Se cuenta de Ziyad ibn Abi Sufyan –Dios lo haya perdonado– que dijo a quienes estaban reunidos con él: «¿Quién es el hombre más feliz?» replicaron: «El Comendador de los Creyentes». Dijo: «¿Y lo que le ha caído con los qurayshíes, qué?» Dijéronle: «Entonces, tú». Respondió: «Y qué dices de todo lo que me hacen pasar los jariyíes y de la defensa de las fronteras?» Respondieron: «¿Quién pues, Emir?» Dijo: «Un hombre musulmán, que tiene una esposa musulmana, bastante de qué vivir, viven ambos satisfechos uno del otro, y al que no conocemos, ni él a nosotros.» Hay […]

¿Hay, entre las cosas que suscitan la admiración de las criaturas, prendan los corazones, atraen los sentidos, fascinan los espíritus, se apoderan de las voluntades, entrecortan las inteligencias y paralizan las entendederas, algo más adorable que los tiernos cuidados que el amante prodiga a su amada? He visto cosas de este género muchas, y digo que es una de las visiones más fascinantes y la que despierta la ternura más delicada, sobre todo cuando el amor es de los que se llevan de tapado. ¡Si contemplaras al amado cuando deja caer sus inquisiciones, con las que pretende averiguar la razón del enfado del amante, o su embarazo al tratar de salir de ese mal paso mediante excusas, o la forma en que trata de presentar las cosas al mejor pelo, o incluso las tretas que ingenia para sacarse alguna razón

que hacer valer ante sus interlocutores, verías algo maravilloso, una oculta delicia que no tiene parigual! No conozco cosa que atraiga más los corazones, que los arrebate mejor ni que vaya más directa a sus puntos vitales que este acto. Pues los amantes, en punto a justificar su unión, tienen razones a las que no llegan las gentes de mucho caletre y fina inteligencia, dotadas de mentes poderosas. Esto lo he visto en muchas ocasiones, y sobre ello he compuesto estos versos:

Cuando mezcles lo verdadero con lo falso,
conseguirás lo que quieras de los tontos.
Entre ambas cosas hay una diferencia cierta,
una señal que se aparece a quien usa la cabeza.
Es como el oro sin mezcla, que cuando le añades plata
pasará por puro a ojos del joven lerdo,
pero que si topa con un joyero experto, éste
distinguirá sin dudar lo puro de lo espurio.

— Abú Muhammád Alí bin Ahmad bin Sa’id bin Hazm Alqurtubí Al-lablí (أبو محمد علي بن احمد بن سعيد بن حزم القرطبي اللبلي), El collar de la paloma (طوق الحمامة), capítulo xx: «La unión» (باب الوصل), folios 57b y 58a del únicum (dícese del texto transmitido por un único testimonio manuscrito) Leiden, Bibliotheek der Rijksuniversiteit, Or. 927; traducción de Jaime Sánchez Ratia, Madrid, Hiperión, 2009 [2010], págs. 194 y 195.

Con mucha razón más de una y de uno se preguntarán, quizá al unísono, que a qué viene Abenhazam de Córdoba por aquí. Aparte de que no creo que sobre nunca el cordobés errante y que es una buena noticia que Jaime Sánchez Ratia haya sacado una nueva traducción crítica del Collar, pese a alguna objección fruto de mi susceptibilidad que me pueda hacer arrugar el morro, la cosa tiene alguna actualidad. El próximo lunes, si el tiempo –francamente malo por aquí– y la autoridad lo permiten, Harvey Hames (חיים היימס), de la Universidad «Ben Gurión» del Néguev, está invitado a ilustrarnos sobre «A Jew amongst Christians and Muslims: Introspection in Solomon Ibn Adret’s Response to Ibn Hazm». Aparte de lo obvio, que el título mencione a Ibn Hazm (456-1064 EC), se da la circunstancia de que quien quisiera tener un diálogo con Ibn Hazm precisaba saber árabe, porque Ibn Hazm solo escribió en esa lengua, y que Salomón Abenadret (שלמה אבן אדרת) nació en Barcelona en 1235 y murió en la misma ciudad en 1310, es decir, que su vida transcurrió en un entorno cultural aparentemente nada arabófono y dos siglos después de que Ibn Hazm de Córdoba se despidiera de este mundo terrenal. Que el árabe serpenteaba seguramente por los muy cristianos territorios de la Corona de Aragón, sección Cataluña «Vieja» y «Nueva», no es tampoco nada extraordinario: el Moisés Aleua (o Alleua o Falleva, según me señaló amablemente en su momento Jaume Riera i Sans) de las fuentes romances se llama משה חלאווה en las escritas en hebreo y Ħallāwah (חלאווה) anda, desde luego, más cerca de la algarabía que del parlar pla. Siguiendo con las amables indicaciones de Jaume Riera, en 1366 está acreditada su función de rabino de Tortosa desde quince años atrás y por febrero de 1388, según noticia documental de Josefina Cubells, aún seguía zascandileando por este valle de lágrimas, es decir, y por corregir, dieciocho años más de lo que le otorgaron de vida los editores de sus responsa (edición Moshé ben Binyamin Herschler (משה בן בנימין הרשלר) y Haim Benzion Herschler (חיים בנציון הרשלר), Jerusalén, מכון שלם צפונות קדמונים, 5747/1987). Así que en el siglo xiv y entre judíos de Tortosa, la autoridad local se veía en la necesidad de aclarar:

