Buscando compango para un cocido de otra cosa (la coexistencia de la cultura manuscrita con la cultura impresa en el mundo judío del primer siglo xvi; ya ven en qué se entretiene uno), me he encontrado con la referencia que da Judá ben Samuel Lerma a las peripecias de la publicación de su libro לחם יהודה («El pan de Judá»), que conoció un indeseable paso del estado impreso al estado manuscrito (movimiento aparentemente paradójico – no tanto, en realidad – que es lo que me interesa en estos momentos). La noticia la he encontrado en una nota (n.º 282, pág. 208) de la traducción que hizo al alemán Meir Wiener en 1858 del Valle de lágrimas (עמק הבכה הבכא) de Yosef Hakohen (la curiosa lectora y su contraparte masculina falsamente genérica podrán encontrar una eficaz y honrada traducción castellana de esta crónica por Pilar León Tello: El valle del llanto («Crónica hebrea del siglo xvi»), Madrid, CSIC, 1964; Barcelona, Riopiedras, 1989, segunda edición revisada). He buscado el relato en el propio libro del rabino Lerma pero, como en realidad yo soy más perro que la chaqueta de un guardia, le dejo a la inquieta masa lectora de estos apuntes zamorescos el cuidado de ir a pelear su vista con la mejorable tipografía de la edición de Sabbioneta de 1554 y copio la cita del libro de Wiener:

«Y lo imprimí (el libro del Pan de Judá) una [primera] vez en Venecia y a primeros del año [cuyo símbolo por la (Sagrada) Escritura es] «porque de amargura me ha llenado el Topoderoso» (Rut i:20 = 5314 AM = [9 de septiembre de] 1553 EC), decretó el Estado Romano en todo el territorio cristiano («edomita») que quemasen el Talmud y la colección de pasajes narrativos del Talmud de ribbí Jacob Abenhabib [de Zamora; ca. 1460-1516]. En el mes de marjeshván [=octubre], en su nombre (?) así lo decretaron en Venecia y quemaron el Talmud y los pasajes narrativos que decíamos, así como los compendios del rabino Alfasí y la exégesis a la Misná de ribbí Ovadia de Bertinoro el santo día del sábado. Con ellos quemaron todos los libros míos que había impreso, que eran 1.300 [según la enmienda del traductor al alemán; JdPP] libros de modo que había [dejado] impreso en ellos todo lo que tenía en Venecia. Nada me quedó de aquello [que tenía] impreso y de lo copiado [¿manuscrito? ¿de este libro?] ni uno siquiera vino a la memoria. Me vi obligado a a volver a escribirlo de memoria como al principio. Después de haber escrito tres capítulos, encontré un libro impreso en manos de unos gentiles que lo habían cogido del fuego y lo compré por una importante suma».

«אותיות פורחות באויר», foto de לכתף אחרי.

Actualización: Cada perrez tiene, afortunadamente, su penitencia. Buscando contestar a la pregunta de Vicent (que sigue sin respuesta de momento) me he dado cuenta de que la historieta del libro quemado y «rescatado» aparece en la misma introducción del לחם יהודה (El pan de Judá) del rabino Lerma. Aquí va el texto de la edición de Sabbionetta para que me entiendan ustedes cuando digo lo facilote que resulta leer buenos manuscritos al contrario que malos impresos. Todo sea dicho, luego la cosa mejora (mucho).