When I am laid in earth, may my wrongs create
No trouble in thy breast;
Remember me, remember me, but ah! forget my fate.

Cuando en la tierra yazca, que mis yerros
no sean razón de enojo en tu pecho.
Acuérdate, acuérdate de mí mas, ¡ay! olvida mi sino.




Jesús, mi Mesías, oye mi oración, libra mi espíritu de tu colera.
Al alba me levanté, oh Roca de mi apoyo, no dormí por temor a Ti.
Tengo en la memoria el día terrible y espantoso en que ha de hallarse rescate ante Ti.
¡Oh Dios, sálvame! ¡Ya es tiempo de que concedas la gracia de tu socorro!
Ten presente mi fatiga, Dios vivo, redentor mío, cura mi herida con tu soplo,
y de los hombres y del estruendo de sus naciones que se alzan contra tu siervo
sálvame, pues me han ultrajado al verme humillado.
Con tu furor, por su envidia y su odio y el desprecio de tus senderos,
sacúdelos, derríbalos, hazlos entrar en tus leyes.
Toda su esperanza se cifra en el oro, que es su infamia y en su corazón todos se olvidan.
Odian la sabiduría y aman la falsedad, caminan orgullosamente sin temerte.
A mí sálvame, porque tu protección es mi escudo.
Aparta de mí el oprobio que me atormenta y envíame tu salvación.
Tú, que haces múltiples proezas, Dios de dioses, en las asambleas glorificaré tu nombre.

Alfonso de Zamora, último folio de sus Introductiones artis grammatice hebraice nunc recenter edite («Introducciones al arte de la gramática hebrea, ahora recientemente editadas»), Alcalá de Henares, Miguel de Eguía, martes, «calendas de mayo», 1526, digitalización (Projecte Somni)  del ejemplar con signatura BH Z-14/232 de la Biblioteca Històrica de la Universitat («Literària») de València, «Estudi General»; traducción del hebreo al español de Federico Pérez Castro, en su El manuscrito apologético de Alfonso de Zamora, Madrid, Barcelona, Instituto «Arias Montano», Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1950, pág. lvi.

«El lamento de Dido» (‘When I am laid in earth’) de la ópera Dido y Eneas, música de Henry Purcell y libreto de Nahum Tate (ca. 1684-1685); con Stéphanie d’Oustrac en el papel de Dido, reina de Cartago, y Les Arts Florissants dirigidos por William Christie, ¿1995?. Inspirado, en fin, por este post de Antonio Luis Albás:

Virgilio muestra con evidencia lo que Roma veía que le faltaba y también lo que tenía en profusión: una serenidad, una certeza inquebrantable en lo que era su misión. Una misión basada en las grandes y simples virtudes, donde la más alta era la ‘pietas’. Porque en definitiva Aeneas, ancestro de César e imagen de Augusto, no fue griego y vencedor, sino troyano y vencido…