עוד שאלת שטר שהוא לשון הקדש וקיומו לשון ערב מי חיישינן לזיוף

תשובה אם האשרתא עשויה כתיקון חכמים אין קפיד אם היא בלשון ערב, שהרי השטרות כשרין בכל לשון. וגדולה מזו אמרי’ בתוספתא פ’ המגרש גט שכתבו בחמשה לשונות וחתמו עליו חמשה עדים בחמשה לשונות כשר

De nuevo una pregunta sobre un documento que ha de estar redactado en lengua santa pero que de hecho se redactó en árabe: ¿hemos de considerarlo una falsificación?

Respuesta: Si la transacción está hecha según establecen los sabios [talmúdicos], no es abusiva, aunque esté redactado en árabe, ya que los documentos son susceptibles de ser válidos en cualquier lengua. Con mayor razón cuanto se dice en la Tosefta que un acta de divorcio que se haya escrito en cinco lenguas [distintas] y se haya firmado por cinco testigos en cinco lenguas [distintas], es válido.

A la vez que tiene capacidad pero no empacho en citar, en otro pasaje de este compendio de decisiones jurídicas, a Maimónides en (judeo-)árabe.

Pero en fin, todas estas morerías tampoco son tan extraordinarias en una tierra de moros como es todo lo que toca de Tarragona para abajo, como si dijéramos. Quizá a alguien le llamara la atención que en la recia Cataluña Vieja, con sus lúbricos sueños carolingios a lo Ramon d’Abadal, anduviera Nahmánides, ese gran recurso de márquetin del Patronato Municipal Call de Girona, a las orillas del río Onyar citando fuentes en árabe (concretamente la Guía de perplejos de Maimónides) en sus tratados escritos en hebreo en el siglo xiii, pero esa es la conclusión que se saca leyendo «הרמב”ן והערבית» (‘Nahmánides y el árabe’) de Raphael Jospe (רפאל ישפה) en Tarbiz, vol. lvii, n.º 1 (5748/1988), págs. 67-93. Pero, ya decíamos, nada raro: en el inventario de bienes de un médico converso de judío, natural de la Cataluña occidental a principios del siglo xv ,se encontraba una compilación de medicina escrita en árabe; un tratado de filosofía en árabe, sin identificar de momento, titulado por el notario Senia; otro libro escrito en árabe; el primer libro del Canon de Avicena escrito en árabe; otro libro de medicina escrito en árabe; otro libro de medicina escrito en «morisco»; la astrología de Ptolomeo en árabe; dos «cuadernos» escritos en árabe; otro Canon de Avicena en árabe y otro tratado médico en «morisco»; y, ¡oh, casualidad!, un ejemplar en árabe más que probablemente de la Guía de perplejos de Maimónides («mestre Monget de Egipte», según el notario catalán). De todo esto dio noticia Josep Maria Llobet i Portella, «Documents de jueus de Cervera (segle xv) que contenen títols de llibres», Tamid, n.º 3 (2000-2001), págs. 49-63 (las identificaciones, incompletas, de los libros estuvieron a cargo de Eduard Feliu). Para que luego vinieran César Vidal Manzanares y su adoctrinado José María Aznar López y lo vieran. Criaturicas…

