El judaísmo deja a sus muertos en paz. Cuando todavía había judíos, los viejos osarios daban la impresión de abandonados. Mucho más, naturalmente, cuando los judíos se vieron obligados al exilio. Las piedras de los osarios eran fácilmente aprovechables.

Jaume Riera i Sans, «Acopio y destrucción del patrimonio hispanojudío», en El legado material hispanojudío, Ciudad Real, Universidad de Castilla-La Mancha, 1998, págs. 93-114 [113].

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