No, nada, que hace un par de día –andaba yo fuera– me han llegado por fin los tres devedés con la digitalización del manuscrito Or. 645 de la Universiteitsbibliotheek de Leiden (lo que sirve, entre otras cosas, para preparar con plena conciencia, ahora sí, la peregrinación al país que formalizó como seña de identidad nacional el colonialismo hidráulico), mediante los buenos oficios de Arnoud Vrolijk. Como no creo que, entre los lectores fijos de estas cosillas nuestras haya más de dos que se hayan podido dar cuenta, de algunos folios que me han llegado de nuevas del Or. 645 son las simpáticas estampitas de garabatos que les he puesto hoy y ayer por aquí. Ya puestos a hacer anuncios, se puede dejar dicho por aquí que por un acto de benemérita  filantropía, la Rijksuniversiteit lugduno-bátava ha decidido poner en línea, para asombro e ilustración de propios (autochtonen) y extraños (allochtonen), este mismo manuscrito Or. 645 en su Digital Special Collections, que por alguna razón, tiene la página disponible solo en inglés (sirva esto, de paso, para nota a pie de página de autochtonen y allochtonen de variado pelaje).

Si yo fuera una persona sensata, más que ganas de bailar (mag ik dansen, mag ik dansen, mag ik dansen met jou), lo que me daría son ganas de salir corriendo… en cualquier dirección contraria a Leiden. Pero, claro está, si yo fuera una persona sensata ni me habría puesto a hacer una tesis codicológica y paleográfica sobre los cuarenta y cinco (of zesenveertig, of zevenenveertig, of achtenveertig…) manuscritos de Alfonso, el de Zamora, «el hebreo de Alcalá»; ni habría estudiado hebreo ni escribiría blogs (o tuitearía por partida doble). Sarna con gusto no pica, que diría aquel.