Como señala Hames en el resumen de su intervención, y por volver a los aledaños más cercanos a Ibn Hazm, Abenadret tuvo de contrincante dialéctico a Ramon Martí (Raymundus Martini), posible antepasado (¿nunca han oído hablar ustedes de los sobrinos de los curas?) de una raza de políglotas. Ramón Martí es el prominente autor de esa obra tan fascinante como inabarcable que es el Pugio fidei («La daga de la fe») y en esa enciclopedia quizá polémica, quizá tan solo dialéctica, del saber filosófico y exegético de la Baja Edad Media occidental, cuando se cita a Averroes, se le cita en judeo-árabe (como probablemente estudie Ángel Cortabarria Beitia en un artículo, «Los textos árabes de Averroes en el Pugio Fidei del dominico catalán Raimundo Martí», que salió publicado en las actas del XII Congreso de la Unión Europea de Arabistas e Islamistas (i.e., «islamólogos»), Málaga, 1986, págs. 185-204, pero que yo aún no he podido consultar. Más generalmente, sobre el Pugio fidei, debo tres referencias a la amabilidad de Marco Pedretti, ambas autoría de Pierfrancesco Fumagalli: su tesis prácticamente fuera de alcance por hallarse inédita y depositada en la Universidad Católica de Milán, titulada Problemi storici, filosofici e filologici a proposito del ‘Pugio Fidei’ (a. 1278 ca) di Raimondo Martini OP y defendida en 1980 y dos brevísimos resúmenes, aunque muy interesantes, en «I trattati medievali ‘Adversus judaeos’, il ‘Pugio fidei’ e il suo influsso sulla concezione cristiana dell’ebraismo», La Scuola Cattolica, n.º 112 (1985), págs. 523-545 y, en hebreo, «כתב היד המקורי והקדום של פגיון האמונה לראימונדוס מארטיני» (‘El manuscrito original y antiguo del Pugio fidei de Raimundus Martini’), Proceedings of the Ninth World Congress of Jewish Studies : Jerusalem, August 4-12, 1985, Jerusalén, WUJS, 1986, vol. i, págs. 93 a 98).

A todo esto, yo les iba a dar noticia del trabajo («Translated from Catalan: Looking at a Fifteenth Century Hebrew Version of the Gospels», en el que se trata del manuscrito Ebr. 100 de la Biblioteca Vaticana) que había presentado Harvey Hames en el congreso de Barcelona donde lo conocí, a él, a Jaume Riera, a Marco Pedretti y a una vista impagable de la playa de la Barceloneta transmutada en símil del diluvio, pero mejor se lo dejo para otro día (aparte de que Alexander Fidora prometió una inaudita celeridad en la salida de las actas en las Publicacions de l’Abadia de Montserrat). Al fin y al cabo tendría tan poca justificación como que yo les contara ahora que ando enfrascado en intentar entender un artículo en polaco: «Nowy Testament po żydowsku wydrukowany w Krakowie w latach 1540-1541» (‘El Nuevo Testamento en «judío» impreso en Cracovia en 1540-1541’), consolado paradójicamente porque los documentos anexos están en un comprensible latín y hay alguna cita en yiddish.

Pero todo esto, sin duda, sería abusar exageradamente de su siempre amable atención.

Mejor concluyamos diciendo no tiene nada de raro esa revuelta que nos hemos pegado por el Pugio fidei: la primera tesis que en el mundo fue, de las dos que hasta ahora han sido, que trató sobre Alfonso de Zamora concluyó que su manuscrito autógrafo ספר חכמת אלוהים (El libro de la sabiduría de Dios) no era más que una selección de pasajes del Pugio fidei en hebreo. En este contexto tampoco es nada raro hablar de árabes y arabismos: esa primera tesis zamoresca la presentó en un tristísimo (e institucionalmente antisemita) CSIC de posguerra Federico Pérez Castro quien fue, algunos años después, el director de tesis de Federico Corriente.

Quod erat demonstrandum, más o menos.

Tengan ustedes un buen sábado y una mejor (y clara y buena) semana[da].

Ennio Morricone, «Tema di Dunja: seconda» de la banda sonora original de Il fiore delle mille e una notte de Pier Paolo Pasolini (1974).