עַד מָה תַעְלִים   עֵינְךָ וְתִרְאֶה

זָרִים אוֹכְלִים   נַחֲלוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

Con suaves palabras, a Ti llamará; cánticos y encomios, pues te son gratos. Hasta cuándo se ocultarán tus ojos que verán a extraños comer de tu heredad. ¡Que acabe un año y sus maldiciones!

הָקֵם מִשִּׁפְלוּת   לְרֹאשׁ מַמְלֶכֶת

כִּי בְּבוֹר גָּלוּת   נַפְשָׁהּ נִתֶּכֶת

וּכְרֻם זֻלּוּת   לִבָּהּ שׁוֹפֶכֶת

בְּדַלֵּי דַּלּוּת   מִשְׁכְּנוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

Álcese de la servidumbre para hacerse cabeza del reino, pues en en el pozo del exilio se le derrama el alma y, según toma altura lo bellaco, su corazón se vierte en el débil abrigo de su morada. ¡Que acabe un año y sus maldiciones!

מָתַי תַּעֲלֶה   בִּתְּךָ מִבּוֹר

וּמִבֵּית כֶּלֶא   עֻלָּהּ תִּשְׁבֹּר

וְתַפְלִיא פֶלֶא   בְּצֵאתְךָ כְּגִבּוֹר

לְהָתֵם וְכַלֵּה   מְכַלוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

¿Cuándo ascenderá su hija del pozo y de la prisión se romperá su yugo? ¡Se obrarán maravillas cuando salgas de adalid, para que acabe y termine lo que busca acabar con ella . ¡Que acabe un año y sus maldiciones!

חֵילָהּ קָבְעוּ   הַגּוֹי כֻּלּוֹ

וְטוּבָהּ שָׂבְעוּ   וּבָזְזוּ אִישׁ לוֹ

וְלִבָּהּ קָרְעוּ   וּבְכָל זֹאת לֹא

מִמְּךָ נָעוּ   מַעְגְּלוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

De su vigor se fundamentó la nación entera y por su bien se juramentaron, pero saqueó cada cual para sí y se le quedó rajado el corazón y sus rutas le serán ignotas. ¡Que acabe un año y sus maldiciones!

זְמִירָהּ שָׁבַת   וְחֶשְׁקָהּ תַּגְבִּיר

לַחְפֹּץ קִרְבַת   דּוֹדָהּ וְתַעֲבִיר

מִלֵּב דַּאֲבַת   נַפְשָׁהּ וְתָסִיר

לְבַקֵּשׁ אַהֲבַת   כְּלוּלוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

Cesará su canto cuanto se haga fuerte su anhelo de allegarse a la cercanía de su amado, para mudar un corazón cuya alma desfallece y no solicitar más el amor de esponsales. ¡Que acabe un año y sus maldiciones!

נְחֵהָ בְּנַחַת   לִנְוֵה רִבְצָהּ

רַב נִזְנַחַת   מִדּוֹד חֶפְצָהּ

וְהִיא כְפוֹרַחַת   עָלְתָה נִצָּהּ

לֹא הִבְשִׁילוּ   אַשְׁכְּלוֹתֶיהָ

תִּכְלֶה שָׁנָה וְקִלְלוֹתֶיהָ

Sosegada la dejó al cobijo del aprisco de su dehesa, grande el abandono de quien su anhelo amaba: «y ella como que brotaba, y arrojaba su flor, viniendo a madurar sus racimos de uvas». ¡Que acabe un año y sus maldiciones!

חִזְקוּ וְגִילוּ כִּי שֹׁד גָּמַר

לְצוּר הוֹחִילוּ בְּרִיתוֹ שָׁמַר

לָכֶם וְתַעֲלוּ לְצִיּוֹן וְאָמַר

סֹלּוּ סֹלּוּ מְסִלּוֹתֶיהָ

תָּחֵל שָׁנָה וּבִרְכוֹתֶיהָ

Sed fuertes y alegraos pues ha terminado la rapiña: atisbad de la Roca la venida, Su alianza ha guardado con vosotros; subiréis Sión pues dejó dicho: «¡Allanad, allanad el camino!» ¡Que comience un año y sus bendiciones!

Alguna vez he dicho (yo, que tanto he tratado a mi familia carnal) que la prueba definitiva de que Dios se pilló un cabreo de padre (e hijo y espíritu santo) y muy señor mío con el pueblo de Israel, más o menos por la época en que Tito Flavio Sabino Vespasiano mandaba por Roma, no es el exilio de su tierra, que eso, de una u otra manera, nos acaba pasando un poco a todos (reflexionen, reflexionen). Lo que de verdad demuestra que Dios le  tiene una inquina a los israelitas y a sus lejanos descendientes de agárrate que vienen curvas es la obligación de juntarse con la familia, prácticamente en todas las fiestas del calendario judío (y el calendario judío, les aseguro, es un continuo acto de memoria histórica –y gastronómica–), por partida doble, es decir, dos días seguidos, mientras que si la cosa conmemorativa se desarrolla en Tierra de Israel, el calvario se reduce a un solo día. No me digan que no es un acto descarado de recochineo divino. Háganse cuenta: dos cenas de Nochebuena, una después de la otra; dos comidas de Navidad, bien seguiditas; y, para los recalcitrantes, dos días de San Esteban (Sant Esteve), arrimaditos sin solución de continuidad. Un horror. Los musulmanes que he frecuentado, gente de suyo prudente, suelen reservarse las pitanzas macrofamiliares del Ramadán de poco en poco, espaciándolas en las cuatro semanas de retrospección en ayunas. Que una cosa es la reflexión vital (en ayunas) y otra la mortificación de la carne y el espíritu (¿imaginan un mes entero a base diaria de cenas con suegros y cuñados?).

