Fueron dos comentarios de una colega el otro día. Uno, respondiendo a una pregunta de otra persona, que no, que no, que los caraítas no pintaban nada en la Sicilia del siglo xvi, lo que seguramente será verdad, pero a mí me hizo acordarme de una carta de un concienzudo funcionario inquisitorial, un tal doctor Laya, pacense por más señas, que escribía al rey de Portugal el 30 de marzo de 1528 (perfecto contemporáneo, por tanto, de Alfonso de Zamora):

Y si esta pestilençia no se cura, serenísimo señor, en nuestros reinos sucederá de generaçión en generaçión hasta el fim del mundo; y puesto que fuesen judíos sin bautizar, estas nueuas ofensas que contra Dios se cometen, se deuían en personas de judíos castigar, que entre uerdaderos judíos semeiantes delinquentes se tienen por hereges como personas que contradizen el seso literal de la Biblia y cometen delicto en la misma ley de Moysén. Porque, mui poderoso señor, ai [=hay] tres maneras de judíos: los unos que se llaman carraynes [=caraítas]; y otros saduceos, que niegan la resurrección de los muertos, y otros talmudistas, que suceden a los fariseos, cuya apostaçía en otro tiempo inficionó [=infectó] a Castilla y agora inficiona nuestros reinos cathólicos. Y los carraynes, que son los que guardan la ley al pie de la letra, llaman a los otros hereges de la ley de moysén como a malos exponedores del texto de la Biblia, y la sancta Iglesia ha condenado el Talmud como cosa escrita en ofensa de Dios, y como gloza que no se puede permitir entre los que quieren guardar la ley de Moysén.

Según Carlos Carrete Parrondo y Yolanda Moreno Koch («Movimiento mesiánico hispano-portugués: Badajoz 1525» [sic: ¿por 1528?], Sefarad, vol. lii, n.º 1 (1992), págs. 65-68), transcriptores del documento, este se encuentra «en el Archivo lisboeta de la Torre do Tombo; la copia del 16 de julio de 1629 por Gaspar de Lousada se guarda en el Archivo de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, ms. 390, fols. 168v-170r».

¿Sería este tal doctor Laya un cazajudaizantes particularmente leído y erudito (esos carraynes claro trasunto de unos qara’im tomados del original (קראים) o, si en vez de fariseos, los judíos ibéricos (incluidos los que en Sicilia vivían bajo el mismo rey que los peninsulares) hubieran sido fundamentalmente caraítas, no habría habido éxodo entre 1492 y 1498?

Luego vino el otro comentario, que quizá requiera un poco más de explicación. Hablamos de lo que fuimos a hacer a Berbería, distrito antaño del Sur oranés, con Judith y los demás. Que habíamos encontrado una guenizá («dícese del depósito donde, teóricamente, se dejan los textos que puedan contener nombres divinos –y que haya necesidad de tirar–; en la práctica, se acaba dejando no pocos textos que estén escritos en letras hebreas; al final, aquello se convierte en un sindiós donde va a parar todo papel viejo que lleve algo escrito –y a veces ni eso–».) Que en la guenizá nos salió un poco de todo. Que si biblias en judeo-español, en judeo-árabe, en yiddish. Que si biblias cristianas. Que si contratos, que si listas de la compra, que si un par de páginas de una novela infantil en francés (el texto más antiguo lo dató a ojo de buen cubero un servidor de ustedes a finales del siglo xvii o mediados del xviii y los más recientes eran de la década de 1940). Y la colega que me suelta: que no, que no puede ser. Que una guenizá no es eso. Que en una guenizá solo caben textos sagrados y sanseacabó. Y entonces, le suelto yo a mi vez, ¿y la guenizá llamada de El Cairo? Porque ahí, a poco que nos descuidemos, nos van a salir los tickets del supermercado de la mujer (¿de las mujeres?) de Maimónides. ¡Ah!, remacha ella, es que eso es una excepción. Pero eso ha pasado una vez, en la Edad Media. Bueno, le digo yo, ya ha pasado entonces dos: una en la Edad Media en Fustat y otra entre los siglos xix y xx en Figuig. Porque si nos encontramos un montón de papelitos hechos cachitos, escritos en hebreo, en árabe con letras hebreas, en arameo, en francés, en un agujero en el suelo, bien tapaditos, tipológicamente es una guenizá, ¿no? Pero no: lo que importa es siempre la teoría, lo que digan los libros, no lo que haga la gente. Un poco como con las tradiciones orales: importa lo que decimos que leemos de David Qimhi, al que hay que llamar Qimhi. Importa menos lo que escribiera Qimhi y la insignificancia de que el propio Qimhi se llamara, a sí mismo, «Qamhi» (o Camhi). ‘Todo, todo, todo está en los libros’, que decía aquel otro erudito a la violeta.

No sé por qué me dio por acordarme de aquel bertso que poníamos de Andoni Egaña hace unos días por aquí (minutos 9.57 a 11.35):

Aupa, Maialen, zorionak, / tokatzen zaizun antzera; / adiskide eta bertsolari / ezin hobea baitzera. / Zure baimenarekin noan / Elkartea aipatzera, / gaurre lanean zenbat jende, / asko bolondres gainera! / Nik erabaki artu dut / hemendikan lau urtera / naiz diferentzia badagon / egon jeistetik jeistera. / Ni oso harro pasako naiz, / naturala horixe da / behien aulkiak aipatzetik / behian aulkiak jartzera.

¡Bravo, Maialen, enhorabuena! por la parte que me toca: amiga y bertsolari, ¡ni de lejos otra igual! Con tu permiso, citaré a la Asociación, ¡menuda cantidad de gente trabajando! Además de muchos voluntarios. Ya lo tengo decidido: dentro de cuatro años, habiendo tanta diferencia, entre estar aquí o estar abajo, yo estoy muy orgulloso de pasar, naturalmente, de sentarme en la silla de aquí arriba a colocar las sillas de ahí abajo.

Que será, si me lo permiten, nuestro bertso de este sábado.

Disposición de las doce tribus de Israel entorno al Tabernáculo, ilustración de la Biblia Regia o Biblia Políglota de Amberes, encargada y financiada por Felipe II, editada por Benito Arias Montano y publicada por Christopher Plantin (1569-1572), heredera directa de la Biblia Políglota Complutense; camión de recogida de objetos para una guenizá, gestionado por una comunidad jasídica de Nueva York.