מפני שנוחין ועלובין היו ושונין דבריהן ודברי ב”ש ולא עוד אלא שמקדימין דברי ב”ש לדבריהן

Porque de buen conformar y pobres de espíritu eran y estudiaban su propia doctrina y la de la Escuela de Shammai. Y, por si fuera poco, daban preferencia a la doctrina de la Escuela de Shammai sobre la suya propia.

Talmud de Babilonia (Iraq), tratado Eruvin, folio 13 verso.

Al hilo de lo que contaba uno de estos días Antonio (y yo remachaba) sobre las vocaciones casuales de los arabistas españoles de antaño y en parte de hogaño,: cuenta hoy Adam Shear en su blog medio anónimo la historia de dónde surgió la vocación de Moshe Greenberg, uno de los principales biblistas judíos e israelíes de esta generación (interesantísimo mundito el de los biblistas, por cierto; tendría que chafardear un poco por aquí de esa colla):

He (Prof. Greenberg) had travelled around Mexico the summer before his freshman year at Penn. He had fallen in love with the Spanish language and when he got back to Philadelphia he went straight to the chair of the Romance Languages department and declared his intention to major in Spanish. But, he explained to the chair, his love was for the language–its structure and its history– not necessarily the literature, so with whom should he study Spanish philology and linguistics? Ah, exclaimed the chair of the department, we have no one right now who does historical linguistics or the kind of philology that you describe. What other languages do you know, asked the chair to the freshman. Hebrew was the answer Ah, said the chair, then you are in luck: Professor Speiser in Oriental Studies is a first-rate philologist and linguist. Why don’t you go see him?

[El profesor Greenberg] había viajado por México el verano antes de entrar en la Universidad de Pensilvania y se había enamorado del español. Al volver a Filadelfia, se fue derecho al director del Departamento de Lenguas Romances y le expuso su intención de hacer la licenciatura de Español. Pero le explicó al director que su amor se refería al idioma, por su estructura y su historia, no necesariamente a la literatura, por lo que buscaba era con quien estudiar Filología y Lingüística españolas. «¡Ah!», exclamó el director del Departamento, «ahora mismo no tenemos a nadie que haga Lingüística Histórica o el tipo de Filología que usted quiere». «¿Qué otras lenguas sabe?», le preguntó el director al estudiante de primer año. «Hebreo», respondió. «Ah», dijo el director, «pues está usted de suerte: el profesor Speiser de Estudios Orientales es un filólogo y lingüista de primera línea. ¿Por qué no va a verlo?».

Del óbito de Greenberg también se han hecho eco, por ejemplo, Jim Davila y Menachem Mendel (entre otros muchos).

Piensa pensando, me doy cuenta de que un porcentaje nada desdeñable de penenes reciclados allá por los años 80 a diversos grados de titularidad de mi propio Departamento complutense de Estudios Hebreos y Arameos cumplirían con otra regla de reciclaje, que podríamos enunciar con un conocido chiste de Jaimito:

– Jaimito, ¿tus padres cómo se conocieron? – le pregunta la maestra a Jaimito.
– Eran los dos religiosos: él cura y ella monja – le responde Jaimito.
– ¡Ah! ¿Colgaron los hábitos? – replica sorprendida la maestra.
– No, se los subieron un poco – remata Jaimito.

Y no me miren así, que yo me limito a aplicar la sabiduría talmúdica:

אילמלא לא ניתנה תורה היינו למידין צניעות מחתול וגזל מנמלה ועריות מיונה דרך ארץ מתרנגול

En caso de no habérsenos dado la Torá, habríamos aprendido modestia del gato, probidad de la hormiga, castidad de la paloma y pudor del gallo (Talmud de Babilonia, tratado Eruvin, folio 100 verso)

y bíblica:

והיו עיניך רואות את מוריך

Y tenías tus ojos puestos en tus maestros (Isaías xxx, 20).

A ver qué se van a haber creído ustedes, hombre.

Foto de la promoción de 1924 del Talmud Torá de Minneapolis.