En contexto judío, qué quieren que les diga, esto de celebrar Año Nuevo (ראש השנה: Rosh hashaná) con reintegro y pedrea (cena de ayer, comida de hoy, cena de esta noche) no hay soborno de gastronomía tradicional que lo justifique. Ni aunque se hinchara uno a kibbeh con huitlacoche. Y lo peor es que, al contrario que las demás fiestas, no vale hacer aliyá (עלייה) y largarse a apuntarse a un curso de teatro en el Palacio de la Cultura de Ariel (que ya sería bastante castigo, me temo) sino que, fuera y dentro de Israel, la penitencia es doble.

Hay quien dice que las penas con pan, son menos. Como en la mejor (y hasta en la peor) tradición judía, lo que no falta en las tropocientas y pico conmemoraciones del judaísmo es pan (y algo con lo que pringarlo), supongo que las mentes más lúcidas del judaísmo clásico, hartas de los chistes del cuñado y la propensión irredenta de la suegra a meter la nariz en el ajuar, se dedicaron con ahínco a la única actividad que dicen que amansa a las fieras (la familia carnal y la sobrevenida): la música. Así que la música, aunque no lo parezca, es la tercera de las tres grandes contribuciones judías a la Humanidad toda, siendo la primera la madre judía y la segunda (la neurosis) una consecuencia lógica de la primera. Público sensible y discreto: ayer por la tarde que, visto desde el punto de vista de judío es hoy por la noche, no todo el mundo judío se puso a hacer lo mismo a la vez (porque eso sería pedir imposibles) pero sí una parte significativa (las llamadas, neocolonialmente, comunidades orientales) abrieron el año cantando. Cantando, concretamente, la canción litúrgica (piyyut; פיוט) que arriba ha quedado mejor ilustrada que traducida. La cosa debió de cantarse, si se hizo fetén, justo cuando acababa el último día del año (el 29 de elul de 5770 AM) y empezaba en el que aún estamos mientras les escribo estas líneas (1 de tishré de 5771 AM).

La cancioncilla se titula, obviamente Una hermana pequeña (אחות קטנה) y la letra es de un rabino catalán del siglo xiii, Abraham Hazzán «el de Gerona» (אברהם חזן גירונדי). La versión que enlazo arriba es la que interpretó el cantor (hazzán; חזן) Ezra Barnea (עזרא ברנע) y los alumnos del Instituto para la Práctica del Canto Sinagogal al estilo de Alepo (המכון לחזנות ספרד-ירושלים). Porque, efectivamente, nadie es perfecto y don Ezra es un judío. Y de familia siria. El acabóse, como si dijéramos. Esta versión salió publicada en el disco עת שערי רצון («Época de que se abran las puertas de Su Voluntad») que editó el Instituto «Renanot» para la Música Judía (רננות-המכון למוסיקה היהודית) de Jerusalén, cuyo volumen primero estuvo dedicado a la tradición paradójicamente llamada de Sefarad-Jerusalén aunque en realidad sea de Alepo de toda la vida. Aquí lo tienen, por 249 shekelitos de nada.

Como los judíos son de por sí muy flamencos y, a poco que se ponen, son muy de echarse un cantecito, versiones de esta misma Hermana pequeña de Año Nuevo no faltan. Aquí, por ejemplo, dizque dentro de la misma tradición de Alepo (pero con pronunciación manifiestamente mejorable) al Ensemble «Shaharit» (אנסמבל שחרית). En una interpretación que roza lo memorable, y con una pronunciación bien judeo-itálica, Dario Israel dejó grabada esta versión que recogió Leo Levi en Trieste en marzo de 1956. En esta otra versión, Yehudá Ovadia Petaya (יהודה עובדיה פתיה) y el Ensemble «Hayoná», recogen la tradición iraquí. Puestos a buscar exotismos (aunque todos somos exóticos de sobra poniendo suficiente distancia) los judíos de Bujara dizque cantaban (¿cantan?) así, mientras que los de la India (Cochin) cantaban así o así. Los del Cáucaso, por su parte, tenían este salero y arte. Como todo lo bueno se copia y se aprovecha (como del cerdo), los hasidim de Skver dieron esta versión, porque no todo iba a ser sefardí en este mundo (que yo no tuviera inconveniente no es más que un lamentable prejuicio mío). Por Grecia, y más concretamente por la isla de Eubea, los judíos romaniotas cantaban así. Asimismo, las familias kurdas de hazzanim se daban este aire canoro, más que apañado, en mi humilde opinión, negadísima por otra parte para el discernimiento musical. Los libios, probablemente de extracción lejanamente sefardí, le daban a la cosa con esta gracia coral. Por Ámsterdam (aunque transplantado a Nueva York), el venerable Abraham Lopes Cardozo cantaba tal que así. Si le pusiéramos música clásica a las venerabilísimas (y perdidas en el aire como humo de chimenea) tradiciones sefárdicas de Salónica, con un punto sinfónico muy israelí, saldría algo así. Si quisiéramos algo más propio y menos florido, tendríamos por ejemplo esto, también de Salónica. Si nos fuéramos a buscar ese pozo sin fondo de ciencia judía que fue el Yemen, cantaríamos algo como esto. Si, dejados de lado algunos prejuicios, nos pusiéramos a buscar judíos en Teherán, cantarían algo así. ¿Mi preferida? Bueno, yo, de toda la vida, he sido bastante andalusí. Que es, como si dijéramos, bastante sefardí. De una (bastante judeoespañola), otra o aún otra manera (tipo radiofórmula litúrgica).

Queden con Dios y que empiecen bien el año. Un servidor les espera por aquí la semana que viene.